AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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domingo, 25 de septiembre de 2022

JOKER (TODD PHILLIPS, 2019): Presión agresiva, la coyuntura de emergencia y la violencia.

Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras (Arthur Fleck).

Hace ya unos tres años hice un primer comentario de Joker (Todd Philips, 2019) tras el impacto de su primer visionado, de un carácter más social ( y que se añade al final de este comentario - ver nota 1- por si lo queréis leer). Ya hace tiempo que quería profundizar en el comentario de esta magnifica película, que cuenta con la ya conocida y reconocida magnífica interpretación de Joaquín Phoenix, desde una perspectiva más psicológica. Para ello me apoyaré, como base de la reflexión, en un artículo de Jacques Lacan: "La agresividad en psicoanálisis" (1947). Arthur Fleck, su protagonista y futuro joker, es un enfermo mental que cuida de su madre, también enferma. De aspecto y risa siniestra que, además, sufre de un síntoma que se manifiesta, en situaciones de stress, como una risa compulsiva y explosiva, acude a un servicio social que le proporciona una cierta ayuda psicológica y la medicación psiquiátrica. Trabaja como payaso para una empresa que lo alquila con fines comerciales y su gran aspiración es ser un gran cómico.

Si bien, y como ocurre con muchas películas, la patología de Arthur es difícil de establecer, si que hay algunos detalles que la orientan a la psicosis, lo que le apartaría de las versiones más propias del psicópata de otras películas.

I. EL DESEO DE ACEPTACIÓN.

Quiero empezar centrándome en dos temas de la película que afectan a su protagonista. El primero tiene que ver con la relación que establece con el presentador y cómico Murray Franklin (Robert de Niro), al que admira y con el que fantasea estar en el programa y, tras llamar su atención, recibir su reconocimiento y un abrazo familiar, así como el del público: "Ves esto, las luces, el espectáculo, el público. Lo cambiaria todo por tener un hijo como tú" - le dice Murray en su fantasía -.

El segundo tema sucede cuando, al abrir una carta de su madre, Penny Fleck (Frances Conroy) dirigida a Thomas Wayne (Brett Cullen), un magnate de Gotham que se presenta a alcalde de la ciudad, descubre que ella fue su amante y que él es hijo suyo. En un encuentro con él,  al que  busca para que le reconozca como hijo. Thomas no sólo no lo reconoce, sino que le revela que él fue un hijo adoptado y que nunca se acostó con ella, y que poco tiempo después, su madre fue detenida e ingresada en el psiquiátrico de Arkham. Arthur, que lo niega, le grita a Thomas: "¡No quiero que se sienta incómodo, no se por qué todos son tan groseros ni porque lo es usted! ¡No quiero nada de usted, puede que un poco de afecto, quizás un abrazo papá! ¡¡Que tal un poco de honradez, joder!! Pero que os pasa a todos, decir esas cosas de mi madre."



Observemos como la fantasía del abrazo y reconocimiento con Murray representa la proyección de un deseo que ahora tiene hacia su supuesto padre Thomas Wayne. La misma alucinación que también desarrollará con su vecina Sophie Dumont (Zazie Beetz). Deseo de amar y ser amado, también deseo de aceptación... deseo finalmente no solo siempre frustrado, sino que además es enfrentado al rechazo violento desde distintas dimensiones, como vamos a ver.

También podemos observar este deseo en la alucinación de su éxito como cómico en un club donde actúan aquellos que desean hacerlo y que, posteriormente, y debido a una grabación, será ridiculizado por Murray en su programa.

II. EL RECHAZO VIOLENTO, LA EXPLOSIÓN DE VIOLENCIA Y LA PRESIÓN AGRESIVA.

No imagino que mi muerte me traiga más dolores que mi vida (Arthur Fleck)

La visita de Arthur al psiquiátrico de Arkham no sólo certifica que su madre si estuvo ingresada (psicosis alucinatoria y trastorno de la personalidad narcisista), sino que le descubre que fue declarada culpable de poner en peligro a su propio hijo y que, además, era adoptado. Su novio abusó del niño y pegó a la madre. Y así lee en recortes de periódico: "Madre permite que abusen de su hijo adoptivo" y "Casa del terror para madre e hijo", etcétera.

Tomando esa base traumática compleja (abandonado por sus padres biológicos, abandonado por una madre enferma que no puede cuidarle y maltratado brutalmente por la pareja de esta), Arthur Fleck vivirá una vida en la que el trauma simplemente continuará: No he sido feliz ni un sólo minuto en mi puta vida (le dice a su madre antes de asesinarla). Y eso es lo que la película nos muestra desde el inicio en el que unos adolescentes le golpean brutalmente cuando disfrazado de payaso hace su trabajo, hasta que Arthur asesina a los brokers que en el metro se burlan de él, le maltratan y le golpean. 



De fondo, la película también pone de relieve la violencia social que se deriva del sistema, a mi entender claramente representada por el abandono de las prestaciones sociales (medicación incluida), así como por el clima general de la película en relación al abandono de la ciudad, así como el descontento latente de las clases sociales bajas en contraposición a los brokers (sombra psicópata del sistema) o al mismo Thomas Wayne, quien, en este caso, no se nos muestra como el padre amoroso y protector de Gotham del Batman begins (Cristopher Nolan, 2005), o incluso del anterior Batman de Tim Burton (1989).

- Sobre la presión agresiva.

La evolución de Arthur Fleck a Joker es consecuencia de la presión agresiva que Arthur contiene en su interior. Lacan nos precisa en su artículo, anteriormente citado, que una de sus primeras derivaciones estriba en diferenciar la agresividad animal de la agresividad humana poniendo la primera del lado instintivo y esencialmente biológico, en tanto a la dimensión de conservación como de ecología, mientras que la segunda, entendida  como presión agresiva, responde a peculiaridades más propias del ser humano que la dotan de unas motivaciones más profundas y personales. A diferencia del instinto agresivo, la presión agresiva es vivida como algo constante y la podemos observar en aspectos tan comunes como la rivalidad, los celos o la envidia.

