AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

miércoles, 3 de agosto de 2011

VIAJE ALUCINANTE AL FONDO DE LA MENTE (ALTERED STATES)

UNA REFLEXIÓN SOBRE LA PULSIÓN, EL DESEO Y EL AMOR.



1. ALTERED STATES [1] Y LA COSA .

Este film dirigido por Ken Rusell, con guión no reconocido del propio autor de la novela (Paddy Chayefsky), nos presenta a un científico en el papel de nuevo Fausto. Eddie Jessup (interpretado por William Hurt) es un neurofisiólogo interesado por los estados alterados de conciencia. La película se inicia con su imagen sumergida dentro de un tanque de aislamiento donde experimenta las consecuencias de la privación sensorial. Partiendo de su experiencia personal, el Dr. Jessup (quién también trabaja con esquizofrénicos, fascinado con que sus alucinaciones se relacionen con aspectos parecidos a los de la experiencia mística y religiosa) presenta el perfil del hombre obsesionado en su búsqueda, el hombre dominado por un deseo de absoluto. Ese deseo le lleva a romper de manera momentánea su matrimonio con la enamorada, entregada, aunque un tanto salvadora de almas atormentadas, Emily (Blair Brown), tras ocho años de lo que, en pocas palabras, considera un largo período de esterilidad. Son claras sus palabras al responder a su amigo, y colaborador en las investigaciones del tanque de aislamiento, Arthur Rosenberg (Bob Balaban), tras la incomprensión de éste y su cántico de cómo puede renunciar a una esposa que lo adora, una fantástica familia, al reconocimiento académico, etc.

Que desilusión, sólo ves eso en mi… Una figura respetada y admirada, un padre atento, un amante esposo. He publicado una media de dos trabajos al año en los últimos siete años, y no hay  uno que suponga un hallazgo útil. Discurren los días comentando con otros matrimonios de lo terrible de la masturbación infantil, de quién debería ser jefe de departamento, de quién se juega la carrera por nada… A Emily le satisface esta vida… Con estar enamorada le basta. Lo que es ni más ni menos el dolor absurdo que nos inflingimos el uno al otro que el que nos inflingiríamos a nosotros mismos. A mi no me asusta el dolor en solitario… Es más, si no me libro pronto de este ridículo ritual hogareño acabaré loco, en un manicomio. Contesta esto a tu pregunta…
 
Horas más tarde, en una fiesta, y ante la mirada triste y preocupada de Emily, Eddie, eso sí, un tanto bajo la influencia etílica, manifiesta el objetivo de su búsqueda, su deseo de absoluto:

Lo que dignifica la práctica del yoga es que el sistema de creencias no es religioso… No hay un dios budista per se. Es el yo, la mente individual lo que lleva la inmortalidad… la suprema verdad.


Hoy sabemos donde está el yo. Está en nuestra mente, es una forma de energía humana… Nuestros átomos tienen seis mil millones de años… La memoria es energía, sigue estando ahí, existe un camino fisiológico que conduce a nuestras consciencias anteriores… Tiene que haberlo y está en ese maldito sistema límbico…


¿Es una chifladura que un hombre busque su auténtico yo? ¿Hay algo más arquetípicamente americano? Todo el mundo está buscando su identidad. Todos tratamos de satisfacernos, de establecer contacto con nosotros mismos, de enfrentarnos con nuestra realidad, de explorarnos, de expandir nuestro yo. Y cuando prescindimos de dios no nos queda más que nosotros mismos para explicar este horror que es la vida…



Por tanto, creo que el yo auténtico, el yo original, el verdadero yo es algo real, que se puede medir y cuantificar, tangible y encarnado… Y no pararé hasta encontrarlo.

Y es a partir de esta declaración cuando se inicia la odisea de nuestro héroe faústico. El yo se establece aquí, como veremos, en el objeto sobre el que La Cosa es proyectada… Yo auténtico, yo original, verdadero yo… El hombre en busca de sus orígenes primordiales [2] como respuesta a “este horror que es la vida”. Viaja a México en busca de unos hongos alucinógenos que unos indios utilizan en sus rituales… La motivación es la misma. El Dr. Echevarría le dice al respecto de la utilización de estos hongos:

Los indios dicen que excita la memoria. Evoca ancestrales recuerdos… Los indios la llaman la primera flor
¿La primera en el sentido de primordial? – pregunta Eddie –.
Si, en el sentido de la más antigua – responde Echevarría –

Una vez se confirma que los indios le dejarán participar en la ceremonia, Eddie quiere saber que tipo de experiencia le aguarda. El Brujo de la tribu le responde en términos crípticos:

Su alma regresará a su primera alma… Es la materia increada. Entonces usted se lanzará en el vacío. Usted verá una mancha. La mancha se convertirá en una grieta. Esta es la grieta de la nada. De esa nada saldrá su alma increada.

Continúa inmediatamente el film con una imagen memorable. Una grieta en la montaña, la luz a través de la grieta y a su alrededor la oscuridad, y desde esa luz, penetrando en la oscuridad a través de la grieta las sombras de Eddie, Echevarría y el Brujo. 

 Entrada en la gruta

A partir de aquí se desarrolla la ceremonia – con algunos toques castanédicos - y sigue el viaje alucinante de Eddie tras tomar el hongo. Después de la experiencia – perturbada por la supuesta voracidad de Eddie al destripar un lagarto de gran tamaño, que él considera manipulación de los indios hacia el turista americano -, toma muestras de la preparación y reinicia sus experimentos en los tanques de aislamiento, ahora tomando la sustancia alucinógena. El tipo de alucinación nos muestra alucinaciones de tiempos remotos, unidos también a contenidos de tipo simbólico-religioso de tonos apocalípticos. En ese momento Eddie dice algo importante:

… durante esos períodos de pérdida de conocimiento se siente una especie de enorme aceleración como si te lanzarán a través de quince millones de años. El tiempo apenas existe. Ves que la alucinación continúa, pero no ves imágenes. Yo quiero atravesar esa misteriosa barrera. Necesito ver esas imágenes que están ahí sin duda, pero que no veo…

Indicar aquí que, tanto en el comentario del Brujo, como en los comentarios de Eddie sobre sus experiencias, aparece el concepto de barrera, de límite, en el mismo sentido que la grieta también lo es en la explicación del Brujo. El Brujo habla de la grieta de la nada, Eddie de una misteriosa barrera en la que no ves imágenes.

