AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

sábado, 8 de febrero de 2014

DECÁLOGO 2 (Krzysztof Kieslowski, 1990): Decálogo II. No tomarás en falso el nombre del Señor, tu Dios

COMPASIÓN VS. CULPA.

No tomarás en falso el nombre del Señor, tu Dios. Porque el Señor no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso (Éxodo, 20, 7)

Vamos a ver ahora el segundo capítulo de Decálogo dedicado al segundo mandamiento de la ley mosaica. La problemática de Decálogo 2 se enmarca como indica muy bien Slavoj Zizek sobre el tema de la mentira, una temática que envuelve también a Decálogo 4 y Decálogo 9:

... todas ellas giran alrededor del mismo problema: ¿es aceptable mentir (o incluso vivir una mentira) para conservar la paz o para salvar a una persona del pecado? ¿Puede uno construir la propia vida sobre una mentira formativa fundamental? [1]

La visión sobre la relatividad de este tipo de respuesta nos la ofrece Kieslowski a través de estos tres decálogos y, como siempre, nos muestra la absurdidad de enfrentar los juicios desde posiciones absolutistas. Podemos entender el ejercicio que hace Kieslovski con las leyes mosaicas como un ejercicio de flexibilización de introyectos tal y como los entendemos en psicoterapia, es decir, que el marcado carácter absolutista de las creencias, manejado por el superyó, no deja lugar al matiz necesario que las circunstancias y situaciones determinan.

Aleksander Bardini como el médico
Decálogo 2 nos plantea la historia de un médico (Aleksander Bardini) en cuyo bloque de apartamentos en el que vive lo hace también Dorokta Geller (Krystyna Janda) la mujer de Andrzej (Olgierd Lukascewicz) un alpinista que es paciente suyo y que en el hospital agoniza pues todo hace pensar que le queda poco para morir. Ambos son conscientes de que viven en el mismo bloque. En ocasiones el doctor encuentra a Dorota en el pasillo y ya podemos observar la tensión que ella siente, hasta que por la tarde se presenta a su apartamento para hablar con él acerca de la enfermedad de su marido. Quiere saber si sobrevivirá. El médico, no sin cierta tensión entre ambos, le dice que éste no es el lugar para responder a esta pregunta y que vaya al hospital los miércoles por la tarde, que es el lugar donde se le dará la evaluación de la situación de su marido. Más tarde, en otro encuentro en la escalera, el médico finalmente asiente en verla antes. Ahí se desvela el motivo de sus urgencias... Dorokta es concertista de violín en una orquesta y dice que tiene con Andrzej un matrimonio feliz y, a pesar de que el médico se resiste a dar un pronóstico todo y la extrema gravedad de la enfermedad de su marido, ella insiste en saber si se va a morir. Como el médico se niega a ello, Dorokta le cuenta definitivamente la verdad de su urgencia:

No podía tener hijos. Estoy de tres meses, pero mi marido no es el padre. Si aborto, sé que no tendré otra oportunidad. Si mi marido se recupera, no puedo tener este niño. El padre del niño es alguien muy especial. No se... No se usted... si puede pasar que uno ame a dos personas a la vez. Bueno... se puede. ¿Lo comprende?

Krystyna Janda como Dorokta
El médico le responde que las probabilidades son muy escasas, y también que en ocasiones ha visto recuperarse casos que se daban por desahuciados. Que no puede decirle algo absolutamente seguro. Dorokta intenta contarle entonces lo que le ocurre con su amor por los dos hombres y el sentimiento de culpa implícito en la situación que vive:

¿Sabe? Mi marido me dio tranquilidad y seguridad. El otro... Bueno... Nadie debería desear tenerlo todo. Es vanidoso. ¿Cree usted en Dios?

Él le responde que tiene una especie de dios personal que le basta... Un dios privado le responde ella. El asiente. Finalmente le dice: "Entonces pídale la absolución". Justo en ese momento se observa especialmente turbado al médico y mira entonces una foto de su familia - con la que ya nos imaginamos que algo ocurrió -. A su vez Dorokta recibe la visita de un alpinista que le trae la mochila de Andrzej revelándose contra él por adelantar con su gesto su posible muerte, a la vez que más tarde recibe una llamada de su amante - descubrimos entonces que el amante es un músico - cuya voz se escucha a través del contestador. Ante este panorama Dorokta decide abortar.

