AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

Mostrando entradas con la etiqueta sentimiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sentimiento. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de septiembre de 2013

TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO (ALAIN CORNEAU, 1991): INTROVERSIÓN Y EXTROVERSIÓN

Todas la mañanas del mundo, una pelicura dirigida por Alain Corneau en 1991, perfecta adaptación de la novela del mismo nombre de Pascal Qignard - quien también fue el guionista y que, a parte de escritor, es también violonchelista y musicólogo-, nos cuenta la historia ficcionada de dos músicos de la época barroca de caracter extremadamente opuestos: la de Monsieur de Saint Colombe (interpretado colosalmente por Jean-Pierre Marielle) y la de su discípulo Marin Marais (interpretado por Gérard Depardieu y cuando joven por Guillaume Depardieu). La película es no solamente conocida por su historia sino por su banda original, seleccionada, dirigida e interpretada por Jordi Savall, y que incluye una selección de piezas de Marin Marais, Sainte Colombe, François Couperin y Jean-Baptiste Lully. Despertó entre el público un notable interés por la música barroca y recibió un gran número de premios a la mejor música para película. Acompañan a Jordi Savall músicos de la calidad de Fabio Biondi, Christophe Coin, Montserrat Figueras, Maria Cristina Kiehr, Rolf Lislevand, Pierre Hantaï y Jérôme Hantaï.

A través del par de opuestos que constituyen sus personajes, la película nos permite reflexionar, junto a otros aspectos, sobre dos tipos psicológicos que fueron especialmente descritos por Jung en su obra Tipos psicológicos (1921) como la personalidad extrovertida y la introvertida. También, y a modo de ejemplo literario, podemos hallar la contraposición de estos dos tipos en los libros de Hermann Hesse "Narciso y Goldmundo", o en "Shidhartta" en los personajes de Govinda y Shidhartta. También como introvertido que soy creo comprender muy bien a estos personajes y su tipo de vivencias y dinámicas a veces tan extrañas... ¡Sencillamente porque me son muy familiares!

I. SOBRE LOS CONCEPTOS DE INTROVERSIÓN Y EXTROVERSIÓN.


Fue Jung - él mismo un tipo introvertido - quien profundizó estos dos conceptos psicológicos para indicar dos tendencias básicas de caracter opuesto de la psique humana en relación a la orientación psíquica, ya sea hacia los objetos externos o mundo externo (extroversión), ya hacia los procesos internos o mundo interno (introversión). Si bien nadie se halla completamente en uno de estos extremos, también es cierto que una de ellas suele ser predominante y, en consecuencia, es la que tiende a ser favorecida. Jung nos dice:

Mientras el tipo extrovertido siempre invoca preponderantemente aquello que le llega del objeto, el introvertido se apoya preponderantemente en aquello que la impresión externa constela en el sujeto. [1]

Como en toda cuestión de opuestos no nos hallamos ante tendencias mejores o peores, sino que cada una de ellas tiene su sentido e idealmente la cuestión es actuar equilibradamente. Cuanto más forzada aparece una de ellas más rígida es la respuesta del yo en función de la tendencia que cada una de ellas determina, o como decimos en Gestalt, la frontera del yo se torna más rígida. Veamos ahora a nuestros dos personajes de la película como caracteres extremos de esta polaridad.

I. SOBRE LA INTROVERSIÓN Y EL PERSONAJE DE MONSIEUR DE SAINT COLOMBE.

Dice Jung al respecto de la introversión:

al introvertido se le interpone entre la percepción del objeto y su propia actuación un punto de vista subjetivo que impide que la actuación adopte un caracter correspondiente a los datos objetivos [...] La consciencia introvertida ve, desde luego, las circunstancias externas, pero escoge como decisiva la componente subjetiva. De ahí que este tipo se guíe por aquel factor del percibir y el conocer que representa la disposición subjetiva y receptiva del estímulo sensorial. [2]

El personaje de Monsieur de Sainte Colombe nos permite reflexionar sobre los extremos de la introversión, lo cual también nos ayuda a describir acerca de los aspectos esenciales del caracter de tipo introvertido.

Se sabe muy poco de la vida de este músico barroco [3], gran compositor e intérprete de la viola de gamba, quien, no obstante, nos dejo una profunda y bellísima obra para este instrumento. Más allá de la realidad o la ficción ya nos parece significativo este poco conocimiento de su vida - algo, en ocasiones, propio de los caracteres introvertidos -. Si tenemos en cuenta que una de las pocas cosas sabidas de él es que era un devoto jansenista esto también nos puede ayudar a comprender que llevara una vida retirada y con poco contacto social. El personaje ficcionado por Pascal Quignard se nos presenta como un compositor que vive retirado en su mansión con sus dos hijas. Atormentado por la pérdida de su mujer, Monsieur de Sainte Colombe aparece como un personaje austero y ascético, de tono amargado y emocionalmente seco y de un trato complejo con sus hijas con las que mantiene una difícil relación.



Único retrato de Monsieur de Sainte Colombe y Jean Pierre Mareille,
su intérprete en la película.

Marin Marais (Gérard Depardieu), al inicio de la película, nos introduce el personaje de Sainte Colombe, quien fue su maestro, de la siguiente manera:


Austeridad. No era más que austeridad y cólera. Era mudo como un pez [...] Él era la música. Cuanto hay en el mundo lo miraba a la luz de la gran antorcha que se les enciende a los moribundos [...] No encontró consuelo tras la muerte de su esposa. La quería mucho. Fue en aquella ocasión cuando compuso "la tumba de lo lamentos" [...] Poco a poco fue cerrando su puerta. Vendió su caballo y se encerró en la música [...] Encerrado en su cabaña ensayaba quince horas diarias [...] Le era embarazoso el trato con los demás

Esta actitud de encierro en sí mismo se expande también a sus hijas (Madeleine y Toinette), y como relata Marin Marais:

Temía que un hombre que se había quedado sólo no pudiera instruir bien a sus hijas. Era severo, pero incapaz de ponerles la mano encima. Las encerraba en la bodega o simplemente las olvidaba. Su padre cada vez las veía menos. Se quedaba en su cabaña sentado en el tamburete...

La torpeza de su amor se manifiesta en una escena de infancia en la que la pequeña Toinette se despierta gritando de una pesadilla. Sainte Colombe, torpe también en el contacto físico, intenta calmarla y Toinette le pregunta dónde está mamá, a lo que bruscamente el músico responde:

Tenéis que ser buenas... ¡tenéis que ser laboriosas! ¡Añoro a vuestra madre, era un soplo de alegría. No se me da bien el hablar, vuestra madre si que sabía, y sabía reir! ¡Yo... no disfruto con el lenguaje, ni la compañía de la gente ni con los libros, pero os quiero a las dos, y con eso basta!

- Sobre la reserva del yo y el aislamiento. Sobre la inflación egoica del introvertido.

