AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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domingo, 15 de marzo de 2015

DE LA VIDA DE LAS MARIONETAS (Ingmar Bergman, 1980): Sobre la pulsión de muerte.

Mi idea es que existe una maldad que no se puede explicar: una maldad virulenta y terrible que, de entre todos los animales, sólo el ser humano la posee. Una maldad irracional y que no está sujeta a ley alguna. Cósmica, gratuita, inmotivada. No hay nada de lo que tengan tanto miedo los hombres como de esta maldad incomprensible e inexplicable. (Ingmar Bergman)

Demasiado tiempo sin volver a mí querido Bergman... Y lo voy a hacer de la mano de una de sus películas esenciales: de la vida de las marionetas (1980). Película compleja en su planteamiento recupera el Bergman más innovador y experimental desde la inmensa Persona (1966), y película que quizá injustamente menos conocida se trata, no obstante, de otra de las obras maestras del director sueco. De la vida de las marionetas nos enfrenta en su inicio al brutal asesinato de la prostituta Katharina Kraft (Rita Russek) cometido por Peter Egerman (Robert Atzorn), un hombre de negocios que aparentemente lo tiene todo: éxito, reconocimiento, querido por todos... una madre amorosa y Katharina Egerman (Christine Buchegger) su pareja con la que, aparentemente, lleva una feliz relación. ¿Qué lleva a ese hombre a realizar esa cruel acción? La película trata de guiarnos oscilando entre escenas de diálogos profundos que se dieron los días anteriores o posteriores al trágico suceso en un estilo documental que poco a poco nos va revelando la realidad que se oculta tras el mundo aparentemente exitoso y feliz de Peter y Katharina. Vamos entonces a seguir en nuestro análisis el desarrollo de estas escenas.

I. SOBRE LOS HOMBRES HUECOS.

Los personajes que protagonizan "De la vida de las marionetas" parecen inspirados en el poema de T. S. Eliot "Los hombres huecos" cuya primera poesía dice:

                                                     Somos los hombres huecos
                                                     somos los hombres rellenos
                                                     apoyados uno en otro
                                                     la mollera llena de paja. ¡Ay!
                                                     Nuestras voces resecas, cuando 
                                                     susurramos juntos
                                                     son tranquilas y sin significado
                                                     como viento en hierba seca
                                                     o patas de rata sobre cristal roto
                                                     en la bodega seca de nuestras provisiones

                                                     Figura sin forma, sombra sin color,
                                                     fuerza paralizada, gesto sin movimiento;

                                                     los que han cruzado
                                                     con los ojos derechos, al otro Reino de la muerte
                                                     nos recuerdan - si es que nos recuerdan - no como
                                                     perdidas almas violentas, sino sólo
                                                     como los hombres huecos
                                                     los hombres rellenados. [1]


Peter Egerman
Peter Egerman nos suena a estos versos cuando empezamos a escucharle en su diálogo con el doctor Moges Jensen (Martin Benrath), psiquiatra de la familia. Peter nos describe la fuente de su ansiedad como aquella que se estructura alrededor de una idea obsesiva: hace dos años que quiere matar a su mujer. Luego nos describe la relación sexual con su mujer en los siguiente términos:

Katharina me ha sido infiel y yo le he sido infiel a ella. Eso no tiene nada que ver. ¡Nos lo pasamos bien en la cama, muy bien...! Es fantástica haciendo el amor. Cómo le podría decir. Sin sentimientos, sin que nuestras mentes se comuniquen, sin nada que nos relacione. Es muy difícil para mí describir estos problemas...

Y luego sigue describiendo la relación con su mujer como una relación en la que ambos se agreden y humillan mutuamente, y en la que la repetición de los hechos parece ya más una representación que otra cosa: parece la forma de vivir de algunos locos a quienes les encanta pelearse y darse humillaciones. Parece ser que es una exquisita manera de contacto. Un golpe en la nariz... ¡Bravo, nos sentimos! Luego Peter narra al doctor como imagina matar a Katharina. Bajo un fondo de blanco casi deslumbrante Peter se acerca a ella y cogiéndole el cuello delicadamente con una de sus manos le acerca con la otra una navaja de afeitar al cuello... Mientras, ella parece sonreír irónicamente.

Fantasía de Peter de matar a su mujer Katharina.
Esas son las imágenes geniales de Bergman. Sobre un fondo blanco, brillante, impoluto, de una pureza inmaculada, amenaza de repente el brote de la sangre roja del corte sobre la carótida de Katharina. Pero... ¿Y su enigmática sonrisa, su mirada fija sobre Peter desde el espejo? Uno diría que su expresión entrevé la incapacidad de éste para llevar a cabo tal acción o retándole a que lo haga. Volveremos posteriormente a estas imágenes para reflexionar sobre ellas mediante todo aquello que el transcurrir de la película nos va ofreciendo.

Observamos posteriormente que el doctor Jensen y Katharina son amantes. A través de Katharina, quien intuye que Jensen quiere interponerse entre ellos para conseguirla, vamos tomando cada vez más la dimensión de su compleja relación:

Peter es parte mía. ¿No te das cuenta? Está conmigo, lo llevo dentro. En cualquier sitio está él. Nunca he sentido esto por ninguna otra persona. Ahora nosotros mismos somos nuestros niños y no me quejo, no lo creas. Ninguno de los dos quiere crecer. Por eso peleamos, discutimos y lloramos desesperadamente. Ninguno de los dos quiere ser sensato y maduro, pero funcionamos de forma similar. De alguna forma extraña nuestros centros nerviosos han crecido y vivido juntos. Si Peter mueve un músculo yo siento una palpitación en mi carne. Si Peter sufre yo sufro inmediatamente. Ahora necesito salir corriendo a casa abrazar a Peter con fuerza y decirle que a partir de ahora comprendo todo lo que dice, todo lo que piensa, todo lo que siente, quiero abrazarlo fuerte hasta que tome consciencia de mi. Entonces... ¿Qué es lo que impide vernos a pesar de vivir juntos y de conocer todo el uno del otro?

Este monólogo da mucho que reflexionar, y todo en él hace pensar en la proyección como un mecanismo que sacude a Katharina y, como veremos, también a Peter. La definición de adultos que no quieren crecer, que eligen ser niños, hace pensar que ambos proyectan inapelablemente "algo" en el otro, y que su carencia en relación al otro oscila entre la ternura y la agresividad. ¿Qué es lo que impide vernos a pesar de vivir juntos y de conocer todo el uno del otro? se pregunta Katharina. Pues que ese conocimiento que se supone del uno y del otro no viene acompañado del propio conocimiento, por eso Katharina define su relación como de niños, de insensata e inmadura y eso conlleva que ambos ven al otro en función de lo que proyectan el uno en el otro. Y así, volviendo a la escena anterior sobre la fantasía del asesinato de Katharina por parte de Peter, nos podemos preguntar de qué es proyección el reflejo de Katharina en el espejo de Peter... ¿Y qué proyectan uno en el otro? Sobre Peter pronto lo aclararemos. Sobre Katharina creo que hay que poner énfasis en su frase: quiero abrazarlo fuerte hasta que tome consciencia de mí. QUE TOME CONSCIENCIA DE MÍ... es decir, que me vea, que repare en mi existencia. ¿No es esa una demanda muy clara que toda niña realiza a su padre y que, en el intermedio edípico, incluye el querer que él sea para ella (que sea su falo: Peter es parte mia - dice Katharina -) o el querer ser ella para él (ser su falo) como nos enseñan las fases del Edipo en la mujer? ¿No es esa la tensión posterior que existe entre el querer que el otro sea para mí, el querer ser todo para él y el querer ser más allá de él, como un sujeto independiente?

