AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

sábado, 28 de septiembre de 2019

AD ASTRA, UN PRE-COMENTARIO: DEL PADRE AL HIJO, REFLEJO DE LA HUMANIDAD.





El pasado martes por la tarde tuve ocasión de ver la película “Ad Astra”, dirigida por James Gray, e interpretada esencialmente por un Brad Pitt en estado de gracia, junto a un siempre gran Tommy Lee Jones, Ruth Negga y Donald Sutherland.

La película me pareció excepcional en todos los sentidos, si bien la ciencia ficción es la excusa sobre la que se construye la verdadera historia de “Ad Astra”: la relación de un hijo con su padre ausente en el sentido de la relación de apego que el primero mantiene con el segundo (el hijo que ama y odia al padre y que, no obstante, sigue su mismo camino), así como su final desapego (el hijo que, finalmente, encuentra su propio camino).

Me parece también destacable la relación que se establece entre esta historia de dos personajes y la visión del futuro de la humanidad que se nos muestra. La humanidad ya ha colonizado la Luna y Marte, pero lo que observamos es algo que ya comenté al tratar la película “Contact” (Robert Zemeckis, 1997) - ver entrada en la columna lateral derecha -, donde decía:

… quisiera citar las siguientes palabras del filósofo Pierre Hadot, quien dice: "Sin viaje cósmico interior, sin mirada desde lo alto vivida como ejercicio espiritual de desprendimiento, de liberación, de purificación, los viajeros del espacio seguirán llevando la tierra con ellos al espacio, no la Tierra parte del cosmos, si no la tierra símbolo de lo humano demasiado humano, la mezquindad humana", y acaba diciendo que, en estas condiciones: "El espacio corre entonces el riesgo de no ser más que el teatro ampliado de estas absurdas guerras de religión - o económicas, añado yo: la locura del capitalismo- que continúan desgarrando a la humanidad  en los inicios del siglo XXI. La conquista del espacio corre el riesgo de proporcionar solamente un campo más vasto a la locura humana."

Efectivamente, la película nos muestra una Luna y un Marte con los mismos problemas que hoy en la Tierra, de la misma manera que este era también el tema de Avatar (James cameron, 2009) - ver entrada en la columna lateral derecha -, y en la que también decía:

El desarrollo de la civilización occidental, sustentado esencialmente en la fuerza de la razón, no ha venido acompañada de un conocimiento de las complejidades del psiquismo humano, y es por ello que la civilización occidental, a pesar de su razón, es una civilización de razones esencialmente narcisistas egocéntricas. Y la cuestión que nos plantea Avatar es si, como civilización, seremos capaces de viajar hacia el otro narcisismo, el narcisismo trófico en el que el ser individual es inseparable del ser del mundo, y para ello vamos a necesitar muchos, muchos más Jake Sully que tomen partido por la participación y conservación de la Tierra, y no por su explotación ciega y pulsional que no encierra más que el dominio de la pulsión de muerte.

El viaje de Roy McBride de la Tierra a Neptuno (un hombre esencialmente solo), es un "viaje del héroe" hacia el interior oscuro que le habita, el mismo que a todos nos habita y que nos convierte en seres de un peligroso narcisismo, el interior oscuro que ya dominó al padre de Roy. En ese sentido Ad Astra es una nueva versión de ese libro fundamental como es "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad (versión anterior: Apocalypse now, de Coppoda en el cine), o incluso de 2001 Una odisea en el espacio (Stanley Kubrick) - el viaje como camino de un encuentro numinoso y decisivo -.

Bard Pitt en el papel de Roy McBride.

Clifford McBride, el padre de Roy, gran héroe de la conquista espacial, nos muestra la ceguera de ese narcisismo. Obsesionado por la búsqueda de la vida inteligente parte a los confines del Sistema Solar, abandonándolo todo en ese camino (su hijo, su esposa, la Tierra, su tripulación). Su obsesión por la vida extraterrestre no le permite reconocer el valor la vida que ya existe en la Tierra y la fuerza del amor en el ser humano, aquella que nos dice que si no damos antes importancia a lo que somos y al ser de todo lo que nos rodea, poca importancia le daremos a lo que encontremos en el cosmos. 

Tommy Lee Jones en el papel de Clifford MacBride.
“Suéltame” le dice Clifford a su hijo al final de la película, metáfora que le permite a Roy desapegarse de su padre y seguir su propio camino, un camino que nos muestra la importancia de amar aquello que decimos amar, de cuidar aquello que nos contiene. Ser con nuestros hijos, cuidar a los seres que amamos, es una pequeña forma de ser en la Tierra, de ser en el mundo… Todo el resto es un narcisismo en el que los hijos se tienen como se tiene el mundo, y como algunos desean tener el cosmos… y así nos van las cosas.

En los próximos meses desarrollaré mas el comentario, pues la película da mucho para comentar.

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en tu artículo, el vacío existencial en el protagonista es enorme. Y después de su odisea empieza a ser consciente de lo verdaderamente importante. James Gray ha fundido el futuro con "el otro tipo de inteligencia" tan abordado en un presente que tiene que ver con todo lo emocional. Poniéndose a la moda totalmente, ha sabido engrandecer valores enterrados durante tanto tiempo.

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  2. Totalmente de acuerdo. Gran análisis. Gran película

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