AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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lunes, 3 de mayo de 2021

FAMILY LIFE (Vida en familia, Ken Loach, 1971): Sobre la madre fálica, el doble vínculo o comunicación paradójica y la sociedad alienizante.

 

Family life (1971) es una de las primeras películas de Ken Loach que aborda un tema parecido 
al que comentamos recientemente en otra película de la misma época: Una mujer bajo influencia (1974) de John Cassavetes (pulsar aquí para ver entrada). Sin embargo, y a diferencia de esta, Family Life nos permite contemplar la gestación del trastorno psíquico dentro de las familias de origen. Esta película de Ken Loach, como la de Cassavetes, reflexiona sobre la importancia del entorno en la génesis del trastorno psíquico, la insuficiencia del abordaje psiquiátrico clásico, en contraposición con las ideas de la antipsiquiatria de aquellos días y las deficiencias de las instituciones psiquiátricas como los sanatorios mentales. Incluye, a su vez, distintos elementos que hemos abordado también en este blog a través de diferentes películas (Shine, el esplendor de un genio - Scott Hicks, 1996 -; Cisne negro - Darren Aronofsky, 2013 -; Aflicción - Paul Schrader, 1997 -, por citar algunas), pero la considero una de las más estremecedoras por su crudeza y por la intensidad de los personajes que la fundamentan, sostenidos por excelentes interpretaciones dentro de la peculiar manera de dirigir de Ken Loach (utiliza, por ejemplo, personas que representan más las características del personaje que busca que actores que los interpreten)..

Family Life nos narra el descenso a los infiernos de su joven protagonista, Janice Bailden (interpretada por Sara Ratclif), la pequeña de dos hermanas (la mayor ya está fuera de casa), atrapada el entorno asfixiante de una familia conservadora,  puritana y tiránica, compuesto por Mr. Bailden (Bill Dean), un padre autoritario y violento, si bien mero instrumento de la verdadera protagonista, Mrs. Bailden (Grace Cave), una madre tiránica, culpabilizadora y manipuladora que confunde constantemente a Janice para que "sea como debe ser", es decir, "para que sea como ella quiere que sea". Mrs. Bailden, con la colaboración de su esposo, se corresponde con lo que antiguamente se llamó madre, y por extensión en este caso, familia, esquizafrenógena, concepto propuesto por la psicoanalista Frida Fromm-Reichman en 1948, para describir aquellas madres, familias, o también entornos, generadores de esquizofrenia.



I. EL DOBLE VÍNCULO O COMUNICACIÓN PARADÓJICA.

La película, tras una introducción donde vemos a Janice retirada por un policía de una estación de metro por lo que considera un comportamiento extraño, parte del conflicto familiar que surge con el embarazo de Janice, y que nos propone magistralmente un ejemplo del llamado doble vínculo o comunicación paradójica, que se caracteriza por lanzar a una persona mensajes que se contradicen, o como también se dice, la paradoja como contradicción. La escena aborda la discusión basada en la voluntad de Janice de querer tener a su hijo y la oposición de sus padres. En esta escena inicial se observan ya varias cosas:

1) Los claros ejemplos de la comunicación paradójica o doble vínculo, y de como estos llevan a Janice a la confusión y a dudar de ella misma.
2) La desvalorización constante del criterio de Janice por parte de su madre de una manera fría e implacable (la actriz, una mujer sin experiencia interpretativa elegida por Loach, borda el papel).
3) Las reacciones violentas y humillantes del padre que degradan la dignidad y autoestima de Janice.

Veamos la escena:

Madre: Lo que es seguro que no lo quiere.
Janice: ¿Quién dice que no lo quiero?
Madre: Pues serías imbécil si lo quisieras.
Padre: ¿Qué hacemos? ¿Qué aborte?
Madre: Haz el favor de no mencionar esta palabra en esta casa. Es horrible, poco cristiano.
Padre: 
Janice: Entonces esto lo soluciona todo, ¿no?
Madre: El caso es que no deberías tenerlo. ¿Te das cuenta de que esto cambiará tu vida?
Janice: ¡No voy a matar a mi hijo! Está aquí, es parte de mi, no lo voy a matar.

Vemos aquí el primer ejemplo de mensaje paradójico. Por un lado la madre habla de una forma extremadamente moralizada y horrorizada sobre el aborto (deberían deshacerse de la gente que lo practica), mientras que por el otro incita a su hija a que lo haga. Como veremos, esto pone a Janice en la situación de ser una de esas personas que aborta, y a las que su madre desprecia, mientras que si no lo hace desobedece lo que sus padres le dicen. Haga lo que haga es culpable. Es importante observar, que este tipo de relación parte de la infancia, lo cual explica los posteriores efectos psíquicos que tiene sobre un individuo.


Padre:
¿Y quién eres tú para decidir? 
Madre: ¿Quién va a educar el niño¿Quién va a comprar y a pagar todo lo que necesita? ¿Te das cuenta de eso? ¿Ni siquiera sabes mantenerte a ti? ¿Imagínate a otra persona?
Janice: Ya me las arreglaré.
Madre: ¿Y cómo te las vas a arreglar? No tienes ni idea de lo que significa todo esto. Si tuvieras sentido común seguirías nuestro consejo y verías que lo que creemos es lo mejor para ti. Dices que lo quieres pero yo sé que no. Y yo sé lo que es bueno para ti. 
Janice: Cualquiera diría que puedes leer mi pensamiento.
Madre: Ya, pues pueda que lo lea, pues eres parte de mí.