El film prosigue con la inclusión de un elemento sorprendente… A la regresión alucinatoria que se va produciendo en el tiempo se empiezan a añadir regresiones reales de tipo somático… Eddie, en una primera transformación, registra modificaciones morfológicas propias de los primates, y este proceso llega a su clímax cuando en una de sus experiencias en el tanque se transforma en un homínido primitivo… Después de una larga aventura en la noche que finaliza en un zoo, y más tarde, ya como Eddie, en una comisaría, es liberado por Mason – el amigo crítico y escéptico, el científico “institucional” - y Emily. Más tarde le habla a ella de lo que juzga como una especie de reinserción en una consciencia primitiva. Sin embargo, y por causas que se comentarán más adelante, son importantes sus siguientes palabras:

Era un ser primitivo. Tan sólo me guiaba el instinto de supervivencia, de superar la noche. Comer… beber… dormir… Fueron los momentos más satisfactorios de mi vida.

Esa escena me emocionó especialmente cuando la vi. Hacía cuestión de un año había escrito una poesía en ese mismo sentido. Hay en la expresión de Eddie ese sufrimiento del hombre que parece que no puede conformarse con la vida, el hombre al que le falta algo de la vida, o que presiente que a él le falta algo que hace que la vida sea insuficiente. El descanso si todo pudiera ser tan simple como cuando fue un sencillo pre-homínido.

Y volviendo al film, todo y con la oposición de todos, al final logra convencerles para que le ayuden a realizar una última experiencia (Arthur, Emily, e incluso al escéptico y crítico Dr. Mason). Es en esa experiencia [3] donde se produce la gran regresión. Más allá de los detalles espectaculares de su transformación, lo más espectacular, lo más sorprendente, y el momento en que Eddie parece más alucinado en todo el film, es cuando tras ser, ahora ya sí, salvado por Emily del agujero del tiempo, le dice:

No puedo decirte cuanto representas para mí. Cuanto os necesito a ti y a las niñas. Tú me has salvado, me has sacado del pozo en que estaba, Emily. Había llegado a ese supremo momento de terror que es el comienzo de la vida, es la nada… Así de espantoso, la nada. La verdad final de todo es que no hay verdad final, la verdad es lo transitorio, la vida humana es lo único real. No quiero asustarte Emily, pero lo que estoy tratando de decirte es que ese momento de terror, es un horror real y vivo que vive y crece dentro de mí, y lo único que le impide devorarme eres tú…
El final que sigue puede parecer poco claro y acaramelado, pero dentro de la reflexión que seguiré en estas páginas tiene su especial significado. Emily le pide que vuelva con ella y los niños, pero Eddie le responde que ya es demasiado tarde para él…

No creo que pueda liberarme ya de esto, ni puedo vivir con ello, el dolor es grande…

Tras esta frase se inicia una nueva transformación de Eddie que parece venir a devorarlo definitivamente. Emily se lanza hacia él, transformado ya en una masa amorfa de carne, pidiéndole que si realmente la ama desafíe esa fuerza – le pide un acto de entrega -, pero al tocarle ella – ella vuelve a sacrificarse -, ella misma es transformada (La Cosa también la engulle a ella) y es ella quién también empieza a ser consumida… Eddie, entonces si, lucha por el mismo, y sobretodo por ella, para salir del agujero. Lo logra y se acerca a Emily (una frágil forma humana colapsando) y con una ternura, un cuidado y un cariño del que en todo el film no es capaz la coge (la fuerza del amor) y ella retorna a su estado. La película acaba con ambos desnudos y abrazados.



2. LA PROYECCIÓN EN LA COSA Y LA FUNCIÓN DEL ESPEJO: su límite y el más allá.

La primera parte de la película nos presenta algo que Lacan ilustró en su Seminario VII, La ética del psicoanálisis, a través de una mayor profundización en el tema del “amor cortés”. Y menciono profundización porque aún ahora la idea general que se tiene del amor cortés tiene que ver con el tipo de amor espiritual que se proyectaba hacia una dama que se convertía en un amor inalcanzable, y por la que el caballero enamorado se entregaba a todo tipo de pruebas y aventuras… Pero, como enseñó Lacan, éste es tan sólo un fenómeno secundario del tema. Un fenómeno más ligado a la proyección narcisista y cuya función esencial es velar el elemento traumático inherente en él mismo… Y es así como se entiende la primera parte de la película. Eddie es el científico – como antes el caballero – en pos de su yo original – como antes la Dama -. Dejar la familia y su acomodada vida, el viaje a México y su participación en el ritual de toma de hongos alucinógenos, sus posteriores experiencias en el tanque de aislamiento tomando la droga en cuestión, su continua y cada vez mayor obsesión con el tema, son las pruebas que el moderno caballero está dispuesto a pasar en pos de su búsqueda de su moderna Dama, su yo original. El proceso de idealización se hace obvio en como Eddie habla del tema, en la ansiedad de su búsqueda. Aunque científico, su manera de hablar es más propia de un enamorado o de un místico. En ese proceso de idealización, la Dama en el amor cortes, o el yo original del científico ubicado en el sistema  límbico, no son sino espejos de la proyección narcisista, del deseo de completitud.

Ahora bien, la función del espejo no acaba aquí, la función del espejo se relaciona también con el límite.  Eddie habla de un punto al que se siente lanzado y a partir del cual las alucinaciones visuales se pierden, una barrera, un límite que no puede cruzar… Lacan nos habla de esa función del espejo como límite en los siguientes términos:

Es lo que no se puede franquear. Y la organización de la inaccesibilidad del objeto es realmente la única en la que participa. [4]

Y sobre este comentario de Lacan, me parece aun más interesante la reflexión interrogativa de Slavoj Zizek cuando añade:

¿de dónde viene esa superficie vacía, esa fría y neutra pantalla que abre el espacio para posibles proyecciones? Es decir, si los hombres han de proyectar en el espejo su narcisismo ideal, la muda superficie del espejo ya debe estar presente. Esta superficie funciona como un tipo de “agujero negro” en la realidad,  como un límite cuyo Más Allá es inaccesible. [5]

Ahora bien, la película nos habla de ese Más allá y de las personalidades que como Eddie lo traspasan. Se trasforman en una especie de destino trágico que arrastra, a través de su magnética aureola, no sólo a ellos mismos sino a quienes le rodean. Cuando Emily logra traer de regreso a Eddie, manifiesta en un momento de desesperación algo que define muy bien el efecto de ese tipo de personajes – como Edipo o Antígona - hechos, como dice Zizek, de la misma materia que la Cosa.

