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viernes, 23 de agosto de 2013

HANNAH ARENDT (I) - Margarethe Von Trotta, 2012 -: ADOLF EICHMANN O EL SUJETO “NORMATIZADO”

Recientemente he visto la película Hanna Arendt - aún en cartelera -, de la directora alemana Margarethe Von Trotta (directora de otros interesantes biopics como los dedicados a la mistica medieval Hildegarda Von Bingen - Visión - y el dedicado a la activista y teórica marxista Rosa Luxemburgo) y que recrea el periodo de la vida de la filósofa judía (interpretación excepcional de Barbara Sukova) en la que se ofreció como periodista de la revista norteamericana "New Yorker" para comentar el famoso juicio al criminal nazi Adolf Eichmann realizado en Jerusalén en 1961, y que le reportó numerosos problemas con la comunidad judía norteamericana y la pérdida de amistades como la del filósofo Hans Jonas, la del filólogo e historiador Gershom Sholem o la del lider sionista Kurt Blumenfeld. Hannah Arendt publicó su profunda investigación en el conocido libro Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal.

Esta película nos permite reflexionar sobre un aspecto que representa la propia Hannah Arendt en relación a la comunidad judia como justamente la posición opuesta de Adolf Eichmann en relación a los nazis, y que Perls nos propuso sutilmente cuando diferencia el individuo "normal" del individuo "normatizado". Arendt nos indica en uno de sus pasajes en Eichmann en Jerusalén:

Los jueces prefirieron concluir, basándose en ocasionales falsedades del acusado, que se encontraban ante un embustero, y con ello no abordaron la mayor dificultad moral, e incluso jurídica, del caso. Presumieron que el acusado, como toda «persona normal», tuvo que tener conciencia de la naturaleza criminal de sus actos, y Eichmann era normal, tanto más cuanto que «no constituía una excepción en el régimen nazi». Sin embargo, en las circunstancias imperantes en el Tercer Reich, tan solo los seres «excepcionales» podían reaccionar «normalmente». Esta simplísima verdad planteó a los jueces un dilema que no podían resolver, ni tampoco soslayar.

I. INDIVIDUO NORMAL O INDIVIDUO NORMATIZADO: Sobre la banalidad del mal.

Hanna Arendt fue esa persona "excepcionalmente normal" para reaccionar en nombre de la integridad intelectual y la búsqueda de la verdad más allá de la fidelidad a su colectividad. A esa defensa de la integridad que es defensa del ser la prefirió, a pesar de las pérdidas y críticas que le ocasionó, al no-ser que podía haberse refugiado en la colectividad. Frente a esa integridad de un pensamiento libre podemos oponer las siguientes palabras de Eichmann quien tras la derrota final de Alemania dice:

Comprendí que tendría que vivir una difícil vida individualista, sin un jefe que me guiara, sin recibir instrucciones, órdenes ni representaciones, sin reglamentos que consultar, en pocas palabras ante mí se abría una vida desconocida que nunca había llevado. [2] 


Adolf Eichmann en el
juicio de Jerusalén, 1961
Adolf Eichmann, justo al contrario, se nos presenta como el hombre incapaz de pensar, de reflexionar por sí mismo, sin cuestionamiento... Un simple burócrata, un debeísta que sin jefe, sin instrucciones, sin ordenes ni reglamentos no existe, no es... Que sin la norma esta perdido. Es el claro ejemplo del hombre "normatizado" que, ya no sólo en la alemania nazi, sino en muchas de nuestras sociedades modernas, se pretende hacerlo pasar como el ·individuo normal", es decir, aquel que no piensa por sí mismo y acata lo que sus dirigentes le imponen. La evaluación sobre el estado mental de Eichmann fue la siguiente:

