AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

domingo, 12 de febrero de 2017

SUEÑOS (DREAMS, Akira Kurosawa, 1990) - SUEÑO 2 -: El huerto de los melocotoneros o la fiesta de las muñecas y el duelo de Momoyo.


I. ANTECEDENTES CULTURALES: La fiesta de las muñecas.

Este sueño tiene como antecedente una fiesta tradicional del Japón que se celebra el 3 de Marzo conocida como Hina Matsuri, la fiesta de las muñecas, también conocida como la fiesta de las niñas. Su sentido es pedir salud para las niñas y que tengan felicidad en su vida futura, y se caracteriza por la organización en un tablado de 5 a 7 escalones de distintas muñecas a las cuales adornan con bellos vestidos. Su organización sigue la siguiente distribución:

En la parte de arriba, el escalón más alto, se colocan las muñecas que representan al emperador y la emperatriz junto a los biombos. En el segundo escalón las tres damas de la corte, y en el tercero los músicos de la corte. En el cuarto están los ministros y en el quinto están los que representan a los guardias, con los naranjos a la izquierda y con unas ramas de durazno a la derecha. [1]

La tradición cuenta que las muñecas hay que guardarlas lo más pronto posible (el día posterior, el 4, es el recomendado), pues en caso contrario las niñas tardarán en casarse.

Recordar también que desde la simbología, el melocotón es una imagen que refiere al sexo femenino.

II. EL SUEÑO.

El huerto de los melocotones es un sueño que está estructurado en tres escenas:

- Escena primera.

En ella vemos a un niño que recoge una bandeja con seis pequeñas bandejas a su hermana que se halla reunida junto a unas amigas. Detrás de ellas vemos el tablado con escalones y los muñecos característicos de la fiesta de las muñecas. Su hermana le devuelve uno de los cuencos y el pequeño se queda extrañado pues creía que eran seis, su hermana y cinco niñas más.

El festival de las muñecas.

El pequeño sigue extrañado e insiste en que eran seis. La hermana sigue negándolo mientras él sigue insistiendo hasta que ella le dice que se vaya. Enfadado sale de la habitación, y al abrir la puerta ve una niña al fondo. Rápidamente vuelve a la hermana para decirle que está allí... Al abrir más la puerta para que la hermana la vea la niña ya no está. Tras decirle su hermana si aun está enfermo, el pequeño se va enfadado. Al salir ve que la niña desaparecida está fuera de la casa. La niña empieza a correr hacia el bosque mientras el pequeño la sigue.

La niña desaparecida.
- Escena segunda.

En la segunda escena vemos al niño corriendo por el bosque. Allí vuelve a estar la niña aguardándole. Vuelve a correr y el a seguirla. La niña llega entonces a un promontorio por la que sube. El pequeño también quiere subir pero entonces aparecen unos personajes que le cierran el paso. Vemos entonces que se halla ante un tablado natural de cinco escalones. Desde el primer escalón se oye la voz del emperador diciendo: "Escucha muchacho. Tenemos que decirte una cosa". Una voz que llega de una mujer dice entonces: "Nosotros nunca iremos a tú casa". El pequeño pregunta por qué, a lo que otra voz masculina le responde: "Porque la gente de tu casa, tu familia, ha talado todos los melocotoneros de este huerto". Otras voces precisan que el festival de las muñecas es también el de los melocotoneros y que los muñecos personifican a los melocotoneros. Otra voz dice entonces: "Nosotros somos los espíritus de los melocotoneros talados". Y otra: "todos los melocotoneros lloraban cuando los talaron". El pequeño empieza a llorar entonces desconsoladamente.

Puedo comprar melocotones en la tienda pero...
¿dónde puedo comprar un huerto de melocotoneros en flor?

La emperatriz interviene entonces para defender al niño: "¡Basta ya de culpar al muchacho! Ya es suficiente, este chico fue el único que lloró cuando los talaron. Incluso suplicó que no lo hicieran". Sigue entonces un momento importante cuando tras decir el emperador que sólo lloró porque así no podría comer más melocotones, el pequeño le responde: "Estáis equivocados. Puedo comprar melocotones en la tienda pero... ¿dónde puedo comprar un huerto de melocotoneros en flor? Me encantaba este huerto. Me gustaba ver los melocotoneros cuando estaban en flor, y cuando los talaron lloré de tristeza porque nunca más los volvería a ver" - mientras vuelve a llorar con gran desconsuelo -. Finalmente el emperador reconoce que se trata de un buen chico y la ofrece ver por una vez más el huerto de melocotoneros en flor. Empieza entonces una danza de los espíritus acompañado de una música propia del folclore japonés que acabo con la visión para el niño del huerto de los melocotoneros en flor para su contento y felicidad.

