AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

sábado, 16 de junio de 2018

SECRETOS DE UN MATRIMONIO (Ingmar Bergman, 1973): DEL HOMBRE EN FALTA Y DE LA MUJER "NO-TODA"

Vayamos por la segunda película que quería comentar este año de Ingmar Bergman con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento. Secretos de un matrimonio (también llamada Escenas de la vida conyugalfue rodada en 1973, y protagonizada por Liv Ullmann (en el papel de  Marianne) y Erland Josephsson ( en el de Johan). A parte de una pequeña intervención de Bibi Andersson y Jan Malmsjö al inicio de la película, y también de Gunnel Lindblom y Anita Wall, la película está esencialmente sostenida por sus dos protagonistas. La película es también un corte de la miniserie en 6 capítulos que Bergman rodó para la televisión, de una duración notablemente más larga.

La película nos cuenta los problemas de una pareja supuestamente ideal, de su separación y de la relación que entre ellos se establece a partir de ella. Y como bien dice Peter Cowie:

La escala temporal cubre algunos años, pero en el episodio final estos amantes están aun más estrechamente unidos en el divorcio de lo que lo estaban al principio por el matrimonio. [1]

Bergman nos lo cuenta con su habitual estilo intimista y sus poderosos primeros planos, logrando así una excelente aproximación a las dificultades que los caracteres, con su dimensión neurótica, encuentran para comunicarse, para manejar sus miedos y su vulnerabilidad y, consecuentemente con sus defensas y manipulaciones. Bergman desarrolla la historia en seis partes - los seis episodios que se hicieron para la serie - y que, para nuestro análisis, dividiremos en tres partes, la que va de la parte I a la II, que aborda la presentación de la pareja y sus sus incongruencias, la parte IV, que aborda el momento de la separación, y la parte V y VI, que aborda su relación después de la separación y posterior divorcio. Sin embargo, antes me parece interesante describir un poco los personajes.

Marianne, Johann y sus hijas. La familia perfecta.

I. MARIANNE Y JOHAN.

Para comprender la película me parece interesante describir un poco el carácter de sus personajes. Como suele ser característico en Bergman, siempre perfila mejor el mundo de la mujer, por lo que empezaremos con Marianne, quien a través de las notas que toma de una terapia que está realizando, nos da una clara descripción suya partiendo de la educación recibida en su infancia.

- Marianne.

Marianne se nos presenta como el producto de una educación encaminada a complacer: la complacencia, por decirlo en lacaniano, como manera de obtener aquello que se desea, es decir, el deseo del otro. Es por eso que al inicio de la entrevista, y a la pregunta de quién es, se queda sin palabras:

Con gran sorpresa tengo que reconocer que no sé quien soy. No tengo la menor idea. Siempre he hecho lo que me han dicho otras personas. Nunca he discutido sus opiniones [...] siempre he sido obediente, adaptable, casi humilde [...] Toda la educación mía y la de mis hermanos consistió en hacer que fuéramos agradables.

La complacencia, esencialmente fundamentada en negar cualquier atisbo de ser, sostenida por la represión y la retroflexión (retención de impulsos que uno vuelve contra sí mismo) y la proflexión (el impuso de hacerle al otro lo que se desea para sí mismo), orienta decididamente a ser aquello que se espera que se sea.

Poco a poco descubrí que si no daba expresión a mis ideas, y era discreta y prudente, dicho comportamiento tenía su recompensa.

Lo cual se hace extensible a la sexualidad:

Todos mis pensamientos, sentimientos y acciones giraban alrededor de la cuestión sexual, pero no dejé que lo sospecharan mis padres, mejor dicho, ni mis padres ni nadie.