De momento nos quedaremos con estos fragmentos para hablar de una característica esencial del introvertido a la que Jung llamo la reserva del yo. Una reserva que se puede entender de manera bidireccional. Por un lado como aquella en la que el interés por su propio mundo interno le desenergetiza del interés por el mundo externo y, por otro lado, en la dificultad de compartir o mostrar su propio mundo interno hacia el externo, lo cual, en ciertas circunstancias, le hace propenso a caer desmesuradamente en el aislamiento, pues realmente el mundo externo es percibido como una molestia o incluso como una amenaza. Observamos en Sainte Colombe esta tendencia claramente enfatizada en esos largos y continuados "retiros" en la cabaña donde se entrega a su melancolía y a la música.

Sainte Colombe en su cabaña
Dice Jung al respecto:

El introvertido, en efecto, no sale al encuentro del objeto, sino que se halla como en una permanente retirada ante él. Es un tipo cerrado al proceso externo, no colabora, tiene un pronunciado disgusto por la sociedad, tan pronto como se encuentra entre muchas personas. En las grandes reuniones se siente perdido y solitario. Cuanto más se le insiste, tanto mayor se vuelve su resistencia [...] Lo que haga, lo hará a su manera, excluyendo ampliamente la influencia externa. [4]

Observamos también en Sainte Colombe, y como consecuencia de lo dicho, esta típica torpeza o falta de habilidad con la que se muestra en las relaciones sociales, con las que en ocasiones se manifiesta incluso con brusquedad y desagrado manifiesto. Así se nos muestra cuando ante su virtuosismo se intenta que vaya a tocar a la corte del rey de Francia (Luis XIV)... Ante la insistencia con que esto se le urge, Sainte Colombe reacciona no sólo bruscamente sino finalmente con cólera. Y así, y ante la demanda del señor Caignet, músico de la corte, para que respete la orden de tocar ante el rey, Sainte Colombe responde:

He confiado mi vida a unos tablones perdidos en un verjel, al sonido de las siete cuerdas de mi viola y a mis dos hijas. Mis amigos son los recuerdos. Mi corte son los sauces, el agua, los peces, las flores. ¡Decidle a su majestad que en su corte no hay lugar para un salvaje!

Ante la insistencia del rey, se produce la segunda visita de Caignet, ahora acompañado por el Abad Mathieu quien le dice:

Abad Mathieu: Enterráis vuestro nombre entre pavos, gallinas y pececillos. Ocultáis un talento que nuestro señor os ha dado en el polvo y un desamparo orgulloso. Vuestra fama es conocida por su majestad. Ya es hora que queméis vuestros trajes de paño y aceptéis sus favores. Encargaos una peluca de rizos. Vuestra gorguera esta pasada de moda...

Sainte Colombe: - golpeando con la silla el suelo - ¡¡Soy yo quien esta pasado de moda!! Dadle las gracias a su majestad. ¡Prefiero la luz del sol poniente en mis manos que el oro que me ofrece! ¡Prefiero mis trajes de paño a vuestras pelucas! ¡Prefiero mis gallinas a los violines del rey! ¡¡Mis cerdos a vosotros!!

Finalmente Sainte Colombe reacciona airadamente y acaba rompiendo violentamente la silla en una buena imagen de la destrucción de los objetos externos. Estas reacciones tan impulsivas constituye uno de los problemas de la introversión cuando esta se extrema en exceso... El peso determinante de lo subjetivo que entonces se concentra en el yo produce una inflación egoica que hace que el introvertido adopte actitudes de rígido poder o de egocentrismo inamovible.

Quizá por estas características, no debe sorprendernos que sea un caso con un cierto parecido al de Julien Davenne (ver el post dedicado a "La habitación verde" - pulsar aquí para acceder -). El aislamiento de Sainte Colombe está habitado también por los muertos, pero aquí de manera distinta, ya que lo es por la imagen de su mujer fallecida, para quien finalmente compone y toca su obra. En términos psicológicos podríamos decir que la supresión de la energía proyectada sobre el mundo externo es concentrada sobre el propio mundo interno energetizando así las propias imágenes de este mundo. En lenguaje junguiano podemos decir que la concentración de la energía psíquica en su mundo interno energetiza especialmente la imagen del arquetipo de la ánima bajo la imagen de su esposa fallecida. Esta hiperconcentración de la energía en el mundo interno, previo al surgimiento posterior de la imagen, viene representado en la película por un sueño en el que Sainte Colombe se adentra y se hunde en aguas oscuras de las que ya que no volvía a salir... Justo después es cuando, interpretando una de sus obras más conocidas, La tumba de los lamentos (La tombeau des regrettes), se manifiesta la aparición de su esposa... Es muy bello el momento de esta interpretación, por ello os pongo el fragmento de la película correspondiente a este encuentro.

Los llantos de La tumba de los lamentos (Les pleures. Le tombeau des regrettes)

- Sobre la introversión del sentimiento.

Y es precisamente este último punto el que nos abre a reflexionar sobre un aspecto fundamental de Sainte Colombe, y que es su relación con su mundo emocional y con sus sentimientos, puesto que Sainte Colombe no es un hombre, por seguir el lenguaje de Jung, de pensamiento introvertido (más propio del intelectual de este tipo y del que tenéis un ejemplo en el personaje de C. S. Lewis en la película Tierra de penumbras) sino de sentimiento introvertido (más propio del artista introvertido). Es por ello aun más significativa la imagen del sueño cuando nuestro protagonista se sumerge en las aguas oscuras para  no salir más de ellas. Es la imagen que se corresponde exactamente con su vivencia aislado en la cabaña, entregado a su mundo interno hecho música, retirado practicamente del mundo al que solamente le liga sus dos hijas. Es por ello también que en un momento de la película Sainte Colombre sorprende a Madeleine y Marin Marais al decir tan sentidamente, tan intensamente, y en relación con la música y la pasión lo siguiente:

Sainte Colombe: Hay algo más! ¡Hay algo más que eso! - para diferenciarlo del "hacer música" - ¡Es la vida apasionada que vivo!
Marin Marais: - sorprendido - ¿Vos vivís una vida apasionada?
Madeleine: ¿Una vida apasionada padre? - también coge esto a la hija por sorpresa -
Sainte Colombe: - profundo silencio -
Marin Marais: ¿Maestro, hace tiempo que deseo haceros una pregunta? ¿Por qué no publicáis las melodías que tocáis?
Sainte Colombe: ¡Oh hijos míos, yo no soy compositor! ¡Nunca escribí nada! - Los rostros de Madeleine y Marais parecen no comprender nada -

¡Que bella escena! - es sorprendente como llena la pantalla la interpretación de Jean-Pierre Mareille -. En ella se resume la experimentación del sentimiento introvertido también extendido al apasionamiento introvertido - tan extraño para el mundo extrovertido, como el de éste lo es para el introvertido - y la concepción de la música para Sainte Colombe desde ese sentimiento: el no compone música, él es un vehículo a través del que la música fluye. Por eso insiste en numerosas ocasiones en la diferencia entre "hacer música" y "ser músico".

