AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

domingo, 17 de marzo de 2019

WHIPLASH (Damien Chazelle, 2014): SOBRE LA RELACIÓN DEL YO, EL SUPERYÓ Y EL IDEAL DEL YO.

Whiplash - Latigazo - (Damien Chazelle, 2014) fue una de las películas revelación del año. Su temática se construye esencialmente en la relación entre Andrew Neymann, un prometedor y ambicioso joven batería (interpretado por Miles Teller) y su profesor Terence Fletcher (un laureado J. K. Simmons), de peculiares y tiránicos métodos para extraer el máximo potencial de su alumno.

Llama la atención que toda la película se basa esencialmente en esa relación, siendo muy desdibujados el resto de personajes que, como la figura de su padre, la de su novia, o la de los otros baterías, tienen simplemente la función de enmarcar un poco al personaje de Andrew. Más allá de las motivaciones del director para hacer este planteamiento argumental, el centramiento de éste en los dos personajes nos permite reflexionar ampliamente sobre la relación entre tres instancias o estructuras psíquicas que estos dos personajes representan y la relación que estas mantienen: el yo, el superyo y el ideal del yo. Para poder entender mejor esta relación vamos a definir en primer lugar que significan estas tres instancias.

1. UNA INTRODUCCIÓN TEÓRICA: YO, SUPERYÓ E IDEAL DEL YO.

- Acerca del yo.

Más allá de las múltiples definiciones desde la que se podría abordar la definición del yo, hay tres aspectos de esa instancia que quisiera destacar esencialmente:

La primera, y la más obvia, es considerar al yo como el centro de la consciencia, es decir, aquella instancia por la que nos damos cuenta tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno. Obviamente, y como ya sabemos, hay otras instancias y mecanismos que están implicados en ese darse cuenta, con lo cual el hecho de que el yo sea el centro de consciencia no significa que esta consciencia o el darse cuenta esté afinado, antes todo lo contrario, el yo , en distintos grados, presenta una consciencia y un darse cuenta perturbado.

La segunda que tenemos que considerar es que el yo, en principio, tiene una función mediadora entre las otras dos instancias que ejercen presión sobre él: el ello, de contenido esencialmente inconsciente,  y que se caracteriza por expresiones pusionales mientras que, por otro lado, tenemos el superyó, a la que podemos considerar una instancia moral que enjuicia la actividad yoica (trataremos más a fondo de ella próximamente). Podríamos decir que el yo intenta conciliar las demandas de satisfacción de placer que llegan del ello con las demandas de realidad, apoyadas en la prohibición y el castigo del superyó.

La tercera que quiero destacar es que el yo es también una función de identificación. Es decir, que se estructura a través de identificaciones externas, como ocurrirá en la infancia, como internas y externas como ocurrirá posteriormente.

- Acerca del superyó.

El superyó es una instancia psíquica de caracter moral que enjuicia, como ya dijimos, la actividad del yo. Es necesario destacar algunas características de esa intancia que la hacen sumamente dificultuosa de manejar para el yo.

En primer lugar, podemos definir el superyó como una instancia que esencialmente ordena, y que dentro de las ordenes que emite podemos destacar las que prohiben y las que exigen. Hay que destacar que las ordenes que el superyó maneja son conocidas como introyecciones, es decir, ordenes de extrema rigidez y con escasa discriminación de lo que implican.

En segundo lugar, destacamos que la fuerza del superyó y las ordenes que maneja estriba en que le son imputables dos aspectos con los que las ordenes se relacionan, y que le confieren una gran capacidad de intimidación sobre el yo: el sentimiento de culpa y la necesidad de castigo. 

En tercer lugar, el superyó es de naturaleza pulsional, es decir, que su demanda nunca se satisface, siempre exige más. Esto hace, como indicó Lacan, que el superyó está del lado del goce y, en consecuencia, que se trate de una instancia sin límite que es, de hecho, lo que la convierte en peligrosa, por eso en ocasiones leeremos u oiremos que el superyó, dependiende se sus carcaterísticas de crueldad y ferocidad, va acompañado de adjetivos como sádico u obsceno.

- Acerca del ideal del yo y su relación son el superyó.

El ideal del yo es un concepto estrechamente ligado al superyó. Veamos la siguiente definición de esta instancia:


instancia de la personalidad que resulta de la convergencia del narcisismo (idealización del yo) y de las identiñcaciones con los padres, con sus substitutos y con los ideales colectivos. Como instancia diferenciada, el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta adecuarse. [1]

Pondremos especial atención a la frase "el ideal del yo constituye un modelo al que el sujeto intenta adecuarse", puesto que esto nos indica que ese ideal es algo que tiene que devenir, algo que no está realizado y hacia lo que el yo debe converger: El ideal del yo sostiene frente al yo un destino que debe realizar, tenga o no la posibilidad de hacerlo [2] 

Y es en este aspecto donde el ideal del yo y el superyó se relacionan, puesto que este último es el guardian del primero, deviene en el velador de que el yo se esfuerze por devenir ese ideal más allá de cual pueda ser su deseo. El ideal del yo deviene en un "tú debes ser". Por otro lado, y dado que el superyó y su naturaleza pulsional están del lado del goce y no del deseo, el propio ideal deviene un inalcanzable (recordemos que la demanda del superyó no se puede satisfacer), o dicho de otra menera, por más que se acerque el yo al ideal del yo siempre estará cuestionado por el superyó, y recordemos, en ese sentido, que el goce tiene que ver con eso que nunca se alcanza y la relación entre sufrimiento y placer que de ello se deriva.

II. LA RELACIÓN ENTRE ANDREW Y TERENCE: Superyó sádico vs Yo masoquista.

A partir de esas breves introducciones a las instancias del yo, superyó e ideal del yo, ya podemos establecer la relación que observamos entre el joven batería Andrew Neymann y su profesor "Terence  Fletcher. Efectivamente, vemos en Andrew ese elemento absolutista - que se refleja en esa relación cerrada entre sus dos protagonistas en la que se basa la película - en el que deviene ser "un gran batería", su ideal del yo, o como se dice en una escena, hablando de Charlie Parker:

Andrew: Creo que ser el mejor músico del siglo XX es la idea del éxito de cualquiera.
Padre: Bueno, morir arruinado y alcohólico a los 34 no es exactamente mi ideal de éxito...
Andrew: Prefiero morir arruinado y alcohólico a los 34 y que hablen de mí en una cena, que vivir rico y sobrio a los 90 y que nadie recuerde quién fui. 

Observamos aquí perfectamente que el ideal del yo es una imagen que se corresponde con el narcisismo primario, el narcisismo originario del yo, así como que ya se intuye, en su relación con el superyó, la presencia de la pulsión de muerte.

Y es aquí donde aparece Terence (un narcisista maligno) como su profesor-superyó de caracter sádico cuya ferocidad se hace evidente en distintas escenas. En todo caso, un aspecto que me parece importante destacar es que cuanto mayor es la voluntad de identificación del yo con su ideal del yo, la ferocidad del superyó es mayor en su empeño o ante sus deslices o errores puntuales. Ese es el caso de Andrew. En una pequeña escena al inicio de la película, cuando están con su padre en el cine, se da el siguiente diálogo:

Padre: ¿Cómo estas?
Andrew: Bien... No sé, hoy me ha visto tocar - refiriéndose a Terence -
Padre: ¿Y...?
Andrew: - mueve la mano en expresión de "a medias" -
Padre: Bueno... Sigues teniendo un montón de opciones.
Andrew: ¿A qué te refieres? ¿Otras opciones?
Padre: Así es la vida. Cuando tienes mi edad tienes perspectivas...
Andrew: No quiero perspectivas...

Es justamente ese "no quiero perspectivas" lo que nos da una aproximación del nivel de identificación del yo de Andrew con su ideal del yo.

También podemos observar una imagen de su ideal del yo representada en el batería Buddy Rich, reconocido como uno de los músicos más prestigiosos de la batería jazzística.

El Batería de jazz Buddy Rich.