Seis psiquiatras habían certificado que Eichmann era un hombre «normal». «Más normal que yo, tras pasar por el trance de examinarle», se dijo que había exclamado uno de ellos. Y otro consideró que los rasgos psicológicos de Eichmann, su actitud hacia su esposa, hijos, padre y madre, hermanos, hermanas y amigos, era «no solo normal, sino ejemplar». Y, por último, el religioso que le visitó regularmente en la prisión, después de que el Tribunal Supremo hubiera denegado el último recurso, declaró que Eichmann era un hombre con «ideas muy positivas». Tras las palabras de los expertos en mente y alma, estaba el hecho indiscutible de que Eichmann no constituía un caso de enajenación en el sentido jurídico, ni tampoco de insania moral. [3]

Desde esta perspectiva socio-político-económica el "individuo normal" lo es en la medida en que "no es una excepción", y justamente en ese sentido Hannah Arendt con su reflexión y su búsqueda de la verdad devino la excepción. La perspectiva socio-politico-económica anhela individuos normatizados, es decir, individuos esencialmente sometidos al poder y a los que, llegado el momento, se les pueda manipular para que puedan devenir en buenos ejecutores, como fue el caso y el momento de Eichmann.


Hannah Arendt al hablar de "la banalidad del mal" fue profundamente malentendida, yo diría que, dadas las circunstancias, voluntariamente malentendida, sencillamente se le pedía que renunciara a la verdad por la causa. Sin embargo, con ese concepto, puso de relieve que el horror que subyacía tras el personaje de Eichmann era precisamente que se trataba de un hombre "aparentemente normal", un hombre corriente y no un monstruo o un psicópata cuya sola presencia indujera al miedo: Eichmann no era más que uno entre los demás. Si bien los actos de Eichmann no eran disculpables, ni él inocente, el verdadero horror proviene no de que fueran perpetrados porque Eichmann fuera un monstruo o un fundamentalista convencido, sino simplemente por ser un burócrata, un ejecutor obediente dentro de un sistema que perpetró el exterminio del pueblo judío como "solución final" deviniendo un ser incapaz de reflexionar por sí mismo sobre la naturaleza de sus actos, es decir, un no-ser.

Hannah Arendt y Barbara Sukova, su intérprete.

II. SOBRE EL SUJETO NORMATIZADO: Ser el objeto de una voluntad ajena.


¿Cómo un individuo como Eichmann llega a perpetrar los crímenes que se le imputaron? En primer lugar, Eichmann era lo que podríamos llamar un "idealista debeista":

Según Eichmann, un «idealista» no era simplemente un hombre que creyera en una idea, o alguien que no aceptara el soborno, o no se alzara con los fondos públicos, aun cuando estas cualidades debían forzosamente concurrir en los «idealistas». Para Eichmann, el «idealista» era el hombre que vivía para su idea —en consecuencia, un hombre de negocios no podía ser un «idealista»— y que estaba pronto a sacrificar cualquier cosa en aras de su idea, es decir, un hombre dispuesto a sacrificarlo todo, y a sacrificar a todos, por su idea. Cuando, en el curso del interrogatorio policial, dijo que habría enviado a la muerte a su propio padre, caso de que se lo hubieran ordenado, no pretendía solamente resaltar hasta qué punto estaba obligado a obedecer las órdenes que se le daban, y hasta qué punto las cumplía a gusto, sino que también quiso indicar el gran «idealista» que él era. Igual que el resto de los humanos, el perfecto idealista tenía también sus sentimientos personales y experimentaba sus propias emociones, pero, a diferencia de aquellos, jamás permitía que obstaculizaran su actuación, en el caso de que contradijeran la «idea». [4]

Es dentro de este contexto que también cabe interpretar las siguientes palabras:


Eichmann tenía la plena certeza de que él no era lo que se llama un innerer Schweinehund, es decir, un canalla en lo más profundo de su corazón; y en cuanto al problema de conciencia, Eichmann recordaba perfectamente que hubiera llevado un peso en ella en el caso de que no hubiese cumplido las órdenes recibidas, las órdenes de enviar a la muerte a millones de hombres, mujeres y niños, con la mayor diligencia y meticulosidad. Evidentemente, resulta difícil creerlo. [5]

