AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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lunes, 6 de abril de 2015

DECÁLOGO 9 (K. Kieslowski, 1990): No desearás a la mujer del prójimo. De mentiras, de celos y de culpas.

Decálogo 9 nos plantea una curiosa variación del mandamiento. En este episodio nos encontramos a Romek (Piotr Machalika) quien desea a Hania (Ewa Blaszczyk), su mujer, quien se ve con Mariusz, su joven amante. Es decir, la desea en tanto en cuanto se ve con el amante y, ese es el hecho fundamental, dado que se le diagnostica una impotencia fisiológica sin cura. Diagnosticado por un médico colega suyo - Piotr es cirujano -, nuestro protagonista se encuentra con tener que comunicarle la noticia a su mujer. De vuelta a casa realiza una maniobra con el coche que casi desemboca en un accidente (justo entonces aparece el personaje del ángel, presente en varios episodios de la serie como ya hemos visto). Asistimos entonces a su desesperación. Ya en casa, Romek se lo comunica a Hania quien, en principio, reacciona de una manera entregada:

Hania: El amor no es jadear en la cama cinco minutos un día a la semana.
Romek: También es eso.
Hania: Es solo biología. El amor está en el corazón no entre las piernas. Lo que me importa es lo que ya tenemos, no lo que nos queda por tener.
Romek: Tú eres joven.
Hania: Me las arreglaré
Romek: Tendrás que buscarte a alguien, si no lo tienes ya.
Hania: No tengo a nadie. Hay cosas que no hace falta decirlas.
Romek: Si hace falta.
Hania: Has sido honesto conmigo y me has dicho que no podemos volver a hacer el amor. Esta es la opinión médica, pero te digo que quiero estar contigo a pesar de todo, y que te quiero.

Una primera reflexión que se nos ofrece en este diálogo es que más allá de la loable disposición de Hania cuando manifiesta que "el amor está en el corazón, no entre las piernas", es también si cabe reducir el sexo como un mero "jadeo de cinco minutos un día a la semana". Se hace claro que esta expresión ya manifiesta algo en sí misma...

Romek y Hania.

Sin embargo, pronto observamos en el episodio algunos detalles que empiezan a dar que pensar sobre la posible presencia de alguien más en la vida de Hania, a la vez que vemos a Romek empezar a sospechar. Pronto una llamada al trabajo de Hania nos muestra que la presencia del amante es cierta. Mientras, también empezamos a ver algunas acciones de Romek que muestran una actitud de sospecha cada vez mayor hacia su mujer, y así le pincha el teléfono de casa para escuchar sus conversaciones, le registra su bolso mientras duerme hallando escrito detrás de un documento lo que parece un número de teléfono, hace una copia de la llave de la casa de la madre de Hania (donde sospecha que quizá se vean con el amante). Finalmente Romek es testigo del encuentro de Hania con Mariusz (Jan Jankowsky), un joven físico, en casa de la madre de Hania. Surgen, después de esta primera parte del episodio, algunas cuestiones y preguntas. Por ejemplo, parece que el amante existía antes del diagnóstico de la impotencia o...  ¿Por qué Hania le miente a Romek de la manera en que lo hace, y con ello me refiero a la entrega firme que muestran sus palabras? o... ¿Cómo llevaba antes del diagnóstico su infidelidad  o... ¿Por qué Romek no había sospechado nada antes? y... ¿Por qué Romek no dice nada tras descubrir que Hania tiene un amante?

La llamada de Mariusz

Como en decálogo 2 y 4 la mentira vuelve a ser un elemento clave del episodio y, como siempre, hallamos en Kieslowski la respuesta de que la ética de su utilización depende de la situación. Por ejemplo, en decálogo 2 la mentira evita el aborto de una madre que desea su hijo si bien el problema es que éste es del amante y no de su esposo. En decálogo 4 la mentira es "no querer saber la verdad" sobre la paternidad o no de una hija y su padre, sospecha que se teme podría desvelar un sobre que dejo una madre desconocida, pues murió a los pocos días de nacer la hija. En decálogo 9 nos encontramos con la "mentira" producto posiblemente de la pena y la culpa que Hania siente por Romek y que, como veremos, en éste caso no vale el supuesto de Hania "hay cosas que no hace falta decirlas".

1. SOBRE LA INFIDELIDAD DE HANIA Y LA CULPA DEPRESIVA PERSECUTORIA.

Hania nos muestra las dificultades implícitas en esas "cosas que no hace falta decirlas", pero que son realizadas en silencio y que cuando se descubren tienen efectos peores que los que el silencio pretendía evitar. En éste caso, y como veremos, los celos patológicos de Romek. Podemos entender la acción de Hania como producto de lo que se llama "culpa depresiva persecutoria". Recordemos que en el anterior Decálogo 8 diferenciamos dos tipos de culpa, por un lado la culpa persecutoria, la esencia de la culpa generada por el superyó y estrechamente vinculada con el sentimiento de culpa neurótico, basada fundamentalmente en el remordimiento y la búsqueda de castigo; y por otro lado la culpa depresiva, más preocupada genuinamente por el otro y por uno mismo en relación a un cierto tipo de comportamiento o acción y que es acompañada por sentimientos como la pena, la nostalgia y la responsabilidad y que, a diferencia de la culpa persecutoria, busca el arrepentimiento y la necesidad de reparación. Entre las dos existe una culpa intermedia que llamamos "culpa depresiva con contenidos persecutorios", y que se caracteriza por el reconocimiento de la culpa real implícita en un acto, si bien al mismo tiempo se mantiene producto de no querer renunciar a los beneficios que aporta o del temor a exponerse a sus consecuencias (del que el Raskolnifov de Crimen y Castigo de Dostoievski es un buen ejemplo). Así el reconocimiento de la culpa convive con la no aceptación de la frustración implícita a la renuncia de los beneficios o a la exposición de sus consecuencias antes citados. Evidentemente estas situaciones se mantienen por el engaño, silenciando la realidad. Se observa en estos casos que la persona afectada de este tipo de culpa intermedia se mantiene tranquila - e incluso lo intenta justificar - mientras los hechos se mantienen ocultos. El auténtico derrumbamiento se produce cuando los hechos son descubiertos o revelados y entonces la persona se enfrenta al dolor causado.

