AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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sábado, 27 de octubre de 2018

SARABAND (Ingmar Bergman, 2003): Sobre las relaciones paterno-filiales.

Saraband (2003) es la última película filmada por  el maestro Ingmar Bergman. Una primera reflexión nos lleva a preguntarnos cómo cabe considerar esta su última obra, en especial cuando elige retornar a los protagonistas de "Secretos de un matrimonio" (1973), ya comentada en este blog (pulsa aquí para acceder a la entrada), situando a sus protagonistas Marianne (Liv Ullmann) y Johan (Erland Josephson) treinta años después. Como algunas películas de Bergman, la dimensión biográfica deja su huella en esta obra, uno diría que a modo de testamento existencial. Bergman es uno de los directores que, a mi entender, disecciona el ser humano de una manera más cruda, y con una clara visión pesimista (¿objetiva?) que no deja lugar al más mínimo resquicio de esperanza. Desde esta perspectiva, Saraband, como la continuación de "Secretos de un matrimonio" hay que centrarla más, no tanto en la perspectiva que ofrece el reencuentro de la ex-pareja y amantes, sino en las situaciones vitales en el momento del reencuentro, y que se hallan determinadas por un complejo entramado de relaciones paterno-filiales: la de Johann con su hijo Henrik (Börje Alhsted), la de éste con su hija Karin (Julia Dufvenius), y la de Marianne con su hija Martha (Gunnel Fred).

Cuando vemos esta película de Bergman, uno no puede olvidar las palabras que dijo en una entrevista , y que luego se repetirán en la película (ver parte IV), y en la que dice acerca de la relación con los hijos:

Tuve algo así como una pelea con uno de mis hijos y le dije que: "Sé que fui un mal padre". Entonces él me rugió: "¿Un mal padre? - ¡Ni siquiera fuiste un padre!" Y puede que tenga razón en eso. Realmente nunca logré formarme un criterio en ese aspecto. Realmente no. [1]

Saraband va de eso, de la complejidad de las relaciones paterno-filiales, y de como se entraman generación tras generación.

Como en muchas de sus películas, Bergman circunscribirá estas complejidades en un entorno aislado en el que las relaciones se amplifican, así como en una cadencia del relato que se estructura en unas escenas perfectamente delimitadas en las que se va desarrollando la trama.



I. TREINTA AÑOS DESPUÉS...

La película se inicia con Marianne rodeada de fotografías y poniéndonos al día un tanto de la situación de ambos. Johann, multimillonario gracias a la herencia de una tía, vive retirado en los bosques. Tras este breve prólogo asistimos al impulso que lleva a Marianne a visitar a Johann. El encuentro nos presenta a un Johann de 86 años y a una Marianne de 63. Uno tiene la sensación de que ha pasado el tiempo pero que Johann y Marianne, en cierta manera, siguen siendo los mismos y, a pesar del aprecio que se profesan algo en ellos sigue anclado en el mismo lugar. Veamos el siguiente diálogo:

Johann: A veces creo que este retiro voluntario es únicamente una antesala del infierno. Que ya estoy muerto aunque no lo parezca, pero estoy bastante bien después de todo. He buscado en el pasado, y ya tengo todas las respuestas que estaba buscando, de veras...
Marianne: Y no parece muy divertido...
Johann: Claro Marianne, es que no lo es. Pero quien dijo... quien dijo que el infierno iba a ser divertido
Marianne: ¿A qué conclusión has llegado después de tanto meditar?
Johann: Que mi vida ha sido una mierda integral. He tenido una vida sin sentido, repleta de cosas estúpidas
Marianne: Tu matrimonio forma parte de tu infierno vital... y se sincero.
Johann: Pues me temo que sí... y siento decírtelo.
Marianne: Pues que pena oír eso.

Después de treinta años...

Curiosamente, y tras este encuentro, Marianne y Johann no volverán a aparecer juntos hasta el final de la película. Entre este principio y el final tomarán protagonismo Henrik, el hijo de Johann, y su hija Karin, nieta de Johann, así como Anna la esposa de Henrik y madre de Karin, quien a pesar de haber fallecido está muy presente en la película. En todas estas escenas que median entre el principio y el final, Marianne y Johann siempre aparecerán en relación a estos otros protagonistas.

II. KARIN.

La parte II de la película nos presenta, a través de un encuentro con Marianne a la nieta de Johann e hija de Henrik. Ya se nos presenta lo que es una relación conflictiva entre padre e hija, en la que Henrik asume también el papel de su profesor de música. En el relato del conflicto que Karin le narra a Marianne ya podemos presentir que entre la relación entre Henrik y Karin sucede algo que va más allá de lo que parecería ser la obsesión de un padre para que su hija se forme como violonchelista. Hay tres aspectos que me parece importante destacar:

- La violencia con la que reacciona Henrik cuando Karin se niega a seguir ensayando y le dice que va a salir sola. Sus gritos de "¡¡No te irás!! ¡¡No te iras!!" está claro que indican algo que va más allá de la música.

- La narración de Karin sobre la muerte de Anna, su madre, y del amor que se profesaban con Henrik. Le dice a Marianne al respecto:

Mi madre le quería, sabes... Se querían mucho, y supongo que yo quedaba fuera de este amor, o es lo que pienso cuando siento lástima de mí cuando rompo con algún novio. ¿Porqué no puedo vivir yo un amor como el de mi madre?

Suena significativo este sentimiento de exclusión de "este amor"

- Finalmente, la insistencia de Marianne en preguntarle a Karin si su padre podría suicidarse en una situación extrema.

Marianne y Karin.