El concepto de "banalidad del mal" propuesto por Hanna Arendt es sólo comprensible dentro del concepto que ya desarrollamos al tratar el tema de la psicología de masas en la película de La ola y en la que el individuo es-en-la-colectividad a costa de no-ser-como-individuo. A pesar de las críticas que algunos han objetado al concepto "banalidad del mal", experimentos como el que fundamentó la pelicula citada, conocido como el experimento de la tercera ola, o el experimento Milgram o el de la cárcel de Stanford (en la que se basó el director alemán Olivier Hirschbiegel para rodar la película El experimento) la parecen dar pleno soporte a esta tesis, así como lo que se deriva de la propia psicología de masas. 

Cabe preguntarse... ¿Qué serie de circunstancias llevan a un individuo corriente a cometer actos criminales de tamaña magnitud? Eichmann describe con precisión el origen de ese horror en relación precisamente a Hitler (el lider) y a la reacción de la sociedad alemana en relación a él:

Eichmann dijo que Hitler «quizá estuviera totalmente equivocado, pero una cosa hay que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde cabo del ejército alemán a Führer de un pueblo de ochenta millones de personas... Para mí, el éxito alcanzado por Hitler era razón suficiente para obedecerle». La conciencia de Eichmann quedó tranquilizada cuando vio el celo y el entusiasmo que la «buena sociedad» ponía en reaccionar tal como él reaccionaba. No tuvo Eichmann ninguna necesidad de «cerrar sus oídos a la voz de la conciencia», tal como se dijo en el juicio, no, no tuvo tal necesidad debido, no a que no tuviera conciencia, sino a que la conciencia hablaba con voz respetable, con la voz de la respetable sociedad que le rodeaba. [6]

La pasividad intelectual y ética de Eichmann desplaza constantemente en el Otro la decisión... El Otro es quien muestra el camino, él se limita a seguirlo, es un mero cumplidor. Un razonamiento similar de desplazamiento de la responsabilidad le sirvió en la conferencia de Wansee para  ser partícipe de la "solución final" del exterminio de los judíos:

«En el curso de la reunión, hablaron los hombres más prominentes, los papas del Tercer Reich.» Pudo ver con sus propios ojos y oír con sus propios oídos que no solo Hitler, no solo Heydrich o la «esfinge» de Müller, no solo las SS y el partido, sino la élite de la vieja y amada burocracia se desvivía, y sus miembros luchaban entre sí, por el honor de destacar en aquel «sangriento» asunto. «En aquel momento, sentí algo parecido a lo que debió de sentir Poncio Pilatos, ya que me sentí libre de toda culpa.» ¿Quién era él para juzgar? ¿Quién era él para poder tener sus propias opiniones en aquel asunto? [7]

Durante el proceso Eichmann repitió en inumerables ocasiones que "él cumplía con su deber; no solo obedecía órdenes, sino que también obedecía la ley". Pero la cosa va un poco más allá y, como indica Hannah Arendt, Eichmann había hecho una versión peculiar del imperativo kantiano (afirmaba haber leido La crítica de la razón práctica, y si era así probablemente no había entendido nada) que en su modalidad devaluada tomó la siguiente forma:

es la exigencia de que el hombre haga algo más que obedecer la ley, que vaya más allá del simple deber de obediencia, que identifique su propia voluntad con el principio que hay detrás de la ley, con la fuente de la que surge la ley. En la filosofía de Kant, esta fuente era la razón práctica; en el empleo casero que Eichmann le daba, este principio era la voluntad del Führer. [8]

Este texto es el que nos  interesa más desde un punto de vista psicológico, y es el que nos permite introducir el siguiente punto, la contemplación de cierto sujeto normatizado como un no-ser al asumir convertirse en el objeto de la voluntad de otro.

