La Tierra es cruel, no debemos llorar por ella… Nadie la echaría de menos… Lo único que sé es que la vida en la Tierra es cruel (Justine)
Melancolía (Melancholia, Lars von Trier, 2011) es, desde mi punto de vista, una de las mejores películas dirigidas por el director danés, quien es también autor del guion. Es una película de una extraña belleza que, desde principio a fin, entronca con esa dimensión de la melancolía propia del amor romántico (la destrucción como liberación), entendido como amor a la muerte, y estructurada en dos partes, cada una de ellas dedicada a las hermanas protagonistas: Justine (Kirsten Dunst, en mi opinión una de sus mejores interpretaciones) y Claire (Charlotte Gainsbourg, también excelente en su papel).
La película toma como metáfora la aparición del planeta Melancolía cuya órbita colisionará con la Tierra, metáfora del colapso de Justine presa de su depresión melancólica en la primera parte; y del colapso de Claire, y también de John (Kiefer Sutherland), y de su "mundo perfecto" encarnado en un supuesto orden, formalidad y racionalidad que tiene como escenario la gran mansión de John.
Ambas hermanas intercambiarán los papeles en cada una de sus partes: Claire intentando ser el soporte de Justine en la primera para que encaje dentro de su mundo perfecto; Justine siéndolo para Claire ante el inminente fin del mundo y el fin de la vida.
Como veremos, la película, tanto en su argumento como en sus imágenes resuenan algunas ideas del filósofo danés Soren Kierkegaard expuestas en obras como, especialmente, La enfermedad mortal [1]. También la contemplaremos desde dimensiones psicológicas como la teoría del apego y la visión de la depresión melancólica propia del psicoanálisis.
I. EL INICIO.
El inicio de la película está marcado por la música que la acompañará hasta su final, el Preludio de Tristán e Isolda, y en el que la tristeza melancólica y la desesperación alcanzan altas cotas con el acorde con el que se inicia (conocido como "el acorde de Tristán") y esa melodía que se eleva y se eleva en un crescendo de las cuerdas y vientos de la orquesta que no cesa, esa desesperación y dolor que transmiten un esfuerzo por alcanzar lo inalcanzable (el deseo, el dolor y la angustia de un amor imposible). Desesperación que ya se ve en la sucesión de imágenes a un ritmo extremadamente lento con las que empieza la película, imágenes bellas y, sin embargo, con esa belleza que va acompañada de una inexorable decadencia, de una caída en el abismo de la muerte.
Así, la primera imagen nos muestra el rostro triste de esa muerte en vida que caracteriza la melanconlía que invade a Justine, y que la psicoanalista Julia Kristeva describió utilizando la metáfora del Sol negro [2] para describir esa profunda tristeza que invade la psique, a la vez que, como el Sol, brilla en el centro de la psique y de la vida del sujeto, en este caso de Justine. Tras su rostro empezamos a ver como caen muertos multitud de pajarillos que nos sugieren esa dimensión donde la muerte y la vida parecen darse la mano.
La imagen de Justine contrasta con la siguiente que nos muestra el impecable jardín de la mansión de John y Claire, el mundo aparentemente sereno, ordenado y racional que parece vivir sostenido en sí mismo. Todas las imágenes que siguen representan en cierta forma la catástrofe final, aunque de todas ellas destacaré dos:
En la primera vemos a Claire cargando a cuestas a Leo, su hijo, mientras sus pies se hunden en el césped del campo de golf de la mansión bajo una lluvia de cenizas, imagen que nos sitúa ante la fragilidad de ese mundo en el que Claire y John creen vivir seguros ante la presencia de las fuerzas cósmicas, y que nos recuerda el sentimiento de nada, de lo ínfimo del ser humano ante la manifestación de lo grande, fascinante y terrible que Rudolf Otto describió como lo numinoso [3].
La segunda imagen es la de Justine flotando sobre un arroyo, vestida de novia y con las flores entre sus manos reposando sobre su vientre, y en la que es una reproducción del cuadro de Ofelia, del pintor prerrafaelita John Everett Millais [4], el personaje del Hamlet de Shakespeare que muere ahogada tras enloquecer de dolor. La imagen representa la entrega pasiva a la corriente del dolor y del sufrimiento, y a esa belleza trágica que parece envolver el destino de estos personajes.
Estas dos secuencias nos ilustran la inversión que sucederá en las dos partes de la película. Si bien las dos primeras imágenes oponen la desesperación de Justine ante el mundo ordenado de Claire y John, estas dos últimas oponen la desesperación de Claire ante el derrumbe de su mundo y la entrega calmada y serena de Justine al inevitable y deseado fin.