Katharina con Moge Jensen.
Inmediatamente después de este monólogo se produce un cambio de escena en el que la cámara nos muestra a Cornelia Egerman (Lola Müthel), la madre de Peter, en el interrogatorio llevado a cabo por el investigador del caso después del asesinato. Mujer que renunció a su carrera de actriz de teatro por sus hijos y porque su esposo así se lo pidió, se nos muestra como una madre sobreprotectora y que ve en Katharina una rival que la apartó de su hijo, un hijo modélico según ella. De hecho la rivalidad es mutua como se observará posteriormente en un encuentro nuera-suegra, de una tensión evidente. De la misma manera que reflexionábamos sobre la posición de Katharina en relación con Peter, podemos imaginar que Peter proyecta sobre Katharina esa dimensión de la madre posesiva. Por eso Katharina define su relación como una relación de niños, en la que cada uno se relaciona como tal ante la imagen parental proyectada en el otro siendo eso justamente lo que no conocen y que, sin embargo, les determina.

Peter con su madre Cordelia.
Poco a poco Peter se nos muestra efectivamente como un hombre vacío - es impactante la escena en la que dicta un contrato a su secretaria como un auténtico robot -, o lo que es peor, lleno de sinsentido. Dice en un diálogo con Katharina que está buscando una salida, que está aburrido... Todo en Peter es apariencia: su relación de pareja, su exitoso trabajo, él mismo es tan sólo una apariencia más tras la cual no hay más que vacío, vacío y odio. ¿Qué salida anda buscando Peter?

II. SOBRE LAS FUERZAS OCULTAS.

Siguiendo a Eliot nos introducimos ahora en las tierras muertas...

                                                     Esta es la tierra muerta
                                                     esta es tierra de cactus
                                                     aquí se elevan las imágenes
                                                     de piedra, aquí reciben
                                                     la súplica de la mano de un muerto
                                                     bajo el titilar de una estrella que se apaga.


Katharina es quien pone palabras y emociones a la situación de Peter a través de la suya propia. En casa de Tim Mandelblaum -un amigo homosexual enamorado de Peter -, le dice:

Tengo una tristeza infinita... y lo peor es que no conozco ese tristeza que se acerca a la angustia. La gente como yo nunca ha valorado lo espiritual. Cuando empieza a funcionar nos aterroriza. Primero son solamente lágrimas, lágrimas que se convierten en algo más profundo. Entonces en tanto se convierte en un terrible lamento de pena y desesperanza entonces sólo aúllo aúllo... aúllo.

Y es Tim quien aquí nos responde profundamente sobre esa tristeza que se acerca a la angustia: es a la pérdida de ser, una profunda pérdida de ser extraviada en el mundo de las imágenes en el que se acaba confundiendo quienes somos con lo que representamos y que queremos con lo que nos imponemos. Todo máscara, todo representación, Tim teme hacerse mayor, que su piel se arrugue, convertirse, como dice, en "un viejo aniñado". ¿Quién eres Tim? - le pregunta Katharina -. Lo mismo que tú - le responde Tim -, un reflejo de lo que quieres ser. Y sigue entonces una de esas maravillosas transiciones de Bergman en las que Tim se sienta al lado de un espejo y sigue hablando mientras su imagen se refleja en él:

...la intimidad es un sueño... Brutalidad y bestialidad. A veces voy a ciertos lugares para encontrar la forma de librarme de mis deseos y ansiedades aunque cueste de entender. Lujuria y excitación, terror y bestialidad, no precisamente intimidad y ternura. Y ahí tienes la vida amorosa del viejo aniñado pagando dinero para irse vacío [...] Me siento dominado por fuerzas que no puedo controlar. Doctores, amantes, píldoras, drogas, alcohol y trabajo. Nada me ayuda. Son fuerzas ocultas que no están en la experiencia ni en los libros [...] Me inclino ante el espejo, veo mi cara, que me es más o menos familiar, y veo que justamente dentro de esa mezcla de sangre, carne, nervios y huesos, existen dos absurdos. Dos incompatibilidades. Son dos diferentes aspectos. Intimidades, ternura, pura amistad, es decir lo que está vivo y es bello; al otro lado violencia, suciedad, horror, la amenaza de la muerte.

Tim Mandelblaum
Es difícil no reparar en el dualismo pulsional que Freud propuso en Más allá del principio del placer (1920), la pulsión de vida por un lado, la pulsión de muerte por el otro. Como ya sabemos, Lacan consideró esencialmente como pulsión a la pulsión de muerte, puesto que lo que Freud llamó pulsión de vida se mantiene del lado del principio del placer, mientras que la pulsión va más allá de él. En todo caso la historia de Peter si nos pone en relación con la pulsión de muerte, como también nos lo parece en Katharina, si bien en ella aparece un mundo emocional que, a diferencia de Peter, la permite mantener un cierto contacto consigo misma. Profundizaremos más adelante en la pulsión de muerte...

De la misma manera que Moge Jensen quiere a Katharina, finalmente también descubrimos en un interrogatorio posterior del investigador que Tim quería a Peter y que fue él quien le presentó a la prostituta Katharina Kraft, tras manifestarle que nunca había estado con una prostituta. Para Tim era la oportunidad de compartir un secreto y poder, poco a poco, alimentar su obsesión de apartarle de Katharina y salvar a un Peter que define como "agonizante emocionalmente".

III. EL SUEÑO DE PETER.

Llegamos aquí a una escena que se corresponde entre una ensoñación y un sueño de Peter transcrito en una carta dirigida al psiquiatra Moge Jensen que nunca se entregó, y que no hace más que seguir ilustrando esas dos fuerzas que Tim nos ha introducido anteriormente. Vamos a seguirlo atentamente.