I. EL DESEO DE TODO, EL CASTIGO Y LA RENUNCIA CONSCIENTE.

El planteamiento de Kieslowski se nos muestra en su extrema complejidad: una mujer que ama a dos hombres por sus cualidades distintas mediado por un embarazo del amante que le permitiría realizar un deseo que Dorokta creía imposible (tener un hijo). Inapelablemente la situación conlleva la renuncia de ese todo que Dorokta afirma tener con los dos hombres. Tener el hijo con el músico y separarse de Andrzej. Abortar y quedarse con Andrzej si sobrevive. Tener el hijo y no quedarse con ninguno... O quizá tener el hijo y quedarse con Andrzej. En todo caso el universo de la renuncia se muestra inevitable para Dorokta. Cualquier aparente solución pasa por renunciar a algo que ama: Andrzej, el amante o el hijo...

- La crueldad del superyó.

Sin embargo, también tenemos la alternativa que se nos muestra en una conversación telefónica de Dorokta con su amante, cuando le dice ésta que ha decidido abortar. La voz del amante le dice entonces que si aborta y muere Andrzej. Ella también le dejará a él. El silencio de Dorokta y como lenta, lánguidamente, cuelga el teléfono - mientras se oye la voz del amante: "¡Dorokta! ¡Te quiero!" - no dejan lugar a dudas sobre esta cuestión, ya le ha dejado. Esta renuncia, la más drástica de todas coincide con el deseo de absolución de Dorokta que sólo encuentra salida a través del castigo: tú, que todo lo deseaste, te quedarás ahora sin nada. Tu que quisiste vivir el todo, vivirás ahora la nada. Esta opción nos muestra la decisión inconsciente que lleva al castigo como intento inútil de absolución. Un castigo que nos muestra la crueldad implacable del superyó y de sus introyecciones. Presa de sus remordimientos esta es la solución que, en Dorokta, toma forma:

El remordimiento es la inquietud que despierta la memoria de una culpa, crecida clandestinamente en la oscuridad. Culpa singular, repetitiva, que se caracteriza por ser siempre pródiga en nuevos desquites, revertidos sobre la propia persona.

Esta culpa pone en evidencia el accionar de un castigador interno, que cumple sus funciones de tortura en el propio sujeto, con eficiencia y fidelidad, en forma alternada o permanente. [2]

Desde un punto de vista de las leyes mosaicas Dorokta se enfrenta a la violación del quinto mandamiento ("No matarás") en la cuestión del aborto, y a la violación del sexto mandamiento  ("No cometerás adulterio"). Esto se observa claramente en el sufrimiento de Dorokta: sentir que traicionó a Andrzej y que tiene que abortar un hijo deseado y finalmente abandonar el amante. El resultado del castigo, del castigo implacable deriva en toda una serie de daños añadidos que no hacen sino ahondar aun más en el sentimiento de culpa que deriva así en un remordimiento interminable.

- La imposibilidad de la renuncia consciente.

La película pone de relieve un punto de dificultad insoslayable para Dorokta: ante la presión de su superyó la imposibilidad de asumir la renuncia consciente con la consiguiente asunción de responsabilidad sobre sus propios actos... Es el refugio donde, en ocasiones, se refugia el "deseo de todo" cuando éste se halla mediatizado por la culpa: la clandestinidad y el ocultamiento, el engaño. Distintos elementos confluyen en este punto, entre los que podemos destacar la dificultad de sostener el daño causado al otro, la crítica e incluso el rechazo social o el problema de género, etc. El embarazo de Dorokta se revela entonces como una contingencia que inapelablemente conlleva una toma de decisiones que, no obstante, siguen manteniendo su necesidad de que el amante no sea conocido, por ello necesita saber si Andrzej morirá (pues ella no desea dejarlo si vive). Y ante la duda sostenida por el médico, decide abortar (renunciado así a su deseada maternidad). Elige dañarse antes que dañar. Obsérvese que en este caso la tensión que sufre Dorokta es la tensión a la que es sometido su yo por mantener su imagen (el ideal del yo) por encima de la responsabilidad. Hay una escena que dota de toda su simbología a esta situación. Tras hablar primero con el amigo alpinista acerca de Andrzej y después con su amante, Dorokta empuja un vaso con una infusión hasta el borde la mesa dejando que se precipite al suelo... La imagen capta entonces como éste se resquebraja y se rompe a trozos. Si aborta y Andrzej muere nada queda.

Todo se rompe.
II. NO TOMARÁS EN FALSO EL NOMBRE DEL SEÑOR, TU DIOS.