Observemos en este fragmento la desvalorización del criterio de Janice tanto por parte del padre (¿quién eres tú para decidir?), como aun más, y más sutilmente, por parte de la madre, que la confronta afirmando que ella no sabe lo que realmente ella quiere y que ella si, y que el sentido común debería acoger sin duda su propuesta. Como veremos, esta es la base de otro mensaje paradójico, pues por un lado se le exige responsabilidad, y por otro se le niega constantemente su capacidad para tenerla. Por otro lado, responsabilidad es, desde el punto de vista de los padres, renunciar a tener todo criterio personal y acoger el de los padres (que saben lo que ella quiere), lo cual equivale a una verdadera renuncia de toda responsabilidad y autonomía, a la vez que torna sospechosa esa frase de la madre cuando dice: eres parte de mí. Como veremos más adelante este "parte de mi" caracteriza a las llamadas "madres fálicas", una de las formas de la "madre terrible" junguiana.

Ante la persistencia de Janice por tener a su hijo, sigue la consabida tanda del chantaje emocional:

Madre:
¿Cómo crees que nos vamos a sentir viéndote ir por ahí así?
Janice: Me iré de aquí.
Madre: ¡Oh, claro, muy bonito! Te hemos educado durante todos estos años y quieres irte de casa, así, sin más. Te estás comportando como una niña consentida.
Janice: ¿Quién dice que estoy equivocada?
Madre: Claro, la señorita sabe juzgar si está o no equivocada. Es la decisión más importante que has tenido que tomar. Y tiene que ser lo que tú quieras. A veces me pregunto si realmente utilizas la cabeza para pensar. Dices una cosa y yo se que no es lo que quieres. Dices que lo quieres, pero yo sé lo que es mejor. Eres mi hija, y sé exactamente lo que quieres.

Sencillamente brutal. A parte del chantaje emocional, una vez más aparece la comunicación paradójica: tiene que ser lo que tú quieres, pero lo que dices no es lo que quieres; dices lo que quieres, pero yo sé lo que es mejor, sé exactamente lo que quieres.

La anulación del criterio, la falsa moral, la imagen por encima de todo, la posesividad sobre la hija... A pesar de todo, Janice, ya mucho menos decidida, sigue diciendo: ¿pero el está aquí, o no? - señalándose el vientre -. Es entonces cuando aparece el padre, verdadero títere y guardaespaldas de la madre para decir: De buena gana te mataría. Con Janice dudando, sólo hay que acabar el proceso de aplastamiento con una dosis más de chantaje emocional a cargo de su madre: Mira como has hecho enfadar a tu padre. Y a mí. ¿No hemos hecho lo que hemos podido por ti? Hemos intentado guiarte por el camino que debías ir. ¿O no? ¿Te hemos fallado?

Cuando la resistencia de Janice cede surge entonces la conclusión de Mrs. Bailden: ¿No lo ves? Te contradices todo el tiempo. De manera parecida a David Helfgott, la historia del niño prodigio del piano llevado a la gran pantalla por Scott Hicks (Shine, el esplendor de un genio), que es presa de un padre anulador, finalmente abortará, siendo este punto el que desencadenante del "tratamiento" de una hija que suponen enferma tras un nuevo episodio de comunicación paradójica en la que Janice llega tarde en plena lluvia, acompañada de su amigo Tim (Malcom Tierney). Al llamar a casa Mrs. Bailden la recrimina: "¿Qué es esto de llegar a casa a estas horas de la mañana, despertando a la vecina con esa maldita máquina? Ya que has estado fuera tanto tiempo, puedes continuar ahí fuera." Y cierra la ventana. Janice, pensando que no la abrirá vuelve con Tim. Aguarda un tiempo, pero no baja. Sin embargo, un poco después aparece Mrs. Bailden abriendo la puerta cuando Janice ya se ha ido. Más tarde, cuando vuelve a casa, se encuentra con la actitud ignorante de sus padres, para después acusarla de lo mucho que han sufrido: "No hemos pegado ojo pensando donde estarías [...] Bajaba para abrirte y ya te habías largado tan lejos como pudiste." Presa entonces de la ira, Janice la acusa de habérsele cargado su hijo mientras la amenaza con un cuchillo. Esta escena es la desencadenante de llevarla al médico que, a su vez, la derivará a un psiquiatra poco corriente: el Dr. Donaldson.

II. EL TRATAMIENTO PSICOTERAPÉUTICO.

Janice es ingresada en un hospital donde la atenderá un psiquiatra que está introduciendo un nuevo tratamiento, más basado en la psicoterapia individual y grupal, que en el tratamiento biológico propio de la psiquiatria, el doctor Donaldson, interpretado por un verdadero psiquiatra de la nueva corriente de la antipsiquiatría, Michael Rydall. Pronto veremos distintos efectos en esta fase de la película.

1) En primer lugar, y de modo casi de documental, veremos las entrevistas que Donaldson realiza a ambos padres, descubriendo la rigidez y las razones indiscutibles e inamovibles de la madre, sostenidas por un padre que, como ya hemos dicho, no es más que un verdadero títere violento: el lado ejecutor de la violencia materna. No obstante, en la entrevista con el psiquiatra, Mr. Bailden dice de ella: Siempre creí que Vera se interponía entre Janice y yo. Y añade: cuando Janice era un renacuajo solíamos pasarlo muy bien juntos. Cuando era muy pequeña, pero de alguna manera, esto no le gustaba a Mrs. Bailden. Y también comenta que cuando era pequeña  fue ella quien les mantuvo unidos. Habla también de su excesivo puritanismo, confesando veladamente una vida sexual insatisfactoria. No obstante, concluye que "siempre ha inculcado en las niñas lo que está bien y lo que está mal en asuntos de hombres".



2) En una escena de terapia de grupo se dialoga sobre el estado de irrealidad del yo de casos como el de Janice, y siguiendo el ejemplo que vimos en Shine, el esplendor de un genio, vemos en su caso un paralelo de lo que Luis Kancyper denomina centauros, es decir, la resultante de la presión de la madre sobre Janice hace que su personalidad tenga la cabeza de la madre en su cuerpo, que simplemente ejecuta lo que su cabeza-madre dicta. Una de las participante del grupo dice acerca de esta situación:

Paciente: Dicen que piensan que soy mala, y yo creo que soy yo misma. Mi yo, yo que dicen que es autodestructivo. Son ellos [...] Ellos no saben quién soy yo. El "yo" que ellos dicen que estoy destrozando, es ellos.
Terapeuta: ¿Quieres destrozarles?
Paciente: De verdad que no los quiero en mí, No los quiero en mí. De verdad que no los quiero en mí.