En la relación de Andrew con Terence observamos la relación que un superyó sádico ejerce sobre el yo, siendo requerido de éste una cierta tendencia al masoquismo, entendido éste en el sentido de  la necesidad de castigo y de padecimiento. Empezamos a observar esta tendencia masoquista en Andrew desde el primer momento, cuando Andrew, entre gritos, humillaciones y sillas que vuelan por los aires es abofeteado por Terence, lo cual nos recuerda una frase de Freud al respecto:

No interesa quien lo inflija, si la persona amada o una indiferente o si es causado por poderes o circunstancias impersonales; el verdadero masoquista ofrece su mejilla toda vez que se le presenta la oportunidad de recibir una bofetada. [3]

Quizá Andrew sea ese tipo de masoquista que Freud llamó "masoquista ideal" (para diferenciarlo del masoquista moral).

Observamos también unas palabras de Terence que quizá tengan un cierto trasfondo en la problemática de Andrew, cuando tras sonsacarle sobre  la situación de sus padres le dice a pleno grito: "Eres un blandengue maricón chupapollas cuya madre dejó a papi cuando se dió cuenta que no era Pablo Neruda, y que ahora llora y babea encima de mi batería como una nenaza de 9 años". Las pequeñas escenas con el padre sirven para reflexionar sobre la problemática de Andrew en la medida que parece derivarse de su relación. Efectivamente, en qué medida sus visiones contrapuestas podría actuar como dos creencias o introyecciones contradictorias: por un lado ser un gran batería, ideal del yo que ocupa el lugar de deseo de la madre, aquel por el que el padre fue rechazado; y por otro lado no superar "el fracasado" de su padre, lo cual crearía un doble sentimiento de culpa: por un lado tener que ser el mejor batería, no ser un fracasado como su padre; por otro, el sentimiento de culpa por intentar superarle.



Después de ser abofeteado, observamos a un triste Andrew sólo en su habitación mirando de reojo la solapa de un libro titulado "The drum way" (El camino de la batería) del mismo Buddy Rich, tristeza que corresponde con la decepción que sufre el yo al sentirse lo lejos que se encuentra de su ideal del yo. También observamos el sufrimiento que se infringe en su ensayo, cuando observamos sus dedos ensangrentados (repercusión somática del castigo).



Observamos otra caracteristica del superyó que tiene lugar a través de la comparación, manifestado en la película como la feroz competitividad a la que somete a los tres baterías que forman parte de la banda de Terrence: "si quieres el puesto gánatelo" - le dice Terrence a Andrew -. Como consecuencia de ello Andrew decide dejar su relación con Nicole (Melissa Benoist), la chica con la que había empezado a salir. Y así, después de un largo discurso le dice: "porque quiero ser grande [...] Quiero ser uno de los grandes". 

Vemos como la obsesión creciente de Andrew le lleva a él mismo a identificarse con Terrence - con su superyó - y como él mismo se aplica el maltrato y los castigos (vemos sus manos ensangrentadas, los insultos y los golpes con los que se lesiona). Quizá el momento álgido de toda esta monstruosidad es cuando Andrew llega tarde al concierto del día del concurso de Dunellen... toda su desesperación por tocar acaba en un accidente de coche y acaba sentándose en la batería ensangrentado incapaz de poder tocar... El final de la situación acaba con Fletcher diciéndolo: "Estás acabado." 




- Superyó, yo y pulsión de muerte.

Aunque no es este el lugar para desarrollar este tema, sí quisiera indicar que hay una escena que es significativa para comprender el peligroso extremo en el que el yo y el superyó entran de pleno en la pulsión de muerte. En esa escena en cuestión, Terence cuenta que un alumno suyo, un trompetista llamado Sean Caysi, ha muerto en un accidente de automóvil, lo cual parece afectarle vivamente. Posteriormente, cuando tras el desastre de Dunellen Andrew parece abandonar definitivamente la batería, una abogada, a través de su padre, le hace saber que le necesita para poder denunciar a Terence. Es entonces cuando se entera de que Sean Caysi se suicidó a causa de fuertes transtornos de ansiedad y depresión que empezaron cuando fue alumno de Terence. Éste es el extremo al que me refería. Sean Caysi, a diferencia de Andrew, parecería ser una personalidad melancólica que no  pudó rebelarse contra su superyó, dejando arrasarse por la dimensión de esa entidad que va más allá del bien, o dicho de otra manera, que exige un bien que está más allá del principio del placer, es decir, aquello que ya indiqué acerca de que el superyó esta del lado del goce.




III. RECUPERANDO EL DESEO. EL ACCESO A LA SUBJETIVIDAD PROPIA.

Es muy interesante el final de la película... Después del "Estás acabado", Andrew parece abandonar su deseo de tocar la batería (deseo de ser batería, no la imposición de ser uno de los grandes). Tras denunciar a Terence, lo que a éste le cuesta su plaza de profesor, lleva una vida anodina hasta que un día Terence vuelve a contactar con él. En ese encuentro hay un diálogo que me parece interesante:

Terence: ... quería que mis alumnos se esforzaran más allá de las expextativas. Creo que es extrictamente necesario, si no estaríamos privando al mundo del próximos Neil Armstrong, del próximo Charlie Parker [...] No hay dos palabras que sean más dañinas en nuestro idioma que "buen trabajo"
Andrew: Pero hay un límite. Y si tal vez se va demasiado lejos y se disuade al próximo Charlie Parker de convertirse en Charlie Parker

Andrew parece posicionarse de manera distinta (le mira fijamente, sin miedo), su discurso parece haber cambiado, de la misma manera que, tras ofrecerle Terence participar en su banda como batería, vuelve a llamar a su ex-novia para invitarla al concierto, si bien ella le hace notar que ya tiene novio. Son pequeñas señales de emergencia de su subjetividad, una subjetividad que alcanzará su punto álgido cuando ante la venganza de Terence, quien conocedor de que fue él quien le denunció, le ha tendido una trampa para ridiculizarle ante el público y el jurado - si metéis la pata podéis dedicaros a otra cosa, porque estos pavos jamás olvidan - al dejarle sin partitura para interpretar la primera pieza musical. Tras abandonar el plató le espera su padre con quien se abraza... y este es un momento importante, porque Andrew decide volver, pero volver como un Andrew distinto. Ya no vuelve para ocupar el lugar del deseo de la madre ( desear el deseo del otro) que lo abandonó echándole en manos del superyó y la construcción  del ideal del yo (no seas un fracasado como tu padre), ni quizá, como otra alternativa, ceder su deseo por el fracaso paterno, para no superarle. Vuelve porque ahora apoya su propio deseo de ser batería y disfrutar tocando...




Desde este momento, en una fantástica escena final, se intercambia los ritmos de su relación. "No es mi tempo" dice Terence a Andrew para luego mortificarlo. Desde este momento Andrew impone la batería y el tema de interpretación con "Caravan". Cuando parece que la interpretación ha acabado, Andrew prosigue con un sólo de batería ante la consternación de Terence, a quien cuando este se acerca le dice: "Te daré la entrada", en lo que es una inversión total de la relación. En este momento Terence cede, y Andrew logra atravesar su obsesión y miedo al fracaso para llegar a la afirmación de su propia subjetividad y creatividad. De la Ley moral a la intuición creadora. Para acabar, una curiosa imagen en la que vemos como las luces iluminan a Andrew, mientras la imagen de Terence, que queda a su derecha, se vuelve menos definida oculta en la penumbra...




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[1] Laplancha & Pontalis. Diccionario de psicoanálisis. Paidós Ed.
[2] Ídem anterior.
[3] Freud, Sigmund. El problema económico del masoquismo (1924) OC 3. Biblioteca Nueva



domingo, 10 de febrero de 2019

FAHRENHEIT 451 (FRANÇOIS TRUFFAUT, 1966): SOBRE LA SOCIEDAD DE LA DEFLEXIÓN Y UNA LECTURA JUNGUIANA.