III. HENRIK Y KARIN... Y ANNA: Sobre la dependencia emocional.

La parte III profundiza en la relación de Henrik con Karin y nos permite observar un par de cosas:

1) El vacío que dejó en Henrik la muerte de Anna, con quien mantenía una fuerte relación de dependencia. En esta parte observamos que la reacción violenta que Henrik manifiesta con Karina tiene su paralelo en una reacción que tuvo con Anna, su mujer, quien se muestra decepcionada ante sus quejas impotentes: "cuando te pones así creo que no eres el hombre con el que pensaba casarme - entonces salió corriendo de la habitación y empezó a hacer la maleta sin hablar -. Me volví loco de miedo. Estaba como enloquecido de pánico."  El relato, poco a poco, nos muestra un Henrik posesivo, incapaz de sostenerse sin su mujer: "... me llegué a preguntar si en el fondo sabía hasta qué punto la llevaba dentro, hasta qué punto era mía. Entre Anna y yo era una cuestión de pertenencia [...] nos pertenecíamos". Sin embargo, tenemos aquí planteado el problema de la dependencia. En ella el problema no es el amor, sino la carencia y, en consecuencia, el pánico al abandono. Cuando Henrik contempla a Anna haciendo la maleta, le dice: "A mi nadie me deja, a mi nadie me abandona, a mi nadie me da la espalda de esta manera ni me abandona así." El dependiente no se imagina sin la persona de la que depende. Su bajo autoestima, su fuerte inseguridad y los sentimientos de incapacidad que le invaden le hacen sentir que no puede hacerse cargo de sí mismo. También pone su valor en función de la persona de la que depende, a la que idealiza.

Anna... (fotografia correspondiente a Ingrid, la última mujer de Bergman)
2) La dependencia de Henrik, tras la muerte de Anna, es trasladada a su hija Karin, quien pasa a substituirla. Esto nos demuestra que para el dependiente no es tan importante el amor, como suturar su carencia con el otro. Por eso, en este tipo de relaciones, pasa a ser más importante no ser abandonado que amar o ser amado. El abandono o la pérdida de la persona idealizada devuelve al dependiente a la desesperación de su propia invalidación e incapacidad. Y es aquí donde vemos la crudeza con la que la impotencia de Henrik chantajea emocionalmente a Karin: "Si tú me dejas hija me sentiré desamparado u otra palabra mejor que no exista. Con el tiempo serás libre, conseguirás ir al conservatorio, estudiar chelo y allí tendrás profesores de verdad y una vida diferente, para mi será distinto. Estos meses contigo han sido como una bendición del cielo, para mi desde luego, no para ti. Para ti ha sido otra cosa." Bergman filma  casi toda esta escena en la cama donde duermen Henrik y Karin. El plano capta perfectamente la presencia del padre como esa presencia obscena que deriva de hacer ocupar a su hija un lugar que no le toca.

Si tú me dejas hija me sentiré desamparado.

IV. LA RELACIÓN ENTRE JOHAN Y HENRIK: Sobre el desprecio y el odio.

Las dos siguientes escenas nos presentan la relación entre Johan y Henrik, una relación determinada por el desprecio del primero y el odio del segundo. Como ya vimos en "Secretos de un matrimonio", Johann no siente un especial apego hacia sus hijos, más bien un manifiesto desapego. De hecho parece mantener un contacto inexistente con las hijas que tuvo con Marianne. En cuanto a su relación con Henrik, proveniente de un matrimonio anterior, Johann hace claro y palpable que no le gusta, que nunca le ha gustado, ya desde pequeño como le confiesa a Marianne: "Jamás me gusto su forma de ser, me parecía ridículo como actuaba. Era un niño gordo y manso. Me rodeaba con un amor asquerosamente pegajoso. Reconozco que durante mucho tiempo lo ignoré. De crío era devoto como un perro, no podía soportarlo. Como un perro, como un perro faldero."

No en vano el inicio de la escena nos presenta a Johann ojeando las páginas de un libro de Soren Kierkegaard escrito bajo el seudónimo de Victor Eremita: "Lo uno o lo otro. Fragmentos de vida", y en la que las siguientes palabras de Laura Llevadot, al comentar este libro, me parecen ajustadas a la historia que Bergman nos narra en Saraband:

Kierkegaard establecerá la diferencia en términos de pena y dolor, siendo la pena un sentimientos sustancial, una tristeza infinita y ciega, como la que siente un niño que no comprende, pero interioriza hasta la médula el sufrimiento del adulto a quien ama. Por el contrario, el dolor, propio de la tragedia moderna, es un sufrimiento reflexionado, como el que siente un hombre viejo, dice Kierkegaard, al ver sufrir un niño o un joven que no es consciente de la culpa que ha causado su desgracia. [2]

Johan en su biblioteca.

El primero de los casos nos pondría en relación a la vivencia de pena que Karin tiene del sufrimiento de su padre, mientras que el segundo se manifestaría en el dolor de Marianne por el sufrimiento de Karin. Bien significativo que sean mujeres las que se hacen cargo de la pena y el dolor, mientras los hombres se relacionan desde el odio y el chantaje emocional, o desde el desprecio y la autoridad tiránica y, desde ahí, ambos, a su manera, manipulan a Karin. Efectivamente, la situación entre Johan y Henrik es bien distinta. El amor del niño Henrik por su padre topa con su desprecio y, posteriormente, cuando Johan quiere volver a ejercer de padre topa con el odio de Henrik quien le niega la condición de padre. Proyecciones del uno sobre el otro en las que, como Johan reconoce, el desprecio es por él mismo, como el odio de Henrik también lo es por él mismo. En un momento de la escena eso se hace bien patente, tras estar soportando Henrik los desprecios de Johan dice:

Henrik: ¿Papa, de dónde sale toda esta hostilidad?
Johan: Habla únicamente por ti. Cuando tenías dieciocho o diecinueve años intenté acercarme un poco más a ti. Estuviste muy  enfermo, y tu madre quería que habláramos de eso. Te dije que sabía que era un mal padre, pero que quería cambiar. Entonces me gritaste, gritaste: "¿Un mal padre? ¡Tú ni siquiera has sido un padre!" Y entonces añadiste para terminar que no me necesitabas, que te dejara en paz. El odio es una emoción a respetar, y yo lo hago. Pero que me odies no me preocupa lo más mínimo. Apenas existes. Si no tuvieras a Karin, que se parece a su madre, tú para mí no existirías, ni siquiera hablaría contigo. Y lo digo sin el mínimo ápice de hostilidad.

Johan y Henrik.