III. SER EL OBJETO DE LA VOLUNTAD DE OTRO..

Lacan nos puede ayudar a entrar más en el fondo psíquico y la lógica perversa que se oculta en una personalidad como Eichmann, aquello que explica que aceptar ser un cierto sujeto normatizado es aceptar no-ser, o dicho de otra manera ser objeto del Otro:

El sujeto se determina a sí mismo como objeto [...] lo que sirve de soporte a la realidad de la situación de lo que se llama la pulsión sado-masoquista. Y sólo está en único punto - en la propia posición masoquista. Justamente porque el sujeto se hace objeto de una voluntad ajena, ocurre que no sólo se cierra sino también se constituye la pulsión sadomasoquista [...] El sádico ocupa el mismo lugar del objeto, pero sin saberlo, para el goce de otro, y ejerce su acción de perverso sádico, en aras del goce de ese otro. [9]


Eichmann como oficial de la SS
Esto es lo que se halla tras la reflexión de Eichmann, o lo que podríamos llamar el imperativo categórico del IIIer Reich: "Comportate del tal manera, que si el Fuhrer te viera aprobara tus actos". Y justo en esa maniobra de postularse "objeto de la voluntad del Otro" se halla el argumento que esgrimieron Eichmann y otros (como ya se observó en los juicios de Nuremberg): ejerzo mi acción no yo, si no como un yo supeditado a la voluntad de un gran Otro (en este caso el Fuhrer) y de su causa. Y es en ese sentido que hay que entender que cuando el tribunal le imputaba los cargos de que era acusado él se declaró "inocente, en el sentido en que se formula la acusación". Y el sentido es que él no había ajecutado nada por voluntad propia, no había matado literalmente a  nadie, judío o no judío, y que sus acciones simplemente eran consecuencia de estar supeditado a una voluntad ajena que le ordenaba en nombre de la ley a ejecutarlas, lo cual, y como indica muy bien Zizek, constituye la lógica perversa que este argumento proporciona:

La violación de los instintos éticos espontáneos tales como la piedad y la compasión se transformó en la prueba de mi grandeza ética: para cumplir con mi deber estoy dispuesto a asumir la pesada carga de inflingirles dolor a los demás. [10]

Eichmann cumple ese característica de la psicología de masas descrita por Freud de la identificación con el lider y que Elías Canetti identifica con el hecho de que "la masa necesita una dirección". Es justamente ese tipo de identificación en la que el ideal del yo se exterioriza en el lider el que da lugar a que puedan perpetrarse tamaños horrores. Ese era un tema que no pasó desapercibido al tribunal que juzgó a Eichmann:

«Describiendo las actividades del acusado en los términos contenidos en la Sección 23 de nuestro Código Penal, debemos decir que aquellas eran, principalmente, las propias de la persona que instiga, mediante su consejo o asesoramiento, a otros a cometer el acto criminal, o que capacita o ayuda a otros a cometer el acto criminal». Pero, «en un delito tan enorme y complicado como el que nos ocupa, en el que participan muchos individuos, situados a distintos niveles, y en actividades de muy diversa naturaleza — planificadores, organizadores y ejecutores, cada cual según su rango—, de poco sirve emplear los conceptos comunes de instigación y consejo en la comisión de un delito. Estos delitos fueron cometidos en masa, no solo en cuanto se refiere a las víctimas, sino también en lo concerniente al número de quienes perpetraron el delito, y la situación más o menos remota de muchos criminales en relación al que materialmente da muerte a la víctima nada significa, en cuanto a medida de su responsabilidad. Por el contrario, en general, el grado de responsabilidad aumenta a medida que nos alejamos del hombre que sostiene en sus manos el instrumento fatal». [11]