Y como consecuencia de todo ello Marianne habla de una segunda naturaleza suya, que se esconde tras su imagen de "buena mujer" caracterizada por:

... engañar, disimular, guardar secretos [...] no he dejado nunca de fingir. He disimulado cuantas veces  ha sido necesario en mis relaciones con todos los demás. En mis relaciones con los hombres el mismo fingimiento perpetuo, los mismos intentos desesperados de complacer a todo el mundo. Nunca me he preguntado qué es lo que yo quiero, sino siempre qué es lo que él quiere que quiera. 

Es decir, y volviendo a Lacan, siempre se ha deseado que el otro me desee, y para ello siempre se ha querido lo que el otro quiere. Llegando a así una precisa conclusión final:

No es generosidad como siempre he pensado, sino pura cobardía, y lo que es peor, total ignorancia de quién soy.

Esta descripción que Marianne hace de sí misma, así como las escenas en la película nos la presentan como un carácter masoquista y pasivo-agresivo que ha hecho del sentimiento del amor básicamente dependencia aunque, no obstante, y con el paso del tiempo, irá haciendo sus cambios. Dice Liv Ullmann acerca de su personaje, y cuando Johann la abandona:

Se ha relajado dentro de lo que se esperaba que él sintiera por ella. Ahora está en silencio. Él la ha abandonado. Rabiosa e impotente. Marianne grita su impotencia [...] su angustia. Marianne se oculta profundamente, profundamente bajo una colcha: decide no salir nunca más. Se ha producido un cambio. La antigua vida ha terminado. La nueva está en el comienzo. [2]

- Johan.

En relación a Johan hay dos momentos en la presentación de la "familia ejemplar" que nos sirven para reflexionar sobre su caracter. En un primer momento, cuando se le pide que se autodefina, dice lo siguiente:

... inteligente, abierto, emprendedor, equilibrado y sereno [...] Un brillante hombre de mundo, cultivado, que ha leído y buen conversador (vemos como Marianne le da ligeramente unos golpecitos con el codo). Soy afable, afable con todos los que me rodean, por norma general [...] Soy buen padre de familia, soy buen hijo, no tengo deudas y pago mis impuestos. También respeto al gobierno haga lo que haga...

En fin, el hombre de la familia ejemplar es también el ciudadano ejemplar. Johann ha definido esencialmente lo que en la Gestalt conocemos como el "autoconcepto", en junguiano como la "persona" o la máscara, y en psicoanalítico aquello que representan las instancias del "ideal del yo y el yo ideal", es decir, y poniéndolas a todas en común, la imagen que construímos de nosotros mismos y que nos viene impuesto por los ideales familiares y colectivos imperantes, así como por la ilusión de recuperar el yo omnipotente de la relación dual pre-edípica, por eso suele manifestarse en la admiración que se siente por "grandes personajes de la historia o la vida contemporánea, que se caracterizan por su independencia, su orgullo o ascendiente." [3]

Sin embargo, y dentro de la misma conversación, parece emerger otro Johann no tan afable, cuando manifiesta airadamente:

El mundo se va al diablo y yo reclamo el derecho a vivir como me parezca. Mi lema es vivir y dejar vivir. Me ponen enfermos todos estos evangelios de salvación, no puedo remediarlo.

En estas palabras ya aflora el narcisismo de su personaje, que surge en distintos momentos de la película, practicamente desde la primera entrevista - como también lo hace la pasivo-agresividad en Marianne -, donde se manifiesta a través de su lenguaje verbal en cada ocasión que Marianne le corta o le contradice, como más tarde ocurrirá en cada ocasión que se le frustrará o cuestionará su imagen.

II. LA RELACION DE PAREJA. INCONGRUENCIAS.

Bergman empieza contraponiendo la aparentemente ideal pareja de Johan y Marianne - expuesta a través de un reportaje que se les hace para una revista -, con la de unos amigos suyos, Peter (Jan Malmsjö) y Katarina (Bibi Andersson), una pareja que está en una profunda crisis y que se profesan un destructor odio mutuo. La teoría de Marianne al respecto de lo que les ocurre a sus amigos es la siguiente:

Es que no hablan el mismo idioma. Tienen que traducirse a un tercer idioma que ambos conozcan si es que quieren entenderse entre sí [...] Míranos a nosotros. Nosotros lo hablamos todo y nos entendemos inmediatamente, hablamos el mismo idioma y por eso nos va tan bien...