En la parte V vemos, no obstante, la dimensión interesada de Henrik, aquella por la cual, aun a pesar de las humillaciones que sufre persiste. Así, y hablando con Marianne, observamos dos cosas:

1) En una primera fase ovemos su propia auto-invalidación cuando se describe así mismo como que "soy un discapacitado, así de simple. Karin es lo que da significado a mi vida. Bueno, sin ella todo lo demás carece de sentido. Últimamente he pensado en la muerte..." Imaginar la carga que representa eso para una hija, la carga emocional que representa, junto al sentimiento de culpa asociado, ser el significado y el sentido de un padre. Como vemos en la película, Henrik le proyecta además el deseo de que sea una solista de chelo, por eso la prepara con tanta exigencia, a pesar de que no es ese el deseo de Karin, quien más adelante, cuando decide marcharse, le dice: "No creo que valiera para ser solista. Quiero tocar en una orquesta con más gente. Quiero formar parte de un esfuerzo común, no quiero estar sola en un escenario expuesta a todo el mundo..."

2) En una segunda fase observamos el odio que manifiesta hacia su padre, del cual sólo espera que muera para heredar su fortuna. "Tiene una fortuna y no se muere. Que pesado es. Seguramente su maldad le mantiene momificado" para "ipso facto" pasar a hacer una proyección de sí mismo sobre Marianne, a quien dice: "Estás aquí para sacar algo de dinero, como la pobre esposa abandonada y cornuda". Finalmente se hace manifiesto el odio que siente por él: "Le detesto, odio a ese hombre de todo corazón. Le odio tanto que con sumo agrado vería como muere sufriendo..."

Marianne y Henrik.

Obviamente, Johan y Henrik mantienen una relación sado-masoquista de carácter moral que, como ya apercibió Freud se caracteriza por el beneficio que sacan cada uno de ellos de su posición. Del lado del masoquista (Henrik) es la satisfacción de la necesidad de castigo. Del lado del sádico (Johan) se halla en la obediencia al superyo.


IV. LA PRESENCIA "POST MORTEM" DE ANNA.

La parte VI se basa en una carta que Anna escribió a Henrik antes de morir, y que Karin encuentra, y que leerá junto a Marianne. En ella observamos como Anna se ve venir lo que ocurrirá tras su muerte, como Henrik se refugiará en Karin. Y así escribe: "Creo que es bueno que seas su profesor de música, pero tiene que haber un límite, y cuando yo ya no esté aquí, ese límite se va a difuminar [...] no debes aprovecharte de su amor incondicional o le harás mucho daño. Ese dolor que sentirá puede ser permanente, y por eso ahora yo te pido que dejes libre a nuestra hija. No debes aprovecharte de vuestras afinidades..." y añade: "tienes que ser consciente de que es verdaderamente peligroso que rodees a Karin con todo tu amor porque entonces estarás muy perdido". 

Y es aquí donde las palabras son importantes. Más allá del amor que Henrik pueda sentir por su hija Karin, algo es más intenso que ese amor que se convierte en posesión de su hija, en un factor limitante para el libre desarrollo de su vida. Me refiero al desamor más que al amor. El desamor que no es más que la falta de amor por sí mismo que busca compensarse a través del amor del otro, un desamor que como un pozo sin fondo se enraiza en un sentimiento de carencia que se construye a partir de relaciones como la de Johan con Henrik, la de un niño que fue despreciado intensamente por su padre. Henrik utiliza a Karin para compensar la pérdida de Anna, y para ello no duda en ejercer el más terrible de los chantajes emocionales que tienen su correspondencia en el fuerte sentimiento de culpa de Karin si piensa en hacer su vida, hecho que se transforma en abandonarle: "si abandonara a Henrik ahora se moriría. Si le dejo a su suerte morirá, estoy segura..."



Hay en esta escena un hecho que me perece importante. Al final de ella vemos las manos de Marianne y de Karin sobre la carta escrita por Anna. Primero oímos la voz de Marianne decir "el amor de Anna", a lo que Karin responde: "esta carta está llena de amor, ¿verdad?", a lo que Marianne responde, retirando la mano de la carta: "No estoy segura..."

¿A qué debe referirse ese "no estoy segura", así como ese "el amor de Anna" que dice al principio? A ni entender esto tiene que ver con la relación de Anna con Karin. ¿En qué medida Anna la protegió adecuadamente de la demanda de su padre? ¿Fue suficiente hablar con su padre a través de una carta? ¿Por qué no hubo una carta o una palabras a Karin al respecto? El silencio en el que estas palabras quedan entre Anna y Henrik abandonan a Karin a la demanda de un Henrik desesperadamente dependiente entregándola a un sentimiento de culpa difícilmente manejable para una joven adolescente: "si abandonara a Henrik se moriría".

Sin embargo, es fácil analizar estas cuestiones. Mucho más difícil es enfrentarse a ellas emocionalmente. ¿Cómo manejar que todo el derecho que tiene un hijo a realizar su propia vida se ve mediatizado por la dependencia de un padre que transmite la posibilidad de morir si se le abandona? ¿Cómo enfrentarse a los sentimientos de culpa en el que hacer la propia vida es asumido como abandono por su padre? - Si tú me dejas hija me sentiré desamparado u otra palabra mejor que no exista. - Creo que el amor de Anna que pronuncia Marianne hace referencia a su amor por Henrik, un amor que intenta protegerle poniendo énfasis en él, pero no en Karin. Quizá por eso Marianne duda y no está segura de ese amor al que Karin se refiere.

V. LA LIBERACIÓN DE KARIN Y LA ACUSACIÓN DE HENRIK.

Finalmente Karin logra tener el valor para poner en marcha su deseo, su verdadero deseo, no el de su padre, el del abuelo o el de Marianne. Por fin toma la decisión que ella quiere. Y todo esto sucede no sin antes de ese momento "edípico" en el que Karin besa apasionadamente a Henrik, quien a su ve también lo hace, a la vez que se retrae del hecho.

El beso de la confusión.

¿Qué significa ese beso? Es el beso de la confusión, el beso de, como dice Anna en la carta , de la difuminación de los límites entre padre e hija (otro buen ejemplo lo hallamos en el comentario del episodio IV del Decálogo de Kieslowski: Honraras a tus padres - pulsa aquí para acceder a la entrada -). Es el beso del deseo incestuoso que registra su atracción y repulsión a la vez. En esa escena se registra algo de lo que está impregnada la escena: la tensión entre querer ser el objeto de su padre y la de querer ser por ella misma. La de delegar su vida en su padre (dice: "papá sabe exactamente lo que es mejor para mi"), o la de asumirla por sí misma.