En el caso que nos trae tenemos que suponer que en una primera fase, cuando el amante ya existía antes de que a Romek se le diagnosticara la impotencia, el sentimiento de culpa de Hania debía tener poco peso y también cabe pensar en los beneficios que aportaba desde esa concepción del sexo por ella dicha. En todo caso dicho sentimiento si gana presencia tras ese diagnóstico de impotencia, y es justamente lo que hace que Hania lo compense haciendo la mentira aún más grande a través de sus palabras: "El amor está en el corazón no entre las piernas. Lo que me importa es lo que ya tenemos, no lo que nos queda por tener" o "No tengo a nadie. Hay cosas que no hace falta decirlas". En una primera instancia la pena por la situación no lleva a la renuncia del amante. Es decir, al sentimiento de culpa por el engaño no le acompaña la renuncia de éste. Sin embargo, sí observamos posteriormente que mientras Hania está con Mariusz en la cama su rostro manifiesta su evidente remordimiento. En éste caso observamos un peso ya más claro de los contenidos persecutorios de su sentimiento de culpa. Una reflexión interesante vinculada con esto sería por qué precisamente el diagnóstico de la disfunción provoca un cambio de percepción en Hania cuando antes de ese diagnostico el amante ya existía. La enfermedad aumenta la culpa cuando, en realidad, podría llevar a tener que hablar seriamente de las cosas como Romek propone y, de alguna manera, ya entreve.

Hania con Mariusz

Cómo suele ocurrir con la culpa persecutoria, la culpa depresiva con contenidos persecutorios nos hace incurrir en acciones que no hacen más que perseverar en más culpa, y las palabras de Hania son un buen ejemplo de ello. ¿Por qué compensar la infidelidad y el engaño que ya suceden utilizando palabras que se van justo al otro polo, el de la fidelidad y el amor más entregado? Tras descubrir que Hania tiene un amante, Romek no dice nada, si bien se observa en él una reacción de carácter más violenta. Hania lo encuentra por la noche encerrado en el lavabo. Le dice que no puede dormir y al acariciarle le grita que no lo toque... Hania queda afectada por esta reacción y la evidente desesperación de Romek. Luego la vemos llamar de nuevo a Mariusz para verse (mientras Romek lo escucha al tener el teléfono intervenido: "necesito verte" - oye -). De esta manera Romek, que tiene la llave del apartamento va antes y se esconde en un armario para verles. Cuando por fin llega Hania y luego Mariusz lo que ve es que su mujer le dice al amante "que es la última vez que  nos vemos. esto es lo que he venido a decirte". También oye que que "no se ha enterado ni se enterará nunca"... Cuando Mariusz se va Hania descubre a Romek en el armario espiándola. Después de la primera sorpresa y del enfado de Hania, ésta halla a Romek en el lavabo derrumbado...

Hania: Abrázame...Por favor, abrázame... Abrázame fuerte, No puedo, Abrázame. Por favor. ¿No me abandonarás solo porque me he ido a la cama con...? No lo sabía, te conozco lo suficiente, pero nunca llegué a pensar cuanto daño podía hacerte.
Romek: No tengo derecho a estar celoso ni ha exigirte nada...
Hania: Por supuesto que si. Y tenías razón sobre aquello que dijiste, No debe quedar nada por decir. No te volveré a mentir nunca. No tendrás que esconderte en un armario.
[...]
Hania: Deberíamos tener un niño o adoptarlo. Tenías razón
Romek: Lo que necesitamos ahora es un descanso el uno del otro.

La observación del malestar de Romek lleva a Hania a acabar la relación con Mariusz, pero ya es demasiado tarde, pues finalmente el engaño es desvelado y el daño ratificado... Observamos entonces algo que se suele dar en esas situaciones: las excusas (No lo sabía, te conozco lo suficiente, pero nunca llegué a pensar que podía hacerte tanto daño) y la propuesta de renovación (Deberíamos tener un niño o adoptarlo), una especie de manipulación del exterior que parece tener que aportar una especia de borrón y cuenta nueva. Romek, más sensato, por lo menos en apariencia, propone descansar el uno del otro... tomarse un tiempo.

Como ya vimos en la entrada dedicada a la película Infiel (Liv Ullmann, 2000) - pulsar aquí para ver la entrada -, el engaño desemboca en los celos de Romek si bien con una peculiaridad en bien distinta en su caso...

Escondido tras el armario.

II. ROMEK Y LOS CELOS CULPOSOS.

¿Y qué decir de Romek? Romek nos revela una faceta interesante del celoso dada su situación. En dos comentarios a la película Infiel, ya citada anteriormente, se decía que el celoso es un ser profundamente herido y que vive dicha herida como una humillación que le desvaloriza. Por otro lado, al reprimir su sentimiento de culpa este es proyectado fuera, puesto en el otro. En el caso de Romek observamos la dimensión más trágica del celoso cuando la realidad le marca con una incapacidad como la impotencia... Esto le confirma el peor de sus fantasmas al celoso... su temida desvalorización se le hace de repente real. Por eso se observa en Romek que su espionaje a Hania parece cumplir más un deseo de auto-humillación que otra cosa. No es sólo constatar que la engaña sino también constatar aquello donde él no puede satisfacerla. Contemplar aquello que se transforma para él en objeto de humillación, de indignidad. El problema que nos muestra Romek corresponde a algo parecido con la persona resentida... Si dejara su resentimiento lo que aparece es una atroz culpa hacia sí mismo... Lo que aparece en Romek es una profunda culpa por que a través de su disfunción se confirma una temida inferioridad como hombre. Como decía Lacan, el problema de los celos está más allá de la realidad o no que puedan sustentar las sospechas y temores del celoso. Los celos son patológicos en sí mismos.

Y el ejemplo más claro de esto lo tenemos en la segunda parte del episodio, cuando tras tomarse unos días de descanso el uno del otro - como propone Romek -, Hania parte a la estación de esquí de Zakopane mientras Romek se queda en casa. Un nuevo detalle en el que ve a Mariusz partir en coche cargando los esquís destapa en el todos los temores. Llama a casa de Mariusz haciéndose pasar por un colega de la Universidad y su madre le dice que ha partida a la estación de Zakopane... En la siguiente escena vemos la inesperada sorpresa de Hania cuando ve a Mariusz que ha venido para estar con ella... De repente sale corriendo para llamar a Romek. La escena vuelve a cambiar y le vemos a él dejando una nota sobre el teléfono y saliendo de casa a la vez que suena el teléfono que no coge... Luego le vemos pedaleando en bicicleta velozmente y, finalmente, lanzándose con ella al vacío... Aparece entonces el personaje del "ángel" que sale en ocho de los diez episodios. Paralelamente y al ver que Romek no responde al teléfono Hania toma un autocar de vuelta. La vemos luego en casa leyendo la nota y llorando. Instantes después vemos a Romek en el hospital, quien malherido llama a Hania. "Hania, querida..." - dice Romek -. "Estas bien... Dios mío, estás bien" - responde ella -. "Si lo estoy" - responde él -. Y así acaba el episodio.