Ahora bien, sorprende oir hablar así de la música a nuestro protagonista cuando ante su hija Madeleine, ya presa de una profunda depresión melancólica y ya moribunda, nada puede expresar... En cambio ese mismo hombre le dice a Marais: "¿Tenéis corazón para sentir? ¿Sabéis para que sirven los sonidos cuando no se trata de bailar o regalarle el oído al rey? Me he conmovido por vuestra voz rota. Os admito por vuestro dolor... No por vuestro arte".

"El señor de Sainte Colombe se acercaba al lecho de su hija.Buscaba que decirle
pero no se le ocurría nada." (Narrado por Marin Marais)
¿Qué conflicto se establece con el sentimiento introvertido en relación a su exteriorización? Jung hace aquí lo que creo una profunda observación:

Dado que este sentir se somete principalmente a condiciones previas subjetivas y sólo secundariamente se ocupa del objeto, su manifestación es mucho menos destacada y por lo regular es equívoca. Es un sentir que al parecer desvalora los objetos y que por eso casi siempre se hace notar de manera negativa. La existencia de un sentimiento positivo es, por así decirlo, algo que solo indirectamente cabe inferir. No busca en ese sentido ajustarse a lo objetivo, sino sobreponerse a ello, intentando inconscientemente realizar las imágenes que están en su base. De ahí que siempre ande buscando una imagen que no cabe encontrar en la realidad, imagen que en cierto modo él ha visto antes. En apariencia resbala descuidadamente sobre los objetos, que nunca se acomodan a su meta. Aspira a una intensidad interna, a la que los objetos aportan a lo sumo un incentivo. La profundidad de este sentimiento solo cabe entreverla, pero no captarla con claridad. Es un sentimiento que hace silenciosos a los hombres, y dificilmente accesibles, pues frente a la brutalidad del objeto se retrae como una mimosa, para colmar el hondo trasfondo del sujeto. Como protección interpone juicios sentimentales negativos o una llamativa indiferencia. [4]

Uno diría que este párrafo está directamente inspirado en Sainte Colombe, o que el autor de la novela se inspiró en él para definirle como personaje. Vamos a desmenuzarlo puesto que éste párrafo requiere especial atención en función de:

1 - Es un sentir que al parecer desvalora los objetos y que por eso casi siempre se hace notar de manera negativa. La existencia de un sentimiento positivo es, por así decirlo, algo que solo indirectamente cabe inferir.

Efectivamente, hay un elemento esclarecedor para esa inferencia que Jung  nos propone y que él mismo nos propone unas frases más adelante:  La profundidad de este sentimiento solo cabe entreverla, pero no captarla con claridad. Es un sentimiento que hace silenciosos a los hombres...

En la película hay cuatro momentos clave donde la expresión de ese sentimiento positivo de Sainte Colombe justamente se manifiesta a través del silencio y, en ocasiones, acompañado de un torpe contacto físico que pretende transmitir cariño, Recordémoslas:

- Ante la muerte de su esposa... Silencio.

- Cuando Toinette reacciona abrazándole por su alegría cuando le regala una viola adecuada a su edad... tímido contacto físico respondiendo a su abrazo y... silencio.

- En la escena anteriormente comentada cuando se le pregunta por su supuesta vida apasionada... Silencio.

- Ante una Madeleine ya moribunda... Silencio y unas tímidas caricias al rostro de su hija.

Silencio y esas tímidas manifestaciones de contacto son las que nos permiten inferir la exteriorización de los sentimientos positivos de Sainte Colombe en relación a su mundo externo y sumamente concentradas en sus hijas, que como ya dije anteriormente, son sus únicos lazos con el exterior, así como también debieron serlo sus discípulos (Jung, en su época de crisis más intensa tras la ruptura con Freud, hablaba de sus pacientes como aquellos que le permitían mantenerle ciertas raíces con el mundo externo).

2 - No busca en ese sentido ajustarse a lo objetivo, sino sobreponerse a ello, intentando inconscientemente realizar las imágenes que están en su base. De ahí que siempre ande buscando una imagen que no cabe encontrar en la realidad, imagen que en cierto modo él ha visto antes.

Esto nos explica como el replegamiento sobre sí mismo, en su aislamiento, lleva al surgimiento de la imagen de imposible realización en la realidad: la imagen de su esposa que, a su vez, si se basa en la experiencia que de ella tuvo y de aquello que realmente le aportó: "A menudo pensaba en su esposa. En el ardor que ponía en todo cuanto hacía. En sus consejos que siempre eran sagaces. En sus caderas, en su vientre que le había dado dos hijas que se habían convertido en mujeres". Esto es lo dice nos dice el sueño en el que se sumerge en las aguas oscuras desde las que surge la imagen y, cuyo requisito básico, y también esencial tragedia, es abandonar el mundo externo. La esposa de Sainte Colombre se correspondería, por las razones que sea, con aquel ser humano con el que el introvertido siente confianza, seguridad y respeto.

Este aspecto nos permite también comprender una diferencia esencial entre el pensamiento introvertido y el sentimiento introvertido: la mayor facilidad de comunicación - por el acceso al lenguaje - del primero en detrimento de la dificultad que experimenta el segundo por la real complejidad del lenguaje para comunicar el sentimiento... Dificultad en relación al lenguaje, no así en relación a la música que deviene la expresión, en este caso por excelencia, de Sainte Colombe en relación con sus sentimientos. Recurrimos  nuevamente a C. S. Lewis - Tierra de penumbras - como ejemplo del tipo pensamiento introvertido y en donde la palabra fluye, si bien, y aunque bajo forma generalmente intelectualizada, como una forma velada de defensa, o como rigidificación de las convicciones propias.

Anthony Hopkins como C. S. Lewis en Tierra de penumbras

3 - y dificilmente accesibles, pues frente a la brutalidad del objeto se retrae como una mimosa, para colmar el hondo trasfondo del sujeto. Como protección interpone juicios sentimentales negativos o una llamativa indiferencia. 

Es por ello que observamos en Sainte Colombe la presencia de la ira y la cólera como manifestaciones emotivas predominantes junto a esa indiferencia que también le observamos en función del mundo externo. La contrariedad que experimenta con la perturbación que el mundo externo provoca en su mundo interno encuentra salida con este tipo de emociones también como una manera drástica de rechazarlas. En ese sentido nuestro personaje haría bueno un aforismo de Cioran: Nadie puede conservar su soledad si no sabe hacerse odioso [5]  Y, sin embargo,y como veremos, al final de la película es la soledad aquello que le duele a Sainte Colombe.