Fahrenheit 451 (temperatura a la cual el papel se inflama y arde, equivalente a los 232,8 grados Celsius), es una película dirigida por François Truffaut en 1966 que parte de la novela distópica de Ray Bradbury del mismo título (1953). Protagonizada en sus principales papeles por Julie Christie (en el doble papel de Linda Montag y Clarisse McClellan) Oskar Werner (en el del bombero Guy Montag) y Ciryl Cusak (en el del Capitán de bomberos Beatty), la película nos traslada a un mundo en el cual la función de los bomberos no es apagar el fuego sino, todo lo contrario, utilizarlo para quemar libros (la referencia a la quema de libros par parte de los nazis se hace inevitable), ya que el gobierno de la tierra considera que estos son los responsables de traer infelicidad a los seres humanos, reduciendo el concepto de felicidad a llevar una vida sin cuestionamientos y asumiendo un papel puramente pasivo en su sociedad, un objetivo que hoy en día podemos observar en las aspiraciones que el capitalismo espera lograr con el control de los individuos de distintas maneras.

Recuerdo que ví la película cuando tenía quince o dieciséis años por televisión. Me impresionó tanto que me compré el libro, que aun me impresionó más, a parte de concocer la obra de Ray Bradbury. Me acompañaron entonces lecturas ya clásicas como "Crónicas Marcianas", "El hombre ilustrado" o "El ruído del trueno". Pasados los años, y vistos los tiempos que corren, me asombra el poder visionario de Bradbury expresado en Fahrenheit 451.

Hay que citar que hay una versión moderna de esta película dirigida por Ramin Bahrani, estrenada en el 2018 y que, curiosamente, se caracteriza por ser una perversión de la película de Truffaut " o del libro de Bradbury, y donde el elemento reflexivo que ofrecen estos queda reducido al típico espectáculo de Hollywood de ofrecer una película de acción con un planteamiento muy superficial de la temática que, salvo por alguna excepción, queda reducida en un festival de fuegos.

Linda y Montag.

I. FAHRENHEIT 451: LA SOCIEDAD DE LA DEFLEXIÓN.

Es muy difícil trasladar un libro como Fahrenheit 451 a la gran pantalla en 1 hora y 45 minutos. Hay muchas cosas que el director debe intentar sugerir no tanto con las palabras como con las imágenes. He elegido, para transmitir un poco la sociedad que Fahrenheit 451 propone, y que la película de Truffaut pretende mostrarnos a través de sus personajes e imágenes, unas palabras de Clarisse en las que dice:

Creen que soy insociable. No me adapto. Es muy extraño. En el fondo, soy muy sociable. Todo depende de lo que se entienda por ser sociable, ¿no? Para mí, representa hablar de cosas como éstas. —Hizo sonar unas nueces que habían caído del árbol del patio—. O comentar lo extraño que es el mundo. Estar con la gente es agradable. Pero no considero que sea sociable reunir a un grupo de gente y, después, no dejar que hable. Una hora de clase TV, una hora de baloncesto, de pelota base o de carreras, otra hora de transcripción o de reproducción de imágenes, y más deportes. Pero ha de saber que nunca hacemos preguntas, o por lo menos, la mayoría no las hace; no hacen más que lanzarte las respuestas izas!, izas!, y nosotros sentados allí durante otras cuatro horas de clase cine- matográfica. Esto no tiene nada que ver con la sociabilidad. Hay muchas chimeneas y mucha agua que mana por ellas, y todos nos decimos es vino, cuando no lo es. Nos fatigan tanto que al terminar el día, sólo somos capaces de acostarnos, ir a un Parque de Atracciones para empujar a la gente, romper cristales en el Rompedor de Ventanas o triturar automóviles en el Aplastacoches; con la gran bola de acero. Al salir en automóvil y recorrer las calles, intentando comprobar cuán cerca de los faroles es posible detenerte, o quien es el último que salta del vehículo antes de que se estrelle. Supongo que soy todo lo que dicen de mí, desde luego. No tengo ningún amigo. Esto debe demostrar que soy anor- mal. Pero todos aquellos a quienes conozco andan gritando o bailando por ahí como locos, o golpeándose mutuamente. ¿Se ha dado cuenta de cómo, en la actualidad, la gente se zahiere entre sí? [1]

Efectivamente, la sociedad que nos presenta Fahrenheit 451 es la de la sociedad de la uniformidad, la sociedad del pensamiento único, y una sociedad cuya premisa fundamental es: NO PENSÉIS, disimulada en una especie de ley que podríamos enunciar como: SÉ FELIZ Y NO PIENSES. Una sociedad en la que apelando a un mecanismo de defensa psíquico llamada "deflexión", pretende que sus individuos minimizen lo importante y lo significativo, ofreciéndoles opciones cuyo único fundamento es evitar el cuestionamiento y el conflicto. Dado el momento histórico en el que esta obra fue escrita, Bradbury recurre a la televisión como el objeto inductor de esta deflexión. La substitución del contacto realmente humano por un contacto puramente superficial y por la perversión de lo real a tavés de la construcción de una realidad basada en lo que hoy en día conocemos como "posverdad" o las "fake news". Y, es evidente, la construcción de una realidad de este tipo necesita de que el ciudadano sea basicamente un zombi. Y de la misma manera que se basa en incorporar mentiras que la fundamenten, se trata también de eliminar los inputs que creen ciudadanos más conscienciados, capaces de discernimiento y realmente comprometidos. Y es en ese sentido, y como ya ocurrió desgraciadamente en la Alemania nazi, que la nauseabunda quema de libros deviene como metáfora del no pensar, es decir, NO LEAN, no indaguen en el pensamiento humano, en el mundo de sus sentimientos y emociones. Un mundo reducido a la superficialidad como Beatty le dice a Montag en su discurso previo a la quema de la gran biblioteca donde la mujer que la oculta decide morir quemada junto a sus libros.

La quema de la gran biblioteca.

Hay que destacar la gran visión de Bradbury en una obra escita en 1953 al respecto. La única diferencia es que hoy no es la pantalla de TV la protagonista, son las múltiples pantallas que nos rodean (ordenadores, tablets, móviles) y los mass media y las redes sociales a través de las cuales toda esta realidad es continuamente inducida. Zygmunt Baumann, en una de sus últimas obras ya lo decía con toda claridad refiriéndose al mundo de facebook, WhatsApp, twitter, etcétera:

Porque cuando uno pasa a estar "siempre conectado", puede que nunca esté total y verdaderamento solo. Y si nunca esta solo, entonces (por citar una vez más al profesor Zimmerman), "es menos posible que uno lea un libro por placer, dibuje, se asome a la ventana e imagine mundos distintos de los propios... Es menos probable que uno se comunique con la gente real del entorno inmediato. ¿Quién quiere hablar con sus familiares si tiene los amigos a un click de distancia?..."

Al huir de la soledad, se pierde la oportunidad de disfrutar del aislamiento, ese sublime estado en el que es posible "evocar pensamientos", sopesar, reflexionar, crear y, en definitiva, atribuir sentido y substancia a la comunicación. [2]

En una perversión de la situación Montag le dice a Clarisse en su primer encuentro en el tren: "Los libros distraen a las personas y las hacen insociables". Esta es la base del éxito de Donald Trump en las últimas elecciones de USA, o la base sobre la que se fundamenta la reciente película de BREXIT (2019), dirigida por Toby Haynes e interpretada, en su papel principal, por Benedict Cumberbatch, así como del ascenso de la extrema derecha en Europa y sudamérica.

Es lo que Françaois Truffaut, como Ray Bradbury, intenta describir a través de los cuatro personajes sobre los que la película se sostienen: Montag, Linda, Clarisse y el capitán Beatty.

Los bomberos de Fahrenheit 451.

II. EL DESPERTAR DE MONTAG: La aparición de la ánima.

En una anterior entrada de este blog dedicada a la película "Estan vivos", de John Carpenter (1988) - ver pie de entrada para acceder a ella -, el filósofo lacaniano Slavoj Zizek nos habla del dolor del despertar, y en su documental "Guia ideológica para perversos", nos dice hablando de una escena de la película:

Salir de la ideología hace daño, es una experiencia dolorosa. Debes forzarte a hacerlo [...] Puede parecer irracional... ¿por qué este tipo [John Armitage] rechaza tan violentamente ponerse las gafas? Es como si estuviera al tanto de vivir naturalmente en una mentira, que las gafas le haran ver la verdad, pero que esta verdad puede ser dolorosa, puede destrozar muchas de sus ilusiones. Esta es una paradoja que tenemos que aceptar. La extrema violencia de la liberación, debes ser forzado para ser libre. Si confias simplemente en tu espontáneo sentido del bienestar o lo que sea, nunca conseguirás liberarte [...] La libertad duele.

