AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

sábado, 16 de julio de 2022

REBELDE ENTRE EL CENTENO (Danny Strong, 2017): J. D. Salinger, el trauma y sus consecuencias.

Rebelde entre el centeno (Rebel in the rey, Danny Strong, 2017), es un biopic que pretende narrarnos la extraña y compleja vida del famoso escritor de "El guardián entre el centeno", J. D. Salinger. Interpretada por Nicholas Hoult, en el papel de Salinger (que, curiosamente, también interpretó a J. R. R. Tolkien en la película "Tolkien"), cuenta también con Kevin Spacey, interpretando a Whit Burnett, escritor y educador que fundó la revista Story, y que fue una notable influencia durante los primeros años de juventud de Salinger, así como con Zoey Deutch en el papel de Oona O'neill, la hija del dramaturgo y premio Nobel Eugene O'Neill, y Sarah Paulson en el de Dorothy Olding, su  agente literaria. 

La película no recibió buenas críticas pero, en todo caso, me permite reflexionar sobre la compleja personalidad de su autor que, desde que conocí su obra y su historia, siempre me ha atraído y que, conforme he ido conociendo más detalles de su biografía, más ha sido mi interés. Debo especialmente mucho a la peculiar biografía (hecha de fragmentos de testimonios de muchos de los que estuvieron relacionados con el escritor), que han escrito David Shields y Shane Palermo (Salinger, 2014).

Entre las primeras escenas de la película ya se nos muestra a Salinger en su entorno familiar. Pronto observamos su difícil relación con el padre, quien pretendía que su hijo siguiera el negocio familiar de distribución de carne y queso, a diferencia de su madre quien apoya sus inquietudes literarias, y que será determinante para que asista a las clases de escritura en Columbia, donde conocerá al que podríamos llamar "su padre literario": el escritor, educador y fundador de la revista Story, Whit Burnett. No obstante, parece ser que su madre le crió de manera muy protectora y consentida. "Salinger decía en broma que lo estuvo acompañando a clase hasta los veintiséis años". 




I. J. D. SALINGER: JUVENTUD TRUNCADA, ADULTEZ TRUNCADA.

  • Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. [1]
Este conocido texto de "El guardián entre el centeno" muestra, en realidad, cuál fue la visión de Salinger del paso de la niñez y la adolescencia a la adultez. Y, en este sentido, como veremos luego, su alistamiento en el ejército en 1942, tras el ataque de los japoneses sobre Pearl Harbour, cuando contaba 23 años, fue determinante. Por eso la película se inicia con la imagen de Salinger ingresado en un hospital de Nuremberg, víctima de los efectos de un fuerte stress postraumático debido a las dramáticas vivencias que tuvo durante la Segunda Guerra Mundial, y que se iniciaron con el desembarco de Normandía (formaba parte del 12º regimiento de la 4ª división de infantería como oficial de contraespionaje), el famoso día D, en la playa de Utah, la toma de distintas ciudades francesas hasta llegar a la liberación de Paris (formó parte de las primeras tropas que entraron en la capital), y que acabaron con su entrada en los campos de exterminio nazis en Dachau (volvió a ser de nuevo de los primeros).




El asunto de Oona O'neill.

Sin embargo, no fue la guerra propiamente, el primer golpe que Salinger recibió en el ejército. Cuando se alistó era la pareja de Oona O'neill, la hija del dramaturgo y premio Nobel Eugene O'neill, de quien estaba profundamente enamorado. Arame Saroyan, dramaturgo, poeta y novelista, dijo de Salinger y Oona: "Ella era preciosa y Salinger la quería, la adoraba. Le parecía tremenda y, a la vez, superficial.¡Y le molestaba mucho su superficialidad". [2] Cuando Salinger se alistó al ejército continuaron su relación de manera epistolar. David Shields, biógrafo y autor de un documental sobre nuestro escritor dice: "Salinger y Oona intercambiaron correspondencia mientras él hacía su instrucción básica, y su amor por ella se intensificó. Las cartas suelen tener ese efecto en quienes las escriben, y sobre todo en los escritores, y sobre todo en Salinger. Presumía ante sus amigos del ejército diciendo: "esta es mi novia", y les enseñaba fotos de ella haciendo de modelo."

Sin embargo, fue entonces cuando Salinger sufrió un duro golpe. Oona dejó de escribirle. Más tarde, en 1943, Salinger se enteró por la prensa que su novia se había casado con Charles Chaplin, quien, en aquellos momentos contaba con 54 años por 18 de Oona. Paul Alexander, biógrafo de Salinger dice: "Imagínate que eres J. D. Salinger: estás en el ejército y te estas preparando para combatir en la gran guerra europea: le has profesado tu amor absoluto a una mujer y de repente ella se va y se casa el mismo día que cumple 18 años, con la estrella de cine más famosa del mundo."

Obviamente el suceso le afectó muchísimo y siempre guardó un fuerte resentimiento hacia Oona que aun manifestaba en 1972, casi treinta años después.




En la gran guerra europea.

El efecto que tuvo su participación en la gran guerra europea a partir del día D del desembarco de Normandía se manifiesta con claridad por el hecho de que nunca quiso hablar sobre sus vivencias en este período. De todas las experiencias que vivió, dos de ellas fueron probablemente de las que más le marcaron: la batalla del bosque de Hurtgen, también conocido por  el "infierno verde", situado al este de la frontera belga-alemana; y la entrada en los campos de exterminio nazis de Dachau.

En relación con el primer suceso, Salinger fue uno de los escasos supervivientes de su regimiento, que fue literalmente hecho trizas, y entre ellos algunos amigos suyos. Las descripciones que llegan de ese batalla son francamente brutales y terroríficas, y el terrible stress al que debieron estar sometidos lo soldados, día tras día constantemente acechados por la muerte y la amenaza de volar por los aires en pedazos por los obuses que caían constantemente sobre el bosque, es sumamente difícil de imaginar. El escritor y periodista Alex Kershaw, dice al respecto:
  • Para quienes lucharon allí, el bosque de Hurtgen fue la más enfurecedora de las derrotas. Salinger experimentó aquella derrota en sus carnes. Los alemanes infringieron más de veinticuatro mil bajas a las fuerzas norteamericanas, que se añadieron a las nueve mil bajas causadas por la fatiga, la enfermedad y el fuego amigo. Salinger presenció la futilidad y el horror de aquella enorme pérdida de vidas humanas.
Posteriormente, su diezmado regimiento fue tomado también por sorpresa por el intento de reacción alemana en la conocida batalla de las Ardenas. En una carta de 1960 a Paul Fitzgerald, compañero de Salinger en el servicio de contraespionaje, le dice:
  • Hace un par de semanas pasaron una película en la tele sobre la batalla de las Ardenas. La nieve y la carretera y los postes de señalización me lo hicieron revivir todo.



