AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

domingo, 12 de febrero de 2023

LA HORA DEL LOBO (Ingmar Bergman, 1968): EL Teatro de los sueños. Amor y vida vs. Pasión y pulsión de muerte.

Esta hora es la peor (la hora en que acaba la noche y despierta el alba)... Los viejos la llaman la hora del lobo, en la que muere más gente y nacen más niños. Dormidos tendríamos pesadillas, y despiertos tendremos miedo.

La hora del lobo (Vargtimmen, Ingmar Bergman, 1968) es una compleja película de Bergman. Entre una estructura propia del terror gótico, el juego entre que es real y que es fantasía, el carácter onírico de la película, se hace susceptible de distintas interpretaciones aunque, no obstante, parece retomar una nueva reflexión de Bergman sobre Bergman. Como indica el reconocido historiador del cine Peter Cowie:

La hora del lobo es la primera de tres películas protagonizada por Max von Sydow como alter ego de Bergman: el artista como fugitivo que se retira a un diminuto mundo insular y gradualmente dirige sus pensamientos hacia sí mismo, hasta que el sueño y la realidad se funden  en aterradora confabulación. En La hora del lobo es un pintor. En La Vergüenza (ya comentada en este blog, pulsa aquí para acceder) un violinista. En Pasión no tiene ninguna pretensión de logros artísticos. [1]

El mismo Bergman dice acerca de esta película: Antes siempre había sido muy rápido para menospreciar La hora del lobo, probablemente porque toca unos aspectos tan reprimidos de mí mismo. [2] Es precisamente su carácter onírico desde el que pretendo abordar la película, como si fuera sueño... un sueño de Bergman. Algo que está implícito en sus propias palabras cuando dice: Persona tiene una luz intensa, una claridad incesante. La hora del lobo se desarrolla en un mundo de fronteras imprecisas. Además utiliza elementos nuevos para mí —la ironía romántica, el cine de fantasmas—, con los que juega. [3]

Como siempre, La hora del lobo cuenta con las magníficas interpretaciones de dos de los actores habituales de Bergman, Max Von Sydow, interpretando al pintor Johan Borg, y Liv Ullmanninterpretando a su esposa Alma Borg.

I. LA ISLA: UN ESPACIO ONÍRICO.

La isla es, en numerosas ocasiones, un elemento esencial de algunas películas de Bergman, especialmente de esta época.  La vergüenza (1968) o Pasión (1969) transcurren en una isla, como en una isla transcurre la segunda parte de Persona (1966), como en una isla transcurre Como en un espejo (1961).

Efectivamente, en un sentido simbólico, la isla, ese espacio de tierra rodeado de agua por todas partes, la convierte en un espacio cerrado que evoca el refugio y el retiro, pero también es un lugar de encuentros inesperados y con lo desconocido, como así nos lo han mostrada a menudo el arte y lo sueños. Sin embargo, cuando el refugio y el retiro se convierten en aislamiento la isla es "una isla maldita, en la que se producen apariciones infernales, encantamientos, tormentas y peligros. Corresponde al castillo negro de otras leyendas...."[4]




Desde esta perspectiva, mi hipótesis es que la isla de La hora del lobo es un espacio onírico donde se encuentran los demonios infernales y apariciones de, como veremos, una dimensión particular del mundo psíquico de Bergman:

Las islas evocan porciones desprendidas de consciencia, animadas por las acuosas profundidades de la psique. Representan secretos que aíslan, el sedimento acumulado de memorias remotas, deseos tabú, traumas disociados. Pueden ser "magnéticas y evasivas", y pueden tener un efecto sutil e insidioso. [5]

II. SEGUNDA PARTE: LA HORA DEL LOBO Y LOS RECUERDOS DE INFANCIA.

Empezaremos por la segunda parte de la pelicuca, que transcurre bajo la hora del lobo. A mi entender toda su argumento onírico se articula a partir de un recuerdo de infancia de Bergman, quien en relación a esta dice "no hay duda de que mi educación fue un campo fértil para los demonios de la neurosis"[6]. En su libro La linterna mágica dice también "Casi toda nuestra educación estuvo basada en conceptos como pecado, confesión, castigo, perdón y misericordia, factores concretos en las relaciones entre padres e hijos, y con Dios."[7] Es en este libro donde encontramos descrito el castigo que Johan le cuenta a Alma justo en la hora del lobo:

En uno de mis muchos castigos me metían en un gran armario y cerraban la puerta. No se oía nada. Estaba a oscuras, me volvía loco de miedo, gritaba y pateaba. Me habían dicho muchas veces que un enano vivía en el fondo del armario y que mordía los dedos de los pies de los niños malos. Cuando dejaba de patalear, oía un crujido horrible en el fondo del armario. Sabía que mi hora había llegado. Sentía el pánico penetrando en mi piel, y lleno de terror me subía a las cajas buscando una salida. La ropa caía sobre mí enredándose en mis pies y haciéndome caer. Luchaba desesperadamente para intentar salvarme de aquella horrible criatura. Gritaba continuamente lleno de terror y pedía perdón. Al fin habrían la puerta y podía salir de aquellas tinieblas.

Mi padre decía: "mamá me dice que estás arrepentido." Y yo le imploraba: "Si, por favor, por favor, perdóname." Entonces decía: "túmbate en el sofá". Iba al gran sofá verde de mi padre. Ponía un cojín encima del otro. Preparaba el bastón de mi padre. Ma bajaba los pantalones y me inclinaba sobre los cojines. Mi padre decía: "¿cuántos bastonazos te mereces?" Y yo contestaba los que sea necesarios. Y empezaba a pegarme. Pegaba fuerte pero yo lo resistía. Cuando terminaba el castigo yo me volvía a a mi madre y le preguntaba: "¿Puedes perdonarme ahora mamá?" Ella lloraba y decía: "Claro que te perdono." Extendía la mano y yo la besaba.

 


Miedo, terror, humillación, dolor, culpa... sadismo. Una escena que Johan relata lleno de dolor y desesperación. Alma, afectada por su relato, se conmueve al pensar en el niño, "en su silenciosa oscuridad. Es como si no fuera a vernos nunca". Alma parece, como veremos, interpretar la parte de la personalidad de Johan que vela para que este no pierda definitivamente su equilibrio psíquico, para que no se pierda como perdido anda ese niño en su silenciosa oscuridad, sin la posibilidad de ver ni de ser visto. No deja de ser significativo que tras este relato de Johan le siga una de las escenas más extrañas y duras de la película en la que vemos a Johan pescando en la roca del acantilado. 

Un niño en bañador le observa. Pronto vemos la incomodidad de Johan. El niño baja hacia donde está él y mira un cuadro que se apoya en su caballete, luego le toca las botas, para, finalmente, colocarse a su espalda como esperando... Johan, más incómodo, recoge la caña de pescar y se dispone a marchar del lugar. El niño, entonces, se estira y yace sobre una piedra contemplando a Johan. La escena parece cargarse de una notable tensión erótica. Johan, notablemente incómodo, se dirige hacia él de forma agresiva. De repente el niño se lanza a él y le muerde... Se engarzan en una lucha en la que Johann acaba matando al niño y hundiéndolo en las aguas.




¿Cómo hay que considerar esta escena? Es evidente que su lectura no puede hacerse sin relacionarla con la escena del recuerdo de infancia narrado por Johan. Tanto por sus imágenes, como por las palabras que Bergman le dedica en Imágenes [6], podría fácilmente relacionarse con una homosexualidad reprimida, incluso con una posible pederastia. Sin embargo, la representación de carácter onírico de la escena, donde lo evidente nunca es el significado que se oculta tras la evidencia (la metáfora es un elemento característico del sueño) nos hace reflexionar sobre ella en una dirección distinta. Tal como Bergman nos presenta al personaje de Johan, un ser sumiéndose en la oscuridad y la fragmentación de su psique, y desde una perspectiva del sueño y del recuerdo narrado instantes antes, ¿no es quizá ese niño el mismo niño del recuerdo de Johan que ahora es odiado y destruido por él mismo? ¿No es la violencia de Johan la violencia introyectada hacia ese niño que fue, un niño que, a la vez, es un representante de su propia vulnerabilidad negada? ¿No es la actitud aparentemente seductora del niño la necesidad de ser deseado por el Johan que le odia, que le repudia? El mismo odio y repudio, al mismo tiempo que la necesidad de ser deseado y amado, que debió sentir el niño del recuerdo ante los castigos de sus padres. En numerosas ocasiones, en los sueños, la tensión erótica entre personajes oculta  la necesidad de aproximar aspectos polares de psique del soñante que están en declarado conflicto, como suele ser, como en este caso, la polaridad adulto-niño. Si vemos este fragmento desde esta perspectiva, las imágenes se nos presentan como la situación de extremo conflicto que viven ambos polos en la psique de Johan: el adulto rechaza la llamada del niño a ser aceptado, deseado y amado, y ante su rechazo el encuentro deriva en un conflicto interno mortal, donde el rechazo y el odio de Johan desencadenan también la rabia y el odio del niño.

Si contemplamos estas dos escenas como el núcleo central de la película vista como un gran sueño, vemos entonces que Johan es la personalidad alienada del Bergman soñante, el niño es la personalidad rechazada y odiada, su personalidad necesitada y vulnerable, mientras que Alma (un nombre que tampoco es gratuito), quizá como representación del arquetipo del ánima junguiana, sería la personalidad que intenta encontrar el camino del amor que una las dos partes en conflicto,  camino que tan complejo fue para Bergman, tanto en su mundo interno como en el externo y que, no obstante, hacen que de ese gran conflicto surja su obra creativa, por eso el personaje de Johan es un artista.




Es desde este núcleo central que podemos ver el desarrollo de la película en su antes y su después.

III. PRIMERA PARTE: LA PRESENCIA DE LOS DEMONIOS.

La primera parte de la película nos presenta a Johan y Alma como una pareja que, aparentemente, se aman. No obstante, como ya nos indica Alma al principio de la película, y con el paso de las primeras escenas, vemos que Johan es presa de miedos a la oscuridad, insomnio, insatisfacción, a la vez que pone de manifiesto una actitud distante hacia Alma, absorto como está en su mundo y en una creación artística reflejo de una mente poblada de fantasmas, y que al mostrárselas a Alma vemos como la preocupan y asustan. Pronto empiezan a aparecer entre extraños y peculiares personajes. Veamos:

El primero se le aparece a Alma como una anciana dama, elegantemente vestida, a quien se le escapa que tiene 256 años, para luego rectificar y decir que tiene 76. Se presenta para decirle dos cosas: 1) que busque una maleta de Johan  y que evite que este destruya un cuaderno en el que están los dibujos fantasmales que le mostró y, 2) que en la misma maleta hallará un diario y que lo lea. En este diario, Alma encontrará los horrores que vive en su imaginación Johan, así como la historia de una antigua amante llamada Verónica Voglery que tendrá mucho que ver en el desenlace de la película.




El segundo se acerca a Johan, y es el Barón von Merkens (Erland Josephson). quien es el dueño de la isla y le invita a una fiesta que se celebrará en una castillo en la costa norte. Antes de despedirse le hace notar que tanto él como su esposa son grandes admiradores de su obra.

El tercero también se le aparece a Johan, y se trata de Verónica Vogler (Interpretada por Ingrid Thulin), su antigua amante. Las imágenes son interesantes, pues bajándose el tirante de su lado derecho del vestido le muestra el pecho y la marca de una moradura en él, y le dice: "Ves esta moradura, debes tener cuidado mi amor, o acabaré hecha un desastre." Mientras le lee una carta con un texto críptico Johan le acaricia el rostro y la besa. Se observa el apasionamiento de Johan por Verónica.