Este es el papel que Clarisse (en el libro una joven de diecisiete años) representará para Montag, aquello que en términos junguianos podríamos definir como la llamada de la ánima. Clarisse parece captar que en Montag hay un bombero en crisis y le interpela a que se haga preguntas, a que se cuestione. Conforme ambos van coincidiendo, Clarisse percibe que Montag no es un bombero a la usanza. En el libro le dice: 

Usted no es como los demás. He visto a unos cuantos. Lo sé. Cuando hablo, usted me mira. Anoche, cuando dije algo sobre la luna, usted la miró. Los otros nunca harían eso. Los otros se alejarían, dejándome con la palabra en la boca. O me amenazarían. Nadie tiene ya tiempo para nadie. Usted es uno de pocos que congenian conmigo. Por eso pienso que es tan extraño que sea usted bombero. Porque la verdad que no parece un trabajo indicado para usted. [3]

Clarisse y Montag

Bajo su influencia, Montag va cuestionándose, y cuestionando su vida lo que, obviamente, conlleva cuestionar la sociedad en la que vive hasta caer en la tentación de leer un libro. El episodio de la mujer que se deja quemar junto a sus libros le impresiona vivamente.

Es muy acertado, en la película de Truffaut, que los papeles de Linda Montag y Clarisse sean interpretados por la misma actriz, Julie Christie. Esto permite mostrar un claro contraste entre la espontaneidad, sensibilidad y la vivacidad de Clarisse frente a la superficialidad, vaciedad e insensibilidad de Linda, quien ejemplar ciudadana-zombi, simplemente está pendiente de "la familia",  una especie de programa televisivo que mantiene distraídos a los ciudadanos. Linda es el perfecto ejemplo de la identificación más extrema del individuo con el arquetipo de la persona, entendido en este caso como la dilución del yo y el individuo en lo colectivo y que, como Linda, acaba siendo una figura encartronada. Linda y Clarisse son los dos extremos entre los cuales se halla Montag, entre formar parte de un sistema basado en la uniformidad o elegir el camino de la individuación. Esta tensión entre los dos mundos estalla fundamentalmente en Montag en la reunión de amigas de Linda - todas una copia del mismo estilo de mujer -, y cuando ante las noticias de la televisión se destaca el éxito de la incineración de la biblioteca en la cual muere la mujer con sus libros - sin mencionar este detalle -:

No sóis más que robots todas vosotras, igual que vuestros maridos. No os interesáis ya por nada en absoluto. No vivís, tan sólo matáis el tiempo [ante su sorpresa Montag aparece con un libro y las obliga a sentarse y lee un texto altamente emotivo de una novela. Las amigas de Linda se van afectadas por esa lectura. Linda dice: "Ya no volverán. Estaré siempre sola y ya no seré sociable. Ya no me llamarán para actuar en la familia"]

No vivís, tan sólo matáis el tiempo.

Cito una vez más a Baumann:

Para los jovenes, el principal atractivo del mundo virtual proviene de la ausencia de contradicciones y malentendidos que caracterizan la vida offline. A diferencia de la alternativa offline, el mundo online hace concebible - es decir, posible y viable -la multiplicación infinita de contactos. Lo logra mediante la mengua de la duración y, en consecuencia, el debilitamiento de los vínculos que propician y refuerzan la duración, en marcado contraste con el mundo offline, que se caracteriza por el continuo afán de reforzar los vínculos, limitando severamente el número de contactos al tiempo que se amplian y se profundizan. [4]

En el libro de Bradbury aparecen unas frases pronunciadas por el capitán Beatty que explica las ventajas de la "sociedad uniforme o de pensamiento único - o de no pensamiento -" que preveía una de las más tremendas verdades de nuestros tiempos actuales, y que se relaciona con una de las bases fundamentales de los ismos, si bien hoy en día, hay que circunscribirlo al "ismo" imperante, el "capitalismo" y su dinámica de los mercados, una dinámica situada por "encima del bien y del mal". Dice Beatty a Montag: "Cuanto mayor es el mercado, Montag, menos hay que hacer frente a la controversia, recuerda esto. Todas las minorías menores con sus ombligos que hay que mantener limpios. Los autores, llenos de malignos pensamientos, cerrar con llave vuestras máquinas de escribir [...] La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías, gracias a dios, tiraron adelante este proceso." [5]

Lo que aquí se describe no es más que el fenómeno del amantelamiento de la política con los mercados a los que hoy en día asistimos con una peligrosa pasividad, producto de la manipulación que el sistema ejerce sobre sus ciudadanos. Poco a poco, y como también indicaba en una entrada dedicada a la película de Hannah Arendt dirigida por Margarethe von Trotta (2012), se está procediendo a la "introyección ciudadana", y en la que decía:

la gestión de los intereses políticos y económicos se gesta en muchos mensajes, más o menos grotescos, más o menos sutiles,  lanzados por los gobiernos y partidos políticos de nuestras flamantes democracias parlamentarias en lo que llamo el proceso de introyección (léase también intoxicación) ciudadana. Obviamente el proceso de introyección (intoxicación) ciudadana (en el que los mass media y las redes sociales y su propia perversión tienen mucho que ver) tiene un simple y llano objetivo: su manipulación interesada. En un claro ejercicio de que el fin justifica los medios, sea la captación del voto, la implementación ideológica, o los intereses bancarios y de las multinacionales, se trata de desviar la atención (deflectar) de temas espinosos, o de crear (introyectar) un estado de miedo o de falsa euforia para encaminar la ciudadania hacia determinadas direcciones. Por ello, y de la misma manera que ocurre en el proceso psíquico, estas introyecciones cabe considerarlas como verdaderas intoxicaciones.

Linda es una muestra de la persona perfectamente alineada con la manipulación ideológica que sostiene la sociedad uniforme de Fahrenheit 451, incapaz de toda reflexión y cuestionamiento, y víctima de una pseudofelicidad que se manifiesta en sus tomas de calmantes o somníferos por las que hay que desentoxicarla, o, como se nos muestra en el libro, en la existencia de extraños accidentes y suicidios, o en la participación en juegos o actitudes que permiten la liberación de la violencia latente. Clarisse es su polo opuesto, el camino a la vida, a la sensibilidad, al contacto real y no virtual, el camino que Montag elige finalmente seguir, el camino hacia sí mismo, hacia su individuación y, desde aquí, el desarrollo de la capacidad de reflexionar y cuestionar un sistema altamente tóxico.


La intoxicación de Linda.

III. EL CAPITÁN BEATTY: LA SOMBRA IDEOLÓGICA.

La lectura junguiana que nos guía en este comentario nos permite observar un caso que he denominado "sombra ideológica", una variante de la posesión por identificación con la sombra en la que se sufre una fuerte inyección de energía que se manifiesta como una determinación ciega que se dirige hacia la consecución de sus objetivos, aunque en este caso sean al servicio de la destrucción. También suele ir aparejada de un discurso claramente estructurado y preciso por el que justifica sus acciones. Este es el caso del Capitán Beatty, que en la película se nos muestra como una especie de mentor de Montag a quien quiere ascender como oficial. Beatty es el clásico hombre abducido por la ideología, de quien se convierte en su brazo ejecutor. Es el caso del mago Saruman en "El señor de los anillos" (Peter Jackson, 2001-2003), o del clásico coronel Kurtz de Apocalypse Now (F. F. Coppoda, 1979), inspirada en "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad. Si bien Linda es la dimensión de posesión por identificación con la persona, con la dimensión colectiva que aplasta al individuo, y que representa cierta dimensión de Montag; Beatty es justamemte lo contrario, es la dimensión más sombría que se oculta tras ese "mundo feliz", la dimensión violenta que reside tras todo comportamiento basado en la psicología de las masas, y del que un hombre como Beatty es su brazo ejecutor, y del que Montag podría acabar formando parte a través de su plena identificación con él. En el discurso de Beatty a Montag en el descubrimiento de la gran biblioteca que arderá junto a la mujer que se sacrifica son sus libros, vemos los fundamentos sobre las que se levanta una sociedad uniforme. Veamos:

- Los libros no dicen nada. Mire... todo esto son novelas. Tratan de personas que nunca han existido. Las gentes que las leen quedan descontentas de sus propias vidas y sienten deseos de vivir de otro modo, lo que jamás podrá ser en la realidad.

