Las tres hijas (Azazel Jacobs, 2023)es una muestra nítida de que se puede hacer gran cine desde la contención: un espacio casi único, un guion sutil —capaz de rozar el humor sin perder gravedad— y, sobre todo, la calidad interpretativa de sus protagonistas. La acción transcurre prácticamente en el piso de Vincent “Vinny” (Jay O. Sanders), padre de tres hijas —Katie (Carrie Coon), Rachel (Natasha Lyonne) y Christina (Elisabeth Olsen)— que se reúnen para cuidarle y acompañarle durante la fase terminal de su enfermedad.
Aunque algunos comentarios la presentan como una película “sobre el duelo”, a mí me resulta más ajustado leerla como un relato sobre el acompañamiento del sufrimiento y de la muerte, y sobre cómo —ante ese hecho— cada hija se aferra a un rol para sostener lo insoportable: controlar, evitar, mediar.
Es importante destacar que Rachel —hija de una segunda pareja del padre — es quien convive con él y quien lo ha cuidado la mayor parte del tiempo, mientras Katie y Christina llegan desde fuera. Desde la primera escena se percibe la tensión entre Katie y Rachel: la primera ocupa una posición persecutoria y normativa (lo que en lenguaje gestáltico llamamos el “perro de arriba”, una versión operativa del superyó), mientras que la segunda se protege desde una aparente evasión (fuma marihuana) y desafío (el “perro de abajo”, una versión operativa del ello). Entre ambas, Christina intenta hacer de mediadora y amortiguadora afectiva, como si su función fuera impedir que el vínculo estalle. Un ejemplo temprano lo muestra con claridad:
Katie: Vas bien colocada, huele toda la casa a hierba.
Rachel: Voy muy ciega, me pongo fina. Lo primero que hago es liarme un peta. Me fumo mínimo cuatro al día. El motivo: me sale del higo.
Katie: Me da igual lo que fumes, pero no está bien fumar en la casa de un enfermo.
Rachel: A papá no le importa. He fumado a su lado todo este tiempo y no le ha importado nunca. De hecho le gusta el olor. Él me lo ha dicho,
Katie: ¡Es por el humo! ¡El humo le afecta, salte fuera, se está muriendo!
Rachel: Menos de cinco minutos, poco has tardado en meterte en mi vida. No has dicho que no querías liarla.
Christina: Ya... ya. Chicas, os tomáis las cosas a la tremenda... Dejad ya el temita. (3' 20'' a 4' 00'')
La dificultad de sostener emocionalmente el acompañamiento a la muerte lo observamos también al inicio de la película cuando Ángel (Rudy Galván), el médico de paliativos, les dice: "No son sólo los cuerpos los que determinan cuanto tardamos en morir [...] La mente es igual de importante que el cuerpo. Y aquí es donde pueden serle de ayuda por si está aguantando y no quiere irse por miedo. Pueden ayudarle haciéndole saber, asegurándole que puede irse en paz. La mente no cura o retrasa la enfermedad, no en este estadio, pero si ve que todo va bien, que ustedes se llevan bien, se lo facilitará." Mientras Ángel habla la cámara enfoca a cada hermana y podemos ver en ellas la angustia que sus palabras les genera.
Katie, Christine y Rachel
Veamos ahora el posicionamiento de cada hermana ante el hecho de la próxima muerte de su padre.
I. LAS TRES HERMANAS.
I.1. Katie.
Encarna la defensa por control: ante la inminencia de la muerte, transforma la angustia en gestión. Su frialdad y operatividad no es ausencia de afecto, sino un modo de no desbordarse emocionalmente a base de norma, orden y protocolo. Sin embargo, pronto se hace patente la tensión con Rachel, a la que podemos ver como su opuesto. Como suele ocurrir en estos casos, el ideario del “programa” que Katie propone:
Lo que quiero, espero, no es complicarle innecesariamente la vida. Que no nos tomemos a mal nada. Si no estamos de acuerdo lo solucionamos, sin liarla, sin gritar y nada que le moleste. Lo hablamos como adultas. Ya tenemos una edad.
entra répidamente en conflicto frontal con su reactividad proyectiva, que la vuelve especialmente agresiva con Rachel. Y, como suele suceder, ocurre lo contrario de lo propuesto:
El pasado quedó en el pasado. No importa ahora. Si hay algo que hablar ya se hará. Espero que lo entiendas. Estoy muy triste. Tú también. Las tres. Es duro. Duele. No hay que complicarlo.
para, de inmediato, mostrar su disgusto y entrar en conflicto por no haber gestionado la ONR (Orden de No Reanimación), poniendo de relieve —como ya vimos— su posición persecutoria y normativa de manera casi compulsiva: emite juicios sin profundizar en las causas de aquello que enjuicia.
I.2. Rachel.
Se presenta como “pasota”, sarcástica y fumadora; pero esa máscara funciona como defensa ante dos cosas: (a) la desubicación identitaria(no pertenecer del todo al “núcleo” biológico de las otras dos) y (b) el contacto con la decadencia del padre(la habitación, el cuerpo, el final). Por eso alterna la evitación (habitación propia, banco en la calle, marihuana) con una especie de desafío insolente que, en realidad, la protege.
En relación con Katie se posiciona como su opuesto: pasota y descarada, representa con precisión la posición del “perseguido” que, mediante rebeldía y desdén, desafía a su perseguidor sacándolo de sus casillas. Por ejemplo, ante la acusación de Katie de fumar y “colocarse” estando su padre enfermo, le responde:
Voy muy ciega, me pongo fina. Lo primero que hago es liarme un peta. Me fumo, mínimo, cuatro al día. El motivo: me sale del higo [...] A papá no le importa, he fumado a su lado todo este tiempo y no le ha importado nunca, de hecho le gusta el olor, siempre me lo ha dicho.
I.3. Christina.
La hermana mediana se nos muestra —valga la redundancia— como la hermana mediadora. Emocional y sensible, con una dimensión espiritual y armónica, en ocasiones un tanto impostada y complaciente (como si necesitara que el dolor sea “bien llevado” para que no la desorganice). Dentro de estos parámetros también se presenta como una “gran madre” de su hija Mirabella, y orgullosa de su familia. Precisamente esa dimensión parece ser su modo de afrontar —y compensar— el dolor del acompañamiento a la muerte del padre.
Como le dice a Rachel: “Esta habitación —en relación a la del padre— te saca de la realidad. Es bueno salir y ver la vida.” Vemos aquí una escisión significativa entre muerte y vida, pues ambas forman parte de lo real: la muerte y la vida, Vinny y Mirabella.
A pesar de su actitud más comprensiva y próxima hacia Rachel, no deja de hacerse patente un factor diferencial que la une a Katie como hija del mismo padre y de la misma madre. Con todo, Christina será la detonante para que se sienten juntas y, precisamente, puedan hablar de ese “pasado que no queda en el pasado”, sino que continúa activo en el presente.
II. LAS TRES HIJAS.
El punto de inflexión surge en lo que podríamos llamar el paso de las tres hermanas a las tres hijas: cuando el centro ya no es solo el roce entre ellas, sino la relación de cada una con el padre que se está muriendo. En ese desplazamiento aparece un tercer término —Vinny como eje— que reordena lo fraterno: obliga a nombrar pertenencias, heridas antiguas y, finalmente, a reconocer un vínculo común.
II.1. Esclarecimiento de la realidad de los vínculos a partir del padre.
En una conversación cargada de tensión, Christina intenta formular un deseo de lazo con Rachel:
Christina (a Rachel): Esperaba crear un vínculo real contigo para empezar...