Nos hallamos aquí con el suicidio como desesperación y acusación. Romek entre de pleno en aquello de "la mujer como síntoma del hombre". Romek hace bueno un comentario que vimos en la entrada dedicada a las femme fatale justamente en esa dimensión (pulsar aquí para ver entrada), y que dice: el hombre mismo existe únicamente a través de la mujer como síntoma: toda su inconsistencia ontológica está suspendida de su síntoma, es "externalizada" en su síntoma. [1]

"Hania querida - dice Romek -. "Estás bien... Dios mio estás bien..." - responde Hania -.

De igual manera que Hania tuvo que aprender que nla mentira es un buen remedio para la pena y la culpa, Romek va a tener que aprender qué hacer con la desconfianza que habita en él, no sólo la desconfianza que siente hacia Hania sino también la desconfianza y la culpa hacia él mismo como hombre pues, en el fondo, estas son las que alientan la primera. Cómo en algunos episodios de Kieslowski el aparente "final feliz" simplemente deja abierta la incógnita de que sucederá si el uno y el otro no se atreven a manejar el problema surgido, tanto lo que representa realmente la impotencia en su vínculo, como los efectos de las mentira de Hania y, por lo tanto, cual es su verdad, y los celos y la propia desvalorización de Romek... En todo caso tienen ahora los elementos para hablar sobre ello y no para callar.

III. ALGUNOS ELEMENTOS SIMBÓLICOS DE KIESLOWSKI.

- La estudiante de canto.

Paralelamente a la historia de Romek y Hania, transcurren unos diálogos entre Romek y una joven (Jolanda Pietek Gorecka) a la que tiene que operar (un guiño a La doble vida de Verónica, también filmada en 1991). Se trata de una delicada intervención de corazón. En todo esto se juega su futuro como cantante, pues se trata de una estudiante de canto especialmente dotada. En su diálogo le dice a Romek:

Mi madre es muy trabajadora y quiere que llegue a ser alguien. No entré en el conservatorio por mis problemas de corazón. No debería cantar, pero es lo que mi madre quiere [...] Mi madre quiere que me forje una carrera internacional. Para eso es la operación. Mi madre quiere que el jefe de sala me opere, o mejor aún, usted.

Y a la pregunta de Romek sobre que es lo que ella quiere le responde:

Quiero vivir, para mi es suficiente. No tengo porque dedicarme a cantar. Además, tengo miedo. Supongo que esto es lo que quería el Jefe de Sala. Que usted me dijera que no es peligroso y que después podré hacer de todo

Romek le dice la verdad acerca del riego de la intervención. Ella continua:

Cada uno tiene necesidades distintas. Mi madre quiere que lo tengo todo y necesito un poquito... (junta un poco los dedos pulgar e índice) así.

Mi madre quiere que lo tenga todo y necesito un poquito... así.
Sin embargo, y tras la intervención asistimos este diálogo:

Piotr: ¿Cómo se encuentra?
Joven: Le odio.
Piotr: ¿Por qué? Al final accedió, ¿no?
Joven: Si, pero no es lo que quería.
Piotr: ¿Ha ocurrido algo? ¿Algo va mal?
Joven: Todavía no, pero ahora soy una persona distinta.
Piotr: ¿A qué se refiere?
Joven: A que ahora quiero cantar, cantar para el gran público,

Interesante reflexión sobre lo que se necesita para vivir y el producto de nuestras ambiciones, deseos, y también de la asunción de expectativas y deseos ajenos. Frente a la muerte el don de la voz es secundario y hace ver la vida de una determinada manera, esencialmente de una manera más sencilla. Sin embargo, y superado el problema, ya no se necesita "un poquito" sino mucho más, y como dice la joven, todavía no ha ocurrido que algo vaya mal... Sin embargo algo va mal cuando nuestro ser es ser la expectativa del otro, o como diría Lacan, cuando nuestro deseo es deseo del otro. Es sólo cuestión de tiempo que vaya mal, y Romek justamente se enfrenta a este temor fundamental: dejar de ser el deseo del otro, en ese caso de Hania y enfrentarse a su rechazo y abandono que finalmente, como nos muestra el episodio, le lleva al intento de suicidio... rechazo y abandono que no son más que rechazo y abandono de sí mismo (la realidad última del celoso) en manos del juicio devastador de su superyó que a partir de su impotencia disgnosticada le tranforma en mero objeto de humillación y, obviamente, de goce, el goce que fundamente el temor del celoso: hay algo real en mí por lo que soy o voy a ser finalmente rechazado.

- El cuaderno de Física y la basura.

Una de las escenas en que la sospecha de Romek se incrementa es cuando descubre un cuaderno con anotaciones de física en la guantera del coche (que en una escena anterior se había mostrado vacío). Su primera intención es tirarlo en un container de basura, pero luego se lo repiensa y lo recupera lleno de mierda después de que, instantes antes, una anciana vierta sus restos de basura sobre él. Sucio y pringoso, Romek lo intenta limpiar un poco y lo devuelve a la guantera. Metáfora inequívoca que nos avanza hacia como el vínculo Romek-Hania va a ensuciarse desde las mentiras en las que cada uno de ellos incurrirá.

El cuaderno de física.

- La postal del Papa Karol Wojtila.

En otro momento, Hania llama a Mariusz para decirle que no le llame más a casa. Mariusz le dice entonces que le ha dejado una tarjeta sorpresa en el buzón diciéndole que la quiere y que la espera en la cita. Romek, justo en el mismo momento, y por encargo de Hania, está en la casa de su madre (la escena ya nos lo muestra revisando la cama y algunos cajones). Hania, preocupada, llama a Romek y le pide que se de prisa, que a su madre no le gusta que husmeen en su casa. Sin embargo, al salir, Romek abre el buzón y encuentra la tarjeta de Mariusz, una tarjeta que curiosamente nos muestra al papa Wojtila en una curiosa actitud de "Te estoy viendo". Te veo a ti cometiendo adulterio y a ti espiando. Ambos, a su manera, engañando al otro para evitar la culpa por sus actos. En realidad, yo creo que esta foto bien podría representar el peso de la culpa persecutoria. Como "el ojo que todo lo ve", es la culpa de la que nadie escapa y el castigo que al final siempre aguarda: el superyó gozante.