En los campos de exterminio.
  • Dijo Salinger en una ocasión: "El olor a carne quemada nunca te lo puedes sacar por completo de las narices, da igual cuánto tiempo vivas" 
El siguiente, y también brutal acontecimiento, le convirtió en uno de los primeros testigos del horror al ser  de los primeros soldados en entrar en los campos de exterminio nazis en Dachau (concretamente en el campo de Kaufering IV), donde por su calidad de oficial de contraespionaje tuvo que interrogar a prisioneros, guardias y oficiales alemanes. Salinger, salvo alguna rara ocasión con su hija Margaret y algún que otro amigo, y sólo hablando en general, nunca habló de ello. En el libro de David Shields y Shane Palermo se recogen testimonios de compañeros, y otros soldados que entraron en los campos, que refieren detalles del horror que vivieron en su encuentro con los prisioneros y su estado, y que sobrepasan lo imaginable. Nuestro escritor le refirió a Whit Burnett que "los acontecimientos de las tres o cuatro últimas semanas [de la guerra], lo que había presenciado era demasiado horroroso para ponerlo en palabras." 


El horror en el campo de Kaufering IV.

Y ya para acabar estas consideraciones, de nuevo citamos a Alex Kershaw:
  • De los 337 días que duró la guerra para los soldados americanos en Europa, Salinger se pasó combatiendo 299. No sabemos como de traumatizado quedó. Después de doscientos días de combates, uno ya está loco. Hasta los tipos más fuertes, después de doscientos días, pierden el juicio. Después de tomar otro pueblo, los encontraban por ahí solos, llorando en silencio. La división de Salinger se paso más tiempo combatiendo que ninguna otra en el teatro de operaciones europeo. Vio la mayor cantidad de combates que se pudo tal vez en toda la Segunda Guerra Mundial. Cualquiera que viviera aquel nivel de feroces combates durante tanto tiempo debió de quedar profundamente afectado. - la negrita es mía -
II. SOBRE EL CARACTER DE SALINGER.

Para comprender los efectos del trauma sobre Salinger es importante primero reflexionar sobre algunas características de su carácter.

Salinger era un hombre de carácter introvertido,
poco dado a las relaciones sociales. Probablemente afectado por un padre que lo veía un irresponsable, y una madre que, a ultranza, le apoyaba constantemente en su vocación literaria, y que le crió de manera muy consentida, la vulnerabilidad que le habitaba se sobrecompensó a través del desarrollo de un carácter soberbio e irónico con el mundo que le rodeaba, y que le daba una importante dimensión narcisista. Sin embargo, esa vulnerabilidad se manifestaba por su sensibilidad a la crítica (de origen paterno) y su sentido de lealtad (de orden materno), que también le llevó a sentirse profundamente traicionado, reaccionando de manera radical cuando consideraba que esto había sucedido, como apreciamos en la película en su reacción con Whit Burnett, quien fue su máximo mentor, cuando considera que éste no hizo lo suficiente (que si lo hizo) para intentar publicar una antología de sus cuentos. Destacar también la dimensión obsesiva de su 
carácter, del cual su entrega a la escritura es un claro ejemplo, así como por su fijación con las chicas jóvenes, como aun se incidió más tras su retiro radical de la sociedad y de la literatura en lo que fue su refugio en los bosques de Cornish (New Hampshire), así como de su recelo, en general, sobre el mundo de los adultos. 

Finalmente, indicar que Salinger tenía un defecto físico que parece que le avergonzaba y le frustraba profundamente, como alguna de sus amantes comentó. Tenía un sólo testículo debido a un síndrome malformativo genético llamado "ectopía testicular", es decir, que uno de los testículos ha tomado un camino diferente y ha descendido por la cavidad abdominal hasta asentarse en el área prepubiana, en el canal inguinal, en vez de en el escroto. 

III. SALINGER Y EL TRAUMA: EL ENTRE DOS MUERTES.

Los efectos del trauma de la guerra en Salinger, al que cabe añadir el que también se puede considerar como el traumático abandono de Oona de su relación, llevó progresivamente a Salinger, tras su retorno de la guerra, y tras un período de intento reintegración a la vida social, a lo que podríamos llamar un estado de congelamiento en el tiempo que se manifiesta esencialmente en dos aspectos que empezaron caracterizar su vida. El primer aspecto que se observa es la fijación de su atracción por mujeres muy jóvenes (entre los 16 y 19 años, y posteriormente hasta de 14 años), así como, en general, por el mundo de la adolescencia. El segundo, tiene que ver con su retirada del mundo, entendida sobre todo como retirada del mundo adulto, dimensión probablemente acrecentada por el efecto que tuvo en Salinger, en su búsqueda de salvación, las enseñanzas que recibió en el centro Ramakrishna-Vivekananda, consagrado a la difusión, conocimiento y práctica del Vedanta y que ofreció a Salinger, como vía espiritual, una cierta salida al conflicto que el trauma de guerra le causó.


J. D. Salinger en la guerra

En todo caso, la repercusión del trauma en Salinger me recuerda el concepto del "entre dos muertes" desarrollado por Lacan en su seminario VII (La ética del psicoanálisis). Salinger quedó fijado en un espacio intermedio entre la adolescencia y la adultez, un espacio intermedio en el que quedó fijado entre la inocencia de la primera (representada por el período de enamoramiento con Oona O'neill), y la corrupción o perversión de la segunda (representado por los horrores de la guerra que le tocó vivir). El retiro y el aislamiento del mundo adulto fue su respuesta a este último; y la fascinación y la atracción por las jóvenes situadas en la franja de los 16 a los 18 años fue la respuesta al primero (justa la franja de edad en la que se relacionó con Oona O'Neill).  Respecto a la primera no la podía fijar porque inevitablemente las adolescentes se dirigían a la adultez (por eso tuvo tantas amantes jóvenes), y respecto a la segunda fue él el que se negó a avanzar por su rechazo al mundo y la vida que representan los adultos (un mundo de horror y de traición). En cierta manera, el protagonista de "El guardián entre el centeno", Holden Caufield, entre otros personajes, es el adolescente inconformista y rebelde que fue Salinger que, no obstante, se presiente que no llegará a adulto, aunque crezca como tal. Holden Caufield ya incorpora en él las heridas que el amor y  la guerra causó en Salinger.


Oona O'Neill y Charlie Chaplin

- Volviendo a Oona O'Neill y las jóvenes.