Estaba soñando... Todo era muy sensual. Me refiero en un sentido más amplio, no simplemente erótico, pero de alguna forma había una marcada conexión entre la parte baja de mi cuerpo y los fuertes y bellos olores de humedad, dulzura y saliva de una mujer, unido al fresco aroma del cabello grueso. Con los ojos cerrados me desplacé hacia una superficie amplia, reluciente y todo estaba muy tranquilo. Mi satisfacción era completa y sentí una divertida necesidad de contar alguna historia graciosa, pero no podía hablar y, sin embargo, eso era algo que no me preocupaba en lo más mínimo, por el contrario, sentía que el estado de flotación era parte de mi mudez y que mi cerebro o conciencia diaria o como demonios se llame se concentraba intensamente en mis manos o mejor en la punta de mis dedos...


En cada dedo tenía un pequeño ojo que con delicioso parpadeo registraba toda esa brillante blancura y el mismo estado de flotación. Era muy bonito. Podía quedarme en ese estado...

Nos encontramos ante unas imágenes y una descripción de las sensaciones que es difícil no referenciarlas al mundo intrauterino: estado de flotación, mudez y experiencia esencialmente sensorial. Aunque en las imágenes vemos a Katharina, ésta no es reconocida como tal por Peter, sino como una "superficie amplia y reluciente". Se trata de una escena que nos indica un cierto estado fusional y que se correspondería un tanto con el sentimiento oceánico descrito por Freud. Sin embargo, la siguiente escena de este sueño o ensoñación de Peter nos presenta ya la imagen de Peter y Katharina separados. Dice Peter continuando el ensueño:

Estoy en una habitación cerrada, sin ventanas ni puertas, pero tampoco tiene techo ni paredes, probablemente confinada en una esfera o una elipse, no lo sé exactamente, no logré nunca examinar los contornos de la habitación. Soñé que despertaba de un profundo dormir. Estaba tendido en el sueño que era tan suave como una gruesa alfombra. Me sentía placenteramente cálido y contento. Tendido al lado mío estaba Katharina, dormida e inmóvil. Inmediatamente supe que todo era un sueño. Dije con un tono de voz suave que no tenía que tener miedo. El único peligro es atemorizarse, ser sacudido por el pánico, escaparse, gritar, llorar o martillear las paredes. Decidí mantener la calma. Me dije a mí mismo que todo era un sueño Katharina se despertó lentamente, Intenté hablarle pero no pude alcanzarla. Ella ignoraba mi presencia. Era suave e indiferente de una forma excitante. Yo quería que hiciéramos el amor, pero ella me evitaba. Nunca puede poseerla. Me miraba con los ojos entornados y sonreía. De pronto me poseyó una furia loca y me marché para no matarla. Estaba casi ahogado por la furia y el terror. Tenía que calmarme, no sentir miedo. Ser previsor. Todo había salido mal.


Es evidente que en esa escena asistimos a la rotura de la fusión... Y observemos que esa rotura, es decir, esa separación es asociada por Peter con el miedo, el pánico... la desesperación. Quizá este momento nos permite reflexionar un poco sobre la pulsión de muerte. Veamos como la fundamenta:

... es preciso entender la pulsión de muerte como la lucha activa, permanente y obstinada, por recuperar un estado de paz conocido anteriormente: esfuerzo por desembarazarse de lo que es vivido como perturbador y/o mantener la inquietud. La muerte  no es sino una forma particular de este estado de paz, y la destrucción no es más que un medio para luchar para alcanzarlo. El propósito central y rector de la pulsión de muerte, su objetivo, su meta, es precisamente la paz bajo una u otra forma, por uno u otro medio. [2]

Efectivamente, Peter, que ahora sí reconoce a Katharina, pretende hacer el amor con ella si bien no puede poseerla a pesar de sus intentos... lo que podemos entender, en el contexto del sueño o ensoñación, como el intento de restablecer la fusión original de la primera escena... Volvemos a encontrarnos con esa mirada de Katharina y con esa sonrisa que ya vimos en la fantasía de asesinato al inicio de la película. Es entonces cuando Peter se retira para no matarla presa de  una "furia loca". Para seguir nuestra explicación es importante comprender qué significa "psicológicamente" aquello que en la cita anterior se menciona como "perturbador". Dice el mismo autor de la cita lo siguiente: "la libido no ligada y sin meta es perturbante" [3]. Y añade: "Cuando la cantidad de libido mal ligada supera la capacidad que tiene cada individuo de acomodarse a ella en un momento dado, en razón de un aumento brutal, esto será vivido como una perturbación" [4]. La reacción de furia, la agresividad que Peter experimenta es consecuencia de esa líbido no ligada, es la perturbación que invoca la pulsión de muerte cuya función es restablecer la paz perdida. Observamos posteriormente la misma reacción de furia y agresividad en Katharina...

Finalmente el sueño finaliza tal y como sigue:

Hubo también un momento de ternura, de completo silencio. Es difícil describir ese momento en particular. El aire cambió, se hizo más suave y fácil de respirar. La oscuridad se disipó y fue reemplazada por una luz amable y suave. Como unas manos amistosas golpeando nuestros magullados cuerpos. Entramos en una rápida intimidad sin reservas. Entonces sucedió. Horrorosa, increíble, irrevocable, mortal en su finalidad. De pronto Katharina estaba muerta, y yo sabía que la había matado de una forma cruel y dolorosa...


Momento que indudablemente nos muestra el restablecimiento de la paz: momento de ternura, de completo silencio. Imagen nuevamente fusional. Líbido nuevamente ligada pero, fusión, no obstante, provisional, oscilante, desligada y, por lo tanto, definitivamente también perturbadora. Eero Reachardt - autor de la citas - describe posteriormente algunas constelaciones críticas que caracterizan el fenómeno perturbador y, de entre ellas, destacamos la que parece caracterizar la relación de Peter y Katharina y que este sueño o ensoñación parece escenificar, y a la que da el nombre de paradigma del conflicto:

El paradigma de conflicto significa, en el plano de la economía libidinal, que cuando un conflicto es actualizado, algunos de sus componentes se ven amenazados; puede ocurrir que uno u otro abandone sus investimentos. Esto plantea un problema de economía libidinal; esta parte de la líbido que ha sido ya ligada  por los contenidos psíquicos, las funciones y estructuras, es descapturada y vuelve a ser libre, móvil y no  ligada. Una parte del sí mismo organizado y del mundo exterior amenaza desintegrarse en el caos. [5]

Nos parece evidente, es el caso de Peter y Katharina... Siendo Peter el que  desinviste su líbido de Katharina - no así ella - y, probablemente, sea ese desinvestimento el que añade a una situación general de crisis de Peter con su vida lo que hace que la perturbación alcance una dimensión crítica, una dimensión suficiente para que la pulsión de muerte tome claramente figura. No es de extrañar así que la escena que sigue al sueño nos muestre un intento de suicidio de Peter seguido de una escena de fuerte agresividad entre él y Katharina donde observamos el retiro agresivo de Peter y la oscilación entre la agresividad y la ternura en Katharina. Efectivamente, observamos en él los primeros y más claros atisbos de odio y destrucción sobre ella como manifestaciones de la pulsión de muerte.