La imagen del Papa Karol Wojtila.
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[2] Zizek, S. ¡Goza tu síntoma! Jacques Lacan dentro y fuera de Hollywood. Nueva visión, pág. 189

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VER PELÍCULA:

PARTE 1. https://www.youtube.com/watch?v=9blE6YBneT8
PARTE 2. https://www.youtube.com/watch?v=WcBLhC5863Q
PARTE 3. https://www.youtube.com/watch?v=wYAv1NrNe1k
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SERIE DECÁLOGO (pulsar título para acceder a la entrada)

Decálogo 1. Yo, el señor, soy tu Dios. Ese frágil absoluto.
Decálogo 2. No tomarás en falso el nombre del señor, tu  Dios. Compasión vs. culpa.
Decálogo 3. Santificarás las fiestas. Resentimiento, envidia y reparación. 
Decálogo 4. Honrarás a tus padres. El edipo honrado.
Decálogo 5. No matarás. Estado, poder, ley y obscenidad.
Decálogo 6. No cometerás adulterio. Idealización y descreimiento en el amor.
Decálogo 7. No robarás. El arquetipo del niño.
Decálogo 8. No mentirás. Sobre la culpa depresiva.
Decálogo 9. No desearás a la mujer del prójimo. De mentiras, de celos y de culpas.


lunes, 16 de febrero de 2015

DECÁLOGO 8 (K. Kieslowski, 1990): No mentirás. Sobre el concepto de culpa depresiva.

No darás testimonio falso contra tu prójimo (Éxodo 20, 16)

Decálogo 8 nos plantea como decálogo 2 un dilema ético y, por ello, no es de extrañar que en una escena ambos episodios se relacionen. Obviamente también está implícito el sentimiento de culpa y, como ocurre en las reflexiones de Kieslowski, las situaciones que nos plantea siempre nos dejan con la dificultad con la que se tienen que asumir ciertas decisiones del ser humano. La película nos presenta de entrada una imagen en la que la mano de un adulto da la mano a una niña andando por unos solitarios callejones de Varsovia. Inmediatamente pasamos de esta escena a la de una mujer mayor haciendo gimnasia en la Naturaleza y luego haciendo footing. Finalmente la vemos llegar a su casa con unas flores. Allí nos encontramos con uno de los símbolos habituales de Kieslowski en esas series: un cuadro torcido. Como algo que no encaja ese cuadro torcido ya parece advertirnos de algún desencaje en la vida de esta mujer. Sofia (María Koscialkowska), es profesora de ética de la Universidad a quien visita su traductora en los Estados Unidos, Elzbieta Loranz (Teresa Marczewska), quién una vez presentada le pide que la deje asistir a su clase. Curiosamente, y ya en la clase, y tras presentar a los alumnos a Elzbieta, indica que va a continuar con el tema que están tratando: el infierno ético. Y es aquí cuando una alumna plantea una cuestión que hace referencia directa a Decálogo 2:

Tenemos la siguiente situación: un hombre se muere de cáncer. Le está tratando un médico excelente, que, y esto es importante, es cristiano. Este médico vive en el mismo edificio que el paciente y su esposa. La esposa del paciente empieza a acosar al médico. Lo que quiere es saber si su esposo va a vivir o a morir y, en ese caso cuando. Pero él no puedo decírselo. Sería como condenarle a muerte, y como católico, no puede decírselo. Pero ella insiste tanto que el médico sospecha que tenga un motivo especial que la haga insistir. Sus sospechas son correctas: la mujer está embarazada. Pero es de otro hombre y él no lo sabe. Además es su primer embarazo y creía que no podía tener hijos. La mujer ama a este  hijo, recién concebido. Pero también a su marido. Si su marido no muere se verá obligada a abortar. Pero si muere tendrá el niño. Le guste o  no, el médico sabe que la vida del niño depende de él.

Sofia - que durante la narración de la alumna parece inquieta - indica que conoce el final de esta historia y que el niño está vivo y que eso es quizá lo más importante de la historia. También, visiblemente afectada por esa última afirmación de Sofía acerca de que lo más importante es que el niño esté vivo, Elzbieta le pide a la profesora si puede añadirse a la clase y relatar un incidente.

Sofía y Elzbieta.
Sofia accede y Elzbieta empieza un relato de una historia real en Varsovia situada en 1943, durante la segunda guerra mundial. Se trata de la historia de una niña judía de 6 años que una joven pareja católica tiene que refugiar. Sólo hay una demanda: que la niña tenga extendido un certificado de bautismo:

La niña y su tutor entran en el apartamento. El marido esta nervioso, la mujer está tranquila. Les ofrecen un té (la cámara enfoca el rostro contrariado de Sofía). A la niña le apetece pero no hay tiempo, El cura está esperando y se acerca el toque de queda. Pero la mujer en lugar de vestirse, les pide que se sienten [...] El hombre da vueltas por la habitación. Se cruzan una mirada y la mujer decide decir lo que el hombre es incapaz de decir: que deben faltar a su promesa, que han estado reflexionando sobre ello y no pueden mentir ante el dios que creen y que, si bien les exige caridad, prohibe levantar falsos testimonios (El rostro de Sofía esta cada vez más afectado). Aunque conocían el propósito de la mentira, era irreconciliable con sus principios. Y ya está. Entonces la niña y su tutor se levantan de la mesa.

Sofía asiste al relato cada vez más afectada, y tras solicitar algunos detalles más la afectación es aun mayor. Cuesta entender que ante la vida de una niña el argumento del falso testimonio tuviera ese peso. Algún alumno argumenta el miedo y, finalmente, Sofía dice algo curioso: Quiero que consideréis el problema ético de esta historia como un ejercicio individual. Presentad una motivación plausible desde el punto de vista de la mujer. Intentad entenderla,

Intentad comprenderla dice. Como ya se entiende en este fase del episodio Sofia es la mujer del relato de Elzbieta. A partir de este momento ocurren ciertas situaciones que nos muestran la vivencia de las dos mujeres en relación a este episodio traumático que determina el evidente sentimiento de culpa de Sofia y el resentimiento de la niña judía abandonada a su suerte. Tras el reconocimiento de la situación de ambas Sofía se da cuenta de que Elzbieta ha venido desde Estados Unidos para mirarle a la cara. Algo parece confundir a Elzbieta... ¿Por qué Sofia, que a tantos salvó de su pueblo con posterioridad no lo hizo con ella aquella noche? Sofia la invita a cenar a su casa.