En este mismo texto, Lacan inscribe el citado elemento peculiar que caracteriza la agresividad humana en su tesis IV del escrito, y que dice:

La agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista y que determina la estructura formal del yo del hombre y del registro de entidades característico de su mundo. [2]

¿Y qué significa identificación narcisista? Se trata de la tendencia del yo a incorporar objetos externos como propios. Esto nos permite entonces comprender la agresividad como la relación que esta tiene, para el ser humano, con la pérdida de estos objetos tal y como Lacan nos comenta en relación a la famosa observación de los celos de un pequeñuelo descrita por San Agustin en sus "Confesiones" [2]. Dice Lacan al respecto:

La experiencia subjetiva debe ser habilitada de pleno derecho para reconocer el nudo central de la agresividad ambivalente, que nuestro momento cultural nos da bajo la especie dominante del resentimiento, hasta en sus más arcaicos aspectos en el niño [...] San Agustín se adelanta al psicoanálisis al darnos una imagen ejemplar de un comportamiento tal en estos términos:  [...] "Vi con mis propios ojos y conocí bien a un pequeñuelo presa de los celos. No hablaba todavía y ya contemplaba, todo pálido y con una mirada envenenada, a su hermano de leche". Así anuda imperecederamente, con la etapa infans (de antes de la palabra) de la primera edad, la situación de absorción espectacular: contemplaba, la reacción emocional: tono pálido, y esa reactivación de las imágenes de la frustración primordial: y con una mirada envenenada, que son las coordenadas psíquicas y somáticas de la agresividad original. [3]

Vemos aquí, descrita perfectamente, esto que Lacan llama la frustración primordial, por un lado; y la agresividad original por el otro.

Algunos procesos pre-edípicos, el proceso edípico propiamente, y la posterior fase de socialización introducen y desarrollan el mecanismo de la represión, y otros mecanismos de defensa, por la que algunos contenidos intolerables para la consciencia ordinaria (representaciones, ideas, pensamientos, afectos) son relegados al inconsciente. Obviamente esto explicaría el caracter de presión agresiva que Lacan postula junto a la identificación narcisita. Sin embargo, la represión si bien logra mantener los contenidos en el inconsciente no evita, antes lo promociona, la proyección de estas imagos internas como contenido en el exterior.

Podemos comprender entonces como Arthur ha ido acumulando esta presión agresiva desde la infancia hasta llegar a un límite insostenible.

III. LA COYUNTURA DE EMERGENCIA: LA EXPLOSIÓN VIOLENTA.

Como decía, y ya desde el inicio de la película, observamos como las agresiones sobre Artur se van acumulando:

1) Al inicio de la película tenemos las agresiones brutales de los jóvenes adolescentes cuando disfrazado de payaso se encarga de la animación de una tienda y le roban el cartel de anuncio.



2) En segundo lugar, advertimos como su jefe le amenaza sobre su continuidad en el trabajo y le descuenta la pérdida del cartel, a pesar de que se lo han robado y le han apaleado.

Tras esa escena vemos la primera muestra de la presión agresiva liberada cuando da fuertes golpes a un contenedor de basura.

3) En tercer lugar, pierde su lugar de trabajo por llevar una pistola mientras está haciendo una representación para niños en un hospital. Por otro lado, el compañero que le había dado la pistola para que se defendiera en caso de agresiones, le traiciona diciendo a sus jefe que Arthur se la había intentado comprar.

Y es aquí cuando, finalmente, y tras ser despedido, llega la escena del metro, en la cual tras sufrir una nueva y brutal agresión, Arthur reaccionará sacando de nuevo la pistola y matando a los tres brokers que se burlan de él.



¿Qué hace que la presión agresiva pase de sus manifestaciones menores, de una agresividad constreñida (cinismo, desencanto, sarcasmo, decepción, etcétera) a una explosión de violencia? Lacan llamó a la situación que provoca esta explosión coyuntura de emergencia, un término que el psicoanalista Hector Galo define como:

... que hace alusión a un riesgo que debe ser tratado de inmediato, es un riesgo que no da espera, exige el concurso eficaz de un tercero. Las violencias que no son avisadas se asocian con la emergencia de lo que sorprende, por eso son traumáticas y contingentes. La transformación de las violencias contingentes es posible si hay asentimiento del agente que las promueve y puede lograrse en una convención de diálogo. [4]

Con la expresión "exige el concurso eficaz de un tercero", se refiere a que  para que se de la violencia la coyuntura de emergencia requiere una última condición: la imposibilidad para el diálogo (de la misma manera que uno no puede dialogar internamente consigo mismo). Cuando en la situación que se da no hay confianza ni credibilidad en mediadores o en la propia mediación:

Pero ¿qué sucede cuando no hay condiciones favorables para que se instale la convención de diálogo, es decir, cuando ante la coyuntura de emergencia, en lugar de darse el consentimiento de llamar a un tercero, mas bien se le rechaza porque no se le atribuye credibilidad? Se instala el silencio de la muerte, el reinado de la tendencia que no quiere hablar. El no diálogo, propio de esta postura, se expresa en el estallido que produce terror, estallido provocado por las manos de un enemigo anónimo, uno que no se sabe cuándo atacará ni dónde. [5]

La situación de Arthur en el metro se corresponde a esta coyuntura de emergencia que, a partir de este momento, desencadenará "el estallido que produce terror". A partir de este momento Arthur recurrirá a la violencia cada vez que se sienta agredido.

- De Arthur al Joker..

Tras el asesinato de los tres brokers la situación que llevará al definitivo punto de inflexión se debe a la conjunción de algunos hechos: el 
descubrimiento de las mentiras de su madre sobre su adopción y de la violencia que sufrió y el ser objeto de burla por parte del presentador Murray Franklin en su programa, a quien tanto admira. Una humillación pública que perturba a Arthur definitivamente y que, por decirlo de alguna manera, le lanza a la figura de Joker, que con su rostro pintado de payaso augusto encarnará las cualidades de extravagante, provocador, bromista y caótico (y que tan bien representa en su baile en las escaleras) que tendrán su máxima expresión en su asistencia al programa de Murray, y que acabará con el asesinato de este ante todos los televidentes. 