Finalmente, la secuencia de imágenes nos muestra la catástrofe final, el choque de Melancolía con la Tierra, que más parece una absorción que un choque. En cierta manera nos recuerda ese abrazo de la muerte que tanto representó en el arte el romanticismo, o en una versión más terrible, y clásica de la melancolía, al Saturno de Goya [5].
II. PRIMERA PARTE: JUSTINE.
... bastan un encuentro frustrado, un enfado momentáneo, el estremecimiento ante la belleza de un niño, parz descubrir cuan inseguro es el suelo en el que tratamos de organizar. Nuestra vidas, como si fueran eterna. [6]
El director elige el día de la boda de nuestra protagonista para ejemplificar, en esta primera parte, el choque entre el melancólico y su esfuerzo - también por la demanda - por encajar en el mundo aparentemente "feliz, ordenado y racional". A modo casi premonitorio, esta parte se inicia mostrándonos una larga limousine en la que van los novios, Justine y Michael (Alexander Skarsgard), y que no pueden seguir debido a que el tamaño del coche "no encaja" en la estrechez del camino que lleva a la mansión de John y Claire. Esto les obligará, finalmente, a seguir a pie, por lo que llegarán, entre unas cosas y otras, con dos horas de retraso a la celebración, con el consiguiente disgusto de Claire.
A partir de este momento se inicia el desastre en el que desemboca la boda. Después de este inicio con retraso, la boda parece iniciarse con normalidad. Una boda en la que todo está protocolizado y milimetrado por un experto en este tipo de eventos (Udo Kier), cuadratura que nos recuerda la segunda imagen que nos muestra la película, un césped perfecto en estructura simétrica, matorrales podados, todos iguales, alineados y en, primer plano, un reloj de sol.
Este tipo de construcción, y desde un punto de vista Kierkegaardiano, lo podemos considerar como una estructura defensiva ante la desesperación que habita en el ser humano, lo que el filósofo llamó desesperación inconsciente, un yo desesperado que alienado en este tipo de mundos no sabe que está desesperado. El refugio en las formas y las apariencias son una ocultación de un yo que sufre
Sin embargo ocurre un suceso, al que seguirán otros, que irán cambiando el ánimo y la actitud de Justine hasta llevarla al pozo de la depresión.
- Los padres de Justine (y de Claire)
En los parlamentos que se dirigen hacia la novia pronto salta, más que la participación en su supuesta felicidad en ese día, el odio que sus padres se tienen. Dexter (John Hurt), un diletante padre (y ejemplo perfecto del estadio estético de Kierkegaard), que tras unas breves palabras para Justine aprovecha la ocasión para despreciar a su madre:
"Qué puedo decir sin hablar de tu madre, mi esposa en otro tiempo, y es lo que menos me apetece hacer, pero no creo que desvele ningún secreto si digo que puede ser dominante a veces...",
lo que provoca la reacción inmediata y airada de Gaby (Charlotte Rampling), la madre:
"¿Dominante? eso es una estupidez. Para quienes no me conozcan soy la madre de Claire y Justine. Si tienes alguna ambición, desde luego no es algo heredado de la familia paterna. Si, no he ido a la iglesia. No creo en el matrimonio [...] Sólo tengo una cosa que añadir: disfrutad mientras dure. Yo personalmente detesto el matrimonio, sobre todo cuando afecta a los miembros más cercanos de mi familia"
Inmediatamente desde ese momento Justine se desestabiliza (abandona la sala de fiestas acompañada por la música de Wagner), lo cual Claire también percibe. y que retirándola momentáneamente de la mesa de nupcias le dice: "Escúchame, acordamos que esta noche no montarías ninguna escena...". Esta frase resume excelentemente el mundo de las formas y apariencias. pase lo que pase el espectáculo debe continuar. No deja de ser curioso que Claire le diga eso a su hermana, cuando todos acaban de asistir a la escena que han montado sus padres. Sin embargo... hay que mantener las formas.
En dos escenas más veremos como ambos padres no ofrecen ningún soporte a Justine, que cada vez se está desmoronando más ante lo que está sucediendo.
- La madre.
En una de ellas recurre a su madre para hablarle de que tiene miedo, el miedo de quien siente que se está desmoronando, un miedo que ella no sabe comprender, ni, por tanto, acoger, y que solo es capaz de contemplar desde su rigidez:
Justine: Tengo miedo mamá... me cuesta caminar como es debido.
Gaby: A-un pues ir tambaleándote. Sal de aquí tambaleándote. ¡Deja de soñar, Justine!