Estas palabras de Marianne dan referencia de su carácter confluente, que se verá sostenido por el carácter de Johan que se muestra aparentemente conformista. Habla de la idoneidad de un idioma común que ambos practican, cuando en realidad una pareja está constituida por dos seres humanos que hablan cada cual su idioma, y cuyo entendimiento se basa en comprender cada cual el idioma del otro y, en todo caso, y a partir de estos idiomas propios, ir construyendo los lugares comunes, y trabajar con aquellos lugares no tan comunes, así como con los más complejos. Como veremos, el idioma común de Marianne es el idioma común del autoengaño y la evitacion de los conflictos existentes entre ellos. Una ilusión de comunicación para evitar confrontar sus miedos e inseguridades.

Se apuntan también en Johan aquella apreciación de Lacan de "la mujer como síntoma del hombre", lo que equivale a decir que la mujer no puede reducirse al fantasma falocéntrico del hombre. Lo observamos en la reacción con su amiga y cólega de trabajo Eva (Gunnel Lindblom), cuando esta le contraría al valorar unos poemas suyos calificándolos de "mediocres", o cuando le recuerda la expectativa que ella y sus compañeros tenían sobre él, pero con un tono donde aflora también la decepción de algo que, con el paso del tiempo, no se dio.

Observamos también algunas fisuras en el idioma común que, suspuestamente, practican Marianne y Johan, como la contrariedad de este cuando Marianne le dice que va a ir en coche con él. Es obvio que eso parece romper algún "plan oculto" de nuestro protagonista, lo cual se confirma cuando mira el teléfono y se dispone a cogerlo... Pero donde aparece en toda su dimensión la falacia del idioma común es en el tema de la relación sexual, cuando Johann dice que su "relación física está llena de evasiones y reservas", una relación a la que más tarde califica de pobre y mísera. Aquí tropezamos con los límites del lenguaje común del que habla Marianne y que Johan parece apoyar, un lenguaje del que hay cosas de las que no se puede hablar. Sorprendentemente vemos a esa Marianne que dijo que hablan un idioma común y que lo hablan todo y que con todo se entienden, decir de la problemática sexual: "Hay temas que no deben discutirse demasiado [...] tratándose de este me parece que se trata de una equivocación, estas cosas deberían quedar en el misterio, protegidas de miradas inquisitivas [...] Si hablamos de ello nos hacemos daño el uno al otro sin ninguna necesidad".




En ese sentido, Marianne - que es abogada matrimonialista - escucha de una clienta suya que tras veinte años de un aparente buen matrimonio quiere separarse, anunciándole lo que no va a tardar en sobrevenirle producto de la ilusión que vive en relación con la realidad. Su inconsciente parece removerse cuando le dice la clienta: "Yo conozco mi imagen y no se ajusta para nada a la realidad". Incomodidad que se hará aun más evidente cuando añade las siguientes palabras: "A veces me digo a mi misma que tengo capacidad de amar, pero esta capacidad es como si estuviera embotellada, lo malo es que la vida que he vivido hasta ahora me ha ido ahogando cada vez más". 

III. SEPARACIÓN.

Correspondiente a la parte titulada como "Paula", nos ofrece el momento en el que Johan le dice a Marianne que se ha enamorado de otra mujer, Paula, de veintitrés años. Marianne se extraña de no haber notado nada, a lo que él le responde que siempre anda en las nubes (el desajuste de la imagen con la realidad). También le comunica que a la mañana siguiente se va con Paula a un viaje, aunque luego aclara que se ha tomado una excedencia y que se irá por un espacio de siete u ocho meses. Veamos un poco como vive esta situación cada uno de los personajes.

