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lunes, 20 de agosto de 2018

AVATAR: Del narcisismo egocéntrico al narcisismo trófico.

Avatar (2009) es una película de James Cameron que transcurre en una luna extraterrestre llamada Pandora, que orbita alrededor del planeta Polifemo, y en el que se nos presenta un conflicto que no es más que un reflejo del que mantenemos hoy en día en nuestro propio planeta Tierra, un conflicto entre lo que se ha dado en llamar "Civilización" con relación a la Naturaleza. Una manera de enfocar mejor este conflicto es, como se nos muestra en la película, contemplarla como el conflicto establecido entre el narcisismo egocéntrico humano en su dimensión más patológica - su dimensión colonizadora y explotadora -, y que el hombre occidental ha cultivado con tanto ahínco, y en el que ha quedado demostrado que el gran desarrollo de su saber y de su individualidad, está muy lejos de estar acompañado por la sabiduría, y que encontrará su contrapunto en los Na'vi, una raza humanoide habitante de la luna de Pandora, que vive en perfecta comunión con la Naturaleza, en aquello que el antropólogo Lucien Lévy-Bhrul, llamó "participación mística", una manera de formar parte humildemente del mundo que nos rodea y del misterio que le inviste. En el mundo de la participación mística  todo es significativo, todo está conectado, todo tiene alma y es digno de respeto. El saber del hombre occidental, caracterizado por la búsqueda del desvelamiento del misterio de la existencia, pero paralelamente por el desarrollo tecnológico en un mundo cuyo motor esencial es el capital, ha dado desgraciada forma a las palabras de Jung que ya decía en 1941: "Desde tiempos inmemoriales siempre estuvo dotada la naturaleza de alma. Ahora, por primera vez, vivimos una naturaleza desanimada y desmoralizada".

Desde el punto de vista psicológico, el desenrraizamiento que sufrimos de la Naturaleza, la substitución drástica, sin ritual de paso, que hemos sufrido de la participación mística al conocimiento científico y al desarrollo tecnológico, así como al capital como motor esencial del planeta, no ha hecho más que potenciar las relaciones de dominación y explotación, que junto al desarrollo progresivo del individualismo y la competitividad, determinan las relaciones propias del narcisismo egocéntrico donde el formar parte o el sentimiento de pertenencia ha sido substituido por el posesivo "es mío" o el "me pertenece". El alma ha sido substituida por el objeto, el ser por el tener, o el vivir por el producir, como tan claro nos ha mostrado el fiósofo Byung Chul-Han en su ensayo sobre "La sociedad del cansancio".

En la anterior cápsula de cine y psicología, Interstellar (pulsa aquí para acceder a la entrada), citaba un texto de Jung, que ya he repetido en numerosas ocasiones,  y en la que el psicólogo suizo vincula el absurdo o el sentido de la vida con una cuestión de temperamento, es decir, de actitud del ser humano. En Avatar veremos ambos temperamentos claramente diferenciados. Por un lado tenemos el absurdo, representado por la empresa privada que pretende explotar un mineral llamado inobtenium, cuya cara visible en lo ejecutivo es Parker Selfridge (Giovanni Ribisi) y en lo paramilitar el Coronel Miles Quaritch (Stephen Lang), que se nos presentan como perfectos ejemplos del narcisismo antropocéntrico y egocéntrico; por el otro lado tenemos el sentido, representado por la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver) y sus investigadores, y la nativa na'vi Neytiri (Zoe saldaña), y por extensión los Onomaticaya (el poblado na'vi al que pertenece Neytiri), ambas, cada una en su dimensión, unidas para preservar su cultura y la fantástica biodiversidad del planeta, así como su relación determinada por la "participación mística", representada en esencia por tres árboles con distinta simbología: el árbol madre, la dimensión protectora, el árbol alrededor del cual se desarrolla la vida del poblado; el árbol de las almas, el centro neurálgico de Pandora, donde el espíritu de Eywa se manifiesta con más fuerza, manteniendo la conexión de todo el ecosistema o red biológica de Pandora, y el árbol de las voces, el árbol de los ancestros, a los cuales se les puede escuchar e incluso consultar en busca de algunas respuestas. Se supone que viven dentro de Eywa. Tres árboles, tres simbologías relacionadas con la participación mística: Protección, conexión y trascendencia.

El árbol madre

Jake Sully (Sam Worthington), es el clásico ejemplo del héroe arquetípico. Marine paralítico para quien la vida ha perdido sentido y que sufrirá la clásica "llamada" tras la inesperada muerte de su hermano gemelo. Irá a Pandora ya que, gracias a tener el mismo ADN, éste le habilita para "entrar" en el avatar na'vi. Más tarde, cuando se pierde en la jungla, y siguiendo a una enfadada Neytiri, será "señalado" por las semillas del árbol de las almas al posarse sobre él, convirtiéndole en una especie de "elegido". Posteriormente, y debido a las órdenes que recibirá del coronel Quaritch, se verá envuelto en la encrucijada de tener que, como dice Jung, ser fiel al absurdo o al sentido.

Jake Sully, gracias a su avatar, experimentará en si mismo el conflicto que sería deseable que todos asumiéramos en algún momento, un conflicto al que podemos definir como la escisión a la que nos conduce el narcisismo egocéntrico (o patológico) o la inclusión, la pertenencia y el compromiso a la que nos conduce el narcisismo trófico. Para establecer las diferencias entre ambos tipos de narcisismo me remito a las siguientes palabras del psicoanalista Luis Hornstein:

El narcisismo patológico consiste, más que en un exceso de amor propio, en su falta crónica y, por ello, el narcisista realiza esfuerzos insaciables por sustituir el amor propio por la admiración externa. El déficit narcisista produce un yo amenazado por la desintegración, desvalorización o por una sensación de vacío interior. En el narcisismo patológico, hay un interés exclusivo por uno mismo mientras que en el trófico ese interés está también dedicado a metas y actividades. Las actividades del narcisismo trófico conciernen a las ambiciones, los ideales, el compromiso con los objetos, y ya no importa casi mantener y promover la identidad y la autoestima, ahora convertidas en productos colaterales de tales actividades. Alcanzada cierta cohesión del yo y de la autoestima, el sujeto es libre de orientar cada vez más su vida no por motivos narcisistas, sino por la realización de deseos. [1] (La negrita es mía)


Las semillas del árbol de las almas posándose sobre Jake.