Rachel: Ah... Que bondadosa... y sincera. Yo pensaba que ya lo teníamos.
Christina: No, uno de verdad.
Rachel: Esto es lo que hay... Chicas, no hay que forzarlo, somos muy distintas. Pero vosotras sois de la misma madre...
Katie: Y padre.
Esa puntualización final de Katie nombra el punto ciego del sistema familiar: la diferencia de origen que, aun cuando no se verbalice, organiza la desubicación de Rachel. Ella lo capta y lo devuelve con una emoción que no discute el amor, sino la legitimidad del lugar: "Ya lo sé. Él también es mi padre. También es mi padre. Es tan mío como vuestro... "
Pero la frase de Katie (“Tu padre es otro”) vuelve a fijar la diferencia como frontera. Rachel entonces dice en voz alta lo que siempre ha estado de fondo:
Ahí lo tenéis. Esto es lo que siempre ha estado de fondo. Yo tenía un padre y murió, y Vinny me adoptó. Lo entiendes. No me parece tan difícil de entender. Es Vinny quien me adoptó, por lo que es mi padre y el vuestro. El que está aquí muriéndose es mi padre. Es mi padre.
Y con ello despeja otra sombra: ella no está en esa casa “por la casa” —como si fuera una ventaja o un privilegio— sino por el padre; y, aun así, repite más de una vez que no desea quedarse.
II.2. El padre de todas.
El siguiente paso será la escritura de una esquela en la que cada una de ellas empieza a manifestar su experiencia del padre. A la versión formal de Katie aparece la versión humorística de Rachel para acabar con la más espiritual de Christine, quien dice unas palabras de su padre acerca de la muerte: "la única forma de resumir la vida, la única forma de ponerla en perspectiva, lo que la persona era, como amaba y cuanto... La única forma de expresar lo que es la muerte es la ausencia. Lo demás son fantasías."
Y aquí es muy interesante la reflexión de Rachel a Katie en relación a esta última frase (y en relación también con su hija), en el sentido de que solo la ausencia del otro, al que nos somete la muerte, nos permite verle como un todo sin estar sujetos a la parcialidad del momento en el que lo vivimos.
La muerte es ausencia y que “lo demás son fantasías”, pone en primer plano un fenómeno muy clínico: el paso de la figura al fondo. Mientras el otro está, lo vivimos por recortes: lo que hoy nos falta, lo que hoy nos hiere, lo que hoy nos irrita. La ausencia, en cambio, fuerza una integración: el otro aparece como totalidad y el conflicto pierde parte de su tiranía. Por eso, a partir de ahí, Katie puede aflojar el control y la culpa deja de buscar un culpable; la relación empieza a moverse del juicio a la presencia.
Y es por ello que, en ese momento Katie puede abrir a Rachel sus emociones (en ese momento la ve toda): "Siento no haber venido para ayudarte con papá - llora - .... Se que es difícil. Y espero que no te vayas del piso [...] porque quiero que permanezca en la familia". Entra entonces Christine - quien las ha escuchado - y les propone entrar las tres juntas a ver a papá.
La cámara enfoca la puerta entreabierta de la habitacion del padre, y mientras sueña el pitido del monitor de control se oye sus voces diciendo: "Hola, papá. Mira con quien estás. Con tus tres niñas..."
II.3. El padre con todas.
De pronto parece que el padre quiere salir de la cama. Las tres lo ayudan a sentarse en un butacón, y asistimos a una ensoñación intensa en la que Vinny convoca a sus hijas y también a Bliss, un amor de juventud que no quería que ellas dejaran de conocer: “un amor que me cambió para siempre”.
En el camino hacia la muerte —tanto de quien se dirige hacia ella como de quienes lo acompañan— se revela algo esencial: mientras hay vida, hay vida. Y a veces, en el último tramo, la muerte potencia la vida hasta el último hálito, ofreciendo una oportunidad de cerrar aquello con lo que uno se va y aquello con lo que otros se quedarán.
En unos pocos minutos vibrantes de Jay O. Sanders, Vinny dice aquello que no pudo decir, mostrando la importancia denombrar el amor cuando aún es posible. Su frase clave reorganiza el sistema: Rachel es vuestra hermana. Es mi hija. No la crié como si lo fuera, es mi hija. Si la sangre hubiera sido importante tendriais un padre muy distinto.
A Katie le habla de lo mucho que en realidad la quiere Rachel, y de que el problema viene de lo mucho que se parecen (la enantiodromía, o los opuestos que se rozan, se invierten y se tocan): "Quiero que lo intentéis cuando me vaya. Sé que podéis llevaros mejor que en el pasado."
Y a Christina le reconoce una carencia antigua: la poca atención que recibió de él, su dolor por la muerte de la madre (que ella parecía llevar bien, pero que tan sólo lo parecía), y su propio punto ciego por estar atrapado en su duelo, y porque luego se enamoró de la madre de Rachel. A la vez, la valida como madre y como continuidad:"Pero a tu niña no le faltará de nada. Te he visto, veo el amor que sientes por ella - Mirabella - , por David, por quien sea que venga por si decides tener más hijos. Te doy las gracias, ¡gracias por hacerlo mejor que tu padre, por hacerlo bien!
Por fin, como hijas, ahora son hermanas. Tras su muerte, vemos como cada una de ellas vuelve a su vida, pero ahora saben que son una familia: "PAPA PATO DIJO: BEEP, BEEP, BEEP... Y A LAS TRES PATITAS LOCAS VIO REGRESAR."
III. CONCLUSIÓN
“La muerte es ausencia”. En esa frase cabe todo: lo que se va no es solo un cuerpo, sino una voz, una rutina, una posibilidad de reparar. Y, paradójicamente, es esa ausencia futura la que permite ver al otro entero, no por partes: no ya como “el padre de ellas” o “mi padre”, sino como un todo que sostiene —y también hiere— a cada una de maneras distintas. Cuando el tiempo se acorta, las hijas comprenden que la disputa es un lujo: lo real es lo que quedará. Y por eso el vínculo, de pronto, se vuelve urgente y sencillo: estar, decir, despedirse. En Las tres hijas, ese paso —de la crispación a la presencia— es el que convierte a las tres hermanas en tres hijas y, finalmente, permite que vuelvan a ser hermanas.
Una película que tanto en sus medios, como en su argumento, nos hace comprender que, en muchas ocasiones, la profundidad se halla en la sencillez.
Saraband (2003) es la última película filmada por el maestro Ingmar Bergman. Una primera reflexión nos lleva a preguntarnos cómo cabe considerar esta su última obra, en especial cuando elige retornar a los protagonistas de "Secretos de un matrimonio" (1973), ya comentada en este blog (pulsa aquí para acceder a la entrada), situando a sus protagonistas Marianne (Liv Ullmann) y Johan (Erland Josephson) treinta años después. Como algunas películas de Bergman, la dimensión biográfica deja su huella en esta obra, uno diría que a modo de testamento existencial. Bergman es uno de los directores que, a mi entender, disecciona el ser humano de una manera más cruda, y con una clara visión pesimista (¿objetiva?) que no deja lugar al más mínimo resquicio de esperanza. Desde esta perspectiva, Saraband, como la continuación de "Secretos de un matrimonio" hay que centrarla más, no tanto en la perspectiva que ofrece el reencuentro de la ex-pareja y amantes, sino en las situaciones vitales en el momento del reencuentro, y que se hallan determinadas por un complejo entramado de relaciones paterno-filiales: la de Johann con su hijo Henrik (Börje Alhsted), la de éste con su hija Karin (Julia Dufvenius), y la de Marianne con su hija Martha (Gunnel Fred).