El cuarto es Heerbrandt (Ulf Johansson), que se presenta como "archivero, examinador de almas, les doy la vuelta, ¿qué es lo que veo...? No es necesario que se lo diga, después de todo usted es un artista. Conozco sus dibujos y también su autorretrato",  y quien le dice acerca de su estancia en la isla que "uno siempre regresa a la escena del crimen, según dicen, y comete nuevos crímenes."  Johan se deshace de él golpeándole en el rostro.

Todos ellos estarán presentes en la cena del castillo del barón von Merkens, y no son más que el preludio de lo que sucederá a partir de dicha cena en cuestión. Todos ellos introducen elementos que siembran la discordia entre el Johan alienado y Alma como la dimensión positiva del ánima que pretende que no se pierda en la oscuridad de su psique. De hecho, podemos ver, y veremos, que Verónica Vogler es el ánima en el sentido contrario de Alma, el ánima infernal que pretender sumergir a Johan definitivamente en las tinieblas de su psique. En cierta manera, La hora del lobo nos recuerda, en especial en su fase final, la presencia femenina al estilo de los cuentos de Poe, donde sus protagonistas buscan ser incorporados mutuamente, de incorporar y ser incorporado, la siniestra realización de un anhelo de fusión:

No hay duda sobre la idealización de Poe en relación con las mujeres amadas, la misma idealización que observamos en los protagonistas de los cuentos. La sensación de "vampirismo" que puede observarse en ellos es propio de la relación de esas supuestas almas gemelas cuyo único mundo es el mundo de su relación, una relación en la que finalmente sus vidas se consumen en una imposible fusión. [8]

Finalmente llegamos a la fiesta, donde los demonios, presentados como personajes un tanto excéntricos, agasajan a nuestros protagonistas. En esa escena de la fiesta del castillo hay dos momentos destacables:

El primer momento es cuando uno de los demonios, Lindhorst (Georg Rydeberg), ofrece una representación en un teatro de marionetas de una escena de la La flauta mágica de Mozart. El fragmento elegido hace referencia a la escena XV, cuando Tamino, solo en el patio del palacio la sabiduría, desespera para encontrar a Pamina: "¡Oh noche eterna! ¿Cuándo te disiparás? ¿Cuándo encontrarán mis ojos la luz?" Responde entonces pianissimo el coro: "Pronto, pronto, joven, o nunca" Tamino, desde su desesperación continua: "¿Pronto, decís, o nunca?  Oh, invisibles, decidme, ¿vive aún Pamina?" La cámara enfoca entonces el rostro inquieto de Alma para luego desplazarse hacia el de un Johan fuertemente afectado. Y, finalmente,  el coro responde: "Pa-mi-na, Pa-mi-na vive" mientras la cámara se aproxima al rostro de Alma hasta enfocar su mirada que trasluce desesperanza.




Lindhorst comenta entonces esta música fascinante poniendo énfasis en la frase final del coro, concretamente en la separación de las sílabas de Pamina: "Escuchen esta extraña e ilógica pero brillante separación, Pa-mi-na, Pa-mi-na. Ya no es el nombre de una mujer joven, es una fórmula, un encantamiento." Sin duda, este encantamiento se refiere a la pasión de Johan por Verónica, una pasión que lejos de apagarse, es ahora invocada por los demonios, invocada esa pasión mortal en la que un desesperado Johan que no alcanza a dar la luz al niño que vimos anteriormente que vive en su interior, se refugia en las tinieblas de una relación con Verónica que, como dije en la nota 8, buscando una imposible fusión que no es más que un retorno a la madre, pulsión de muerte. Siguiendo la analogía con Poe:

... lo que observamos en los cuentos de Poe, el deseo de incorporar y ser incorporado por parte de sus protagonistas [...] los relaciona con el arquetipo materno. Por eso sus historias transcurren en esos lugares cerrados o inaccesibles donde sucede esta mutua "incorporación". Los cuentos [...] podrían verse como la siniestra realización de ese anhelo de unión imposible y que, en esta ocasión, y recurriendo ahora a Lacan se corresponde con su concepto de "Das Ding" - La Cosa -.

El segundo momento no hace más que vincular esa escena de la flauta mágica, que Lindhorst relaciona con una fórmula o encantamiento, con la imagen de Verónica Vogler. En la habitación de Corinne von Merkens (Gertrud Firdh), esposa del barón von Markens, esta le indica a Johan que tiene una de sus obras maestras, que no es más que un retrato de Verónica. Vemos el rostro melancólico de Johan al observarla. Corinne le cuenta la historia a Alma: "La amó con delirio. No es necesario decirlo, fue un gran escándalo en su tiempo, pero tan romántico." Más tarde Corinne, dirigiendo a Alma frente al retrato de Verónica, le dice que ella comparte una buena parte de Johan. Vemos el rostro acongojado de Alma. Como la moradura de Verónica o la mordedura del niño, Corinne le muestra a Johan una cicatriz cerca de la ingle y le dice: "me la hizo un hombre apasionado en un pasado lejano. Es una fuente perpetua de renovada excitación. Se que es muy trivial, pero para mi es estimulante," Una vez más la relación de la pasión con la incorporación, con la mordedura. Para acabar este momento quiero presentar la definición que se hace de la incorporación en el psicoanálisis:

Proceso en virtud del cual el sujeto, de un modo más o menos fantasmático, introduce y guarda un objeto dentro de su cuerpo. La incorporación constituye un  pulsional y un modo de relación de objeto característico de la fase oral; si bien guarda una relación privilegiada con la actividad bucal y la ingestión de alimento, también puede vivirse en relación con otras zonas erógenas y otras funciones. Constituye el prototipo corporal de la introyección y de la identificación. [10]




Y esta primera parte, antes de entrar en la hora del lobo, acaba a la vuelta de esta extraña fiesta con una Alma desesperada diciéndole a Johan que ha leído su diario y que casi se muere de miedo, pero que, no obstante "no voy a salir huyendo de tí, no huiré de ti por muy asustada que esté. No te dejaré. Escuchame, ellos quieren destruirnos, quieren ser tus dueños, pero si estoy a tu lado no lo conseguirán. Johan, no conseguirán alejarme de ti por mucho que lo intenten. Quiero quedarme contigo, quiero quedarme. Johan, ayúdame." Pero el silencio de Johan es un silencio abismal que lo dice todo.

Desde el punto de vista onírico que aquí le damos a la película, los demonios representan la dimensión pulsional que tienta a Johan bajo la forma de su pasión por Verónica, que representa la dimensión hechizadora del ánima infernal solapándose con el arquetipo de la madre devoradora, justo el opuesto de Alma que representa la dimensión positiva del ánima que pretende que Johan no se pierda en las tinieblas y que el amor y la vida prevalezca sobre la pasión-pulsión. No es vano que Alma esté embarazada (Liv Ullman realmente lo estaba en aquello momentos, teniendo a su hijo poco antes de finalizar la película). Ella representa la posibilidad de rescatar el niño perdido en el limbo psíquico de Johan de una infancia traumática. Alma representa la apuesta por el amor y la vida en relación con Verónica que lo es de las tinieblas de la pasión y la muerte y que se resume como pulsión de muerte

IV. VUELTA A LA SEGUNDA PARTE: LA ELECCIÓN.

El final de la segunda parte transcurre después de los acontecimientos descritos en la hora del lobo, en el punto 2. Después del amanecer, ya de día, se presenta en su casa el demonio de nombre Heerbrandt con la excusa del mal tiempo y con el mensaje de una invitación a una nueva fiesta en el castillo, con la indicación de que Verónica Vogler asistirá (las tentaciones siguen). Pero antes de marchar le dice a Johan, dejándole una pistola: "Hace un par de días Van Merkens y yo discutimos sobre las posibilidades que tienes usted de defenderse de este pequeño juego que hay en la isla".

Obviamente, ese juego es la elección que debe hacer Johan entre Alma o Verónica. Tras leerle Alma sus poblaras sobre Verónica escritas en su diario, acaba diciéndole:  "... sólo tengo miedo. ¿Crees que quiero quedarme aquí para que me maten? ¿Crees que me gusta verte correr detrás de esa mujer, oírte hablar de tus ridículos fantasmas y estar en guardia a todas horas? Pero sigo estando aquí".

Es entonces cuando cogiendo la pistola Johan le dispara tres veces, y aunque Alma no muere (como vemos al final de la película solo fue levemente herida por uno de los disparos), simbólicamente si lo hace para Johan, quien finalmente ha decidido ir hacia Verónica.



V. TERCERA PARTE: LA INCORPORACIÓN.

La tercera parte es el viaje a las tinieblas de Johan en el castillo de los demonios. Allí va encontrándose con algunos de ellos que representan dimensiones del propio Johan. La lujuria en su encuentro con Gamla Fru von Mertens (Gudrun Brost), los celos con el barón von Mertens, la envidia con Corinne von Mertens, la muerte tras la máscara con la señora mayor y, finalmente, el encuentro con Lindhorst (quizá el más siniestro de todos ellos), quien le maquilla y le vista de manera muy femenina, representando ese deseo de incorporación con Verónica. El demonio lo hace mirarse al espejo y se lo dice con claridad: "Ahora es usted mismo y, sin embargo, no lo es. Las condiciones ideales para una cita de amor" La forma andrógina de Johan nos recuerda esa unión de la masculino y lo femenino en un sólo ser pero que, en su forma negativa, no es unión de contrarios sino indiferenciación o la aberración. Dice Mircea Eliade al respecto: 

El hermafrodita concreto, anatómico, estaba considerado como una aberración de la Naturaleza, o como un signo de cólera de los dioses y, por consiguiente, era suprimido en el acto. Sólo el andrógino ritual constituía un modelo, por implicar no la acumulación de órganos anatómicos, sino simbólicamente la totalidad de las potencias mágico – religiosas solidarias de ambos sexos. [11]

Y así llega frente al cuerpo de Verónica que se halla yaciendo sobre una mesa cubierta por una sábana blanca. Tras apartarla, Johan toca lentamente todo su cuerpo desde el rostro, los hombros, el pecho, su cintura, el sexo hasta descender por sus caderas y piernas hasta llegar a los pies... como si se tratara de un ritual de reanimación.




Finalmente Verónica despierta, pero quién lo hace nos es más que el demonio de Verónica, en realidad el reflejo del deseo de incorporación de Johan, de su deseo de fusión. Verónica despierta con un risa perversa y se lanza hacia Johan como si prácticamente lo quisiera devorar, lejos de toda sensualidad o erotismo. De repente se oyen las risas de todos los demonios, así como la risa de la propia Verónica. Ellos han ganado el juego. Un Johan demacrado dice: "Gracias. Al fin me ha alcanzado el límite. El espejo se ha roto. ¿pero qué reflejan los cristales?"  Y es significativo que la imagen con la que finaliza esta escena es con la del niño que Johan mata hundiéndose definitivamente en las aguas del mar.