II. SOBRE LA EXTROVERSIÓN Y EL PERSONAJE DE MARIN MARAIS.

 Nos dice Jung acerca de la extroversión:

Cuando lo preponderante es orientarse por el objeto y por los datos objetivos, de suerte que las decisiones y acciones más frecuentes y principales no son condicionadas por opiniones subjetivas, sino por circunstancias objetivas, hablamos de actitud extravertida. Si tal actitud es habitual hablamos de Tipo extrovertido [...] Es cierto que tal individuo tiene puntos de vista subjetivos, pero la fuerza determinante de ellas es menos que la fuerza de las condiciones objetivas externas. De ahí que nunca aguarde toparse en su propio interior con factores absolutos, pues sólo en el exterior conoce él tales factores [... ] La entera naturaleza de ese sujeto mira hacia fuera porque a él la determinación importante y decisiva siempre le viene de fuera. [5]

A diferencia de Sainte Colombe ya hay más información disponible sobre Marin Marais, virtuoso de la viola de gamba que fue contratado como músico de la corte de Luis XIV a los veinte años, llegando tres años después a "ordinaire de la chambre du roi pour la viole", puesto que conservó hasta tres años antes de su muerte. Sus composiciones gozaron de gran popularidad y se dijo de él que  "fundó y estableció firmemente el imperio de la viola" (Hubert le Blanc, 1740). Su personaje en Todas las mañanas del mundo es quien relata sus experiencias con Monsieur de Sainte Colombe y se nos presenta como amante de su hija Madeleine a quien abandona bruscamente y sin mucho tacto siendo ello la causa de su caída en una profunda depresión mientras progresa de manera fulgurante en la corte de Luis XIV.

Marin Marais y Gérard Depardieu como su intérprete.

Al principio de la película, y después de presentarnos a Sainte Colombe como  "Austeridad. No era más que austeridad y cólera. Era mudo como un pez", sigue diciendo de sí mismo: "Yo soy un impostor... carezco de valía. He ambicionado la nada y coseché la nada. Poder, dinero... y verguenza". Creo que de la misma manera que el introvertido es finalmente asaltado por el dolor de la soledad, el extrovertido lo es por el dolor del vacío. La relación del extrovertido con el objeto viene determinado por la necesidad de influir y sentirse influido por él. Dice Jung al respecto:

La extraversión está caracterizada por el giro hacia el objeto externo, por la apertura hacia el proceso externo y su aceptación, por la aspiración tanto a influir en él como a permitir que él influya en uno, por el placer y la urgencia de estar ahí presente y colaborar, por la capacidad de soportar trabajos y ruidos de todas clases, más aun, de sentirlos como algo placentero... [6]

- El yo proyectado hacia el objeto: el olvido de sí mismo.

 A pesar de que se tiene a Marin Marais como el personaje principal de la película, lo es en su calidad de narrador de la historia de Sainte Colombe, pero no en cuanto a la profundidad del personaje. En éste sentido, está mucho menos desarrollado, y por ello no nos queda más remedio que inferir algunas cosas... Por ejemplo, nada vemos del acceso de Marais a la corte del rey ni de su fulgurante ascenso. Nada sabemos de su vida en la corte... Pero en todo caso, si tenemos suficientes elementos para inferir su actitud extravertida. Marais se nos presenta como un individuo orientado al objeto en la definición de su ser, por ello esa dura introducción que hace de sí mismo. Dinero, poder... verguenza. La ambición de dinero, poder, imagen exitosa como una manera de ser ya ponen de relieve la ausencia de la subjetividad, de aquello que no se define tanto por la relación orientada al objeto. Es esa ambición que se define a través del objeto la que lleva al extrovertido no sólo a ser influido por él sino a querer influir en él. Y esa influencia en ocasiones, y en su extremo neurótico, se transforma en clara manipulación. ¿No cabe contemplar así, y desde este punto de vista, la relación que el joven Marais mantiene con Madeleine? ¿No es Madeleine no sólo un amor, sino una manera de seguir accediendo al maestro a través de ella? Recordemos cuando ella le dice que le contará todo lo que su padre le ha enseñado o cuando Sainte Colombe le dice: Publicáis composiciones ingeniosas a las que añadís la digitación y la ornamentación que me habéis robado... ¡Que mas da...! No son más que notas blancas y negras impresas sobre un papel. El giro hacia el objeto externo adopta en ocasiones la forma del uso del objeto al que se le niega la categoría de sujeto... (el uso de Madeleine en este caso como objeto intermediario entre Marin Marais y el maestro Sainte Colombe)... Y es en ese sentido cuando la personalidad extravertida adquiere ese tono de falsedad e inautenticidad que a veces le caracteriza.

Por lo tanto, podemos ver, que en el extremo de esta actitud se halla su principal riesgo: el olvido de sí mismo. Por eso Marin Marais habla de ese: Ambicioné la nada y coseché la nada. Es decir, de tanto proyectarse en el objeto externo le pasó desapercibida su propia objetividad. Jung lo dice muy claro:

el efecto de que él toma demasiado poco en cuenta la facticidad de sus exigencias y necesidades subjetivas [...] la tendencia de su tipo va de tal modo hacia fuera que facilmente ocurre que tampoco el más advertible de todos los hechos objetivos, a saber, el estado del cuerpo, es tenido suficientemente en consideración, por ser demasiado poco objetivo, demasiado poco externo [...] El cuerpo padece a consecuencia de ello, como también padece el alma. [7]



"Ambicioné la nada y cosecha la nada."

- Sobre la extroversión del sentimiento.

Uno de los motivos de la elección de esta película fue no solo la oposición de Sainte Colombe y Marin Marais en su orientación hacia la introversión uno y hacia la extroversión el otro, sino que ambos comparten la función del sentimiento en relación a su tipo de orientación. Así si Sainte Colombe, como vimos, es sentimiento introvertido, Marais es sentimiento extrovertido y, en este sentido, es esencial para la comprensión del personaje el siguiente texto de Jung:

tan pronto como el objeto alcanza una influencia exagerada [...] el sentir extravertido absorbe demasiado la personalidad en el objeto, esto es, el objeto asimila la persona, con lo cual se pierde el caracter personal del sentir, que constituye su atractivo principal. Pues con ello, el sentir se torna frío, objetivo, indigno de crédito. Delata una intención secreta, en todo caso despierta esta sospecha en un observador imparcial. Ya no causa aquella impresión agradable y refrescante que acompaña siempre a un sentir genuino, sino que la gente barrunta que aquello es afectación o comedia, aun cuando talvez sea aun completamente inconsciente la intención egocéntrica. Tal sentir exageradamente extravertido satisface ciertamente expectativas estéticas, pero ya no habla el corazón sino meramente los sentidos, o - lo que es peor - meramente el entendimiento. Puede desde luego colmar estéticamente una situación, pero se limita a ella y no va más lejos. Si este proceso sigue avanzando, se desarrolla una disociación notablemente contradictoria del sentir: este se apodera de cualquier objeto con valoraciones sentimentales, y se establecen numerosas relaciones que internamente se contradicen entre sí. Dado que nada de este sería posible si hubiera un sujeto en cierta medida acentuado, también son oprimidos los restos de un punto de vista realmente personal. El sujeto es de tal modo absorbido por los procesos sentimentales individuales que el observador saca la abservación que ya sólo existen un proceso del sentir y no un sujeto del sentir. En este estado el sentir ha perdido completamente su originario calor humano. da la impresión de afectación, de volubilidad, de inconstancia, y en el peor de los casos de histerismo. [8]