Cuando vemos esta película de Bergman, uno no puede olvidar las palabras que dijo en una entrevista , y que luego se repetirán en la película (ver parte IV), y en la que dice acerca de la relación con los hijos:
Tuve algo así como una pelea con uno de mis hijos y le dije que: "Sé que fui un mal padre". Entonces él me rugió: "¿Un mal padre? - ¡Ni siquiera fuiste un padre!" Y puede que tenga razón en eso. Realmente nunca logré formarme un criterio en ese aspecto. Realmente no. [1]
Saraband va de eso, de la complejidad de las relaciones paterno-filiales, y de como se entraman generación tras generación.
Como en muchas de sus películas, Bergman circunscribirá estas complejidades en un entorno aislado en el que las relaciones se amplifican, así como en una cadencia del relato que se estructura en unas escenas perfectamente delimitadas en las que se va desarrollando la trama.
I. TREINTA AÑOS DESPUÉS...
La película se inicia con Marianne rodeada de fotografías y poniéndonos al día un tanto de la situación de ambos. Johann, multimillonario gracias a la herencia de una tía, vive retirado en los bosques. Tras este breve prólogo asistimos al impulso que lleva a Marianne a visitar a Johann. El encuentro nos presenta a un Johann de 86 años y a una Marianne de 63. Uno tiene la sensación de que ha pasado el tiempo pero que Johann y Marianne, en cierta manera, siguen siendo los mismos y, a pesar del aprecio que se profesan algo en ellos sigue anclado en el mismo lugar. Veamos el siguiente diálogo:
Johann: A veces creo que este retiro voluntario es únicamente una antesala del infierno. Que ya estoy muerto aunque no lo parezca, pero estoy bastante bien después de todo. He buscado en el pasado, y ya tengo todas las respuestas que estaba buscando, de veras... Marianne: Y no parece muy divertido... Johann: Claro Marianne, es que no lo es. Pero quien dijo... quien dijo que el infierno iba a ser divertido Marianne: ¿A qué conclusión has llegado después de tanto meditar? Johann: Que mi vida ha sido una mierda integral. He tenido una vida sin sentido, repleta de cosas estúpidas Marianne: Tu matrimonio forma parte de tu infierno vital... y se sincero. Johann: Pues me temo que sí... y siento decírtelo. Marianne: Pues que pena oír eso.
Después de treinta años...
Curiosamente, y tras este encuentro, Marianne y Johann no volverán a aparecer juntos hasta el final de la película. Entre este principio y el final tomarán protagonismo Henrik, el hijo de Johann, y su hija Karin, nieta de Johann, así como Anna la esposa de Henrik y madre de Karin, quien a pesar de haber fallecido está muy presente en la película. En todas estas escenas que median entre el principio y el final, Marianne y Johann siempre aparecerán en relación a estos otros protagonistas.
II. KARIN.
La parte II de la película nos presenta, a través de un encuentro con Marianne a la nieta de Johann e hija de Henrik. Ya se nos presenta lo que es una relación conflictiva entre padre e hija, en la que Henrik asume también el papel de su profesor de música. En el relato del conflicto que Karin le narra a Marianne ya podemos presentir que entre la relación entre Henrik y Karin sucede algo que va más allá de lo que parecería ser la obsesión de un padre para que su hija se forme como violonchelista. Hay tres aspectos que me parece importante destacar:
- La violencia con la que reacciona Henrik cuando Karin se niega a seguir ensayando y le dice que va a salir sola. Sus gritos de "¡¡No te irás!! ¡¡No te iras!!" está claro que indican algo que va más allá de la música.
- La narración de Karin sobre la muerte de Anna, su madre, y del amor que se profesaban con Henrik. Le dice a Marianne al respecto:
Mi madre le quería, sabes... Se querían mucho, y supongo que yo quedaba fuera de este amor, o es lo que pienso cuando siento lástima de mí cuando rompo con algún novio. ¿Porqué no puedo vivir yo un amor como el de mi madre?
Suena significativo este sentimiento de exclusión de "este amor"
- Finalmente, la insistencia de Marianne en preguntarle a Karin si su padre podría suicidarse en una situación extrema.
Marianne y Karin.
III. HENRIK Y KARIN... Y ANNA: Sobre la dependencia emocional.
La parte III profundiza en la relación de Henrik con Karin y nos permite observar un par de cosas:
1) El vacío que dejó en Henrik la muerte de Anna, con quien mantenía una fuerte relación de dependencia. En esta parte observamos que la reacción violenta que Henrik manifiesta con Karina tiene su paralelo en una reacción que tuvo con Anna, su mujer, quien se muestra decepcionada ante sus quejas impotentes: "cuando te pones así creo que no eres el hombre con el que pensaba casarme - entonces salió corriendo de la habitación y empezó a hacer la maleta sin hablar -. Me volví loco de miedo. Estaba como enloquecido de pánico." El relato, poco a poco, nos muestra un Henrik posesivo, incapaz de sostenerse sin su mujer: "... me llegué a preguntar si en el fondo sabía hasta qué punto la llevaba dentro, hasta qué punto era mía. Entre Anna y yo era una cuestión de pertenencia [...] nos pertenecíamos". Sin embargo, tenemos aquí planteado el problema de la dependencia. En ella el problema no es el amor, sino la carencia y, en consecuencia, el pánico al abandono. Cuando Henrik contempla a Anna haciendo la maleta, le dice: "A mi nadie me deja, a mi nadie me abandona, a mi nadie me da la espalda de esta manera ni me abandona así." El dependiente no se imagina sin la persona de la que depende. Su bajo autoestima, su fuerte inseguridad y los sentimientos de incapacidad que le invaden le hacen sentir que no puede hacerse cargo de sí mismo. También pone su valor en función de la persona de la que depende, a la que idealiza.
Anna... (fotografia correspondiente a Ingrid, la última mujer de Bergman)
2) La dependencia de Henrik, tras la muerte de Anna, es trasladada a su hija Karin, quien pasa a substituirla. Esto nos demuestra que para el dependiente no es tan importante el amor, como suturar su carencia con el otro. Por eso, en este tipo de relaciones, pasa a ser más importante no ser abandonado que amar o ser amado. El abandono o la pérdida de la persona idealizada devuelve al dependiente a la desesperación de su propia invalidación e incapacidad. Y es aquí donde vemos la crudeza con la que la impotencia de Henrik chantajea emocionalmente a Karin: "Si tú me dejas hija me sentiré desamparado u otra palabra mejor que no exista. Con el tiempo serás libre, conseguirás ir al conservatorio, estudiar chelo y allí tendrás profesores de verdad y una vida diferente, para mi será distinto. Estos meses contigo han sido como una bendición del cielo, para mi desde luego, no para ti. Para ti ha sido otra cosa." Bergman filma casi toda esta escena en la cama donde duermen Henrik y Karin. El plano capta perfectamente la presencia del padre como esa presencia obscena que deriva de hacer ocupar a su hija un lugar que no le toca.
Si tú me dejas hija me sentiré desamparado.
IV. LA RELACIÓN ENTRE JOHAN Y HENRIK: Sobre el desprecio y el odio.
Las dos siguientes escenas nos presentan la relación entre Johan y Henrik, una relación determinada por el desprecio del primero y el odio del segundo. Como ya vimos en "Secretos de un matrimonio", Johann no siente un especial apego hacia sus hijos, más bien un manifiesto desapego. De hecho parece mantener un contacto inexistente con las hijas que tuvo con Marianne. En cuanto a su relación con Henrik, proveniente de un matrimonio anterior, Johann hace claro y palpable que no le gusta, que nunca le ha gustado, ya desde pequeño como le confiesa a Marianne: "Jamás me gusto su forma de ser, me parecía ridículo como actuaba. Era un niño gordo y manso. Me rodeaba con un amor asquerosamente pegajoso. Reconozco que durante mucho tiempo lo ignoré. De crío era devoto como un perro, no podía soportarlo. Como un perro, como un perro faldero."