De todos los hombres del mundo he tenido que enamorarme de éste… No puedo olvidarle… Me vaya con quién me vaya a la cama, para que algo ocurra tengo que imaginarme que es él… Cuando como con un hombre o paseo con un hombre siento siempre el dolor de que no es él… ¡Me tiene poseída…!  ¡Es una locura…! ¡Yo le importo un comino…! ¡Yo nunca he sido real para él, nada de la condición humana ha sido real para él…! El ama sólo la verdad, la realidad para él es sólo lo que no cambia… ¡Lo inmutable, lo constante! ¡Lo que le ha ocurrido a Eddie esta noche es la idea que tiene del amor! ¡Es la consumación…! ¡Al fin encontró a Dios, al fin encontró el absoluto, al fin le sorprendió la verdad y maldita sea… casi lo destruye!

Hay un texto muy emotivo de Moby Dick que también se encuentra – con obvias modificaciones. en las dos versiones de cine que existen [6], en el cual otro representante del mundo pulsional, el Capitán Ahab, define muy bien ese sentimiento de posesión cuando instantes antes de ser nuevamente poseído para su lucha final con la ballena gigante, dice:

¡Qué es, que cosa sin nombre, inescrutable, sobrenatural; que amo y señor escondido y engañador me manda; para que contra todos los amores y deseos naturales; siga así empujándome, concentrándome, agolpándome, todo el tiempo, haciéndome estar implacablemente dispuesto a lo que no me atrevería en mi propio corazón natural. [7]

Y así es. ¿Qué implica para Eddie cruzar ese límite? ¿Acceder a ese Más Allá inaccesible? En realidad, más allá de ese límite, Eddie se encuentra con su yo original como la nada – algo que ya le había adelantado el brujo: Esta es la grieta de la nada. De esa nada saldrá su alma increada -. Pero no se trata de una simple nada, sino de una nada definida como un horror real que vive y crece dentro de mí, y que además… pretende devorarle. Esa es la nada narcisista que nos da una idea de La Cosa en su vinculación con el objeto perdido, la madre como madre devoradora en el sentido de retener el acceso a la identidad, de mantenerlo al niño como súbdito – y del papel que eso juega como fantasma masculino -. El otro lado del espejo es justamente ese horror.

… el terrorífico abismo de la Cosa que solo puede ser abordada en un acto heroico suicida de trasgresión, de exclusión de sí mismo de la comunidad simbólica – la Cosa es la materia de la que están hechos los héroes trágicos como Edipo o Antígona, su intensidad cegadora y letal que marca para siempre aquellos que penetran en su horizonte de aparición. [8]

El acceso a la Cosa se observa en Eddie a su vuelta del interior del agujero negro [9] en el que cae durante su experimento final y en el que, como decía, se observa el efecto de su encuentro en su expresión más alucinada que nunca, una expresión petrificada como sólo el horror lo hace, ese instante de parálisis ante la contemplación de ese horror… Coincide con la descripción de Zizek cuando dice del encuentro con la Cosa que:

… la mirada petrificadora de la medusa es la imagen definitiva del sujeto que se encuentra con la Cosa. [10]

Recordemos en ese sentido la mirada del protagonista de la película The Medusa Touch [11], un escritor llamado John Morlar (interpretado por Richard Burton) dotado, como el mismo dice, con el don de la catástrofe. Su mirada, una mirada siempre previa a dichas catástrofes, tiene esa cualidad petrificadora para quién la recibe… En una de las escenas, el inspector Brunel (Lino Ventura), que está encargado de averiguar el intento de asesinato que John ha sufrido – así se inicia la película -, dice acerca de esa mirada:

Puedo adivinar lo que ocurrió después… Mientras Morlar le miraba el juez se pudo pálido… y más tarde le ocurrió algo…

A lo que su interlocutor le responde:

En su habitación, una hora después de la vista, murió de un ataque el corazón… El forense no se explicaba la expresión de horror que había en su cara.

3. THE THING [12] Y EL MÁS ALLÁ DEL ESPEJO.

Haremos especial referencia en estás páginas al film dirigido por John Carpenter, a pesar del profundo aprecio que también siento por la antigua versión de Robert Nyby de la que la versión de Carpenter no puede considerarse un simple “remake”. De hecho es bastante más que un remake. The Thing nos aporta una buena aproximación de lo que aguarda más allá del límite del espejo: angustia, pérdida de identidad y muerte. Efectivamente, todo el film, desde el mismo principio, transcurre en un ambiente claustrofóbico y desagradable. La acción se sitúa en una estación antártica (por añadidura incomunicada con el exterior – en otro símil característico del agujero negro - al no detectar la radio señal alguna) en la que un grupo de doce hombres [13] se verán lanzados a una terrorífica experiencia tras la misteriosa llegada de un perro perseguido por un helicóptero noruego desde el cual alguien le dispara y le lanza granadas. Después de las primeras escaramuzas ya se intuye que el perro no es un simple perro. Como luego se descubre, se trata de un alien llegado hace miles de años en una nave (así se inicia la película) que se estrelló en las nieves y que los noruegos desenterraron del lugar donde yacía congelado, cerca también de donde se pueden ver los restos de la nave que los investigadores hallaron. Ese alien, que ha devastado el campamento noruego, tiene una especial peculiaridad: imita cualquier forma de vida a través del simple contacto con ella tras absorber, obviamente, la original – la pérdida de identidad -. Cuando Fuchs (interpretado por Joel Polis) le pide al protagonista, el piloto de helicóptero Mac MacReady (Kurt Rusell) que quiere hablar con él en secreto, le comunica los descubrimientos del Dr. Blair (Wilford Brimley) y el extraño comportamiento de éste:

A Blair le ocurre algo. Se ha encerrado en su cuarto y no abre la puerta… Así que tomé uno de sus cuadernos de laboratorio… Escucha… Pudo haber imitado a un millón de formas de vida en un millón de planetas distintos. Podría convertirse en uno de ellos en cualquier momento. Quiere formas de vida que imitar… Necesita estar a solas cerca de una forma de vida para absorberla. Ataca en la oscuridad. Aun hay actividad celular en estos restos, aun no están muertos.