No obstante, Karin elige por sí misma, elige lo que ella quiere, que no es lo que desea Henrik, ni lo que le propone Johan... elige lo que ella desea para sí misma y lo elige gestionándose así misma (recurre al dinero de su herencia para elegir aquello que le ilusiona). Karin rompe así el vínculo edípico con el padre. Como una especie de presagio, y ante le decisión ineludible de Karin, Henrik le pide que interprete para él la Saraband de la suite 4 para cello, una melodía melancólica por excelencia.


Sarabanda de la Suite Nro. 4 para Cielo de Bach por Mischa Maisky

Finalmente, y en la penúltima escena, asistimos a la noticia de que Henrik ha intentado suicidarse. Finalmente los temores se confirman. La decisión de Karin de satisfacer su deseo se transforma en la sensación de ser abandonado de Henrik. Su hija, según su percepción, hace lo que Anna no hizo: le deja, le abandona, le da la espalda. Y ese abandono le lanza al abandono de sí mismo, a la desesperación al que le sume su propio auto-desprecio, a la severidad y la destructividad del juicio de su superyó. La tensión existencial que puede llevar al suicidio es producto de una percepción de una extrema dureza del entorno en el que el suicida vive, pero que más allá de las dimensiones más o menos objetivas de esta dureza externa, lo cierto es que ésta visión del exterior no es más que una proyección de la propia dureza y destructividad que le habita en su interior. De la misma manera que mediante el mecanismo de la proyección exteriorizamos lo que está en nuestro interior, el acto de suicidio manifiesta una acusación al entorno, un intento de culpabilizarlo pero que, en realidad, responde esencialmente a la insoportabilidad del propio juicio que se tiene sobre sí mismo, un juicio ejercido por un superyó sádico.

Tras asistir una vez más al desprecio de Johan por su hijo, también asistimos a un momento donde la tristeza de Marianne aflora cuando Henrik dice: "Es incomprensible que Henrik tuviera el privilegio de amar a Anna, y ella le correspondiera". Tristeza que manifiesta lo que no fue posible entre ellos.



VI. LA SOLEDAD Y DESESPERACIÓN DE JOHAN.

En la última escena, vemos a Johan despertar lloroso en la noche y arrancar en llanto frente a la puerta de la habitación de Marianne. Es su momento de desmoronamiento, el momento en el que la rigidez de su carácter se agrieta y deja asomar el peso de su soledad.



Pero incluso así, no hay un claro reconocimiento de ello como lo demuestran sus palabras cuando entra en la habitación de Marianne, y cuando esta le pregunta si está bien le responde: "No lo sé. Creo que tengo una crisis de ansiedad. Estoy muy nervioso". Marianne le hace una pregunta y una observación digna de un terapeuta: "¿Cómo que ansiedad, qué quieres decir? Ahora lo veo, estás triste". Aunque él lo niega, es obvio que hay esta tristeza, una tristeza unida también a un profundo miedo. Tristeza y miedo que Johan no puede reconocer, por eso habla de ansiedad: "Es esta ansiedad que me supera. Que intenta salir de mi interior por todos los orificios, por los ojos, por el culo... ¡Es como una gigantesca diarrea mental!" El muro mental que ha construido alrededor de su mundo emocional, de sus sentimientos que ahora, por instantes, se agrieta. A lo que añade posteriormente "sobretodo me gustaría gritar. ¿Qué se hace con un niño gritón que no acepta ningún consuelo y que no se deja ayudar?" El grito de rabia y desesperación que oculta el muro mental, el de contemplar el infierno en el que él mismo ha convertido su vida. La escena acaba con ambos desnudos en la cama, con Marianne acogiendo la vulnerabilidad de Johan y con un breve diálogo que dice:

Johan: ¿Me puedes explicar por qué demonios decidiste aparecer por aquí?
Marianne: Creía que tú me estabas llamando.
Johan: Jamás he llamado a nadie Marianne...
Marianne. Bueno, eso es lo que yo sentía.
Johan: La verdad es que es bastante extraño.
Marianne: Sí, comprendo que no puedas entenderlo - dice un poco molesta -.





VII. TODO SIGUE IGUAL.

Como suele ocurrir con muchas películas de Bergman, el instante de esperanza que parece abrirse a través de momentáneas grietas, acaban por cerrarse de nuevo para que todo vuelva a lo de siempre. El epílogo de la película nos vuelve a presentar a Marianne tras la mesa llena de fotografías-recuerdos. Vemos como, en relación a Johan, todo vuelve al lugar de siempre: a la distancia y el silencio. Dice la estudiosa del cine sueco Astrid Söderbergh Widding: "todo parece ser demasiado tardío, en vano. Tiene lógica que las conversaciones y cartas queden finalmente sin respuesta, que se imponga el silencio. El reciente contacto entre Marianne y Johann no llega a nada, una vez más. Pero el mensaje final es, después de todo, otra cosa. El pasado alberga un dolor insoportable; el mañana es vago y oscuro. Las únicas cosas que cuentan es la reconciliación, los torpes gestos de amor en el presente." [3]

Sin embargo, si me parece interesante, destacar tres cosas de este epílogo:

1) La incongruencia entre las palabras de Marianne cuando dice: "Si las cosas me van como siempre, todo en orden, todo está en su sitio. Me siento un poco sola, pero supongo que es normal" y la mesa con todas las fotografías desordenadas en la mesa. De la misma manera que Johan no puede contemplar su vida de verdad si entrar en ansiedad, algo parecido parece sucederle a Marianne como nos muestran los siguientes dos puntos:

2) Las palabras de Marianne acerca de Anna: "Sólo me pregunto como fue capaz de aceptar su vida. Pienso en cómo hablaba, en cómo se movía, en su mirada, en esa sonrisa casi invisible, sus sentimientos, el amor de Anna." Una vez más vemos en juego la proyección. Esa frase, perfectamente, podría adaptarse a Marianne como reapropiación: "Me pregunto cómo he sido capaz de aceptar mi vida. En cómo he hablado, cómo me he movido, en mi mirada, en mi sonrisa casi invisible, en mis sentimientos, en el amor de Marianne..." Y, en ese sentido, llega el tercer y revelador punto que esclarece ese amor de Anna, y ese amor también de Marianne.