El viaje de Jake Sully (no olvidemos que el es militar), su viaje del héroe, va a tener que ver con esto: persistir en el narcisismo egocéntrico basado en lograr la dominación, y si es necesario la destrucción de los onomaticaya, y del satélite por añadidura, en beneficio de la explotación del mineral inobtenio, es decir, la desfachatez y ceguera habitual de lo profano en relación a lo sagrado; o bien preservar la cultura y las creencias de los onomaticaya, su participación mística con la Naturaleza, lo que, a la postre, es mantener el equilibrio de la vida y de la existencia de una manera respetuosa y confiriándole una dimensión sagrada. Paralelamente, y a un nivel individual, Jake deberá enfrentarse a la oferta-tentación de Selfridge, quien a cambio de que le pase información sobre los Onomaticaya - es decir, transformarle en "espía" - le promete una operación que le permite recuperar unas piernas que le permitan volver a andar, a la vez que cuanto mas conoce a Neytiri y a los na'vy onomaticaya, más se siente involucrado con ellos y más comprende la relación que mantienen con su ecosistema. Esta tensión que vive Jake es muy clara, pues no es más que la tensión entre el hacerse completo ortopédicamente del narcisismo egocéntrico, el paliar la falta con "tener", o el hacerse completo existencialmente del narcisismo trófico, en el que el respeto y el valor por sí mismo sólo es comprensible cuando es respeto y valor por "el otro" y "lo otro", es decir, cuando la falta es generadora de "ser". Como dice Hornstein: el sujeto es libre de orientar cada vez más su vida no por motivos narcisistas, sino por la realización de deseos. Y qué mayor deseo puede tener un individuo libre que mantener el equilibrio que garantiza la continuidad de la vida y la existencia, el ser del mundo y con el mundo.


Neytiri y el árbol de las voces.

La tensión que individualmente vive Jake Sully, tiene su generalización en la tensión que la civilización occidental ha representado para otras culturas y para el mismo planeta Tierra. La historia del colonialismo en el pasado habla por sí misma (el descubrimiento y la colonización de América o la colonización de Africa, por poner dos ejemplos, es la historia de un desastre detrás de otro: genocidios, explotación y abuso, esclavismo, desenrraizamiento de las culturas aborígenes, guerras de interés, etc.), como habla también por sí mismo el nuevo colonialismo que, hoy en día, representa el neoliberalismo globalizado o capitalismo asalvajado. El desarrollo de la civilización occidental, sustentado esencialmente en la fuerza de la razón, no ha venido acompañada de un conocimiento de las complejidades del psiquismo humano, y es por ello que la civilización occidental, a pesar de su razón, es una civilización de razones esencialmente narcisistas egocéntricas. Y la cuestión que nos plantea Avatar es si, como civilización, seremos capaces de viajar hacia el otro narcisismo, el narcisismo trófico en el que el ser individual es inseparable del ser del mundo, y para ello vamos a necesitar muchos, muchos más Jake Sully que tomen partido por la participación y conservación de la Tierra, y no por su explotación ciega y pulsional que no encierra más que el dominio de la pulsión de muerte.


El árbol de las almas.

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[1] Hornstein, Luis. Hacia una clínica del narcisismo
Ver en enlace: 

domingo, 22 de julio de 2018

DERSU UZALA (AKIRA KUROSAWA, 1971): ALTERIDAD. CIVILIZACIÓN Y NATURALEZA.

Dersu Uzala (1975) fue la película que retornó a Akira Kurosawa a la dirección de cine después de la gran crisis personal y artística que le llevó a un intento de suicidio en 1971. De producción ruso-japonesa, y basada en el libro de Vladímir Arseniev (1923), explorador, naturalista, cartógrafo y escritor ruso y soviético que desarrolló gran parte de su trabajo en el Extremo Oriente Ruso, nos cuenta su encuentro, en aquel momento como capitán del ejército ruso encargado de cartografiar la zona, con Dersu Uzala, un Gold, un hombre de la etnia hezhen que le acompañó a él y a sus hombres en toda su expedición a la región de Sijote-Alín. Interpretada brillantemente por Yuri Solomin en el papel del capitán Artemiev y Maxim Munzuk, en el de Dersu - entrañable interpretación-, y filmada en su totalidad en la taiga siberiana, la película cosechó un notable éxito y distintos premios entre los que destacan el del Festival de Cine de Moscú y el Oscar a la mejor película extranjera.

Como ya vimos en la película "El Nuevo Mundo", de Terrence Malick (pulsa aquí para acceder a la entrada), Dersu Uzala nos permite volver al conflicto entre civilización y naturaleza o, para definirlo mejor, entre el hombre supuestamente civilizado y el hombre salvaje, por llamarlo a la manera H. D. Thoreau, quien hablando del indio norteamericano  dice:


Para mi, el encanto del indio reside en que se alza, libre y sin ataduras, en la naturaleza - es su habitante, no su invitado - y la lleva sobre sí con facilidad y gracia. Pero el hombre civilizado tiene las costumbres de la casa. Su casa es una prisión en la que se siente oprimido y confinado, en lugar de cobijado y protegido. Camina como si estuviera sosteniendo el tejado. Pone los brazos como si los muros fueran a caérsele encima y aplastarlo y sus pies recuerdan el sótano que tiene debajo. Sus músculos jamás se relajan. [1]

En los inicios de la película, cuando Artemiev y uno de sus hombres conocen a Dersu, este último (Soloviev) le pregunta donde vive, a lo que Dersu le responde: "Yo no tengo una casa. Vivo en el monte. Corto unas ramas y me hago una cabaña." Y hacia el final de la película, cuando Dersu pierde la vista, el profundo aprecio de Artemiev por él le hace llevarlo a su casa de Javárovsk, pero el alma de Dersu muere fuera de la Naturaleza: "En la calle no puedo disparar, no puedo hacer mi tienda. Aquí en la ciudad no puedo respirar." Y más adelante le dice: "Capitán, por favor, déjeme ir al bosque, Dersu no puede vivir en la ciudad. Me falta el aire [...] tengo que irme, si no, moriré tristeza." 




PARTE I. LA EXPEDICIÓN DE 1902.