Un momento después asistimos a la primera absorción, la de Bennings (Peter Maloney)… Tras perseguirlo e incinerarlo asistimos al progresivo deterioro de las relaciones basadas en “la posible copia” – que puede contaminar - y las correspondientes paranoias – obviamente no injustificadas en éste caso – y suspicacias entre los distintos miembros del grupo. Poco a poco, uno tras otro, los hombres van cayendo, hasta que Mac, tras múltiples peripecias, logra acabar con La Cosa a costa de destruir toda la estación. El film acaba mostrando, aislados entre los restos incendiados y los hielos, como se disponen a morir Mac junto al otro superviviente, Childs (Keith David),  tomándose una botella de whisky antes de congelarse bajo el frío antártico. Un final sorprendente que Carpenter prefirió ante la alternativa del final feliz – propuesta por los productores -, de MacReady rescatado, en un signo inconfundible de que atravesado el límite que pasa de la ausencia a la presencia de La Cosa ya no hay salida (como en el interior de un agujero negro).

Esta película constituye un buen ejemplo de ese más allá del espejo y nos proporciona una buena aproximación de La Cosa lacaniana.  El alien, La Cosa, es una incógnita durante toda la película. No se puede hablar de cuál es su forma original sino que aparece como un ente que se muestra como formas que son copias de otras. El alien, como en ningún otro caso que yo recuerde, se aparece al hombre como algo tan frío, distante e inhumano y, a la vez,  irrepresentable, –como La Cosa misma -. Obviamente se trata de un ente inteligente, la nave en la que se estrella es un ejemplo, pero en ningún momento podemos decir que haya posibilidad o intento de comunicación. En este sentido es patéticamente precisa la imagen de la versión de 1951 de Nyby y Hawks, cuando antes de electrocutar al monstruo estilo frankenstein creado para ese film, el gran científico, el Dr. Carrington (Robert Cornthwaite), ahora apóstol de la ciencia (al estilo del sacerdote que, como apóstol religioso, sucumbe con su crucifijo y su biblia ante las naves de La Guerra de los Mundos) se dirige a la criatura y le ruega:

Escucha, soy tu amigo. Mira, no tengo armas, soy tu amigo. Tú eres más inteligente que yo y debes comprender lo que intento decirte. No avances más. Quieren matarte. Ellos creen que vas a hacerme daño, pero yo quiero conocerte y quiero ayudarte. Puedes creerme, eres más inteligente que nadie de nosotros. Utiliza tu inteligencia, mírame y trata de comprender lo que te digo…

La respuesta es inmediata, rugido y manotazo que da con el doctor por los suelos. En ese aspecto La Cosa tan sólo quiere destruir, absorber la vida… Traspasar el límite de la cosa, el horizonte singular del agujero negro es, como dice Zizek [14] pasar del vacío, el agujero, la ausencia que la delimita a la posibilidad de hacerse presente como lo real y provocar el horror psicótico que es el colapso del espacio simbólico. El espacio paranoico, ese horror de quién es quién, de qué es qué creado en La Cosa de Carpenter es un preciso ejemplo de ello: el otro lado del espejo. El mismo Carpenter, en el comentario a su película, nos lo dice, y bien claro:

Hay algo inevitablemente negro en esta película. Al principio uno ve un helicóptero que persigue a un perro, y ya se me aparece como el fin del mundo. Y esto es lo que es. Es una película apocalíptica. Es la primera de las tres películas en las cuales he trabajado sobre un tema apocalíptico. Es el fin del mundo y éste no viene de las bombas. Éste viene del interior. Éste es el tono del film desde el principio al fin y, ante esto, no hay nada que hacer, pues esto llega. La Cosa es una metáfora a través de la cual nos podemos expresar. La enfermedad, quizá el SIDA o lo que uno quiera, viene del interior. Fundamentalmente también representa la falta de confianza en el mundo de hoy. Uno lo ve a su alrededor. Los países, las gentes no se tienen confianza. Las personas que hemos creído leales, quizá nuestros seres queridos, pueden volverse contra nosotros. Esto es lo que es La Cosa. Se enfatizan ciertas verdades bajo la forma de película de horror.

Carpenter, con esta película, logra una metáfora que yo utilizo ahora para exponer la diferencia que hay entre La Cosa como ausencia, o La Cosa como presencia. La diferencia entre estar a un lado u el otro del horizonte singular del agujero negro.

4. ALTERED STATES Y THE TING: LA PULSIÓN Y LA COSA.

Altered States nos muestra con Eddie el ejemplo del hombre dominado por la pulsión, el hombre que se orienta hasta el final a partir de una búsqueda que se establece a través de un objeto al que hace depositario de La Cosa. Es el hombre que persiste y persiste alrededor de ese objeto buscando el secreto que le de acceso a ella – que le permita traspasar el límite -. Para Eddie La Cosa es ese yo original, ese yo verdadero, y el estado alterado de conciencia la herramienta para desvelar el secreto que le puede permitir su acceso. Esa búsqueda de completitud – su narcisismo - se observa cuando Eddie, al comentar sus experimentos con Emily, le habla en tonos de lo que el llama reinserción en una consciencia primitiva. Esa idea de reinserción, de retorno, es esa búsqueda narcisista del individuo que, como dice Zizek, está hecho de la misma materia que La Cosa, es decir, aquello que hace que el individuo esté dominado por la pulsión: su obsesión por cruzar el límite del espejo. Ese es el aspecto heroico de este tipo de individuos y, a su vez, su aspecto narcisista y obsesivo, como poseído: más allá de su búsqueda nada hay y nada cuenta... De hecho esa es la lección final que Eddie saca de su experiencia: la importancia de la impermanencia, la importancia de las cosas por sí mismas, por su transitoriedad, por la vulnerabilidad del ser humano, es lo que las confiere su real valor en el presente. Quien le hubiera dicho a Eddie que al final de su viaje lo importante eran su mujer y sus hijas – anteriormente tildadas de ritual hogareño -, y que no es la verdad suprema sino el afecto, la empatía, el amor hacia el otro por ser quien es. Es algo que ya se intuye en el momento crucial en el que tras su regresión somática Eddie reconoce su experiencia de supervivencia como pre-homínido como los momentos más satisfactorios de su vida. Esto pone de manifiesto algo que hace que la vida humana sufra de lo que podríamos llamar una falta de vida o dicho de otra manera, que requiera un exceso de vida (el goce psicoanalítico). Mientras que en el sentido biológico la vida se basta, en el sentido humano a la vida le falta algo. Por eso le exige un exceso que es el exceso correspondiente a su falta básica, a su falta de completitud: ese exceso es lo que se estructura a través de la pulsión como deseo.