No en vano el inicio de la escena nos presenta a Johann ojeando las páginas de un libro de Soren Kierkegaard escrito bajo el seudónimo de Victor Eremita: "Lo uno o lo otro. Fragmentos de vida", y en la que las siguientes palabras de Laura Llevadot, al comentar este libro, me parecen ajustadas a la historia que Bergman nos narra en Saraband:
Kierkegaard establecerá la diferencia en términos de pena y dolor, siendo la pena un sentimientos sustancial, una tristeza infinita y ciega, como la que siente un niño que no comprende, pero interioriza hasta la médula el sufrimiento del adulto a quien ama. Por el contrario, el dolor, propio de la tragedia moderna, es un sufrimiento reflexionado, como el que siente un hombre viejo, dice Kierkegaard, al ver sufrir un niño o un joven que no es consciente de la culpa que ha causado su desgracia. [2]
Johan en su biblioteca.
El primero de los casos nos pondría en relación a la vivencia de pena que Karin tiene del sufrimiento de su padre, mientras que el segundo se manifestaría en el dolor de Marianne por el sufrimiento de Karin. Bien significativo que sean mujeres las que se hacen cargo de la pena y el dolor, mientras los hombres se relacionan desde el odio y el chantaje emocional, o desde el desprecio y la autoridad tiránica y, desde ahí, ambos, a su manera, manipulan a Karin. Efectivamente, la situación entre Johan y Henrik es bien distinta. El amor del niño Henrik por su padre topa con su desprecio y, posteriormente, cuando Johan quiere volver a ejercer de padre topa con el odio de Henrik quien le niega la condición de padre. Proyecciones del uno sobre el otro en las que, como Johan reconoce, el desprecio es por él mismo, como el odio de Henrik también lo es por él mismo. En un momento de la escena eso se hace bien patente, tras estar soportando Henrik los desprecios de Johan dice:
Henrik: ¿Papa, de dónde sale toda esta hostilidad? Johan: Habla únicamente por ti. Cuando tenías dieciocho o diecinueve años intenté acercarme un poco más a ti. Estuviste muy enfermo, y tu madre quería que habláramos de eso. Te dije que sabía que era un mal padre, pero que quería cambiar. Entonces me gritaste, gritaste: "¿Un mal padre? ¡Tú ni siquiera has sido un padre!" Y entonces añadiste para terminar que no me necesitabas, que te dejara en paz. El odio es una emoción a respetar, y yo lo hago. Pero que me odies no me preocupa lo más mínimo. Apenas existes. Si no tuvieras a Karin, que se parece a su madre, tú para mí no existirías, ni siquiera hablaría contigo. Y lo digo sin el mínimo ápice de hostilidad.
Johan y Henrik.
En la parte V vemos, no obstante, la dimensión interesada de Henrik, aquella por la cual, aun a pesar de las humillaciones que sufre persiste. Así, y hablando con Marianne, observamos dos cosas:
1) En una primera fase ovemos su propia auto-invalidación cuando se describe así mismo como que "soy un discapacitado, así de simple. Karin es lo que da significado a mi vida. Bueno, sin ella todo lo demás carece de sentido. Últimamente he pensado en la muerte..." Imaginar la carga que representa eso para una hija, la carga emocional que representa, junto al sentimiento de culpa asociado, ser el significado y el sentido de un padre. Como vemos en la película, Henrik le proyecta además el deseo de que sea una solista de chelo, por eso la prepara con tanta exigencia, a pesar de que no es ese el deseo de Karin, quien más adelante, cuando decide marcharse, le dice: "No creo que valiera para ser solista. Quiero tocar en una orquesta con más gente. Quiero formar parte de un esfuerzo común, no quiero estar sola en un escenario expuesta a todo el mundo..."
2) En una segunda fase observamos el odio que manifiesta hacia su padre, del cual sólo espera que muera para heredar su fortuna. "Tiene una fortuna y no se muere. Que pesado es. Seguramente su maldad le mantiene momificado" para "ipso facto" pasar a hacer una proyección de sí mismo sobre Marianne, a quien dice: "Estás aquí para sacar algo de dinero, como la pobre esposa abandonada y cornuda". Finalmente se hace manifiesto el odio que siente por él: "Le detesto, odio a ese hombre de todo corazón. Le odio tanto que con sumo agrado vería como muere sufriendo..."
Marianne y Henrik.
Obviamente, Johan y Henrik mantienen una relación sado-masoquista de carácter moral que, como ya apercibió Freud se caracteriza por el beneficio que sacan cada uno de ellos de su posición. Del lado del masoquista (Henrik) es la satisfacción de la necesidad de castigo. Del lado del sádico (Johan) se halla en la obediencia al superyo.
IV. LA PRESENCIA "POST MORTEM" DE ANNA.
La parte VI se basa en una carta que Anna escribió a Henrik antes de morir, y que Karin encuentra, y que leerá junto a Marianne. En ella observamos como Anna se ve venir lo que ocurrirá tras su muerte, como Henrik se refugiará en Karin. Y así escribe: "Creo que es bueno que seas su profesor de música, pero tiene que haber un límite, y cuando yo ya no esté aquí, ese límite se va a difuminar [...] no debes aprovecharte de su amor incondicional o le harás mucho daño. Ese dolor que sentirá puede ser permanente, y por eso ahora yo te pido que dejes libre a nuestra hija. No debes aprovecharte de vuestras afinidades..." y añade: "tienes que ser consciente de que es verdaderamente peligroso que rodees a Karin con todo tu amor porque entonces estarás muy perdido".
Y es aquí donde las palabras son importantes. Más allá del amor que Henrik pueda sentir por su hija Karin, algo es más intenso que ese amor que se convierte en posesión de su hija, en un factor limitante para el libre desarrollo de su vida. Me refiero al desamor más que al amor. El desamor que no es más que la falta de amor por sí mismo que busca compensarse a través del amor del otro, un desamor que como un pozo sin fondo se enraiza en un sentimiento de carencia que se construye a partir de relaciones como la de Johan con Henrik, la de un niño que fue despreciado intensamente por su padre. Henrik utiliza a Karin para compensar la pérdida de Anna, y para ello no duda en ejercer el más terrible de los chantajes emocionales que tienen su correspondencia en el fuerte sentimiento de culpa de Karin si piensa en hacer su vida, hecho que se transforma en abandonarle: "si abandonara a Henrik ahora se moriría. Si le dejo a su suerte morirá, estoy segura..."
Hay en esta escena un hecho que me perece importante. Al final de ella vemos las manos de Marianne y de Karin sobre la carta escrita por Anna. Primero oímos la voz de Marianne decir "el amor de Anna", a lo que Karin responde: "esta carta está llena de amor, ¿verdad?", a lo que Marianne responde, retirando la mano de la carta:"No estoy segura..."
¿A qué debe referirse ese "no estoy segura", así como ese "el amor de Anna" que dice al principio? A ni entender esto tiene que ver con la relación de Anna con Karin. ¿En qué medida Anna la protegió adecuadamente de la demanda de su padre? ¿Fue suficiente hablar con su padre a través de una carta? ¿Por qué no hubo una carta o una palabras a Karin al respecto? El silencio en el que estas palabras quedan entre Anna y Henrik abandonan a Karin a la demanda de un Henrik desesperadamente dependiente entregándola a un sentimiento de culpa difícilmente manejable para una joven adolescente: "si abandonara a Henrik se moriría".