El huerto de los melocotoneros en flor.
- Escena tercera.

En esta vuelve a ver a la niña corriendo entre los melocotoneros en flor hasta que esta ocupa una posición entre ellos, como si ella misma fuera un melocotonero más. El pequeño corre hacia ella pero, de repente, se da cuenta que sólo hay los melocotoneros talados. El pequeño anda desconcertado ante ellos hasta que ve que donde había la niña hay una rama de melocotonero en flor. Corre y se acerca a ella y se queda mirándola.

Ante la rama de melocotonero en flor.

III. DESARROLLO DEL SUEÑO.

Cuando se ve la estructura de este sueño me pareció obvio que tiene la estructura de un duelo. Al ver que los protagonistas del sueño eran niños pensé en la pérdida de algún ser querido para Kurosawa, una hermana posiblemente. Ante la duda decidí comprarme su autobiografía y, efectivamente, tras empezar a leerlo me encontré con el fuerte efecto que provocó en él la pérdida de su hermana favorita, Momoyo, a la que él llamaba "pequeña-hermana-mayor" y así nos cuenta:

Mi pequeña hermana mayor era la más guapa de todas las que vivían en casa, y casi resultaba demasiado amable y educada. Su belleza era de una transparencia cristalina, frágil y delicada, que no ofrecía resistencia alguna [...] Incluso ahora, al escribir sobre ella, se me llenan los ojos de lágrimas y continuamente me tengo que sonar la nariz" [2]

- Escena primera.

La escena primera ya nos pone en referencia la dificultad de aceptar una pérdida a través de la actitud del pequeño de ver la niña que las demás no ven. Lo observamos también en la resistencia y el enfado con el que se opone a la hermana que niega que hayan sido seis alguna vez. Coincide con esa fase del duelo conocida como la negación. La referencia a Momoyo en relación al sueño y la fiesta de las muñecas la encontramos en otro hecho biográfico narrado por Kurosawa cuando dice: "tampoco puedo olvidar como jugaba con ella en el Festival de las muñecas del tres de Marzo" [3], y tras describirnos las muñecas que su familia había heredado añade:

Mi pequeña-hermana-mayor me llamaba para que me sentara delante del escenario, me ponía una de las bandejas, y me ponía el brasero. Me invitaba a un poco de sake blanco dulce en una de las pequeñas tazas del tamaño de las muñecas. [4]

- Escena segunda.

Esta escena es el núcleo del sueño. Como ocurre en ocasiones, el paso que va de un estado a otro sucede en un bosque a través del cual la niña que solo él ve (el ánima junguiana) le guía al hacia un tablado natural en el que al pequeño le es prohibido acceder.

A través del bosque...

Parece observarse en esta primera fase cierto sentimiento de culpa en el pequeño como parece derivarse del juicio del emperador y otras figuras del sueño, y que tiene su respuesta en esta maravillosa  frase del niño: "Puedo comprar melocotones en la tienda pero... ¿dónde puedo comprar un huerto de melocotoneros en flor?" Frase que, desde el punto de vista del duelo, le pone ante la evidencia de la pérdida y la tristeza que la acompaña. Dice en su autobiografía:

Cuando estaba en cuarto, esta querida hermana se puso enferma. Murió de repente como si la hubiera llevado un viento malo. Nunca me olvidaré de la sonrisa melancólica que esbozó cuando fuimos a verla al hospital [5]

Parecería que el desbloquear el sentimiento de culpa, representado por las palabras de la emperatriz, lleva al emperador a concederle que vea el huerto de los melocotoneros en flor por última vez, lo que nos pondría en relación a la importancia del recuerdo en relación a las pérdidas de seres queridos. El recuerdo es el lugar donde pervive el amor que sentimos por ellos, y el amor que de ellos recibimos. El recuerdo es el lugar del amor y del dolor, el lugar de la presencia y la ausencia. Al pequeño se le da la opción de ver aquello que ya no estará más abriéndole a la tristeza y al dolor que nos abre al recuerdo y desde éste a la aceptación.

El emperador y la emperatriz.