I. DERSU Y LA PARTICIPACIÓN MÍSTICA.

Este concepto, creado por el sociólogo y antropólogo Lucien Levy-Bhrul, hace referencia a lo que se llama el pensamiento pre-lógico, caracteriza una manera de percibir el mundo por parte del ser humano llamado primitivo, en el que todos los objetos y seres de la Naturaleza participan de una misma esencia. Más allá de las diferencias entre animado e inanimado, entre orgánico e inorgánico, o entre plantas y animales, o entre tierra y cielo, todo, todo, participa de ella. Se trata de una especie de alma que siendo global está en cada cosa individual. Avatar (2014), de James Cameron, nos presenta buen ejemplo de ello a través de la relación que los na'vi, los habitantes del planeta Pandora, mantienen con la Naturaleza. Pronto empezamos a ver como Dersu se relaciona con las cosas de esta manera animista. Por ejemplo, cuando un soldado, tras pasar una fuerte lluvia y salir el Sol, le pregunta si sabe qué es, Dersu le responde: "Y quién no lo sabe, el Sol es nuestro padre, pero a veces nos portamos mal y llora"; y al anochecer, cuando el Sol se pone, le dice a Artemiev: "Capitán, el Sol es gente, gente importante. Si el Sol muere, todos mueren." 


El Sol es gente, gente importante.

Y así sigue: "El fuego es gente [...] Mira el agua, también es gente. El agua está viva [...] El fuego es gente fuerte, el fuego se enfada [...] y cuando se enfada el agua también da miedo, y el viento cuando se enfada. El viento, el agua y el fuego cuando se enfadan son gente muy fuerte..." 


Ese aspecto de la participación mística y del animismo da la sensación de vivir en un ensueño. donde realidad, fantasía y sueño conviven al mismo tiempo. No obstante, esto no obvia que también se pueden observar las cualidades y la sensibilidad de Dersu en la comprensión de las señales de la Naturaleza, y quizá su rasgo más importante, su bondad y compasión, aspectos que cada vez más van generando el aprecio de Artemiev hacia él, que es quien comprende la sabiduría de ese pequeño hombre de la taiga. En el libro, Artemiev habla de una especie de comunismo primitivo:

En todas sus acciones siempre se destacaba este comunismo primitivo. Las piezas de su caza las compartía por igual con todos sus vecinos, con independencia de su nacionalidad y dejando para sí exactamente lo que daba a los demás. [2]

Las imágenes de Kurosawa son en ese sentido potentes, y transmiten perfectamente esta sensación del hombre que mantiene esa relación de equilibrio y armonía con la Naturaleza, su relación de pertenencia basada en la admiración, el respeto y el temor. Las imágenes expansivas, casi inmóviles de la gran taiga siberiana, contrastan con los pequeños movimientos de los personajes que, ante tanta inmensidad, parecen insignificantes.

El agua es gente.

II. ALTERIDAD: LA RELACIÓN ENTRE ARTEMIEV Y DERSU.

C. G. Jung, ha sido uno de los psicólogos que más captó la problemática del hombre civilizado en relación con la Naturaleza, la doble dimensión que implica su desenraizamiento en relación a esta relación de participación con ella, así como la postura de dominación y superioridad que la supuesta civilización ha desarrollado hacia ella. Walter Boechat, analista junguiano, describe en este sentido el peligro de como la civilización se quiere imponer a la naturaleza:

Jung sugiere que, cuando la humanidad pasó de la naturaleza animada a la inanimada - el llamado desencatamiento de la naturaleza - , ese pasaje se dio de forma rígida, sin rito de paso: el animismo fue visto como superstición. El cristianismo substituyó a los dioses antiguos por un único dios. La propia ciencia, cuando desencantó a la Naturaleza, la subordinó sólo a la razón científica y no proveyó a la naturaleza de otra alma. Si la ciencia considerara el anima mundi digna de una mayor atención, habría sido más cuidadosa en esa transición de desencantamiento del mundo, procesando el pasaje para la era científica a través de un ritual de pasaje sin perder el contacto con los dioses naturales. [3]

Justo la relación de Artemiev con Dersu, nos ofrece un excelente ejemplo para contemplar el concepto de alteridad - o de otredad - en su sentido más respetuoso y humilde, es decir, la de una relación yo-tú en el que el punto de vista del otro es tomado en cuenta y considerado, por diferente o alejado que pueda ser del nuestro. Y no sólo sólo eso, la relación yo-tú de Artemiev y Dersu se convierte en un nosotros en el que, en varias ocasiones, Artemiev confiará en la sabiduría natural y la bondad de Dersu, y no tratará de imponerse como el arrogante occidental que tantas conquistas, con sus consabidos desprecios, destrucciones y abusos, ha comportado para tantas y tantas culturas ancestrales. El conocimiento de la taiga que Dersu posee salvará en varias ocasiones a Artemiev y sus hombres. El Capitán y Dersu irán trabando una hermosa amistad. Por otro lado, Dersu, quien ha perdido a su esposa e hijos por una epidemia de varicela, y quien vive de manera solitaria en la dura taiga siberiana, encontrará en Artemiev un buen hombre con quien entrar en intimidad y compartir su soledad.


Dersu Uzala y el capitán Vladimir Artemiev.
En ese sentido, el encuentro de Dersu con Artemiev lo podemos referir, si se quiere de manera simbólica, al encuentro con Li Tsung-Pei, el hombre chino que lleva cuarenta años en soledad, tras haberle robado su hermano a su mujer, y que nos puede aparecer como una proyección del propio dolor de la pérdida de Dersu, quien dice del hombre chino, cuando Artemiev quiere invitarle a que se acerque al fuego en la fría noche: "No capitán, no debemos molestarle. Él está pensando, le gusta pensar. Está pensando en su casa, en su jardín y las flores". Una nostalgia parecida a cuando Dersu canta en soledad una canción de una melodía triste en la noche, bajo el resplandor de la hoguera, perdido en sus propias ensoñaciones.


La soledad y el ensueño de Li Tsung-Pei.

- Una reflexión desde la polaridad hombre civilizado-hombre salvaje.