La fijación de Salinger por las chicas adolescentes parece una respuesta directa a la relación que tuvo con Oona O'neill. Por un lado respondía a un tiempo anterior a la guerra:
  • Lo mas revelador de la fijación que el tenía con las niñas es que las veía, esencialmente, como vía de escape a un tiempo en el que nadie "había oído hablar en su vida de Cherburgo, ni de Saint-Lô, ni del bosque de Hürtgen, ni de Luxemburgo. (David Shields) 
y, por otro también a Oona O'Neill, pues Salinger siempre seguía el mismo proceso, que más allá de la seducción, siempre parecía incluir la venganza, relacionada también con el abandono que sufrió de ella (Oona se caso con Chaplin a los 18). Todas las chicas de las que se enamoraba parecían seguir el mismo patrón, empezando por la que fue su segunda mujer, Claire Douglas:
  • Claire era un eco de lo que una década antes había sido Oona O'neill a los dieciocho años y un presagio de lo que dos décadas más tarde sería Joyce Maynard durante su primer año en Yale. La imaginación sexual y romántica de Salinger trazaba círculos obsesivos alrededor de la misma figura con cuerpo de muchachita y habitualmente morena, desde Miriam y Doris, hasta Sylvia, Jean Miller y las que vendrían después. (David Shields)
Sin embargo, siempre seguía con ellas el mismo proceso: al principio, en el proceso de seducción, era sumamente cariñoso y adulador. Sin embargo, una vez conquistadas, todo se acababa y eran simplemente desechadas, en lo que era una confrontación entre la pureza y la inocencia de los orígenes, representada a través de la joven adolescente, y la corrupción que conllevaba el acceso al mundo de la mujer adulta.

- Sobre el retiro del mundo.

Desde su llegada a Cornish Salinger se concentró de manera obsesiva en la escritura y, si bien al principio aun mantenía un contacto amable con la gente del pueblo y con algunos amigos, así como algunos viajes que realizaba, progresivamente su encierro y su hostilidad fue volviéndose cada vez más extremo. Aunque vivía con su mujer, Claire Douglas, y sus hijos Margaret y Matthew, éstos prácticamente no le veían, puesto que no admitía ningún tipo de interrupción mientras escribía entre quince y diecisiete horas refugiado en un pequeño búnker. El muro entre él y el mundo se estrechaba cada vez más, de la misma manera que su estilo de escritura también cambiaba de las obras iniciales como El guardián entre el centeno y los Nueve cuentos, al cambio radical - esencialmente motivadas por sus creencias en el Vedanta - que implicaron las despiadadamente criticadas Levantad, carpinteros, la viga del tejado, Seymour: una introducción y Franny y Zooey.


La casa de Salinger en Cornish.

El entre dos muertes de Salinger.

El retiro fue para Salinger su manera de permanecer en el mundo en ese "entre dos muertes" lacaniano, un espacio donde no estar fisicamente en el mundo y, a la vez, ser recordado y perseguido por el mito que se construyó de él a través de su corta obra y de su retiro, una especie de "dejarme en paz, pero no me olvidéis". Probablemente fue su manera de conjugar el rechazo al mundo que propone el Vedanta - y que el sentía - y la salida espiritual que le proporcionó, a la vez que su deseo de permanecer en él. Así optó una manera que podemos ver como un ser y estar sin cuerpo, y el recuerdo como una relación sin presencia. Un lugar donde sostener su cuerpo y alma profundamente heridos tras los estragos definitivos causados por su participación en la guerra y su trauma. El entre dos muerte de Salinger no es como el de Antígona o, como ya he reflexionado en otro lugar, el de Kafka, un lugar donde se vive sin vivir tan sólo aguardando la muerte. El de Salinger es un lugar de características borrosas donde pretendió congelar el tiempo en un espacio intermedio etéreo que se establece como la última frontera entre el mundo de la inocencia y la impureza, mediado por la sacralización de la escritura, de nuevo bajo la forma de un escritor y una obra sin público ni lectores.



Una de las últimas fotos de Salinger.

Murió en Cornish en el 2010 a las noventa y un años. Su hijo Matthew es el albacea de la obra no publicada, trabajando en la ordenación de esta ingente archivo de material dejado por su padre, antes de publicar nada.

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[1] Salinger, J. D. El guardián entre el centeno. Editorial Alianza.
[2] Todas las citas que siguen corresponden a la biografía realizada por David Shields y Shane Palermo. Salinger. Seix Bárralas.

viernes, 24 de junio de 2022

EL PADRE (Florian Zeller, 2020): Sobre la enfermedad de alzheimer: enfermo y familia.

El padre (Florian Zeller, 2020) es una de las mejores películas que se han realizado en estos últimos años. Con un excelente guion del propio Florian Zeller, basado en su propia obra teatral, cuenta con unas actuaciones memorables de Anthony Hopkins en el papel de Anthony, el padre de Anne, interpretado por Olivia Colman. Con un planteamiento propio de una película de misterio y terror psicológico, el director nos sumerge en el doloroso mundo de la demencia a través de la enfermedad de Alzhéimer, y en la difícil relación que implica entre padre e hija. A diferencia de otras películas que tratan el tema de esta enfermedad neurodegenerativa, como, por ejemplo, Siempre Alice (Richard Glatzer, Wash Westmoreland, 2014)en la que como espectadores podemos contemplar el proceso degenerativo que sufre su protagonista (Alice, una soberbia Julian Moore), y el impacto que tiene en sus relaciones familiares, El padre nos permite experimentar, aunque sea desde nuestra posición de espectadores, la confusión, el desconcierto y el pánico que invade a un enfermo de Alzheimer desde que se manifiestan y diagnostican los primeros síntomas de su enfermedad.

El inicio de la película ya nos muestra, en un diálogo entre Anthony y Olivia, la problemática de índole moral que se plantea en estos casos, la dificultad de conciliar la vida propia con el cuidado de los afectados por este tipo de demencias. Anthony plantea la dificultad de aceptar alguien que le cuide apelando que no lo necesita, que se las arregla muy bien solo, a la vez que sí le hace claramente esta demanda de cuidado a su hija cuando esta le comunica que va a mudarse de Londres para ir a vivir a París con su pareja: "No irás a hacerme eso, verdad Anne [...] Entonces, si lo he entendido bien, vas a dejarme. ¿Es eso? Estás abandonándome [...] ¿Qué va a ser de mí?"

I. UNAS REFLEXIONES SOBRE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER.

La enfermedad de Alzhéimer es uno de los tipos de demencia neurodegenerativa más frecuente, y que se caracteriza fundamentalmente por un progresivo deterioro cognitivo caracterizado por:

- Pérdida de memoria.
- Desorientación.
-Alteraciones en el lenguaje.
- Dificultades para la organización y planificación.
- Cambios en la personalidad.