En Imágenes dice Bergman de este final: "No pude dar respuesta. Peter pronuncia exactamente las mismas palabras en De la vida de las marionetas. Cuando en su sueño ha descubierto que su esposa yace asesinada dice: «El espejo está destrozado, pero ¿qué reflejan los trozos?». Todavía no tengo una buena respuesta."[11] No creo que Bergman dijera la verdad en la cuestión de no tener una respuesta. Los trozos de espejo se relacionan con la psique fragmentada de Johan y que, en realidad, nos pone en relación con una dimensión de la psique de Bergman que se relaciona con esta dicotomía entre el amor y la pasión-pulsión que tan presente estuvo en su vida, entre la vida y la muerte, y esos elementos que acompañan a la dimensión mortal de la pulsión y que interpretan los demonios de la lujuria, los celos o la envidia. Los demonios de Johan, como ocurre con los personajes de una psique fragmentada, habitan juntos pero se pelean entre ellos. Buscan el control pero, en realidad "viven la vida de los condenados, martirizados por un dolor insoportable, eternamente enredados unos con otros. Se atacan y se comen las almas mutuamente." [12]

VI. EL EPÍLOGO DE ALMA.

El final de la película nos presenta a Alma contándonos el verdadero final de Johan. De sus palabras deducimos que nada de lo que ocurrió en la tercera parte fue real, pero que si lo fue en la imaginación enferma de Johan, fue su realidad psicológica. Este volvió a casa y cuidó en su enajenación a Alma. "Andaba por la habitación hablando solo. Después cogió su diario y empezó a escribir. Empleó varias horas. Aun no ."había amanecido cuando cogió su maletín y se interno en el bosque. Pensé que debía seguirle y fui tras él." El resto de la narración nos cuenta como Johan es encontrado por los demonios, como estos le golpean y le dañan desapareciendo de repente con ellos. Johan es quizá ahora un nuevo demonio, un nuevo condenado que habitará el castillo encantado, presa de un dolor insoportable, el dolor de haber sucumbido a la pasión antes que al amor, a la muerte antes que a la vida.



LOS DEMONIOS DE LA HORA DE LOS LOBOS.


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[1] Duncan P & Vanselius B. Los archivos personales de Bergman. Ed. Taschen, pág. 128
[2] Bergman, Ingmar. Imágenes. Colección An danzas, Memoria. Tusquets Editores S.A. pág. 37
[3] Ver nota 2, pág. 37.
[4] Chevalier, J. & Cheerbrant, A. Diccionario de símbolos. Ed. Herder. Acepción isla.
[5] VV. AA. El libro de los símbolos. Reflexiones sobre las imágenes arquetípicas. Ed. Taschen.
[6] Ver nota 2, pág. 32
[7] Bergman, Ingmar. La linterna mágica. Fabula Tusquets Editores, pág. 15
[8] Cardona, Jaume. La relación del yo con el Sí-mismo en el ciclo de la vida. Imágenes en los sueños, el arte y el cine. Llibres Gestalt Dimensions, pág. 109
[9] Ver nota 8, pág. 109
[10] Laplanche, J. & Pontalis J. B. Diccionario de psicoanálisis. Ed. Paidós. Acepción incorporación.
[11] Eliade, Mircea. Mefistófeles y el andrógino. Editorial Labor / Punto Omega, pág. 155
[12] Ver nota 2, pág. 37
[13] Ver nota 2, pág. 37



sábado, 14 de enero de 2023

NOCTURNE (ZU QUIRKE, 2022): SOBRE LA ENVIDIA Y LA ENVIDIA INCONSCIENTE.

Nocturno (Nocturne, 2022) es la opera prima de su directora Zu Kirque, que es también su guionista, y cuyo argumento toma como referencia su propia experiencia como joven aspirante a músico, habiéndose formado desde su niñez y adolescencia para ser violinista clásica. Dice en una entrevista: "Es un mundo muy despiadado. Incluso si entrenas sin parar desde los 4 años, es posible que nunca lo logres, porque la competencia es muy alta. Así que situar la película en este entorno fue una excelente manera de explorar las formas en las que hacemos sacrificios por el arte". [1] La valoración de la crítica ha sido variada, aunque, en general, no ha sido buena. Yo creo que ello es debido a que la directora ha recurrido al género de terror para dotar a su argumento de una mayor intensidad, siendo verdad que es justamente en la utilización del terror donde la película es más floja, y donde la crítica se muestra especialmente más negativa. Zu Kirque recurre a dos argumentos muy conocidos para montar su guión: el primero es la rivalidad entre hermanas, que tiene su paralelo real en el caso de las hermanas du Pré, y que Anand Tucker llevó al cine en su excelente película "Hilary y Jackie", ya comentada en este bloc (pulsar aquí para ver la entrada), y que nos remonta a la temática bíblica de Caín y Abel; y en segundo lugar, al no menos conocido tema fáustico de vender el alma al diablo para llegar a los fines que se quieren lograr, y que tiene su gran obra en el mundo literario acerca la ambición en el arte de la música en el "Doctor Faustus" de Thomas Mann. En todo caso, y si no fuera por el que me permito llamar "acto fallido" de enmarcar la película en el género de terror y suspense, lo que este acto fallido pone de relieve lo que es, una interesante película sobre el tema que nos trae aquí: la envidia.

Efectivamente, Nocturne parte de la relación y rivalidad pianística entre las hermanas gemelas Lowe, o más concretamente de la envidia y rivalidad de Juliette (Sidney Sweeney) hacia Vivian (Madison Iseman). Vivian es la dotada de genio, mientras Juliette se queda en una "buena" pianista (como le dice Roger - John Rothman -, su profesor). Para contextualizar el origen de esta enconada envidia, cito un momento de la película en la que Juliette explica a Max (Jacques Colino), el novio de Vivian:

... Oscar Levant toca el concierto en Fa de Gershwin. Te juro que vi esa escena cientos de veces entre los cuatro y cinco años, y supliqué, supliqué, y para que me callara mis padres nos apuntaron a clase de piano. Yo sentí que encontraba mi sitio, todo cobró sentido. Vi no tanto. Y entonces pasó algo... que se le dio bien y a mi no.


Las hermanas Lowe (Vivian y Juliette)


I. ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA ENVIDÍA EN NOCTURNE.

Las definiciones generales de la envidia hacen referencia a dos dimensiones:

1) Tristeza o pesar del bien ajeno.
2) Deseo de algo que no se posee.

Sin embargo, hemos de profundizar un poco en estas dimensiones. Veamos:

Sobre la dimensión 1, la tristeza o pesar del bien ajeno implica que la envidia no se refiere tanto a un objeto que el otro puede poseer, sino a la felicidad del otro, sea por los motivos que sea. Eso nos relaciona la envidia con el resentimiento, lo que hace que el paso que va de la tristeza o pesar del bien ajeno a la alegría por el mal ajeno sea muy corto.

Sobre la dimensión 2, deseo de algo que no se posee, implica que la envidia si es por un objeto, ya sea material o inmaterial, que el otro posee, lo que puede llevar al deseo de privar a ese otro del objeto en cuestión.

Existe una dimensión 3, que sería una combinación de las otras dos, es decir en donde la posesión de ese objeto se relaciona con la felicidad del otro y, en consecuencia, con el sentimiento de desagrado, amargura e infelicidad propios. En ese caso, el deseo de privar del objeto al otro va unido al de congratularse por la infelicidad y el mal que eso le implicaría.

En el caso de Nocturne nos encontramos en la dimensión 3, es decir, Vivian tiene el talento y el genio pianístico que ,e proporciona alegría y satisfacción, la que, en principio, debería haber sido de Juliette, además de tener novio, el mejor profesor de la escuela, etcétera, lo que se convierte para ella en una sentida mediocridad pianística y como persona, lo que le conlleva un fuerte sentimiento de frustración y amargura. La envidia de Juliette se centrará en la posibilidad de que, como veremos, una inconsciente "venta de su alma al diablo" pueda arrebatar a su hermana el talento y el genio y, de paso, su satisfacción, deparándole a ella toda la frustración y la amargura que ahora siente suya.

La mirada de la envidia.


II. LA ENVIDIA INCONSCIENTE.

Sin embargo, la temática de Nocturne es más profunda de lo que una primera lectura podría implicar, y que explicaría la aparente poca fuerza del elemento de terror en la película. Veamos:

- En primer lugar, hay un aspecto que me parece interesante destacar, y que expone con bastante claridad la filósofa italiana, y buena conocedora del psicoanálisis, Wanda Tommasi, quien nos dice:

... considero, sin embargo, que la forma de envidia más venenosa y destructiva es la que afecta a la relación entre mujeres; pues aquí hay lo ilimitado y sin fondo que deriva de la relación femenina con la madre. No está la diferencia sexual para hacer, de alguna manera, de linea divisoria que marque distancia: por el contrario, la gran cercanía - el ser mujer del mismo sexo que la madre - propicia una confusión entre una y otra -que se convierte en campo de cultivo de una envidia que desemboca con frecuencia en lo ilimitado.[2]

Esta observación es interesante porque es lo que la película nos muestra en el caso de Juliette y Vivian, una venganza, como veremos, sin límite. Tommasi cita a María Zambrano [3], quien contrapuso la envidia al amor en el sentido de que ambos sentimientos definen "avidez de lo otro" y añade: "... mientras que en el amor se tiende al uno, a fundirse con lo otro, en la envidia lo otro permanece obstinadamente otro, dividido entre un fuera y un dentro alucinado."[4]

Evidentemente la relación de Juliette con Vivian viene determinada por este tipo de envidia tan intensa, ilimitada, en la que Vivian adquiere la dimensión de lo que ella debería haber sido y, a la vez, no es, generando un serio problema de autoestima, infravaloración y pérdida de lugar que hace derivar la envidia en resentimiento y, por ello, deriva en esa búsqueda de venganza en relación con el envidiado.



- En segundo lugar, y este hace referencia a la crítica sobre el flojo elemento de terror en la película, en esta no nos encontramos al diablo como un Mefistófeles seduciendo a Juliette para que entregue su alma a cambio de su éxito como pianista. Curiosamente, el protagonista es un cuaderno de teoría que perteneció a Moira, una joven y genial violinista que se suicidó, y con cuyas imágenes de su suicidio empieza la película. El cuaderno muestra unos extraños dibujos, al estilo de antiguos grabados, cinco en concreto, y hay una página arrancada, cuyo sentido veremos hacia el final de la película. La única pista que tenemos es un texto inicial que dice:

                                                        La Gloria inmortal espera a la 
                                                        que me acoja en sus tinieblas, 
                                                        y en este libro el camino hallaréis: 
                                                        uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis.


En principio, nada hace pensar que se trate de algo demoníaco, pero Juliette, en vez de devolverlo, se lo queda. Será este acto el que desencadenará progresivamente la dimensión destructiva de la envidia hacia el envidiado. Sin embargo, es cierto que esa dimensión destructiva de la envidia, llamada por Melanie Klein envidia primaria, suele hacer que esta se relegue al inconsciente y se reprima por ser difícilmente soportable:

... la envidia primaria está en Klein tan cerca del instinto de muerte en estado puro: por ello, la envidia es difícilmente soportable conscientemente y permanece en gran parte inconsciente. La envidia primaria es intratable por si sola porque es demasiado destructiva.[5]

Por ello, sigue indicando la autora citada, que es por ese motivo, por el hecho de ser la envidia inconsciente, que "se manifiesta en acciones cuyo significado resulta enigmático para el sujeto mismo y que solo ulteriormente pueden ser reconocidas como fruto de la envidia."[6] Y eso es lo que exactamente ocurrirá con Juliette.