3) El relato del encuentro con su hija Marta en el psiquiátrico acompañado de las imágenes en las que Marianne le acaricia el rostro, y cuando al quitarle las gafas abre sus ojos como saliendo momentáneamente de su catatonia para encontrarse con los ojos de su madre - mientras suena de fondo la Sarabanda de Bach -. Añade entonces Marianne: "Entonces pensé en la enigmática sensación de que por primera y quizá única vez, en toda nuestra vida, me di cuenta, sentí, que estaba tocando a mi hija, mi niña..." Tremendas palabras de Marianne que ponen de relieve el que quizá es el tema esencial de la película: cómo las relaciones de los adultos entre sí, de pareja, de amantes, afectivas, ignoran en muchas ocasiones a sus hijos, y que todo ese aparente amor que se dice tener por la pareja, es un olvido, un desamor hacia los hijos, niños, adolescente, víctimas de manipulaciones, de abandonos, de sobrecargas y roles que no les tocan... Es una película que nos invita a reflexionar acerca de cómo es el amor por nuestros hijos cuando andamos tan enfrascados en nuestro amor, o desamor, por nuestras parejas o amantes. Cómo nuestros hijos son el resultado de nuestros desorden y caos afectivo.





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PELICULAS RELACIONADAS.


SECRETOS DE UN MATRIMONIO: Del hombre en falta y la mujer no-toda.
(Ingmar Bergman, 1973)

Pulsa aquí para acceder a la entrada.








DECÁLOGO IV: Honrarás a tus padres. El Edipo honrado.
(Krysztof Kielowski, 1990)

Pulsa aquí para acceder a la entrada.









THE DARK: El complejo de Edipo en la niña.
(John Fawcett, 2005)

Pulsa aquí para acceder a la entrada.









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[1] Podéis ver el documental en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc
[2] Llevador, Laura. Interpretando a Antígona (Carmen Revilla eds). Ediciones UOC.
[3] Paul Duncan & Benji Wanselius. Los Archivos personales de Ingmar Bergman. Saraband (2003). Taschen, pág. 201

miércoles, 27 de agosto de 2014

DECÁLOGO 6 (Krzysztof Kieslowski, 1990): No cometerás adulterio.

IDEALIZACIÓN Y DESCREIMIENTO EN EL AMOR.

No cometerás adulterio (Éxodo, 20, 14)

Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón (Mt, 5, 27-28)

Decálogo 6 puede abordarse desde distintos puntos de vista y, en este sentido, creo que la música de Zbigniew Preisner es una referencia que los envuelve a todos ellos. De su música hablaremos más tarde. Antes de empezar con el tema que nos ofrece su argumento, Decálogo 6 también nos permite reflexionar un poco sobre el papel de la mujer en la serie en general. Tenemos ahora ya varios referentes con Dorokta de Decálogo 2, Ewa de Decálogo 3 y Anka de Decálogo 4, a la que ahora se unirá Magda de Decálogo 6. Es un referente contemplado desde la perspectiva masculina. Algo que seguiremos observando en Decálogo 7 y Decálogo 9. En su análisis de la serie, y citando el trabajo de Alicja Helman [1], dice Zizek al respecto:

El Decálogo se centra en lo masculino: casi todos sus relatos son contados desde la perspectiva de un héroe masculino, y las mujeres se ven reducidas a su papel estándar de causantes de estallidos histéricos que alteran la calma del héroe masculino. Las mujeres son excesivas, un peligro para ellas mismas y para los demás:  son infieles y se vuelven contra sus maridos cuando estos están vulnerables (cuando tienen un cáncer como en Decálogo 2, o cuando son impotentes, como en Decálogo 9); como femme fatales, humillan al chico inocente que se enamora de ellas (como en Decálogo 6). En Decálogo 3 y 4, la heroína protagoniza un espectáculo histérico que dirige al hombre una demanda excesiva e incondicional: el examante debe abandonar su familia el Día Sagrado para ayudarla a encontrar a su marido; el padre tiene que hacer frente a la provocación incestuosa de su hija. [2]

Todo lo contrario de lo que ocurrirá posteriormente en películas como La doble vida de Verónica o la trilogía de Tres colores, donde el acercamiento a lo femenino es mucho más intuitivo, sutil y bello. Probablemente tenga que ver con una evolución del propio Kieslowski hacia la mujer y el mundo femenino. Sin embargo, creo que la lectura de género también puede centrarse en dos tendencias que las definen: el exceso femenino y el miedo masculino.

Pero volviendo a Decálogo 6 y abundando en este tema...

Kieslowski comenta sobre la amplia utilización de planos subjetivos de la siguiente manera: Vemos la acción desde el punto de vista de la persona que está amando y  no de la persona que es amada. La amada es meramente fragmentos, un objeto. Por ellos, las dos terceras partes de la película se representan a través de los ojos de Tomek. [3]

I. SOBRE LOS PROTAGONISTAS DE DECÁLOGO 6.

Decálogo 6 nos plantea la historia de Tomek (Olaf Lubaszenko), un joven de diecinueve años que está perdidamente enamorado de su vecina Magda (Grazyna Szapolowska), a la que como voyeur observa desde un catalejo en su apartamento. Las caracterizaciones de ambos personajes responden un tanto a esa diferencia de género a la que antes aludía. Tomek es un chico huérfano que vive con la madre de un amigo que está con los cascos azules en Libia. Fue ese amigo quien le habló de Magda: "Una mujer... Una tía buena que echa muchos polvos". Fue él también quien le mostró la ventana donde mirar y quien le dio unos prismáticos que luego substituye Tomek robando un catalejo.

Tomek
Tomek, que en varios aspectos responde a las líneas de carácter de la personalidad voiyeur, es un muchacho muy tímido, sin más amigos que el citado, sin novia y que trabaja en una estafeta de correos donde falsifica giros postales que pone en el buzón de Magda para que vaya y así poder verla de cerca. Tomek no sólo la observa y falsifica giros, también le retiene el correo de un ex-amante que se fue a Australia y le envía unos técnicos de gas para que interfieran cuando ella está a punto de tener relaciones sexuales con uno de sus amantes... Finalmente, y para verla aun un poco más, se acoge a un pequeño empleo matinal de repartidor de botellas de leche con el único objetivo de dejarle la botella de leche en la puerta. Toda su vida parece girar alrededor de Magda.