- Johan.

Poco a poco va apareciendo la realidad de Johan, ante la desesperación de Marianne, cuando dice:

"Sabes cuanto tiempo estoy pensando en hacer eso, no te lo imaginas, no me refiero a irme con Paula, si no a dejaros a ti y a las niñas y todo lo demás [...] Hace cuatro años que estoy pensado en separarme [...] Lo único que me interesa es escapar de todo esto. Sabes lo que en realidad me tiene más harto. Esa pesadez constante con lo que tenemos que hacer y lo que no tenemos que hacer, lo que debemos considerar, lo que va a pensar tu madre, lo que van a decir las niñas..."

Johan, en un momento dado, dice una cosa interesante: "Todo esto está resultando demasiado afectado, son palabras vacías. No creo que, por un momento, haya llegado a la verdad de nosotros". Y es cierto, pues responsabiliza a Marianne de una vida de la que él es corresponsable, pura proyección. En realidad todo lo que le dice a ella se lo podría aplicar a sí mismo.



La realidad que se oculta tras la reacción de Johan se entronca en su inseguridad, que necesita el sosten de una mujer que le haga su centro, y que implica, como ya dije anteriormente, la concepción de la mujer como producto del fantasma falocéntrico, por eso al hablar de Paula habla de sus celos retrospectivos en relación con sus experiencias con otros hombres en el pasado. Marianne hace la pregunta clave: "¿Y lo pasáis bien en la cama?" En esta pregunta reside una parte de la verdad de Johan. El mundo perfecto que ha creado con Marianne, definido ahora como cerrado y hermético, falto de oxígeno, topa con su falta de deseo, con la vida sexual pobre y mísera a la que hacía referencia... Justamente esa falta de deseo, a la vez vuelto rechazo a su deseo, es la grieta de ese "mundo perfecto", la grieta que hace asomar la falta en Johan. Y es en referencia al fantasma falocéntrico que la mujer como síntoma siempre se revela manifestándose como que alguna cosa no funciona, que siempre hay un problema, una falla que le complica su felicidad. Y Johan, como buen neurótico, nada quiere saber de esa falla. Dice la psicoanalista Liliana Lamovski:

El neurótico no quiere saber nada de esa verdad que dice que el objeto de su felicidad, el objeto adecuado para su goce, falta irremediablemente. Por eso sostiene que esta falta de la que sufre es consecuencia de la voluntad de algún Otro. En términos de Lacan diríamos que sostiene la teoría de que el Otro quiere su castración. [4]

Efectivamente, en la pequeña escena con Eva, o en la que tiene con Marianne, observamos como se mueve el hombre que niega ser en falta, un hombre que desde esa negación "demanda una no mujer cedida a él y al servicio de él, como cosa de él, una que, a semejanza de él, cumpla lo que se le ordena ser y hacer sin poner en cuestión los mandatos a reproducir ni el lugar de su ser en la existencia. Porque mientras el obedezca el mandato del otro al que no le falta y ella obedezca el mandato de él, es posible sostener el ideal de completud, ideal de un otro que lo tiene todo, de un otro al que no le falta, de un otro que el anhela ser y le otorga sentido a su existencia." [5]

- Marianne.