- Escena tercera

La tercera escena es la resolución del duelo. La ilusión del niño por ver el huerto de melocotoneros en flor y a la niña, que se ubica entre ellos como una más en una clara identificación de lo que representan, se transforma de  repente en el desconcierto de verlos talados hasta que, finalmente, el pequeño ve una rama de melocotonero en flor allí donde estaba la niña. Clara representación de la transformación de la presencia de la niña en su ausencia y, al mismo tiempo, el único lugar donde su presencia puede seguir floreciendo: el recuerdo que reposa en nuestro corazón y la evoca.

El huerto talado y la rama en flor.
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[1] https://unajaponesaenjapon.wordpress.com/2008/03/01/hina-matsuri/ (Blog de una japonesa en japón)
[2] Kurosawa, Akira. Autobiografía. Editorial Fundamentos, pág. 44
[3] Ídem anterior, pág. 44
[4] Ídem anterior, pág. 43


domingo, 5 de febrero de 2017

SUEÑOS (DREAMS, Akira Kurosawa, 1990) - SUEÑO 1 -: Luz del sol a través de la lluvia. El drama edípico.

Vamos a comentar, en esta ocasión, otra joya del cine dirigida por uno de los grandes directores, Akira Kurosawa, y que fue producida también por otro de los no menos importantes, Steven Spielberg. Se trata de Sueños (Dreams, 1990). Sueños es una extraña película en la que concurren dos elementos fundamentales: la experiencia estética que constituyen y la superposición cultural que Kurosawa tenía entre su cultura japonesa y la influencia que también le llegó de la cultura occidental. No obstante, uno de los atractivos para mi a la hora de comentarla es que esta película está construida a través de un conjunto de ocho sueños que fueron soñados en realidad por Akira Kurosawa a lo largo de su vida, por lo que para un blog como este es difícil sustraerse a la tentación de, más allá de la experiencia estética que su conjunto constituye por sí misma, explorar dichos sueños como tales. Como antes decía, una pequeña dificultad en este trabajo se debe a tener que considerar algunos aspectos específicos relacionados con la cultura japonesa, y a tener que centrarse en una actitud interpretativa con el riesgo que ello implica. No obstante, lo asumiremos. Dada la extensión que también implicaría una entrada que contemplara los ocho sueños a la vez, he decidido dividir este trabajo en ocho entradas en las que trabajaremos sobre los contenidos de cada sueño. Los ocho sueños que constituyen la película son: Luz del sol a través de la lluvia, El huerto de los ciruelos y la fiesta de las muñecas, La tormenta de nieve, El túnel, Cuervos, El Monte Fuji en rojo, El ogro llorón y El pueblo de los molinos de agua.  Por lo tanto, afrontaremos nuestro reto en esta primera entrada con el primer sueño, uno de mis favoritos: Luz del sol a través de la lluvia.


AKIRA KUROSAWA

I. LA LUZ DEL SOL A TRAVÉS DE LA LLUVIA.

Por lo común se piensa que los niños pasan la infancia como los árboles jóvenes, cobijados en un invernadero. Si ocasionalmente se cuela el viento o la lluvia del mundo real por una grieta, se supone que al niño no le debe llegar. Yo también tuve una infancia cobijada... (Kurosawa) [1]

El primero de los sueños, La luz del sol a través de la lluvia, como el segundo, tiene como protagonista el mundo de la infancia. Vamos a organizar el sueño en escenas como se organizan normalmente cuando se quiere trabajar con ellos.

- Primera escena.

Vemos a un niño que sale de su casa a la vez que empieza a llover, aunque hace sol. Vemos a su madre recoger unos cuencos de paja mientras el niño contempla la lluvia. Luego le advierte: "No se te ocurra salir. Luce el sol pero aun sigue lloviendo. En días como estos los zorros hacen sus apareamientos, y detestan que alguien les vea en estas circunstancias. Si los ves podría pasarte algo terrible".

El niño, el sol y la lluvia: el apareamiento de los zorros.

- Segunda escena.

Vemos al niño como duda entre volver a casa o ir al bosque, cosa que finalmente hace. Le vemos andando entre grandes árboles mientras el sol y la lluvia continúan. De repente aparece un espesa niebla de la cual empiezan a surgir unas vagas sombras a la vez que reconocemos una música propia del folclore japonés (percusión y flauta). El niño se oculta tras un tronco para observar, mientras poco a poco las sombras se van aclarando a la vez que la niebla se retira. Se van entonces perfilando unas figuras humanas en dos filas, una de masculinas y de femeninas, y todas ellas con una mascara de zorro. Parecen realizar una extraña procesión (la procesión de fuego del kitsune) en la que, de cuando en cuando, y con unos rápidos movimientos, adoptan unas posiciones paralizadas en las que parecen acechar su entorno. En una de ellas descubren al niño tras el tronco. Él entonces huye.