Justine: Estoy asustada mamá.
Gaby: Todos estamos asustados. ¡Olvídalo! ¡Lárgate de aquí!
Gaby es la imagen justa de lo que Kierkegaard definió como la desesperación por querer ser uno mismo, una desesperación que se refugia en la obstinación y el desafío, en una falsa reafirmación de un yo que esconde, como en ella, una profunda decepción y amargura. Esto la hace una incapacitada para escuchar con empatía y sensibilidad a su hija. No puede hablar más que desde su propia posición.
Hay una imagen que representa la distancia que separa a la madre de su hija. Esta acontece en una de las celebraciones en la que se elevan en la noche los clásicos farolillos chinos volantes. Mientras todos participan de ella, Justine contempla con tristeza a su madre, quien alejada contempla el acontecimiento como lo que considera una estupidez. Toda la escena transcurre, como en tantas otras, bajo el Preludio de Wagner, y donde la aparente alegría que reina esconde esa desesperación que habita en Justine, quien, y siguiendo a Kierkegaard, representa el tipo de desesperación de quien no puede asumirse a sí mismo deseando para sí la destrucción, o en la fórmula melancólica romántica, haciéndose amante de la muerte.
Estas escenas nos ponen en relación con una dimensión que desde la teoría del apego (John Bowlby), o desde el psicoanálisis relacional (Winnicott, Balint, Fairbairn), nos permite relacionar la melancolía con un origen preverbal en el que está implicado una falla grave en el sostén y el cuidado maternos (o de los cuidadores implicados, en general) en los primeros meses del bebé. En este sentido, me parece importante indicar el punto de vista de Fairbairn, que se puede relacionar con la teoría del apego, quien postula que ante la frialdad, el rechazo o la negligencia paterna, el niño prefiere internalizarlos como objetos malos y culparse a sí mismo para así poder preservar los padres como entorno seguro. Es algo que observamos en Justine quien, a pesar de todo, persiste en querer sentir a sus padres cerca de ella, busca su sostén, su apoyo, su consejo, como si perderlos a ellos fuera perderse a sí misma, que es lo que acabará sucediendo.
Aunque no es este el lugar para desarrollarlo, sí quiero indicar que, desde mi punto de vista, la melancolía puede estar relacionada con una falla estructural en el psiquismo del niño, como ya proponía Kristeva. Sin embargo, y a diferencia de su planteamiento, yo entiendo esta falla como consecuencia de graves deficiencias en el sostén y el cuidado, con la consiguiente interiorización del objeto malo, gestionada posteriormente mediante sentimientos de culpa y necesidad de castigo, y que, a su vez, dificulta la separación de esas figuras parentales.
- El padre.
Winnicott destacó la función estabilizadora que supone para el niño contar con dos figuras parentales, de modo que una pueda permanecer como figura amorosa mientras la otra recibe momentáneamente el odio. Podemos comprender, por tanto, que las cosas se compliquen seriamente cuando ambas figuras fallan en su función de sostén [7]. Hemos visto la actitud de la madre de Justine, pero la imagen que la película nos da del padre no es ni mucho menos mejor. Diletante, seductor, gozador de placeres, es incapaz de atender emocionalmente a su hija, mostrándose como ejemplo perfecto de "padre a la fuga" cuando su hija más le necesita. Si la madre no puede ofrecer más que su posición inflexible y su rigidez, el padre no puede ofrecer más que su inconsistencia con su correspondiente huida. Puede bailar con ella, bromear, decirle palabras bonitas, pero no escucharla y sostenerla. Es ahí donde surge su inconsistencia.
"Por favor, papá, necesito hablar contigo [mientras pide que se le busque una habitación para quedarse a dormir] ¡Así podremos desayunar juntos por la mañana!" - le dice Justine. Se la ve contenta y feliz cuando Dexter le dice que si y le abraza fuertemente. Sin embargo, aquí se puede observar la brutalidad de la inconsistencia de este tipo de padre que, finalmente, decide irse sin despedirse de ella y dejándole una simple nota en la que incluso confunde su nombre con la de dos chicas con las que había estado flirteando:
A mi querida hija, Betty: Estoy todo lo orgulloso que puede estar un padre. No he conseguido encontrarte. Me han ofrecido llevarme a casa y no he podido decir que no. Nos vemos pronto. Besos de tu estúpido padre.
La siguiente imagen de la película nos muestra por unos largos segundos a Justine sola, abandonada en su tristeza, con esa desesperación que, como diría Kierkegaard, desespera de sí misma.