III. ENVIDIA Y DESTRUCCIÓN: LA VENGANZA

Desde que aparece y se queda el cuaderno de teoría de la violinista empieza a ejecutarse la venganza relacionada con la envidia en toda su dimensión destructiva, si bien, insisto, no hay una aceptación tácita de ningún trato de Juliette con el diablo, excepto haberse quedado el cuaderno. El desarrollo de esta venganza se relaciona con las ilustraciones que hay en el cuaderno, como descubrirá Juliette al apreciar que los textos en las imágenes sólo se pueden leer reflejadas en el espejo. Así, al reflejarlo, cada una de las 5 imágenes se relacionan con una dimensión de la venganza:

1) Invocación
2) Garantía
3) Triunfo
4) Consumación
5) Purificación
6) ...

Queda pendiente aclarar el significado de la página arrancada pero que, como dice el texto inicial, son seis los pasos y, por tanto, hace referencia a un sexto paso no especificado.

Veamos ahora el desarrollo de esta venganza.

1) Invocación. El primer acto con el que empieza la ejecución de la venganza es participar en una prueba por la que se seleccionará la pianista que intervendrá en un concierto que organiza la escuela donde ambas hermanas participan. La cuestión es que, sorprendentemente, Juliette elige, sin decirle nada, participar con la misma pieza con que lo hace Vivian (el concierto número 2 de Camille Saint-Saëns), mucho más complejo que el de Mozart con el que iba a participar. El detalle que lo relaciona con el libro es que antes de tocar en la prueba Juliette se toma tres pastillas de propanolol, un betabloqueante. Estas tres pastillas son el nexo con la primera imagen del cuaderno, pues en ella, como Juliette observa posteriormente, la figura femenina central tiene tres círculos redondos sobre la palma de su mano derecha, mientras que con la izquierda su palma se apoya sobre el cuaderno. Durante la prueba sucede un hecho significativo, parece que después de tocar se desmaya y sufre una alucinación en la que, después de atravesar un corredor de aspecto rojizo, llega a una ventana de la que emana una luz brillante de color cálido. Al atravesar esta  se ve ella misma triunfando en el concierto, ovacionada con entusiasmo por el público. Ella como observadora llora, mientras su imagen triunfadora la mira seductoramente. En ese momento se da, inconscientemente, el pacto con el diablo que es el inicio de la ejecución de la venganza.

A pesar de hacer una gran interpretación, no obstante, es su hermana la seleccionada para el concierto.



 2) Garantía. El siguiente paso es deshacerse de Roger, su profesor de piano, quien ella siente que no la potencia suficientemente y que la condena a ser solamente una "buena pianista": "Eres buena pianista, yo creo en ti, pero debes moderar tus expectativas. No todos podemos aspirar a dar conciertos" - le dice Roger -. Compárese esta afirmación con la que le hace el reputado Dr. Cask (Ivan Shaw), profesora de Viviane acerca de esta: Su técnica no es mejor que la tuya [...] Su eficacia es peor. ¿Qué es lo que convierte a Viviane en una estrella y a ti en lo que seas? Toca como alma que lleva el diablo [...] En la música hay que ir a muerte. Si quisieras triunfar nada te hubiera detenido." Esta última frase es la que tomará forma en Juliette bajo la forma de venganza implacable. El segundo paso implica deshacerse de un profesor que, en realidad, considera que no cree suficientemente en ella y por quien se siente traicionada al decirle: "Vivian está mejor dotada para la música". Reacciona entonces poniendo al límite a Roger diciéndole que es "un deforme borracho que finge haber elegido dar clases, cuando lleva sin tocar en público 20 años"), y quien perdiendo el control la abofetea. Esto procura su expulsión momentánea, y Juliette pide que su tutor provisional sea el Dr. Cask, el profesor de Vivian, petición que le es concedida.




3) Triunfo. El siguiente paso consiste en inutilizar a su hermana Vivian, lo cual sucederá en una fiesta, cuando esta sorprende a su novio Max hablando a solas con Juliette. Vivian reacciona mal y la escena deriva en un momento de tensión en donde ambas se empujan. Juliette sale entonces corriendo y Vivian la sigue por un espacio muy oscuro. Surge entonces, de nuevo, la supuesta intervención del diablo bajo la forma de la luz brillante de color cálido que frena a Juliette. Mientras, se oye pasar corriendo a Vivian y momentos después un grito. Se apaga la luz y Juliette llama a Vivian... Pero esta se ha despeñado por un precipicio. Al darse cuenta de ello evita entonces que sea Max, quien también va corriendo, quien se despeñe.




Como consecuencia de este "accidente", Vivian sufre fracturas en el brazo de larga recuperación y que la apartan del concierto para al que había sido seleccionada, siendo ofrecido entonces éste a Juliette, quien lo acepta. También se le viene a decir que quizá ya no pueda volver a tocar de la misma manera. Evidentemente, el distanciamiento entre hermanas se hace abismal. Vivian le dice: "A ti te pasa algo, no creas que no me doy cuenta, pero esta vez no cuentes conmigo para ayudarte."

Es en este momento cuando, ante su sorpresa (de nuevo lo inconsciente), Juliette relaciona los acontecimientos con el cuaderno de Moira, pues la posición en la que queda la hermana caída es la misma que la del dibujo número 3, y luego que el dibujo número 2 se relaciona con la expulsión de Roger, y la 1 con ella misma invocando el libro a partir de las tres pastillas en la mano. Lo relaciona también con hechos similares que le sucedieron a Moira, la violinista. Este momento de la película pone de relieve el carácter inconsciente de su acción cuando dice: "las cosas de estos dibujos me están pasando, y no sólo me pasan sino que me ayudan [...] O estas cosas le pasaron a Moira como a mi, o me estoy volviendo loca como ella". Pero justo después de esto le cuenta a Max que Vivian se ha estado viendo con otro hombre,

4) Consumación. La consumación coincide con una mayor consciencia de la satisfacción de Juliette ante la "derrota" de su hermana. A partir de ese momento ya no se detiene solo con el tema musical, sino que sigue con el intento de querer arrebatarle también a Max, con quien finalmente mantiene relaciones sexuales, con lo cual se cumple la imagen de la cuarta carta.



5) Purificación. Esta afecta al Dr. Cask, a quien le desvela que ha sido el otro con quien Vivian se había estado viendo. El golpe viene cuando descubre que Cask no sólo "se la estaba follando" sino que "Uau! ¿Estás enamorado de ella, no? Y en este momento, en el que se siente traicionada, también se venga de este profesor como hizo con Roger: "Sabes, yo te idolatraba, pero no eres distinto a Roger. Yendo de gran hombre en esta casa vacía con tu trofeo por un segundo puesto de hace dos décadas." Al final de la tensa discusión, Juliette le lanza el trofeo que obtuvo en dirección al fuego de la hoguera, con lo cual se cumple la imagen de la quinta carta.

Y así llega al día antes del concierto con la incógnita de la sexta carta. Ante la duda Juliette se pone a dibujar dejando que su mano la lleve, como en un equivalente de la escritura automática. Su sorpresa es que la sexta imagen es la de una joven dando un paso para arrojarse por un precipicio, y titulada "Sacrificio". Se trata de su propio suicidio, igual que ocurrió con Moira.



Esta es la consecuencia de este "pacto con el diablo": la consumación de la venganza conlleva el sacrificio de su vida y de su alma. Así llega al día del gran concierto.

IV. LA DESTRUCCIÓN DE UNO MISMO.

Todo el proceso que hemos visto en el punto III se resume en las siguientes palabras acerca de la envidia maligna, o como prefiere considerar su autora envidia deseosa-destructiva: 

En la idea de envidia maligna es central no la separación per se, sino el afilado borde de la diferencia vivido como carencia cuando se inscribe inconscientemente como un encuentro entre un Tengo y un No-Tengo: un otro ideal visto como más aventajado que uno mismo vivido como rechazando una necesidad o un intento de vínculo narcisista con ese objeto, cuya ausencia da lugar a fantasías de ser defectuoso o a aquellas otras de identificación, triunfo y venganza omnipotentes. De ahí que el denominado ataque envidioso pueda considerarse como un modo de sublevación [...] contra el sentimiento aterrorizante o mortificante de carencia... [6]

Sin embargo, las consecuencias de esta envidia deseosa-destructiva, como ocurre con el resentimiento y la venganza, es que la víctima es también aquel que la sufre. Eso es lo que la película aborda en su final: en el momento del concierto toman presencia tress dimensiones que remueven el problema de inseguridad y bajo autoestima de la personalidad envidiosa. Una protagonizada por el Dr. Cask, que instantes antes del conflicto le había dicho a Juliette que "hay algo dentro de ti, una semilla de grandeza", y que en un momento posterior de la tensión del conflicto le dice:

Hablemos de los grandes, ¿quieres? Gould, Ashkenazi, Horowitz... ¿Qué tienen en común esos nombres? [...] No fueron a escuelas de arte. ¿Nunca te has preguntado por qué los Perahia y los Pollini de este mundo no perdieron el tiempo en estúpidas competiciones de academia? Es porque superaron este obstáculo antes de que muchos empezaran a caminar. Tocaron en escenarios internacionales antes de aprender a ir en bici. No vas a perder tu ocasión de ser grande Juliette. Ya la has perdido.

Presa del miedo y la ansiedad por el mensaje del sexto dibujo del cuaderno y por la advertencia de Cask, se une que instantes antes de empezar necesita hablar con Max y este no le contesta, y seguidamente recibe la visita Viviane, que le cuenta que Max le ha dicho lo sucedido, y entre más cosas que le dice están las siguientes:

Tú eres la substituta [...] Aunque salgas ahí y hagas la mejor interpretación que se recuerde en la historia de la música no habrá cambiado nada. Seguirás siendo Juliette Lowe y no tendrás lugar donde ir. Tanto tú como yo hemos fracasado. Yo al menos tengo una excusa. Tú solo eres mediocre.




A partir de ese momento, Juliette entra en un ataque de pánico, y al llegar frente al piano la situación la sobrepasa y se retira del escenario. La luz de color cálido y brillante aparece ahora de nuevo en un piloto con la palabra "exit" (salida) que la dirige al tejado desde el cual se acerca al borde del vacío y avanza el pie como en el dibujo... La película acaba mostrándonos como avanza el pie para arrojarse al vacío al tiempo que se ve triunfando clamorosamente en el concierto. Al final vemos su imagen ensangrentada muriendo viéndose triunfante.

El drama final del envidioso deseoso-destructivo es que su acción destructiva suele conllevar su propia destrucción, puesto que el odio mostrado hacia "el otro", no es más que la proyección del odio a sí mismo.


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[2] Tommasi, Wanda. La envidia, mal segrado: María Zambrano y Melany Klein. Publicado en Chiara Zamboni (ed.), L’inconoscio può pensare?, Bérgamo: More¿i&Vitali Editori, pp. 21-37. Traducción del italiano de María-Milagros Rivera Garretas (texto) y Helena Casas Perpinyà (notas) para DUODA   Estudis de la Diferència Sexual / Estudios de la Diferencia Sexual, Nro 59 págs. 43-61
[3] Zambrano, María. El hombre y lo divino. "El infierno en la tierra: la envidia". FCE, pág. 277
[4] Ver nota 2.
[4] Ver nota 2.
[5] Ver nota 2.
[6] Gerhardt, Julie. Las raíces de la envidia: la experiencia poco estética del self atormentado / desposeído. Aperturas psicoanlíticas. Revista internacional de psicoanálisis nro. 35 2010.
Disponible en: http://www.aperturas.org/articulo.php?articulo=0000649

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PELÍCULA RELACIONADA.





viernes, 16 de diciembre de 2022

EYES WIDE SHUT (Stanley Kubrick, 1999): El acoso de las fantasías.


HEMOS LLEGADO A LOS 150 COMENTARIOS.