Uno de los momentos más interesantes de la película se produce cuando ambos se pierden en la región del Lago Janca, donde la Naturaleza se muestra en su dimensión más peligrosa en un crudo invierno y, donde al ponerse el Sol, se desata una fuerte tormenta de viento y nieve. Dice Artemiev: "En la helada extensión del lago reinaba un silencio sobrecogedor, que sólo presagiaba amenazas para dos seres indefensos." Y más adelante dice también, ante las extremas condiciones de su expedición: "un frío intenso, cansancio, hambre. Que insignificante es el hombre ante la Naturaleza"La Naturaleza es uno de esos lugares en los que el hombre comprende que no es tan importante como cree. Curiosamente, Artemiev, fascinado por el paisaje parece querer adentrarse en él, mientras que por otro, Dersu, aparece como la consciencia que advierte del peligro de la situación. Es como si, momentáneamente, se produjera una migración del polo que cada uno representa. Mientras que Artemiev parece retornar al mundo no consciente de la Naturaleza, sumergirse en ella, Dersu aparece como la consciencia que emerge de ella y advierte del peligro de la situación.


En el lago Janka.

Finalmente, y tras salvar su vida gracias a la inteligencia y pericia de Dersu, este despierta al capitán de una cabaña improvisada, en una mañana donde el Sol brilla y el buen tiempo ha retornado. Al oír los disparos de los soldados que les buscan, ambos estallan en una gran alegría y se abrazan juntos como niños, una bonita imagen de lo que podríamos considerar la unión de los opuestos, en donde Artemiev, representante del mundo culto, racional y reservado emocionalmente abraza la dimensión salvaje que Dersu representa de la unión con la Naturaleza, tanto por su belleza, como por su dureza, así como en su dimensión más mística en donde por doquier todo está animado, todo es significativo. Por otro lado, con su abrazo, Dersu acoge a los valores de la consciencia de sí mismo y de la intimidad, también del conocimiento y del aprecio y consideración que el capitán le ofrece.


El abrazo de Dersu y Artemiev.

- Una reflexión de orden general.

Sin embargo, y desde una perspectiva más social e histórica, el abrazo de Artemiev y Dersu no se ha dado. El desarrollo de las civilizaciones, determinadas por las religiones monoteístas como el cristianismo, junto al desarrollo de la filosofía y la ciencia, el crecimiento de las ciudades, los posteriores procesos de industrialización, la priorización de los factores productivos y económicos hasta llegar, como hoy en día, a las modernas tecnologías, unido a la implantación del capitalismo más salvaje, ha desarrollado un desgraciado antropocentrismo dirigido por un gran narcisismo egocéntrico que ha llevado al hombre a excluirse de la Naturaleza, a excluirse de su origen, de su raíz, a colocarse en un plano de superioridad, de inflación de especie que le ha convertido en un peligro para sí mismo y para el mundo (el Homo hominis lupus de Schopenhauer). El concepto de "participación mística" ha sido ridiculizado por las grandes religiones, la filosofía y la ciencia, y por los intereses egoístas del Capital. Pero el desenraizamiento que todo ello nos ha procurado de nuestros orígenes ha tenido notables y nefastas consecuencias. Dice de nuevo Walter Boechat:

El hombre triunfó solo aparentemente sobre el demonismo de la naturaleza; la verdad, él engulló los demonios en sí mismo y se convirtió en una marioneta de los dioses. Esto sucedió porque creyó que había abolido a los demonios sólo por declarar que ellos eran mera superstición. Después de que se hizo imposible para los espíritus de la Naturaleza habitar las rocas, los ríos, los bosques y montañas, ellos utilizaron a los seres humanos como lugares de habitación mucho más peligrosos... [4]

Así acaba la primera parte de la película, que corresponde a la expedición de 1902, separándose ambos amigos en lo que es el retorno de Dersú a sus montes y bosques, y de Artemiev a su ciudad, a Javárovsk. El intento de Artemiev de que vuelva con él a su casa es algo que no tiene camino. Ambos pertenecen a sus mundos. Sin embargo, ellos nos dan la pista de la necesidad de entendimiento y de reconocimiento de esos mundos, el mundo de la vía racional y el mundo de la vía perceptivo-intuitiva.

PARTE II. LA EXPEDICIÓN DE 1907.

La segunda parte de la película se sitúa en la expedición de Artemiev a la región de Ussuri, en el extremo más oriental de Rusia. Allí se dará de nuevo el encuentro entre los dos amigos, un encuentro que también se manifestará en un fuerte abrazo entre ambos. Un encuentro en el que se hallan de nuevo, no sólo los dos hombres, sino también lo que cada uno representa para el otro. La fuerza vital que la dimensión del hombre salvaje de Dersu le da a Artemiev, y la fuerza de la intimidad y el vínculo amistoso, amoroso que Artemiev le da a Dersu. Artemiev reconoce que en este período otoñal se dieron sus más entrañables recuerdos. Su amistad se consolida y Dersu se siente profundamente integrado en aquel grupo de hombres.


El reencuentro.

Sin embargo, y en esta parte de la película, vamos a asistir a dos aspectos que me parecen relevantes y que van a dar a la historia un dramático giro. En primer lugar, al conflicto que se desata debido a que, por error, Dersu mata a "Amba", que es como llama al tigre siberiano que habita en estos lugares, y que parece que le reporta la venganza por parte de Kangá, el espíritu de bosque, dado que, como le dice a Artemiev en una ocasión "el tigre tenía mucho alimento en el bosque y tenía vedado atacar al hombre." Al matarlo es como si hubiera roto un acuerdo tácito. Como si hubiera abandonado el mundo de la naturaleza y hubiera ingresado en el de la civilización, con lo que eso conlleva. Como si hubiera roto su equilibrio con el espíritu del bosque, con la armonía de la Naturaleza. Dice Thoreau:

Es innegable que el hombre blanco ha comenzado una nueva era. ¿Qué conmemoran nuestros aniversarios, sino los abusos del hombre blanco? [5]

A partir de este momento entramos en la fase de decadencia de Dersu. Sintiéndose perseguido por un tigre que Kangá mandará para matarlo, perdiendo la vista que le impide cazar, se sentirá fatalmente vulnerable - ¿cómo sobrevivir en estas condiciones en la taiga? - y recurrirá al ofrecimiento de Artemiev de recogerlo en su casa. Pero como ya hemos visto al principio, no logrará adaptarse a la ciudad, una especie de prisión para él, que ha vivido siempre en la taiga, en los bosques y los montes, con el paso de las estaciones, rodeado de un mundo con alma, a diferencia de la ciudad desalmada. Finalmente morirá asesinado por un desalmado - nunca mejor dicho - para arrebatarle el moderno rifle que Artemiev le obsequia para volver a sus montes y sus bosques. La película finaliza con una bonita canción que los soldados cantan tras el reencuentro de Artemiev y Dersu en 1907:

Solo: "Mi gris ala de águila... ¿Dónde te has ido? 
Coro: "Estoy volando..."
Solo: "Tú, mi águila de alas negras y azules. ¿Dónde has estado volando tanto tiempo?
Coro: "Estaba volando allí, sobre las montañas, donde todo era silencio".