La procesión lenta de los zorros (la procesión de fuego del kitsune)

- Tercera escena.

Al volver a casa encuentra a su madre esperándole fuera. Esta le dice: "Lo has visto verdad. Has visto lo que nunca debiste ver. No admito en mi casa un niño tan malo. Hace unos instantes han venido los zorros. Han dejado esto para ti". Y le entrega un puñal. "Creo que quieren que pagues tu culpa. ¡Anda! Ve a ver a los zorros y pídeles que te perdonen. Devuélveles el cuchillo y discúlpate desde lo más profundo de tu corazón" - le dice la madre -, y continúa: "Ellos no perdonan fácilmente. ¡Arrepiéntete! - le dice mientras cierra el portón de casa - , o desearás morir por lo que has hecho. ¡Anda, ve rápido! Hasta que los zorros no te perdonen no puedo dejarte volver en la casa". El niño le dice a su madre: "Pero... ¡dónde esta la casa de los zorros? Yo no sé dónde viven". "La encontrarás - le dice su madre -, en días como éste siempre aparece el arco iris. La casa de los zorros está al final del arco iris". Y le cierra definitivamente el portón.

La madre prohibe la entrada de su hijo en casa.

Finalmente vemos al niño partir y luego andar por un campo florido, con flores de muchos colores. Luego, frente al fondo de las montañas aparece un arco iris...  El sueño acaba con el niño dirigiéndose hacia él.

El arco iris y la casa de los zorros.

II. DESARROLLO DEL SUEÑO.

- Antecedentes culturales.

Existe una leyenda japonesa muy extendida que cuenta que cuando el sol brilla a través de la lluvia los zorros celebran sus bodas (la llamada procesión de fuego del Kitsune). Indicar también que en Japón el zorro recibe dos nombres: cuando es favorable o se le menciona en un sentido religioso recibe el nombre de Inari, cuando lo es más por sus cualidades negativas recibe el nombre más popular de Kitsune.

Por otro lado, también quisiera indicar que la estructura del sueño parece responder un poco a la leyenda del paraíso, en la que un acto de desobediencia costó a Adan y Eva su expulsión y la correspondiente inmersión en la vida mortal y en el sufrimiento.

- Desarrollo de la primera escena.

En esta primera escena destaca el fenómeno que fundamenta la leyenda del kitsune: la aparición del sol entre la lluvia, lo cual, a su vez, dará lugar al fenómeno del arco iris. Un aspecto que me parece interesante destacar de la lluvia y el sol desde una perspectiva simbólica es el aspecto yin (llamado jikkan en japón) de la primera y, en consecuencia, con su sentido más femenino, mientras que el sol lo es en el aspecto yang (llamado en japón Junishi), es decir en el sentido más masculino. Estamos por tanto ante una polaridad, unos opuestos complementarios.

Desde un punto de vista interpretativo podemos entender la presencia de la madre en el sueño, y en relación al pequeño Kurosawa, y dentro de esta polaridad lluvia-yin y sol-yang, como la dimensión de lo materno-yin en su tendencia cuidadosa y protectora enfrentada a la necesidad del niño de satisfacer su curiosidad como una forma de adentrarse en el mundo y empezar a crecer. Un exceso de protección impide alimentar la experiencia, la necesaria curiosidad del niño por interaccionar con su entorno, mientras que un exceso de abandono, le lanza al peligro innecesario.

Cuando antes citaba que hay algo en la estructura del sueño que nos recuerda la leyenda del paraíso empieza en esta escena con el desafío del pequeño al deseo de su madre.

- Desarrollo de la segunda escena.

En la segunda escena vemos al pequeño soñante caminando por un bosque de grandes árboles buscando la oportunidad de sorprender las bodas de los zorros. En muchas culturas, el bosque es visto como un santuario o templo natural, lo cual, trasladado al mundo psíquico, se erige como el templo o el santuario de lo inconsciente, el templo o el santuario donde se producen ciertas revelaciones.

En el bosque...