1. SOBRE LA CULPA DEPRESIVA.

Sin embargo, Sofía la lleva con su coche al barrio en el que sucedieron aquellos hechos de su infancia. Se trata de un barrio un tanto suburbial de Varsovia. Elzbieta se adentra en él. Sofía, preocupada por su retraso, sale a buscarla... pero no la encuentra. Una imagen de Elzbieta sugiere que lo está haciendo a posta. Sofia se inquieta notablemente, temiendo perderla como la perdió cuando era niña. Tras llamar a varios timbres donde es atendida por personajes hoscos y distantes, Elzbieta sigue sin aparecer. Finalmente, y tras volver a su coche, la halla sentada en el asiento: "Había desaparecido y he tenido miedo. Creí que se había desvanecido" le dice.

¿¡Elzbieta!? ¿¡Elzbieta!?

El comentario de Sofia pone de relieve su culpa arrastrada desde aquella decisión del pasado. ¿Qué hubiera ocurrido si Elzbieta y esta escena no hubiera sido más que un sueño de Sofia? Como sueño probablemente no habría puesto de relieve más que su sentimiento de culpa y su deseo de ser aliviado y reparado, tanto para Elzbieta como para ella misma. Dada las características de Sofía ya se entiende que la excusa para no aceptar a la niña fue otra bien distinta que la del falso testimonio.

- Culpa depresiva: arrepentimiento y reparación vs. remordimiento y castigo.

A diferencia de la culpa persecutoria, que ya definimos en la entrada dedicada a la película Nixon (pulsar aquí para ver entrada), la culpa depresiva se caracteriza por la preocupación más genuina por el otro y por el yo en relación a un comportamiento, y así se caracteriza por estar acompañada por sentimientos como la pena, la nostalgia y la responsabilidad. A diferencia del sentimiento de culpa más neurótico, la culpa depresiva parte de la consciencia del propio sujeto en relación con su actuación, y es por ello que se caracteriza por el arrepentimiento y la necesidad de reparación (a diferencia del sentimiento de culpa neurótico que se caracteriza por el remordimiento y la búsqueda del castigo y también de su proyección paranoica). Obviamente se observa en Sofia el malestar por aquella decisión que tuvo que tomar en el pasado, y la aparición de Elzbieta si bien no puede reparar los hechos de ese pasado si puede buscar reparación en la comprensión de ellos. El arrepentimiento desea sinceramente el perdón.

Es algo que se observa cuando ambas mujeres llegan a casa de Sofía, cuando Elzbieta vuelve a intentar colocar bien el cuadro torcido... segundos después el cuadro vuelve a torcerse. En ese sentido el episodio deja claro que lo sucedido ya no se puede cambiar, en todo caso que Elzbieta sobreviviera permite el ejercicio de la comprensión mutua por la que se llega al perdón. Así se desvela la verdadera razón por la cual Sofía no aceptó encargarse de Elzbieta:

Las razones por las que tuve que renegar de usted son banales. El impacto que tuvo en mi vida es otro asunto, pero no quiero entrar en ello. El hombre con las manos en los bolsillos era mi marido. Murió en 1952. Durante la guerra fue un oficial de la resistencia. Nos informaron de que la familia con la que iba eran agentes de la gestapo. Que usted, el cura y su tutor guiarais a la gestapo hasta nosotros y la organización. Habrían detenido a mucha gente. Este es el gran secreto [...] Más tarde, resultó que la información sobre la familia era falsa, a pesar de que estuvieron a punto de ser ejecutados por traidores.

Tras esa descripción sigue el arrepentimiento:

Le di la espalda. La envié a lo que casi era una muerte segura. Y sabía lo que hacía. Si, tiene razón. No hay ninguna causa, ni ideal, ni nada que valga la vida de un niño.

Una emocionada Elzbieta le coge entonces la mano en señal de comprensión.

No hay ninguna causa, ni ideal, ni nada que valga la vida de un niño.
Sigue entonces un interesante diálogo entre ambas:

Sofia: Una situación saca lo mejor o lo peor de uno. Esa tarde no salió de mi nada bueno.
Elzbieta: ¿Y quién lo juzga?
Sofía: Ese que todos llevamos dentro.
Elzbieta: En sus obras no menciona a Dios.
Sofía: No voy a la Iglesia, no uso la palabra "Dios". Pero a veces no necesitas usar algunas palabras. El ser humano es libre, puede elegir. Si quiere, puede dejar a Dios fuera de sí.
Elzbieta: ¿Y qué lo reemplaza?
Sofía: La soledad aquí. Y allí. Intente reflexionarlo hasta el final. Y si hay un vacío, si, en efecto, si realmente hay un vacío, en ese caso...
Elzbieta: Si. Lo sé.


Luego otro pequeño diálogo en el que Sofia le cuenta que el doctor y el paciente y la mujer que la alumna había referido en la clase viven en el mismo edificio y añade algo que es esencial en la comprensión del ser humano: En todas las casas, en todos los pisos hay gente... Como indicando que en todas las casas y en todas las gentes hay sus historias. Elzbieta le da las gracias y Sofia la mira con una de esas miradas que a mí tanto me emocionan, esa mirada que llega desde el fondo compasivo de un ser humano que ha hecho de su experiencia, la que sea, aprendizaje.

II. LA CULPA: O CASTIGO O APRENDIZAJE.

En Decálogo 8, más allá de la situación que se nos plantea, se nos indica un mensaje de más profundidad, de mayor calado. Se nos plantea la alternativa a la culpa que se media a través del castigo, a ser mediada a través del aprendizaje, de la comprensión: ¿Qué aprendemos de nuestros errores? Y aun más allá... ¿Qué aprendemos de aquellas decisiones que, en un momento dado, nos son tan difíciles porque sea cual sea la decisión nos enfrenta finalmente a la culpa? Lo que redime nuestras faltas es lo que aprendemos de ellas. Del castigo, sobretodo del castigo superyoico, que nos enfrasca en el remordimiento persecutorio y sin fin nada aprendemos sino tan sólo añadir al sufrimiento más sufrimiento. Quizá esa experiencia de Sofía en plena guerra mundial, enfrentada al terror nazi, la llevó a una de esas difíciles decisiones que luego configuraron una manera de ver y de intentar vivir. La culpa depresiva, a diferencia de la persecutoria, es la que reposando sobre la conciencia de un individuo es capaz de asumirla para transformarla en cambio. Es la diferencia entre el arrepentimiento y el remordimiento. El primero genera bondad, el segundo, no obstante, se apoya en la maldad y la provoca. Cuando la conciencia (en el sentido que Sofía habla de "ese que todos llevamos dentro) acompaña la experiencia, sea del tipo que sea, siempre ofrece la mirada del aprendizaje, la mirada de la reparación, la mirada de la comprensión, esa mirada que siempre confiere oportunidad, crecimiento, posibilidades... Es la Sofía que después de su experiencia de aquella noche salvó a tantos y tantos, la misma Sofía que como profesora intenta acompañar a sus alumnos hacia la bondad.