El canto de los fusileros.

- Una reflexión final.

Dersu Uzala nos permite reflexionar sobre el difícil encuentro de lo salvaje y lo civilizado. Evidentemente, algo que podemos observar en la relación de Dersu con Artemiev, es que no se trata de quién arrastra a quién, sino del trato amistoso que incluye valores como el respeto, la consideración, el reconocimiento y la abertura al aprendizaje que ambas polaridades nos ofrecen. No la dominación, ni siquiera el ofrecimiento de un tránsito, se requiere la armonía, el equilibrio polar. Razón e intuición, empirismo y mística, medida y percepción subjetiva se necesitan. La imposición de las primeras sobre las segundas nos llevan al mundo desalmado de una razón seca y fría, carente de intuición sutil. La imposición de la segunda, nos encierra en un mundo donde, en términos junguianos, la individuación - que no el individualismo -, la consciencia de sí mismo no encuentra el camino para desarrollarse, quedándose en la inconsciencia de la participación mística. 


Dersu!


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BIBLIOGRAFÍA.

[1] Thoreau, H. D. Todo lo bueno es libre y salvaje. Errata Naturae, pág. 114
[2] Arséniev, Vladímir. Dersu Uzala (Básica de Bolsillo) (Spanish Edition). Posición en Kindle 478-480. AKAL. Edición de Kindle.
[3] Boechat, Walter. El mito y la individuación. La mitopoiesis de la psique. WB, pág. 196
[4] Ídem anterior, pág. 195 y 196.
[5] Ver nota 1, pág. 113


sábado, 11 de noviembre de 2017

EL NUEVO MUNDO (The New World, Terrence Malick, 2005): La Alteridad y El fin de la inocencia.

El nuevo mundo (The New World, 2005) es el cuarto largometraje de Terrence Malick. Rodada siete años después de "La delgada línea roja" - con la que mantiene una cierta relación -, y después de su larga desaparición durante veinte años del que fue su segundo largometraje, "Días del cielo". Basada en la historia de Pocahontas (que significa Traviesa - aunque su nombre era Matoaka -) y el capitán John Smith, pero con un tratamiento muy distinto al que podría esperarse en una historia de este tipo, y del que en realidad fue, está interpretada por Colin Farrel (John Smith)Q'Orianka Kilcher, el que fue gran descubrimiento para el papel de Matoaka - nombre que utilizaré puesto Malick no la menciona nunca como Pocahontas -, y el de Christian Bale protagonizando al que fue marido de Mataoka, John Rolfe. Como decía, el tratamiento que Malick da a la película, como era de esperar, es de otro orden, centrándose más en lo que fue el encuentro, en el año 1607, de culturas tan distintas como la de los colonos ingleses con los indios Powhatan, una etnia que se extendía desde lo que actualmente es Washington, D. C. hasta Carolina del Norte.

La película nos plantea una reflexión, siempre desde esa dimensión poética que Malick le da a sus películas, de dos elementos esenciales: la alteridad (o la otredad) y, consecuencia de ésta, lo que podríamos llamar el fin de la inocencia.

I. SOBRE LA ALTERIDAD (O LA OTREDAD).

Me ha parecido importante, para el comentario de esta película, recurrir al concepto de "alteridad" (del latín Alter = Otro) u "otredad". Alteridad hace referencia, en una primera aproximación, a la relación del yo con un tú, o también a la relación de un yo con un ello, lo que implica una relación con el otro que también implica un "nosotros". Alteridad, que también se relaciona con alternar, considera que en esta relación yo-tú o yo-ello, el yo tiene la capacidad de ponerse en el lugar del otro y, por lo tanto, la capacidad de tener en cuenta el punto de vista del otro. Sin embargo, y como bien indica Javier Ruiz de la Presa (2007):

Todo desemboca en última instancia en un nosotros siempre complejo y acaso doloroso, que hace honor a la fragilidad de las relaciones humanas dentro y fuera de la vida pública. La alteridad implica tensión, desgarramiento, desencuentros y, por mucho que se sazone, son menos abundantes sus contrarios. [1]

Y, obviamente, también es necesario contemplar la Alteridad en un sentido más amplio, es decir, más allá del yo, siendo importante incluir los aspectos psicológicos, sociológicos y antropológicos.

Dicho esto, encontramos en la primera parte de El Nuevo mundo de Malick un caso que ilustra este concepto de alteridad en diferentes niveles que abordaré por el orden siguiente:

- La relación de los Powhatan con la Naturaleza.
- El encuentro entre John Smith y Matoaka y la cultura Powhatan.
- El encuentro entre dos culturas distintas: los colonos y los indios Powhatan.

- La relación de los Powhatan con la Naturaleza: la participación mística.

Q'Orianka Kilcher como Matoaka.
"Ven espíritu. Ayúdanos a cantar la historia de nuestra tierra. Tú eres nuestra madre, nosotros tu maizal. Nos alzamos tras brotar de tu alma."

Así se inicia la película, con la voz en off de Mataoka, ubicándonos de manera inmediata en la relación del indio con la Naturaleza. Una relación de respeto y agradecimiento hacia ella, y un reconocimiento de que ellos son su "maizal", de que son hijos,  brotes de su alma.