Su imagen del payaso desencadenará los disturbios y el caos social en la población de Gotham, que se identifica con él desde los asesinatos del metro (para el comentario que realicé anteriormente en su dimensión social ver nota 1). A través de la televisión oímos y vemos lo que podemos definir como una coyuntura de emergencia social:

La tensión. aumenta en el área metropolitana [...] La rabia y el resentimiento acumulado durante semanas parecen haber alcanzado su punto álgido. Los manifestantes, muchos de ellos disfrazados de payaso han tomado las calles en una de las muchas manifestaciones previstas en contra de la élite de la ciudad.

La coyuntura de emergencia, en el caso de Arthur, se establece como una frontera que, una vez cruzada, ya no tiene retorno. No es de extrañar, ya que su historia permite comprender perfectamente que ya no hay confianza en nada ni en nadie.



IV. SOBRE LA RISA COMPULSIVA Y LAS DANZAS.

Dos aspectos sobre los que me parece interesante reflexionar es sobre la risa compulsiva de Arthur y las danzas que se repiten en distintos momentos de la película.  Sobre la risa compulsiva, y más allá de algunos diagnósticos clínicos que se han dado, en la película se hace evidente que se trata de un mecanismo de defensa de deflexión de la tensión y del impulso agresivo que Arthur siente. Si observamos cuando esta risa aparece, siempre es en situaciones de tensión y de distintos grados o tipos de violencia. Más allá de los hechos violentos que sufre Arthur desde pequeño, no hay que olvidar que, paradójicamente, su madre le llama "happy" y que esta, como vemos en su fantasía inicial en el programa de Murray, le repite que "sonría y alegre la cara. Dice que vine al mundo para traer alegría y sonrisas." Frase que vuelve a repetir cuando participa como cómico en el local que ya hemos citado. Palabras y actitudes que muy bien pudieron ser introyectadas por Arthur como creencias sin discriminación que generen esta defexión ante la sensación del impulso agresivo.



De la misma manera que tenemos la risa, también tenemos las danzas que, en distintos momentos, realiza Arthur y que, sin lugar a dudas, representa la metamorfosis que, poco a poco, va dándose en él y que dará lugar al surgimiento de Joker, metamorfosis que tiene su momento cumbre de inicio en la danza del baño (bajo la excelente música compuesta por la violonchelista Hildur Gudnadóttir), tras la muerte de los tres brokers en el metro. Es interesante observar cómo, tras esa danza, y aunque sea de manera alucinatoria, Arthur se dirige decidido y seguro de sí mismo hacia la puerta del apartamento donde vive Sophie, y tras abrirla este la besa apasionadamente. 

Previamente, ya hemos podido ver los indicios de esa danza de metamorfosis cuando baila con la pistola que le da el amigo del trabajo (al que luego también matará por haberle traicionado ante el jefe de la empresa). Vemos en esa primera danza el asomo de Joker cuando bailando dice: "Hola Arthur, bailas muy bien" a lo que responde - "Lo sé. ¿Sabes quién no? Él! - a la vez que dispara accidentalmente la pistola -.



Tenemos luego la danza en la escena de las escaleras, cuando ya dispuesto a asistir al programa de Murray, vemos a un Arthur que ya se ha metamorfoseado definitivamente en Joker. En este caso tanto la danza, como la música (Rock an Roll, Part II, de Gary Glitter) son muy distintas a la escena del baño. Explosiva, provocadora, atrevida, agresiva... Joker ha llegado. Veamos también el inicio de una danza antes de salir al plató del programa de Murray. Finalmente, aclamado y vitoreado por los alborotadores, Joker danza una vez más (de nuevo con una pieza de Hildur, Call me the Joker)





NOTAS.
_______________________

[1] Comentario inicial de Joker, realizado el 17/10/2019

JOKER (TODD PHILLIPS, 2019), UNA REFLEXIÓN EN TORNO A LA VIOLENCIA.

El visionado de la película “Joker” (Todd Phillips, 2019), más allá del impacto que me causó por la actuación de Joaquín Phoenix, me llevó a una reflexión acerca de la violencia. La película, en éste sentido, ha recibido algunas críticas severas por la utilización que hace de ella, aunque creo que, más que nada, esas críticas tienen como telón de fondo el enfoque que hace la película de cómo la violencia, a partir de una acción errática de un personaje enfermo de un trastorno mental, puede inspirar y extenderse hasta llegar a alterar “el orden social”.

Mi análisis parte de que, evidentemente, el uso de la violencia no es justificable, pero eso si, el uso de todo tipo de violencia. Y, en este sentido, Joker puede leerse de muchas maneras. Yo, particularmente, más que verla como una película que hace uso de la violencia en su sentido más crudo y obvio, la veo más como una reflexión de como esta puede surgir como una respuesta posible a otro tipo de violencia menos obvia. No hace falta que me extienda mucho para hablar de dos tipos de violencia que hoy en día son tan peligrosas, o de hecho más, que aquella que nos muestra Joker, me refiero a la violencia de Estado y a la violencia del Sistema (cada vez que utilizo la palabra Sistema hay que entenderla como Sistema capitalista), un Sistema cada día más salvaje capaz de acabar con la humanidad por la explotación sin freno del planeta Tierra, así como a la sinergia que les une a ambos en su mutuo sostenimiento (en la película, el padre del futuro Batman, Thomas Wayne, es un buen ejemplo). En este sentido, Joker es como la versión “densa y perturbadora” de V de Vendetta (James McTeigue, 2006), película a la cual retornaremos.