Tomek observando a Magda
Hay de hecho una transición en la actitud voyeurista de Tomek (quien, como ya hemos dicho, se acerca a las características de la personalidad voiyeur de joven adolescente tímido con dificultades para iniciar o mantener relaciones de pareja) que se caracteriza por el abandono de la masturbación mientras observa, y que determina el paso de la satisfacción sexual al de la idealización amorosa. Veamos cómo nos lo muestra el siguiente diálogo:

Magda: ¿Qué más sabes de mí? Dime que ves cuando tengo compañía.
Tomek: Hace el amor. Solía observarla cuando hacía el amor. Ahora ya no tanto.
Magda: Eso no tiene nada que ver con el amor. Dime que hago en esas ocasiones.
Tomek: Se quita la ropa. Y la de ellos. Se la quita. Entonces se tumban en la cama. A veces en el suelo...
Magda: ¿Dónde más?
Tomek: En la cocina. Ud. cierra los ojos y levanta los brazos
Magda: ¿Cómo? - Tomek mueve sus brazos -. ¿Alguna vez has tenido novia?
Tomek: No.
Magda: ¿Te tocas mientras me espías cuando hago el amor con alguien?
Tomek: Antes lo hacía, pero ya no.
Magda: ¿Sabes que es pecado?
Tomek: Si, pero ahora solo pienso en Ud.

Ese dejar de tocarse para solo pensar en ella es el paso a la idealización amorosa, y que conlleva en Tomek esa especie de retraimiento de la satisfacción sexual.

Magda, por el contrario, es ya una mujer madura, artista de profesión, suele tener habitualmente relaciones sexuales con amantes, algunos mas ocasionales que otros, y que en una fase de la película se nos muestra como una persona descreída del amor.

A pesar de sus relaciones se aprecia en ella la desesperación de la soledad y un más que probable refugio en el contacto sexual como sucedáneo de su necesidad afectiva y que, en cierta medida, amplifican aun más dicha sensación de soledad.

Magda.
Como vamos a ver, ambos, Tomek y Magda, representan dos posiciones (idealización y descreimiento) con respecto al amor determinadas por dos momentos vitales bien distintos: la de un joven inexperto enamorado y la de una mujer madura cuya experiencia la lleva a la desesperanza y el descreimiento. Ambos, a su manera, experimentan la crudeza de la soledad:

Los críticos ven usualmente Decálogo 6 como una historia de amor, como un relato sobre un amor obsesivo no correspondido y destructivo, y la música romántica de Preisner enfatiza claramente este aspecto de la película. Kieslowski modifica la historia del cliché acerca de una mujer madura que lleva a cabo el papel de educadora sexual de un hombre mucho más joven en un juego de pares de opuestos como experiencia frente a inocencia o cinismo frente a ingenuidad, que retrata el encuentro de dos almas perdidas, dos personajes aislados... [4]

II. TOMEK Y EL AMOR IDEALIZADO.

En una escena posterior a cuando Tomek le confiesa a Magda que es él quien la observa y la acosa, y cuando le deja delante de la puerta la botella de leche y Magda la abre y le tumba sin querer, se establece el siguiente diálogo:

Magda: Me imaginaba que serías tú. ¿Quieres pasar? Estoy sola. No tienes mal aspecto. Vaya un luchador. - Tomek se levanta sintiéndose objeto de burla y se retira. Magda va luego hacia él - Dime ¿Por qué me espías?
Tomek: Por que la quiero... La amo.
Magda: ¿Y qué es lo que quieres?
Tomek: No lo sé.
Magda: ¿Quieres besarme?
Tomek: No.
Magda: Quizá quieres que hagamos el amor.
Tomek: No.
Magda: ¿Entonces qué quieres?
Tomek: Nada.
Magda: ¿Nada?
Tomek: No. Nada... - Tomek parece irse, pero luego se da la vuelta y vuelve a Magda - ¿Te gustaría ir a tomar un café o un helado?

Tomek: Por que la quiero... La amo.
Inmediatamente la escena cambia y vemos a Tomek corriendo con su carro de leche contento por la cita que ha obtenido con Magda. Justamente en ese momento aparece, como ya viene siendo habitual en la serie, el ángel del destino, quien mira sonriendo la felicidad del muchacho. Sin embargo, su aparición no sólo es para mostrar la felicidad momentánea de Tomek, sino también para indicar el giro que se va a producir cuando la mujer que ha sido idealizada se va a transformar ahora en mujer de carne y hueso, cuando se produce el paso que va de la observación al contacto.

- ¿A qué responde la idealización?

¿Qué idealiza Tomek en Magda? Obviamente el amor de Tomek es un amor falso en tanto en cuanto responde a una visión idealizada de Magda y, en ese sentido, es producto de su narcisismo. No ha habido ni las circunstancias ni el tiempo para que se construya amor, puesto que éste necesita precisamente del contacto, de la relación y la convivencia. Por lo tanto, nos enfrentamos ante una proyección que Tomek realiza sobre Magda. En términos psicoanalíticos se diría que Tomek proyecta en ese enaltecimiento de Magda su propio ideal del yo. Magda, en ese sentido, es lo opuesto a Tomek: artista, asertiva, desinhibida... Observemos que en la idealización, el sujeto que idealiza busca la mirada del objeto idealizado como mirada de aceptación, también como mirada amorosa. De alguna manera busca hacerse digno de ese ideal que, por decirlo de alguna manera, ha encarnado externamente invistiéndolo en un objeto. La alegría de Tomek cuando Magda acepta su invitación es una primera manifestación de esto. Es como si el ideal del yo de Tomek le diera un primer atisbo de aceptación:

La idealización lleva a la exaltación del objeto y procura su completud del otro.Sólo los enamorados están seguros del Otro, creen que hay Otro del Otro: Un padre inmaculado que puede resguardarnos bajo su tutela amorosa. [5]

En términos psíquicos, los procesos de idealización amorosa se ven confrontados con la realidad del objeto idealizado. Veamos lo que le va a suponer a Tomek toparse con la realidad de Magda.

- La confrontación con la realidad.

Tras la confesión de Tomek a Magda de que la observa podemos destacar tres momentos de este acercamiento de Tomek a la realidad:

En un primer momento Magda, en lugar de cerrar las ventanas lo provoca diciendo que se ponga al teléfono sospechando que la observa... Tomek descuelga el teléfono y asistimos a la siguiente conversación:

Magda: ¿Estas mirando ahora?
Tomek: Si.
Magda: ¿Te has dado cuenta de que he movido la cama?
Tomek: Si
Magda: Pásalo bien.