Lo que la paciente quiere decir es que quiere deshacerse de unos padres que más allá de su acción externa, siguen también como resultado de una fuerte interiorización de ellos, lo que en el caso de Janice, y debido al doble vínculo practicado por la madre, deviene en un estado confusional casi permanente. Donaldson se lo dice en una de sus sesiones: Es uno de esos casos en los que no soportas un reproche de tus padres, y te molesta tanto que crees o que te vas, o haces lo que te dicen, o de nuevo te sumerges en un mar de confusión.



3) En la escena que sigue es importante observar como el doctor Donaldson intenta que Mrs. Bailden considere que aquello que ella llama "lo mejor" para su hija, quizá no lo sea para ella. Tras toda una declaración de lo que ella cree que ocurre con una juventud que ha perdido el norte y sobre la importancia de controlarla, es interesante el diálogo que se establece entre ambos, Veamos algunos momentos de dicho diálogo

Madre: A veces me tumbo en la cama por la noche y pienso que ya no volveremos a nuestro tranquilo remanso del hogar,
Donaldson: ¿Cree que es un asunto de volver al pasado?
Madre: Si, porque éramos una familia feliz. No teníamos todo este jaleo.
Donaldson: Pero están unidos. Janice quiere separarse, irse, vivir su vida.
Madre: Bueno, si cree que con esta terapia es capaz de hacerlo, la dejaré ir con mucho gusto y veré que pasa.
Donaldson: Si, pero usted tiene que ser capaz de aceptarlo, porque cuando su hija se separa, usted también debe se capaz de hacerlo.

El terapeuta intenta hacer ver a Mrs. Bailden que la separación de la que habla no afecta a Janice, sino a ella como madre. La referencia al pasado indica la dificultad para asumir por la madre que Janice crece y desea su independencia y crear su autonomía, aun al precio de equivocarse. No obstante, para una madre del tipo de Mrs. Bailden, aceptar esta separación es muy difícil, y de hacerlo nunca es de buena gana, como sucede en relación con Barbara, la hermana de Janice, quien prácticamente no soporta a sus padres a los que, en una escena muy tensa, culpa de la presión que ejercieron sobre ella y que ejercen sobre su hermana. Para este tipo de madre, el amor está aplastado por el poder, y su relación con los hijos sólo la entiende como una relación de dominio y posesión, generalmente disfrazada de sacrificio y un victimismo manipulativo. Veamos como sigue el diálogo:

Madre: De repente, de ser una chica buena, feliz en su vida...
Donaldson: Si, pero lo que usted llama "feliz", ella... ¿cree de verdad que está de acuerdo con usted?
Madre: Creí que no había nada malo en ello, hasta que...
Donaldson: ¿Sólo cuando está de acuerdo con usted piensa que no le pasa nada?
Madre: Sí, no hacía esta cosas diabólicas que hace ahora, y lo que hace ahora es diabólico.
Donaldson: Sí, pero quizás lo que llama diabólico es aquello con lo que no está de acuerdo

Nuevo apunte del terapeuta en la que indica a la madre lo que significa no estar de acuerdo con ella, el no ser como ella quiere que sea, característica de la llamada "madre fálica", que detenta a sus hijos negándoles su subjetividad y causándoles, así, serias dificultades (estragos en lenguaje psicoanalítico) que pueden derivar en el posterior desarrollo de distintos trastornos, siendo los más graves los correspondientes a las posiciones psicóticas. Continuemos con el diálogo:

Madre: Como tener un aborto. ¿Estaría de acuerdo si fuera su hija?
Donaldson: ¿Fue decisión suya?
Madre: Bueno, ¿qué más se podía hacer? Habría arruinado su vida. Y no solo soy yo la que lo dice, los que la conocen también.
Donaldson: Si, pero esta es otra cuestión, ¿no cree?
Madre: Lo que puedo decir es que todo lo que hice, lo hice por su bien. Y eso es lo que creí que era mejor. Pero no puede tener las dos cosas.
Donaldson: Nadie puede tener las dos cosas. Siento decirle que pienso que usted quiere las dos cosas. Usted quiere que sea responsable, pero también quiere que haga lo que usted quiere.
Madre: No tanto lo que yo quiero como lo que creo es mejor.
Donaldson: Es lo mismo. ¿No cree?
Madre: Quizás...
Donaldson: Porque lo que cree que es bueno, a lo mejor a ello no se lo parece.

Se nota que quien esta interpretando el papel es un terapeuta real. En este fragmento desenmascara la comunicación paradójica que la madre utiliza. Primero desvelando la contradicción entre el juicio de una hija que tiene que abortar pero que, curiosamente, no por su decisión, sino por la de su madre. Un ejemplo de la contradicción general en la que Mrs. Bailden se halla: Usted quiere que sea responsable, pero también quiere que haga lo que usted quiere. Pero tratándose de una madre fálica, la realidad que reside en su inconsciente es: si, no quiero que mi hija se haga responsable porque quiero que dependa de mí, que haga, efectivamente, lo que yo quiero. La quiero sometida a mí. De la misma manera que la consabida frase de "lo hice por su bien" no es correcta, es "lo hice por mi bien". Tampoco lo sería "es lo mejor para ella", sino "es lo mejor para mí".



Donaldson intenta ayudar a Janice en su camino  desvelando su mecanismo de defensa y a orientarla hacia el camino a encontrar. En un fragmento de terapia con ella le dice: 

De alguna forma, haciéndote la loca, aislándote del mundo, es la única manera en que puedes ser tú. Es uno de esos casos en los que no soportas un reproche de tus padres, y te molesta tanto que crees o que te vas, o haces lo que te dicen, o de nuevo te sumerges en un mar de confusión. Y debemos encontrar la manera de ayudarte a enfrentarte a ellos y no a odiarlos porque desaprueben lo que haces. Y esto lleva tiempo.