Sin embargo, es fácil analizar estas cuestiones. Mucho más difícil es enfrentarse a ellas emocionalmente. ¿Cómo manejar que todo el derecho que tiene un hijo a realizar su propia vida se ve mediatizado por la dependencia de un padre que transmite la posibilidad de morir si se le abandona? ¿Cómo enfrentarse a los sentimientos de culpa en el que hacer la propia vida es asumido como abandono por su padre? - Si tú me dejas hija me sentiré desamparado u otra palabra mejor que no exista. - Creo que el amor de Anna que pronuncia Marianne hace referencia a su amor por Henrik, un amor que intenta protegerle poniendo énfasis en él, pero no en Karin. Quizá por eso Marianne duda y no está segura de ese amor al que Karin se refiere.
V. LA LIBERACIÓN DE KARIN Y LA ACUSACIÓN DE HENRIK.
Finalmente Karin logra tener el valor para poner en marcha su deseo, su verdadero deseo, no el de su padre, el del abuelo o el de Marianne. Por fin toma la decisión que ella quiere. Y todo esto sucede no sin antes de ese momento "edípico" en el que Karin besa apasionadamente a Henrik, quien a su ve también lo hace, a la vez que se retrae del hecho.
El beso de la confusión.
¿Qué significa ese beso? Es el beso de la confusión, el beso de, como dice Anna en la carta , de la difuminación de los límites entre padre e hija (otro buen ejemplo lo hallamos en el comentario del episodio IV del Decálogo de Kieslowski: Honraras a tus padres- pulsa aquí para acceder a la entrada -). Es el beso del deseo incestuoso que registra su atracción y repulsión a la vez. En esa escena se registra algo de lo que está impregnada la escena: la tensión entre querer ser el objeto de su padre y la de querer ser por ella misma. La de delegar su vida en su padre (dice: "papá sabe exactamente lo que es mejor para mi"), o la de asumirla por sí misma.
No obstante, Karin elige por sí misma, elige lo que ella quiere, que no es lo que desea Henrik, ni lo que le propone Johan... elige lo que ella desea para sí misma y lo elige gestionándose así misma (recurre al dinero de su herencia para elegir aquello que le ilusiona). Karin rompe así el vínculo edípico con el padre. Como una especie de presagio, y ante le decisión ineludible de Karin, Henrik le pide que interprete para él la Saraband de la suite 4 para cello, una melodía melancólica por excelencia.
Sarabanda de la Suite Nro. 4 para Cielo de Bach por Mischa Maisky
Finalmente, y en la penúltima escena, asistimos a la noticia de que Henrik ha intentado suicidarse. Finalmente los temores se confirman. La decisión de Karin de satisfacer su deseo se transforma en la sensación de ser abandonado de Henrik. Su hija, según su percepción, hace lo que Anna no hizo: le deja, le abandona, le da la espalda. Y ese abandono le lanza al abandono de sí mismo, a la desesperación al que le sume su propio auto-desprecio, a la severidad y la destructividad del juicio de su superyó. La tensión existencial que puede llevar al suicidio es producto de una percepción de una extrema dureza del entorno en el que el suicida vive, pero que más allá de las dimensiones más o menos objetivas de esta dureza externa, lo cierto es que ésta visión del exterior no es más que una proyección de la propia dureza y destructividad que le habita en su interior. De la misma manera que mediante el mecanismo de la proyección exteriorizamos lo que está en nuestro interior, el acto de suicidio manifiesta una acusación al entorno, un intento de culpabilizarlo pero que, en realidad, responde esencialmente a la insoportabilidad del propio juicio que se tiene sobre sí mismo, un juicio ejercido por un superyó sádico.
Tras asistir una vez más al desprecio de Johan por su hijo, también asistimos a un momento donde la tristeza de Marianne aflora cuando Henrik dice: "Es incomprensible que Henrik tuviera el privilegio de amar a Anna, y ella le correspondiera". Tristeza que manifiesta lo que no fue posible entre ellos.
VI. LA SOLEDAD Y DESESPERACIÓN DE JOHAN.
En la última escena, vemos a Johan despertar lloroso en la noche y arrancar en llanto frente a la puerta de la habitación de Marianne. Es su momento de desmoronamiento, el momento en el que la rigidez de su carácter se agrieta y deja asomar el peso de su soledad.
Pero incluso así, no hay un claro reconocimiento de ello como lo demuestran sus palabras cuando entra en la habitación de Marianne, y cuando esta le pregunta si está bien le responde: "No lo sé. Creo que tengo una crisis de ansiedad. Estoy muy nervioso". Marianne le hace una pregunta y una observación digna de un terapeuta: "¿Cómo que ansiedad, qué quieres decir? Ahora lo veo, estás triste". Aunque él lo niega, es obvio que hay esta tristeza, una tristeza unida también a un profundo miedo. Tristeza y miedo que Johan no puede reconocer, por eso habla de ansiedad:"Es esta ansiedad que me supera. Que intenta salir de mi interior por todos los orificios, por los ojos, por el culo... ¡Es como una gigantesca diarrea mental!" El muro mental que ha construido alrededor de su mundo emocional, de sus sentimientos que ahora, por instantes, se agrieta. A lo que añade posteriormente "sobretodo me gustaría gritar. ¿Qué se hace con un niño gritón que no acepta ningún consuelo y que no se deja ayudar?" El grito de rabia y desesperación que oculta el muro mental, el de contemplar el infierno en el que él mismo ha convertido su vida. La escena acaba con ambos desnudos en la cama, con Marianne acogiendo la vulnerabilidad de Johan y con un breve diálogo que dice: Johan: ¿Me puedes explicar por qué demonios decidiste aparecer por aquí? Marianne: Creía que tú me estabas llamando. Johan: Jamás he llamado a nadie Marianne... Marianne. Bueno, eso es lo que yo sentía. Johan: La verdad es que es bastante extraño. Marianne: Sí, comprendo que no puedas entenderlo - dice un poco molesta -.