- Toda esta filosofía hay que hacerla desaparecer. Es aun peor que todas las novelas. Pensadores, filósofos, todos dicen exactamente lo mismo. Solo yo tengo razón, los demás son idiotas [...] Es cuestión de modas. La filosofía es falda corta este año, falda corta el año que viene.

- Todo vidas de hombres muertos. Biografías se llaman, y autobiografías. Mi vida, mi diarios, mis memorias, mis memorias íntimas. Naturalmente al empezar sólo les empujaba el deseo de escribir, pero tras el segundo o tercer libro sólo querían satisfacer su vanidad, destacarse de la masa, ser distintos [...] Es inútil, compréndalo. Todos hemos de ser iguales. Sólo se alcanza la felicidad estando todo el mundo al mismo nivel.

Es claramente metafórico cuando al finalizar su discurso dice: "por eso hay que quemar los libros, todos los libros" - dice mientras sostiene en la mano un ejemplar de "Mein Kampf" (Mi lucha) de Adolf Hitler -.

Montag y Beatty.

Estas palabras, aunque nos aproximan ligeramente, hacen poca justicia al verdadero discurso que encontramos en el libro de Bradbury. De las muchas cosas que en él hallamos me gustaría destacar las siguientes palabras premonitarias del día de hoy:

En cierta época, los libros atraían a alguna gente, aquí, allí, por doquier. Podían permitirse ser diferentes. El mundo era ancho. Pero, luego, el mundo se llenó de ojos, de codos y bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y radios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie de vulgar uniformidad. ¿Me sigues? [...] Imagínalo. El hombre del siglo XIX con sus caballos, sus perros, sus coches, sus lentos desplazamientos. Luego, en el siglo XX, acelera la cámara. Los más breves, condensaciones. Resúmenes. Todo se reduce a la anécdota, al final brusco. [5]

¿Os resuenan ciertas utilizaciones de facebook, instagram, twitter, whatsApp, la desinformación y la manipulación propagada a través de periódicos, revistas, televisiones y radios?


Las palabras de Beatty nos recuerda otra de las obras fundamentales en la sociedad uniforme, donde la psicología de masas es fundamental en su constitución. Me refiero a la imperdible "Masa y poder" de Elias Canetti, que ya utilizé para comentar la película "La Ola" (Dennis Gansel, 2008) - ver acceso al pie de esta entrada - y de la que quiero rescatar el siguiente comentario:

El individuo se manifiesta como el peligro interno de la masa: es la manifestación de la diferencia, de la desigualdad, el representante de la inestabilidad. Las reacciones al individuo que se diferencia de la masa provocan su reacción narcisista, su manifestación de intolerancia y hostilidad.

En ese sentido en el que Canetti destaca que la masa, para conservarse, necesita del "enemigo" (lo vimos en el pasado con Hitler, con Franco o Mussolini, con Stalin, Mao, con todo radicalismo fundamentalista, como lo vemos hoy con Donald Trump, con Maduro, con Bolsonaro, con Putin, con la extrema derecha cada vez más instaurada en Europa, o con la peligrosa deriva de la derecha española  tras el surgimiento de VOX):

La más segura y, a menudo, la unica posibillidad para conservarse es la existencia de una segunda masa con la que compararse. Sea que se enfrenten en el juego y midan fuerzas o que se amenazen seriamente una a la otra, la visión o la representación intensa de una segunda masa no permite que la primera se desintegre [...]

El contra-otros influye sobre el nos-otros. La confrontación que en ambos provoca especial alerta, modifica la naturaleza de la concentración dentro de cada grupo. En tanto los otros no se hayan dispersado, uno mismo debe seguir agrupado. La tensión entre ambas turbas se traduce en presión sobre la propia gente [...] Pero si los adversarios amenazan y realmente está en juego la vida, la presión se transforma en la coraza de una decidida y unida defensa (o ataque) [5]

IV. LA DIMENSIÓN SÁDICA DE LA LEY.

Efectivamente, una de las dimensiones que fundamenta la sociedad uniforme es lo que podemos llamar la dimensión sádica que en ella adquiere la ley (un tema que vimos en las entradas dedicadas a la película "El proceso" de Orson Welles, basada en la novela de Kafka - ver acceso al pie de esta entrada -). Es decir, que la ley aparece en su reverso obsceno y que, sobretodo, se vierte en toda su violencia. Truffaut nos presenta esta dimensión en una escena donde la policia coge a un chico por llevar el pelo demasiado largo, y en plena calle le afeitan la cabeza mientras la gente a su alrrededor se ríe, y la voz que retransmite la noticia dice: "Algunos muchachos se empeñan aun en boicotear nuestras peluquerías. Vean a nuestra patrulla de higiene ocupándose de uno de estos jovenes mugrientos y la demostración que el ver cumplir la ley resulta divertido". Efectivamente, para la masa, el distinto, el diferente, es enemigo, y como tal no sólo debe ser castigado sino también humillado, y cuanto más mejor.

La ley obscena.
De manera parecida vemos esa dimensión obscena en el despido de Clarisse, en la película profesora de escuela, por no seguir "la norma": "Nunca me he llevado bien con los otros profesores, no aprobavan mis métodos. Yo no seguía el horario con regularidad, mis clases eran divertidas y no les gustaba." Cuando Montag la acompaña al colegio para que hable con el director se encuentra con toda evitación de contacto con ella y el rechazo directo de los niños que huyen de ella como almas en pena

También se nos presenta esta dimensión obscena con "el buzón de informaciones", buzón donde cualquiera puede denunciar a alguien de quien se sepa que tiene libros, cosa que hay que hacer mediante una foto, no por escrito. Clarisse le dice: "Entonces es un delator", a lo que Montag la corrige diciendo: "No, no, es un informador" a lo que, curiosamente, y cuando el "informante" tira la "información" en el buzón", Montag dice irónicamente: "Ya se ha desecho de un vecino ruidoso, o de un cuñado al que envidia o de su propia madre ¿por qué no?" En estos momentos Montag no se imagina que será Linda quien le denunciará a él por posesión de libros...

V. FINAL: MUJERES Y HOMBRES LIBRO.

El final de la película se basa en el intento de esclarecimiento de Montag acerca de la desaparición de Clarisse y de su distanciamiento cada vez mayor de una sociedad enferma a través de la lectura de libros.  Entre los archivos de Beatty descubre que su familia ha sido arrestada y que ella ha podido huir. Reencontrará a Clarisse en un breve encuentro quien le comunicará que marcha donde los hombres-libro, mujeres y hombres que memorizan cada uno de ellos un libro que pasarán a otra persona para que así no se pierda la sabiduría que se halla en ellos. Tras ser denunciado Montag por su propia esposa huirá tras quemar su casa y llegar donde los hombres-libro y reunirse con Clarisse, mientras las noticias televisadas ofrecen una mentira más en la que vemos la policia persiguiéndole y abatirlo desde un helicóptero.

Antes de dar por finalizado el comentario si quisiera poner énfasis en un comentario de Beatty en el libro y en la última versión de la película del 2018, un comentario que nos atañe a todos:

el público, que sabía lo que quería, permitió la supervivencia de los libros de historietas. Y de las revistas eróticas tridimensionales, claro está. Ahí tienes, Montag. No era una imposición del Gobierno. No hubo ningún dictado, ni declaración, ni censura, no. La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno, a Dios gracias. En la actualidad, gracias a todo ello, uno puede ser feliz continuamente...

¿Es esa la felicidad a la que aspiramos, la felicida de la uniformidad, del pensamiento único? ¿Es eso lo que realmente queremos? Recordemos que en España, con el gobierno de Rajoy, se intentó a través de la ley del nefasto ministro Wert, que se dedicara menos tiempos a las humanidades (literatura, filosofía, artes plásticas). Si lo permitimos, Fahrenheit 451, en la versión que se quiera, será lo que finalmente tendremos: una sociedad enferma.