Es por ello que esta enfermedad impresiona especialmente, ya que su desarrollo implica la pérdida progresiva de la identidad, vinculada esencialmente a la perdida de memoria, así como de la autonomía, lo que implica su dependencia de otras personas del entorno familiar del paciente, así como del sanitario.

Efectivamente, y tal y como la llama el filósofo catalán Norbert Bilbeny en su fundamental libro sobre esta enfermedad, el Alzhéimer es "la enfermedad del olvido" [1]. La progresiva pérdida de la memoria, tanto a corto plazo como a largo plazo, van borrando la historia personal del individuo hasta sumirlo en el olvido, incluido el olvido de sí mismo, y con ello de su identidad. Todos conocemos expresiones como "ya no es el que era", "ya no es él mismo" o "ella ya no esta presente", para expresar esta progresiva pérdida de identidad. En Siempre Alice, en un discurso que su protagonista realiza en una asociación de Alzhéimer frente a otros enfermos, así como con familiares y profesionales dedicados al tratamiento de la enfermedad, describe emotivamente su vivencia de ella:

... me encuentro con el arte de perder todos los días. Pierdo la orientación, pierdo objetos, pierdo el sueño pero, sobre todo, pierdo recuerdos. Toda mi vida he acumulado recuerdos. Se han convertido, en algún modo, en mis bienes más preciados: la noche que conocí a mi marido, la primera vez que sostuve un libro de texto en mis manos, tener hijos, hacer amigos, viajar por el mundo. Todo lo que he acumulado en la vida, todo por lo que he trabajado tanto me está siendo arrebatado ahora. Como podrán imaginarse, o como ya saben, es un infierno. Pero hay algo peor, quién va tomarnos en serio siendo tan distintos de como fuimos. Nuestro extraño comportamiento y los balbuceos alteran la percepción que tienen de nosotros y la percepción que tenemos de nosotros. Nos volvemos ridículos, incapaces, cómicos, pero eso no es lo que somos, eso es nuestra enfermedad...




En estas palabras se sustenta la tesis de Norbert Bilbeny en su libro: se deteriora la identidad, se deteriora el yo como centro de consciencia, se deteriora la autonomía, pero el enfermo de Alzheimer, sea en la fase que se halle de la enfermedad, sigue siendo una persona y, como tal, merece toda la dignidad y respeto. Dice Alice, en este sentido, al final de su discurso:

Por el momento sigo viva, sé que estoy viva. Hay personas a las que amo profundamente, hay cosas que quiero hacer en la vida. Me desespero conmigo misma por no poder recordar, pero sigo viviendo momentos a lo largo del día de pura felicidad y alegría. Por favor, no piensen que estoy sufriendo. No estoy sufriendo, estoy luchando por ser parte de las cosas, por seguir en contacto con quien fui en otro tiempo. Vive el momento, mi digo a mí misma, es lo único que puedo hacer. Vivir el momento... y no fustigarme demasiado por dominar el arte de perder.

II. ENFERMO Y FAMILIA: EL CASO DE "EL PADRE".

El surgimiento dentro del contexto familiar de un enfermo de Alzhéimer no sólo es un impacto para este, sino también para su entorno familiar. Dice Norbert Bilbeny:

El alzhéimer es una enfermedad que destruye progresivamente la identidad personal del paciente. El entorno de éste, impotente, vive en directo la crónica de un deterioro anunciado. Y sufre también una condena, la condena por amar a un ser condenado. Pero ambos destinos no han sido buscados, ni hay que interpretarlos como un castigo. Simplemente, un mal no pudo ser evitado y un amor no pudo ser relegado. El alzhèimer es un drama en el que se cruzan, por tanto, dos inocencias, el enfermo y la familia, que libran a este drama de cualquier significado de castigo o incluso de ser un drama absurdo. Para el paciente, su enfermedad es, al principio, la ocasión para tomar con un nuevo ritmo el caminar de su vida, que como la vida de todos es una camino con tramos inesperados. Esta vez es otro tramo. No es un final.

Para la familia que lo cuida, el enfermo supone una puesta a prueba de las cualidades humanas y del amor que ella posee hacia ese ser desvalido. Para ambas partes, se tiene ahora la ocasión de mostrar a todos los demás que el sentirse vivo, la sensibilidad y el amor son más poderosos que el apego material, el orgullo del yo o la vanidad del deseo. Si no con motivo de una enfermedad, tarde o temprano descubrimos por nosotros mismos la verdad de esta enseñanza budista: "Nadie hay más vacío que aquel que está lleno de sí mismo". [2]

Este texto nos introduce a la realidad de este drama que enfrentan conjuntamente enfermo y familia, y pone énfasis en eso que el filósofo llama la "puesta a prueba de sus cualidades humanas". Es evidente lo importante que la familia es para el enfermo de alzhéimer, puesto que, al final, pone en juego la fuerza del amor, de un amor entregado libremente y que, a partir de un determinado momento, no tiene reconocimiento, o que incluso está sujeto a reacciones despóticas o agresivas del enfermo hacia sus cuidadores, o que simplemente se enfrenta impotente, cotidianamente, a la desolación de su imagen.

Sin embargo, y a pesar de la verdad de las palabras de Bilbeny, cada caso es un mundo particular, y este es el tema de El padre, cuando a diferencia de Siempre Alice, que cuenta con su pareja y tres hijos, Anthony sólo tiene a su hija Anne. En este caso nos encontramos con la encrucijada con la que una hija, como cuidadora, se enfrenta al tener que considerar el cuidado de su padre con el de conciliar su propia vida que la lleva lejos de Londres. El choque de este encuentro hace que, inevitablemente, emerja el sentimiento de culpa, pues como toda encrucijada, supone una elección con todas las implicaciones que conlleva. Evidentemente, esta conciliación pasa, en muchas ocasiones, por considerar el ingreso del enfermo en instituciones que se encargan de su cuidado cotidiano, más allá del que supone también el cuidado afectivo de las visitas de los seres queridos.




En ese sentido, esta película, pone énfasis en la vivencia de esta situación desde la perspectiva de una hija como cuidadora, y es en este aspecto que nos centraremos ahora en nuestro comentario.

III. LA ENCRUCIJADA DE ANNE.

La película nos muestra que la encrucijada de Anne está determinada por distintos aspectos:

La encrucijada moral, que supone la elección entre cuidar a su padre o seguir con su propia vida (lo cual no significa abandonar el padre, sino cambiar la modalidad de cuidados cotidianos adaptándolos a ese poder seguir realizando la propia vida).