Por otro lado, el arrepentimiento de Sofia devuelve la dignidad a la niña judía abandonada a su suerte y, por lo tanto repara a la Elzbieta adulta... Pero voy más lejos, aun en el supuesto de haber fallecido la pequeña Elzbieta (pues el hecho finalmente es el mismo más allá de los sucesos posteriores), la transformación de Sofía se habría dado ya. Cuarenta años de "no saber" incluyen desde luego la clara reflexión sobre esta posibilidad. Nada cambia en cuanto al origen, pero sí que esos hechos cambian a sus protagonistas. La mirada de Sofia - ver foto - lleva esa mirada de comprensión a la que lleva la experiencia, en ocasiones las muy difíciles experiencias que se nos deparan, asumida con conciencia, con la conciencia implícita en la dificultad de la existencia del ser humano, la mirada sabia que conoce por su propia experiencia que la única posibilidad de redención es la que nos llega por el aprendizaje que, poco a poco, a parte de llevarnos a ver a nosotros mismos también nos lleva a descubrir al otro más allá de la mirada de nuestro narcisismo original.

A esta situación de Sofía se opone la del sastre que quiso acogerla cuando la guerra. Elzbieta quiere hablar, agradecerle su disponibilidad, pero él no quiere saber nada de la guerra... ni de después de la guerra... ni de ahora. Representa el personaje que quizá arrollado por las circunstancias elige el olvido, el "no saber" que le impide el camino del cambio y queda así estancado vitalmente. No queriendo saber, renunciando al aprendizaje, queda inevitablemente preso de éste. Finalmente observa tras la ventana a Elzbieta y Sofia en ese encuentro que se ha dado entre ellas y que,  no obstante, no tendrá posibilidad para él.



III. UNA REFLEXIÓN FINAL: SOBRE EL ENCUENTRO CARA A CARA CON LOS NIÑOS.

Antes de acabar quería, sin embargo, comentar el caso que nos ha deparado este episodio en relación con el caso mencionado en el segundo episodio: el del doctor católico que, en contraposición a este caso, miente en nombre de Dios - el aspecto de su catolicismo no era citado en el episodio en cuestión - para salvar al niño de un posible aborto. Sofía dice que lo importante es que el niño viva. Sin embargo, también podría leerse la cuestión no sólo en función del niño sino en función de dos factores más: el de una madre que desea ese niño, y el de una madre a la que se le había diagnosticado que no podía tener hijos. Pero la cuestión es... ¿valdría la misma decisión del doctor si la mujer no deseara el hijo? ¿Tendría sentido imponer su decisión sobre la de la mujer en este caso en nombre de sus creencias? ¿Es la decisión del doctor en función del niño, como parece decir Sofía, o en función de una situación tal y como la describimos? El doctor, más allá de su catolicismo, parece contemplar la situación en su globalidad y desde ella puede tomar una decisión que incluye la mentira a Dios y también la mentira a Dorokta, no sólo en nombre del niño sino de la mujer que desea ser madre y de la mujer a quien un error le hizo creer una cosa distinta. La decisión del doctor devuelve la decisión a Dorokta priorizando el deseo de ser madre y, de una manera distinta, retornándole una decisión que sólo afecta a los vivos sin incluir necesariamente la pérdida de ninguna vida.

Niños víctimas de la guerra
(2da. Guerra Mundial, Geto de Varsovia, 1943)

El caso de Sofía es más complejo. Tal y como se plantea, su decisión afecta a la vida de la niña o a los posibles detenidos y muertos que hubieran podido suceder de haber sido cierta la información sobre la gestapo. Se planteaba aquí si asumir el riesgo sobre la vida de la niña o sobre la vida de los miembros de la resistencia. Las decisiones en los tiempos de guerra no son decisiones fáciles. A pesar de la culpa que siente Sofía, muchos la dis-culparían dada la situación y las implicaciones de esta decisión. Pero la cuestión es qué representan los niños en estos asuntos... En éste sentido, y para alguien que no sea, por ejemplo católico, la vivencia de un caso y de otro puede ser muy distinta. En el primero la decisión afecta a seguir con el embarazo, mientras que en el segundo se trata de la vida de una niña de seis años. Si es por criterios religiosos ortodoxos la decisión es vista probablemente como equivalente, pero para aquellos que no están determinados por este tipo de creencias, la decisión bien puede ser vista de manera muy distinta. Desde este punto de vista, la decisión de abortar o no puede ser vista como una decisión que afecta a la conciencia individual que se plantea si llevar o no a su término una vida considerada en estado potencial. En el caso de Sofía, la decisión afecta a una niña ya llegada al mundo y que es víctima de las atrocidades de la que es capaz el ser humano, de cómo la inocencia infantil es de repente expuesta a la crueldad del ser humano sin ningún miramiento. La muerte de un niño en este tipo de circunstancias pone de relieve la ceguera del ser humano, y el drama esencial de Sofía es ser la persona que tuvo que dar la cara, que tuvo que enfrentarse a esta dramática decisión en "primera línea", enfrentarse al rostro de la niña. ¿Qué decir de aquellos que no están en primera línea y que, no obstante, son tan o más responsables de esas situaciones? Por ejemplo, que decir de los errores de diagnóstico sobre la fertilidad de Dorokta o sobre la falsa información sobre la familia que debía acoger a Elzbieta. Sobre las órdenes - y sus ordenantes - a seguir en una situación de guerra, sobre, por ejemplo, los pilotos que bombardean y siegan la vida de niños, etcétera. La cuestión es que, finalmente, queda substancialmente afectado aquel que tiene que enfrentarse a la decisión en primera línea, cara a cara, el adulto frente al niño: la decisión traumática que implica especular con la muerte de un niño o de una niña, exponente máximo de la inocencia y la vulnerabilidad, en nombre de supuestas "causas mayores".