Eyes wide shut (1999) fue la última película dirigida por Stanley Kubrick. Basada, aunque con diferencias significativas, en Relato de un sueño, de Arthur Schnitzler, como la mayoría de las obras del director, constituye una obra compleja en la que con su proverbial y obsesiva meticulosidad, nada es accesorio. Protagonizada por Nicole Kidman (Alice) y Tom Cruise (Bill) como el matrimonio Harford, su argumento se puede contemplar desde distintas perspectivas, si bien dos aspectos destacan especialmente: la temática que gira alrededor del deseo dentro de la rutina de una pareja de clase medial alta, así como de las fantasías. y la temática que lo hace alrededor del poder y sus estratos (representado por el personaje de Victor Zegler, interpretado por Sidney Pollack, y por la conocida escena ritual-orgiástica que sucede en una misteriosa mansión llamada Somerton), y de la relación, por decirlo en junguiano, de la sombra que se oculta tras la persona (en el sentido de máscara). Si a todo esto le unimos la dimensión simbólica que envuelve la película requeriría un comentario de gran extensión (se le ha dedicado libros a su análisis). En todo caso, y por sus características, es un comentario que dentro de este blog es inevitablemente más extenso de lo habitual, todo y centrándome en la dimensión psicológica. Debo citar especialmente que, en su elaboración, el abordaje que hace de las fantasías el filósofo lacaniano Slavoj Zizek en su libro "El acoso de las fantasías" (ver nota 1) ha sido fundamental.

I. EL INICIO DE LA PELÍCULA.

Stanley Kubrick, desde el primer momento, nos sumerge en la temática de la película. Bajo la conocida música del Vals nro. 2 de la Suite para orquesta de variedades de Dmitri Shostakóvich, y a los 32 segundos de proyección vemos una corta escena de 7 segundos en los que Alice, de espaldas, se quita un elegante vestido negro quedando desnuda en una estancia definida por un espacio entre dos columnas, un espejo que cubre la puerta de un armario a su izquierda, una ventana con una cortina roja recogida con la persiana bajada, y en el suelo algunos pares de zapatos de mujer y dos raquetas de tenis y una lámpara de luz.


En una sola imagen tenemos los grandes temas de la película: desvelamiento y desnudez, reflejo en el espejo (¿qué se refleja en él?), ventana cerrada y ocultamiento, y todo ello en lo cotidiano (representado por los zapatos y raquetas). De eso va la película, de que se oculta tras el disfraz, de aquello que se refleja cuando el disfraz se cae revelando lo oculto que se esconde tras una ventana cerrada (eyes wide shut, ojos bien cerrados).

Es algo que también se representa en la película con el hecho de que su argumento transcurra en tiempo de navidad. Los árboles de navidad y las luces de colores están presentes en muchas escenas de la película (excepto en la mansión Somerton, que constituye la oscuridad tras las luces). Quizá la navidad es un buen símbolo para representar el ocultamiento de las sombras tras la máscara, como la que, por ejemplo, se deriva de que siendo una fiesta de carácter espiritual (el nacimiento de Jesús, el mesías, en un entorno pobre y sencillo), no obstante está envuelta de toda una fuerte presión de imagen y consumismo que se manifiesta a diferentes niveles.

II. EL MATRIMONIO HARFORD Y LA FIESTA EN CASA DE LOS ZEGLER.

La película empieza mostrándonos el matrimonio Harford disponiéndose a ir a la fiesta de los Zegler. Quisiera destacar tres momentos que me parecen importantes en estas escenas:

1. Al inicio, y aunque sea un breve detalle, observamos algo que se nos representa en el siguiente diálogo que, curiosamente, transcurre en el baño:

Alice: ¿Qué tal estoy?
Bill:    Perfecta - sin mirarla, mientras se mira en el espejo ajustándose la camisa -
Alice: ¿Está bien el peinado?
Bill:    Estupendo - mientras sigue mirándose al espejo -
Alice:  ¡Ah...! Ni siquiera lo has mirado.
Bill:    Es precioso -ahora sí girándose hacia ella -

Típica escena de pareja cuyas vidas transcurren en una rutina en la que las miradas apasionadas son substituidas por palabras vacías y tópicas como, en nuestro caso, son perfecta, estupenda y precioso.

2. En la fiesta de los Zegler vemos a Alice y Bill coqueteando cada uno por su parte. Especialmente interesante es el diálogo entre una seductora Alice (quien ya ha tomados algunas copas de champán) y el seductor Sandor Szavost (Sky du Mont), que parecería desarrollar el detalle del comentario en el punto 1. Y así, en el momento en que ambos bailan juntos, y Alice ve a Bill también coqueteando con dos bellas jovenes modelo, se dice:

Sandor: ¿No crees que uno de los encantos del matrimonio es que hace del engaño una necesidad para ambas partes? ¿Puedo preguntar porque una mujer tan bella, que podría tener a cualquiera, prefiere estar casada?
Alice:    ¿Y por qué no?
Sandor: ¿Tan feas están las cosas?
Alice:    Tan bien diría yo.



De hecho Sandor no hace más que revelar justo lo que está sucediendo en el momento: que ambos, Alice y Bill, están seduciendo y dejándose seducir. ¿Qué revela este juego de seducción? En realidad pone en juego dos aspectos: la fuerza del deseo y la pasión que la rutina ha ido oxidando, y la fuerza del deseo y la pasión en su sentido más transgresor. Ambos juegan al límite en el que la seducción puede quedarse en simple juego seductor, o si lo cruzan dirigirse al más allá de la seducción. Como le dice una de las jovenes modelos a Bill, cuando les pregunta a donde van: "Donde termina el arco iris". Es decir, donde las convenciones sociales acaban, donde la máscara cede para dejar surgir lo que hay más allá de ella. Donde el espíritu de la navidad cede a otro espíritu que se oculta tras él.


De hecho, es lo que se nos muestra en la película cuando Zegler, el magnate que le ha invitado, manda buscar a Bill para que atienda a "Mandy" (Julienne Davies), una prostituta drogadicta con la que estaba teniendo relaciones. Esa realidad es la que también se oculta más allá del arco iris, más allá de las apariencias de las luces de navidad.

III. CONFLICTO EN EL MATRIMONIO HARFORD.

Tras la fiesta, y tras insinuarse un encuentro sexual entre Alice y Bill, siguen unas imágenes de la vida cotidiana del matrimonio: Bill ejerciendo como el doctor Harford en su consulta, y Alice (con gafas y su bata azul) cuidando de su hija Helena, para, finalmente, ofrecernos una tierna imagen de los tres mientras Helena lee un cuento. Finalmente, vemos a la pareja en la cama fumando marihuana, siendo ahí donde se inicia el conflicto. Alice le pregunta a Bill por las dos muchachas que conoció en la fiesta, mientras que Bill lo hace por el hombre con quién bailaba, y el problema empieza cuando tras contarle Alice que aquel hombre quería sexo con ella, él le responde que es lógico "porque eres una mujer muy guapa". Esa observación desencadena el enfado de Alice: "... como soy guapa la única razón por la que un hombre quiere hablar conmigo es porque le apetece follarme, es eso lo que quieres decir". 



A partir de ese momento empieza una discusión en la que Alice pretende descubrir lo que Bill piensa realmente a partir de su afirmación de que "los dos sabemos como son los hombres" (pues él también lo es). La discusión se centra sobre tres aspectos:

1) Sobre el tema de la mirada de un hombre hacia Alice, y que abre el tema de si hay una mirada más allá de verla como un objeto sexual.

2) La pregunta sobre si Bill, como hombre (los dos sabemos como son los hombres), desea también a las dos modelos como objetos sexuales, y que la única razón por la que no pasa al acto es por consideración hacia ella por ser su esposa (el compromiso sobre la fidelidad), lo que pondría en relieve que en realidad ella querría que no sintiera deseo por ellas (la idea de ser la única no solo amada, sino también deseada). 

3) Finalmente, la suposición de Bill de que las mujeres no piensan como los hombres sobre este tema, y que lleva a Alice a manifestar visiblemente enojada que "... los hombres tienen que meterla donde puedan, pero la mujeres, las mujeres sólo buscan seguridad y comodidad y todas estas gilipolleces", lo que lleva a Bill a reafirmar con más énfasis su idea.

Esta última afirmación de Bill desencadenará el relato de un suceso que ocurrió el último verano con un oficial de marina en un hotel. Dice Alice bajo la mirada consternada de Bill:

... al pasar junto a mi me miró una mirada, nada más, pero apenas pude moverme. Aquella tarde [...] tú y yo hicimos el amor y también hicimos planes para el futuro, y hablamos sobre Helena, y en ningún momento se me fue de la cabeza. Y pensé que si él me deseaba, aunque sólo fuera por una noche estaría dispuesta a dejarlo todo, a ti, a Helena, todo mi jodido futuro. Todo!!



Y para complicarlo aún más le dice a Bill: "Y aun así era extraño porque al mismo tiempo te quería más que nunca, y en aquel momento mi amor por ti era, a la vez, tierno y triste. Yo casi no dormí aquella noche. A la mañana siguiente me desperté llena de pánico. No sabía si tenía miedo de que se hubiera ido o de que aun estuviera allí, pero en la cena comprendí que se había marchado y sentí un gran alivio."

En ese momento suena el teléfono y Bill tiene que ir a casa de un paciente que ha fallecido.

Esta escena constituye el núcleo del tema alrededor del que gira todo el argumento de la película, desencadenando en Bill una fantasía que le perturbará notablemente y en la que se imagina, en varias ocasiones, a Alice gozando de "follar" con el oficial de la marina. De la misma manera que la actitud de Bill genera las dudas en Alice, el relato de esta perturba decididamente a Bill como veremos a partir de ahora.



Si contraponemos la situación de Bill en relación con los tres puntos que definimos sobre Alice, podemos decir que respecto a él se abren las siguientes incógnitas:

1) Con respecto al punto 1 de Alice, a Bill se le abre el tema de que hay en la mirada del oficial que despierta el deseo exacerbado de ella, y que parece que él no tiene, mostrándole que Alice está insatisfecha con él.

2) Con respecto al punto 2 nos encontramos en una situación parecida, y que podríamos formular como qué hubiera ocurrido si el oficial de marina le hubiera mostrado su deseo... ¿Hubiera tenido Alice la misma consideración que él afirma tener con ella? ¿Les habría abandonado a él y a Helena como sostenía?

3) Con la narración de su fantasía, Alice da la vuelta a la afirmación de Bill sobre las mujeres. Su formulación bien podría afirmar algo que Sandor Szavost le dice mientras baila con ella en la fiesta: "¿Sabes por qué se casaban antes las mujeres? Era la única manera de perder la virginidad y hacer lo que quisieran con otros hombres, los que en realidad querían.", y que tendrá su máxima expresión en el sueño que Alice le narrará al volver de su primera noche.

IV. EL ACOSO DE LA FANTASÍA... DE LA FANTASÍA.

El libro de Slavoj Ziek "El acoso de las fantasías" se inicia en su introducción de la siguiente manera:

Imaginémonos en la situación común de los celos: repentinamente me entero de que mi compañera ha tenido una relación con otro hombre. Bien, no hay problema, soy racional, tolerante, lo acepto...; pero entonces, irremediablemente, las imágenes empiezan a abrumarme, imágenes concretas de lo que hacían (¿por qué tuvo que lamerle precisamente ahí, ¿por qué tuvo que abrir tanto las piernas?), y me pierdo, temblando y sudando, mi paz se ha ido para siempre.  [1]

Sin embargo, en nuestra película asistimos no a una fantasía sobre una realidad, sino a una elaboración de una "fantasía sobre una fantasía" (Zizek la llama falsificación reflexiva [2]), es decir, a la fantasía que atormenta a Bill, como buen neurótico obsesivo, sobre la fantasía de Alice con el oficial de marina o, si se prefiere, a un intento desesperado de dar contenido al encuentro traumático que representa para Bill la fantasía narrada por su mujer, y que representa un fuerte golpe para su ego.