La encrucijada emocional, que viene determinada fundamentalmente por tres aspectos:

1) La que deriva de las dificultades que Anthony le pone en admitir una cuidadora en casa, a las que somete a maltrato para que se vayan, lo cual carga aun más su sentimiento de culpa como cuidadora por tener que considerar la alternativa que implica considerar su ingreso en una institución o centro que procure los cuidados diarios del enfermo.

2) Las características que una relación enfermo-cuidador, como en este caso, la de padre-hija, con toda la vivencia emocional que comporta su componente relacional desde una perspectiva biográfica. En este sentido, la película pone énfasis en Lucy, una hermana de Anne - quien ya falleció -, y por quien Anthony sentía una clara admiración y preferencia en comparación con Anne, de quien dice: Ella siempre ha sido así, y es que no es muy brillante. Sabes, no es muy inteligente. Lo heredó de su madre. Y más adelante sigue diciendo a Paul (Rufus Sewell), la pareja de Anne, mientras esta oye sus palabras desde la cocina:

No se por qué nunca nos llevamos bien Anne y yo. Con su hermana pequeña, eso era otra historia. ¿La conoces? Es maravillosa, maravillosa. Hace meses que no la veo. No la culpo, esta viajando por el mundo. Es pintora. Me haría muy feliz que viniera a verme algún día, la abrazaría y estaríamos el uno junto al otro durante horas, como hacíamos cuando era pequeña, cuando todavía me llamaba papaíto, papaíto...




El dolor que se remueve de nuevo, desde esta dimensión biográfico-relacional, al oír al propio padre esa comparación, o oírle desconfiar y sospechar de ella (quien le acoge en su casa, mientras Anthony cree que es la suya), a pesar de la voluntad de cuidarle y de saberle víctima de la enfermedad: 

No sé que está tramando contra mí, pero algo trama. Algo está tramando, eso si lo sé. Sospecho que quiere meterme en un hogar para (expresión para indicar descapacitados). Si, he visto las señales... ¡¡Voy a ser absolutamente claro!! ¡No pienso dejar mi piso! ¡No pienso dejar mi piso! (que no lo es, es el de Anne).

Esas mismas sospechas las oirá Anne frente a Laura (Imogen Poots), la joven que intenta que sea su nueva cuidadora con su total oposición. Quizá por ello vemos tras esta escena unas imágenes donde Anne intenta ahogar a su padre mientras duerme, producto de una fantasía que recoge la rabia de ese dolor que existe entre hijos y padres, y que no por estar enfermo el padre le es fácil soslayar a la hija.




3) Finalmente tenemos también la tensión emocional proveniente de la presión sobre Anne por parte de Paul, su pareja, quien cree que la situación que viven es insostenible, y quien, además, se enfrenta a Anthony sin tener en cuenta el proceso degenerativo en el que se halla. Paul, más allá de presionar a Anne, también trata inadecuadamente a Anthony, a quien culpa de arruinar la vida de Anne.

Finalmente. el empeoramiento de Anthony y la necesidad de continuar com su vida en Paris desembocan en su ingreso en una institución, donde Anne lo visitará algunos fines de semana.

En las encrucijadas que la vida nos depara, a veces no elegimos el mejor camino sino el que nos parece menos malo, y ese es el camino que Anne elige. Así la vemos partir de la institución con un semblante que refleja el dolor y el sentimiento de culpa de la decisión que ha tomado de dejar allí a su padre para poder continuar con su vida.

- Nota acerca de los cuidadores familiares.

Es por ello que también los familiares cuidadores necesitan ser cuidados, ser atendidos en el sufrimiento que comporta el cuidar y acompañar a un ser humano que sufrirá un deterioro cognitivo progresivo que conlleva la pérdida de identidad y de autonomía radicales de las características que implica el Alzhéimer. Bien es sabido que muchos de ellos enferman también de depresión en este proceso, o que sufren altos niveles de estrés emocional y ansiedad. 

No nos podemos olvidar del apoyo que ellos también necesitan. Cuidar a un enfermo de alzhéimer conlleva elevados coste de salud, impacto en el empleo y sobre  los ingresos y la seguridad financiera de muchos de ellos, y que, como siempre, tienen su mayor repercusión en las familias de rentas más bajas. El Alzheimer no es sólo un problema médico y sanitario, sino también político y sociológico (ver apartado V).

IV. EL INFIERNO DE ANTHONY.

El final de la película, que cuenta con nosotros, los espectadores, ya inmersos en el mundo confuso, desconcertante, en ocasiones lleno de pánico y temor del enfermo de alzhéimer, con todos estos cambios de nombre, confusiones, olvidos, pérdida de objetos, etcétera, llegan a su clímax en los últimos 10 minutos, y que nos recuerdan exactamente las palabras de Alice en su discurso: todo lo que he acumulado en la vida, todo por lo que he trabajado tanto me está siendo arrebatado ahora. Como podrán imaginarse, o como ya saben, es un infierno. Efectivamente, un ya absolutamente confuso Anthony, perdido entre su piso, el piso de Anne y la institución, entre los distintos personajes: Anne, Paul, Catherine (la enfermera que le cuida en la institución, interpretada por Olivia Williams), Laura, Bill (Mark Gatiss), Lucy, todo mezclado a la vez, todo confuso y desconcertante, acaban por llevarle a la desesperación y a un sentimiento extremo de vulnerabilidad. En una escena monumental en todos los sentidos, Anthony, acompañado por la mirada compasiva de Catherine, la enfermera, le dice a esta:

Siento como... siento como si perdiera todas mis hojas [...] las ramas, el viento y la lluvia, No sé lo que está pasándome. ¿Usted lo sabe? Todo ese asunto sobre el piso... ya no tengo ningún lugar donde reposar la cabeza. Pero sé que mi reloj esta en mi muñeca, eso lo sé. Para el viaje. Pero no sé, no sé si estaré preparado para, para...




En ese momento de extrema vulnerabilidad, cuando instantes antes, un Anthony desconsolado como un niño invoca a "su mami" (invoca la necesidad de amor y protección, porque qué si no representa una madre), la mano extendida de Catherine, la enfermera, representa aquello tan necesario para un enfermo de alzhéimer: el cariño de un abrazo, la dulzura de una caricia, ta ternura de un beso, el recogimiento, la protección... finalmente el amor. Catherine representa, en esos instantes, el verdadero cuidado que necesita el enfermo, los cuidados que prodiga el amor desinteresado, sólo motivado por la dignidad del ser humano que tenemos delante y con el que hemos compartido nuestra vida. Acaba la película con Anthony reposando en su hombro compasivo y amoroso, el único y verdadero reposo que el enfermo puede encontrar. Finalmente, este es el verdadero medicamento, el fármaco más adecuado: la empatía, la compasión y el amor, garantes del trato digno y el respeto del que todo ser humano es merecedor "per se". Amor es también la última palabra que pronuncia Alice en el final de la película que también nos ha acompañado en este comentario.