... las primeras derivaciones de la pulsión de muerte se manifiestan por la indiferencia y la destrucción. La relación primaria con el objeto es el repliegue, la fuga o la destrucción, la indiferencia, el odio o el asco (Freud, 1915) - 6 -

Al intento de autodestrucción de Peter con su intento de suicidio sigue el de destrucción, y así llegamos al desenlace final que acaba con la muerte de Katharina la prostituta, conocida como "K". Es importante destacar que Peter ataca a K cuando esta le está acariciando tiernamente, como en el sueño... Finalmente, Peter parece centrar su furia, la furia que siente por su mujer, hacia K como un acto de deflexión o desviación.


Finalmente encontramos el resultado de la acción de Peter. Destruyendo el mundo externo que le perturba - representado en la prostituta K -, Peter acaba ingresado en un psiquiátrico en el que lleva una vida totalmente aislada, tanto de del mundo como de sí mismo, concentrado en jugar largas y complicadas partidas de ajedrez con un ordenador al que programa en los niveles más complicados... y con la compañía de un viejo osito de peluche. Con el enfoque en primer plano de éste osito acaba la película. Tras el asesinato de K Peter cae en la indiferencia y extrañamiento del mundo que, como hemos visto, es otra de las derivaciones de la pulsión de muerte. Peter deriva así en un muerto en vida, la situación de máximo desinvestimento de la líbido antes de la muerte. Como empezamos, acabamos también con los versos de Eliot:

                                                       Los ojos no están aquí
                                                       no hay ojos aquí
                                                       en este valle de estrellas que mueren
                                                       en este valle hueco
                                                       la quijada rota de nuestros reinos perdidos
                                                       en este, el último de los lugares de encuentro
                                                       vamos a tientas juntos 
                                                       y evitamos hablar
                                                       reunidos en esta playa del río hinchado.


IV. LA NO SALIDA DE PETER.

En dos ocasiones Peter dice de sí mismo que "no hay salida", una con Katharina, otra con K. ¿A qué salida se refiere? Mi respuesta tiene que ver con la mirada y la sonrisa de Katharina a la que he aludido en algunas ocasiones. Una mirada y una sonrisa tanto en la fantasía de asesinato como en el sueño que parece indicar que "aunque quieras no puedes prescindir de mí". Es decir, (en la proyección materna que Peter realiza sobre Katharina de Cordelia, la madre de Peter), no puedes prescindir del vínculo que te une a mí. Peter no puede soltar, dejar caer, cortar ser el deseo del deseo del otro lo que, por otra parte, tampoco le permite realizar ser un sujeto más allá de ese deseo. Esa es la verdadera formulación del conflicto del que Peter no halla salida. La única salida que halla para zafarse de ese "sin salida" es la que incrementa el odio y que dará paso al pasaje al acto como única salida:

Resta, más allá de la pulsión, la muerte. La muerte en su realidad, brutal, irremediable. No "la tendencia a la reducción, a la constancia, a la supresión de la tensión de excitación externa" (Freud, 1920), la tendencia neutralizar la pulsión de muerte, sino su erupción, su mutación en pulsión de dominio o de destrucción.

Porque ¿qué otra cosa es ese pasaje al acto sino una toma de poder sobre el mundo, una afirmación de tener la muerte, y donde lo real de la destrucción física viene a simular una castración cuyo carácter definitivo signa el fracaso de lo simbólico, es decir, de una instancia que remite al Otro como otro? [7]


¿No es ese caso el fracaso de la proyección de lo materno sobre Katharina en Peter, o en el pasaje al acto en la misma K? No en vano la penúltima escena nos muestra a ambas mujeres - madre y nuera -, una junto a la otra, haciendo evidente su conflicto en relación a Peter.

Cordelia: Creo que piensas que yo tengo parte de culpa. Siempre has sido muy crítica respecto a mi actitud con Peter.
Katharina: Tú si fuiste muy crítica con nuestro matrimonio.
Cordelia: Pero yo soy la madre de Peter. Estoy más cerca de él que nadie. Lo he parido y lo he criado. Es parte de mi vida. Tú no tienes hijos. No puedes entender los sentimientos de una madre. La responsabilidad, la culpa, la verguenza.




Finalmente Katharina formula de nuevo la tensión que el ser humano mantiene entre la vida y el amor (Eros) y la pulsión de muerte de una manera muy clara:

Miro hacia atrás, hacia nuestra vida, a nuestra anterior realidad y ahora pienso, ¿estábamos soñando o estábamos jugando o... qué demonios estábamos haciendo? Hablo, contesto, pienso, es una obligación diaria y es una dura y peculiar apariencia, pero bajo esa apariencia lloro todo el tiempo, lloro por mí misma y porque no puedo ser como era. Lo que ha sido nunca nunca volverá a ser como antes, está roto. Lloro por Peter. Nunca he podido entrar dentro de los sentimientos o pensamientos de una persona. De pronto creo que entiendo cómo se siente Peter. Me doy cuenta de que se siente indefenso, atemorizado y solo, bastante solo. Se ha marchado y nunca volverá. No importa lo que podamos sentir...

Se ha especulado, en relación al "no hay salida" de Peter que quizá se deba a su condición de bisexualidad o homisexualidad latente. Dice un comentarista de su obra al respecto:

... pensamos naturalmente en la obra de Jean Paul Sartre sobre las personas en el infierno. Ser bisexual o latentemente homosexual no es en sí mismo un estado infernal, pero siendo un analfabeto emocional, por retomar la frase de Bergman y, en consecuencia, un alienado sobre su propia realidad, ciertamente puede ser un infierno en la Tierra. [8]

El mismo Bergman, después de remirar la película en distintas ocasiones admitía esta posibilidad: "Cuando miro la película hoy, siento que el personaje de Tim, un homosexual, está más cerca de la verdad cuando insinua que Peter es bisexual, Para Peter el reconocimiento de sus tendencias sexuales hubieran sido posiblemente liberadoras" [9]. Creo que el hecho en sí no lo es de manera determinante. En todo caso es un elemento más de Peter que no es más que un hombre desconectado de manera abismal de sí mismo y del mundo.

V. UNA REFLEXIÓN FINAL SOBRE LA PULSIÓN DE MUERTE.

Soy consciente de la dificultad de abordar un concepto tan complejo y tan discutido como es la pulsión de muerte y los debates que ha creado en un contexto como el de este blog. Simplemente indicar que con ella han estado implícitos posiciones biologistas y filosóficas que han cuestionado o justificado su existencia, ya más allá de las distintas aproximaciones puramente psicoanalíticas, desde las que también la niegan a especialmente aquellas que la consideran como intrínsecamente relacionada con el dualismo pulsional de Freud que la opone a su contrario, las pulsiones de vida; o bien como Lacan - con quien coincido más en su aproximación -, que la considera como la pulsión por excelencia puesto que considera que las pulsiones de vida se hallan dentro del principio del placer, mientras que la pulsión, por su definición, está más allá de éste. Es interesante también la idea de Lacan acerca de que la pulsión de muerte se relaciona más con la idea de retorno para recrear, para recomenzar que con la idea de retorno a un estado inerte como meta en sí mismo.