Bonita frase final aplicable a muchos casos que los terapeutas nos encontramos en nuestras consultas.

III. INGRESO PSIQUIÁTRICO Y VUELTA A LA "NORMALIDAD".

Para desgracia de Janice, el hospital donde trabajo el Dr. Donaldson no le renueva el contrato para seguir con su nuevo método de tratamiento. Intereses de la psiquiatría clásica, representada por el Dr. Carswell, y "hechos administrativos" del hospital se imponen al reconocimiento del valor que su nuevo método aporta. Así Janice se verá tratada, de repente, con medicación psiquiátrica y electroshocks. El Dr. Carswsell, quien la diagnostica esquizofrenia, le dice a sus padres:

Esta clínica es diferente, y nuestro tratamiento también lo es. Nuestro objetivo es que gente como Janice salga del hospital y pueda hacer una vida normal [...] pronto se la devolveremos.

Como si devolverla a una vida "normal" fuera volver con sus padres y trabajar en una cadena de envasado de chocolatinas. En realidad, se trata de devolver al paciente a una vida "normatizada". La realidad del mundo que vive se nos muestra cuando su amigo Tim quiere regalarle un cuadro que ha pintado. Janice no puede aceptarlo porque sus padres no lo aceptarían. Tim le muestra entonces las casas de un barrio y define muy bien dos cosas: 1) ¿En realidad es cuerdo aquello que llamamos normal? y, 2) la definición de la familia como "centros de entrenamiento." Es esa la supuesta "normalidad" para la que el Dr. Carswell recupera a Janice. 



Tim dice algo que, independientemente de las clases sociales, afecta por igual a cada clase en sus distintas formas. Y eso entronca no tanto con los padres y la familia en sí, sino con en el coste que lleva implícito la adaptación social y el peso que lo colectivo nos impone. La familia, como célula social, esta determinada por la sociedad en la que vive, y esta, inevitablemente, la transforma en el transmisor primario de sus demandas.

Bajo esas presiones, sólo es cuestión de tiempo que Janice empeore de nuevo. "¡Maldita perra! Estas loca de atar", le dice su padre, después de que con Tim pintaran de azul algunas hojas del jardín y sus enanitos decorativos, y de finalmente romper un reloj de mesa de su padre (un reloj "logrado" después de 25 años de trabajo y que el Sr, Pendegast se lo regaló), que deciden llevarla de nuevo al Dr. Carswell. Asistimos luego a la reacción de aislamiento que Donaldson indicaba a Janice. Ella quiere quedarse en el psiquiátrico porque no quiere a sus padres y no tiene a dónde ir. 

Después de incidentes cada vez más graves con sus padres, y en las que el padre la insulta y la agrede fisicamente, deciden ingresarla definitivamente en el psiquiátrico. Allí, de nuevo, ahora con la Dra. Garfield, le indican cual es el camino a seguir: "... hay que encontrar un puesto en el mundo, en la sociedad, ya sabes, hacer amistades, casarse, formar una familia." 

A partir de este momento, y tras un breve intento de rescate por parte de Tim, con la posterior denuncia de los padres exigiendo su ingreso en el hospital, Janice empeoraré inexorablemente hasta que al acabar la película, el Dr. Carswell la mostrará en una clase de medicina, diciendo a los estudiantes lo siguiente:

Para ilustrar algunas cosas que hemos explicado, he traído a una jovencita. En cierto modo, es una historia corriente: vida agradable, casa cómoda, infancia feliz, ningún síntoma de inestabilidad psíquica, hasta llegar a los 20. Desde entonces, ha tenido varios trabajos. En las observaciones de su historial clínico se incluye bloqueo mental, autismo, apatía emocional y obediencia automática. Que nosotros sepamos, no hay ninguna conexión entre los síntomas y el entorno en el que ha vivido. Vamos a hacerla pasar:

 


EN FIN... SOBRAN LAS PALABRAS.

IV. UNA REFLEXIÓN FINAL.

Uno de los motivos por los cuales se abandonó el concepto de madre - o familia, o entorno - esquizofrenógena es porque se consideró que culpabilizaba a las madres, familias o entornos. Como otros profesionales que trabajan con pacientes que sufren distintos tipos de trastornos, no comprendo porque se rechazan ciertas evidencias que muchos de nosotros hemos comprobado por el simple hecho de ser molestas. Muchos de los casos con lo que he tenido oportunidad de trabajar (trastornos psicóticos, disociativos, bipolares, trastornos de personalidad, etcétera) muestran que, más allá de los factores genéticos y neurofisiológicos que podemos invocar, no por ello podemos obviar su relación con entornos de desarrollo y crecimiento en muchas ocasiones verdaderamente enloquecedores y tóxicos, humillantes, violentos y abusivos, despreciativos, rechazadores, etcétera.  Al respecto quisiera indicar dos reflexiones:

1) Como se ha demostrado en varias ocasiones, la psicoterapia, sin oponerse al tratamiento biológico y psiquiátrico, pero no considerándolo único y exclusivo, puede aportar mucho más que la misión que a veces se le supone - bajo la hegemonía psiquiátrica - de simplemente facilitar al enfermo la convivencia con su trastorno y aportarle técnicas conductuales y psicoeducativas  que le permitan llevar su problema, individual y socialmente lo mejor posible. No obstante, los resultados obtenidos por métodos como la psicoterapia del diálogo, desarrolladas por psicólogos finlandeses, han puesto de relieve la importancia no sólo de tratar al enfermo, sino también al entorno, y como el "tratamiento" de este último beneficia al enfermo en su recuperación (ver los datos que aporté al respecto al comentar la película de Una mujer bajo influencia de Cassavetes) hasta poder prescindir de la medicación psiquiátrica (lo cual, parece ser, no es del agrado de las farmacéuticas). Francamente, la reducción de ciertos trastornos psicológicos a una cuestión "científica" meramente genética y neurofisiológica, obviando la importancia del entorno, me parece poco "científica".