Bergman parece representar muy bien esa dimensión de la relación del hombre y su fantasma falocéntrico con la mujer como "no-toda", tal y como Lacan formuló, ambas las formas en las que cada genero experimenta la insoportable sensación de incompletud, el desasoiego con el contacto de la carencia. Me parece importante aquí la siguiente cita que hace Slavoj Zizek al respecto:

"... el hombre literalmente ex-siste: todo su ser se encuentra "allí fuera", en la mujer. Ésta, por su parte, no existe, insiste, razón por la cual no llega a ser únicamente a través del hombre. Hay algo en ella que escapa a la relación con éste, la referencia al significante fálico; y, como bien es sabido, Lacan intento captar exte exceso mediante la noción de un goce "no todo" femenino." [6]

Hay en en toda esta escena aspectos parecidos que ya aparecían en Los comulgantes (1963), ya comentada en este blog, y en la que Marianne responde de manera muy parecida a Marta (Ingrid Thulin), la protagonista de la citada película... un  carácter confluente con un marcado masoquismo. La ilusión de realidad que mantiene Marianne a través de su caracter complaciente responde también a ese ideal de completud:

... las bellas damas, devenidas a imagen y semejanza del hombre al que la mujer falta, también anhelan tenerlo todo; ellas hacen por mostrar aquello con lo que tratan de ocultar la insoportable falta, asi sea al precio de su propio ser sometido a la aniquilante ilusión de completud. [7]

Veamos como el idioma común de Marianne representaría este mundo de la "no falta" que, a la postre, sólo puede mantenerse como ilusión y que, finalmente, en ese ideal imposible de completud, de no-problema, les lleva ambos a la destrucción, a su aniquilación. Hay un momento en el que Johan dice:

... tú y yo vivimos en un mundo a parte. Tanto tú como yo nos encerramos en una existencia común herméticamente cerrada, todo estaba ordenado a la perfección y todo funcionaba como un reloj. Nos hemos muerto por falta de oxígeno.

Nos hemos muerto por falta de oxígeno, es decir, nos hemos muerto por falta de deseo, y no sólo sexual, muerte por falta de deseo en la vida. El logro de Marianne responde a un mundo donde "las cosas funcionan" en lo que podríamos llamar una "perfección logística", pero donde en realidad, y como dice la cliente de Marianne, "la capacidad de amar está embotellada", porque para amar, para amar de verdad, primero hay que asumir que somos seres faltantes. En la relación de Johan y Marianne se procura la completud, pero en la realidad, como dirían los lacanianos, siempre emerge "lo real", es decir, aquello que constantemente nos devuelve a la falta.

La reacción de Marianne cuando Johan se va de casa pone de relieve su desesperación al ver roto su ideal, al ver rota también su confluencia, desesperada se agarra a él suplicándole que no la deje y prometiéndole más de los mismo: "Empezaríamos de nuevo en todos los sentidos. Sería una mujer distinta para tí. Cambiaríamos nuestra vida totalmente. Hablaríamos del pasado, ver en que nos hemos equivocado, yo no vovería a hacerte ningún reproche". Más de lo mismo. Tras su partida, y como nos dice Liv Ullmann, "Marianne se oculta profundamente, profundamente bajo una colcha: decide no salir nunca más." Es decir, no puede soportar la emergencia de lo real en la ilusión de realidad construida, la emergencia radical de la falta.



IV. DEL APEGO AL DESAPEGO: LA POSIBILIDAD DEL AMOR.

Tras la separación Bergman nos llevará, a través de las tres partes de la segunda mitad de la película al camino del desapego  que culminará en la aceptación final de la limitación, de la falta, de la incompletud. Empiezo por el final, por las últimas palabras de Johan a Marianne:

Creo que te quiero a mi modo imperfecto y un poco egoísta, y estoy convencido de que tú me quieres a tu modo inquieto y posesivo. La verdad es que los dos nos queremos, aunque ese cariño sea evidentemente imperfecto. Eres muy difícil de contentar, pero aquí estoy, abrazado a tí con la mayor naturalidad en medio de la noche [...] En realidad no sé cómo es el amor que siento, no puedo describirlo, y en la vida diaria, a veces se diría que no existe...

Y a la pregunta de Marianne si él cree que la quiere dice las siguientes y significativas palabras: "Si, si que lo creo, pero si seguimos acusándonos el uno al otro, podemos matar hasta el amor."

- Del apego.