Al mismo tiempo en Eichmann también cumple el encontrar en la masa un cierto sentido de pertenencia y un cierto sentido para sí mismo y para lo que era una vida insatisfactoria  y vacía como él mismo había confesado (ya Perls había dicho que el debeísmo se funda en el fenómeno de la insatisfacción [12]), así como para su ambición frustrada de tener un lugar en la sociedad, entendido éste como el que da una carrera profesional exitosa. Las palabras de Eichmann y el análisis de Arendt son reveladoras en este sentido:

según dijo durante el juicio: «Fue como si el partido me hubiera absorbido en su seno, sin que yo lo pretendiera, sin que tomara la oportuna decisión. Ocurrió súbita y rápidamente». Eichmann no tuvo tiempo, ni tampoco deseos, de informarse sobre el partido, cuyo programa ni siquiera conocía, y tampoco había leído Mein Kampf. Kaltenbrunner le había dicho: «¿Por qué no ingresas en las SS?». Y Eichmann contestó: «¿Por qué no?». Así ocurrió, y sería estéril intentar darle vueltas al asunto, según Eichmann [...] él había sido un joven ambicioso, que estaba harto de su profesión de viajante de comercio [...] Aquel viento de que antes hablamos le había transportado desde una tarea de ganapán sin trascendencia ni significado, al cauce por el que discurría la Historia, al parecer de Eichmann, es decir, el movimiento que estaba en constante avance, y en el que un hombre como él - un fracasado ante su iguales sociales, ante su familia y ante sí mismo - podía comenzar desde la nada, y alcanzar puestos respetables, si no llegar a la cumbre. [13]

Un perfil ideal para sucumbir a la tentación de pertenecer a algo, lo que fuera, que le pudiera dar sentido a una vida absolutamente insatisfactoria. La historia de un hombre que se siente fracasado y que encuentra en el partido y en las SS un lugar donde la norma, la ley y la orden le ubica y le ofrece una oportunidad y un espejo en el que reflejarse. Un lugar donde se da la ridícula paradoja de que el sentido se  une al no-ser.

IV. UN INTERMEDIO: Sobre la película El juicio de Nuremberg (1961).

En cierta manera Eichmann es el perfil opuesto a Ernst Janning, el juez aleman interpretado por Burt Lancaster en la magnífica y profunda película de Stanley Kramer El Juicio de Nuremberg (1961), inspirado en la figura del juez Franz Schlegelberger, que en la cinta aparece como un reconocido tratadista del Derecho, redactor de la Constitución de Weimar y Ministro de Justicia de la República de Weimar. Ernst Janning se rebela contra la actuación de su abogado (interpretación que le valió el oscar a Maximiliam Shell) en lo que considera "vamos a empezar otra vez"... A pesar de su extensión creo que vale la pena transcribir la declaración de Janning, un ejemplo del individuo que "sabiendo y reflexionando" deja que las cosas ocurran. Ernst Janning sabía, pensaba y reflexionada... pero no actuó. Para los que gustéis de asistir a la gran interpretación de Burt Lancaster, os paso el fragmento de video:


La declaración de Ernst Janning

Es importante que lo comprenda no solamente el tribunal sino también el pueblo alemán... Pero para llegar a comprenderlo primero es necesario comprender la época en la que ocurrió... Una fiebre se apoderó de la nación, una fiebre de desgracia, de indignidad, de hambre. Teníamos una democracia, si, pero corrompida por elementos que la componían. Por encima de todo existía miedo. Miedo al presente, miedo al futuro, miedo de nuestros vecinos... Miedo de nosotros mismos. Sólo cuando hayan comprendido esto comprenderán lo que significó Hitler para nosotros, porque entonces él nos dijo: "¡Alzad la cabeza! ¡Sentid el orgullo de ser alemanes! Entre nosotros hay diablos, comunistas, liberales, judíos, gitanos. Cuando consigamos acabar con ellos se acabará también vuestra miseria". Era la vieja, la viejísima historia del cordero propiciatorio. ¿Qué pasó con los que lo sabíamos perfectamente? Sabíamos que esas palabras eran mentira, peor que mentira. ¿Por qué nos callamos? ¿Por qué participamos? Porque amábamos nuestra patria. A fin de cuentas qué importa que pierdan sus derechos unos cuantos políticos extremistas, qué importa que unas minorías raciales pierdan sus derechos. Sólo es una fase pasajera, una etapa por la que tenemos que pasar. Tarde o temprano será superada. Incluso el propio Hitler caerá un día u otro. La patria está en peligro, salgamos de las tinieblas, marchemos hacia adelante, adelante es la palabra mágica. Y la historia nos dice hasta que punto triunfamos. Hasta más allá de nuestros más desenfrenados sueños. Los mismos principios de odio y de poder con que Hitler fascinó Alemania fascinaron al mundo. Nos encontramos de pronto con poderosos aliados. Cosas que se nos negaron cuando eramos democracia se nos ofrecían entonces. El mundo dijo... adelante, cogedlas, la región de los sudetes, las tierras del Rihn, remilitarizarlas, coged toda Austria, cogedla... Y un día miramos a nuestro alrededor y vimos que estábamos ante un peligro mayor todavía [...] Lo que solamente iba a ser una fase pasajera se convirtió en un modo de vivir [...] No resulta fácil decir la verdad, pero si tiene que haber alguna salvación para Alemania, los que sabemos que somos culpables debemos admitirlo, se cual fuere la pena y la humillación que nos cause [...] Mi abogado pretende que ustedes crean que no sabíamos nada de los campos de concentración. Ignorarlo... ¿Dónde estábamos? ¿Dónde estábamos cuando Hitler empezó a clavar su odio en el Reichstag? ¿Dónde estábamos cuando nuestros vecinos eran arrastrados a medianoche? ¿Dónde estábamos cuando en la terminal de tren de todos los pueblos de Alemania los vagones para el ganado eran utilizados para trasladar niños hacia el terrible destino de su exterminio? ¿Dónde estábamos cuando nos llamaban a gritos en la noche? ¿Estábamos sordos, mudos, ciegos? Mi abogado dice que no sabíamos nada del exterminio de millones. Nos justificaría diciendo que sólo conocíamos el exterminio de unos cientos... Es que por ventura esto nos hace menos culpables. Puede que no supiéramos los detalles, pero si no los sabíamos era porque no los queríamos saber... [Sigue la acusación que hace al resto de acusados y a sí mismo] Ernst Janning, el peor de todos ellos, porque sabía lo que eran y, no obstante siguió a su lado... Ernst Janning que convirtió su vida en podredumbre porque permaneció con ellos.



Los vagones del exterminio.

Este texto, en sí mismo, da mucho para reflexionar (la importancia del miedo, la justificación de actos injustificables, la utilización de la patria como justificación de actos injustificables, la ceguera de la ley a la justicia, algo que nos suena hoy en día, la corrupción de la democracia, etc.). Hay unas palabras finales (no deja de ser curioso que la película se rodó el mismo años que se realizó el juicio a Eichmann) que dice el juez Haywood (Spencer Tracy, quien junto a Maximilian Shell fue candidato al oscar al mejor actor) y que parece dar la razón a Hannah Arendt en relación al concepto de "banalidad del mal":


Spencer Tracy como el juez Haywood

La historia y el destino de Janning iluminan la más rotunda verdad que hemos conseguido poner de relieve en este juicio. Si él, y los demás acusados, hubieran sido seres perversos, y si los jefes que mandaban en el IIIer Reich hubieran sido monstruos sádicos y maníacos lo... lo ocurrido no habría tenido una mayor significación moral que un terremoto o cualquiera otra catástrofe. Pero este juicio ha demostrado que durante una crisis nacional, seres normales, incluso hombres capaces y excepcionales pueden engañarse a sí mismos hasta cometer crímenes tan espantosos e ingentes que rebasan cuanto puede imaginarse. El que haya asistido a este jucio no podrá olvidarlos nunca. Hombres esterilizados a causa de sus ideas políticas, la amistad y la confianza cruelmente escarnecidas, el asesinato de niños... con cuanta facilidad suceden. Reconozco que también en nuestro país hay quienes hablan de la protección de la patria, de supervivencia. Llega un momento en que todo país debe tomar una decisión, en el preciso momento en que el enemigo se aferra a su garganta, entonces parece que el único modo de sobrevivir es emplear los medios del enemigo, hay que sobrevivir como sea, por encima de todo, sin escrúpulos. En tal caso yo me pregunto sobrevivir como qué... Una nación no es una roca, tampoco es la prolongación de uno mismo, es la causa que defiende, aquello que defiende cuando defender algo es lo más difícil. Ante los pueblos del mundo permítanme ustedes que proclame nuestro fallo a aquello que defendemos: JUSTICIA, VERDAD Y EL RESPETO QUE MERECE EL SER HUMANO.