2) La idea de que ciertas maneras de contemplar la enfermedad mental culpabiliza las madres, los padres o las familias me parece un punto de vista simplista que obvia el verdadero problema de fondo: la de nuestras sociedades y las demandas que implica a los individuos que la constituyen y que, de manera enloquecedora, son acompañadas, por parte de sus gobiernos e instituciones, a parte del modelo socioeconómico, de un modelo de comunicación paradójica contradictoria constante, donde se dice una cosa y se practica otra. Sociedades que, en consecuencia, implican una educación orientada no a crear individuos con capacidad crítica e inquietud social, sino a crear individuos productivos y competitivos adornado con una falsa idea de libertad. Una educación sin educación emocional, o con una mala educación emocional - y acerca de cómo impartirla habría mucho de que hablar -. ¿Y qué decir acerca de la educación emocional de los adultos para comprender un poco la psique infantil, o la psique adolescente, orientada a relacionarse con ellas para tratarlas mejor de cómo se las trata habitualmente? No son las madres no los padres ni las familias las culpables, o no exclusivamente es su responsabilidad, lo es una sociedad que tiende a crear sujetos alienados y que, consecuentemente, genera también padres alienados.

domingo, 2 de julio de 2017

MALÉFICA (Maleficent, Robert Stromberg, 2014): TRAICIÓN, RESENTIMIENTO, VENGANZA Y REPARACIÓN Y OTRAS REFLEXIONES.

Maléfica (Maleficent) es una película del 2014 dirigida por Robert Stromberg e interpretada en su papel principal, el de Maléfica, por Angelina Jolie. Aunque inicialmente se pensó en que fuera Tim Burton quien la dirigiera, éste declinó finalmente la posibilidad, siendo retomado el proyecto por Robert Stromberg, que había sido anteriormente  diseñador de producción de los efectos especiales de Avatar (James Cameron, 2009)  y de Alicia en el país de las maravillas (Tim Burton, 2010) o de Oz el grande y poderoso (Sam Reimi, 2013), así como artista conceptual de Los juegos del hambre (Gary Ross, 2012), siendo Maléfica su debut como director. Cuenta también con la participación de Sharlto Copley como Stefan, el amor de Maléfica que la traicionará para ser rey, un actor sudafricano cuyas actuaciones sigo con interés desde que le descubrí interpretando el papel de Wikus van de Merwe en la excelente película Disctrict 9 (Neill Blomkamp, 2009). Y, finalmente, contamos en el papel de Aurora, la princesa durmiente, con Elle Fanning, quien  fue una de las protagonistas de la película Super 8 (J. J. Abrams, 2011).

Obviamente Maléfica, y en lo que viene siendo una cierta tradición del cine actual, es una reelaboración de la historia de La bella durmiente (guión de Linda Woolverton, que ya había colaborado para Disney en varias ocasiones), que muy poco tenía que ver con el clásico cuento de Perrault o de los hermanos Grimm, o del posterior clásico adaptado para la gran pantalla en dibujos animados de Disney. En todo caso está claro que se une en lo que constituye un nuevo paradigma de estas reformulaciones de los cuentos clásicos, y en los que que el bien y el mal no están representados por personajes malos y buenos, sino que ambos están presentes en el héroe.

I. REFLEXIONES INICIALES: NATURALEZA Y CIVILIZACIÓN.

Quizá la mejor manera de empezar nuestros comentario sea citando un interesante y poético pasaje de C. G. Jung:

... es cierto que - por primera vez desde la prehistoria hemos conseguido tragarnos toda la animación originaria de la naturaleza. No sólo descendieron los dioses de sus celestes moradas planetarias - o, mejor dicho, los hicimos descender - para transformarse inicialmente en demonios ctónicos, sino que también la legión de estos últimos, que hasta los tiempos de Paracelso jugueteaban alegremente por montes, bosques, arroyos y moradas humanas, fueron reducidos, bajo la influencia de la creciente ilustración científica, a lamentables residuos hasta desaparecer del todo. Desde tiempos inmemoriales siempre estuvo dotada la naturaleza de alma. Ahora, por primera vez, vivimos una naturaleza desanimada y desacralizada. [1]

Maléfica se encuadra justamente como un personaje, un hada, de este mundo en el cual la Naturaleza aun estaba dotada de alma, y en la que distintos seres la poblaban y "jugueteaban alegremente" en ella. Es allí donde conoce a un niño llamado Stefan, como ella huérfano de padres. Entre ellos se establece una gran amistad que llega al amor, y que toma su forma en el regalo que Stefan la hace a Maléfica en su decimosexto cumpleaños: un beso de amor verdadero.

Stefan y Maléfica

Sin embargo, pronto Stefan desaparece tentado por las ambiciones del reino de los hombres, donde está al servicio de un rey que quiere destruir las ciénagas en la que Maléfica es el hada más poderosa estableciéndose como su protectora. Esa acción protectora de la hada, a diferencia del rey de los hombres, es amorosa y nada autoritaria porque, como diría Jung, en sus espacios reina la armonía y el equilibrio natural, aquello por lo único que debe velar. Por el contrario, el reino de los hombres se caracteriza por la ambición, la autoridad y el militarismo, y cuyo único gestor y beneficiario es el propio rey, no su población. Una manera metafórica de enmarcar las relaciones del hombre con la naturaleza, es decir, una relación basada en la superioridad, el dominio y la explotación. Conflicto que toma forma en el deseo del rey de querer destruir las ciénagas ante un poder - representado por Maléfica - que no lo reconoce, es decir, que a diferencia de los humanos, no se somete a las relaciones de vasallaje que el rey impone.

El enfrentamiento entre ambos se salda con una derrota total del rey quien, a partir de entonces, tratará de encontrar aquel que le vengue de tamaña derrota.

La victoria de Maléfica sobre el rey de los hombres.