En fin, creo que el concepto de pulsión de muerte, y de aquí mi introducción de éste como base del análisis de la película, da una posible respuesta a "De la vida de las marionetas" y a la idea de Bergman de estar sometido a una maldad irracional que no se ajusta a ninguna ley... o quizá si.

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VER PELÍCULA EN: https://www.youtube.com/watch?v=zeEQhvX-CBs
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[1] Eliot, T. S. Poesías reunidas 1909 / 1962. Los hombres huecos, Alianza 3, pág.
[2] VV.AA. La pulsión de muerte. Eero Rechardt: Los destinos de la pulsión de muerte, Amorrortu editores, pág, 51
[3] Ídem anterior, pág. 56
[4] Ídem anterior, pág. 56
[5] Ídem anterior, págs. 58 y 59
[6] Ídem anterior, pág. 60
[7] VV.AA. La pulsión de muerte. Entre psicoanálisis y filosofía. Francis Hofstein: La muerte presente. Ediciones Nueva Visión, pág. 69
[8] Singer, Irving. Ingmar Bergman, Cinematic Philosopher, The MIT Press.
[9] Ídem anterior.

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domingo, 10 de junio de 2012

LA FEMME FATALE: PERSPECTIVAS (II)

CARA DE ANGEL. PARTE II. LA FEMME FATALE Y LA PULSIÓN DE MUERTE.


La película Cara de Ángel (Angel face), dirigida por Otto Preminger en 1952 e interpretada por Robert Mitchum y Jean Simmons nos ofrece una dimensión distinta de la femme fatale. Ante todo, me parece que lo sugerente de esta película es la representación que este director nos ofrece partiendo de un guión de estructura aparentemente simple y sencilla. El tempo de la película, esa especie de distancia desde la que Preminger parece narrar la historia, la dotan de una frialdad implacable, ideal para representar esa pulsión de muerte con la que aquí pretendemos relacionar a nuestras femme fatale y a sus víctimas. Dice Noel Simsolo, un experto en el cine negro, acerca del desarrollo de la trama:

Con Angel face, Preminger presenta una versión espectacular de una historia banal: una criminal se casa con su amante en prisión para lograr la absolución, pero luego este la abandona [...]

Este tema podía dar lugar a un ejercicio de estilo histérico y bárbaro, pero Preminger conserva una distancia atenta entre estos comportamientos y alcanza así un realismo del interior que resulta más terrible que una exhibición de actos crueles.[1]

En realidad, y desde una perspectiva psicológica, el argumento de Cara de Ángel no es tan banal. Se enmarca también en el triángulo histérico hija-padre-madrastra, en la que éste última es odiada profundamente por la primera que se halla unida a su padre de una manera profundamente edípica. En una escena de la película Diane Tremaine (Jean Simmons) le cuenta a Frank Jessup (Robert Mitchum), el hombre-víctima, lo siguiente acerca de Charles Tremaine (Herbert Spencer) y Catherine Tremaine (Bárbara O’neill), su padre y su madrastra respectivamente:

Yo tenía diez años cuando mi madre murió en un ataque aéreo. No he tenido amigos y mi padre lo fue todo para mí. Luego conoció a Catherine… Nunca pude soportarla. Recuerdo que aprendí a fingir y que siempre jugaba a un juego que empezaba con “si Catherine estuviese muerta..." Sólo pensaba en lo felices que podíamos se mi padre y yo. Muerte era sólo una palabra. Nunca supe lo que significaba.”

Frank Jessup constituye el típico hombre que la femme fatale utiliza y que, como siempre ocurre con ese tipo de hombres, deja en su momento la típica frase lapidaria del cine negro en la que él mismo ya observa el peligro que envuelve a este tipo de mujer, y así dice: ‘¿Qué hombre está seguro con una mujer como tú?’.
Creo que una buena manera de abordar esta película es partir de sus personajes. Veamos:

1. SOBRE DIANE TREMAINE (JEAN  SIMMONS): la mujer que no cede en su deseo.

Una bellísima Jean Simmons, en la cúspide de su carrera, interpreta a Diane Tremaine, una joven de veinte años hija única de Charles Tremaine e hijastra de Catherine Tremaine. La película ya empieza con un misterioso accidente de gas que está a punto de costarle la vida a Catherine. Esta es la ocasión para presentarnos a Diane y a Frank, el conductor de la ambulancia que atiende con su compañero a la madrastra. Pronto observaremos en Diane esas características por las que la
femme fatal es llamada en inglés spyder woman (mujer araña). Esa típica manera con la que va enredando a su víctima. Así, inmediatamente después del accidente, Diane sigue la ambulancia de Frank. Luego entra en el mismo bar al que Frank va  tras salir del hospital y así se inicia su seducción. Tras anular Frank su cena con Mary, su novia, ambos van a cenar y después a bailar. Posteriormente Diane se encuentra con Mary, revelando así, con la excusa de darle mil dólares para que Frank pueda poner el taller mecánico que desea (en el pasado fue corredor de automóviles), que estuvo con ella y que, en consecuencia, él la mintió. Más tarde le ofrece también ser el chófer de la familia, obviamente mejorándole el salario así como su propio coche para poder correr carreras. Frank cae inevitablemente en la tela de araña… Tras todo esto, se enamora de ella, y ella empieza a dibujar a su madrastra como alguien que la tiene tomada contra ella.
Observemos que, en esta ocasión, no hay tercer hombre y que el triángulo en el que se establece la femme fatale es el triángulo histérico llevado al extremo: Diana quiere eliminar a su madrastra, en este caso “la otra” que le arrebata precisamente a su padre. Frank no será más que el títere sobre el que se construirá el posterior asesinato de Catherine.
Fría, implacable, sin remordimiento alguno, Diane persigue su objetivo sin más. Esto es lo que Preminger logra captar con su cámara. La elegancia, la fría belleza que envuelve a Diane en toda la película contribuye a dibujar con más precisión su implacabilidad y logra confundir, en ocasiones, al espectador con esa ambigüedad característica con la que la femme fatale suele envolver esa frialdad y esa implacabilidad:

Lo que le confiere un aura de misterio es precisamente el modo en que resulta imposible situarla con claridad en la oposición del amo y el esclavo. En el mismo momento que parece llena de un placer intenso, de pronto le revela que sufre intensamente; cuando parece ser la víctima de una violencia horrible e indecible, de pronto resulta que está gozando. Nunca podemos estar seguros de si goza o sufre, de si manipula o es la víctima de una manipulación. [2]