Hay una escena de Joker que me parece, en ese sentido, fundamental. Me refiero a la escena del metro, cuando los tres energúmenos identificados, si no recuerdo mal, como brokers, agreden brutalmente a Arthur hasta que éste saca el revolver que un compañero de trabajo le dio para defenderse de otro ataque que sufre al principio de la película por parte de jóvenes tipo “banda callejera”, matándoles uno a uno. Evidentemente, vista la escena como la vemos, y en especial en su primera parte - cuando dispara a los dos primeros agresores -, podemos decir que se trata de una acción en “defensa propia”. Sin embargo, esta escena me parece que puede leerse de una manera más metafórica si se contempla desde una escena anterior en la que la asistenta social de Arthur le comunica que su servicio se retira por falta de presupuesto, y así, de paso, también se le retira la posibilidad de que le receten la medicación que Arthur toma para su trastorno. ¿No podemos identificar en el maltrato que sufre Arthur por parte de los brokers (claros representantes del Sistema), y en la retirada de la ayuda social el abuso que hoy en día sufre la ciudadanía a manos de sus Estados y de un Sistema generador de una clara corrupción estructural, fuente de desigualdades e injusticia social en pleno siglo XXI? ¿Y qué decir de la humillación pública a la que le somete el cómico que interpreta Robert de Niro en un intento de mofarse y reírse de él? ¿Vale todo para obtener cotas de audiencia? ¿Qué tenemos qué decir de la violencia de los brokers, del estado retirando la ayuda social o del cómico de la televisión?




Vuelvo a la película V de Vendetta y la comparo con Joker. Esta película, interesante, es, no obstante, más soportable por dos motivos. La primera por el protagonista, Guy Fawkes, un luchador por la libertad y contra la injusticia, no exento del componente de venganza, desfigurado pero amable y romántico, de toque aristocrático y sofisticado, contra Arthur Fleck, un enfermo con un transtorno mental psicótico, de risa perversa, de imagen espectral y terrorífica, víctima de una madre también psicótica y de abusos y maltratos terribles en la infancia, y que responde, esencialmente, a la humillación inhumana que sufre por parte del Sistema. En segundo lugar, Guy Fawkes lucha contra un régimen fascista ubicado en Inglaterra, mientras que Arthur Fleck es presentado como el protagonista involuntario e inestable, desagradable y grotesco, de una revuelta violenta contra el Sistema en una "aparente democracia."


El tema que hoy en día nos plantea Joker, como una reflexión más de fondo, es que la naturaleza del Estado en sí misma, y del Sistema por extensión, es de esencia dictatorial (la versión política, en todas sus variantes, del narcisismo maligno), más o menos maquillada, pero dictatorial en esencia. Una esencia que está más allá del ritual del voto que, como vemos cada vez más hoy en día, ha derivado en un ritual vacío de contenido, puesto que los partidos son básicamente Estado y, llegue quien llegue al gobierno acaba siendo Estado, y ser Estado, hoy en día, es ser Sistema y, por lo tanto, la violencia que ejerce continuamente el Estado, además de ser modulada perversamente, es de naturaleza parecida a la que un agresor, desde el abuso de su poder, ejerce sobre su víctima. Hoy en día, la connivencia existente entre el Estado y el Sistema, apoyado en muchas ocasiones en algunos “mass media” que son meros bufones y panfletos vendidos a sus intereses, es un verdadero escándalo humano y democrático. La naturaleza del Estado ya fue claramente desvelada por Nietzsche, uno de los grandes visionarios y desveladores de la hipocresía sobre la que se fundamenta y se eleva la supuesta dimensión moral y política, y por extensión económica, occidental.



Hoy en día se cumple, sin ningún atisbo de duda, lo que Jacques Rancière o Slavoj Zizek, entre otros filósofos y filósofos políticos, repiten cada uno en su lenguaje: EL ESTADO - Y EL SISTEMA - ODIA LA DEMOCRACIA. Joker nos muestra uno de los sentidos por los que puede surgir la violencia social: no se puede llevar a la ciudadanía al extremo de la humillación ejercida  por la violencia impune e institucionalizada del Estado. En este sentido, la violencia extendida a una parte de la ciudadanía inspirada por un ser herido en la esencia más íntima de su alma y su humanidad, no es más que una posible respuesta a la violencia impune ejercida por el Estado y un Sistema cada día más inhumanos (otra respuesta posible es aquella que hace que la ciudadanía, atemorizada y menospreciada, sea susceptible a la manipulación, aun peor, de los populismos de extrema derecha). Y hay que decirlo con claridad, demasiados políticos parecen haber desarrollado hoy en día una inhumanidad perversamente narcisista.

El problema es de tal magnitud, que la general desafección política de la ciudadanía hacia sus políticos y partidos es olímpicamente ignorada por estos, así como por los representantes de los distintos poderes de Estado, por no decir el papel que los bancos y las grandes corporaciones (en España léase el IBEX35) juegan sosteniéndose mutuamente en sus intereses, para seguir con sus discursos falsos, mediocres y pobres, con sus miserables rencillas, sus patéticas luchas de poder, sus ambiciones personales y manipulaciones y el uso de pos-verdades de dimensiones indecentes y grotescas que arrollan a la ciudadanía a la que dicen representar. Conscientes del amparo del Estado y del Sistema, los políticos y demás personajes "de la corte", ya no solo no ejercen la menor autocrítica, sino que, en una especie de cinismo carente de todo sentido ético, parecen reafirmarse en que, nos guste o no, hay que aguantarles y tragarlos como son, como UN MAL NECESARIO (?).


[2] Lacan, Jacques. La agresividad en psicoanálisis. Escritos I, Siglo XXI Editores, pág. 102
[3] Ver nota anterior, pág. 107
[4] Gallo, Hector. Violencia y agresividad. Bitácora Lacaniana Revista electrónica de la Nueva Escuela Lacaniana (Medellín)
[5] Ver nota anterior

domingo, 8 de mayo de 2016

EL EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD (The Stanford Prison Experiment, Kyle P. Alvárez, 2015): Intención agresiva y poder.