Quiero acabar esta reflexión con unas palabras de Norbert Bilberny al respecto, quien nos dice con una gran lucidez acerca del amor que profesa la familia por el enfermo:

Y es tanto más admirable esta entrega cuanto que el paciente no los puede agradecer ni reconocer, y que sabemos de antemano que esta lucha acabará, se haga lo que se haga, en fracaso. Pero el sacrificio no habrá sido en vano. Ha ayudado a vivir con el mejor de los fármacos: el amor. El fracaso anunciado ha cambiado de signo. Ahora ha cambiado de signo. No hay tal fracaso.

El alzhéimer ha acabado con el conocimiento, pero no ha podido con la sensibilidad: los sentidos, las emociones, los sentimientos. La sensibilidad siempre está activa: Perpetuo sentimus, escribió Lucrecio hace dos milenios. Nuestra especie es sapiens, pero como todas las demás es también - y ante todo - sentiens.



V.  ALGUNOS DATOS DEL ALZHÉIMER.

Debido al envejecimiento de la población, la enfermedad de alzhéimer amenaza en los próximos años  con convertirse en una verdadera epidemia, a menos que la investigación encuentre algún tratamiento efectivo, o tratamiento preventivo eficaz. En el momento actual se calcula que en todo el mundo hay 46,8 millones de afectados,  y que de no cambiar la situación se calcula que para el 2030 habrán 76, 4, y 131,5 millones para el 2050. Se calcula que cada 3,2 segundos aparece un caso de demencia en algún lugar del mundo. [4]

Algunos análisis demuestran que el aumento de le enfermedad de alzhéimer puede paralizar el sistema sanitario de Estados Unidos. Los costes de cuidados para enfermos de alzhéimer son muy  elevados:

En España, la SEN calcula que el coste medio de un paciente con Alzheimer oscila entre 17.100 y 28.200€ por paciente y año. Un coste, que aumenta con el empeoramiento cognitivo, llegando hasta los 41.700€ en los casos graves y, en los que una parte de los pacientes precisan institucionalización. Teniendo en cuenta todos los niveles de gravedad, la SEN estima que el coste total en España del tratamiento del Alzheimer, en pacientes mayores de 65 años, es de unos 10.000 millones de euros anuales, lo que viene a representar el 1,5% del producto interior bruto nacional. [4]

Indicar que, según algunos estudios, el alzhéimer es la tercera causa de muerte en el mundo (oficialmente es la séptima), por detrás de las enfermedades cardíacas y el cáncer. No obstante, se destinan unos recursos de investigación 7 veces menores que en el cáncer.

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[1] Bilbeny, Norbert. La enfermedad del olvido. El mal de Alzhéimer y la persona. Galaxia Gutemberg.
[2] Ver nota 1, págs. 121 y 122
[3] Ver nota 1, pág. 191
[4] Datos extraídos de la BrightFocus Foundation (pulsa aquí para acceso página web)
[5] Informe del SEN (Sociedad española de neurología) del 2019. 


domingo, 20 de marzo de 2022

THE TALE (Jennifer Fox, 2018): La complejidad emocional de un abuso sexual de infancia.

Teníamos un sueño, un sueño precioso. Íbamos a llenar el vacío que había en nuestras almas con el amor del otro. Pero como muchos sueños, en la realidad no se sostienen, (Jenny)

The Tale (Jennifer Fox, 2018), es una gran película que trata un tema tan delicado como los abusos sexuales de infancia, y que cuenta con el detalle que su argumento se basa en la propia historia de los abusos que sufrió su directora. La película cuenta con excelentes interpretaciones, encabezadas por una brillante Laura Dern en el papel de Jennifer Fox, seguidas de las de Jason Ritter (Bill Allens), Elisabeth Debicki (Mrs. G), Ellen Burstyn (Nadine, la madre de Jennifer), Isabelle Nélisse (Jenny, a los 13 años) y Frances Conroy (Mrs. G. ya anciana).

La historia parte de las continuas llamadas que la madre de Jennyfer le hace a su hija hablándole de un cuento que escribió a los 13 años para la escuela, y del que parece sospechar que indica que algo ocurrió en aquella época. Al principio Jennyfer no parece hacerle mucho caso hasta que recibe ese cuento en su casa y lo empieza a leer. Sorprendida desde que empieza su lectura, llama a su madre, quien le dice:

¿Tú has leído lo que escribió tu profesora en la última página? Léelo, corre - "Si todo lo que explicas resulta ser cierto yo considero que se están aprovechando de tí unas personas más mayores que tú. Aunque está claro que estás desarrollando una serie de emociones que te están llevando a ser una mujer."

Así se inicia la historia de Jennyffer y Jenny que será una historia que le llevará a reestructurar lo que ocurrió con un entrenador suyo, Bill Allens, y una profesora de equitación llamada Mrs. G, cuando tenía 13 años.

I. LA DISOCIACIÓN.

La disociación es un mecanismo de defensa relacionado con vivencias traumáticas de infancia que se caracteriza por ejercer un distanciamiento en relación con las graves experiencias físicas y emocionales sufridas en estas situaciones, distanciamiento que tiene que entenderse como una escisión de ciertos contenidos, relacionados con estas experiencias, del resto de la psique. Como observaremos en la película, Jennyfer (así la llamaré cuando me refiere a ella como adulta, y Jenny cuando pequeña) tiene un tipo de disociación llamada amnesia disociativa, y más concretamente, una amnesia disociativa sistematizada, que se caracteriza por eliminar un cierto tipo de información relacionada con personas vinculadas a la vivencia traumática. Este será el caso de Jenny, quien sufrió abusos sexuales por parte de su entrenador Bill Allens, y también de su profesora de equitación Mrs. G (quien con Bill realizaban tríos y cuartetos con las niñas), y quien también le suministraba al primero otras niñas pre-adolescentes.

Pronto observamos en Jennyfer ciertos aspectos característicos de la disociación como, por ejemplo, que al recordar aquellos días no se ubica en los 13 años, si no a los 15. Ella misma se sorprende de ver una fotografía suya a los 13 años relacionada con la escritura del cuento. Durante la película, seguimos observando elementos disociativos como la visión idealizada de ambos personajes, o la idea, que mantiene en varias ocasiones, de que ella tuvo una relación con Bill, no un abuso, con la consiguiente resistencia a reconocerse como víctima.