5. DE LA PULSIÓN AL DESEO: LOS OBJETOS INSATISFACTORIOS.

La película, basada sobretodo en el comportamiento pulsional de Eddie, nos permite comprender mejor como se estructura el deseo sobre la pulsión. Efectivamente, mientras que la pulsión se estructura alrededor de un objeto sobre el que se insiste y persiste, y cuyo objetivo final sería traspasar el límite del espejo en el que se refleja, el deseo se estructura alrededor de la insatisfacción de los objetos que proyecta sobre ese espejo. Mientras que la pulsión busca y rebusca en como cruzar el límite de las imágenes, el deseo cambia las proyecciones sobre el espejo del objeto, cambia de imágenes que en su límite no coinciden con el deseo, y así el sujeto deseante es siempre un sujeto insatisfecho, y por eso el deseo siempre se perpetúa. Quizá un buen ejemplo del sujeto deseante sea el personaje del cuento de Kafka Un artista del hambre. Su final es sumamente ilustrativo:

- Perdonadme todos – susurró el ayunador.
Sólo el guarda, que mantenía el oído pegado a la jaula, lo entendía.
- Por supuesto – dijo el guarda, y se llevó un dedo a la sien para aclarar al personal el estado del ayunador -, claro que te perdonamos.
- También quería que admirarais mi ayuno – dijo el ayunador.
- También lo admiramos – dijo el guarda con amabilidad.
- Pero no debéis admirarlo – dijo el ayunador.
- Bueno, entonces no lo admiramos – dijo el guarda -, pero, ¿por qué no íbamos a admirarlo?
- Porque estoy obligado a ayunar, no puedo hacer otra cosa – dijo el ayunador.
- Pues mira qué bien, y ¿por qué no puedes hacer otra cosa? – preguntó el guarda.
- Porque – dijo el ayunador, que levantó un poco la cabeza y habló con los labios ligeramente fruncidos, como para dar un beso, junto al oído del guarda, para que no se escapase nada -, porque yo no he podido encontrar una comida que me guste. Si la hubiera encontrado, créeme, no habría tenido el más mínimo miramiento y me habría puesto morado como tú y todos.[15]

El sujeto deseante es, como el ayunador de Kafka, un sujeto que no encuentra su alimento definitivo, a la postre todo alimento es insatisfactorio, o siempre le falta algo. Otro cuento de Kafka, incluido en su novela El proceso, sería el equivalente del sujeto pulsional. En Ante la ley, el personaje mora y mora alrededor de una puerta, la puerta de la ley, y su guardián. El personaje se pasa el resto de su vida intentando burlar al guardián para que le deje cruzar la puerta y así persiste en ello renunciando a su vida, su hogar y todo lo que dejó atrás... así hasta su muerte.

6. RELACIÓN ENTRE LA PULSIÓN Y EL DESEO: ALEXANDER DE OLIVER STONE.

Quizá la polémica película de Oliver Stone acerca de la vida de Alejandro Magno constituye, a parte de un excelente ejemplo del drama edípico [16], una muestra clara de la relación entre la pulsión y el deseo. Alejandro, más allá del conquistador, va en búsqueda de un hogar, un hogar que por su definición es un hogar imposible, un hogar que como ideal es imagen momentánea de la Cosa en sus dos sentidos: en el de idealización y en el de trauma. Y es en este aspecto que quisiera destacar dos momentos críticos de la película que se relacionan con las dos características básicas de la Cosa en su relación con la pulsión y el deseo. El primero corresponde a la idealización, cuando un nostálgico Alejandro (interpretado por Collin Farell), hacia la mitad de la película, contempla las escarpadas y nevadas cumbres. El diálogo se establece con Ptolomeo quien le advierte de que ya es el momento en que “los hombres deben volver a su hogar”.

Alejandro: ¿Has encontrado el tuyo… Ptolomeo?

Ptolomeo: Cada vez más creo que será Alejandría… Al menos allí hace calor… y a Thais le encantó.

Alejandro: Las mujeres os hacen regresar. Carezco de este sentimiento.

Ptolomeo: ¡Tú tienes Babilonia Alejandro! Recuerda que tu madre espera tu invitación.

Alejandro: Si, tengo Babilonia… Pero con cada tierra, cada frontera que cruzo se me escapa otra ilusión. Siento que la muerte será la última. Y aun así busco con fuerza una y otra vez poder alcanzar ese hogar…




Alejandro: Sigamos adelante Ptolomeo, hasta encontrar un final.

Antes de iniciarse el diálogo, el Ptolomeo que nos narra la historia (Anthony Hopkins), nos dice algo muy interesante: Recuerdo que Bagoas comentó en cierta ocasión que el amor eludía a Alejandro tanto como le costaba encontrar los confines del mundo”.  Pero el confín del mundo que buscaba Alejandro no es un confín físico – recordemos como habla de las ilusiones perdidas con cada nueva tierra, un tanto como el ayunador de Kafka -. Alejandro buscaba un paraíso perdido, y no yerra cuando sospecha que su última frontera será la muerte. Es el mismo contenido de esa búsqueda el que niega la posibilidad del amor – de darlo y recibirlo -, puesto que el amor sólo es posible, como veremos en el siguiente punto, en la fractura de la carencia, de la incompletitud e imperfección.