II. SOBRE MALÉFICA Y STEFAN: AMBICIÓN, TRAICIÓN Y VENGANZA.

Reflexionemos ahora sobre los dos personajes con los que se inicia la película. Ambos se caracterizan por ser personajes que han perdido sus padres. Son personajes en los que su carencia se hace patente. Sin embargo, la canalización de esta carencia es bien distinta. Mientras que en Maléfica toma forma el amor por Stefan y la ciénaga, en Stefan toma forma una ambición cuya satisfacción no tiene límite, y que como ya dice desde niño señalando el castillo del rey: "Algún día viviré allí, en el castillo". Esta diferencia de aproximaciones desde su carencia tenemos que buscarla en el entorno que les envuelve. A pesar de su orfandad, Maléfica no está sola. Siguiendo a Jung, ella vive en un entorno sacralizado cuya alma se basa en el equilibrio y la armonía del lugar. En cambio, Stefan pertenece a un entorno dominado por una alma perversa que fundamenta un desequilibrio feudal entre los nobles y los vasallos. Esta condición de sometimiento toma forma en Stefan como una ambición fundamentada en el resentimiento que le lleva a ambicionar ser parte de la clase dominante.

Será está ambición sin límite de Stefan la que le llevará a traicionar el amor de Maléfica, quien a pesar del tiempo sin verle le sigue queriendo, pues el único amor que le sigue faltando es el amor íntimo. Intentando satisfacer las ansias de venganza del rey, para así ser su heredero, engañará a Maléfica, y durmiéndola con una droga intentará matarla, pero no pudiendo hacerlo le cortará sus preciadas alas (símbolo de la ligereza, el poder y la bondad).

Maléfica y su dolor por las alas perdidas.

Con ese acto Stefan logrará el favor del rey, la mano de su hija y, finalmente, convertirse en su heredero y rey tras su muerte. Paralelamente, Maléfica, resentida por la traición de Stefan (la perversión del beso de amor verdadero), iniciará su camino hacia el hada malvada cuya máxima expresión se consumará en la venganza que se tomará al lanzar el maleficio sobre la hija recién nacida de Stefan, la princesa Aurora: Antes de que se ponga el sol en su decimosexto cumpleaños se pinchará el dedo con la punta de la aguja de una rueca y caerá en un sueño tan profundo como la muerte, un sueño tan profundo del que jamás despertará. Observemos la referencia al decimosexto cumpleaños de la princesa en referencia a la traición del beso de amor verdadero dado por Stefan a Maléfica a la misma edad, que se explicitará aun más cuando ante las suplicas de Stefan a Maléfica añade la siguiente posibilidad de romper el maleficio: A la princesa le concedo poder despertar de su sueño mortal pero solo con un beso de amor verdadero. 


Maléfica lanzando el maleficio sobre Aurora.

Nos encontramos ante el clásico tema del intento de resolución del resentimiento a través de la venganza, tema que ya hemos visto en algunas entradas de este blog como los dedicados a las películas "La visita del rencor" (Bernhard Wicki, 1964) o en Decálogo 3 (K. Kieslowski, 1991). El sujeto resentido queda preso de su pasado y la elaboración del duelo es sustituida por su congelación, lo que implica que su libido queda fijada a la del sujeto maltratador. Vive en el pasado y, en consecuencia, no hay posibilidad de futuro. Podemos aplicar, a partir del momento en el que Stefan traiciona a Maléfica, unas palabras que ya escribí en "La visita del rencor" y que adapto ahora para Maléfica: Más allá de que la acción vengativa de Maléfica pueda estar justificada por la crueldad de los hechos, la cuestión es que parece que, a partir del momento de la traición, toda su vida se fije en este momento y que toda su acción se oriente a través de él. 

Es también por ese progresivo ensombrecimiento de su alma que la bondad inicial de Maléfica migra hacia la maldad, teniendo como consecuencia la pérdida de la belleza de la ciénaga que se ensombrece como su alma, y donde antes ejercía su poder como protectora del equilibrio y la armonía, deviene entonces en un poder perverso como antes lo era el rey del reino de los hombres, o como ahora lo es Stefan, transformación que queda simbolizada por el trono en el que a partir de ahora se sentará como símbolo del poder que domina. En términos junguianos diríamos que Maléfica se ha identificado con el arquetipo de la Sombra.

Maléfica en su trono.

- Stefan: remordimiento y paranoia.

La evolución de Stefan se corresponde con su pobreza de espíritu. Tras la maldición de Maléfica sobre Aurora le invade el miedo, y antes que arrepentirse del daño que le infringió a Maléfica, presa de sus remordimientos, estos se proyectan como un terror paranoico que le aisla y le llevan obsesivamente a la persecución de Maléfica, así como aislar su Castillo con una barrera de metal. Vemos su obsesión enfermiza con la quema de todas las ruecas, así como cuando deja morir a su esposa, la reina, sin acompañarla en ningún momento, o mostrándose incapaz de dar la bienvenida a Aurora cuando esta se presenta en el castillo para conocerle. Su obsesión es defenderse de Maléfica y destruirla, y nada más ve. Como suele ocurrir en estas situaciones, se quiere solucionar el problema cambiando el mundo externo sin asumir que los importantes son los cambios internos.

Cuando su hechizo fracase vendrá a por mí y yo estaré esperando.

III. MALÉFICA, DIAVAL Y AURORA: INOCENCIA, AMOR Y ARREPENTIMIENTO.

A diferencia de Stefan, Maléfica va a seguir un camino distinto. Stefan y la reina piden a tres hadas de la ciénaga (Clavelín, Violeta y Fronda) que cuiden de su hija hasta su decimosexto cumpleaños, y así la esconden en el bosque. Sin embargo, Maléfica, a quien nada se le escapa, dispone de un colaborador  a quien encomienda que las vigile. Se trata de Diaval, el cuervo y humanoide, a quien salva de un campesino.

- Diaval, el testigo.