El experimento de la Prisión de Stanford (The Stanford Prison experiment, Kyle Patrick Alvárez 2015)  es el tercer intento de llevar al cine el famoso experimento llevado a cabo por Philip Zimbardo y sus colaboradores en 1971. Basado en su libro El efecto Lucifer, es la más  fiel adaptación de los hechos sucedidos, todo y algunas libertades que el director se toma en ciertos sentidos. Subvencionado por la armada de los Estados Unidos, que buscaba una explicación a los conflictos en su sistema de prisiones y en el Cuerpo de Marines, Zimbardo seleccionó con sus colaboradores un grupo de veinticuatro voluntarios de setenta que respondieron a un anuncio en la prensa. Todos eran jóvenes estudiantes universitarios, mayoritariamente blancos, de clase media y estables psicológicamente. Fueron divididos aleatoriamente en "guardias" y "prisioneros", y durante dos semanas simularían su relación en una improvisada "prisión" situada en los sótanos de la Universidad de Stanford. Recibirían 15 dólares diarios (el equivalente a unos noventa dólares de la actualidad) por su participación en el experimento. Anteriormente se habían realizado dos adaptaciones muy libres. La primera, Das Experiment, del director alemán Olivier Hirschbiegel (director de la muy interesante "El hundimiento" -2006- y de la reciente "Trece minutos para matar a Hitler" -2015-) y que, de hecho, está  basada en el libro de Mario Giordano "The black box" - La caja negra - que, a su vez, se inspira en el experimento de la prisión de Stanford (EPS a partir de ahora). En el 2010 se realizó un remake de esta película, The experiment, dirigida por Paul Scheuring y protagonizada por Adrian Brody y Forest Whitaker, y que adolece de parecidos problemas a la anterior por la dramatización excesiva para hacerla más atractiva en términos de cine comercial.

Círculo IV de M. C. Escher
Philip Zimbardo escribió bastantes años después un libro en el que describe y analiza los resultados del experimento - del que él mismo forma parte - y lo extrapola a distintas situaciones. Especialmente impactante es el análisis que realiza de los abusos sufridos por los prisioneros en la cárcel de Abu Ghraib en Irak de la que todos recordamos sus imágenes escandalizadoras. La lectura de El Efecto Lucifer me afectó profundamente por como nos muestra los límites a los que puede llegar el ser humano cuando pierde las referencias, por lo cual lo considero un libro fundamental en el análisis de la naturaleza del mal y una lectura necesaria para todos para aprender a manejarnos ante las influencias situacionales que Zimbardo trata en su estudio. En una de sus primera páginas escribe acerca del grabado "Círculo IV" de M.C. Escher: "En la imagen de Escher se plasman tres verdades psicológicas. La primera es que el mundo está lleno de bondad y de maldad: lo ha estado, lo está y siempre lo estará. La segunda es que la barrera entre el bien y el mal es permeable y nebulosa. Y la tercera es que los ángeles pueden convertirse en demonios, y algo que quizá es más difícil de imaginar, que los demonios pueden convertirse en ángeles" [1] ¿Qué ocurrió en el EPS para que tuviera que interrumpirse en el sexto día y que se descontrolara tan rápidamente y que muchos de sus participantes acabaran aquejados de graves desórdenes emocionales? Zimbardo, como previamente lo había hecho Stanley Milgram con sus experimentos (1961) sobre el poder destructor de la obediencia, parecen abundar en el concepto de "la banalidad del mal" que, a raíz del juicio de Eichmann (1961), nos propuso la filósofa Hannah Arendt (pulsa aquí para ver comentario de la película en este blog) y que nos dice que algunos individuos actúan dentro de las reglas  del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos. No se preocupan por las consecuencias de estos sino sólo por el cumplimiento de las órdenes. La tortura, la ejecución de seres humanos o la práctica de "actos malvados" no son considerados a partir de sus efectos o de su resultado final, con tal que las órdenes para ejecutarlos provengan de estamentos superiores.


I. DISPOSICIÓN VS. SITUACIÓN. LA CONSIDERACIÓN SISTÉMICA.

Philip Zimbardo
Esta entrada nos permitirá reflexionar sobre la contraposición que hace Zimbardo sobre si la naturaleza del mal cabe contemplarla desde la "disposición" interna del ser humano (lo que podríamos llamar como un enfoque desde la psicología clínica), o bien si son los efectos del entorno aquellos que conforman una situación cuyas condiciones pueden determinar un cierto tipo de reacción o conducta inusual (es decir, un enfoque más propio de la sociología o de la psicología social). Dice en este sentido Zimbardo:

¿Qué condiciones pueden contribuir a determinadas reacciones? ¿Qué circunstancias pueden generar una conducta? ¿Qué aspecto tiene la situación desde el punto de vista de quienes se encuentran en ella? Los psicólogos sociales nos preguntamos en qué medida los actos de una persona se pueden deber a factores externos a ella, a variables situacionales y a procesos propios de un entorno o un marco dado. [2]

En realidad, y como suelen ser siempre las cosas, la razón se halla en los dos lados y, sin lugar a dudas, hay que buscar la respuesta en la polaridad que constituyen lo individual y lo social y, en todo caso, contemplarlos desde la realidad sistémica en la que se dan. En un momento de la historia donde la especialización es cada vez más profunda, las respuestas multidisciplinares son cada vez más esenciales. Visto desde esta perspectiva el experimento de la cárcel de Stanford nos lleva a plantearnos tres preguntas esenciales:

1. ¿Quién crea las condiciones de un sistema?
2. ¿Qué situación determinan estas condiciones?
3. ¿Qué dimensiones psíquicas individuales ponen en marcha estas condiciones?

Intentaré responder a cada una de ellas para llegar a una respuesta conjunta final pero partiendo justamente en el orden inverso a como he formulado las tres preguntas esenciales.