El segundo momento se relaciona más con una serie de imágenes que se corresponden con la batalla final. En concreto con la imagen de Alejandro enfrentándose al Elefante, metáfora del encuentro con la Cosa, la mirada de la medusa a la que me referí anteriormente, la mirada petrificadora que puede verse en la mirada de terror de Alejandro ante ese monstruo que se halla ante él. Tras ese encuentro Alejandro decide volver, pero Alejandro ya es, en cierta medida, un hombre muerto. Su contacto con la Cosa,  la imagen de ese elefante como el agujero devorador, mortal que al final representa para la conciencia el retorno al paraíso, el retorno a la madre, es su fin como hombre. Si, sobrevive a ese encuentro, pero ese encuentro se salda con la muerte de su ideal y con él su búsqueda y su ilusión. Acabada la búsqueda, árido de amor, el resto es una espera. Como dice Eddie en Altered states: “No creo que pueda liberarme ya de esto, ni puedo vivir con ello, el dolor es grande…” Y como narra acertadamente Ptolomeo acerca de ese retorno: “Su vida debió haber acabado en la India…”


El final de Moby Dick, tanto en el film dirigido por John Huston, como en el dirigido por Roddam (1998), las escenas de la caza final, vuelven a ser ejemplares en ese sentido… El encuentro por unos instantes, cara a cara, de Ahab con la ballena, el cruce de sus miradas, es ese encuentro previo a la inmediata y posterior muerte de Ahab, esa mirada petrificadora de la medusa que anuncia el punto de no retorno, el horizonte singular traspasado, la imposibilidad de la vuelta atrás. Efectivamente, Ahab muere enredado entre el cable del arpón que ha lanzado y clavado a Moby Dick.


Como un ejemplo más de que aquellos que se ven envueltos con este tipo de personajes siguen en muchas ocasiones su destino, Moby Dick destruye el barco y a sus tripulantes con la excepción del narrador. Curiosamente, en la versión de Huston, la ballena Moby Dick crea, dando vueltas alrededor del barco ya tocado de muerte, un remolino (una vez más al estilo de las imágenes finales de Altered States) que absorbe hacia su fondo los restos del barco.



Es eso lo que al final de la película de Alejandro Magno hace decir a Ptolomeo las siguientes palabras:

La verdad nunca es sencilla, aunque lo parezca. La verdad es que lo matamos… Con nuestro silencio consentimos porque… ya no podíamos continuar. Que podíamos esperar del futuro sino ser desterrados al final como Crito. Después de tantos años entregar lo conseguido a Asiáticos a quienes despreciábamos. ¡Mezcla de razas! ¡Armonía! ¡Bah…! El hablaba de esas cosas… ¿Pero no se trataba en realidad de una argucia para que le obedecieran? Yo jamás creí en su sueño… ni los demás. Esa es la verdad de su vida. Los soñadores cansan… Deben morir antes que nos maten con sus condenados sueños…



Toda su vida luchó tratando de librarse del miedo, y a través de eso, únicamente de eso se volvió libre. El hombre más libre que yo he conocido. Su tragedia fue la de su soledad e impaciencia con todos aquellos que no podían entenderle. (La cursiva es mía). 

7. DEL DESEO AL AMOR: EL ENCUENTRO EN LA FALTA.

El final de Altered States es ilustrativo a ese respecto. Tan sólo el amor de Emily por Eddie logra extraerle del fondo de La Cosa. Y tan sólo el amor de Eddie por Emily logra también recuperarla a ella – cuando la necesidad del amor de Eddie se transforma en el vacío, en la nada de Emily -. La mútua contemplación de la falta, del vacío les une en el amor, pero no un amor narcisista, sino en un amor empático, un amor que ante ese vacío, ante esa falta nos enseña que nos queda la compañía, el acompañarnos ante ese misterio de la conciencia, de la vida y del Universo en sí mismo. Solos ante la pequeñez de ese misterio nuestra falta, nuestra carencia, que desde una perspectiva narcisista nos lleva a actuar como un vampiro o un muerto viviente en búsqueda de un más siempre insuficiente, se transforma en un factor de comprensión, de equilibrio, de respeto y también veneración que no sólo nos dispone para no hallar falla en la vida –entonces se comprende que la falla es el fundamento de la consciencia -, sino que nos permite ver al otro más allá de mi necesidad y de mi deseo, de mi proyección sobre él / ella en función tan sólo de la angustia de mi falta, para ir más allá y verle como otro en su diferencia, en su especificidad y también en su falta, en su carencia. Un encuentro de faltas que los versos de Benedetti nos los cuentan tan bellamente:

                                               Por mi parte te ofrezco
                                               mi última confianza
                                              
                                               estás sola
                                               estoy solo
                                               pero a veces
                                               puede la soledad 
                                              ser
                                                    una llama.
                                              
El amor sólo es posible en el encuentro de nuestras “faltas”, y sólo el amor es capaz de restituir al ser humano el descanso en la vida como una vida a la que no le hace falta nada, una vida que sólo adquiere comprensión cuando se la contempla y se la vive más allá de la insatisfacción narcisista o de la consideración de la consciencia como un privilegio antes que una responsabilidad. Tan sólo el amor devuelve al hombre a la corriente de la vida y le encamina hacia el silencio para relacionarse con su misterio.

A Eddie le vienen como anillo al dedo las  palabras de Zizek, quién comentando el conocido pasaje de San Pablo [17] de la primera epístola a los Corintios acerca del amor, concluye:

… lo esencial de la afirmación de que incluso si llegara a tener todo el conocimiento, sin amor no sería nada, no es meramente que con amor, sea algo. Con amor, también soy nada, si así puede decirse, una nada humildemente consciente de sí, una nada que se enriquece por paradoja por el conocimiento mismo de su carencia. Sólo un ser menesteroso, vulnerable es capaz de amor: el misterio final del amor es así que la falta de completitud  es en cierto sentido más alta que la completitud. Por un lado, sólo un ser imperfecto, menesteroso, ama: amamos porque no sabemos todo. [18]

Y hablando del amor, antes cité un comentario de Zizek del que destacaba la importancia de la muda superficie sobre la que se refleja nuestro narcisismo. Pues bien, en relación con el amor y esa superficie especular San Pablo nos dice:

El amor es paciente y bondadoso;
no tiene envidia, ni jactancia.
No es grosero, ni egoísta;
no se irrita ni lleva las cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia,
sino que encuentra su alegría en la verdad.
Todo lo excusa, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo aguanta.
El amor no pasa jamás. Desaparecerá el don de hablar en nombre de Dios, cesará el don de expresarse en lenguaje misterioso, y desaparecerá también el don del conocimiento profundo. Porque ahora nuestro saber es imperfecto, como es imperfecta nuestra capacidad de hablar en nombre de Dios; pero cuando venga lo perfecto desaparecerá lo imperfecto. Cuando yo era niño, hablaba como niño, razonaba como niño; al hacerme hombre he dejado las cosas de niño. Ahora vemos por medio de un espejo y oscuramente; entonces veremos cara a cara. Ahora conozco imperfectamente, entonces conoceré como Dios mismo me conoce .[19]  La cursiva es mía.