Diaval (Sam Riley) reune dos aspectos contradictorios de la simbólica del cuervo. Por un lado esta vinculado a las tinieblas, pues es un servidor de Maléfica que le proporciona, como ella misma le dice, sus alas ("Necesito que seas mis alas" - le dice -). Por otro lado, será también una figura protectora de Aurora, velando por ella ante la manifiesta incompetencia de las tres hadas que la tienen a su cuidado. Diaval deviene la figura reflexiva. Símbolo también de perspicacia, se da cuenta de lo que sucede a su alrededor y devendrá testimonio del arrepentimiento de Maléfica y de su "amor verdadero" por Aurora. Fiel compañero de Maléfica hasta el final, parece comprender el sufrimiento de la hada y la esperanza de que su bondad retorne cuando ella también comprenda.

Diaval y Maléfica.

- Aurora y la inocencia.

Aurora va a establecerse como representante de la inocencia. En este sentido, considero que el personaje de la princesa es, ya sea por una débil interpretación, ya por una definición poco afortunada,  el más inconsistente de los personajes. Inocencia no es simpleza, y esa es la imagen que nos muestra la película en ocasiones. No obstante, nos interesa en tanto en cuanto va a poner en contacto a Maléfica con la inocencia, pues ese es su sentido, lo cual ya empieza a producirse desde que Aurora es prácticamente un bebé. Veamos como se repite la historia de orfandad, y como desde ella va a crearse entre ambos personajes un juego de identificaciones proyectivas: Maléfica se verá en ella como madre de la hija que no pudo tener con Stefan, y Aurora verá en ella a la madre (hada madrina) que no tuvo.

- Maléfica y Aurora.

El contacto con la inocencia de Aurora irá recordando a Maléfica su propia inocencia de los orígenes. Las carencias se complementan a través del amor que ambas se muestran y, poco a poco, Maléfica devendrá en una auténtica madre para ella, mientras Aurora se considerará su hija. La ciénaga, ensombrecida por el odio de Maléfica, se va tornando poco a poco en un lugar más alegre con el cambio que se observa en la hada malvada. Este pasaje que va del odio por Stefan al amor por Aurora llevará finalmente a Maléfica a ver la futilidad de su venganza.

El encuentro entre Maléfica y Aurora.
Es el amor que sentirá por Aurora el que, a diferencia de un Stefan obsesionado por la culpa persecutoria proyectada como obsesión persecutoria por Maléfica, la que permitirá a la hada elaborar el arrepentimiento, si bien cuando intenta retirar el maleficio le resulta imposible. Este sentido arrepentimiento tendrá su máxima expresión cuando tras tocar Aurora con la punta del dedo la punta de la aguja de una rueca y caer en el mortal sueño, y "fallar" posteriormente el beso del príncipe Felipe - un personaje del que hablaremos más adelante -, Maléfica, visiblemente emocionada, y  bajo la cálida y triste mirada de Diaval, dice:

No voy a rogarte perdón, porque lo que te hice fue imperdonable. Estaba ofuscada, llena de odio y resentimiento. Dulce Aurora, robaste lo que quedaba de mi corazón y ahora te he perdido para siempre. Te lo juro, no sufrirás ningún daño mientras yo esté viva, y ni un sólo día pasará sin que añore tu sonrisa.

Y es entonces cuando al besarla, su beso es un beso de amor verdadero, y la princesa Aurora despierta libre de su maleficio.

El beso de amor verdadero.

IV. MALÉFICA Y STEFAN: LA COMPASIÓN.

El final de la película recoge el enfrentamiento entre Maléfica y Stefan. Con la ayuda de Aurora, Maléfica recupera sus alas y es entonces cuando finalmente vence al rey Stefan, con la ayuda de su fiel Diaval convertido para la ocasión en dragón, quien es el artífice de que no acaben con ella antes de la recuperación de las alas. No obstante, justo en el momento en que Stefan está acabado, Maléfica cede a su impulso destructor y vemos como el rostro cambia de expresión, dándose cuenta de la locura del odio y el resentimiento en lo que es una historia sin fin. Es por ello que finalmente le dice: "Se acabó", y lo suelta como signo de que se acabó el odio y la guerra entre ellos, pero un enloquecido Stefan vuelve a la carga y muere finalmente al caer desde una torre junto a ella.

Se acabó.
El final de la película nos muestra el resultado de este amor entre Maléfica y Stefan, y como dice la psicoanalista Carmen Brandt en un artículo del que soy deudor: "Es por ello que, además de ser el amor entre ellas la fórmula para romper el maleficio, Aurora es recompensada por Maléfica con una protección absoluta e incondicional hacia la hija destinada a continuar con su legado y unir sus reinos". [2]

V. ALGUNAS REFLEXIONES MÁS ALLÁ.

Más allá de lo dicho hasta ahora, creo que es interesante abordar ahora algunas consideraciones a tener en cuenta que implica la versión o la reelaboración del cuento de La bella durmiente y que, como siempre, en las historias de fantasía y ciencia ficción del cine moderno (ver las entradas dedicadas a la ciencia ficción en el cine, especialmente la segunda parte - a pie de página encontraréis los enlaces -), conllevan algunas reflexiones interesantes sobre nuestra realidad actual. Algunos temas, como apunta Carmen Brandt, me parecen sugerentes en la película, veamos:

En primer lugar la superposición del bien y del mal en el mismo héroe - acaba la película diciéndose: Al final mi reino no lo unió ni un héroe ni un villano como había predicho la leyenda, sino alguien que era tanto héroe como villano -. Un tema que también hemos visto en este blog a través de la película "El señor de los Anillos" (Peter Jackson, 2001-2003) y "Un monstruo viene a verme (J. A. Bayona, 2016). Pero la diferencia no sólo es en relación a Maléfica. En la película de Disney de 1959 las hadas madrinas son, a pesar de su aparente bondad, especialmente tontas y torpes, tanto que es un milagro que Aurora sobreviva cuando era una recién nacida a sus deficientes cuidados. Los padres son un hombre mediocre cegado por su ambición consumido por la paranoia y la madre es un personaje literalmente inexistente. Y, finalmente, Aurora y Felipe son unos adolescentes cuya madurez insuficiente no les permite asumir temas como el del amor verdadero. Todos los personajes están en intersecciones de aquello que llamamos bien y mal, o bueno y malo, correcto e incorreto o madurez e inmadurez.