II. LA DISPOSICIÓN PATOLÓGICA: ¿NORMAL O NORMATIZADO? SOBRE LA INTENCIÓN AGRESIVA.

Quizá la única objeción que le planteo a las tesis de Zimbardo parte de que tiene una concepción de los factores disposicionales esencialmente clínica, es decir, una concepción clásica de la patología proveniente de la visión de la psicología clínica y de la psiquiatría. Esto conlleva también a que su utilización del concepto "normal" se torne en un concepto determinado por el abordaje clínico clásico de la patología. Pero como ya apunté en la entrada de esté blog dedicado a Hannah Arendt y a la banalidad del mal al tratar el caso Eichmann (pulsa aquí para ver comentario de la película en este blog) el concepto "normal" es un concepto ambiguo y discutible en muchos sentidos, como ya nos muestra el concepto de las "neurosis de carácter" del psicoanálisis que nos hablan de un concepto de neurosis asintomático y más relacionado con los rasgos de carácter. Distintos modelos terapéuticos ven la neurosis como un tema de grado y más allá de lo sintomático (psicologías humanistas, psicoterapia junguiana, psicoterapia psicoanalítica, etc). Algo que se pone de relieve con la "banalidad del mal" propuesto por Hannah Arendt es que es necesario introducir una substancial diferencia entre los conceptos de "normal" y "normatizado". Decía en la entrada dedicada a Hannah Arendt un tema que me parece crucial y es que, desde las perspectivas socio-político-económicas, el individuo "normal" lo es en la medida en que no es una excepción. Hay una disolución del yo en el nosotros. Dice Hannah Arendt de Eichmann:

Cuando pensamos en un criminal, pensamos en una persona con motivaciones criminales. Y si obervamos a Eichmann, vemos que no las tiene, no al menos lo que se suele entender como tal. Él quería estar de acuerdo con los demás, poder decir nosotros, y ese modo de estar de acuerdo con el resto y querer formar parte de nosotros fue suficiente para hacer posible el mayor de los crímenes. [3]

Quisiera poner énfasis en esa frase de Arendt: "no al menos lo que se suele entender como tal". Esas palabras ponen énfasis en lo dicho anteriormente. ¿Se puede circunscribir como patológico aquello que la patología describe? Para profundizar en las palabras de Arendt quisiera enunciar algo que está en el núcleo del ser humano si aceptamos de diferencia entre "normal" y "normatizado": la normatización se construye sobre la represión de la agresividad, cuya base ya se halla en la configuración de la estructura psíquica a partir de la represión primaria que, después de la fase edípica, instaurará el superyó. En un interesante escrito de Lacan, "La agresividad en psicoanálisis" (1948), nos cuenta que el resultado de esta represión de la agresividad deriva en lo que llama presión intencional o intención agresiva y de la que nos dice: "Esta agresividad se ejerce ciertamente dentro de constricciones reales. Pero sabemos por experiencia que no es menos eficaz por la vía de la expresividad" [4]. Y acerca de la "eficiencia" de esta intención agresiva añade: "La eficacia propia de esta intención agresiva es manifiesta: la comprobamos corrientemente en la acción formadora de un individuo sobre las personas de su dependencia: la agresividad intencional roe, mina, disgrega, castra; conduce a la muerte" [5]. Esta intención agresiva anida en el interior de todo ser humano y constituye su "núcleo psicopatológico". Por lo tanto y, en cierta medida, en todo ser humano anida potencialmente una disposición al mal.

Dice Lacan que este tipo de agresividad se ejerce dentro de constricciones reales. La pregunta es qué ocurre si ese campo de constricciones se flexibiliza o, lisa y llanamente, desaparece o, incluso, sus valores se invierten. Y es aquí donde, indudablemente, los criterios situacionales y sistémicos propuestos por Zimbardo adquieren un peso determinante, pues es cierto que bajo ciertas situaciones creadas por determinados sistemas (entiéndase ideologías, poderes), esta potencialidad para el mal puede liberarse y liberarse, en consecuencia, más allá de sus límites expresivos adquiriendo una virulencia más peligrosa en sus efectos de "roer, minar, disgregar, castrar; conducir a la muerte". Esto es lo que observamos en el personaje del guardia Berus (Justus Von Donhányi) en la película de Hirschbiegel o del guardia Barris (Forest Whitaker) en el remake de Paul Scheuring y que tienen su correlato -sin llegar a los excesos físicos de estas dos películas - en el EPS con las acciones llevadas a cabo, por ejemplo, por Hellman, el joven guardia de dieciocho años al que apodaron "John Wayne" y que desarrolló una actitud más psicológicamente violenta hacia los prisioneros.

John Wayne. El guardia Hellmann. Pelicula EPS
Por lo tanto, la pregunta que reformulamos de Zimbardo es qué ocurrió en la situación para que esta potencial disposición al mal se liberara como lo hizo en cuestión de horas y se agudizara con el paso de cada día.

III. ACERCA DE LAS DISPOSICIONES SISTÉMICAS.

O dicho de otra manera... ¿Qué condiciones creó el sistema para que se diera la situación que se dio? Dice Zimbardo al respecto de las disposiciones sistémicas que:

... son las "élites de poder" que con frecuencia actúa entre bastidores; son los que organizan en gran medida las condiciones de nuestra vida y nos obligan a dedicar nuestro tiempo a los marcos institucionales que construyen. [6]

¿Cómo organizador del experimento Zimbardo y sus colaboradores qué espacio situacional crean para el experimento en cuestión, es decir, como lo normatiza? El experimento debía durar dos semanas, y para crear la simulación de una prisión, con los límites lógicos de una simulación, se determinan algunas claves: en primer lugar se propone la creación de la uniformidad, es decir, la desindividualización. Para ello todos los prisioneros se identifican con un número y llevan el mismo atuendo: una bata blanca, una especie de media en la cabeza y unas chanclas como calzado. Los guardias llevan uniforme y unas gafas reflectantes que impiden ver los ojos. Otro elemento son las reglas que determinarán la vida carcelaria, y finalmente unas vagas instrucciones dadas por Zimbardo a los guardias y que dicen: "No podremos maltratarlos ni torturarlos fisicamente [...] pero podemos crear aburrimiento. Podemos crearles una sensación de frustración. Hasta cierto punto, podemos hacer que sientan miedo. Les podemos hacer sentir que su vida está gobernada por la arbitrariedad, que están bajo control del sistema, es decir, de vosotros, de mi [...] No tendrán intimidad, estarán bajo constante vigilancia: no pasará inadvertido nada de lo que hagan. No tendrán libertad de acción. No podrán hacer ni decir nada que no les dejemos hacer. Vamos a despojarles de su individualidad de varias maneras [...] Se verán en una situación donde nosotros tenemos todo el poder y ellos no tienen nada. [7]