En Jennyfer, la narrativa de su pasado es una narrativa para sobrevivir que se caracterizará por su romantización de la historia. La manera en que se puede hacer sostenible lo vivido es reconstruyendo la historia de una manera que la haga sostenible, y para eso hay que recurrir a la eliminación de las vivencias más dolorosas y que sitúan la vivencia en un contexto muy distinto.

La historia de Jennyfer también nos permite reflexionar sobre los abusos producidos en un momento del desarrollo de una niña especialmente vulnerable como es la preadolescencia, donde el abuso sexual es habitualmente acompañado de un abuso afectivo en el que el abusador especula con los sentimientos nacientes como dice el comentario de la profesora que escuchó el cuento: "estás desarrollando una serie de emociones que te están llevando a ser una mujer."

I. SOBRE JENNY Y SU ENTORNO EN LA INFANCIA.

En un momento dado, Jennifer, que es profesora en la Universidad, a parte de una gran documentalista, dice de sí misma y de su infancia a su clase:

Yo era una mucha supertímida que se sentía invisible... en mi casa, en el colegio, de modo que tuve aprender a adaptarme. Conseguí desarrollar sola la habilidad de ser un camaleón para así poder encajar en el mundo de los demás, en su entorno... y tener amigos.




Efectivamente, así se nos presenta Jenny a sus 13 años, tímida e insegura, en un entorno familiar con varios hermanos, una madre desbordada, una abuela controladora (madre de la madre) y un padre entre ausente, un tanto despreocupado y molesto con la presencia de la abuela "en su casa". Jenny, efectivamente, se siente invisible en su familia. Su percepción la deja muy clara cuando les dice a Bill y Mrs. G, cuando estos le comunican que son amantes: "No quiero que seáis desgraciados como mis padres." En unas cartas que se escribieron con Bill en las vacaciones de verano, se lee: "Odio estar en casa. Incluso en un lugar tan bonito como este mis hermanos y hermanas nunca dejan de pelearse. Mi hermana y mi abuela les gritan constantemente. Es más fácil ser infeliz en este mundo y es que me han grabado a fuego que en realidad soy yo la egoísta. Yo cojo y ellos dan." 

Evidentemente esta situación favorece dos elementos fundamentales en su posterior abuso: la desconfianza en el entorno familiar y la idealización, con la consiguiente entrega de una confianza plena, de Bill y Mrs. G. También observamos como en estas situaciones la familia reacciona inadecuadamente, y como ciertas normas son aceptadas tácitamente en detrimento de la obviedad de los hechos. En una escena de la película se revela la siguiente secuencia:

1) La abuela ve una noche como al traerla Bill a su casa éste la besa.

2) La advierte que se lo dirá a sus padres, pero luego no lo hace, como revelará la sorpresa de la madre cuando Jennyfer le pregunta por ello.

3) Nadine, la madre de Jenny, tenía serias sospechas sobre lo que ocurría en la relación de Jenny con Mrs. G y Bill pero, como advierte Jenny, se dejó llevar por la actitud de su padre. Como le dice a Nadine "mamá, tu sabías algo, se lo dijiste a papá y le restó importancia. Cumplías las normas de papá...", lo que  su madre reconoce.

Como consecuencia de todo, Jenny se quedó sola frente a la manipulación emocional y afectiva que Bill y Mrs. G realizaron con ella.



II. SOBRE BILL Y MRS. G.

Bill y Mrs. G se presentan como las abusadores que manipulan a través de la generación de confianza a una preadolescente insegura y que demuestra abiertamente que su familia no es un lugar de confianza para ella. Ambos representan el papel de los "cuidadores amorosos" que le dedican el tiempo y el reconocimiento que su familia no le da, y sobre el que se establecerán los abusos sexuales y afectivos. 

1) La estrategia que siguen, tras observar a la pequeña Jenny durante el período de tiempo en el que se ejerce en la equitación, empieza por reconocer su esfuerzo en el trabajo, a lo que sigue aprovecharse de la idealización que Jenny muestra hacia ellos. El cuento empieza de la siguiente manera:

Me gustaría empezar esta historia contando algo realmente hermoso. He conocido a dos personas muy especiales que cada vez quiero más. Imaginad a una mujer que está casada y a un hombre que está divorciado compartiendo sus vidas como dos grandes amigos, queriéndose el uno al otro con toda su alma, pero sin que sus cuerpos lleguen a rozarse. Siento que como formo parte de los dos. Tengo la enorme suerte de poder compartir su amor, Cuando me alejo de ellos, la tierra parece sacudirse y temblar y, a veces, temo precipitarme.



2) A esta estrategia de ganarse su confianza se suma la de "compartir un secreto", cuya función es preservar la relación del exterior. En una comida que Bill y Mrs. G la invitan ambos le confiesan que son amantes, y tras alegrarse Jenny de que se tengan el uno al otro (no como los desgraciados de sus padres), se establece ese vínculo estrecho que se formula a partir de "no hay secretos en esta mesa" (como dice Bill) lo que, indirectamente, se transforma en las verdades de esta mesa son un secreto para el resto del mundo. Jennyfer reflexiona acerca de este día diciendo: "¿Cómo supieron que podían confiarme su secreto, qué jamás traicionaría su confianza? Las otras niñas lo habrían contado. Yo jamás se lo habría dicho a mis padres ni a otros adultos. Fue como un juramento implícito, y se sentía orgullosa de ello."

Este pacto sella la base de los abusos sexuales que sufrió Jenny, base que se fundamenta en el abuso afectivo por parte de Bill y Mrs. G al ofrecerle una relación basada en un aparente amor. Jenny, ya de adulta, responde ante una pregunta inoportuna de su madre acerca de si "le gusto" (refiriéndose a los abusos):

Nadine: Hay algo que quiero preguntarte desde que leí tu historia. ¿Te gustaba?
Jenny: Mamá... Era una niña. ¿Por qué me haces esa pregunta?
Nadine: ¿Es que no alcanzo a entender porque sigues volviendo a aquello?
Jenny: Me daba algo distinto.
Nadine: ¿Qué, dilo, quiero saberlo?
Jenny. Amor. Quería que alguien pensase que yo era especial.

La madre añade el cambio que se registró en Jenny tras acabar todo aquello: "te volviste una promiscua. Te acostabas con toda clase de hombres. Extranjeros, hombres casados. Sus mujeres te daban igual. No te importaba". Jennyfer lo justifica como que, a diferencia de ella (que siempre vivió con el mismo hombre), no quería limitarse de aquella manera. No obstante, y tal y como los acontecimiento se van desarrollando en la película, parece obvio que si parece una reacción a lo sucedido.