De la misma manera que podemos hacernos algunas preguntas en relación a que caracteriza las fantasías, como hace Zizek en su libro en el capítulo titulado "Los siete velos de la fantasía", la misma aplicación la podemos reflexionar en relación a la "fantasía sobre la fantasía" que hace Bill. Veamos:

1) Sobre la posición del sujeto. ¿Como sujeto, que posición asume Bill en su fantasía acerca de la fantasía de Alice? Bill se halla en posición de un observador que contempla la escena desde el punto de vista de que le da el otro que yo no le doy y que exacerba el deseo de Alice. Bill se coloca en el lugar del sujeto castrado que le pone en contacto con su propia carencia, lo que perturba profundamente su propio autoconcepto, a la vez que, como veremos, desencadena su deseo

2) Sobre su esquematismo. Derivado de su posición de sujeto castrado, la fantasía sobre la fantasía, muestra precisamente a Bill el misterio del deseo del otro (el "Che vuoi? de Lacan). ¿Qué quiere Alice de mi? ¿Qué le da el oficial de marina que yo no le doy? Como sujeto castrado, en su fantasía, no tiene respuesta ante el misterio de la fantasía de Alice.

3) La intersubjetividad. Siempre en relación a su posición como sujeto castrado, Bill es también el sujeto desplazado, el sujeto faltante de agalma, es decir, desprovisto del supuesto tesoro escondido, de eso tan brillante y especial que hay en mi interior (el objeto a de lacan) que enciende el deseo del otro y que, en su representación de la fantasía de Alice, justamente posee el oficial de la marina. Tal como Bill se representa la fantasía de Alice, la agalma se relaciona con la mirada del oficial. Recordemos las palabras de Alice: "al pasar junto a mi me miró una mirada, nada más, pero apenas pude moverme." Evidentemente, como sujeto castrado y desplazado, carente de agalma, la crisis estalla para Bill al pasar a ser un sujeto que no es digno del deseo de Alice.



4) La oclusión narrativa del antagonismo. Dice Zizek a este respecto que la fantasía es la forma primordial de narrativa, que sirve para ocultar algún estancamiento original. [3] Y añade posteriormente que es la forma misma de la narrativa la que permanece como testigo de un antagonismo reprimido [4]. De igual manera, lfantasía sobre la fantasía nos dice algo de un estancamiento de Bill, estancamiento que tiene que ver, como obsesivo, con el estancamiento de su deseo, pues para el obsesivo el deseo "siempre debe ser evitado o mal reconocido, para que conserve su paz mental." [5] Se pone de relieve aquello que precisamente le está vedado: su deseo, lo que no puede darle a Alice. El obsesivo no da su deseo sino que procura controlar el goce de su pareja intentado satisfacerla completamente, lo que, inevitablemente, lleva esta a su insatisfacción puesto que falta ese mirada del sujeto deseante (que no complaciente) que se supone que hay en la mirada del oficial de marina que mueve tan profundamente a Alice (pues siente que satisface plenamente su deseo que no es ser complacida, como  lograr intensamente el deseo del otro). Aquí tenemos como la narrativa de la fantasía de la fantasía "permanece como testigo de un antagonismo reprimido", es decir, control vs. deseo. Es la sensación que se tiene en la escena en que vemos a Bill acercarse a Alice desnuda frente a un espejo, y en la que, posteriormente, vemos como ella se mira en él mientras Bill la acaricia y la besa. ¿Qué ve en el espejo Alice? ¿El hombre que la desea o el hombre que la complace?



5. La caída. De nuevo Zizek dice: "... la narración fantasmática no escenifica la suspensión-transgresión de la Ley, sino el acto mismo de su instauración, de la intervención en el corte de la castración simbólica. Lo que la fantasía se esfuerza por representar es, a fin de cuentas, la escena "imposible" de la castración." [6] En la fantasía de la fantasía nos encontramos justo en el lugar contrario. Para Bill, como obsesivo, la fantasía desencadena su deseo, busca instaurar la transgresión de la ley que le somete, lo que suele ocurrir precisamente cuando "su objeto amado se niega a estar completamente satisfecho y quiere más. Estos son los momentos en que su deseo puede correr más rápido que su capacidad para controlarlo." [7]

6. La mirada imposible. Efectivamente, la construcción de una fantasía implica un punto de vista que no se ajusta al contexto de los sucesos que la determinan. La mirada imposible es una mirada sesgada. En el caso de Bill, en su fantasía de la fantasía se trata de una mirada que se centra en qué tiene el otro que yo no tengo entendido como un valor positivo determinante, cuando, en realidad, es justamente todo lo contrario, se trata de un valor negativo: lo que tiene el otro que no quiero tener es precisamente la falta, la carencia de donde surge el deseo. 

7. La transgresión inherente. En las fantasías podríamos decir que hay una distancia entre la representación (la textura explícita simbólica que sostiene), y aquello que el sujeto se oculta como el más allá de la representación, lo que para Zizek constituye su transgresión inherente (el trasfondo fantasmático). Si la fantasía de Alice que Bill imagina fuera realmente la fantasía de Alice, la transgresión inherente sería que el imaginarse ser sujeto de deseo del oficial de marina permite dar rienda suelta a su utilización como objeto de deseo. En la fantasía de la fantasía de Bill estamos de nuevo en el lugar inverso, y más que de transgresión inherente hablaríamos de la ley inherente, y que podríamos formular como que el imaginarse como objeto de deseo de Alice no le permite reconocerse como sujeto de deseo de ella, y que en la temática original del obsesivo se refiere al conflicto que experimentó en su infancia entre sentirse objeto de deseo complementario de la madre y la interdicción de la ley paterna (de un padre al que también ama) que le impide ser sujeto de deseo de ella, hacia la que también siente agobio puesto que en absoluto quiere ser todo para ella. 

Con todo este complejo que constituye la narración de Alice, y la posterior fantasía de la fantasía de Alice, Bill afrontará una primera noche, y luego una segunda, en la que veremos en marcha todos estos elementos que hemos estado definiendo.

V. PRIMERA NOCHE.

Bill, tras recibir la llamada de la hija de un paciente que ha fallecido, sale consternado tras la narración de Alice, observando como en el taxi aparece por primera vez la representación de la fantasía de la fantasía. A partí de ese momento sucederán una serie de hechos que contrapondremos en relación al análisis realizado.

- El deseo de Marion, la hija del paciente.

Bill, tras presentar las condolencias a Marion (Marie Richardson) recibe una declaración de amor de esta quien le besa apasionadamente y le declara que quiere vivir cerca de él, a pesar de tener un novio con el que, en principio, se tiene que ir a vivir a otro estado. Bill intenta convencerla de que está alterada, de que no se conocen y de que nunca han hablado excepto de su padre. Tras la llegada de su novio (que ejerce la función de la autoridad que le permite no caer en el deseo de Marion), Bill se retira inmediatamente.

Tras salir de la casa de Marion, vuelve a aparecer la fantasía de la fantasía,vemos un gesto de enfado en Bill.



- El encuentro con un grupo de jovenes y con la prostituta Dominó.

Mientras va andando se cruza con un grupo de jovenes que se meten con él y le humillan llamándole mariquita, cabrón, puta maricona de mierda (mientras realizan gestos obscenos), mariquita gilipollas, ve a follarte a tu madre mamón... Es fácil imaginar aquí la voz denigrante del superyó de Bill al contemplar la fantasía imaginada y sentir su virilidad puesta en cuestión (el sujeto castrado).

Tras este incidente sigue el encuentro con Dominó (Vinessa Shaw), una prostituta que trata de convencerle para que suba a su apartamento, a lo que el accede (más por el efecto del superyó que le denigra que por sentirse sujeto de deseo). En el apartamento asistimos a la dificultad de Bill para definir su deseo, de establecerse como sujeto de deseo (la oclusión narrativa del antagonismo):

Dominó: ¿Qué te apetece?
Bill:        Bueno... ¿Qué me recomiendas?
Dominó: - riéndose - ¿Que qué te recomiendo...? Pues... preferiría no tener que explicártelo. ¿Y si me dejas que decida yo?
Bill:        Estoy en tus manos.
Dominó: ¿Qué te parece 150 dólares?
Bill:        Ma parece estupendo - como estupendo era el peinado de Alice -
Dominó: No estaré pendiente del tiempo.

Y justo cuando se empiezan a besar le llama Alice quién le dice que le gustaría saber cuanto tiempo va tardar en venir. Ahora, a través de Alice, oímos de nuevo la voz, ahora acusatoria, del superyó diciéndole: ¿Qué vas a hacer? ¡No puedes ceder a tu deseo! Y, efectivamente, Bill se marcha, no sin antes, y a pesar de que Dominó no quiere, pagarle los 150 dólares acordados, es decir, no ha cedido en su deseo, pero si intenta complacerla.



- El encuentro con su amigo Nick Nightingale y la Tienda Rainbow (Arco iris).

El encuentro con Nick (Todd Field) en el Sonata Café, ofrecerá, en un paso más hacia la transgresión, el reto de poder colarse en lo que parece ser una fiesta prohibida que se celebra en un lugar distinto cada noche, y para el que Nick trabaja (siempre con los ojos vendados). Fiestas de las que dice que, en una ocasión, y a través de una venda mal puesta, hay unas mujeres increíbles. Decidido logra que Nick le de el lugar donde va actuar esta noche (la mansión Somertone) y la contraseña para poder entrar (Fidelio), aunque para ello debe conseguir un disfraz, lo que le lleva a la tienda Rainbow (Araco iris) de disfraces donde en plena noche le pedirá a su peculiar propietario Milich (Rade Serbedzija) que le alquile una capa y una máscara, y donde asistiremos a una extraña escena en la que el vendedor descubre a su hija adolescente (Leelee Sobiesky) oculta junto a dos travestis (todos en ropa interior) que insisten en que ella les ha invitado a una especie de fiesta. Una vez más observa ante sus ojos como una joven adolescente transgrede aparentemente la ley del padre, mientras que a él le resulta imposible (la transgresión inherente). También es interesante el susurro que le hace (prácticamente inaudible en el cine), cuando antes de retirarse le dice: "Deberías llevar una capa forrada de armiño", haciendo referencia a que al lugar que va no puede ir de cualquier manera, ya que las capas de armiño son un símbolo de la realeza.



- En la mansión Somertone.

Llegamos finalmente en la mansión Somertone, donde con su capa y su máscara, Bill se introduce en una grandiosa mansión en la que se esta celebrando un extraño ritual que oficia un personaje cubierto con una capa roja y una máscara veneciana y portando un báculo, rodeado de un círculo de 11 mujeres también con capa y máscara y todo un conjunto de observadores también con capa negra y distintas máscaras venecianas (La caída). El ritual sigue hasta llegar un momento en el que las mujeres se quitan la capa quedando desnudas, cubiertas tan solo por un tanga y la máscara (todas parecen la misma mujer, en realidad todas parecen Alice, o Alice podría ser una de ellas), y todo bajo la excelente y perturbadora composición musical de Jocelyn Pook (Mask Ball, entre las composiciones recogidas en su obra Flood). El ritual sigue entonces saliendo del círculo cada una de las mujeres y eligiendo con un beso entre máscaras a uno de los observadores y llevándoselo de la sala. 