Ambicioné la nada y coseché la nada. El texto de Jung desarrolla el darse cuenta de Marin Marais... Conseguí objetos pero en el camino perdí mi sujeto. Al final... Vacío. Cuando se lee este texto de Jung se comprende la apreciación de Sainte Colombe cuando oye tocar por primera vez a Marais y le dice lo que ya vimos anteriormente:  "¿Tenéis corazón para sentir? ¿Sabéis para que sirven los sonidos cuando no se trata de bailar o regalarle el oído al rey? Me ha conmovido por vuestra voz rota. Os admito por vuestro dolor... No por vuestro arte". Este texto es ejemplar para entender lo que significa la orientación hacia el objeto en detrimento del elemento subjetivo: se hace musica "para", no música "desde". En la música que Savall elaboró para la película podemos encontrar esta diferencia entre la música que, en un momento dado, ensaya Marais con los músicos de la corte, la Marche pour la cérémonie des turcs de Jean Baptiste Lully  (música estéticamente bella para... la corte) o Les pleures - de le Tombeau des regrette - de Sainte Colombe (música bella desde el dolor del alma). La utilización de Madeleine, la utilización de Sainte Colombe, la adaptación y utilización del mundo de la corte (tan representantivo del mundo de la forma y la máscara, de la ambición y la hipocresía), la necesidad de prestigio, de poder y de importancia... El dolor de Marais al final de la película es la consciencia de la pérdida del alma - del sujeto - en el camino de la ambición de los objetos... él mismo perdido como un objeto más entre ellos.


III. EL ENCUENTRO DE LOS OPUESTOS.

 El final de la película es de una belleza y un sentimiento intensos... Jung dijo en una ocasión que los opuestos están en conflicto permanente a la vez que se atraen con ardor... Sainte Colombe el introvertido y Marais el extrovertido representan el dolor de cada polaridad u opuesto en su extremo. Sainte Colombe, fallecida su esposa, fallecida Madeleine, Toinette casada, mora solitario en su cabaña. Marais, con honores, éxito y poder en la corte, perdido no se encuentra a sí mismo. Dice Marais tras la muerte de Madeleine:


Mi maestro dejó de hablar durante seis meses ni tampoco cogió ya su viola. Era la primera vez que sentía esa desgana. Desde el día que conocí el triste fin de Madeleine me despertaba angustiado todas las noches. Recordaba sin parar los nombres de todas aquellas melodías que ella me había confiado en secreto: El infierno, La barca de Caronte, Los llantos, La tumba de los lamentos. Me angustiaba pensar que mi maestro deseara que sus obras se perdiesen tras su muerte... Empezó a dolerme el vivir sin haberlas oído, aunque no fuera más que una vez.

Sin duda no se escapa en las palabras de Marais, y en su angustia, la proyección de su propia falta de subjetividad: No desea que su maestro muera sin dejar testimonio de su obras - de su vida -, de la misma manera que le angustia que en su obra - y en su vida - no haya rastro de él mismo.

Cada noche Marais coge su caballo y sigilosamente se acurruca al lado de los maderos de la cabaña de Sainte Colombe para ver si le escucha tocar. "Durante tres años no dejé  de pensar: ¿Tocará esta noche las melodías? ¿Es esta la noche idónea?" - dice Marais en su relato -. Pero Sainte Colombe no tocaba y a los sumo oía tan sólo sus lamentos: ¿Dónde está nuestra barca? ¿Dónde están mis lágrimas? - dice Sainte Colombe melancólico -. Sin embargo, sigue relatando Marais, la vigésimo tercera noche del año 1689:

El frío arreciaba, la tierra estaba inundada de escarcha, el viento helaba los ojos y las orejas. ¡No había ni una nube! Lo recordaré siempre. Pensé... ¡Esta noche es pura, el aire es crudo, el cielo más frío y más eterno que nunca! La luna esta llena, oigo sobre el suelo el chasquear de los cascos de mi caballo... ¡Quizá sea esta noche!

Este relato nos recuerda los versos de Hölderlin sobre el silencio, la noche y el frío del invierno en relación al espíritu:

                                 Es el reposo de la Naturaleza, y el silencio de los campos
                                 Parece el humano reino del espíritu, y más altas se muestran
                                 Las diferencias, como si la Naturaleza su alta imagen
                                 Mostrase, y ya no su dulzura de Primavera. [9]

Acurrucado en el frío de la noche Marais oye el lamento de la viola de Sainte Colombe y oye también las palabras que surgen de la pena de su soledad: Solo hablo ya con almas demasiado ancianas, con sombras que no se desplazan... Aaah! Si a parte de mi hubiera en el mundo un ser vivo que apreciase la música hablaríamos y yo moriría tranquilo. Marais decide entonces revelarse desde su ocultamiento, profundamente impresionado por las palabras del maestro. A partir de este momento surge el encuentro de Marais y Sainte Colombre como el encuentro de sujeto y objeto buscándose con ardor para complementarese ambos...

Sainte Colombe: ¿Quién suspira ahí fuera en el silencio de la noche?
Marin Marais: Un hombre que huye de los palacios en busca de la música...
Sainte Colombe: - abriendo la puerta de la cabaña ya sabiendo que es Marais - ¿Qué buscáis señor en la música?
Marin Marais: Sólo busco los lamentos y los llantos...

 Sainte Colombe deja entonces pasar a Marais en su cabaña... Éste le pide que le de una última lección, a lo que Sainte Colombre le responde que puede darle la primera... Se produce entonces el encuentro entre los dos opuestos... El introvertido en busca de escucha y de compartir (moriría tranquilo), y el extrovertido en busca de él mismo al ver el sujeto en el objeto. Sigue entonces un bello diálogo entre ambos:

Sainte Colombe: Voy a hablar... La música sirve para expresar lo que no pueden expresar las palabras. En ese sentido no es del todo humana... De modo que habéis descubierto que no es para el rey.
Marin Marais: He descubierto que era para Dios...
Sainte Colombe: Os equivocáis porque Dios habla.
Marin Marais: ¿Para el oído?
Sainte Colombe: lo que no se puede expresar no es para el oído...
Marin Marais: Para el oro, para la gloria - Sainte Colombe niega -, el silencio...
Sainte Colombe: El silencio es lo contrario del lenguaje...
Marin Marais: ¿Para los músicos rivales?
Sainte Colombe: No... No... -niega compasivamente -
Marin Marais: Para el amor... La añoranza del amor, el abandono - Sainte Colombe niega pacientemente las propuestas de Marais- ¿Para un barquillo ofrecido a lo invisible?
Sainte Colombe: Tampoco. ¿Qué es un barquillo? Algo que se ve, que tiene sabor, que se come. No es nada.
Marin Marais: Pues no lo se señor... No lo sé... Creo que hay que ofrecerle una copa a los muertos...
Sainte Colombe: Os estáis acercando...
Marin Marais: Un pequeño abrevadero para quienes el lenguaje ha abandonado... Para la sombra de los niños... Para suavizar los martillazos de los zapateros... ¡Ay Dios mio!, para los estados anteriores a la niñez... cuando se vive sin aliento y sin luz. - Sainte Colombe agarra entonces las manos de Marais fuertemente -
Sainte Colombe: Señor... Hace un momento me oistéis suspirar y mi arte morirá conmigo. Sólo me llorarán mis gallinas y mis ocas. Voy a confiaros unas arias capaces de resucitar a los muertos...