Más tarde, nuestro pequeño soñante llega a un lugar en el que hay un niebla densa, muy espesa, de la que poco a poco surgirán unas imágenes. Recordemos que la niebla o neblina (kasumi en japonés) está muy presente en la pintura japonesa y que viene asociada a un significado que tiene que ver con la transición que va de un tiempo a otro tiempo de naturaleza más extraña o fantástica. Y, efectivamente, es de su espesura, de su densidad que surge lentamente la procesión de fuego del kitsune, del zorro. El pequeño asiste a ella refugiado tras un tronco. En la procesión, los zorros y las zorras apareadas adoptan, de tanto en tanto, una posición hierática de alerta, de vigilancia (recordemos que la madre le ha alertado de que los zorros no quieren ser vistos en su ceremonia). En una de esas ocasiones es cuando nuestro joven es descubierto y huye entonces hacia casa...

Los zorros sorprenden al pequeño espiándoles.
No pasa desapercibido que, como ocurre en realidad en las fiestas del kitsune, las figuras que aparecen son humanas con máscara de zorro. Dada la edad de nuestro pequeño Kurosawa, esta escena me hace pensar en el descubrimiento del mundo "más allá de lo materno", o más concretamente de la ley materna. El propio título del sueño "La luz del sol a través de la lluvia" nos hace pensar en ello. A traves de la "lluvia-ying-femenino" aparece el "sol-yang-masculino". Aparece una ley más allá de lo materno que es la ley paterna. Nos hallaríamos, en consecuencia, ante un sueño de naturaleza edípica. Es el momento en el que el niño va a tener que establecer su separación del deseo de lo materno, entrar en la angustia de castración y, posteriormente, tras la represión primaria establecer su identificación con el padre y entrar en la fase de socialización.

Hay un texto sobre la naturaleza del zorro en los cuentos orientales (China, Japón...) que me parece esencialmente revelador para este sueño, y que dice:

"El papel de la zorra en los cuentos es el de servir de espejo a los pensamientos de los hombres, el de desvelar sus más recónditos deseos y el de suscitar en ellos la conciencia de la responsabilidad de sus actos. Simbolizaría una especie de segunda conciencia". [2]

La mirada de loz zorros sorprendiendo al pequeño tiene, a mi parecer, mucho que ver con esto, la mirada que sorprende al pequeño en su deseo, la mirada que, como sabemos, corresponde a la función paterna en su función de prohibir el deseo de reintegración del niño hacia la madre, como la de esta por su hijo. La opinión que mantengo sobre este sueño se apoya además, y desde mi punto de vista, por las características simbólicas y argumentales de la tercera escena.

- Desarrollo de la tercera escena.

La tercera escena se caracteriza por el enfado de la madre ante la desobediencia de su hijo. Sin embargo, el hecho más significativo me parece la entrega del objeto que el zorro que visita a la madre le hace para que le sea dado al niño: un puñal. Desarrollaremos esta escena en tres fases:

- La actitud de la madre.

La actitud de la madre, su enfado, y el hecho de que no pueda aceptar a su hijo, representarían los sentimientos y emociones que se relacionan con el edipo, y que nos pondrían en relación con la mirada de una madre que valida al padre dando paso así a la función paterna. Esto se traduciría como el final de la posibilidad de re-ingresar en el mundo materno, la imposibilidad del retorno a la fusión original, al sentimiento oceánico que Rostand indicaba y que fue tan citado por Freud. Es en ese sentido que podemos entender como metafórica una madre que, al reconocer al padre como una ley más allá de ella (el sol entre la lluvia), rechaza la entrada de su hijo en la casa, entendida esta como la vuelta a la fusión original. La propia ausencia del padre en el sueño se hace significativa como esa presencia que lleva a la madre a cerrarle el portón de la casa. La ley paterna es una ley afecta a ambos por igual: al hijo y a la madre.

La madre cierra el portón de la casa al pequeño.

- El objeto entregado: el puñal.

Recurriendo una vez más al significado de los símbolos de estas armas blancas, en japón se nos dice de ellas: "En las representaciones japonesas, Monju preside sobre el lomo de un león, con el sable en la mano; el sable aparece en la mano de Fudomyoo. Simboliza la sabiduría que corta los obstáculos para el despertar espiritual, la destrucción de las pasiones, de los sueños, de los deseos: el león dominado" [3]. Es por lo tanto símbolo de lo que la función paterna implica en el niño: la angustia de castración con la final represión del deseo incestuoso (deseo de fusión que fundamentará posteriormente el goce). Es también simbolo de los sentimientos contradictorios (amor y odio, deseo y temor) que en el drama edípico experimenta y que le sobrepasan, y que, como salida del edipo, fundan la represión y el superyó y, por lo tanto, también el sentimiento de culpa: "Creo que quieren que pagues tu culpa. ¡Anda! Ve a ver a los zorros y pídeles que te perdonen. Devuélveles el cuchillo y discúlpate desde lo más profundo de tu corazón" - le dice su madre.