La despersonalización.
En tres palabras: uniformidad, poder y vaguedad de las normas. Así lo reconoció Zimbardo al contemplar los resultados del experimento. Si tomamos al Sistema (recordemos, ideología o poder) como un motor que "pone en marcha situaciones que crean contextos conductuales, unos contextos que influyen en la actuación de quienes se hallan bajo su control" no nos extrañará que los efectos de una prisión simulada cuyo sistema (Zimbardo y colaboradores) genera unos contextos situacionales basados en la uniformidad, la ostentación del poder y la vaguedad de las reglas de comportamiento y acción de los guardias, el resultado sea la de una constante y progresiva deshumanización. Estas características afectaron a parte de los sujetos experimentales a los propios experimentadores. Como reconoce Zimbardo, el primer error lo cometió él mismo al ponerse como "alcaide" de la prisión a la vez que seguir como director de investigación (curiosa duplicidad). Era cuestión de tiempo que las fronteras que dividen ambos roles se tornaran borrosas, y así observamos como Zimbardo pone su rol de poder como alcaide al servicio de sus intereses como científico (como el dice, el alcaide debía ser supervisado por el científico, no solaparse). Su obsesión por el experimento y los resultados que ofrece le hacen perder de vista la situación humana que se está gestando entre los sujetos experimentales: el experimento está por encima de sus consecuencias humanas. Es curioso ver en algunas fotos o fotogramas al propio Zimbardo entrevistando a los "presos" tras las gafas reflectantes en las que se hace patente esta solapación de roles en las que, indudablemente su capacidad de juicio queda suspendida por el propio rol de "alcaide".

Phil Zimbardo entrevistando a los "presos". (Imagen real)
También es curioso, en este sentido, como Zimbardo parece ser absorbido por su objeto de investigación de manera parecida a lo que el guardia Hellman argumentó para justificar su violento comportamiento: "Sin ningún género de duda, fue más que un experimento. En mi papel de oficial de prisiones tuve la oportunidad de llevar hasta el límite la capacidad de aguante de la gente. No fue agradable, pero me vi obligado a hacerlo por la fascinación que me provocaba probar sus reacciones. En muchas ocasiones hacía experimentos por mi cuenta" [8]. Me parece muy interesante la frase "me vi obligado a hacerlo por la fascinación que me provocaba probar sus reacciones". Es un excelente ejemplo del proceso de deshumanización.

IV. ACERCA DE LA SITUACIÓN.

Imagen real del EPS
Un sistema que genera una situación basada en la uniformidad (desindividualización y disolución en el grupo lo que favorece la sensación de anonimato) y en la división de guardias (poder) y presos (sometidos) con unas reglas de comportamiento vagas para la acción de los primeros para someter a los segundos tuvo varias consecuencias en el comportamiento de los sujetos de experimentación. Veamos:

1. La identificación con el rol. Uno de los aspectos que me parece destacable del EPS es la rápidez con la que se produce la identificación con el rol que lleva a los guardias a actuar como tales y a los presos a actuar cada vez más como víctimas. Asistimos estupefactos a lo que ocurre cuando una situación otorga "poder" a unos cuantos para someter a otros con unos límites poco precisos en el ejercicio de este poder. Desde mi punto de vista asistimos, a través de esa identificación con el rol, a la liberación de la "intención agresiva" que se transforma en una violencia destructora, o como diría Jung, la identificación con el rol favorece, en este caso, la identificación del yo con la propia sombra. Es en esta dimensión, y en el EPS como experimento, o en sucesos reales - mucho más maléficos - como los que ocurren con la esclavitud, en los genocidios (el holocausto, el genocidio armenio, Ruanda, los conflictos de la ex-yugoslavia, el conflicto palestino-israelí) o en situaciones de guerra (Vietnam, Irak, etc), lo que nos permite comprender aquello que dice Jung de la experimentación de la sombra como maldad absoluta: "mirar cara a cara la maldad absoluta supone una experiencia tan infrecuente como perturbadora" [9]. Zimbardo lo define de manera parecida cuando dice que la identificación con el rol permite una oscilación polar que migra de lo apolíneo al extremo más dionisíaco en su dimensión más destructiva.

La desnudez utilizada como humillación. Película  EPS

De la misma manera asistimos con sorpresa a la asunción de los castigos y vejaciones por parte de los presos - en una identificación total con el rol de preso - cuando, tratándose de un experimento, y tal y como el contrato indicaba, podían solicitar salir de él cuando quisieran. Más allá del dinero que había a ganar, las entrevistas registran que la identificación con el rol de reo era tal que se perdía de vista esta perspectiva de poder salir cuando quisieran en varios de los presos.

Imagen real del EPS
2. Deshumanización y desconexión moral. En cuestión de seis días asistimos progresivamente al descenso al Corazón de las tinieblas que nos recuerda la historia de Joseph Conrad y el Coronel Kurtz que F. F. Coppoda llevó al cine en Apocalypse Now (pulsa aquí para ver comentario de esta película en este blog) con la guerra de Vietnam como escenario. Después de un intento de revuelta de los presos, asistimos a como los guardias van a tomar su rol como una manera de imponer orden a través de la amenaza, la vejación, la humillación y de diversas "técnicas" que implican la desmoralización y el desánimo de los presos. Es decir, liberada la "intención agresiva" apoyada por el poder otorgado, la desindividualización y la ambiguedad de las reglas del sistema amplifica aquellos efectos que Lacan definía: "roe, mina, disgrega, castra; conduce a la muerte". Como reconoce el mismo Zimbardo: "Mientras yo me centraba en la cuestión abstracta del poder de la situación conductual y el poder de la disposición individual, había pasado por alto el poder mucho mayor del Sistema que yo había ayudado a crear y mantener" [10]. La ceguera que el propio Zimbardo desarrolló desde la descarga de su propia "intención agresiva" como alcaide de la prisión y la ceguera que también desarrollo como director de la investigación conllevaron que los guardias no tuvieran límite (liberación de la intención agresiva) en su acción cada vez más violenta, tanto en los que la desarrollaban como los que se mantenían más al margen (la pasividad no esta exenta de responsabilidad). El resultado de todo este proceso de deshumanización llevó a la aplicación de prácticas cada vez más humillantes y sádicas: humillación y degradación personal, humillación y degradación sexual, privación del sueño, aislamiento, sobrecarga emocional.