Niños muertos en los bombardeos de Barcelona de 1938
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VER PELÍCULA: https://www.youtube.com/watch?v=QR4qqB7tn0E

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SERIE DECÁLOGO (pulsar título para acceder a la entrada)

Decálogo 1. Yo, el señor, soy tu Dios. Ese frágil absoluto.
Decálogo 2. No tomarás en falso el nombre del señor, tu  Dios. Compasión vs. culpa.
Decálogo 3. Santificarás las fiestas. Resentimiento, envidia y reparación. 
Decálogo 4. Honrarás a tus padres. El edipo honrado.
Decálogo 5. No matarás. Estado, poder, ley y obscenidad.
Decálogo 6. No cometerás adulterio. Idealización y descreimiento en el amor.
Decálogo 7. No robarás. El arquetipo del niño.
Decálogo 8. No mentirás. Sobre la culpa depresiva.

domingo, 20 de noviembre de 2011

NIXON Y EL CARÁCTER PARANOICO


La película Nixon, dirigida por Oliver Stone (1995), es un interesante ejemplo sobre el carácter paranoico. Sin entrar en un extenso detalle de la película, que nos narra la biografía del trigésimo séptimo presidente norteamericano Richard Nixon, esta nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre la gestación de este carácter dominado por lo que podemos llamar un estado de desconfianza y suspicacia general hacia los otros acerca de sus intenciones y fidelidad. Anthony Hopkins hace una memorable interpretación del presidente norteamericano que presenta claras características del tipo de personalidad paranoide.

De una manera más particular se especifican, por ejemplo en el DMS IV,  los siguientes comportamientos o actitudes de este tipo de carácter:


- sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar.
- preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de los amigos y socios.
- reticencia a confiar en los demás por temor injustificado a que la información que compartan vaya a ser utilizada en su contra.
- en las observaciones o los hechos más inocentes vislumbra significados ocultos que son degradantes o amenazadores.
- alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los insultos, injurias o desprecios.
- percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contraatacar.
- sospecha repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel.

1. PARANOIA Y PROYECCIÓN.

La simple definición de estas características ya nos permiten observar que este carácter se gestiona a través de la dimensión más patológica (la paranoia) del mecanismo de defensa de la proyección, la cual se define como aquel mecanismo que opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. Se «proyectan» los sentimientos, pensamientos o deseos que no terminan de aceptarse como propios porque generan angustia o ansiedad, dirigiéndolos hacia algo o alguien y atribuyéndolos totalmente a este objeto externo. Por esta vía, la defensa psíquica logra poner estos contenidos amenazantes afuera. Veamos la siguiente escena de la película:



                                                                   Escena 1. Nixon


Es impactante la reacción que tiene ante su mujer cuando esta “aplica” la técnica de reapropiación de una proyección (devolver o reapropiarse uno de aquellos elementos que se ha puesto fuera) a su marido cuando le dice:

Nixon: ¡Quieren destruir a Nixon! Si me expongo lo más mínimo llegarán a sacarme hasta las entrañas. ¡Es eso lo que quieres ver… Eh! ¡Es eso lo que quieres ver! No será agradable

Pat: A veces creo que eso es lo que tú quieres Dick

Nixon: ¡¡Qué diablos dices!! ¡¡Has bebido!! ¡Dios mío, hablas como ellos! ¡Debo seguir luchando cariño por el país…! ¡Me necesita! ¡Por la gente que vale la pena… la élite! ¡Ellos son sólo unos maricas cobardes! ¡Ellos no miran hacia el futuro! Solo cubrirse las espaldas, conocer chicas y destrozarse unos a otros. ¡Oh Dios, este país tiene, graves, graves, muy graves problemas y yo debo velar por él cariño…! No, mi madre no hubiera esperado menos de mi…

Quisiera poner especial énfasis en ese comentario en el cual Nixon dice que “mi madre no hubiera esperado menos de mí”. Básicamente por la relación que estableceremos entre la proyección y la introyección cuando comentemos la escena siguiente de la película.


2. INTROYECCIÓN Y PROYECCIÓN. 

Richard Nixon
Una de las formas de entender mejor la proyección es en relación a su paralelo como mecanismo de defensa que es la introyección. Este mecanismo de defensa se entiende como aquel en el que el yo del sujeto va a percibir como propio de él, algo que en verdad pertenece a otro. El resultado de la introyección es la identificación. El objeto introyectado es como si se incorporara al yo del sujeto y va a formar parte de él. Hallamos generalmente los elementos de la introyección (también llamados introyectos) gestionados a través del superyó. La vinculación de los introyectos con el superyó les confiere especial virulencia  en la forma en que se adoptan, sobre todo porque al ser gestionados por esta instancia el introyecto se transforma en un imperativo moral desde entonces vinculado con la culpa y el castigo. Freud mostró esto en una de sus obras a mi entender fundamentales: El malestar de la cultura:

conocemos dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: uno es el miedo a la autoridad; el segundo, más reciente, es el temor al super-yo. El primero obliga a renunciar a la satisfacción de los instintos; el segundo impulsa, además, al castigo, dado que no es posible ocultar ante el super-yo la persistencia de los deseos prohibidos. Por otra parte, ya sabemos cómo ha de comprenderse la severidad del super-yo; es decir, el rigor de la conciencia moral. Ésta continúa simplemente la severidad de la autoridad exterior, revelándola y sustituyéndola en parte. Advertimos ahora la relación que existe entre la renuncia a los instintos y el sentimiento de culpabilidad. Originalmente, la renuncia instintual es una consecuencia del temor a la autoridad exterior; se renuncia a satisfacciones para no perder el amor de ésta. Una vez cumplida esa renuncia, se han saldado las cuentas con dicha autoridad y ya no tendría que subsistir ningún sentimiento de culpabilidad. Pero no sucede lo mismo con el miedo al super-yo. Aquí no basta la renuncia a la satisfacción de los instintos, pues el deseo correspondiente persiste y no puede ser ocultado ante el super-yo. En consecuencia, no dejará de surgir el sentimiento de culpabilidad, pese a la renuncia cumplida, circunstancia ésta que representa una gran desventaja económica de la instauración del super-yo o, en otros términos, de la génesis de la conciencia moral. La renuncia instintual ya no tiene pleno efecto absolvente; la virtuosa abstinencia ya no es recompensada con la seguridad de conservar el amor, y el individuo ha trocado una catástrofe exterior amenazante -pérdida de amor y castigo por la autoridad exterior- por una desgracia interior permanente: la tensión del sentimiento de culpabilidad- [1]
 

Así podemos entender la proyección como el plasmar fuera, sobre otras personas u objetos, aquello que internamente supone el sostenimiento de una insoportable tensión de culpabilidad creada por la gestión superyoica (generación de culpa y castigo) de los introyectos. Veamos ahora la siguiente escena de infancia con la cual podemos intuir el carácter paranoico de Nixon como el producto del paso de la gestión de la autoridad parental a la superyoica con la inevitable tensión del sentimiento de culpabilidad interna, a la que además, y como veremos, podemos añadir el sentimiento de vigilancia permanente, la culpa persecutoria.