Clarisse y Montag como mujeres y hombres-libro.
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[1] Bradbury, Ray. Fahrenheit, 451. Ed. Perdidas, pág. 36
[2] Baumann, Zygmunt. 44 cartas desde el mundo líquido. Paidós Estado y Sociedad, pág. 17
[3] Ver nota 1, págs. 31 y 32
[4] Ver nota 2, pág. 23
[5] Canetti, Elias. Masa y Poder. Filosofía, Alianza/Muchnik, págs. 69 y 70.

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PELÍCULAS RELACIONADAS (PULSAR EL TÍTULO PARA ACCEDER)


ESTAN VIVOS (John Carpenter, 1988): La dificultad y el dolor de despertar. Sociedad y enfermedad psíquica.


Yo como del cubo de la basura todo el tiempo. El nombre de este basurero es ideología. La fuerza material de la ideología me impide ver lo que estoy comiendo efectivamente. No sólo estamos esclavizados por la realidad. La tragedia de nuestro dilema en el interior de la ideología es que cuando creemos que escapamos a nuestros sueños en ese momento  nos encontramos en la ideología. (S. Zizek. Documental The pervert's guide to ideology) [1]




HANNAH ARENDT (Margarethe von Trotta, 2011): Sobre la vigencia de su discurso final.

Desde Sócretes y Platón entendemos que el pensamiento es algo así como el diálogo silencioso que el alma tiene consigo misma. Al negarse a ser una persona Eichmann pasó a ser su propia víctima renunciando sin saberlo a una de sus grandes facultades: la capacidad de pensar. Y como consecuencia cuando dejó de pensar dejó de discernir. Fué la incapacidad de pensar la que  hizo posible que muchos hombres, digamos normales y corrientes, cometiesen actos de barbarie a una escala enorme, actos que antes nunca se habían visto jamás.



La Ola reflexiona, partiendo de un hecho verídico, sobre la posibilidad, y la facilidad, con la que se puede reinstalar en la mente de las masas, en este casos de jóvenes estudiantes alemanes, un régimen de tintes fascistas como lo fue en su momento el nacionalsocialismo alemán.








La novela El proceso de Franz Kafka, presenta una temática extrañamente familiar si bien poniendo énfasis en las dos palabras: extraña y familiar. Alguien quien tras su temática aparentemente absurda y extraña comunica un sentimiento ciertamente próximo, lo familiar. Si bien El proceso es una obra que se ha prestado a múltiples interpretaciones, creo que más o menos directamente estaríamos de acuerdo en que se trata de una obra fundamental para comprender el sentimiento de culpa tal y como es entendido en su dimensión psicológica para diferenciarla de la culpa entendida en su sentido más legal.








martes, 8 de enero de 2019

MADRE (MOTHER, Darren Aronofsky, 2017): Dios hecho a imagen y semejanza del hombre.

                                                                             Yo soy el que soy
                                                                             y tú eres mi hogar.

Madre (Mother, Darren Aronofsky, 2017) es una de esas películas que, como dijo Stanley Kubrick de "2001 Una odisea en el espacio", se es libre de especular acerca de su significado filosófico y alegórico. Interpretada por Jennyfer Lawrence (a la que llamaremos Ella) y Javier Bardem (al que llamaremos Él), son muchas las reflexiones que nos ofrece la película de Aronofsky. La película comienza igual que acaba... de las cenizas de una creación devastada se inicia una nueva que se inicia, y en la que Javier Bardem, interpretando aquel "que es el que es", parece crear y recrear "su hogar". 

La idea de un creador que inicia y reinicia la creación tiene algunos precedentes. Quizá uno de los más interesantes sea el creador del que da cuenta Olaf Stapledon en su gran obra de ficción "El hacedor de Estrellas" (1937). En ella, su protagonista descubre, encarnado en una especie de yo cósmico, que para el creador lo importante es la creación, no las criaturas, desvelándosele que antes de este cosmos en el que vivimos ya habían existido otros, cada uno de ellos la base sobre la que crear el siguiente, intentando hacerlo mejor:

se me hizo evidente de pronto que la virtud del creador no es lo mismo que la virtud en la criatura. Pues el creador, si ama a su criatura, no ama en realidad mas que una parte de sí mismo; pero la criatura, al alabar a su creador, alaba a una infinitud que está mas allá de sí misma. Advertí que la virtud de la criatura era amar y adorar, y que la virtud del creador era crear y ser la meta incomprensible, inalcanzable e infinita de las criaturas. [1]

y más adelante nos dice acerca de su actividad creadora:

Muchas veces, en la primera parte de mi sueño, me pregunté que pretendería alcanzar el Hacedor con sus creaciones. No pude dejar de pensar que este propósito no era al principio muy claro. El mismo lo había ido descubriendo gradualmente, y muy a menudo, me pareció, su obra era una búsqueda, y su meta algo confuso. Pero ya en su madurez su voluntad era la de crear tan plenamente como fuese posible, realizar enteramente la potencialidad de su medio, idear obras de creciente sutileza, y de una creciente diversidad armónica. A medida que este propósito se hizo más claro, me pareció que incluía también la voluntad de crear universos que alcanzaran un nivel único de conciencia y expresión. Pues la percepción y la voluntad de las criaturas eran aparentemente el instrumento con que el Hacedor mismo, cosmos tras cosmos, despertaba a una mayor lucidez.

También encontramos una visión parecida, aunque de caracter más místico, en Ernesto Cardenal, quien en su Canto Cósmico escribe los siguientes versos:

                                              ¿Y si el Universo entero tiende a ser
                                              un solo ser universal?
                                              ¿Y la última etapa de la evolución
                                              el superorganismo universal?
                                              Repitiéndose después de cada big bang este universo
                                              para ser mejor cada vez
                                              hasta llegar a ser el cosmos perfecto,
                                              presentes en él todos los tiempos pasados,
                                              recapitulados todos los seres. [2]

1. HAGAMOS AL SER HUMANO A NUESTRA IMAGEN Y SEMEJANZA.

Él
Sin embargo, estas visiones supondrían que el creador aprende de sus errores y que, esencialmente se preocupa de hacer cada vez mejor su creación. Ahora bien, el Creador de Aronofsky, de inspiración esencialmente judeo-cristiana, nos sugiere algunas dudas al respecto. Para ello vamos a empezar recordando una de esas citas del Génesis que ya nos dan que pensar. Efectivamente, en Génesis 1, 26-27 se nos dice:

26 "Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. 

27.Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó."

Me preocuparía imaginar la real existencia de un dios que ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, pues más bien diría poco de él. Ahora bien... ¿y si invirtiéramos los papeles y consideraramos a dios como una creación del hombre hecha a su imagen y semejanza? Es obvio que podemos considerar a dios como un espejo del ser humano, el producto de una proyección. Quizá entonces podemos comprender mejor al dios de Aronofsky, quien nos parece humano, demasiado humano - parafraseando a Nietzsche -, un dios que, como el Yahvé del génesis, se muestra como un dios carente, fundamentalmente preocupado por el reconocimiento de sus criaturas, un dios celoso que nos parece un necio incapaz de reconocer a la joven mujer que a su lado le prodiga su amor. Si, porque el papel interpretado por Jennifer Lawrence yo lo relacione con el amor - no tanto con la  Naturaleza como en varios comentarios he leído o, por lo menos, no sólo con ella -: "quise hacer un paraíso para ti" - le dice en un momento dado  -.  A este tema del amor volveremos más tarde. El dios de Aronofsky no quiere el amor, o mejor dicho, lo quiere como necesidad de reconocimiento y de admiración... Si seguimos con la visión de que Dios es una proyección del ser humano, comprenderemos rapidamente porque éste nos es mostrado como un dios egocéntrico y narcisista. Lo es por la misma razón que el ser humano es egocéntrico y narcisista en relación con los demás, de la misma manera que mantiene una relación narcisista y antropocéntrica con respecto a la naturaleza y al cosmos.