Instantes después llega el amante de Magda y hacen el amor ante la mirada de Tomek. Luego observamos como ella le cuenta al amante que les están observando señalando hacia su ventana. El amante sale a la calle y le grita y le insulta y le dice que baje... Tomek baja y recibe un puñetazo que le deja un ojo morado.


El segundo momento, que ya vimos antes, es cuando Tomek sube a dejarle la botella de leche y Magda, al abrir la puerta, le tumba. Hay que destacar aquí el momento en el que ella se burla del "luchador" que es, en referencia a su encuentro con el amante de la noche anterior. De ese momento, y cuando él le manifiesta que la ama, surge el encuentro para tomar un café, donde Magda le avergüenza una vez más cuando al pedirle que le tome la mano le observa su falta de experiencia mostrándole como lo hace otra pareja...



El tercer momento surge después de tomar el café (donde Magda ya le observa su falta de experiencia al tomarle la mano y acariciarla), cuando juntos en el apartamento de Magda esta se revela como una femme fatale que humilla a Tomek... Tras hablar sobre lo que sabe de ella y sobre que veía cuando la espiaba (lo vimos más arriba, en el primer diálogo de este comentario), la escena toma un giro cuando ella empieza a acariciarle el pelo diciéndole:

Magda: Ahora no digas nada... Sabes que no llevo ropa interior, ¿verdad...? - Tomek asiente con la cabeza - Cuando una mujer desea estar con un hombre se humedece. Y así estoy ahora mismo... Que manos tan delicadas - tomando las de Tomek  -. No tengas miedo - llevándoles sus manos a sus muslos -

Tomek se excita cuando sus manos llegan a su sexo... Tanto que sufre una eyaculación inmediata. En ese momento baja la cabeza y llora. Surge entonces una Magda que actúa como una femme fatale humillando a Tomek sin ningún reparo:

Magda: ¿Has terminado? ¿Te ha gustado? Ya ves, aquí tienes todo lo que representa el amor. Puedes limpiarte, hay una toalla en el baño...



Tomek sale corriendo desesperado del apartamento de Magda... Esta lo observa desde su ventana como se dirige hacia su apartamento y como, en ese momento, Tomek vuelve a cruzarse con el ángel del destino... Magda empieza a sentir remordimientos y es entonces ella quien coge unos prismáticos y observa a Tomek en su habitación... Éste apaga la luz y Magda, creyendo que tal vez la observe, coge el teléfono para señalarle que la llame... Pero Tomek no llama. Tomek se dirige en ese momento hacia el baño y llena de agua una palangana. Mientras, Magda escribe en una hoja grande "LO SIENTO, VUELVE, POR FAVOR". En la escena siguiente vemos a Tomek sacando la cuchilla de afeitar de una maquinilla. Magda coloca el papel en la ventana, pero mientras, Tomek pone las manos en el agua de la palangana y se corta las venas. Más tarde, cuando Magda se asoma a la ventana, ve una ambulancia salir de la puerta del edificio donde vive Tomek.



Y aquí, con el intento de suicidio de Tomek es cuando empieza la historia de Magda. Pero antes acabemos de reflexionar sobre la reacción de Tomek. Recordemos que al describir el proceso de idealización dijimos que lo que se proyecta en el Otro es el Ideal del yo y la búsqueda de su aceptación a través del amor. Es por ello que en Tomek se observa junto a su enamoramiento mucho miedo. Junto al deseo de la aceptación convive el miedo del rechazo, un rechazo que, obviamente, va más allá de Magda y que entronca ya no sólo con el ideal del yo, sino con la conjunción de éste con el temible superyó, que con la escena vista une el rechazo con el desprecio y la humillación, eso si, perfectamente encarnados en la acción de Magda. Esa reacción traumatiza a Tomek y le lleva al intento de suicidio. Vemos aquí el reverso temible de la idealización que, en el caso de nuestro protagonista, implica una crítica dimensión letal.

III. MAGDA Y EL DESCREIMIENTO DEL AMOR.

Decía que con el intento de suicidio es cuando empieza la historia de Magda. Su reacción hacia Tomek hay que entenderla desde la necesidad de destruir aquello en lo que Magda ya ha dejado de creer: el amor. Se observa eso en distintos momentos de la película. En el café que toman juntos se da el siguiente momento:

Magda: ¿Recuerdas lo que me has dicho esta mañana? Dilo otra vez.
Tomek: Te quiero.
Magda: El amor no existe.
Tomek: Si que existe.
Magda: No.

Al final de la noche Magda parece querer demostrarle "físicamente" esto: Ya ves, aquí tienes todo lo que representa el amor. Sin embargo, hay una escena, que Tomek contempla a través del catalejo, en la que vemos a Magda salir del coche de su amante enfadada. Luego, al entrar en su apartamento, y mientras Tomek sigue observando, ella tras derramar una botella de leche se echa a llorar profundamente.


Creo que esta escena nos da una dimensión de la realidad de Magda y que Gabriel García Márquez define en su libro Memorias de mis putas tristes: "El sexo es para consolarnos del fracaso del amor". Magda experimenta en ese momento su profunda soledad. La soledad afectiva que hay tras sus encuentros con amantes en los que el amor es sustituido por el deseo y el sexo. Pero quizá ese dolor que Magda se niega a reconocer se desvela como la venganza sobre el Tomek enamorado. De hecho la relación entre Tomek y Magda tiene mucho de las características de las películas de la femme fatale, o como también dice Zizek de un slasher film [6]

Sin embargo, el remordimiento de Magda la acerca más a Tomek... Desde el instante en que ve la ambulancia, es ella la que empieza a mirar su ventana (en un cambio de rol de observador y observado) esperando verle en algún momento. Incluso llega a ir a la casa donde vive para llevarle el abrigo. Allí la madre del amigo que le cuida (quien también había observado por el catalejo cuando Tomek estaba en el apartamento de Magda) le cuenta que se lo llevó la ambulancia  pero sin decirle que se intentó suicidar... Y allí asistimos al siguiente diálogo:

Magda: ¿Ha salido?
Madre: No. Está en el hospital.
Magda: ¿Qué ha pasado?
Madre: Nada importante. Le darán el alta en una o dos semanas como mucho.
Magda: Me gustaría ir a verle. Sabe, se fue tan de repente de mi casa...
Madre: Ya lo sé.
Magda: Creo que... Yo... le hice daño-
Madre: Es mejor que no vaya a verle. Volverá pronto.
Magda: Dígame que le ha pasado.
Madre: Quizá ud. lo encuentre divertido. Pero el se enamoró de ud. Este es su catalejo, con el que la espiaba. Supongo que lo ha robado. Antes tenía unos prismáticos. Y éste es el despertador. Se lo pone a las 20.30. Ud, vuelve a esa hora, ¿verdad?
Magda: Más o menos
Madre: Se ha enamorado de la persona equivocada.
Magda: Si.
Madre: Yo cuido de él.
Magda: Ud. tiene un hijo ¿no?
Madre: Esta fuera. Cuando venga volverá a irse. Siempre ha estado huyendo algún sitio. Nunca ha querido quedarse aquí conmigo. Soy mayor. No tengo grandes necesidades  ni deseos. No me gusta estar sola. Quiero que alguien viva conmigo.
Magda: Buenas noches.

Por un momento Magda encuentra en esas palabras de ese madre su propio espejo: el espejo de su soledad. Por unos instantes se encuentra con su desesperada realidad, como cuando lloraba en la cocina quedándose dormida luego sobre la leche que derramó. Justamente en ese punto es cuando Magda se obsesiona con Tomek estando pendiente de su llegada, preguntando en la estafeta de correos,  hasta que un día, mientras observa su ventana ve la sombra de la mujer que le cuida tras las cortinas, y luego la sombra de Tomek. Vemos entonces su contento, aunque  a la mañana siguiente, cuando la mujer que cuida a Tomek pasa a dejarle la leche a Magda y ésta le pregunta si ha vuelto... la mujer le responde que no. Finalmente se dirige a la estafeta donde ve a Tomek sentado en su ventanilla. Ambos se miran... Ella entra y le sonríe... Tomek unos instantes después le dice: Ahora ya no la espío. Y acaba el episodio con la cara entristecida de Magda "mirando" a través del agujero de cristal, tal y como empieza la película con Tomek en el mismo plano.


IV. REFLEXIONES FINALES.

Obviamente la confrontación con la realidad ha acabado con la idealización de Tomek por Magda. Ha acabado con la imagen que el se forzó a  base de su fantasía, de sus sueños y anhelos, para encontrarse con una mujer que en el contacto le muestra una cara menos amable y que con su humillación acaba por traumatizarle. A Magda, le pone de relieve la soledad y la desesperación en la que finalmente vive, le desmonta su defensa, una negación para evitar el dolor de no sentirse amada y con ello, como ocurre con Tomek, el dolor de la humillación que su propio superyó le podría infringir. Su acción sobre Tomek demuestra la falsedad de su postura y su agresividad latente hacia el hombre que sólo la desea pero que no la ama y, probablemente, hacia sí misma por el rol que acepta asumir bajo una máscara de cinismo y descreimiento.

Decálogo 6 se resume en las siguientes palabras de Zizek:

Así pues, la fórmula resumida de la lección de Decálogo 6 será: no existe el amor (pleno, recíproco), sólo existe una INMENSA necesidad de amor... Cada encuentro amoroso concreto fracasa y nos devuelve a nuestra soledad. Tal vez sea que sólo cuando estamos enamorados somos capaces de enfrentarnos a nuestra soledad. [7]

Detrás de la música aparentemente romántica de Preisner para este episodio se encuentra ese elemento melancólico que suscita es INMENSA NECESIDAD DE AMOR. Y también el dolor del fracaso en el amor, del encuentro que finalmente desemboca en el desencuentro, y finalmente también en el dolor más de fondo de como ese inmensa necesidad de amor y el dolor del fracaso en el amor ponen de relieve el profundo rechazo que experimentamos hacia uno mismo: buscamos el amor que no encontramos en nosotros mismos. 

La música de Preisner para Decálogo 6

Encontramos en la melodía melancólica de Preisner esa soledad transformada en castigo como ausencia de amor donde se demuestra finalmente el poco amor, el  poco respeto y el profundo rechazo y auto-humillación que se siente por uno mismo, y que en Decálogo 6 se nos muestra en el intento de suicidio de Tomek (una acción claramente retroflectora o de vuelta contra sí), o en el refugio en el cinismo de Magda (una acción claramente deflectora ).

Cómo siempre ocurre con Kielowski, la puerta que se deja abierta es la del aprendizaje y a que nuevos horizontes éste nos lleva. ¿Qué habrán aprendido Tomek y Magda de su experiencia?

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[1] Helman, Alicja, Woman in Kieslowski late films en Lucid dreams: the films of Krzysztof Kieslowski by Paul Coates, Tadeusz Lubelski, Alicja Helman and Charles Eidsvik (Aug. 1998)
[2] Zizek, Slavoj, Lacrimae Rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, Debate, pág, 60
[3] Haltof, Marek. The cinema of  Krzysztof Kieslowski. Variations on destiny and chance. Wallflower press, citando a Katarzina Jablonska, pág. 120.
[4] Ídem anterior, pág.
[5] Gerez Ambertín, Marta. Sublimación, idealización y subjetividad. Biblioteca digital Universidad Autónoma Metropolitana. Xoximilco. Revista Tramas,  pág. 167
[6] El cine slasher es un subgénero del cine de terror que se caracteriza por la acción de un psicópata que asesina a adolescentes y jóvenes que se hallan fuera del control o supervisión de un adulto. Generalmente la víctima se halla relacionada con temas de sexo prematuro o consumo de drogas.
[7] Ver nota 2, pág. 14

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SERIE DECÁLOGO (pulsar título para acceder a la entrada)

Decálogo 1. Yo, el señor, soy tu Dios. Ese frágil absoluto.
Decálogo 2. No tomarás en falso el nombre del señor, tu  Dios. Compasión vs. culpa.
Decálogo 3. Santificarás las fiestas. Resentimiento, envidia y reparación. 
Decálogo 4. Honrarás a tus padres. El edipo honrado.
Decálogo 5. No matarás. Estado, poder, ley y obscenidad.
Decálogo 6. No cometerás adulterio. Idealización y descreimiento en el amor.