La madre hace entrega del puñal al pequeño.


Es a través de la angustia de castración (el temor al puñal que corta) que finalmente el deseo incestuoso por la madre (un deseo de completud, de fusión) cede y nos abre hacia nuestro crecimiento como individuos. Recordemos que la separación del jardín del edén, del paraíso, la imposibilidad de retorno fue sellada por el arcángel Gabriel alzando una espada llameante. La conciencia, la individualidad, la individuación aparece así narrado como consecuencia de un acto de desobediencia (el deseo incestuoso a ojos de la función paterna).

- El arco iris.

El final del sueño es sorprendente. Aunque el tono con el que transcurre la tercera escena es esencialmente dramático, la imagen del final del sueño es de una belleza impactante: un valle de campos floridos multicolores, bellas y brumosas montañas y, finalmente, un espectacular arco iris. Observemos que el arco iris es un símbolo de la conjunción de los opuestos: La lluvia y el sol se unen para dar una imagen tan bella. El sueño acaba viendo al pequeño camino del arco iris, donde se suponen que está la casa de los zorros.

Camino del arco iris.
El arco iris es el reflejo del sentido final del puñal. Veamos este texto, también interesante, en relación a la simbología del puñal-espada-sable con el símbolo del arco iris: "Con su hoja y su guarda, que se ajustan en forma de cruz, el sable es también un símbolo de conjunción. El instrumento cortante que se convierte en causa de coherencia interna y de unión fecunda, por una de esas  contradicciones aparentes, pero engañosas, que caracterizan a tantos símbolos" [4]. En ese sentido el camino que inicia el pequeño es el largo camino hacia la independencia, la socialización y la individualidad, o como nos diría Jung, el largo camino de la individuación, y que funda en la ley de la diferencia de generaciones. La función paterna y la angustia de castración a ella asociada es un "mal" necesario, un corte fundamental que nos abre a la posibilidad de la conciencia de nuestro lugar en el entramado familiar y que nos procura el acceso a la identidad. Un camino, no obstante, en el que la identidad y la completud se experimentarán como un logro a conquistar, y en el que la completud no implica fusión, ni la individualidad carencia o separación. Será el largo camino que nos dirige a la posibilidad de amar y acompañarnos, de amar-nos y acompañar-nos a nosotros mismos, a la posibilidad de formar parte de lo social sin renunciar a la peculiaridad e idiosincracia que nos vuelve únicos como individuo, a la posibilidad de contemplar que lo completo es sólo posible desde lo incompleto, y que la completud requiere del temblor y de la discordia de lo incompleto desde la que surge una consciencia capaz de contemplar y de contemplar-se, de indagar e indagar-se: capaz del don del largo camino del "darse cuenta".

3. COMENTARIO FINAL.

Soy consciente del riesgo interpretativo que asumo al abordar así el sueño de Kurosawa y su traslación al cine con algunas libertades que probablemente se tomó. Asumo, en ese sentido, que mi aproximación es subjetiva y, probablemente, determinada por mi aproximación desde mi campo profesional y, probablmente, por alguna proyección personal. Pero, en fin... asumir la tarea de interpretar los sueños de Kurosawa en esta película lo intento desde lo mismo que Stanley Kubrick dijo acerca del significado de su "2001 una odisea en el espacio": "sois libres de especular acerca del significado filosófico y alegórico de 2001".

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[1] Kurosawa, Akira. Autobiografía. Editorial Fundamentos, pág. 114-115
[2] Chevalier, Jean & Gheerbrandt, Alain. Diccionario de los símbolos. Editorial Perder. Ver acepción de "zorro/a".
[3] Ídem anterior, acepción "espada".
[4] Ídem anterior, acepción "espada".

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VER TAMBIÉN (Pulsar sobre el título para acceder a la entrada)

SUEÑOS (DREAMS, Akira Kurosawa, 1990) - Sueño 2 -

El huerto de los melocotoneros o la fiesta de las muñecas y el duelo de Momoyo.


SUEÑOS (DREAMS, Akira Kurosawa, 1990) - SUEÑO 3 -

La tormenta de nieve. Una relfexión sobre la melancolía)