8. EPÍLOGO: El increíble hombre menguante. [20]

Para no perder el espíritu cinematográfico que nos ha llevado hasta aquí, quisiera finalizar este artículo con una ampliación del último comentario apuntado por Zizek: somos una nada humildemente conscientes de sí. Y lo quisiera finalizar con esa magnífica película de la década de los cincuenta que es El increíble hombre menguante, y cuyo argumento nos enfrenta a un hombre que tras un encuentro en el mar con una nube radiactiva empieza a menguar progresivamente hasta empequeñecer a niveles infinitesimales tal y como apunta el final de la película. En ese proceso de empequeñecimiento el protagonista adquiere un re-posicionamiento de su condición humana ante la grandeza del universo en una clara metáfora de que sólo el empequeñecimiento de la vanidad humana (no en vano sus problemas empiezan por una nube radiactiva) permite restablecer el equilibrio de su verdadera dimensión existencial. Y así, la película termina, cuando tras la lucha de nuestro hombre con una insignificante araña – monstruosa para su tamaño -, con una apasionada reflexión del hombre menguante digna de un místico:

Seguía haciéndome cada vez más pequeño… ¿Hasta cuando?  Hasta llegar a lo infinitesimal. ¿Qué era yo? ¿Seguía siendo un ser humano… o era el hombre del futuro? Si había otras nubes radiactivas flotando a través de los mares y los continentes me seguirían otros seres humanos a este mundo nuevo… ¡Qué próximos están lo infinitesimal y lo infinito! De pronto comprendí que, en realidad, eran los dos extremos de un mismo concepto. Lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran en un momento dado para cerrar un gigantesco círculo… Sentí como si pudiera abrazar el cielo… El Universo, infinitos mundos… El maravilloso tapiz tejido por Dios se extendía sobre mí en la noche… Y en ese momento conocí la respuesta al enigma del infinito. Hasta entonces había pensado dentro de la limitada dimensión humana. Que la existencia tiene un principio y un fin es un concepto humano- no divino. Sentí que mi cuerpo disminuía, se disolvía, se convertía en la nada. Desapareció el miedo y se convirtió en aceptación. ¡Toda la majestuosa grandeza de la creación debía tener un significado y yo tenía un significado! ¡Si, yo, el más pequeño entre los pequeños también tenía un significado…Para Dios no existe el cero! ¡Yo sigo existiendo!

Lo increíblemente pequeño y lo increíblemente grande se encuentran en un momento dado para cerrar un gigantesco círculo… Fotomontaje de “El increíble hombre menguante”. 

 Ese cambio de dimensión es una brillante metáfora de eso que Jung mencionó en su autobiografía, ya escrita hacia el final de su vida:

Cuando se dice que soy sabio o un “erudito” yo no puedo aceptarlo. Una vez alguien llenó un sombrero con agua de un torrente. ¿Qué significa esto? Yo no soy este torrente, pero yo no hago nada. ¿Qué significa esto? Los demás hombres están junto a este torrente, pero piensan las más de las veces que ellos mismos lo hicieron. Yo no hago nada. No pienso nunca que soy quien ha de velar para que las cerezas tengan rabo. Estoy ahí maravillándome de lo que la naturaleza es capaz.

Existe una antigua hermosa leyenda de un rabí ante el que acudió un discípulo y le preguntó: “Antiguamente hubo hombres que vieron a Dios; ¿por qué hoy no los hay?” El rabí respondió: “Porque hoy nadie puede humillarse tanto”. Hay que humillarse algo para sacar agua del torrente. [21]

Y también, de la reflexión Kierkegaardiana de la condición de la existencia humana cuando nos dice:

... el ser humano se abre camino a través de las ataduras del heroísmo cultural; destruye la mentira del carácter que le había hecho actuar como un héroe en el esquema social de las cosas cotidianas; y con ello se abre a la infinitud, a la posibilidad del heroísmo cósmico, al mismísimo servicio de Dios. A través de eso, su vida adquiere un valor último en lugar de tener un valor meramente social, cultural e histórico. Vincula su yo secreto interno, su auténtico talento, a sus más profundos sentimientos de exclusividad, su anhelo interno de un sentido absoluto, a la misma base de la creación.

La persona verdaderamente abierta, la que se ha despojado de la coraza de su carácter, de la mentira vital de su condicionamiento cultural, está más allá de cualquier “ciencia”, de cualquier regla social standard de salud. Está totalmente sola y temblando al borde del olvido – que al mismo tiempo es estar al borde de lo infinito. [22]

Parecería como sólo esa condición de humildad, esa pérdida de importancia cósmica, esa entrega a ese ser nada lacaniano interpretado por Zizek, ese bajar la cabeza citado por Jung o ese absoluto kierkagaardiano que nos enfrenta  a una fe cuya ansiedad nos coloca en ese estar al borde del olvido y del infinito nos permite una visión cuyas palabras quizá ya sólo nos puede transmitir el poeta:

                               La asombrosa realidad de las cosas
                        es mi descubrimiento de cada día.
                        Cada cosa es lo que es,
                        y es difícil explicarle a alguien cuánto me alegra esto
                        y cuánto me basta.
                        Basta existir para sentirse completo.