Estos acontecimientos vividos con los padres también se manifestarán con el que es su Jefe en una empresa de publicidad, Jack (Stellan Skarsgaad), y padrino del novio, quien no obstante y el momento, perseguirá a Justine para que le dé una idea o slogan para una campaña, y al que despachará ya harta de él: "Nada es demasiado para ti Jack. Os odio a ti y a tu empresa con tanta fuerza que no soy capaz de expresarlo con palabras. Eres un hombrecillo despreciable sediento de poder, Jack"
Finalmente también con Michael se complicará, pues a pesar de amarla tampoco parece captar bien lo que le sucede. Hay un momento clave en que, cuando ya están solos en la habitación, vemos a Michael disponerse para "hacer el amor". Justine se da cuenta de ella y le pide: "Puedes sentarte un ratito conmigo", y aunque está claro que la demanda de Justine es otra (una vez más estate conmigo, a mi lado, acompáñame en este momento, sostenme un poco), él persiste en querer besarla y acariciarla, en hacer el amor con ella, y ante su ruego de que pare, él sigue insistiendo... Al final, delicadamente, pero también de manera obvia, Justine se va de la habitación.
Estas dos últimas acciones parecen un acto donde Justine corta definitivamente con el mundo, con ese mundo que luego definirá como cruel, a la vez que la precipita en el "Sol negro", en el mundo de la depresión melancólica.
III. SEGUNDA PARTE: CLAIRE Y EL ENTRE DOS MUERTES DE JUSTINE.
En este Universo todo se tambalea un poco, lo suficiente para que los objetos del universo "habitual" sigan perfectamente visibles, pero pierdan su coherencia. Ya no pueden relacionarse unos con otros, no hay nexos entre ellos, al menos en el sentido según el cual buscamos explicaciones para todo y luego también las encontramos. Aquí no hay nexos, pero se percibe claramente que gracias a una fuerza lejana, indefinible e inidentificable, las cosas no son ajenas las unas a las otras. (László Földényi) [8]
La segunda parte lleva por título el nombre de la hermana de Justine: Claire. Esta es la hermana que se hace cargo del estado depresivo y profundo en el que se halla Justine, estado que coincide con la llegada del planeta Melancolía que pasará cerca de la Tierra, pero, en principio, sin que vaya a impactar con ella. Claire la cuida y le procura el máximo bienestar posible dentro de su mundo. La intenta integrar en su familia, pero Justine ya habita "otro lugar", su dolor, como un "sol negro", ha teñido todos los recovecos de su alma
Como vimos en Sueño de Trenes [9], en la historia del leñador Robert Grainier tras la muerte de su familia (su esposa y su hija), tras el episodio de la boda Justine entramos en ese espacio llamado por Lacan "el entre dos muertes", y en el que la primera muerte se entiende como el colapso del orden simbólico, que se manifiesta al final de la primera parte con la rotura de los lazos que la unen al mundo social (padres, pareja, amigos y trabajo). Justine, de alguna manera ya no está presa de las leyes, de los roles ni de las expectativas que definen a un ser humano dentro de la cultura, sino que deambula en otro mundo dirigido esencialmente por la pulsión de muerte y de goce puro que se manifiesta por su calmada entrega a la muerte. En el caso de Robert Grainier, como ya vimos, este siempre, por un motivo u otro, siempre mantendrá un pequeño hilo que le une a la vida y que, gracias a él, le seguirá uniendo a la vida hasta el día de su muerte.
Efectivamente, algo que observamos es que en la medida que Melancolía se acerca a la Tierra, Justine parece mejorar ligeramente, aunque esta mejora se basa en el convencimiento de que el fin está cerca, más allá de lo que el mundo de John afirma a través de lo que dice "el saber científico", pero una misteriosa Justine le dice a Claire: "yo sé cosas". Ese espacio entre muertes es, en consecuencia, un espacio de seducción y amor a la muerte que en la película tiene su momento culminante cuando Justine - observada por Claire -, yace desnuda ante la imagen azulada de Melancolía (con el preludio de fondo). Una imagen que nos sugiere una erótica de la muerte que tiene como base el goce que supone la entrega a ella, la muerte como un amante largamente esperado, el deseo de ser tomada por ella. Justine ya no es de este mundo sino que pertenece al fin del mundo
Es también el momento en el que se empiezan a intercambiar los roles. La progresiva calma de Justine, resultado del alineamiento de su mundo interno con el externo, corre pareja a la progresiva inquietud de Claire ante ciertas noticias que corren por internet que dicen que Melancolía si impactará con la Tierra. Es la inquietud de quien siente que su mundo seguro se resquebraja, que ya no lo es tanto, y que la amenaza de Melancolía pone en juego lo mucho que tiene a perder (y lo más importante, su hijo Leo), a diferencia de Justine que ya no tiene nada que perder.