Escena 2. Nixon


En esta breve escena podemos poner de relieve como una autoridad materna puede derivar luego en esa tensión introyectada superyoica a través del sentimiento de culpa. Veamos los siguientes matices de esta escena:

1. En primer lugar podemos observar esa presión que se deriva de las familias de corte fanático religioso: "Puede que Harold haya perdido contacto con su biblia, pero tu no debes dejarla nunca."

2. Inmediatamente de citar la biblia sigue la acusación: ¡Y ahora dámelo! No quiero que mientas Richard, el cigarrillo que esta mañana te ha dado Harold detrás del almacén... Tras la negación de Richard sobre tal acusación una madre con expresión decepcionada se levanta diciéndole que ya no hay nada más que hablar y rápidamente Richard confiesa y se excusa: será la última vez. Lo siento madre.

3. La generación de culpa por parte de la madre y la amenaza de castigo: Yo también (lo siento). Tu padre tendrá que saber que me has mentido [...] Richard esperaba mucho más de ti (la decepción, el defraudar) 

4. Richard se arrodilla y le pide perdón: ¡Prometo no decepcionarte nunca más! 

5. Atención a las palabras de la madre ahora y que tienen que ver con la generación de la tensión del sentimiento de culpabilidad y de su peculiaridad persecutoria: Recuerda que puedo ver el interior de tu alma. Puedes engañar al mundo, incluso a tu padre, pero a mi no Richard, a mi no.


6. A lo que el pequeño Richard responde, mientras ella sonríe condescendientemente: Madre, piensa en mi como en tu perro fiel. 

7. No tienen desperdicio, finalmente, las últimas palabras del padre de Richard: Muy pronto chicos vais a tener que salir a la calle y luchar. ¡No conseguiréis nada sólo con vuestras caras bonitas! [...] La caridad no os llevará muy lejos, incluso con santas como vuestra madre. La lucha es lo que da sentido a la vida no la victoria, la lucha. Cuando dejas de luchar es cuando te han vencido, y luego acabas en la calle con la mano extendida.

Vemos aquí, de manera más fácil e intuitiva la estructura de un introyecto:
 
Ley (Imperativo): La lucha es lo que da sentido a la vida no la victoria, la lucha.
La culpa: Cuando dejas de luchar es cuando te han vencido.
El castigo: acabas en la calle con la mano extendida.

No deja de sorprender esta frase materna de "Recuerda que puedo ver en el interior de tu alma", que se transforma en la gestión del superyó como un "ojo de Sauron" que todo lo ve, en todo instante, en cualquier espacio... que está allí siempre observando. Algo de la historia final de Nixon tiene que ver con todo esto, en especial por las consecuencias derivadas del caso Watergate, donde finalmente cumple con exactitud los castigos de los imperativos superyoicos: en cierta forma "acabó con la mano extendida" y finalmente cosechó la profunda decepción del país al que decía haber servido y que tanto le necesitaba.

3. SOBRE LA CULPA PERSECUTORIA.

Melanie Klein
No es este el lugar para extendernos al respecto, pero es importante destacar, y en especial a partir de los estudios de Melanie Klein y sus discípulos, la diferenciación de dos tipos de culpa: la culpa depresiva y la culpa persecutoria. Es importante distinguirlas porque esta última esta muy relacionado en la configuración del caracter paranoico. Veamos el siguiente texto acerca de este tipo de culpa que coloca su origen en losprimeros albores de la vida de un ser humano:

Si el yo siente una culpa prematura y todavía no es capaz de soportarla, esta se experimenta como una persecución y del objeto que la suscita se instura en el perseguidor [...] Aunque tenga sus orígenes en los  primeros momentos de la vida, su efecto es muy prolongado y sigue persiguiendo al individuo incluso durante su crecimiento y desarrollo [2]

Su relación con la paranoia se inscribe claramente en el siguiente texto:

El contenido típico de la culpa persecutoria se caracteriza por la acusación injusta o misteriosa de un perseguidor que también puede ser indefinido, kafkianamente vago. Esta persecución pesa sobre la existencia de quien la padece sin que sepa bien el porqué.


[...]


Así  también podrían ser reconducidos a la culpa persecutoria otras comportamientos aparentemente contrastantes, por ejemplo la excesiva desinhibición, reactiva, de tipo maníaco, o bien el sadismo cuando se revela como producto de la necesidad de identificarse con el agresor. En estos casos, una presencia (que ha sido incorporada inconscientemente) nos ataca, no inculpa, y nosotros volcamos un ataque sobre otros. [3]

Podemos ahora entender la fuerza de esa frase materna "recuerda que puedo ver en el interior de tu alma" que torna al paranoico en el perseguidor que "ve el interior de las almas". Destaquemos ahora una de las características también fundamentales que liga la culpa persecutoria con el carácter paranoico:

También podría aludir a la culpa persecutoria el resentimiento, que puede degenerar en rencor, desesperación, los comportamientos masoquistas (o sádicos) y la propensión a establecer relaciones siempre del mismo tipo, es decir, sadomasoquistas. En algunas situaciones agudas el individuo busca por todos los medios establecer relaciones de intimidad, lazos afectivos, utilizando, si las posee, toda la gama de sus capacidades de seducción, con el fin de poder descargar en el otro, después de haberlo vinculado consigo mismo, la culpa que lo persigue. [4]

Efectivamente, podemos ahora comprender bien la dimensión de esta culpa persecutoria derivada de las ideas de Melanie Klein por la introyección de esa "madre santa" que todo lo ve (era cuáquera), que escudriña constantemente el alma de Richard... y que, indefectiblemente, vive también un conflicto entre los introyectos maternos y los paternos (la caridad no os llevará muy lejos, incluso con santas como vuestra madre) que lo lanzan hacia una lucha sin fin (el padre era metodista posteriormente convertido en cuáquero).

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[1] Freud, Sigmund. El malestar de la cultura. OC Biblioteca Nueva tomo III
[2] Speziale-Bagliacca, Roberto. La culpa. Bibñioteca Nueva, pág. 69
[3] Ídem anterior, págs. 67 y 68
[4] Ídem anterior, págs. 68 y 69