Una de ellas elige a Bill. A partir de este momento suceden los siguientes hechos:

1) La misteriosa mujer que la ha elegido le dice que se tiene que ir, que no es de los suyos. Es decir, reconoce que él no forma parte del tipo de personajes que concurren a estas fiestas.

2) Tras quedarse solo pasea por las salas de la casa, donde observa todo tipo de situaciones en las que, siempre bajo la mirada de observadores, se mantienen relaciones sexuales y orgías. No obstante, en toda esta escena hay algo extraño. La música de Jocelyn Pook que la acompaña parece "hechizar" a sus participantes, como si les dejara con un cuerpo sin alma, y así los observadores parecen estatuas (por su inmovilidad y posiciones), y las relaciones sexuales que observa Bill tienen algo de maquinal, algo así como si fueran "máquinas de follar". La rigidez expresiva de la máscara enfatiza la falta de alma que caracteriza esas máquinas, tanto a la del objeto pasivo de deseo como a la del sujeto activo de deseo, pero hablan de un deseo ciego, pulsional, que simplemente ve cuerpos y no seres. Eso es lo que los participantes en esta fiesta deben eliminar, todo rastro de humanidad. En realidad, estas imágenes muestran la verdadera fantasía de Bill, aquella que, en realidad, regula su deseo. Toda la timidez e inseguridad que mostraba con Marion o Dominó, se transforma en determinación refugiado tras la máscara. Como dice Zizek: 

El punto de vista freudiano fundamental con respecto a la fantasía sería que cada sujeto, hombre o mujer, posee tal "factor" capaz de regular su deseo; "una mujer arrodillada vista desde atrás" era el factor del Hombre de los Lobos; una mujer que recuerda a una estatua, sin vello púbico, era el de Ruskin, etc., etc. No hay nada estimulante en nuestra conciencia de este "factor"; esta conciencia no puede ser subjetivizada, es extraño, incluso horripilante, puesto que de algún modo "elimina" al sujeto, reduciéndolo al nivel de un títere "mas allá de la libertad y de la dignidad" [8]

3. La mujer misteriosa vuelve a su rescate pidiéndole que se marche del lugar, que tanto su vida como la suya corren peligro, pero ya es tarde. Bill es descubierto y llevado frente al oficiante del ritual quien desvela que es un intruso. Se trata de una imagen de la castración. Simplemente se le hace saber que ese no es su lugar, que aquí no hay lugar para su deseo, y para representar la castración se le obliga a desenmascararse - se le ha descubierto -y se le humilla: Y ahora, desnúdese - le dice el oficiante -. ¡Quítese la ropa! - insiste el oficiante ante su sorpresa, mientras el resto de participantes en el ritual le rodean -. Ante su oposición inicial continua el oficiante más agresivamente: ¡¡Quítese la ropa!! ¿O prefiere que se la quitemos nosotros? Aquí podemos entender ahora el miedo que le infunde la mujer misteriosa poniendo palabras a la angustia de castración: la vida corre peligro. 



4. La intervención de la mujer misteriosa.

Lo que parece un desenlace inevitable se ve, de repente, interrumpido por la mujer misteriosa quien se ofrece en su lugar: ¡Dejadlo! ¡Tomadme a mi! Estoy dispuesta a expiar su falta. Es interesante esta escena dentro de un contexto tan deshumanizado, incluso la representación que utiliza Kubrick de la mujer misteriosa en este momento parece que le de un una imagen de carácter sacro. 



De hecho ella se "sacrifica" (facere sacrum, hacer sacro) por él (quizá por eso la representación sacra). Una lectura en términos edípicos. y en relación con la angustia de castración, es que podemos ver en en ese sacrificio la represión del deseo incestuoso (deseo de fusión), es decir, la retirada del deseo del objeto de deseo (en ese caso retirada del deseo de la madre), o dicho en lacaniano, renunciar al deseo del deseo del otro. Contrasta ese "sacrificio" con las máscaras terroríficas que se enfocan mientras Bill está rodeado por todos los participantes en el ritual. 

Por último, establecer el contraste de esta sacralización de la imagen de la mujer misteriosa, con las máscaras de los participantes que aterrorizan, quizá como imagen del padre castrador. En ese sentido la idea de "realeza" del "poder político" o de "élites económicas", etcétera, representaría muy adecuadamente esta dimensión.



VI. El INTERMEDIO: EL SUEÑO DE ALICE Y EL GOCE FEMENINO.

Tras partir de la casa de los Somertone con la incógnita de que habrá sucedido con la mujer misteriosa, Bill llega a casa, y tras esconder el disfraz, entre en la habitación de matrimonio donde oye reír en sueños a Alice. Al despertar, esta empieza a llorar y le narra un sueño perturbador:

Estábamos en una ciudad desierta. La ropa había desaparecido. Estábamos desnudos y yo estaba aterrorizada y avergonzada. ¡Ay, dios! Y estaba furiosa porque creía que era culpa tuya. Tu te ibas corriendo para intentar encontrar la ropa. Y cuando te ibas todo cambiaba.

Me sentía maravillosa. Estaba tendida en un jardín precioso desnuda bajo el sol. Un hombre salía del bosque. Era el hombre del hotel, ese del que te hablé. Él oficial de la marina. Él me miraba y luego se reía, se reía de mi [...] Me besaba y luego hacíamos el amor. Había mucha gente alrededor de nosotros. Cientos de personas, todas follando. Y luego yo follaba con muchos hombres, muchos... no sé con cuantos. Y sabía que podías verme en los brazos de aquellos hombres, follando con todos. Y quería burlarme de ti, reírme en tus narices. Y entonces reía tanto como podía.



Salta a la vista que el sueño es el otro lado del espejo de la situación vivida por Bill en Somertone. Tiene algunos elementos que nos hacen pensar en el drama del paraíso. Y tal y como se da, nos pone de relieve el tema del goce femenino. Veamos:

1) Al inicio ambos están desnudos en una ciudad perdida que, como veremos, contrasta con el hermoso jardín en el que luego se halla Alice. En esta ciudad perdida Alice siente que está aterrorizada y avergonzada y culpa a Bill de ello. Esto, obviamente, hace referencia a que Bill no la satisface,  y que su complacencia oculta su falta de deseo. Es interesante que en el sueño ella dice que él se va corriendo para buscar la ropa, lo mismo que en el paraíso, Adán y Eva se cubren al contemplar su desnudez. Como sueño, la imagen de Bill representaría el mismo ocultamiento que vive Alice sosteniendo una relación de complacencia y estabilidad a costa de su deseo del deseo del otro, deseo que Bill no le puede ofrecer.

2) La desaparición de Bill en el sueño desvela aquello de lo que se oculta Alice: no solo de su deseo, sino de su transgresión, es decir, del más allá del deseo como goce. Por eso la desaparición de Bill la devuelve a "un jardín precioso desnuda bajo el sol" en el que se siente "maravillosa" y en el que del bosque aparece el oficial de la marina quien "la mira" y luego hace el amor. Es decir, la desaparición de Bill (como un superyó introyectado de un padre privador y castrante) es substituida por la del oficial de marina como representante del mundo ilimitado del goce femenino, posteriormente representado por una orgía de la que Alice participa "follando con todos", un goce que se sustrae de la trama edípica. Me parece importante reseñar aquí unas palabras que dediqué al comentario de la película "La bruja (Robert Eggers, 2015) - ver enlace aquí - acerca de este goce que caracteriza el goce femenino que está más allá del fálico: 

La rebelión de Thomasin contra su padre puede verse también como la rebelión contra una manifestación del padre divino tan hipócrita como el padre terreno, lo que la lleva a cruzar el límite del raso para entrar en el ilimitado mundo del bosque, en el lado oscuro de la divinidad. Es el paso de estar bajo el rostro de la divinidad como un superyó obsceno y gozante disimulado en la misericordia y lo amoroso, a estar con la divinidad en lo ilimitado de lo puramente gozante, en el rostro demoníaco de lo divino. Para decirlo en lacaniano, Thomasin deja el mundo cerrado del goce fálico para entrar en el mundo infinito del goce femenino, un goce que se sustrae de la trama edípica  y del mundo de la castración y la privación, para entrar en el mundo justamente contrario, el mundo pre-edípico de lo ilimitado. 

Este sueño de Alice nos pondría precisamente en la aseveración tan conocida de Jacques Lacan de que "no hay relación sexual". Si contraponemos el sueño de Alice a la experiencia de Bill, nos encontramos que sus fantasías (en ese sentido el sueño podría considerarse una fantasía) se colocan en "factores" (por seguir la terminología de Zizek, aunque también podemos llamarle formula o fantasma) diametralmente opuestos. A la capa y la máscara de Bill se opone la abierta desnudez de Alice. A la falta de mirada de Bill se opone la mirada del oficial de marina. A la sumisión de Bill al poder paterno, el deseo ilimitado como goce de Alice. Efectivamente, "no hay relación sexual", entendida como una relación armoniosa en tanto en cuanto sus fantasías, sus fórmulas o fantasmas particulares, son absolutamente opuestos.

Es curioso ver como Alice, de manera parecida a la de su primer relato (cuando le dijo que sentía por él un amor tierno y triste), y ya fuera del sueño, sostiene su desesperación abrazando a Bill pues, como veremos es el amor el que crea una ilusión relación sexual.



VII. LA SEGUNDA NOCHE.

Tras la experiencia de la primera noche en Somertone, y tras escuchar el sueño de Alice, Bill, a la mañana siguiente, quiere devolver el disfraz que alquiló. Sin embargo, antes pasa por el Sonata Cafe donde pretende hablar de nuevo con Nick, pero tras unas indagaciones constatará que partió hace Seatle bajo extrañas circunstancias, y con cierta violencia. Luego, al devolver el disfraz asiste consternado a que Milich, en realidad, es un padre perverso, un proxeneta de su hija que significa el no límite. Ya en la consulta, las imágenes de la fantasía de la fantasía vuelven mostrando una Alice cada vez más y más excitada. Decide volver a la mansión Somertone posando ante la cámara de seguridad para, finalmente, recibir un mensaje de manos de un anciano que llega en Rolls Roye y que dice: "Renuncie a sus averiguaciones que son completamente inútiles, y considere esto una segunda advertencia. Esperamos que, por su propio bien, que esto sea suficiente." El significado de estas escenas tiene que ver en que ya no hay vuelta atrás. ¿No es acaso lo que sucede una vez se pone en marcha la represión del deseo incestuoso? Ya no hay vuelta atrás.

Ya en la consulta, las imágenes de la fantasía de la fantasía vuelven mostrando una Alice cada vez más y más excitada. Finalmente, vuelve a casa para volverse a ir por la noche con la excusa del trabajo en la consulta. Es interesante el momento en que, en esa escena, mira a Alice ayudando a su hija con deberes escolares, y que mientras la mira en esa imagen amorosa de una madre con su hija resuena en su interior la voz en off de ella diciendo las palabras del sueño de la noche: "Había mucha gente a nuestro alrededor. Cientos de personas, todas follando. Y luego, yo follaba con muchos hombres, muchos... No sé ni con cuantos estaba." Parece que es difícil para Bill conciliar la imagen de la madre y la esposa con la de esa Alice, como mujer gozante, del relato del encuentro con el oficial de marina, o la de la orgía del sueño.