Maléfica y el cuervo en la película animada de Disney


En segundo lugar destacaríamos la orfandad de los protagonistas, que quizá nos hable de la importancia que, en cuestiones de amor verdadero, tiene el sentirse amado y deseado en la triangulación edípica, todo y que como dice Carmen Brandt "constituya la primera forma de desengaño del amor verdadero" [3].  A lo que añade con toda la razón: ¿Cómo se podrá recrear un príncipe o una princesa para los padres si, como nos muestra esta historia, ya no hay padres con quienes hacerlo? [4]

En tercer lugar, y como corolario de la anterior consideración, se nos presenta a la pareja como inconsistente en temas de verdadero amor. Efectivamente, la falla imputable al anterior punto se salda con unas grandes dosis de narcisismo que caracteriza a nuestra sociedad occidental, donde, por seguir a Erich Fromm, se confunde el poseer con el amar, y donde el tener se confunde con el ser. Es aquí donde aparece la figura del príncipe Felipe, tan simple e inconsistente como la de la princesa Aurora. Uno diría que pasaba por allí cuando las hadas "buenas" le piden que de un beso de amor verdadero. ¡Que diferente el príncipe Felipe de la versión animada de Disney con el de Maléfica, un adolescente sin fuerza ni convicción como para poder dar un beso como éste. Es por ello que ese tipo de beso se produce "dentro de una relación filial, tierna, de admiración y protección, ternura y consideración no eróticas y que no tiene que ver con la atracción sexual y romántica, de pareja, tradicionalmente conocida entre quienes se atraen. Irremediable y apasionadamente, agregaría yo. [5]

El príncipe Felipe.

Por último, y en cuarto lugar, también indicar el papel adjudicado a las figuras masculinas, un papel absolutamente ausente, ya sea por sus ambiciones desmesuradas que los convierten en claros candidatos del concepto "padres a la fuga" (El rey y Stefan) o por su inconsistencia (el príncipe Felipe). La actitud de Stefan hacia su hija es quizá lo más sorprendente en este sentido. Ofuscado en su paranoia y en su obsesión no hay espacio para la emoción o la ternura. Esa inconsistencia de lo masculino es compensado por la actitud de Maléfica, quien actúa, en realidad, como una "madre fálica" y es, en este sentido que la relación entre Maléfica y Aurora es la "de una madre omnipotente y omnipresente en el destino de la hija y una hija tan cegada por el poder de la madre que no quiere sino vivir con ella" [6]

La coronación de Aurora como reina de los dos reinos.

Y yo añadiría una quinta y última consideración, y es que la historia si tiene un "happily eve after" (y vivieron felices para siempre). Y se trata precisamente no de la unión de los príncipes en sí misma, sino de la unión de los dos reinos, el de los hombres y la ciénaga, la civilización y la naturaleza, bajo el reinado de Aurora. Una primera aproximación a la metáfora de la historia que, en este sentido, me recuerda algo que ya ha sido abordado en otras películas, y de las que quizá la mas específica sea "Señales del Futuro" (Knowing, Alex Proyas, 2009), en las cuales, y para que la "nueva unión" surja "el viejo mundo" debe desaparecer en una reelaboración de la historia bíblica de Noé. La lectura de nuestra historia, desde esta perspectiva, presupondría la necesidad de la emergencia de los valores femeninos con la que parece relacionarse esta unión y de la necesidad de los nuevos valores masculinos que deberían surgir. Quizá por ello nos presenta unos príncipes básicamente adolescentes cuya relación debe estructurarse desde bases muy distintas a las que hasta ahora han predominado, si bien Aurora ya tiene como modelo a Maléfica, símbolo de lo femenino donde la sensibilidad y el amor se unen también a la fuerza y la firmeza. Maléfica, con su proceso, logra, como se diría en términos junguianos, una buena integración con su animus. ¿Logrará Felipe hacer los mismo con su anima? Y ya para cerrar, y en relación a este punto, me parecen interesantes las siguientes palabras del analista junguiano Walter Boechat, quien dice:

... la cuestión del masculino surge en seguimiento a las conquistas del movimiento feminista. ¿Qué hombre es ese que cede lugar en vez de reprimir como la tradición del patrismo exige? Este será un hombre con una relación bastante creativa con su anima, su feminidad inconsciente. Así, el femenino externo, concretado en la mujer, no lo amenaza, sino más bien es un llamado hacia la integración. [7]

En fin, soy consciente que en este último punto dejo anotados aspectos que requerirían una mayor profundización, pero esto sobrepasaría las funciones de este blog.
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[1] Jung, C. G. Después de la catástrofe (1945). OC 10. Civilización en transición. Ed. Trotta, par. 431
[2] Brandt, Carmen. Discusión de la película Maléfica. Artículo disponible en internet:
      https://tertuliapsicoanalitica.files.wordpress.com/2012/12/malc3a9fica.pdf
[3] Ídem anterior.
[4] Ídem anterior.
[5] Ídem anterior.
[6] Ídem anterior.
[7] Boechat, Walter. El mito y la individuación. La mitopoiesis de la psique. WB ediciones, pág. 62

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PELÍCULAS RELACIONADAS.


EL SEÑOR DE LOS ANILLOS: Una reflexión en torno al bien y el mal.
Peter Jackson (2001-2003)











UN MONSTRUO VIENE A VERME: Soledad y culpa en la infancia
J. A. Bayona, 2016










LA CIENCIA FICCIÓN CONTEMPORÁNEA (II): Steven Spielberg y sobre el ser padre como espejo de ser hombre.