La travesía de ambos protagonistas para llegar a éste real momento de intimidad no será fácil. Será una travesía  que tendrá su punto culminante en una catarsis a la hora de firmar el acuerdo de divorcio, donde se encuentran un Johan que se siente fracasado y una Marianne que, inconscientemente sigue agrediéndole desde una supuesta superioridad que parece haber alcanzado. Aunque llevan tiempo separados y sin verse, su contacto parece reactivar inapelablemente el hombre que siente la insoportabilidad de verse en la falta y a la mujer que siente  la insoportabilidad de verse "no-toda" (ahora ya podemos ver que son dos formas de sentir la falta, la carencia). Johan no hace más que proyectar en Marianne lo que en realidad le ocurre a él, el fracaso de su relación con Paula, y no sólo con Paula, su fracaso vital, y que se manifiesta sobre Marianne diciéndole: "Espera... cuando pase algún tiempo te casarás con él y volverá a empezar la misma historia. Estoy convencido, tú estas hecha de esta forma", palabras que perfectamente se aplican a él mismo. Mientras, Marianne se esfuerza por parecer que ya está desapegada de él, lo que acaba también convirtiéndose en una agresión con la que pretende dañarle. Bajo el efecto de la botella de coñac que van agotando, por fin salen las palabras que quizá nunca se dijeron, y no sólo las palabras sino el sentimiento de odio que albergaban el uno en relación al otro. Las palabras y el sentimiento que, como ya indicamos, y por boc de Johan: "No creo que, por un momento, haya llegado a la verdad de nosotros".  Ahora será cuando aparezca el idioma de verdad de cada uno.

En Johan aparece toda la frustración sexual y afectiva que siente de Marianne, y así dice palabras como las siguientes:

"Cielo santo Marianne, como te odio. Recuerdo haber pensado muchas veces: Cielos, cuanto la odio. Sobre todo cuando hacíamos el amor. Sabía que estabas pensando en otra cosa, y luego, cuando te veía desnuda en el cuarto de baño, lavándote con aquella odiosa expresión de superioridad como si se tratara de otra persona. Pensaba, odio su cuerpo, odio sus movimientos. Me daban ganas de pegarte, de aplastar esa serena resistencia que emanaba de tí [...] ¡Existe una cosa muy sencilla llamada afecto Marianne, y otra cosa también sencilla llamada deseo físico! ¡¡En tí todo esta bloqueado!! ¡Lo ha estado siempre!

Las cosas llegan a mayores cuando Johan concluye: "sacar partido a tu sexo, ¡convertirlo en una mercancía! Si un día hacíamos el amor se daba por hecho que te dejaría en paz al día siguiente. Si había sido buen chico me recompensabas en la cama. Si había sido desagradable u osado criticarte de alguna forma te vengabas cerrando la tienda. Era grotesca tu forma de portarte conmigo, eres peor que una fulana"

Por otro lado también aparece la versión de Marianne:

¡¡... crees que puedes vivir aprovechándote de mi indefinidamente. Estoy harta de todos tus reproches!! ¡Tu sabes los complejos que me creaste reprochándome a cada paso que abandonaba el hogar para irme a trabajar! [...] ¡Durante los primeros años de nuestro matrimonio no decías otra cosa! ¡Y no conseguiste otra cosa más que hacerme sentir remordimientos! Tú y tú madre, los dos. ¡Tenía remordimientos en la oficina, y remordimientos en casa, y encima querías que también lo fingiera porque no satisfacía en la cama! ¡Atacabas por todas partes, no hacías más que reñirme y gruñirme y exigirme día y noche! Ahora comprenderás porque estaba tan fría contigo al hacer el amor. Era una lucha demasiado desigual contra tí, y contra mi padre, tus padres, toda la maldita sociedad que nos rodea [...] ¡¡Eres un parásito inútil, un hombre que no sirve para nada, absolutamente para nada!!