VII. TODO SIGUE IGUAL. Como suele ocurrir con muchas películas de Bergman, el instante de esperanza que parece abrirse a través de momentáneas grietas, acaban por cerrarse de nuevo para que todo vuelva a lo de siempre. El epílogo de la película nos vuelve a presentar a Marianne tras la mesa llena de fotografías-recuerdos. Vemos como, en relación a Johan, todo vuelve al lugar de siempre: a la distancia y el silencio. Dice la estudiosa del cine sueco Astrid Söderbergh Widding: "todo parece ser demasiado tardío, en vano. Tiene lógica que las conversaciones y cartas queden finalmente sin respuesta, que se imponga el silencio. El reciente contacto entre Marianne y Johann no llega a nada, una vez más. Pero el mensaje final es, después de todo, otra cosa. El pasado alberga un dolor insoportable; el mañana es vago y oscuro. Las únicas cosas que cuentan es la reconciliación, los torpes gestos de amor en el presente." [3] Sin embargo, si me parece interesante, destacar tres cosas de este epílogo: 1) La incongruencia entre las palabras de Marianne cuando dice: "Si las cosas me van como siempre, todo en orden, todo está en su sitio. Me siento un poco sola, pero supongo que es normal" y la mesa con todas las fotografías desordenadas en la mesa. De la misma manera que Johan no puede contemplar su vida de verdad si entrar en ansiedad, algo parecido parece sucederle a Marianne como nos muestran los siguientes dos puntos: 2) Las palabras de Marianne acerca de Anna: "Sólo me pregunto como fue capaz de aceptar su vida. Pienso en cómo hablaba, en cómo se movía, en su mirada, en esa sonrisa casi invisible, sus sentimientos, el amor de Anna." Una vez más vemos en juego la proyección. Esa frase, perfectamente, podría adaptarse a Marianne como reapropiación: "Me pregunto cómo he sido capaz de aceptar mi vida. En cómo he hablado, cómo me he movido, en mi mirada, en mi sonrisa casi invisible, en mis sentimientos, en el amor de Marianne..." Y, en ese sentido, llega el tercer y revelador punto que esclarece ese amor de Anna, y ese amor también de Marianne. 3) El relato del encuentro con su hija Marta en el psiquiátrico acompañado de las imágenes en las que Marianne le acaricia el rostro, y cuando al quitarle las gafas abre sus ojos como saliendo momentáneamente de su catatonia para encontrarse con los ojos de su madre - mientras suena de fondo la Sarabanda de Bach -. Añade entonces Marianne: "Entonces pensé en la enigmática sensación de que por primera y quizá única vez, en toda nuestra vida, me di cuenta, sentí, que estaba tocando a mi hija, mi niña..." Tremendas palabras de Marianne que ponen de relieve el que quizá es el tema esencial de la película: cómo las relaciones de los adultos entre sí, de pareja, de amantes, afectivas, ignoran en muchas ocasiones a sus hijos, y que todo ese aparente amor que se dice tener por la pareja, es un olvido, un desamor hacia los hijos, niños, adolescente, víctimas de manipulaciones, de abandonos, de sobrecargas y roles que no les tocan... Es una película que nos invita a reflexionar acerca de cómo es el amor por nuestros hijos cuando andamos tan enfrascados en nuestro amor, o desamor, por nuestras parejas o amantes. Cómo nuestros hijos son el resultado de nuestros desorden y caos afectivo.
Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el señor, tu Dios, te va a dar. (Éxodo, 20, 12)
Decálogo 4 nos plantea la historia de un padre, Michal (Janusz Gajos) y de su hija Anka (Adrianna Biedrezinska), cuya relación se va a ver perturbada por el descubrimiento de una carta dirigida al futuro dejada por una madre que falleció cuando su hija tenía unos pocos días para ser leída por esta cuando Michal muera... Como vamos a ver, en este episodio volvemos a tener la mentira como un elemento decisivo tanto en el desencadenamiento de los hechos como en el de su reordenamiento, volviendo a plantearnos el tema que Zizek indica al respecto sobre si podemos sostener una vida mediante una mentira que la fundamenta. Por otro lado, y como ya es habitual en Kieslowski, el mismo mandamiento será puesto en una situación paradójica.
I. INTRODUCCIÓN: LA EVANESCENCIA DEL LÍMITE.
Antes de la partida de Michal por un viaje de trabajo, vemos a Anka observar un sobre que pone "Abrir sólo tras mi muerte". Seguidamente podemos ver unas imágenes que nos muestran la buena relación que parece existir entre padre e hija. No obstante, también podemos observar algunos detalles como alguna mirada de Michal a su hija, o como éste escucha una conversación de su hija con su novio en la que Anka dice que pueden estar tranquilos que "me ha venido el periodo esta mañana. Gracias a Dios".
Anka y Michal.
Tras despedirse en el aeropuerto Michal le dice a Anka que haga unas gestiones que se le olvidaron y le dice un cajón donde están los recibos que tiene que pagar... Y, curiosamente, en este cajón está también el misterioso sobre... Sigue luego una curiosa escena simbólica en el oculista, cuando Anka se está revisando la vista:
Oculista: ¿Tienes problemas de visión? Anka: Sí, ayer vi despegar un avión, se volvió un mancha borrosa. Al final sólo era una forma difusa. Y luego recordé que sólo veo bien los números de los autobuses cuando están muy cerca. La oculista le coloca entonces un foroptor (aparato oftalmológico de lentes de prueba) y le empieza a señalar letras en los optotipos (paneles con diferentes tipos y tamaños)... Anka: ... F ... A ... T... H ... E ... R ... Father (Padre) [...] Anka: ¿Por qué eligió esta palabra? Oculista: Reviso la inteligencia a la vez. Anka: Mi padre subió a aquel avión que no pude ver claramente.
Curiosa escena donde se avanza aquello de lo que el episodio va a tratar, de la figura del padre que se torna evanescente y difusa en su función...
... F ... A ... T ... H ... E ... R ... Father
Anka prosigue observando el sobre... haciéndose clara la tentación de abrirlo. Luego, sentada delante de un lago la vemos con el sobre y unas tijeras. Justo cuando ya va a abrirlo se ve interrumpida por el personaje que ya hemos visto en los anteriores episodios del "Ángel del destino", un remero que sale del agua con su canoa a cuestas y que se queda mirándola interrogativamente. Guarda el sobre de nuevo y suelta las tijeras... Más tarde se hace clara que dentro del sobre hay otro sobre que pone: "Para mi hija Anna".
Sigue entonces otra escena simbólica. Anka está estudiando teatro y ensaya una escena de Romeo y Julieta con su novio Jarek, también estudiante. El profesor insiste a Anka en que se concentre... "Se supone que le quieres" - le dice -. Se establece entonces el siguiente diálogo entre ella y el profesor:
Anka: ¿Porqué le quiero? No sé qué significado oculto tiene. Profesor: ¿Cómo que no? Todos tenemos algo por lo que ser amados. Anka: Pero por qué le quiero. Profesor: Encuentra una razón. Anka: Pues... Profesor: Porque te está mirando embobado. Anka: Bueno si usted lo dice.
Sigue entonces el ensayo y el profesor le sigue indicando que no está concentrada hasta que él mismo la coge y recita el texto de Shakespeare: "Diciendo buenas noches otra vez no dejaría que te durmieras". El rostro de Anka muestra su sorpresa... "Lo ves, ahora estás concentrada".
"Diciendo buenas noches no dejaría que te durmieras..."
El cambio de interés de Anka que va de su interpretación desinteresada con Jarek, el que es su compañero y novio (¿Por qué le quiero?) a la concentrada cuando es sorprendida por su profesor en el papel de Romeo es obvio. Una nueva indicación de Kieslowski sobre lo que se va perfilando como el movimiento de algo que le ocurre a Anka con su padre: la evanescencia del límite que establece la función paterna conocida como el tabú del incesto.
Vemos luego a Anka revolviendo un bolso (que luego sabremos que es de su madre) y observando una foto que se halla entre su contenido. De él extrae también un sobre idéntico al sobre misterioso que su madre ha dejado para ella. Luego la vemos escribiendo, como intentando imitar la letra de la madre, en el sobre en blanco...
II. LA TRAMA: CRUZANDO EL LÍMITE.
Seguidamente vemos a Anka esperando en el aeropuerto la llegada de su padre. Le espera con una seria expresión en su rostro. Tras insistir Michal en que le ocurre, Anka empieza a decir ante el rostro de circunstancias de su padre:
Mi querida hija, no sé cómo serás cuando leas esta carta. Debes ser ya mayor, y Michal debe de haber muerto ya. Ahora eres un bebé y sólo te he visto una vez. Ya no te traen más porque me voy a morir. Tengo algo importante que contarte. Michal no es tu padre. Aunque no importa quién es tu padre. Fue una estupidez, un error. Sé que Michal te querrá como una hija. Estoy segura que estarás bien con él. Intento imaginarte en el momento en que leas esta carta, en tu casa. Tienes el pelo oscuro ¿verdad? Tus manos son delgadas y tienes un cuello suave. Me hubiese gustado tanto verte... Mamá.