"Un pequeño abrevadero para quienes el lenguaje ha abandonado... Para la sombra de los niños... Para suavizar los martillazos de los zapateros... ¡Ay Dios mio!, para los estados anteriores a la niñez... cuando se vive sin aliento y sin luz -."

La primera vez que oí estas palabras sentí que me emocionaban profundamente y comprendí aquello que tantas veces he sentido cuando escucho cierto tipo de música, comprendí que la música llora el paraíso perdido - cuando se vive sin aliento y sin luz -. Dice Cioran: "Sólo los espíritus agrietados poseen aberturas hacia el más allá" [10]. La música, al menos cierta música, fluye de la grieta que es en sí misma la existencia y que nos acompaña bajo el sentimiento de una discordia fundamental que nos habita, el alma siente la discordia en sí misma. Toda alma es una alma herida... Quizá por ello es bueno llamar aquí los versos de Walt Whitmann en sus Cantos de Despedida quien al morir nos advierte también del retorno a ese "cuando se vive sin aliento y sin luz":

                                 A tu portal vengo muerte,
                                 quiero penetrar en tus dominios soberanos, oscuros, ilimitados,
                                 llegar a los recuerdos de mi madre, a la identidad divina, a la
                                       maternidad [11]

Entre el antes del nacer y el después del morir... tan sólo nos queda el encuentro... Sainte Colombe, Marin Marais... Ambos finalmente tocan juntos Les Pleures, Marais desempolvando la viola de Madeleine, acompañados de barquillos y vino, sus dos almas heridas hallan su momento de paz justamente en su encuentro, compartiendo uno esa música llegada de la discordia de su alma profundamente herida, de la grieta de su melancólica existencia, compartiendo el otro su genuina emoción al sentir esa música como propia, cosechando ya no la nada sino su propia alma y su propia existencia... Os recomiendo ver el fragmento de película que sigue donde ambos compositores tocan juntos y juntos se emocionan envueltos en la música, envueltos también del sentimiento de la pérdida y el encuentro.

Sainte Colombe y Marin Marais tocando juntos Les Pleures.

"En el instante en que el canto de las dos violas ascendía. Se miraron. Lloraban. La luz que penetraba en la cabaña por el tragaluz abierto en ella se había vuelto amarilla. Mientras las lágrimas les corrían lentamente por la nariz, las mejillas, los labios, se dirigieron al mismo tiempo una sonrisa". [12]

__________________

  [1] Jung, C. G. Tipos psicológicos. Edhasa, pár. 692
  [2] Ídem anterior, pár.  691 y 692
  [3] Si alguien le interesa conocer que se sabe en realidad de Monsieur de Sainte Colombe puede encontrar información muy interesante (en inglés o francés) en http://jonathan.dunford.free.fr/html/sainte-c.htm
  [4] Ver nota 1, pár. 709
  [5] Cioran, E. M. Silogismos de la amargura. El circo de la soledad. Editorial Ariel.
  [6] Ver nota 1, pár. 1041
  [7] Ver nota 1, pár. 631
  [8] Ver nota 1, pár. 664
  [9] Hölderlin, Friedrich. Poemas de la locura. Poesía Hiperión. pág. 67
[10] Ver nota 5, En las raíces del vacío.
[11] Whitmann, Walt. Hojas de hierba. Cantos de despedida. A tu portal vengo, muerte. Editors, s.a.
[12] Quignard, Pascal. Todas las mañanas del mundo. Espasa, pág. 103

___________________

LIBRO DE PASCAL QUIGNARD.

La película es una muy buena adaptación del libro, cuya reducido tamaño (103 páginas) permitió al mismo autor realizar una feliz adaptación como guión de la película. El libro, escrito por alguien a quien su amor por la música se hace obvio, es muy bello y se apoya, en ocasiones, en una cuidada prosa poética.









____________________

MÚSICA DE TODAS LAS MAÑANAS DEL MUNDO

Música de la película seleccionada por Jordi Savall quien además cuenta con intérpretes como  Fabio Biondi (fundador y director de la orquesta de música barroca Europa Galante), Christophe Coin (fundador del cuarteto Mosaïques y director artístico de l'Ensemble baroque de Limoges), Montserrat Figueras (Cantante de tesitura de soprano, especializada en música medieval, renacentista y barroca. Esposa de Jordi Savall), Maria Cristina Kiehr (soprano argentina especializada en música barroca), Rolf Lislevand (laudista, vihuelista y tiorbista noruego especializado en música antigua), Pierre Hantaï y Jérôme Hantaï (Director y Clavecinista e intérprete de la viola respectivamente). Las piezas que se interpretan son las siguientes:

1. Marche pour la cérémonie des turcs (Jean Baptiste Lully)
2. Improvisation sur les folies d'Espagne (Marin Marais)
3. Prélude pour Mr. Vauquelin (Jordi Savall)
4. Gavotte du tendre (Sainte Colombe)
5. Une Jeune fillette (arr. Savall)
6. Les Pleurs (Sainte Colombe)
7. Concert à deux violes "le Retour" (Sainte Colombe)
8. La Rêveuse (Marin Marais)
9. Trosième leçon de ténèbres à 2 voix (François Couperin)
10. L'Arabesque (Marin Marais)
11. Fantasie en mi mineur (anónimo del siglo XVII)
12. Les Pleurs [Versión a dos violas] - (Sainte Colombe)
13. Le Badinage (Marin Marais)
14. Tombeau pour Mr de Sainte Colombe (Marin Marais)
15. Muzettes I - II (Marin Marais)
16. Sonnerie de Ste Geneviève du Mont de Paris (Marais)

sábado, 5 de noviembre de 2011

EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS (II): LA RELACIÓN MAESTRO-DISCÍPULO


I. JOHN KEATING Y LA TRANSFERENCIA DE AMOR

Vamos a ver hoy otra aproximación interesante que nos ofrece esta película. Es aquella que se deriva de la relación del profesor Keating, el maestro, con sus discípulos (el club de los poetas muertos). Me parece, en este sentido, destacable el análisis que hace de esta película la filósofa eslovena Alenka Zupancic (de clara influencia lacaniana), y de la cual os ofrezco el siguiente y largo extracto:

Alenka Zupancic
Consideremos en primer lugar las consecuencias de la llegada de Keating en el nivel intersubjetivo. Si, como se indica en varias escenas, la relación entre alumnos y profesores en esa escuela se basaba principalmente en el miedo y la disciplina, Keating la “complica” considerablemente al suscitar en los estudiantes un tipo diferente de “transferencia”, a saber: el amor. Esta vinculación puede discernirse del modo más claro en la relación entre Dalton y Keating; dos escenas tienen en tal sentido una importancia crucial. La primera es la escena del patio trasero, cuando Keating les ordena a sus discípulos que marchen y encuentren “su propio camino”; Dalton se niega a hacerlo. En este punto somos testigos del desafío, una de las fórmulas fundamentales del amor. El mensaje es claro: la demanda de atención y de una mirada, un llamado a Keating: “Mírame, mira lo que estoy haciendo”. Desde luego, Keating capta el mensaje. La segunda escena es el escándalo que Dalton provoca en la asamblea escolar, imitando burlonamente una llamada telefónica, y gritándole al director que dios quiere hablar con él – un gesto que cuestiona la autoridad del director y lo ridiculiza, un gesto que plantea el interrogante de “¿qué te autoriza?”, “¿qué supremo conocimiento posees tú”? La verdadera meta de esa provocación se vuelve manifiesta poco después, cuando Dalton (luego de haber sido castigado) charla con sus amigos y es el astro indiscutido de la noche; Keating entra y dice que ha hecho algo muy estúpido, pero Dalton lo mira con sorpresa y responde: “¡Creí que a usted le gustaría!” En síntesis, que su acto tenía la intención de que Keating lo viera; es decir, era una vez más demanda de mirada. El segundo rasgo que pone de manifiesto esta escena es el hecho de que Dalton podía anular una autoridad sólo para reposar en otra, en Keating. De modo que se había frustrado la demanda del profesor, que decía “piensen con su propia cabeza”: todos los que la tomaron en serio, empezaron a pensar con la cabeza de Keating o actuar para conseguir su mirada. Esta fue una lección para Keating que valía lo que le costó. Con independencia de las ideas, enfoques y esfuerzos pedagógicos que se introduzcan, la disposición fundamental alumno (sujeto) – maestro (sujeto supuesto saber) es irreductible.

Una vez introducida la transferencia, también pierde su inocencia el “¡Carpe Diem!” Pierde su forma de consejo y empieza a funcionar como imperativo, más precisamente, como imperativo del superyó, puesto que lo que comunica en última instancia es un imperativo de jouissance […] cuando obtiene el estatuto de imperativo del superyó, esta orden pierde su inocencia. ¡Goza!: la imposibilidad de esta orden que lo muchachos tienen frente a sí surge del hecho de que nos deja sobre una cuerda floja. Nunca podemos estar seguros de haber gozado lo suficiente, de que hemos aprovechado todas nuestras oportunidades, de que hemos “aferrado el día”. Constantemente nos preocupa haber perdido algo. [1]

Y añade finalmente una reflexión importante para comprender quien es Keating en la psique de sus alumnos y discípulos:

Keating es un kantiano que les dice a sus alumnos “hagan su deber”, “hagan su Cosa” que es realmente de ustedes y no de las escuela, de los padres o de cualquier otra persona. Realicen el acto  porque es lo único que podría hacer su vida digna de vivirse. La mayoría de los alumnos fracasa en esto.

Es esta una interesante reflexión sobre la relación maestro – discípulo y la sutilidad que la envuelve… La relación entre Keating y sus alumnos pone de relieve la profundidad de esta sutilidad justamente en las raíces de la misma organización psíquica. La necesidad del discípulo de un maestro (de  una autoridad) entra también, y a veces peligrosamente, en la dialéctica entre el súbdito y el rey, que tiene su reflejo psíquico en la relación del yo con el superyó.

Cuando la relación entre el maestro (rey) y el discípulo (súbdito) se fundamenta en una transferencia basada en el miedo, la cosa está clara… La autoridad es la autoridad que le confiere un rango, y el discípulo es el esclavo al cual se le promete una supuesta enseñanza en la que el orden, la disciplina y la seguridad y, generalmente, el sometimiento a ciertos y supuestos valores son esenciales… Se trata de una relación que podemos llamar militar, en la cual el miedo y la disciplina son fundamentales, y ante las cuales la posición del súbdito se mantiene por la amenaza del castigo. Este es el panorama del Colegio Wellton en el que recae como profesor su antiguo alumno John Keating.

Ante esta relación obvia, aparecen dos estilos de relación cuya transferencia se sitúa en  otros ámbitos no menos destacables:  el amor y el poder. En esta última, generalmente, el discípulo acepta el rol de súbdito por admiración y ambición: la  promesa de poder que el Maestro le ofrece y que hará de él quizá un futuro maestro…  Un ejemplo de ello lo tenemos en los señores Sith de la guerra de las galaxias, donde la sumisión del discípulo al maestro se realiza a través de la promesa de poder que llega del lado oscuro de la fuerza.

Charly Dalton (Gale Hansen)

Y así, y ante la promesa de valores, orden, disciplina y seguridad que ofrece la autoridad y que es transferida a través del miedo, o la promesa de poder que ofrece la autoridad que dice ostentarlo y que es transferida a través del deseo de poder… ¿Qué ofrece la autoridad amorosa? Alenka Zupancic observa certeramente que la autoridad amorosa promete mirada… la mirada que confiere existencia, una mirada que, en principio, reconoce, aprecia y dignifica. El análisis de la filósofa eslovena de las escenas que envuelven al discípulo Dalton muestran el peligro y la sutilidad que requiere la relación maestro - discípulo cuando esta se sitúa alrededor de la transferencia de amor. La contrariedad que experimenta Dalton ante la de Keating alrededor de su actitud en la asamblea escolar, “¡Creí que a usted le gustaría!”, demuestran sin lugar a dudas el cambio de una autoridad a otra: la del miedo hacia la del amor. Y ahí está justamente el problema: cuando un sentimiento como el amor es elevado al rango de autoridad. ¿No es acaso este la gran contradicción de la ley mosaica: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo? ¿Cómo un sentimiento como el amor puede elevarse al rango de ley: debes amar? Y esta es la maniobra profundamente perversa… Cuando el amor es elevado – o descendido - a la categoría de ley uno se enfrenta a la mirada que confiere existencia, pero que también la quita; a la mirada que reconoce, aprecia y dignifica, pero también a la mirada que avergüenza, que abandona y se decepciona… ¿No es ese el tono de decepción que observamos en Dalton ante la reacción de Keating? Esa maniobra es la que desvela que cuando el amor es elevado al rango de ley (lo que indefectiblemente ocurre en la relación intrapsíquica entre el yo y el superyó), Keating es elevado a un modelo a seguir… gestionado por el superyó. En la película la señal que ya nos habla de esto es cuando el grupo de alumnos más seducidos por el estilo de Keating copian el mismo club que esté fundo antaño: el club de los poetas muertos. Y así frases esencialmente vitalistas como el famoso Carpe Diem que puede traducirse por “Aprovecha el día”, en el sentido de “aprovecha el momento, no lo malgastes”, se transforma en un imperativo superyoico  de ¡Aprovecha el día! ¡No malgastes  ningún momento! ¡Exprime el día! ¡Vive cada instante! Con lo cual, y desgraciadamente,  la vida se transforma en un infierno en el que como bien dice Zupancic, nunca se está seguro de haber logrado el objetivo, tras lo cual, y al ser un imperativo superyoico, viene la tortura de la culpa, del desprecio, de la profunda insatisfacción por no haberlo logrado…  Imaginemos la gestión superyoica de una frase de la película, correspondiente a Henry David Thoreau, del siguiente calibre:

“Me interné en los bosques porque quería vivir intensamente; quería ‘sacarle el jugo’ a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida, para así, no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido”.