Significativamente, hay una escena en la que John sorprende a Claire ocultando unas pastillas. "Nos matarás a todos" - le dice John . Esta actitud ya demuestra la incapacidad de sostener la desesperación en Claire. Inquietud que, momentáneamente, cederá cuando Melancolía pasa cerca de la Tierra sin impactar con ella.
No obstante, no tarda en confirmarse que Melancolía, finalmente, sí impactará con la Tierra, lo que determinará el desmoronamiento del mundo de Claire y John cuya constatación de que ya no hay espacio seguro que mantenga su orden y bienestar colapsan de lleno en la desesperación. Esto llevará a John, ante lo insoportable del hecho, a suicidarse, una actitud cobarde con la que abandona a Claire y Leo cuando hay que afrontar el colapso y más le necesitan.
Por otro lado Claire, tras descubrir el cadáver de John, se verá desbordada por la situación, en especial cuando contempla a Leo, su hijo. Su desesperación la hace actuar erráticamente, lo que contrasta con la calma de Justine que simplemente se sitúa ante lo inevitable, sobre todo, porque ella ya habita esta primera muerte del "entre dos muertes", ella ya hace tiempo que ha colapsado psíquicamente y ahora, simplemente, se dirige hacia la muerte física, la segunda muerte.
Ante la desolación de Claire, será Justine quien en sintonía con la situación (la deseada y esperada muerte), no obstante, será la que logrará atender el miedo de Leo, mostrando que su desapego del mundo no implica que no sienta compasión por su sobrino, ni que no le conmueva el miedo de un niño al que ama y que aún está cerca de la inocencia. A diferencia del desconcierto de Claire, Justine comprende que ese momento hay que afrontarlo con dignidad y creando un lugar seguro para Leo. Y aquí es donde le habla de una cueva mágica, un lugar que les ayudará a que el impacto de Melancolía no les afecte, una cueva hecha de unos sencillos palos dispuestos en forma de cabaña y que ambos construirán,
También será ella quien, finalmente, sea el soporte de Claire para afrontar ese momento para que pueda acompañar a su hijo dentro de esa "cueva mágica". En su interior afrontarán el momento final cogidos los tres de la mano siendo la primera vez que el Preludio de Wagner llega a su clímax final.
IV. UNA REFLEXIÓN FINAL MÁS ALLÁ DE LA PSICOPATOLOGÍA.
Recordar que mientras rodaba esta película von Trier se hallaba preso de una profuda depresión (10), y que el mismo dijo que con ella se había querido asomar "al profundo abismo del romanticismo alemán". Esta segunda parte de Melancolía, con el planeta llegando a la Tierra para finalmente colisionar con ella en el entorno de la mansión de Claire y John, como ese espacio ordenado, seguro y controlado, y con Justine en ese espacio tan distinto, ni vivo ni muerto, del "entre dos muertes", me recuerdan unas palabras con las que László Földényi cierra su libro "Elogio de la melancolía", y que por un momento nos permiten entender esos momentos de melancolía que, a veces, nos invaden:
Así imagino los momentos de la melancolía. Se insinúa una terrible oscuridad, se intuye una mirada enorme. Y luego empalidece una, se oscurece la otra. Como si nunca hubieran existido. [11]
Y volviendo a la película, Melancolía es un planeta, un estado psíquico y, finalmente, una confrontación con una fragilidad inherente a la existencia humana: al final, la única certeza que la vida puede prometernos es la muerte, ante la cual todo se revela efímero.
NOTAS._________________
[1] Soren Kierkegaard. La enfermedad moral. Editorial trotta.
[2] Julia Kristeva. Sol Negro. Depresión y melancolía. Editorial Wunderkammer.
[3] Rudolf Otto. Lo Santo. Lo racional y lo iraacional en la idea de Dios. Alianza editorial. Religión y mitología.
[4] Ofelia (John Everett Millais, 1851-1852)
[6] László Földenyi. Melancolía. Galaxia Gutenberg, págs. 209 y 210[7] Donald Winnicott. The child, the family and the outside world. Cap. 17. What About Father? Addison-Wesley Pub. Co, pág. 123
[8] László Földenyi. Elogio de la Melancolía. Galaxia Gutenberg, pág. 268
[11] Földenyi. Elogio de la Melancolía... pág. 274
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