II. YO SOY EL QUE SOY Y TÚ ERES MI HOGAR.

Ella

La conocida frase "Yo soy el que soy" (Exodo 3, 14), fue pronunciada por Yahvé a Moisés en el monte Horeb, la montaña de dios. Frase que hay que entender en sus orígenes hebreos, y que viene a decir “yo soy aquel que estaba, que está y que estará”, es decir “yo soy aquel que está siempre presente." Aronofsky completa esta frase con "y tú eres mi hogar", referida a Ella, a Jennifer Lawrence. La relación entre creador y creación, a parte de ser complementaria, pues no es definible la una sin la otra, siempre es compleja. En cierta manera podemos decir que la creación es el hogar del creador, aunque por esa misma relación, y de manera recíproca, para la creación el  creador es su alma. En ese sentido Ella - Jennifer Lawrence - representa el amor en la creación que hace de ésta un paraíso, el jardín del edén, un mundo donde su equilibrio está regido por la inocencia y no por la moral que implica "el conocimiento del bien y del mal". Desde esta perspectiva, no se puede dejar de pensar, por lo menos como vemos en el Génesis bíblico, que la creación del ser humano dentro de la creación en general, surge como el de una criatura que responde a una necesidad de un dios como Yahvé, un dios que necesita reconocimiento y, sobretodo, un reconocimiento ligado a la obediencia. ¿Cómo, si no, entender que a esa última criatura del paraíso, el hombre, una criatura dotada de consciencia, a quién este paraíso le es ofrecido, se le muestre ya la tentación, lo único de lo que no puede disfrutar, el árbol prohibido, "el árbol de la ciencia del bien y del mal"? No obstante, y lo interesante de la película de Aronofsky, es que el árbol prohibido está representado por una piedra brillante que, como veremos al final, representa precisamente el amor.

La expulsión del paraíso.

Ahora bien, si volvemos a invertir el espejo, e imaginamos de nuevo a dios como espejo del ser humano, podemos citar unos versos del poeta mexicano Jaime Sabines que dicen: "Hombre, no sé, sombra de Dios perdida" para, invirtiendo su sentido, decir: "Dios, no sé, sombra del hombre perdida",  y así contemplar la representación del dios bíblico Yahvé como aquella que incluye todas las actitudes más destructivas del ser humano: posesividad, celos, envidia, odio, castigo, venganza, crueles pruebas que demuestren el amor hacia él (el sacrificio de Isaac), comportamiento caprichoso... El dios de Aronofsky, aunque aparentemente no es tan agresivo como Yahvé, no obstante, es tan estúpidamente vanidoso y carente como éste, e igual que el ser humano no se complace en disfrutar de la creación, de la Naturaleza, de la inocencia, Él tampoco lo hace, sino que se enfrasca en la búsqueda de reconocimiento de su criatura, aun a costa de la destrucción a la que esta - por su ceguera - someterá a la Creación, a la Naturaleza y,como consecuencia, al amor de Ella. La carencia de Él se nos revela entonces como espejo de la carencia humana, o la falta, cuando ésta no es atendida, un pozo sin fondo que arrasa con lo que le rodea.

III. EL ÁRBOL PROHIBIDO Y LA PIEDRA DEL AMOR.

La piedra del amor.

Un elemento que me parece destacable es que el amor, representado por una brillante piedra, se halla fuera de dios, es decir, que aparece como un elemento que no forma parte de él. Es más, a diferencia del paraíso bíblico, en el que el árbol prohibido es definido como "el árbol del conocimiento del bien y del mal", aquí aparece como una piedra a la que podríamos definir como "la piedra del amor". Una piedra que Él guarda celosamente en su habitación y a la que nadie puede acceder. Recordemos que en la película, esta habitación se cierra (emulando el pecado de los primeros padres y la consiguiente expulsión del paraíso bíblico narrado en Génesis 3, 1-23) cuando los personajes interpretados por Ed Harris (Adán) y Michelle Pfeiffer (Eva) irrumpen en la habitación y la rompen al tocarla. Recordemos una escena anterior, cuando Él le muestra la piedra a "Adán", en la que se dice:


Adán: ¿Qué es esto?
Él: Cuidado, esto es muy delicado. Es un regalo.
Adán: Un regalo muy especial… ¿Se lo regalo usted?
Él: Cuando era joven lo perdí todo en un incendio.
Adán: Oh, lo siento.
Él: Cuesta imaginar lo que es esto, perderlo todo. Recuerdos, tu trabajo, hasta tu cepillo de dientes. No sabía si podría volver a crear hasta que hasta que encontré esto entre las cenizas. ¿A qué es asombroso?
Adán: ¿Puedo?
Él: - sin dejársela ni tocar - Me dio fuerzas para volver a empezar otra vez. Y entonces la conocí a ella, a ti. Y le devolvió la vida a todo, lo reconstruyó todo, hasta el último detalle.

Antes decía que para mi Ella representa el amor, de la misma manera que opino que la casa representa el hogar... Bonita metáfora pues es Ella quien cuida el hogar por amor a Él, mientras él y los seres humanos lo descuidan. Uno por descuido, fascinado por los nuevos seres que han llegado a la casa, y los otros porque desde el primer momento se muestran intrusivos, impertinentes y poco cuidadosos. Hay un cierto parecido en este planteamiento con la historia tal y como nos la presenta John Milton en su obra "El paraíso perdido", en la que algunos ángeles se mostraban confundidos con esa fascinación de dios por esa nueva criatura y que llevó a Lucifer, y a su legión afín de angeles a rebelarse contra él. Podemos observar un eco de esta historia cuando Ella se queda sola en casa tras el asesinato de Abel, y cuando al encontrarse a Caín en la casa éste le dice: "Te han dejado sola... si que lo entiendes".

La introducción del hombre en el entorno en el que viven Él y Ella ya nos los presenta como una criatura para la que, aun dotada de consciencia, el amor no es algo ni mucho menos fluido, más bien todo lo contrario. Tras cerrar las puertas del paraíso - representado por el cierre de la habitación de Él - llega la entrada de los hijos de "Adan" y "Eva", Caín y Abel (interpretados por los en realidad hermanos Gleesom, Domnhall - Caín - y Brian - Abel -), y  con ellos los celos, la envidia, la ambición, la manipulación de los padres, el enfrentamiento entre los hermanos, la muerte y el sufrimiento... Para el ser humano el amor es un logro, por eso dios, como espejo de él, no tiene la respuesta del amor, como no la tiene Él, o como no la tiene un dios como Yahvè, o como no la han tenido muchos otros. En realidad, Él y el ser humano comparten el mismo sentimiento de incompletud que les lanza a una búsqueda pulsional de reconocimiento y admiración, cuando estas no vienen desgraciadamente acompañadas de la voluntad de dominación, conquista, posesividad, desprecio por lo diferente, destructividad, etcétera. Como anteriormente ya cité, hay ecos en la historia del "Paraíso perdido" de "Milton" en la obra de Aronofsky y, en relación con el drama de Caín y Abel nos volvemos a encontrar con otro. Efectivamente, lo podemos observar en el enojo de Ella hacia Él cuando tras sufrir la "invasión de los seres humanos" que se sucede en el velatorio de Abel, en una especie de representación de Sodoma y Gomorra, y tras romperse las canerías (quizá símbolo del diluvio), y tras expulsar a todos de la casa, surge el siguiente diálogo entre ellos:

Él: Venga, vamos a la cama, no tienes porque hacer eso - mientras ella se preocupa por el caos que han sembrado -
Ella: ¿Hacer qué? ¿Limpiar su mierda?
Él: Hemos hecho algo bueno, necesitaban un sitio para celebrar la vida...
Ella: ¿¡Y lo que yo necesitaba!? ¡Un chico a muerto en esta casa, he limpiado su sangre y tú me has abandonado!
Él: ¡No, no, no, no te he abandonado! Acaban de perder un hijo... bueno, dos hijos. Yo les ayudaba. No es por nosotros, es por ellos.
Ella: ¡¡No!! ¡No es por ellos, es siempre por tí! ¡¡Por ti!!

IV. LA DESTRUCCIÓN DEL HOGAR.

El Hogar.