Imaginemos el equivalente superyoico de esta frase: ¡Si no vives y le sacas todo el jugo a la vida morirás dándote cuenta de que no has vivido! La vida, el vivir se transforma entonces en una profunda angustia para no llegar al momento de la muerte y en ese último instante darme cuenta de que no he vivido suficiente. Y así otras frases o versos como los siguientes:

                                                    “Toma las rosas mientras puedas;
                                                      veloz el tiempo vuela,
                                                      la misma flor que hoy admiras
                                                      mañana estará muerta”.

Desde la gestión superyoica estos versos se transforman en una angustia vital por “tomar cuantas más rosas mejor…”  entrando así en contradicción con el tiempo necesario (¡el tiempo vuela!) para entregarse al placer de contemplar y admirar la belleza de una rosa.

II. SOBRE EL DESAPEGO AMOROSO. 


John Keating (Robin Williams)

¿Qué hacer ante esta problemática en la que el discípulo eleva al rango de ley al maestro amoroso? Evidentemente que el manejo de la situación corresponde al maestro. Me gustaría aplicar aquí la idea de desapego amoroso,  un amor que persiste más allá de los resultados, sean estos mejores o peores, aparentemente acertados o erróneos… la presencia que sigue al lado – que sigue mirando - sea cuales sean los avatares de su discípulo sin apegarse a ellos, sin intentar resolver activamente nada, devolviendo constantemente al discípulo a aprender de su propia experiencia. Una desapego que finalmente se manifiesta en todo su esplendor en el final desprendimiento del discípulo de su maestro (de su mirada), entonces ya mirada interna, mirada propia. El desapego amoroso se caracteriza también por dejar atrás los consejos y fórmulas para llevar al discípulo a su propia respuesta, enseña al desnudo a vestirse, no le viste. El amor desapegado del maestro tiene finalmente también su reflejo interno en la relación del self con el yo por oposición a la que éste mantiene con el superyó. Mientras uno maneja imperativos, amenazas, culpa y castigo, el otro maneja manifestaciones creativas, metáforas, imágenes sorprendentes, sueños con el fin de que el yo halle su propia respuesta, su propia actitud, su propio lugar en un largo proceso de acercamiento del uno al otro en lo que Jung llamó proceso de individuación. Y en esa relación especular, de la misma manera que el self modifica el yo por su presencia, igualmente lo hace el maestro con el discípulo, no tanto por sus fórmulas o sus consejos, sino por la fuerza de su presencia amorosamente desapegada.

Si quieres aplastar algo, permite primero que se expansione.
Si quieres debilitar algo, permite antes que se fortalezca.
Si quieres destruir algo, permite antes que prospere.
                                                              (Tao Te King. Lao tze)

Aunque no voy a extender aquí el análisis, es fácil deducir de aquí el poder de manipulación que ofrece a un maestro el amor… El poder que se deriva de poner o quitar la mirada que confiere existencia y reconocimiento, aprecio y dignidad precisamente como elemento coercitivo. Precisamente cuando esto que ahora pongo lo quito.


III. LA IRRUPCIÓN PERVERSA DEL AMOR EN EL MUNDO DEL MIEDO

Neil en su actuación teatral

Es inevitable establecer una comparación entre el destino final del profesor Keating con el de Melanie en la película ya comentada en este blog de Los pájaros de Hitchcock. La irrupción perversa de Melanie en el mundo familiar de los Brenner (un universo cerrado que gira alrededor de Lidia, la madre) es de características parecidas a las de la irrupción de Keating en la escuela Wellton. Efectivamente, ésta conmociona las estructuras de una institución como dicha escuela de la misma manera que conmociona la relación de Lidia con Mitch en Los pájaros. La diferencia es la forma en que se resoluciona en ambas películas este conflicto. Mientras que en Los pájaros la irrupción perversa del mundo del deseo a través de Melanie en el mundo posesivo de Lidia se castiga precisamente  de manera simbólica con esos ataques de los pájaros (recordemos que Melanie acaba traumatizada), en El club de los poetas muertos se utilizará  la muerte de Neil (Robert Sean Leonard) para, a modo de chivo expiatorio, sacarse de encima a Keating. Esto nos ilustra claramente una de las características de la autoridad basada en el miedo: la búsqueda de culpables, de causas externas para justificar el acto suicida de Neil en la medida en que este se relaciona y es seducido por el "estrambótico" profesor Keating de dudosas artes didácticas y aún más dudosas actitudes vitales…  Es necesario simbolizar el suicidio de Neil, darle una explicación, un sentido, y que mejor que “pasarle el muerto” a Keating y sus insanas influencias sobre los jóvenes de la escuela Wellton. Evitamos así reflexionar sobre los efectos de la prohibición paterna sobre Neil y de la complicidad de la Escuela con él… En cierta medida Keating es traumatizado como lo es Melanie en los pájaros, si bien éste es finalmente reparado por Todd, quien comprende, como indica Zupancic en su análisis de la película, el verdadero estado de la cuestión:

Quien comprende primero la falsedad de esta victimización es Todd, el compañero de habitación de Neil, que insistentemente repite que el ser actor era una idea de Neil, y que Keating no tenía nada que ver con ella. El muchacho que fue el último en unirse al “Club de los poetas muertos" es el primero en subirse al pupitre en la escena final del film, cuando Keating tiene que dejar la escuela. Desde esta perspectiva, la escena final (los alumnos de pie sobre los pupitres recitando ¡Oh Capitán, mi capitán!) podría interpretarse como el gesto por medio del cual se restituye el suicidio de Neil la dignidad del acto. [3]

El profesor Clément Mathieux (Los Chicos del coro)
En los entornos donde prevalece la autoridad que ejerce el miedo, el amor siempre es peligroso y perverso, puesto que el amor, el verdadero amor, no puede pretender más que hombres y mujeres comprometidos con su libertad, una libertad que sólo ellos pueden ganar más allá de cualquier orden y disciplina, más allá de los “grandes valores” que el miedo pretende garantizar. Eso es lo que hace que Keating, a pesar de sus errores, sea finalmente un hombre generoso, un hombre comprometido con su libertad, esa presencia final que será lo que perdure posiblemente para esos alumnos que toparon en su camino con él. Esto se muestra más explícitamente en la película Los chicos del coro, donde la película se inicia con el retorno a casa, tras la muerte de su madre, del famoso director de música Pierre Morhange (Jacques Perrin) que revive así su infancia a través del diario de su antiguo profesor de música Clément Mathieux (Gerard Jugnot), quien iluminó con su presencia y su música un oscuro y lúgubre internado en el que Morhange residía. Como no podía ser de otra manera el amor de Mathieux tiene un destino final parecido al de Keating en un lugar donde la autoridad que impera es la del miedo, la amenaza y el castigo.

_________________

ENLACE RELACIONADO.

El club de los poetas muertos: las fuentes de la poesía

(pulsa el título para acceder al enlace)









_________________

[1] Zupancic, Alenka en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock. Slavoj Zizek compilador. Editorial Manantial, pág. 71 y 72
[2] Ver nota 1, pág. 73