Siempre me ha parecido muy bella, a raíz de los textos que he podido leer, la relación que la nación india norteamericana ha mantenido con la Naturaleza, una relación que se aleja totalmente del estilo de relación que las sociedades occidentales han desarrollado con ella, una relación progresivamente cada vez más fundamentada en el dominio, la explotación y el utilitarismo y que, conforme nuestra cultura se ha ido desarrollando, se ha vuelto cada vez más y más agresiva con ella, a la vez que, implicando nuestro progresivo alejamiento de ella, se ha tornado cada vez más alienante para el individuo al favorecer los comportamientos más narcisistas. La belleza de estas enseñanzas dirigidas al amor y respeto por la Naturaleza las podemos observar en las siguientes palabras narradas por el indio sioux santi Charles A. Eastman (Ohiyesa) en el libro dedicado a la mujer india "Serás como la Madre Tierra":

El indio era un hombre religioso desde el vientre de su madre. A partir del momento en que éste reconocía el hecho de la concepción y hasta el final del segundo año de vida, que era la duración habitual de la lactancia, la influencia espiritual de la madre era, según nuestra creencia, de la mayor importancia. Su actitud y sus meditaciones secretas han de ser tales que infunden en el alma receptiva del niño nacido el amor al "Gran Misterio" y un sentimiento de hermandad con toda la creación. [1]

y más tarde dice, y después del nacimiento del niño y mientras va creciendo:

La madre continúa su enseñanza espiritual, primero silenciosamente - un mero señalar la naturaleza con el dedo -; después en canciones susurradas, como la de los pájaros, por la mañana y por la noche. Para ella y para el niño los pájaros son verdaderas personas, que viven muy cerca del "Gran Misterio"; los árboles murmurantes expresan Su presencia; las aguas que cantan Sus alabanzas. [3]

No es de extrañar que amantes de la Naturaleza como Thoreau, o como le ocurre al capitán John Smith de esta película, sintieran una gran atracción por los indios y por el vínculo que estos mantenían con la Naturaleza, así como por su sencillo estilo de vida. Acompañado por esa música tan cercana a la inocencia como es el adagio del segundo movimiento del concierto numero 23 para piano y orquesta de Mozart, dice el capitán Smith de ellos:

Son apacibles, afectuosos, fieles. Carecen de malicia y picardía. No poseen palabras que denoten la mentira, el engaño, la envidia, la calumnia, ni siquiera el perdón. No tienen celos ni sentido de la propiedad. Lo que creía un sueño era real...


Lo que creía un sueño era real.
La comunión con la naturaleza era una característica de la nación india tal y como han recogido mitólogos como Joseph Campbell, o como observamos a través del gran testimonio fotográfico y etnográfico de Edward Sheriff Curtis, caracterizando lo que el sociólogo y antropólogo francés Lucien Lévy-Bruhl denominó "participación mística", o pensamiento pre-lógico, es decir:

La mentalidad primitiva piensa y siente a la vez todos los seres y objetos como homogéneos, es decir, participando de una misma esencia o de un conjunto de cualidades. Lo que más le interesa [...] es desgajar en los objetos que atraen o retienen su atención, la presencia, el grado de intensidad y [...] las disposiciones benévolas u hostiles de esta esencia... [4]

Por lo tanto, la relación de alteridad que mantienen con la Naturaleza es la "participación mística". Esto hace que para ellos la tierra, de hecho el Universo, sea una entidad dotada de alma, una presencia que ellos sienten en distintas manifestaciones y que los indios norteamericanos identificaron como "el Gran Misterio", el Gitchee Manitou (Gran Espíritu) de los algónquinos (o confederación algónquina) de los que los Powhatan formaban parte.

Para ellos, la tierra no es simplemente polvo [...] sino un ser vivo, una madre. Los animales y plantas, y todas las personas que habitan en su seno, son sus hijos y, como ella, son también considerados sagrados. [5]

Y éste es uno de los vínculos que el hombre occidental, mediante el desarrollo de la ilustración científica y de un sistema cada vez más basado en un capitalismo desaforado, no sólo no ha logrado re-vehicular, sino que lo ha substituido por una relación de dominación y explotación. Dice Jung que "desde tiempos inmemoriales siempre estuvo dotada la naturaleza de alma. Ahora, por primera vez, vivimos una naturaleza desanimada y desmoralizada" [6]

pero... ¿qué ocuparán en el futuro?
Desde el punto de vista psicológico, el desarraigo de la naturaleza, la substitución de la participación mística por las relaciones de dominación y explotación, y el progresivo desarrollo del individualismo y la competitividad (aspectos destacados por la sociedad capitalista) ha favorecido también un fuerte desarrollo del narcisismo: el formar parte de, el sentimiento de pertenencia ha sido substituido por "el es mío" o "el me pertenece". Es algo que uno de los jefes Powhatan intuye cuando le dice a Jefe Powhatan o Wahunsonacock (el padre de Matoaka): "Debemos echarlos ahora que son pocos" (sugiere uno de los jefes) "Solamente quieren una parte de la ciénaga" - responde un hijo de Jefe Powhatan - pero ¿qué ocuparán en el futuro? - sugiere el mismo jefe -".  Abordaremos en mayor profundidad esto en el tercer punto.

- El encuentro entre John Smith y Mataoka y la cultura Powhatan: la sicigia anima / animus.

El encuentro entre Matoaka y John Smith nos muestra un tipo de alteridad distinta. John Smith  se nos presenta como alguien que está en búsqueda de un modo de vida distinto:

¿Quién eres tú, a quién apenas puedo oír, y que no dejas de alentarme? [...]

Debemos empezar otra vez. Un nuevo comienzo. Aquí las bendiciones de la tierra están al alcance de todos. Nadie tiene porque vivir en la pobreza. Hay una buena tierra para todos, sin un precio que no sea el propio esfuerzo. Crearemos una auténtica mancomunidad con el trabajo y la independencia como las máximas virtudes. No habrá terratenientes que nos martiricen con costosos arriendos, o arrebatándonos el fruto de nuestro trabajo.

Las palabras del capitán permiten observar a un individuo que, como ya he dicho antes, está en búsqueda y que reconoce en el Nuevo Mundo y los Powhatan y, sobretodo, a través de su enamoramiento de Matoaka, un nuevo paraíso en el que, y como dice, "empezar otra vez", tener "un nuevo comienzo". Una posición que como veremos contrastará absolutamente con sus compañeros de viaje.