Una vez más en la consulta, las imágenes de la fantasía de la fantasía muestran a Alice llegando al orgasmo. Desde su herida narcisista Bill reacciona de una manera obsesivo-compulsiva y entonces llama a Marion, pero quien atiende el teléfono es su novio y Bill cuelga. Luego sale y compra un detalle para volver a casa de Dominó. La joven prostituta no está, pero si su compañera de piso, también prostituta, Sallie (Fay Masterson), con quien entonces pretende tener relaciones sexuales. Sin embargo, Sallie le dice entonces que Dominó no está porque en unos análisis le detectaron que padece el VIH. Consternado, Bill decide retirarse del lugar. Ante la imposibilidad de aclarar la experiencia con Nick, y después del rechazo y la advertencia en la mansión Somertone, ahora insiste de nuevo con las dos oportunidades que se le plantearon la noche anterior y que "desaprovechó": la de Marion y la de Dominó. Y, sin embargo, tampoco puede lograrlo, como si el novio de Marion o la enfermedad de Dominó, le negaran el acceso al objeto de deseo.

Al salir, ya por la calle, observa como alguien le sigue, con un miedo creciente. Bill se refugia en un kiosco mientras el perseguidor le observa. Evidentemente, el perseguidor funciona como la advertencia recibida en Somertone, la advertencia de que no hay vuelta atrás. Finalmente, entra en un bar, y al ojear el periódico que ha comprado lee una noticia que le sobrecoge: "Ex-reina de belleza sufre sobredosis de drogas en un hotel". Su nombre: Amanda Curran. Mandy es el diminutivo de Amanda, y Mandy es la prostituta a la que Bill atendió en casa de Victor Zegler. Una terrible sospecha le acosa y se dirige al hospital, donde le comunican que Amanda Curran ha muerto, y aduciendo que él es su médico pide ver su cadáver. Ya en la morgue del hospital, confirma que la fallecida es, efectivamente, Mandy. Al contemplarla resuena en su cabeza la voz de la mujer misteriosa de la fiesta-ritual de Somertone: "porque me costaría la vida, y quizá la tuya". Sigue entonces una extraña escena que parece de amor necrofílico, en la cual Bill va acercando el rostro a Mandy pareciendo que va a besarla, hasta que, como dándose cuenta de lo que va a hacer, retrocede.



Esta imagen lleva al extremo lo que ya se representó para Bill en Somertone cuando fue descubierto: la retirada-sacrificio de la mujer misteriosa como la retirada del objeto de deseo es ahora definitiva muerte del objeto de deseo, o si se prefiere, la muerte definitiva del deseo del deseo del otro.

- El encuentro con Victor Zegler.

Llegamos, por último, y tras una llamada telefónica al salir del hospital, al encuentro con Victor Zegler, quien desvela también a Bill porque sabe donde estuvo la noche anterior dado él estaba allí. Victor formaba parte de los participantes en la fiesta-ritual-orgía. A partir de ese momento, Victor se nos revela como el padre castrador. Veamos algunos momentos de la conversación:

 ¡Bill! ¿¡Que coño estabas haciendo allí!? No podía ni siquiera imaginarme cómo llegaste a enterarte cómo... cómo lograste pasar de la puerta.

Queda claro la indicación de que atravesó un lugar prohibido. En clave psíquica se trata de la función castradora que el en el complejo de Edipo ejerce el padre como ley sobre el deseo incestuoso del niño y que repercute sobre el adulto, como obsesivo, como una renuncia a su deseo y, por tanto, como renuncia también al objeto de deseo.

- He hecho que te sigan.

También se desvela que Victor sabe todo lo que ha estado haciendo Bill porque lo ha hecho seguir. Éste carácter persecutorio es el equivalente al de la ley paterna que para el hijo adquiere una dimensión omnisciente, como el ojo que lo ve todo, y que le prohíbe, y que como adulto proyecta esa prohibición sobre el objeto de deseo y, en consecuencia, sobre su deseo.



Allí no había solo gente corriente. Si te dijera sus nombres, cosa que no haré, no creo que pudieras dormir bien esta noche.

Apelando a la dimensión sociológica, que también está presente en la película, Kubrick presenta la angustia de castración como el miedo al abuso de poder y control que ejercen los estados y sus gobiernos, las nuevas aristocracias económicas, los personajes que se ocultan tras esos abstractos llamados "capital" o "mercados", como una metáfora de la ley paterna y el miedo a la castración que suscita.

Bill, supon que te digo que todo lo que pasó allí, las amenazas, las advertencias de la chica, las intervenciones del final, imagínate que te digo que todo estaba preparado, que era una especie de farsa, un montaje para que te cagaras de miedo, para que no hablaras acerca del lugar y de lo que viste.

Victor viene a plantear lo que sabemos del complejo de Edipo, que es una fantasía, pero como dice Bill, hablando del fallecimiento de Mandy en el hospital: ¿Quieres decirme que coño de farsa es esa que acaba costándole la vida a alguien? Victor sigue especulando con que lo que sucedió fue tan solo una fantasía:

Llevas 24 horas pisando un terreno que no es el tuyo y quieres saber de que tipo de farsa hablamos. Te lo voy a decir. Todo aquello del "tomadme a mi", del sacrificio de pacotilla con el que te has estado haciendo pajas mentales no tuvo nada que ver con su muerte. Después de que te fueras a la chica no le ocurrió nada que no le hubiera ya ocurrido antes. Ella misma se fue a tomar por el culo. Punto. Cuando la llevaron a casa estaba perfectamente. El resto está en el periódico.

La situación final es extremadamente perversa. Todo es una representación y la muerte de Mandy, la prostituta, nada tiene que ver, pero ¿y si esa muerte que es real, fue su sacrificio?. El sacrificio no es real, pero ¿y si hubo sacrificio. La ambivalencia para Bill es inevitable, cómo la duda irresoluble de cuál es la verdad final. El complejo de Edipo es una fantasía, pero también una realidad para Bill. Una fantasía que, no obstante, conlleva el sacrifico del objeto de deseo y, con él, el sacrificio de su propio deseo. Visto desde esta perspectiva, el intento de transgresión edípica implica en el obsesivo, el real sacrificio del objeto de deseo  a través de la represión del deseo incestuoso.

Oye Bill, nadie ha matado a nadie, son cosas que pasan. La vida sigue, siempre lo hace, hasta que deja de hacerlo. pero esto ya lo sabes, ¿verdad?

Brutal final de la conversación que nos deja a Bill humillado y con el dolor final final de la castración que ha sufrido. Eyes wide chut nos muestra una especie de regresión de Bill a la fase edípica. 

Al final llega a casa destrozado por la experiencia vivida. Es significativo como al inicio de la escena, un Bill abatido apaga las luces del árbol de navidad, bajo la música de desconcierto y alienación de piano de la Ricercata de Dominic Harlan para, finalmente, al entrar en la habitación, hallarse con una imagen de Alice durmiendo al lado de la máscara con la que asistió a Somertone y que, aparentemente, se había perdido, produciéndose su derrumbe final. Máscara reencontrada que es una metáfora del derrumbe de la imagen del médico atento y honesto, aséptico, esposo modélico, bajo la cual se ocultan las realidades que se ocultan y que han sucedido en estas dos noches. Llorando desconsoladamente, le dice a Alice que se lo contará todo... Alice, contándole su fantasía y su sueño ya se había quitado la máscara ante él.



VIII. FINAL. OJOS BIEN DESPIERTOS

Eyes wide shut acaba con Alice y Bill llevando a su hija Helena a ver regalos de Navidad. Una vez más la dicotomía de la "feliz navidad" ocultando el consumismo que fundamentan actualmente estas fiestas. Alice parece lúcida en este momento, y ante la pregunta de Bill sobre qué pueden hacer realiza algunas reflexiones interesantes.

A lo mejor, quizás, debemos estar agradecidos por haber sobrevivido a nuestras aventuras, las reales y las que solo fueron un sueño (Alice, pone especial énfasis en esta última frase).

Efectivamente, ahora ambos han conocido no tanto sus aventuras, como sus fantasías, como poniendo énfasis en que no hay máscaras ahora que sostener, y que, no obstante, la verdad sobre el otro quizá siempre será mas que lo que dicen algunos hechos:

... la realidad de una noche, por no hablar de la de toda nuestra vida, nunca será la verdad completa. A lo  que Bill añade: "Y que un sueño es sólo un sueño, nada más". 

Incluso ahora Alice es más lúcida que Bill. La realidad de una noche, o las imágenes de un sueño constituyen realidades psicológicas. El hecho de que cada uno de ellos haya logrado expresar ante el otro esa dimensión de su mundo interno coloca la realidad psicológica en un lugar menos punzante. "Para el yo alienado bajo el peso de la conciencia, la terapia pasa por la palabra: liturgias de confesión." [9] Sin embargo, es Alice quien añade: "lo importante ahora es que estamos despiertos, y esperemos que sea por mucho tiempo". De eyes wide shut a eyes wide open, de la inocencia a la consciencia.

Alice cierra el diálogo y la película con estas palabras: "Bill, yo te quiero, y sabes, hay algo que debemos hacer lo antes posible: follar."

El "no hay relación sexual" de Lacan nos lleva a comprender, como decía Kierkegaard que el papel del amor es importante y, especialmente, que "amar es amar la imperfección":

... el amor era algo que uno tiene que aportar. Más el que aporta el amor consigo, al ponerse a buscar un obje­to para su amor (pues en caso contrario será falso que busca un objeto para su amor), lo encontrará fácilmente, tanto más fácil­mente cuanto mayor sea el amor que le habita, y encontrará que tal objeto es amable; pues la perfección no consiste siquiera en que se pueda amar a un ser humano a pesar de sus debilidades y faltas e imperfecciones, sino más bien en lograr encontrarlo ama­ble a pesar de y con todas sus debilidades y faltas e imperfeccio­nes. [10]

Amor y follar dice Alice. El papel del amor nos queda claro y... ¿cuál es el de follar? Me parece, en este sentido, muy  acertada la conclusión de Zizek:

La naturaleza del pasaje al acto como la falsa salida, como la forma de evitar enfrentarse al horror del inframundo fantasmático, nunca se planteó de manera tan abrupta en una película: lejos de proporcionarles una satisfacción corporal de la vida real que los convertiría en superfluo todo fantasear vacío, el paso al acto se presenta más bien como un recurso provisional, como una medida preventiva desesperada destinada a mantener a raya el inframundo espectral de las fantasías. Es como si su mensaje fuera: follemos lo antes posible para sofocar las fantasías florecientes, antes de que nos abrumen de nuevo. [11]



_______________________

[1] Zizek, Slavoj. El acoso de las fantasías. S iglo XXI Editores, pág. 9
[2] Zizek, Slavoj. The Fright of Real Tears: Krzysztof Kieslowski Between Theory and Post Theory. 
London: BFI Publishing, 2001, pág. 173
[3] Ver nota 1, pág. 20
[4] Ver nota 1, pág. 20
[5] Shane, Ana. Love and marriage: Eyes wide shut, pags. 1 y 2
[6] Ver nota 1, pág. 22
[7] Ver nota 5, págs. 2 y 3
[8] Ver nota 1, pág. 17
[9] Castro, Francisco. Adán, Eva, Kubrick. Eyes wide shut y la alegoría de la conciencia. Recita Trama y fondo: http://www.tramayfondo.com/revista/articulos/Eyes-Wide-Shut.pdf
[10]  Kierkegaard, Soren. Las Obras del amor. Colección Hermeneia. Ediciones Sígueme, pág. 191
[11]  Ver nota [2]