Por fín el idioma verdadero de cada uno asoma. No hay idioma común, ningún atisbo, el idioma común fue una ficción para no abordar la realidad que vivía cada uno. En Johan habla el hombre en falta, en Marianne la mujer "no-toda", y el idioma en común fue la ficción que ambos acordaron para sortear uno la falta y la otra la "no-toda". Ambos convinieron en una cierta adaptación mutua al objeto de evitar enfrentarse con la realidad que cada uno vivía en relación al otro. Ninguno de ellos se esforzó por hablar su idioma y comprender el del otro. La falta de deseo que vivía Johan inflamaba su falta, la insatisfacción de Johan la "no-toda" de Marianne. La familia ideal, el idioma común, todo un constructo para no asumir la incompletud. Ambos en el fondo aun están apegados a su historia de negación, ambos siguen a través de ellos apegados a las historias infantiles, y que como hijos les marcaron en relación con los padres y sus familias, finalmente con la misma sociedad.

Johan, finalmente, se muestra como el hombre en falta cuando ante la presión de Marianne le confiesa: "¡Confieso que estoy vencido, es lo que querías oír! ¡¡Estoy cansado de Paula. Os hecho de menos!! [...] Soy un fracasado y voy cuesta abajo, tengo miedo... [...] ¡Estoy cansado de estar sólo, la soledad con Paula es peor que la verdadera soledad. No puedo soportarlo!" A raíz de esto estallará su violencia con Marianne, a la que no quiere dejar partir del despacho, y a la que maltratara físicamente... Tras esto llega su arrepentimiento ante una Marianne que, sorprendentemente, asume que la culpa es suya. Firma los papeles del divorcio y la película llega a su última parte.



- Del desapego y la posibilidad del amor.

La última parte de la película (En plena noche, en una habitación a oscuras), asistimos - ya pasado un tiempo - a los encuentros que Johan y Marianne mantienen como amantes. Les vemos más cariñosos, tiernos y amoros que nunca. ¿Qué ha ocurrido? En ese encuentro vamos a observar dos sucesos, uno que afecta a Johan, y otro que afecta a Marianne. En cuanto a Johan observamos la aceptación de sus límites, de su incompletud, y así le dice a Marianne:

Quizá haya dejado de defenderme a mí mismo. Alguien ha dicho que me he abandonado y que me entrego con demasiada facilidad, que ya no me hago valer, y no es cierto. Más bien creo que he descubierto mi verdadera dimensión y que he aceptado mis limitaciones con una cierta humildad. Eso me hace amable, pero un poco triste [...] si supieras como lucho contra mi insignificancia, una y otra vez procuro animarme diciéndome que la vida no tiene más valor que el que se le quiere dar, pero esas ideas tan profundas no me sirven. Quiero tener algo por lo que luchar...

Aparece el Johan más humano cuando aparece el hombre que se acepta en su limitación y en su dificultad, también en su vulnerabilidad. Es de ahí desde donde surge el Johan tierno y cariñoso que entendrece a Marianne.

En cuanto a ella observamos, casi desde el primer encuentro después de la separación, una cierta tendencia a mostrarle a Johan que ella está fuerte, aunque es obvio que esto no es así. Hay también en ella una cierta voluntad de provocación consciente de la debilidad que muestra Johan, sin que esto justifique en absoluto algunas reacciones de éste, ya que corresponde al juego neurótico que se llevan el uno con el otro, al mismo tiempo que esto lleva también a que ella siga jugando, a pesar de lo que dice, al juego de someterse para seguir sosteniendo la ilusión de una vuelta a la completud. Sin embargo, en esta escena final hay un momento, mientras ambos duermen, en el que Marianne tiene una pesadilla. Me parece importante transcribirla porque es muy significativa, así como su reacción posterior. Dice el sueño:

Íbamos andando por un camino muy peligroso. Yo quería que tú y las niñas me cogiérais las manos para sujetarnos los unos a otros, pero era inútil, porque yo no tenía manos, sólo tenía un par de muñones al final de los codos, y todo el tiempo me iba deslizando fuera de la planta y no podía agarrarme a vosotros. Estabáis los tres de pie en la carretera y no podía alcanzaros.