3) Tras ganarse la confianza de Jenny, la historia sigue con la preparación, por parte de Mrs. G, para que Jenny se quede sola con Bill, y para que este pueda continuar ganándose su confianza, efectivamente, a base de hacerla sentirse alguien muy especial, hasta que empiezan a darse los abusos. 



III. LA ROTURA DE UN SUEÑO

La defensa de la narrativa de lo sucedido llevará a Jennifer a sostener en varias ocasiones que lo que hubo en aquellos días fue una "relación", negándose constantemente a aceptar que lo que se produjo fueron unos abusos con violación. En una discusión con Martin (interpretado por Common), su pareja, quien le insiste en que lo sucedido fue una violación, se establece el siguiente diálogo:

Jennyfer: Era en los setenta. La gente no hablaba de ello así.
Martin: Mira nena, los setenta, los ochenta, eso da igual. No quiero que lo justifiques.
Jennyfer: No intento justificarlo, de acuerdo. Se trata de mi infancia y entonces me pasaron cosas, y es algo que, bueno, sólo digo que fue complicado.
Martin: Lo defines como una relación, pero era un adulto.
Jennyfer: Era mi entrenador.
Martin: ¿Y qué tiene eso que ver? Tenía 40 años. Tenía mi edad, él se aprovechó de una niña.
Jennyfer: Mi amor, fue algo importante para mí e intento averiguar por qué. Fueron personas importantes para mí

[...]

Martin: ¿Por qué buscarlos, fuiste su víctima...? Oye, no estoy diciendo...
Jennyfer: ¡Basta! ¡No soy una víctima! ¡No necesito que tú ni nadie me tache de víctima, no tienes ni puta idea sobre mi vida!

Aquí tenemos la idea de fondo de el abuso afectivo al que fue sometida. Ya no se trata sólo de los abusos sexuales, sino del abuso afectivo de hacerla creer amada a una niña que amaba a su abusador con toda su alma. Para Jennyfer, asumir el ser víctima de los abusos de Bill y Mrs. G es romper la ilusión de amor que vivió.

Sin embargo, poco a poco, la película nos permite observar como la ilusión se va rompiendo al descubrir que Bill, un verdadero depredador sexual, había hecho lo mismo con otras niñas y jóvenes, y que Mrs. G era "básicamente el gato que le lleva los ratones a él". Poco a poco, y a través de distintos contactos de aquellos días, que incluyen a una anciana Mrs. G, los recuerdos van estableciéndose y Jennyfer  comprueba la manipulación de la que fue objeto: "Jenny, lo que nos gustaría hacer es explorar nuestro subconsciente para hacerlo consciente juntos, en nuestra familia", como excusa para hacer un cuarteto con otra joven llamada Iris.



Sin embargo, mientras avanza la película, y con unas imágenes muy expresivas, se nos muestra el alma rota de Jenny entre el supuesto amor de Bill y Mrs. G y los abusos sexuales de los que es objeto. Pronto su cuerpo, a través de vómitos,  empieza a registrar esa situación, hasta que al final la lleva a dejar a Bill y a Mr. G. justo cuando la tenían que pasar a recoger para hacer el cuarteto con Iris. Jenny se siente profundamente mal y no puede ir. Su madre la acuesta y: "Sólo un par de horas más tarde mi dolor de tripa había desaparecido completamente. Mi cuerpo me había dicho lo que mi mente se había negado a aceptar", e inmediatamente añade: "Estoy cansada, demasiado cansada. Cansada de una manera que me da miedo. Ese miedo es EL MIEDO DE UN SUEÑO ROTO."

IV. DE LA DISOCIACION A LA ASOCIACIÓN.

La película acaba con la asunción final de la verdadera narración que aconteció en aquellos días. Jennyffer acaba buscando a Bill y lo encara en una fiesta en la que se le entrega un premio por su labor como entrenador. Antes, no obstante, asistimos también al dolor de Nadine, una madre que no supo proteger a su hija: "Fracasé, yo no quería que fuera cierto, me dije a mi misma que no podía ser cierto. Fracasé en lo más importante que una madre debe hacer, proteger a su hija. Lo siento muchísimo." El final es muy interesante en lo que podríamos llamar la historia que Jenny intentó conservar para sobrellevar lo que verdaderamente ocurrió, y la Jennyfer mujer que ha ido recorriendo el viaje de retorno para contemplar lo que realmente sucedió. El encuentro entre ambas muestra la resistencia de Jenny por aceptar la verdad que Jennyfer le ofrece, y que al mismo tiempo es necesario aceptar:

Jennyfer: Me mentiste. Todos estos años me dijiste que había sido algo bueno.
Jenny: Y lo fue. Saqué un 10 (refiriéndose al cuento que escribió).
Jennyfer: ¿Un 10? ¿Crees que eso importa? No hace que esté bien.
Jenny: Prefieres que sea una víctima patética. Pero sabes qué, no lo soy. Tengo algo que nadie más tiene. Ahora soy la maestra, no una niña invisible.
Jennyfer: Jamás te casarás.
Jenny: Yo no quiero casarme. Es que no me has escuchado.
Jennyfer: Nunca tendrás hijos.
Jenny: Odio a los niños. No quiero tener hijos, estoy segura. Pero si sé una cosa, él me quería. Lloró... lloró, ¿no lo oíste? Y durante años me envió cartas. ¿Lo ves? yo no soy la víctima de la historia. Soy la heroína, él se derrumbó.

(Estas dos últimas ideas son potenciadas por Bill partiendo del entorno familiar de Jenny, y de su estilo de manipulación para llevar a Jenny donde él quería)

Jennyfer: Fuiste incapaz de plantearte que sus vidas continuarían sin tí. ¿Qué pudo haber más? Los congelaste en el tiempo ¿verdad? Pero sabes, él sigue vivo y voy a ir a verle.
Jenny: ¡No!

La película sigue con la confrontación de Jennyfer con Bill en medio de su fiesta para desvelar lo que sucedió y una frase final ante un Bill que huye de la situación: ¡TU ERAS EL ADULTO! Y acaba con la imagen de Jennyfer y Jenny juntas: la historia se cierra. Mujer y niña se unen al integrar lo sucedido.


Película que nos permite enfrentar la complejidad emocional que rodea a una niña, y a la futura mujer en la que se convierte, cuando es sometida a este tipo de abusos donde el abuso sexual es acompañado de un abuso afectivo.
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