A la expulsión de los seres humanos de "el hogar" sigue un período de tranquilidad con el que coincide el embarazo de Ella junto a un período de creatividad en el que Él concluye su obra. Justo a partir de aquí empieza la segunda parte de la película, e igual que con la llegada de Caín y Abel aparece la primera herida en "el hogar" (la sangre en unas tablas de madera del suelo), la segunda surge justamente cuando acaba Él su Obra. Ella llora y dice: "Voy a perderte", y justo entonces suena el teléfono con una llamada de su editora. Instantes después surge una nueva mancha de sangre en el mismo lugar donde apareció la primera. A partir de ese momento se desatará el caos: una condensación de la historia de la humanidad, con la consecuente destrucción progresiva del hogar. Es interesante como Aronofsky lo plantea cuando delante del hogar se agolpan centenares de visitantes que vienen a "adorarle" a Él por su obra, y éste le dice a Ella: "Lo entienden todo pero es distinto para cada uno… es asombroso". Momentos después asistimos a como una idea como la de "compartir" se pervierte transformándose en pillaje, expoliación y explotación - lo que hacemos los humanos con la Tierra -. Es francamente genial como el director transmite la idea de engreimiento de Él ante la necesidad que los humanos le muestran. La carencia, la falta llenándose de egocentrismo, dependencia, narcisismo patológico, apóstolados, sectarismos, clasismos, guerras de todos tipos...  todo tipo de violencia... Toda la historia de la humanidad desfilando antes nosotros en unos cuantos minutos de locura y de caos.

- Amor y hogar.

Hay que destacar que en estas escenas de violencia, cada vez que Ella sufre dolores de parto la casa tiembla con sus gritos. Esta identificación emocional de Ella con el hogar - o del hogar con ella -, del amor con el hogar, llámese casa, Naturaleza o Tierra, es lo que falta en Él y en el ser humano. Su sufrimiento es su falta de amor. De alguna manera podríamos decir que si ni Él amó su hogar, cómo lo vamos a amar los humanos. Él encerró el amor como una posesión suya para transformarla en una fuente de inspiración al servicio de su narcisismo. ¿Cómo, pues, va a poder enseñar el amor, qué es amar, cuando el amor no se puede poseer, y el amor es desposesión? Son las palabras finales que le responde Ella antes de volar por los aires el hogar:

Tú nunca me has querido. Sólo te encantaba lo mucho que yo te quería. Te lo dí todo y tú lo has regalado.


Tú nunca me has querido

Veamos, como contrapartida, una poesía de Vladimir Holan, titulada "Resurrección", que expresa muy bien la relación del amor (a través de la figura de la madre) y el hogar, en relación a sus hijos, y que dicen:

Que después de esta vida nos tengamos que despertar un día
al pavoroso estruendo de trompetas y clarines?
Perdona, Dios, pero me consuela pensar
que el inicio de la resurrección de todos nosotros, los difuntos,
será anunciado por el simple canto del gallo ...
Después nos vamos a quedar todavía un momento tumbados ...

La primera que se levantará
será la madre ... La sentiremos
encender el fuego en silencio,
poner en silencio el agua a hervir
y coger plácidamente del armario el molinillo de café.
Seremos de nuevo en casa.

Quizá por esto Aronofsky representó el amor en una mujer, y también a través de la figura materna, puesto que "madre" (mother) ésta está esencialmente relacionada con el cuidado, la ternura y el amor. Por contrapartida, esos versos con los que empieza la poesía parecen adecuados para Él, el engreímiento y la vanidad implícita  en un despertar basado en "el pavoroso estruendo de trompetas y clarines". Que diferencia con esa madre sencilla que se levanta y pone "en silencio el agua a hervir / y coger plácidamente del armario el molinillo de café". 

En este sentido, es también muy representativa la escena llena tensión entre Ella como madre protegiendo a su hijo frenta a Él, cuya máxima preocupación es mostrarlo a sus adoradores para, finalmente, entregárselo, y como así ocurrirá, como fanáticos acabar dando muerte al hijo recién nacido en lo que es una clara metáfora de la historia de Jesucristo, el hijo de dios hecho hombre, muerto en la cruz para redimir a los hombres.  Y, en relación a lo dicho, quisiera destacar dos momentos cruciales. El primero cuando la orda enloquecida mata al hijo, y una especie de sacerdote le dice las mismas palabras que, en su día, dijo Él a "Adán" tras la muerte de Abel:

No está muerto, su voz sigue gritando para ser oído alto y claro. Escucha... ¿Lo oyes? ¿¡Lo oyes!? Ese es el sonido de la vida, el sonido de la humanidad, su grito de amor, su amor por ti.

¿Vida? ¿Humanidad? ¿Amor? Palabras que no son más que una impostura. Nos encontramos simplemente con el pozo sin fondo de la carencia, de la falta, de la herida narcisista, pulsión de muerte, de destrucción. Unas palabras que, unidas a las imágenes de la película, harían las delicias de Schopenhauer, para quien la voluntad de vivir nada tiene que ver con el amor. Es francamente patético cuando tras la muerte del niño Él sigue intentando convencerla de que es necesario perdonarles... Evidentemente no por el hecho de perdonarlos, sino de seguir creando su dependencia, la necesidad de Él, la búsqueda de su agradecimiento y su adoración...

El final de la película no hace más que confirmar la imagen de un dios que no es más que un espejo del hombre, un dios construído a su imagen y semejanza. Con Ella quemada en sus brazos asistimos a unas palabras que confirman lo anteriormente dicho:

Ella: Lo que más me duele es que no he sido suficiente.
Él: No es culpa tuya. Nada es nunca suficiente. No podría crear si lo fuera, y volver a empezar, es lo que hago. Es lo que soy. Y ahora debo intentarlo todo otra vez.


Nunca nada es suficiente.

"Nada es nunca suficiente" es la frase que describe la historia narcisista de Él, como describe la historia de la humanidad, "Nada es nunca suficiente". 

Si comparamos a Él con el creador descrito por Olaf Stapledon en "El Hacedor de estrellas" - cuya parte final recomiendo leer, ya que es una gran reflexión sobre la naturaleza de un Creador Divino -, nos asalta una pregunta. Mientras el Creador de Stapledon es un creador que aprende de los errores de sus creaciones para "crear tan plenamente como fuese posible, realizar enteramente la potencialidad de su medio, idear obras de creciente sutileza, y de una creciente diversidad armónica". ¿Es este el caso de Él? Francamente, no me lo parece. Él parece lanzado a una creación que es una compulsión a la repetición. ¿Y visto así, y como espejo del ser humano, qué nos dice? El ser humano se ha desarrollado a lo largo de su historia culturalmente, artísticamente, tecnológicamente, científicamente, etcétera. Pregunta: ¿Hoy, en pleno siglo XXI, a pesar de tantos avances, ha avanzado el hombre éticamente, el amor impera sobre el narcisismo egocéntrico, trata mejor el hogar que le acoge, trata mejor a sus congéneres? ¿Cuando las democracias se han convertido en un vertedero de marketing barato de autoventa de los partidos (en un especie de que detergente lava más blanco), en orquestaciones gubernamentales y no gubernamentales regidas por las fake news o post-verdades, etcétera, es realmente un ser que "idea obras de creciente sutileza, y de una creciente diversidad armónica"?

V. EPÍLOGO.

Os recomiendo, para acabar, recordar las palabras que dijo el astrónomo Carl sagan al contemplar la foto de la Tierra que envío el Voyager 2 tras dejar atras Neptuno, y tituladas "Un pálido punto azul"... Vale la pena.

Carl Sagan: "Un palido punto azul".
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[1] Stapledon, Olaf. El Hacedor de estrellas. Ed. Minotauro.
[2] Cardenal Ernesto. Cántico Cósmico. Ed, Trotta.

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OTRAS PELICULAS DEL DIRECTOR EN EL BLOG.


EL CISNE NEGRO: Análisis y reflexión sobre la psicosis.
Darren Aronofsky, 2010.










PI, FE EN EL CAOS: El sueño del absoluto, elsueño del goce.
Darren Aronofsky, 1998











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PELÍCULAS DE TEMÁTICA PARECIDA EN EL BLOG.



EL ÁRBOL DE LA VIDA: Del misteri del ser y la existencia.
Terrence Malik (2011)