2. SOBRE FRANK JESSUP (ROBERT MITCHUM): el hombre pasivo.

Frank, interpretado por un soberbio Robert Mitchum, se nos muestra con las típicas características del hombre que cae en las redes de la femme fatale. Un tipo duro aparentemente, pero inconsistente en relación con Diane… Justamente su inconsistencia se observa en la dificultad para poner límite a los deseos de Diane (lo que ya se observa en la relación de esta con su padre). Cada vez que lo intenta fracasa ante la insistencia de Diane. Hay algo en Frank que también parece buscar su fin. Hasta en cuatro ocasiones logra Diane hacer ceder a Frank a sus deseos (sensualidad y victimismo, recordemos). Seductor seducido es utilizado para que Diane planee el asesinato de su madrastra. Frank se da cuenta, aparentemente, de todo, pero no reacciona en nada… Simplemente se limita a dejarse arrastrar cada vez por el deseo de Diane quién en un momento del film reconoce que:
Se sonsacar lo que quiero a los demás. Lo hago de tal modo que resulta natural. Siempre me contestan lo que quiero saber si tan siquiera darse cuenta de que lo hacen.
Frank es un constante ejemplo de estas palabras. A pesar de la resistencia que aparentemente ofrece a los deseos de Diane, la realidad es que cede constantemente. Frank es un hombre pasivo, que se deja arrastrar (recordemos a Cristopher de Perversidad o a Walter Neff de Perdición) invariablemente a pesar de que lo haga a regañadientes. Es curioso que Robert Mitchum interpretara un papel parecido en otra obra maestra del cine negro: Retorno al pasado (Jacques Tourneur, 1947). En ella interpreta a un individuo de las mismas características que Frank, en esta ocasión a Jeff Bailey, quién es víctima de la manipulación y la ambigüedad de Kathie (Jane Greer), y con la que, finalmente, se da la misma actitud que en Cara de Ángel: siempre da la sensación de que no quiere fugarse con ella pero, por otro lado, nunca consigue escapar de ella, como atrapado por un raro magnetismo, y juntos emprenden un camino hacia su fatal destino.

3. LA CAÍDA EN EL ABISMO: la trama edípica y la pulsión de muerte.


La trama de la película nos permite reflexionar sobre una de las características de la femme fatale: su ser como pulsión de muerte. Recordemos que este concepto fue desarrollado por Freud (si bien es justo recordar que fue inicialmente introducido por Sabina Spilrein) en uno de sus libro más polémicos, incluso dentro del movimiento psicoanalítico en su momento. Se trata de Más allá del principio del placer (1920). Aunque no es este el lugar para reflexionar a fondo sobre la pulsión de muerte, si es necesario enfocarla un tanto para comprender las palabras que van a seguir, para ello voy a utilizar una parte de un trabajo inédito mío sobre estos temas:

3.1. Sobre la pulsión de muerte.

La caricia de Tánatos - la muerte -
Un punto esencial en la reinterpretación del concepto de “pulsión de muerte” se inscribe en el mismo desarrollo del ser humano. Resulta obvio que, desde una perspectiva embriológica, el hombre nace prematuramente. En ese sentido decimos que el hombre no nace, a diferencia del resto de animales, con un equipamiento instintivo plenamente desarrollado, y que mientras estos adquieren un gran nivel de su futura complejidad en el desarrollo embriológico, el hombre deberá adquirir una parte de su formación a través del aprendizaje en la familia y posteriormente a través de la sociedad. El cachorro humano, en su desarrollo, dispone de menos respuestas innatas y patrones de comportamiento y, en consecuencia, dispone de menos rigidez instintiva y más capacidad de aprendizaje, reflexión y control, más capacidad de juego. Ahora bien, justamente esta capacidad es el resultado de arrojar al medio un cachorro que, inicialmente, es sumamente desvalido y que, a diferencia de los otros animales, requiere un gran período de maduración. Esa desvalía hace que en sus primeros años requiera un continuo y atento cuidado. Y esta situación es determinante en el asunto que aquí nos importa. El desarrollo instintivo de los animales hace que, desde que abandonan el útero, estén ya encaminados a una pronta independencia. Sin embargo, en el caso humano, y precisamente por ese nacimiento prematuro, el cachorro queda absolutamente dependiente en sus inicios. Ese nacimiento conlleva una fijación a la que se la conoce como angustia de separación, la cual dirige al cachorro a volver a eso de lo que ha sido arrojado, pues ha sido separado, por decirlo, antes de hora. La disposición inicial del cachorro humano no es hacia la independencia sino a una marcada dependencia que lo orienta hacia la regresión, la vuelta atrás. La angustia de separación implica, por su misma razón, un deseo de fusión, de identidad o completitud imposible. Y esa imposibilidad hace que se establezca esa peculiar relación madre – hijo  cuya descripción, desde un punto de vista etológico, me parece importante transcribir:

Para el niño la madre es fundamento de seguridad. Si se ve privado de ella, se asusta. Se ha calificado ese miedo de “angustia de separación”. No debe interpretarse como si el niño temiera perder a la persona de referencia, pues no se le ha de atribuir ningún tipo de representación de futuro. La simple ausencia de esa persona le atemoriza y este miedo es sin duda elemental. El lactante, en efecto, queda expuesto solo e indefenso a los peligros. [3]

En términos etológicos podríamos decir que la separación queda fijada en el hombre como una característica de una impronta [4], en la que una vez establecida la vinculación con el objeto del que es separado, en nuestro caso la madre, esta fijación se manifiesta en toda su intensidad:

Adquirida la impronta, es decir, al realizarse la vinculación plena con la madre, la disposición para el miedo de separación se hace definitivamente eficaz. [5]

Razón por la cual, como indica el mitólogo Joseph Campbell:

... cuando la imagen de la madre empieza a asumir definición en el despertar gradual de la conciencia infantil, ya está asociada no sólo con un sentido de la beatitud sino también con fantasías de peligro, separación y terrible destrucción.[6]

Esa concepción etológica que vincula hijo y madre a través de la impronta nos ofrece una buena base para comprender mejor la pulsión, la cual podría definirse como una fijación vinculada al objeto de la impronta cuya satisfacción no puede resolverse en el objeto como un absoluto. Sin embargo, esa concepción etológica de la pulsión se revela como necesaria dada la invalidez del cachorro humano:

Prolongar la vinculación ya establecida, es decir, la relación estrecha madre – hijo. Dicho de otra manera: el niño se sirve de la madre como una secure base desde la cual investiga y descubre el entorno. Motivos: mejor orientación en el medio y prolongación de la fase de aprendizaje (imitación).
(...)
Comportamiento informativo: exploración del entorno amplio (la madre es centro de este territorio a explorar) y conducta lúdica. Comienzo del contacto con coetáneos (peer relationship), contactos de juego.[7]

Llegados a este punto es necesario hacer algunas reflexiones. En primer lugar indicar que la descripción biológica coincide con el psicoanálisis en que el nacimiento conlleva una dimensión traumática que se manifiesta como miedo o angustia de separación. En 1908 Freud ya lo había indicado e, inspirándose en ello, Otto Rank lo desarrolló ampliamente en su libro El trauma del nacimiento (1924). La idea de base es clara, y rápidamente expuesta por Rank:

… la verdadera libido de transferencia que el psicoanalista tiene por tarea suprimir en los sujetos de los dos sexos, no es otra que la libido materna, tal cual la representa el lazo fisiológico que une al niño con la madre. [8]

En segundo lugar, destacar que la necesidad de la madre se establece como una falta, como una carencia de origen que trasciende en ese caso las definiciones de Balint de la falta básica, o de Winnicot de la madre como yo auxiliar – lo cual es cierto en cuanto carencia – o “madre suficientemente buena”. Dicho más dramáticamente: no hay madre suficientemente buena para solventar la falta, la carencia implícita en el hecho traumático de nacer. En todo caso, la función de la madre en una primera instancia, y la posterior del padre en su función simbólica como ley dentro del proceso edípico, es no agravarla, no hacerla más profunda añadiendo a la carencia de base las consecuencias de la falta de suficiente amor, y yo añadiría que de suficiente buen amor, por que de los malos amores también los hay, y no suficientes sino en exceso. Esa falta, esa carencia, esa pérdida, ese vacío de origen, es bajo el que luego se estructurará la  pulsión como deseo de completitud, de totalidad (el deseo como el anhelo que describía Freud – wunsch – a diferencia del deseo como codicia – biegarde -), y que, finalmente, siempre es pulsión de muerte, puesto que se construye baja la añoranza de la contención en el útero, añoranza sólo compensada en la literalidad de la madre tierra, en el vientre de la tierra, bajo tierra, en el vientre de la muerte. Esa falta, esa carencia, esa pérdida, ese vacío de origen es falta, carencia, pérdida, vacío de madre, Das Ding, La Cosa, esa fijación vinculada al objeto de la impronta cuya satisfacción no puede resolverse en el objeto como un absoluto…

La literatura y la música esta plagada de ejemplos de la simbolización de la muerte con lo maternal, o más precisamente, del útero maternal. Vaya  la Canción de muerte de Espronceda como ejemplo:

                                   Débil mortal, no te asuste 
                                   ni mi oscuridad ni mi nombre.
                                   En mi seno encuentra el hombre
                                   un término a su pesar.
                                   Yo, compasiva, le ofrezco
                                   lejos del mundo un asilo
                                   donde en mi sombra, tranquilo
                                   para siempre duerma en paz.

                                   Soy la virgen misteriosa
                                   de los últimos amores


                                   y ofrezco un lecho de flores
                                   sin espinas ni dolor.
                                   Y amante, doy mi cariño
                                   sin vanidad ni falsía.


                                   No doy placer ni alegría,
                                   más es eterno mi amor.

                                   Deja que inquieten al hombre
                                   que, loco, al mundo se lanza
                                   mentiras de la esperanza,
                                   recuerdos del bien que huyó.
                                   Mentiras son sus amores,
                                   mentiras son sus victorias,
                                   y son mentiras sus glorias
                                   y mentira su ilusión.

Vayan ahora otrp ejemplo más extraído también del mundo de la literatura, el conocido poema Donde habite el olvido de Luis Cernuda:

                     Donde habite el olvido,
                     en los vastos jardines sin aurora;
                     donde yo sólo sea
                     memoria de una piedra sepultada entre ortigas
                     sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.      

                     Donde mi nombre deje
                     al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
                     donde el deseo no exista.

                     En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
                     no esconda como acero
                     en mi pecho su ala,
                     sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

                     Allá donde termine este afán que exige un dueño a imagen
                     suya,
                     sometiendo a otra vida su vida,
                     sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

                     Donde penas y dichas no sean más que nombres,
                     disuelto en niebla, ausencia,
                     ausencia leve como carne de niño.

                     Allá, allá lejos;
                     donde habite el olvido. [9]

Así, la pulsión de muerte es el telón de fondo del deseo de completitud, al cual podemos entender como una compulsión a la repetición cuyo trauma nuclear es el trauma del nacimiento, y cuya organización es el deseo buscando algo que está más allá de cualquier objeto sobre el que se proyecta, buscando La Cosa, lugar donde el deseo no puede nunca satisfacerse porque la cosa es no-cosa (no-thing, en inglés). Y aquí suenan fascinantes, adelantándose en años al psicoanálisis y a Lacan, los versos del Canto enigmático de Walt Withman cuando nos dicen:


                                Aquello que se esquiva de esta poema y de cualquier otro
                                            poema,
                                inadvertido por el oído más fino, sin forma para los ojos más
                                            penetrantes, o para la inteligencia más sagaz,
                                que no es ni ciencia, ni fama, ni felicidad, ni riquezas,
                                y, no obstante, es el latido incesante de todos los corazones y
                                           de todas las vidas del mundo,
                                que tú y yo, y todos, perseguimos siempre sin alcanzarlo,
                                manifiesto pero secreto; lo real de lo real, una ilusión,
                                sin coste, otorgado a todos, sin que hombre alguno lo posea,
                                que los poetas se esfuerzan en vano por ponerlo en verso y los
                                           historiadores en prosa,
                                que ningún escultor a esculpido jamás, ni lo ha pintado pintor
                                          Alguno,
                                que ningún cantor lo ha cantado nunca, ni lo ha expresado
                                          orador ni actor alguno,
                                lo invoco aquí y lo solicito para este canto.[10]

Así se adelanta a las ideas de Lacan vinculadas con lo simbólico, lo imaginario y lo real.

3.2. La trama.


Este deseo de completitud como pulsión de muerte es lo que nos encontramos en Diane en relación con su padre, como hemos podido comprobar en la escena que hemos citado inicialmente… La trama de la película se divide en tres partes bien definidas:

1. En la primera asistimos a la seducción e instrumentalización de Diane sobre Frank para utilizarle en el plan para asesinar a su madrastra. Le convence de que entré a trabajar como chófer de la familia y así, aprovechándose de sus conocimientos mecánicos, se entera de cómo se puede manipular el automático del cambio de marchas del coche de sus padres para que al poner la marcha de arranque éste, en realidad, de marcha atrás. Realizada esta manipulación en el momento adecuado convence a su madrastra para conducirlo… Pero cuando esta se dispone a hacerlo aparece el padre quien, a su vez, sube con ella al coche para que le acompañe a un lugar. Obviamente al arrancar el coche este lo hace violentamente dando marcha atrás  y precipitándose en una mortal caída causando la muerte de ambos.


Diane convenciendo a Frank para trabajar como chófer

2. En la segunda asistimos al proceso en el cual Diane (traumatizada por la muerte del padre) y Frank (inevitable sospechoso por su condición de chófer y mecánico, y por cierta manipulación de Diane que lo convierte aun en más sospechoso) son llevados por su abogado a casarse para demostrar que algunos aspectos sospechosos de aquel día se debían a su amor y a que, aparentemente, preparaban su huida del hogar paterno. Finalmente las pruebas se consideran insuficientes y son absueltos.