Sin embargo, nuestro médico va a intervenir en el asunto. Pronto observamos que es un hombre solitario, que vive sólo en su apartamento. Su soledad sólo es rota por su profesión y el contacto con la señora de la limpieza, a quien comienza a contarle una historia que al final de la película se desvela como la historia de cómo perdió a toda su familia durante la guerra, en una explosión que acabó con todos ellos . Tenemos como referente ese momento en que tras escuchar la historia de Dorokta mira una foto de su familia. Más tarde, y ante la mirada del "ángel del destino" (ver decálogo 1) los análisis microscópicos de Andrzej muestran que su enfermedad mejora ante la sorpresa del médico y uno de sus ayudantes. Este es un momento clave, puesto que en ese instante las perspectivas de mejora son evidentes y el médico sabe que afirmar ese punto es, indirectamente, confirmar el aborto de Dorokta. Es entonces cuando se produce el hecho determinante. En un encuentro con la mujer el médico afirma que Andrzej morirá y cuando entonces Dorokta le pide que lo jure él lo hace... sabiendo lo que esto implica.

¡Que interesante este desarrollo de la película! ¿Cuál es la motivación del médico para mentir y jurar en falso en un asunto que, en principio, no le incumbe? ¿Por qué intervenir y manipular una decisión que le incumbe a Dorokta? No cabe duda de que la consecuencia de su juramento en falso proviene de la proyección de su propio dolor, del dolor causado por la pérdida de su familia, un dolor que en todo caso no desea para Dorokta. El médico actúa como el remedio más eficaz contra la presión culpabilizadora del superyó que encamina implacablemente a la "necesidad de castigo", actúa como mirada compasiva. No desea el "vaso roto" para Dorokta, el castigo que añade al dolor más y más sufrimiento. Dorokta ama a su pareja, ama a su amante y desea el hijo que lleva... La mentira del médico, su falso juramento deriva en esta ocasión en generador de vida y, en todo caso, en acceso a la renuncia por parte de la mujer. Dorokta tendrá a su hijo y, en todo caso, deberá elegir con quien sigue, Andrezj o el amante, en todo caso tendrá opción de preservar una familia. El final de la película deja entrever su decisión cuando un Andrzej ya más recuperado le dice al médico que al milagro de su recuperación se une ahora que tendrán un bebé (¿sabe lo que significa eso? - dice Andrzej -).

Andrzej: "Y además vamos a tener un bebé. ¿Sabe lo que significa eso?"
En todo caso, la intervención del médico, deja a Dorokta la decisión de si a partir de ahora continuará preservando su relación con Andrzej a costa de sostener la mentira de la verdad de su embarazo y la pérdida de su amante, o si deberá sostener el dolor de Andrzej si tener ese hijo le abre a la posibilidad de elegir su amante para continuar su camino: una segunda oportunidad para elaborar la renuncia y asumir la responsabilidad de la decisión que tome.

III. LEY, COMPASIÓN Y LIBERTAD. Sobre la propuesta de ley del aborto en España.

Dice el catecismo de la iglesia católica:

Las promesas hechas a otro en nombre de Dios, comprometen el honor, la fidelidad, la veracidad y la autoridad divinas. Deben ser respetadas en justicia. Ser infiel a ellas es abusar del nombre de Dios y, en cierta manera, hacer de Dios un mentiroso. [3]

Y en otro parágrafo nos dice:

El juramento, es decir, la invocación del nombre de Dios como testigo de la verdad, sólo puede prestarse con verdad, con sensatez y justicia. [4]

Nuestro médico ciertamente miente. ¿Más es su mentira por ello insensata e injusta?  ¿Su mentira es acaso peor que el castigo que Dorokta está a punto de implicarse a sí misma? ¿No es acaso la falta a la ley de no tomar en falso el nombre Dios una falta no exenta de compasión? ¿El juramento en falso del médico que hace de Dios un mentiroso no lo hace acaso también compasivo? ¿No le ofrece a Dorokta una segunda oportunidad? La representación clásica de la justicia que nos la presenta con los ojos vendados se suele interpretar como que su administración es igual para todos. Sin embargo, en muchas ocasiones, creo que también cabe añadirle otra lectura: la administración de la justicia es ciega en el sentido en que dichas leyes se administran sin matiz ni consideración. Y como ilustración final de esta reflexión sobre la ceguera de la ley reflexionaré sobre la triste ley del aborto que el ministro Gallardón, bien gallardo él, pretende sacar adelante implicando un nuevo concepto de dictadura de la democracia parlamentaria. ¿Desde cuándo la democracia se utiliza para controlar decisiones que caen dentro de lo más estrictamente personal?