John Smith nos recuerda un planteamiento de la alteridad que, de cierta manera, cabe atribuirle a Kant, y según el cual el encuentro con lo nuevo "tiene la capacidad de alterar completamente lo que ya existía, incluyendo cualquier sentido de conciencia subjetiva, identidad y creencias" [7] Se trata de aquella situación en la que el otro nos mueve lo que es para nosotros mismos. Éste es un tema importante y que, desde la psicología junguiana, tiene una lectura muy interesante desde la proyección sobre el otro de la sicigia que constituyen los arquetipos del anima y del animus.

Efectivamente, observamos los efectos de esta proyección en las reflexiones en off que ambos hacen sobre el otro y el significado que tiene cada uno para el otro. Observamos este deslumbramiento mútuo, en las palabras  de John Smith sobre la belleza de la joven india: "lo era hasta tal punto que el mismo sol, aunque la viera a menudo, se sorprendía cuando se mostraba en su presencia [...]. En cuanto a Matoaka, su voz en off dice: "Me asusta lo que siento. Un dios, eso es él para mí. ¿Qué es la vida sino estar cerca de ti? Todo pienso dártelo a ti, y tú a mi. Te seré fiel, sincera, ya no somos dos. Uno, uno... Soy yo, soy yo". 

Desde un punto de vista junguiano diríamos que su enamoramiento es un enamoramiento arquetípico, es decir, John se enamora del ánima que proyecta en Matoaka, y ésta del animus que proyecta en John (el otro nos mueve lo que es de nosotros mismos). Ella manifiesta el ideal de este tipo de relación, que se vive extremadamente en el enamoramiento, y que es el ideal de fusión. Y por extensión, la relación de John con Matoaka no sólo se queda en ella sino que se extiende hacia el "paraíso Powhatan", en lo que es también el ideal de fusión: "Solamente existe esto. Todo lo demás es irreal". - dice el capitán -

Ya no somos dos. Uno, uno... Soy yo, soy yo.

En los trabajos de Jung y de otros analistas junguianos (M. Stein, M. Von Franz, J. Hillman, R. Johnson, Erich Neumann, Verena Kast, Emma Jung, etc.) se nos muestra que en el hombre, la proyección del ánima sobre la mujer hace que la vea como un ideal de mujer: como objeto sexual y objeto espiritual. "El objeto sexual al que quiere poseer y con el que quiere fusionarse, y el objeto espiritual al que quiere adorar y reverenciar". [8] Por otro lado, en la mujer, la proyección del animus sobre el hombre le hace ver en él alguien "fascinante y poderoso. Ella se siente atraída hacia él como una polilla a una llama. Él le da la sensación de estar completa y de estar a salvo... lo sobrevalora y establece expectativas de perfección divina" [9]. John y Matoaka establecen una relación sagrada que tiene en el Nuevo Mundo su espacio mítico. Para un caso como el de John se trata de un retorno a una inocencia perdida de la que sus compañeros de viaje serán la muestra, mientras que para Mataoka es el despertar del amor.

En realidad, y visto en un sentido psicológico, éste otro que nos mueve aquello que es de nosotros mismos es la necesidad de integrar la polaridad de lo masculino (en la mujer) y lo femenino (en el hombre) que nos muestra características que nuestra personalidad externa no tiene integradas. Recordemos que dicha polaridad masculino y femenino no debe confundirse con la biología masculina y femenina.

En este caso la alteridad externa nos relaciona también con una alteridad interna. El enamoramiento es así una oportunidad de reconocer en el otro lo mío y, partiendo de este reconocimiento, y por reapropiación de su proyección, de reconocer también al otro en lo que es y no en lo que imagino.

A través de la relación con Matoaka y, por extensión, con el Nuevo Mundo, y como un retorno a la inocencia (la participación mística), el retorno a la Naturaleza, John Smith establece un contraste entre la vida de la que viene con la vida con la que se encuentra, y así nos dice, cuando ya vuelto al fuerte de los colonos, y recibe la visita de la joven india: "Cuando estoy contigo siento cosas que olvido cuando estoy lejos. Dime amor mío, ¿quieres que vuelva a tu lado y vivamos juntos? [...] Mi verdadera luz [...] Mi América. Ese fuerte no es el mundo. El río conduce hasta allí. Y también lleva más lejos. Hacia lo profundo de esta tierra virgen. Empieza de nuevo. Cambia esta vida falsa por otra verdadera. Renuncia al apellido Smith".

- El encuentro entre dos culturas distintas: los colonos y los indios Powhatan.

La confrontación de la cultura Powhatan con los colonos adolece finalmente de lo que fue el espíritu de la conquista del continente americano: su dominación y sometimiento, es decir, que la relación de alteridad que se estableció fue una relación caracterizada por la explotación, el expolio y, en muchos casos, el genocidio. Vemos esa actitud en los colonos con los que John Smith llega a la costa americana de Virginia. Al inicio de la película, el jefe de la expedición, el Capitán Newport (Cristopher Plummer), responde a uno de sus hombres: No hemos venido a saquear a los indios. Estamos aquí para establecer una colonia. Newport, como Smith, anhelan una nueva sociedad. En otro momento oímos a Newport lanzar el siguiente discurso:

Mirad más allá de esas puertas. El edén sigue rodeándonos. Hemos escapado del viejo mundo y su cautiverio. Emprendamos un nuevo comienzo y demos un renovado ejemplo a la humanidad. Somos los pioneros del mundo. La avanzada enviada a tierras vírgenes para abrir una nueva senda...

Buenas palabras... aparentemente. Pero junto a la bondad que parece residir en ellas, aparece ya la voluntad de posesión que caracteriza al hombre occidental cuando dice: "Dios nos ha otorgado una nueva tierra prometida, una gran herencia". ¿Otorgado? ¿Herencia? Aquí se manifiesta de nuevo esa característica posesiva del viejo mundo que, como consecuencia, ha reducido a los legítimos habitantes del continente americano a lo que hoy en día son. Mientras el discurso de Newport continua, las imágenes de Malick nos ofrecen la decacendia del poblado de los colonos, los troncos de árboles talados, el muro que separa el fuerte de la naturaleza.



Este discurso, en su base idealista, y que como veremos, seducirá a John Smith a embarcarse de nuevo y a abandonar a Matoaka, pone de relieve la inconsistencia de un nuevo mundo que, en realidad, quiere construirse con la premisas fundamentales del viejo mundo: otorgado y herencia. En la base del discurso de Newport está el miedo del jefe Powhatan que dice: pero ¿y luego que ocuparán?