                        He escrito bastantes poemas.
                        He de escribir muchos más, naturalmente.
                        Cada poema mío dice esto,
                        y todos mis poemas son distintos,
                        porque cada cosa que hay es una manera de decirlo.
                        A veces me pongo a mirar una piedra.
                        No me pongo a pensar si siente.
                        No me pierdo llamándola hermana mía.
                        Pero me gusta por ser una piedra,
                        me gusta porque no siente nada,
                        me gusta porque no tiene parentesco alguno conmigo.
                        Otras veces oigo pasar el viento,
                        me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena
                        [haber nacido. [23]


Esa humildad final que transmiten estos versos del poeta ante su propia vida:

                        Cuando la hierba crezca encima de mi tumba,
                        sea esta la señal para que me olviden del todo.
                        La Naturaleza nunca se recuerda, y por eso es hermosa.
                        Si tuvierais la necesidad enfermiza de “interpretar” la
                        Hierba verde sobre mi tumba,
                        decid que continúo verdeciendo y siendo natural. [24]


[1] Altered States (1980), película de Ken Rusell basada en la novela de Paddy Chayefsky, quién también fue su guionista, fue  estrenada en España con el título de Viaje alucinante al fondo de la mente.
[2] En toda la película resuena de fondo la hipótesis de Jung sobre el Inconsciente Colectivo.
[3] Esta fase de la película, y como culminación de la presencia del inconsciente colectivo en ella, contiene la hipótesis del arquetipo psicoide formulada por Jung. Si cabe alguna duda compárese la propuesta visual de la película con el siguiente texto de Jung: “Las “capas” mas profundas de la psique pierden su singularidad individual a medida que se retiran  más y más atrás en la obscuridad. “Más abajo”, es decir, a medida que se aproximan a los sistemas funcionales autónomos, se tornan cada vez más colectivas hasta que se universalizan  y se extingue en la materialidad del cuerpo, verbigracia, en substancias químicas. El carbono del cuerpo es simplemente carbono. Por ende, “en el fondo la psique es simplemente mundo”.” (cita de Aniella Jaffe, en su libro El mito del sentido en la obra de C. G. Jung. Editorial Mirach, S. L. pág. 23)
[4] Jacques Lacan, Seminario VII. La ética del psicoanálisis. Paidós, págs. 187 y 188
[5] Slavoj Zizek, Las metástasis del goce, Espacios del Saber. Paidós, págs. 138 y 139
[6] La primera de 1956 es el Moby Dick dirigido por Jhon Huston e interpretada por Gregory Peck. La segunda se trata de la miniserie de TV (1998) dirigida por Patric Roddam e interpretada por Patrick Seward.
[7] Herman Melville. Moby Dick. Planeta Pooket. , pág. 587.
[8] Slavoj Zizek. Amor sin piedad. Hacia una política de la verdad. Edit. Síntesis. Estudios lacanianos, pág. 29
[9] Cuando hablo de agujero negro lo hago refiriéndome, aunque sea metafóricamente, al fenómeno físico de la estrella que colapsa sobre sí y que se conoce son ese nombre y que, entre otras particularidades es un agujero negro porque de su interior no puede salir ni la luz.
[10] Ídem anterior
[11] Estrenada en España con el título de Alarma: Catástrofe.
[12] The Thing (1982), película de John Carpenter, sobre el relato de John W. Campbell “Who goes there?” y que no se puede considerar un simple remake de la película basado en el  mismo relato y con el mismo título dirigida por Christian Nyby y producida por Howard Hawks en 1951: The Thing… from another world
[13] En los comentarios de Carpenter sobre la película, habla de la exclusión de la mujer en los siguientes términos: “Hay mujeres en la Antártica, y su presencia seria plausible. Pero pensé que era preferible disponer de una distribución totalmente masculina ya que no podría tratar esta cuestión. Había dos o tres mujeres en la versión de Hawks, pero yo creí que una distribución masculina sería mas simple.” Ese no podría tratar esta cuestión me parece interesante, ya que con ello Carpenter logra una mayor intensificación de la relación de los hombres con La Cosa, sin tener que atender a temas secundarios que en ese asunto no vienen a cuento. Su visión se focaliza en La Cosa. Yo diría que con La Cosa en la película ya no hay lugar para historias de hombres y mujeres.
[14] Slavoj Zizek. El frágil absoluto. Editorial Pre-textos, nro. 579, pág. 54
[15] Franz Kafka. Cuentos completos (textos originales). Valdemar / Clásicos. Traducción de Jose Rafael Hernández Arias. Págs. 340 y 341.
[16] Creo que la película de O. Stone es una excelente película cuyo fracaso – en especial en USA - y dificultad de visión se relaciona precisamente por los temas de tipo edípico – y su repercusión caracteriológica - que apunta. Es una película digna de comentarse en muchos puntos dada la complejidad de la relación de Alejandro con Olimpia y Filipo, y dada la propia complejidad de Alejandro con esa “ansia” que le posee.
[17] Aunque hablara las lenguas de  los hombres y los ángeles, si no tengo amor, soy como campana que suena a címbalo que retiñe. Y aunque tuviera el don de hablar en nombre de Dios, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; y aunque mi fe fuese tan grande como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes a los pobres, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, nada de nada me sirve. (Corintios 13, 1-3; La Biblia cultural PPC & MS)  
Nota. La Biblia de Jerusalén utiliza el término caridad en lugar de amor y, puntualiza a nota de pie de página, que: “A diferencia del amor pasional y egoísta, la caridad (ágape) es un amor de benevolencia que quiere el bien ajeno”, 
[18] Slavoj Zizek. El frágil absoluto. Editorial Pre-textos, nro. 579, pág. 190 y 191
[19] San Pablo. Corintios I, 13, 4-12. La Biblia Cultural. Ediciones PPC & MS
[20] Considerada una obra maestra del cine de ciencia ficción, fue dirigida por Jack Arnold en 1957  sobre la novela de Richard Matheson
[21] C. G. Jung. Recuerdos, sueños, pensamientos… pág. 359
[22] Kierkegaard citado por Ernest Becker. La negación de la muerte, Kairós
[23] Fernando Pessoa. Poemas de Alberto Caeiro. Visor Poesía
[24] ídem anterior

3 comentarios:

  1. hola! avui he retornat a llegir aquest magnific article que penjaré al meu bloc, doncs hi han tantes coses que em ressonen...
    p.d. la seqüència de l'escena de "el increible ombre menguante" ja no porta a cap link...s'haurà de revisar ;)

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  2. Hola Sylvia, gracies per el teu avis. Fins aviat!

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  3. que artículo tan interesante!Que buena reflexión a partir de esta pelicula. Gracias por compartir con esta profundidad. José

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