Imagen película EPS

V. DEL EXPERIMENTO A LA REALIDAD: LA MANIPULACIÓN DEL SISTEMA.

La foto emblemática de las torturas de Abu Ghraib
Uno de los aspectos que resulta más aterrador del trabajo de Zimbardo en el Efecto Lucifer es el análisis que hace de las torturas que se dieron a conocer de las cárceles de Abu Ghraib y Camp Bucca (también de Guantánamo) en Irak al haber participado en los juicios contra los soldados de Abu Ghraib que cometieron los actos de tortura ya de todos conocidos. Precisamente de sus investigaciones y del estudio de las investigaciones precedentes (especialmente del informe realizado por el general Antonio Tabuga - pulsa aquí para ver informe - ) ponen de relieve la gran manipulación del sistema (el poder o la jerarquía militar o de la CIA) al atribuir esos hechos sólo a los factores disposicionales de los soldados, así como su posible inspiración en el mismo EPS - como sospechan algunos, y el mismo Zambardo -. Sin que ello obvie la responsabilidad de estos soldados en los hechos atroces que cometieron, ellos también se transforman en el chivo expiatorio de algo que posteriormente se confirmó que sólo fue la punta del iceberg de la dejadez y la ambiguedad con las que los mandos militares dejaron a los soldados en una situación de alto stress y a la presión por la participación de los miembros de la CIA que llevaban a cabo las torturas en la cárcel. En el juicio se obviaron absolutamente los factores situacionales creados por la cúpula militar y de los servicios de inteligencia sobre esos soldados. Los descubrimientos posteriores sobre la implicación de estos últimos acabó simplemente con el retiro anticipado de algunos mandos (el general Ricardo Sánchez o la general Jarnice Karpinski) o penas leves, o simples amonestaciones, a la oficialidad implicada. Evidentemente, de los participantes de la CIA ni palabra. Por el contrario, los soldados implicados fueron condenados a años de prisión. Zimbardo repasa otros casos (Vietnam, Afganistán), y siempre nos tropezamos con la misma respuesta: responsabilización a soldados apoyándose en los factores disposicionales obviándose cualquier responsabilidad en la creación de la situación por parte del sistema.

Finalmente, Zimbardo pasa de la guerra a la manipulación sistémica de los poderes políticos sobre los ciudadanos, es decir, de la creación de climas situacionales con el objetivo de justificar acciones socio-político-económicas, acciones militares o simplemente recuperar popularidad. Y es importante, como Zimbardo indica, resaltar en ese aspecto "el poder del miedo" - recordemos los trabajos del sociólogo Zygmunt Bauman sobre "el miedo líquido"-. Asistimos cada vez más hoy al conflicto establecido entra las libertades y la seguridad, y todos sabemos que tras los climas de miedo creados por el terrorismo, por poner un ejemplo, los Estados quieren aprovechar la inflación de la seguridad para crear sistemas de control y de vigilancia dirigidos a reducir las libertades civiles.

VI. LA REVOLUCIÓN DE LA CONSCIENCIA.

Obviamente, y para enfrentarnos a las manipulaciones sistémicas y las situaciones que pretende crear sólo disponemos de nuestra consciencia. Phil Zimbardo enumera diez características para enfrentarse al clima situacional creado por los poderes del sistema. No es éste el lugar para desarrollar el tema (podéis consultar el libro de Zimbardo al respecto - el capítulo 16 - o su página http://www.lucifereffect.com), pero si enumeraré los criterios que recomienda y que no son más que aquellos que hacen que un ser humano devenga más consciente de sí mismo y de su entorno y tome su responsabilidad:

1. Ser capaz de reconocer los propios errores.
2. Estar atento en relación a cómo funcionamos en  nuestra vida cotidiana. En este sentido es interesante la entrada que dediqué a "Delitos y faltas: Woody Allen, el humor y la violencia cotidiana" - pulsa aquí para ver entrada -.
3. Ser responsable.
4. Afirmar la identidad personal.
5. Respetar la autoridad justa pero revelarse contra la injusta.
6. Desear ser aceptado, pero valorar la propia independencia.
7. Estar más atento a las formulaciones. Dedicar tiempo a reflexionar sobre como se plantean ciertas ideas o conceptos, sobre su solidez y fundamentos, más allá de los criterios seductores que las fundamentan.
8. Equilibrar la propia perspectiva del tiempo, es decir, no precipitarse perdiendo de vista de donde venimos y a dónde vamos. Nada hay más peligroso que un aquí y ahora exento de responsabilidad.
9. No sacrificar libertades civiles por la ilusión de seguridad.
10. Puedo oponerme a sistemas injustos.

Ante el aluvión de mensajes políticos y socio-económicos que hoy en día intentan justificar el intervencionismo sobre las libertades civiles, sobre la necesidad de reducir el estado de bienestar, sobre la cultura que justifica la desigualdad social, sobre el cambio climático, sobre las barbaridades que justifican no tener en cuenta a los más necesitados, a los inmigrantes. etc. etc. es hoy necesaria una nueva revolución no basada en más ideologías - al final más de los mismo, lo vemos continuamente con los partidos políticos - sino en un activismo social sustentado en la claridad de la consciencia.

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[1] Zimbardo, Philip. El efecto Lucifer. El porqué de la maldad. Paidós, pág. 23
[2] Ídem anterior, pág. 29
[3] Arendt, Hannah. La última entrevista y otras conversaciones. Página indómita, pág. 54
[4] Lacan, Jacques. Escritos I. La agresividad en psicoanálisis. Siglo XXI, pág. 97
[5] Ídem anterior, pág. 97
[6] Ver nota 1, pág. 32
[7] Ver nota 1, págs. 92 y 93
[8] Ver nota 1, pág. 267
[9] Jung, C. G. Aion. Contribuciones al simbolismo del sí mismo. OC
[10] Ver nota 1, pág. 250