Diane y Frank en el juicio.

3. En la tercera parte asistimos al desencuentro entre Diane y Frank. Éste, desencantado de toda la manipulación pretende dejarla primero intentando volver con su ex-novia quien, no obstante, ya está saliendo con un compañero de Frank y le rechaza, y luego pretendiendo irse a México. Diane, con la excusa de acompañarle en coche a la estación de autobuses,  y cuando ambos ya están montados en el coche, da inesperadamente marcha atrás siguiendo el mismo camino que acabó son sus padres: Diane y Frank se precipitan al abismo y ambos perecen en la misma caída mortal.


 
Diane y Frank instantes antes de que elle de marcha atrás para despeñarse.

Esta escena final es la clave de la película. Se trata de la escenificación de la pulsión de muerte en su más pura expresión. Tras el asesinato de sus padres y la absolución del juicio, hay un momento en el que Diane la dice a Frank: “Frank, no me abandones, no sabría que hacer en esta vida sin ti”. Esta misma frase es la que podía aplicar a su padre: mi padre lo fue todo para mí […]Sólo pensaba en lo felices que podíamos se mi padre y yo. En éste momento en el que se le pide a Frank que no la abandone este asume el rol paterno. Tras su negativa (la frustración de su deseo) asistimos al momento cumbre que Zizek define muy bien como aquello que aguarda más allá de la histerización o del derrumbe histérico: “lo que la aguarda más allá de la histerización es la pulsión de muerte en su forma más pura.” [11] Diane arrancando el coche con la marcha atrás con Frank a su lado constituye su aspecto más amenazante: el cumplimiento de su deseo bajo la forma más pura, es decir, si no puedo tener a mi padre muero con él:

lo que hay de realmente amenazante en la mujer fatal no es que sea fatal para los hombres, sino que es un caso de sujeto puro que “asume” plenamente su destino. Cuando la mujer llega a este punto, al hombre sólo le quedan dos soluciones posibles, la rechaza y recobra su identidad imaginaria narcisista (Sam Spade al final del El halcón Maltés), o bien se identifica con la mujer como síntoma y cumple su destino en un gesto suicida (Robert Mitchum en el que es tal vez el film noir crucial: Traidora y mortal o Retorno al pasado (Out of the past) de Jacques Tourneur.) [12]

El Robert Mitchum de Cara de Angel sigue un destino parecido al de Retorno al pasado (ambos mueren con la mujer fatal en el interior de un coche): es atrapado por la vorágine de la pulsión de muerte de la mujer fatal.

4. OTRAS PELÍCULAS DE INTERÉS.


Zizek también cita el personaje de Carmen, de la opera de Bizet, como un ejemplo de estas fuerzas pulsionales y como embargan a sus protagonistas. Podemos visualizar su  historia en la película Carmen dirigida por Vicente Aranada (2003) e interprertada por Paz Vega y Leonardo Sbaraglia (en el papel de Don José).



Paz vega interpretando a Carmen

Por  último quisiera destacar una película poco conocida en castellano y que, no obstante, se constituye en uno de los mas puros films noir protagonizado por una de sus femme fatale más impactantes: Lizabeth Scott. Se trata de Demasiado tarde para lágrimas (Too late for tears, Vyron Haskins, 1949):

Excelente actriz, presenta este prototipo con todos los matices posibles. Su sofisticación nun llega a ser glamour. Su hieratismo frío se acompaña con una sonrisa de niña buena y una mirada entre el sueño y el asombro que parece portadora de angustia eterna y fatídica, fuente de posibles neurosis que llevan a la locura y el asesinato. Es la diva de los destinos fatales (la negrita cursiva es mía).[13]




Lizabeth Scott como Jane Palmer

En Demasiado tarde para làgrimas Lizabeth Scott interpreta a Jane Palmer, un personaje de una perversidad enfermiza  incapaz de amar y capaz de todo por el dinero, donde la utilización de la sexualidad como instrumento para sus ambiciones es patente.





[1] Simolo, Noel, El cine negro. Pesadillas verdaderas y falsas. Alianza Editorial, pág, 266
[2] Zizek, Slavoj. Mirando el sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultuta popular. Paidós, Espacios del saber, 12, pág. 112
[3] Eibl-Eibesfeldt, Irenaus. Biología del comportamiento humano. Manual de Etología humana. Alianza psicología, pág. 219
[4] La impronta es “El conocimiento adquirido sobre el objeto desencadenador es conservado durante toda la vida, mientras que normalmente el olvido es una característica esencial de todo aprendizaje. No sólo se retiene lo aprendido, sino que el objeto de la impronta es preferido durante toda la vida; la impronta es irreversible.” (ver nota anterior)
[5] ver nota 23, pág. 219 cita de Eibl-Eibesfeldt en tabla correspondiente a F. R. Rengli.
[6] Campbell, Joseph. Las máscaras de Dios. Mitología primitiva. Tomo I, Alianza editorial, pág. 93
[7] Ver nota 23, pág. 282
[8] Rank, Otto. El trauma del nacimiento. Paidós studio, pág. 21
[9] Cernuda, Luis. La realidad y el deseo
[10] Withmann, Walt. Hojas de hierba. Canto enigmático
[11] Idem nota 2, pág. 113
[12] Ídem nota 2, pág. 114
[13] Ver nota 1, pág. 270





OTRAS PELÍCULAS CITADAS EN EL TEXTO


 RETORNO AL PASADO (Out of the past, 1947)
 Director: Jacques Tourneur
 Intérpretes: Jane Greer, Robert Mitchum, Kirk Douglas


 Un ex.detective retirado recibe una visita inesperada de su pasado, viéndose obligado a sumergirse en una sórdida historia que le pondrá en contacto con una misteriosa mujer ex novia de un personaje del hampa y con la que iniciará su propio recorrido hacia la perdición.


 CARMEN (2003)
 Director: Vicente Aranda
 Intérpretes: Paz Vega, Leonardo Sbaraglia, Jay Benedict

  La naturaleza libre y enigmática de una mujer llamada Carmen (Paz Vega), su belleza meri-dional, su carácter arrebatado y pasional, hacen que el sargento José (Leonardo Sbaraglia) se convierta en víctima y protagonista de acontecimientos extraordinarios, de amores turbulentos y pasiones incontrolables, en una cadena de fatalismo, celos y sangre



  DEMASIADO TARDE PARA LÁGRIMAS
  (Too late for tears, 1949)
  Director: Byron Haskins
  Intérpretes: Lizabeth Scott, Ron de Fore, Dan Duryea

  La película nos muestra la ambición sin límite (mentir, robar, asesinar) de un joven para lograr sus objetivos de riqueza y lujo. Manipulando entre su imagen de inocencia y fragilidad surge una personalidad de hielo capaz de todo para conseguir sus ambiciones.