El padre le da una bofetada y se va...
"Michal no es tu padre"
Tras las primeras reacciones de unos y otros (Michal rompe el cristal de una puerta después de propinarle una patada y Anka le dice a la madre de Jarek que quiere casarse ya, que Michal no es su padre) se produce luego el encuentro. Este se da en un ascensor y, como ocurre con los otros episodios, aparece también en él el protagonista de otro, en este caso del Doctor del episodio 2. Cosa nada gratuita viendo el desenlace que este episodio va a tener. Luego Michal y Anka bajan al sótano donde le muestra el bolso de la madre (el que antes ya había hurgado Anka) y la foto que antes ella había mirado (una foto que muestra dos mujeres y dos hombres, una de ellas su madre). Michal le dice que cree que uno de los dos puede ser el padre. Veamos el diálogo que se establece entre ellos:
Anka: ¿Cuándo lo supiste? Michal: Nunca estuve seguro. Aunque siempre lo sospeché. Anka: Me has decepcionado. Michal: Nunca me preocupó. Siempre has sido mi hija. Anka: Debiste decírmelo. Michal: En principio pensé en darte esta carta cuando cumplieses los diez años. Pero eras demasiado joven. Entonces decidí dártela cuando cumplieses quince. Entonces ya eras demasiado mayor. Así que lo metí en aquel sobre amarillo. Anka: Que fácil. Michal: Pensé que no cambiaría nada entre nosotros. Anka: Pero una mentira... es una mentira.
Veamos aquí como nos encontramos con la primera extrañeza. El sobre debía haber sido entregado a la hija no tras la muerte de Michal, eso lo determinó él al ocultarlo en el otro sobre. La siguiente escena pone de relieve un segundo tema... Michal había hecho lo posible en este viaje para que Anka lo descubriera... Anka le dice que leyó la carta porque él quería que lo hiciera, lo cual se revela como cierto. Sigue entonces el momento crucial, cuando Anka le revela "el significado oculto" de que ella la haya leído:
Desde hace años, intuía el significado de esa carta. Cuando tuve mi primer novio sentí que estaba traicionando a alguien. No podía entenderlo. Pero eras tú. Siempre estoy buscando a alguien. A otra persona. Cuando alguien me toca pienso que son tus manos. Cuando estoy cerca de alguien no estoy con él, sino... (se lleva las manos a la boca) ¿Cómo debo llamarte ahora?
No lo sé - responde Michal -.
"¿Cómo debo llamarte ahora?"
- El deseo de Anka por su padre. El límite ha sido cruzado. Anka, al verse librada aparentemente de la paternidad biológica de Michal, puede liberar y manifestar su deseo por él. Como dice Nasio en su libro sobre El edipo, este momento se correspondería con el segundo momento edípico: La niña desea a su padre.
quiere ser el objeto del padre. ¿Qué significa esto? Significa que la pequeña quiere ser ella misma, en su totalidad, el preciado Falo. En otros términos, quiere llegar a ser la preferida del padre [...] al deseo incestuoso de ser poseída por él... [1]
Como dice Zizek en su comentario: la hija "honra al padre" bajo la forma de un ardiente deseo incestuoso hacia él [1]. Se desatan entonces unos momentos de fuerte intensidad emocional en los que junto a la desesperación de Anka (quiere que su padre hable y esté con ella) se une una cierta confusión de Michal. Tras unos momentos de enfado Anka retoma seguir hablándole a Michal y la situación sigue clarificándose:
Anka: Siempre me he sentido culpable en la cama. Y ahora sé por qué. Te estaba engañando de algún modo. Michal: Yo nunca lo he sentido. Anka: Vamos a establecer unas normas. Si mientes y te pillo debes admitirlo, ¿Vale? Michal: Muy bien. Anka: Mentiste al decir que nunca sentiste eso. Michal: Si. Anka: Lo sentiste. Michal: Lo sentí. Vives como te place. Eres libre de hacer lo que quieras. Yo finjo que no me cuesta. Incluso si quisieras casarte con ese Jarek, no te diría que no, a pesar de que sé que te gustaría si te dijera que no. No tengo derecho a prohibirte nada. Si te prohibiese algo o te forzara a hacer algo me consideraría celoso. No celoso como un padre hacia su hija. Serían como los típicos celos masculinos. Sobre una mujer. Yo nunca quise que fuese así, pero así es como ha sido. No sé por qué.
"No tengo derecho a prohibirte nada".
- Introyección paterna y fidelidad al amor por el padre omnipresente. Observamos que la hija es el resultado del padre... Un padre cuya función paterna se disuelve con su propio deseo incestuoso y la culpa que siente por él. Michal justamente enuncia el resultado de compensar la función de límite que debería ejercer como padre con el exceso de libertad con el que deja a la hija por la culpa que siente como hombre: No tengo derecho a prohibirte nada.Curiosamente la consecuencia de la culpa de Michal por su deseo se transforma en la culpa de Anka por traicionarlo.
En esta fase asistimos, hablando en términos edípicos, a la manifestación del padre introyectado cuando ésta no está compensado adecuadamente por la madre con la consecuencia de lo que Nasio llama el desarrollo de una de las neurosis femeninas más tenaces, la histeria de amor:
que consiste en el rechazo del vínculo amoroso. La mujer enteramente habitada por su padre fantaseado no puede comprometerse en una relación amorosa duradera; todos sus receptores de amor están saturados por la omnipresencia paterna. No forma pareja sino que queda intensamente impregnada de su padre amado; permanece sola e insatisfecha pero colmada por su pasión secreta. No es resentida ni odiosa respecto de los hombres, sencillamente se retira de la vida amorosa y sexual. En suma, prefiere conservar a su padre interior antes que comprometerse en una relación afectiva, siempre frágil, en la cual se siente expuesta de ser abandonada. [2]
Sigue entonces un ejemplo de las consecuencias de ese "no derecho a prohibir". Michal encontró a su hija con un chico en la cama hacía tres años y simplemente se fue y les dejó... Unos momentos después Anka le dice que hace un año quedó embarazada y abortó... El diálogo que sigue es muy interesante:
Michal: Escúchame. Te dejaba sola porque deseaba que sucediese algo irreversible. Pensé que sucedería con el primero. Pero no. Desde entonces sueño que tendrás un bebé. ¿Entiendes? Anka: Por eso aborté. Porque lo habrías aceptado sin remilgos. Y por eso tampoco te conté nada. Temía que me dijeses: "Bien, aborta si así lo deseas, no pasa nada cariño". ¿No pensaste que yo no quería que ocurriese nada irreversible? ¿Para qué quería que tuviese un bebé? Solo querías que las cosas sucediesen si verte implicada en ellas, al igual que la carta.
Michal espera que el mundo externo realice la función de separación que él no realizó, y la libertad que aparentemente le da a su hija no hace más que confirmar su deseo y cautivar el de Anka.
- Falla del la ley paterna: El exceso de sensualidad en la relación padre-hija.