El ministro Gallardón
Vive España hoy tiempos de triste regresión a tiempos que se creían ya pasados... El ejemplo más evidente lo tenemos en la desafortunada ley que el PP ha sacado ya, como la ley de seguridad ciudadana (¿o debería decirse simplemente ley de seguridad de resguardo de la imagen del gobierno del PP?), la ley Wert de educación, la recién aprobada reforma de la ley de justicia universal o la que aun está en elaboración sobre la ley del aborto para sorpresa de toda Europa (para algunas cosas nuestra derecha, que tan europeísta se proclama, aún vive en los tiempos de la edad media y la inquisición y, a muy seguro, que algunos de sus representantes la añoran). No debe sorprendernos que aún hoy, en pleno sigo XXI, la Santa Derecha Española, y cierta extrema derecha española, representada hoy esencialmente por el PP, siempre ande amantelada, como antes con el dictador facista Franco, con la Iglesia Católica (el "devoto" ministro Gallardón nos resulta ahora un buen ejemplo y fiel seguidor de otra "joya" del fundamentalismo religioso católico como es el cardenal Rouco Varela) y que se unan a ella intentado minimizar cualquier atisbo de libertad individual. La propuesta de la ley del aborto es una imposición de lo político en lo personal cuyo fin, como se comprenderá, no es la defensa de la vida - nunca me ha parecido que a la derecha española eso le preocupe demasiado -, ni nada que tenga que ver con lo democrático. Su fin es mostrar el poder de la autoridad como simple y llano aplastamiento de la libertad del individuo, un intento de demostrar hasta que punto su voluntad de poder es capaz de penetrar y dominar en la esfera de lo personal. Como en el suicidio y su extrema condena religiosa, la legislación del aborto que pugna el PP pretende "gobernar" sobre el cuerpo de la mujer sin tener en cuenta - una vez más la ceguera de la ley absolutista - las consideraciones necesarias que están involucradas en estas cuestiones tan estrictamente personales. Hasta tal punto le preocupan los grados de libertad individual a las derechas de carácter más retrógrado y de tintes más facistoides (recordemos el "tea party" estadounidense y, desgraciadamente, una sustancial parte del PP). Es tal, además, el grado de hipocresía de este tipo de derecha que las voces santurronas que claman hoy por esta legislación tienen en su mismo partido voces, como por ejemplo la de Aznar, cuando nos dejó la imperdible perla sobre conducir y beber alcohol: "A mí no me gusta que me digan las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber. Déjame que las beba tranquilamente mientras no ponga en riesgo a nadie, ni haga daño a los demás". Esa es la realidad de la derecha española. Una realidad que roza lo grosero e impresentable como cuando se nos suelta otra joya imperdible en defensa de esta ley cuando la lee en virtud del impacto económico que tendrá por el incremento de natalidad que representará. Alucinante, simplemente alucinante. O la no menos imperdible del ministro Gallardón cuando suelta la siguiente sandez: ¿Quién me dice que si quieren ejercer su individualismo con el no nacido no lo vayan a utilizar con alguien ya nacido? Más alucinante aun semejante declaración, simplemente vergonzosa e indigna de quien ostenta el cargo de un ministro de justicia en pleno siglo XXI. Da miedo pensar la clase de justicia que semejante individuo puede impartir.  O la última atrocidad en esta feria de las atrocidades que ha protagonizado la concejala del PP Davinia Saorin al equiparar el aborto con el terrorismo. Vivimos tiempos de miseria política y de aun más míseros políticos.

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(*) VER LA PELICULA EN YOUTUBE: http://www.youtube.com/watch?v=Wv32OgMzSZ8


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[1] Zizek, Slavoj. Lacrimae Rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio. Debate.
[2] Kancyper, Luis. Resentimiento y remordimiento. Lumen tercer milenio. pág. 83
[3] Catecismo de la Iglesia Católica, par. 2147
[4] Ídem anterior, par. 2154

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SERIE DECÁLOGO (pulsar en título para acceder a la entrada)

Decálogo 1. Yo, el señor, soy tu Dios. Ese frágil absoluto.
Decálogo 2. No tomarás en falso el nombre del señor, tu  Dios. Compasión vs. culpa.
Decálogo 3. Santificarás las fiestas. Resentimiento, envidia y reparación.



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