Y eso es lo que pronto se nos demostrará en la película. La convivencia entre los colonos degenera, sus luchas de poder les fragmenta y finalmente la avaricia y la codicia les lleva a la búsqueda de la riqueza fácil: la búsqueda del oro. Dice John Smith al volver al fuerte, y tras este período pasado con los Powhatan y Matoaka: Fue un sueño, y ahora he despertado.

Como dice Thoreau, quien admiraba profundamente a los indios:

Para mi el encanto del indio reside en que se alza, libre y sin ataduras, en la naturaleza - es su habitante, no su invitado - y la lleva sobre sí con facilidad y gracia. Pero el hombre civilizado tiene las costumbres de la casa. Su casa es una prisión en la que se siente oprimido y confinado, en lugar de cobijado y protegido. Camina como si estuviera sosteniendo el tejado. Pone los brazos como si los muros fueran a caérsele encima y aplastarlo y sus pies recerdan el sotano que tiene debajo. Sus músculos jamás se relajan. [10]

II. LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA.

Mataoka camino de Rebecca.
Todo el impacto que causa en John Smith el contacto con Matoaka y los Powhatan y el Nuevo Mundo, lo sufrirá la joven india al tener que verse relacionada con el mundo del fuerte. Tras trasladarse al fuerte, Smith recibirá en dos ocasiones la visita de Mataoka, y en las dos se negará a volver con ella aunque, finalmente, y por una serie de vicisitudes, será ella quien acabará viviendo con John en el mundo del fuerte, que es donde se centra la segunda parte de la película. Y este es un cambio importante, porque el mundo del fuerte lo es todo menos el paraíso. Es el mundo del que John Smith viene. Y, finalmente, es el mundo al que éste finalmente pertenece aunque reniegue de él. Para partir hacia nuevas tierras miente y hace que un amigo, al cabo de dos meses, le diga que ha muerto.

En el abandono de Matoaka por John Smith parece que la integración de la joven india en el mundo del fuerte la desenviste de aquello que representaba para el capitán en el paraíso Powhatan. Matoaka, para él, forma parte ahora del viejo mundo, y ya no es aquella india que le conectaba con la inocencia y el paraíso Powhatan. Con su vestido y sus zapatos con tacones, Matoaka queda reinvestida de una significación muy distinta de la joven que John descubrió en los bosques vírgenes.

A su vez, con la partida de su amor, Matoaka pierde lo único que la unía en ese lugar... y con su falsa muerte, en realidad su abandono, la lleva prácticamente a la depresión. A partir de ese momento es una sombra de sí misma. Es el fin de la inocencia: "Te has llevado mi vida. Has matado el dios que había en mi." Recordemos sus palabras: ya no somos dos. Uno, uno... Soy yo, soy yo". Con su partida, y su posterior falsa muerte, Matoaka queda rota, y al no ser uno con él, su yo es un yo roto.

Malick hace coincidir la caída en la depresión de Matoaka con los ataques a los poblados Powhatan y a su destrucción por parte de los colonos. Como el abandono de John Smith es el fin de la inocencia para Matoaka, la avaricia y el afán de dominación lo es también del Paraíso.


Sólo la aparición de John Rolfe (Christian Bale) sacará a Matoaka de su abismo y con el tendrá un hijo. En el final de la película asistimos a la "transformación" que va de la joven india Matoaka a Rebecca (su nombre tras el bautismo), que tendrá su culminación en su viaje a Inglaterra (tenía veinte años cuando lo realiza junto a John Rolfe), y en la que aquella libertad y espontaneidad de la joven india ya está afectada por el acartronamiento del "viejo mundo" en el que es incluida. No dejan de ser curiosas dos imágenes de este viaje en las cuales podemos ver el contraste entre el "Nuevo mundo" y el "Viejo mundo". Entre lo natural y lo artificial. La primera es ver enfundada a Matoaka en un clásico vestido de "dama", cuando es recibida por los reyes de Inglaterra, en contraste con la libertad que mostraba la joven india en su entorno natural:


Y la segunda es ver uno de los dos indios Powhatan que la acompañan en este viaje mirando los ordenados jardines de la Corte con sus árboles recortados con precisión: la artificialidad versus la explosión de la vida salvaje.



Al final de la película se da un encuentro entre John y Matoaka-Rebecca con ese interesante diálogo:

Matoaka: ¿Encontraste tus indias John?
John: - su rostro denota que no -
Matoaka: Las encontrarás.
John: Creo que pasé de largo. Creía que era un sueño lo que vivimos en el bosque. Es la única verdad.

Matoaka murió a los veintiún años de unas extrañas fiebres en Gravesend (Condado de Kent), en cuyo cementerio se erige una estatua en su memoria... La película acaba mostrándonos el espíritu de Matoaka vestida como una "dama", y actuando como cuando era libre en sus bosques de Virginia...  Vuelve a su espíritu indio, Matoaka retorna al Gran Misterio... vuelve a la gran madre...




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[1] Ruiz de la Presa, Javier. Alteridad. Un recorrido filosófico. ITESO (México), págs. 9 y 10.
[2] Varios Autores. Serás como la Madre Tierra. La mujer india. Juan J. Olañeta Editor, pág. 32
[3] Ídem anterior, pág. 34
[4] Lévy-Bruhl, Lucien. La mentalidad primitiva. Ediciones Península, pág.14
[5] Campbell, Joseph. Las extensiones interiores del espacio exterior. Atalanta, pág. 42
[6] Jung, C. G. Después de la catástrofe (1945). Civilización en transición. OC-10, Ed. Trotta, par. 431
[7] Kul-Want, Cristopher & Piero. Filosofía continental. Una guía ilustrada. Ed. Tecnos, pág. 43
[8] Woodward, M. W. & Saybrock, M. S. An exploration of Anima and Animus in Jungian Theory. Saybrook Graduate School, San Francisco.
[9] Ídem anterior.
[10] Thoreau, H. D. Todo lo bueno es libre y salvaje. Errata Natural, pág.

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OTRAS PELÍCULAS DEL DIRECTOR COMENTADAS
(Pulsa el título para acceder a la entrada)

EL ÁRBOL DE LA VIDA (The tree of life, 2011): Del misterio del ser y la existencia.