Finalmente Anka descubre a su padre, el padre que refugió su afecto en su hija y que sintiéndose culpable no se dio el derecho a prohibir, sobrecargando a su hija con ese exceso. Queda muy claro en las palabras de Anka:
Cuando era pequeña me acariciabas la espalda cuando lloraba. A veces lloraba a propósito para que me acariciases debajo del pijama. Me estremecía. Nunca has querido que creciese verdad - Michal asiente -. Querías que siguiese siendo una niña - Michal sigue asintiendo -. Aunque tenía pecho no querías que llevase el top del bañador. Cuando tuve la regla por primera vez, me llevaste a las montañas para pararlo. Y no te casaste nunca, ni con Marta ni con ninguna otra. Me daban miedo. Miedo innecesario porque nunca te volviste a casar. Estabas esperándome verdad. Estabas esperando. Si. Tenía que ocurrir [...] Yo no soy hija tuya - tras quitarse la blusa y mostrarse desnuda ante Michal -. Y ahora ya soy una mujer. ¿Quieres tocarme? ¿Quieres?
"Yo no soy tu hija. Y ahora soy una mujer. ¿Quieres tocarme?"
Esa escena parece hacer realidad aquello que muchas niñas dicen de su padre: "cuando sea mayor me casaré con él". En todo caso aparece en ella ese exceso de sensualidad que precisamente en ese exceso deriva en traumatizante. Dice Nasio al respecto:
la persona experimentó un traspiés; si, el niño edípico sufrió la experiencia de haber sido superado por un placer erógeno demasiado intenso que se apoderó de él. Su yo, aun inexperto, no supo contener la impetuosidad de un deseo enloquecedor ni asimilar el excesivo placer resultante. ¿Deseo o placer?, dirá el lector. Es perfectamente equivalente pues,como hemos visto, el niño edípico vive las sensaciones, el deseo y el placer como una misma cosa. Nosotros somos quienes separamos los elementos de esa totalidad. Es por ello que, cuando el placer erógeno es excesivo, el yo infantil queda traumatizado. [...] Así es como se moldea, en el inconsciente virginal del niño, el prototipo de una escena fantaseada en la que se ve seducido por uno de los padres. [3]
Anka finalmente revela no el abuso de Michal, por lo menos el abuso consciente, pero si el inconsciente... Observamos en Anka algo que está presente en la neurosis histérica en la que el sometimiento al padre se transforma en rebelión contra el hombre, rebelión causada por la angustia tanto a depender de él como a ser abandonada por él. Todo ello, finalmente, deriva en una fuerte incapacidad para amar. Como vimos en la anterior entrada en el caso de Chris McCandless, la falla de la metáfora paterna en el caso de Anka implica que la ley se invierte quedando a merced del deseo paterno a la vez que le prohíbe el acceso a los otros hombres y, además, le dificulta la identificación con lo femenino a través de la madre (exceso de introyección paterna y déficit de identificación materna).
III. EL FINAL Y RESTAURANDO EL LÍMITE: LA RESTAURACIÓN DEL PADRE.
Ante la desnudez de Anka, Michal reacciona tapándola con una chaqueta... Surge a partir de ese momentos el porqué de las mentiras. Anka le solicita una última pregunta que no es más que por qué quería que leyera la carta. Michal le responde:
Porque deseaba lo imposible [...] Por eso hoy, por primera vez, te he pegado... Por haber leído la carta. Por querer que la leyeras. Y por mamá. Porque en esa carta te dice cosas que a mí nunca me contó. Porque te quiero y no eres mi hija. Porque todo podría haber sido tan diferente. Y porque los días que dejamos atrás ya nunca vuelven. Por las veces que me acariciabas la espalda cuando lloraba, el Rey del Caramelo - dice Anka -. El Paje Pastelito, la Princesa Mazapán - sigue Michal -. Y ambos susurran una canción de la niñez.
Luego sigue la escena final en la que Anka, despertándose por la mañana y pensando que su padre se va al verle partir con una bolsa desde la ventana, le grita diciéndole que le ha mentido. Sale corriendo hacia él y le confiesa que ha mentido. Que la carta la escribió ella - en ese momento pasa el "Ángel del destino" con su canoa a cuestas como antes delante del lago. Apareció en la gestación de la mentira y surge ahora en la manifestación de la verdad. El padre simplemente iba a comprar leche... Surge entonces la cuestión de qué hacer con la verdadera carta... Ambos padre e hija deciden quemarla.
La Carta que no llega a su destino.
Finalmente queda una pequeña parte lateral visible de la carta. Anka lee: "Mi querida hija... Me gustaría decirte algo muy importante. Michal no es..." El resto de la carta está quemado. El episodio acaba enfocando la cámara la foto en la que la madre sale entre los dos hombres...
Este final se abre a distintas reflexiones. Dice Zizek en su comentario:
Padre e hija queman de común acuerdo la carta de la madre, asumiendo así la ignorancia como base de la relación: no una mentira, sino una retirada consensuada de la verdad, una actitud de "es mejor no saber". ¿No saber qué? No saber la verdad sobre la paternidad contenida en la "carta de una madre desconocida". En éste caso para mantener el frágil y delicado equilibrio libidinal de la vida diaria, es preciso que la carta NO llegue a su destino. [4] IV. REFLEXIONES FINALES.
Es curioso precisamente que esta renuncia a la verdad que implica honrar al padre se base paradójicamente en no honrar la madre, en no respetar su voluntad de que la cartaSI llegue a su hija. Una vez más Kieslowki nos pone ante la mentira como desencadenante y la paradoja ante las lecturas absolutas de las leyes:
En primer lugar el ocultamiento del sobre de la hija para la madre en un sobre posterior que Michal pide sea abierto tras su muerte. En segundo lugar la mentira del sobre supuestamente abierto que dice Anka haber leído. En tercer lugar la verdad que se decide que no va a ser revelada para aplacar lo que la mentira sobre el supuesto sobre leído ha desatado. En cuarto lugar, y finalmente, qué verdad o que mentira quizá no revelada por la madre dejó pendiente en ese sobre.
Y al mismo tiempo la paradoja. La mentira de Anka revela la verdad del amor incestuoso entre padre e hija. El sobre de la madre, cuyo contenido es finalmente desconocido, revela la verdad del miedo del esposo y del miedo a los ambiguos sentimientos del padre hacia su hija y, finalmente, la renuncia a saber de padre e hija les devuelve a su equilibrio... El teatro (como también anuncia la escena de Romeo y Julieta) como fuente de revelación de verdades ocultas que finalmente permiten hablar a padre e hija de aquello que es necesario hablar entre ellos para fundamentalmente decidir, y esa decisión es finalmente seguir como padre e hija.
Obsérvese como con cada episodio de Decálogo que vamos comentando, Kieslowski se mueve a partir de las bases propuestas en el primer episodio en el que poniendo en suspenso la existencia del absoluto se nos devuelve a la situación de vulnerabilidad y complejidad de la condición humana. Ese mismo suspenso se aplica a la ley como absoluto para entrar no en su administración ciega sino el espíritu de la ley,aquella que es animada por una voluntad de justicia que nos invita a pasar de la norma moral a la reflexión ética, de la mirada culpabilizadora a la mirada compasiva. Del castigo al aprendizaje de la libertad y del amor y de sus complejas relaciones, estos los grandes aprendizajes como camino de vida del ser humano.
__________________
(*)VER LA PELICULA EN YOUTUBE:https://www.youtube.com/watch?v=ZqHymM_eG5w
_________________
[1] Nasio, Juan David. El Edipo. Concepto crucial psicoanálisis. Paidós, págs 61 y 62 [2] Ídem anterior, pág.
[3] Ídem anterior, pág. [4] Zizek, Slavoj. Lacrimae rerum. Ensayo sobre cine moderno y ciberespacio. Debate, págs. 21 y 22
__________________
SERIE DECÁLOGO (pulsar en título para acceder a la entrada)