Una excelente representación de la propia imcompletud (los brazos con muñones) queriéndose disimular en la ilusión de completud de la confluencia (todos cogidos de los brazos), y el horror de contemplarse así mismo en esa incompletud y de tener que sostenerse en ella. Y no es que haya problema en sujetarse todos de las manos, el problema es cuando sujetarse de las manos es para disimular la falta, la carencia que nos habita. Es aquí desde donde surge también la vulnerabilidad de Marianne cuando dice:

Johan, también me preocupa no haber querido de verdad a nadie, y creo que nadie me ha querido a mí tampoco. Eso me da mucha pena.

Y eso da lugar a las palabras de Johan con las que he empezado este punto IV. Por fin ambos se encuentran en su falta, en su carencia, por fin ambos parecen comprender que ni uno ni el otro puede colmarla, pero que si pueden acompañarse. El amor tiene mucho que ver con eso, con acompañarse en la carencia, con andar uno junto al otro pero sin atropellarse. Por fin el uno con el otro pueden verse de verdad... verse en su imperfección , en su limitación, abriéndose a la posibilidad de amar, como decía Kierkegaard, amando la imperfección, o como diría yo, amando la propia incompletud, y desde ella la incompletud del otro.



Dice Jesús Nava en su excelente artículo:

Urgente la deriva de lo humano en busca de lo humano, urgente una episteme no toda y más allá, urgente restituir la falta, celebrar la falta. Urgente la mujer, tentar al hombre y a la no mujer, negados a ser en falta, a intentar más allá del anhelo de serlo todo y de ser sin falta.

Afirmar la singularidad de la existencia y asumir vivir conforme al propio deseo, demanda la más radical implicación; por la vía de los hechos, del desanudo de las resistencias y las ataduras personales que amarran fijo al goce fálico a través de nudos realmente insospechados. [8]

Y eso, como muchas veces, tiene su repercusión en lo relacional y en lo afectivo, y como no, el poeta tiene el decir más ajustado, tal y como nos muestra Mario Benedetti:

                                                            Es importante hacerlo

                                                            quiero que me relates
                                                            tu último optimismo
                                                            yo te ofrezco mi última
                                                            confianza.

                                                            aunque sea un trueque
                                                            mínimo.

                                                            debemos cotejarnos
                                                            estas sólo
                                                            estoy sólo
                                                            por algo somos prójimos.

                                                            La soledad también
                                                            puede ser
                                                                     una llama.


La última y gran película de Bergman, Saraband, con el retorno de ambos protagonistas treinta años después, nos seguirá aclarando algunas cosas al respecto.

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BIBLIOGRAFÍA

[1] Duncan, P. & Wanselius, B. Los archivos personales de Ingmar Bergman. Taschen, pág. 155
[2] Ídem anterior, pág. 156
[3] Laplanche, J. & J. B. Pontalis. Diccionario de psicoanálisis. Ed. Labor, acepción "yo ideal".
[4] Lamovsky, Liliana. La Mujer como Síntoma del Hombre. Escuela freudiana de Buenos Aires.
[5] Nava, Jesús. De la mujer no toda y el hombre negado a ser en falta. Revista Errancia. Litorales.
[6] Zizek, Slavoj. ¡Goza tu síntoma! Ed. Paidós, pag.189
[7] Ver nota 5.
[8] Ver nota 5.


3 comentarios:

  1. Demasié; no tengo espíritu vindicativo y prefiero no verme en personajes tan equñivocos.

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  2. Excelente post y muy esclarecedor! Gracias Jaume!
    Athina

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