Me he extendido en el comentario y los discursos de la película El juicio de Nuremberg porque nos permite observar que fueron todos estos elementos los que llevaron a Hannah Arendt a cuestionarse si el juicio de Jerusalén era un juicio al Adolf Eichmann concreto, a un monstruo concreto que perpetró la solución final, o era un juicio al regimen nazi del que Eichmann no había sido más que un burócrata eficiente cumpliendo las ordenes que le fueron encomendadas. No sólo esto, sino que fue más lejos al cuestionar el papel que jugaron algunos representantes y organizaciones judías en sus relaciones con los nazis. Fue todo esto lo que la llevó a considerar que la posibilidad de otro holocausto era posible. De la misma manera que indicó que no era la primera vez que ese tipo de exterminio se había dado (históricamente se han dado variados y distintos tipos de genocidios), y de que no iba a ser la última... Basta que se den las circunstancias (La película La ola nos da la posibilidad de meditar sobre este hecho). De hecho durante el siglo XX se produjeron, a parte del holocausto, varios genocidios: la de los armenios a mano de los turcos, la de los ucranianos a manos del régimen stalinista,  el genocidio camboyano perpetrado por los kmer rojos, y son aun recientes la de los tutsie a manos del gobierno hutú en Ruanda, o la matanza de musulmanes en Srebrenika por parte de las fuerzas Serbio-bosnias... Como le indica el juez Haywood a Ernst Janning en una impresionante escena final, el problema de los grandes horrores empieza con los pequeños horrores que se dejan ocurrir:

Janning: ¡Aquella pobre gente! ¡Aquellos millones de personas! ¡Jamás supuse que se iba a llegar a esto! Debe creerme... ¡Debe usted creerme!
Haywood: Señor Janning... Se llegó a esto la primera vez que se condenó a un hombre sabiendo que era inocente.


Como dice el psicoanalista Phillipe Julien, en una extensión del análisis relacionado con Eichmann:

Allí esta el horror: en Eichmann no hay ninguna profundidad secreta del orden diabólico o maligno, sino una "pura asuencia de pensamiento", ausencia que concierne al mal mismo. Esa es sin duda la novedad del siglo XX, de modo que ese crimen carece de precedentes: burocracia, administración, cuerpo de funcionarios y tecnocracia alcanzaron la forclusión [el borramiento]  del sujeto.

Estamos ante una paradoja: si no hay invención de una nueva ciencia sin sujeto (como lo mostró Descartes), en cambio la tecnociencia, una vez constituida, tiene efectos sociales que  borran a cualquier sujeto. [14]

Comentario, éste, que nos ofrece la posibilidad de meditar sobre otra posible extensión sobre la banalidad del mal...

IV. LA BANALIDAD DEL MAL: Más allá del holocausto y los genocidios.

Y más allá del holocausto y los genocidios como el caso más extremo... ¿No hallamos la banalidad del mal en lugares menos evidentes, más borrosos? ¿No es acaso esto aplicable a ciertos ámbitos de nuestra crisis actual? ¿Cuando el FMI (Fondo Monetario Internacional), por poner un ejemplo claro de una institución que por desprestigiada no por ello deja de seguir siendo clave, da sus "recomendaciones", le han visto en alguna ocasión hacerlo basándose en la primacía de la justicia social o el  bienestar de los individuos? No, evidentemente que no, puesto que los tecnócratas que constituyen semejante institución no dejan de ser individuos que son un reflejo del canciller al que sirven: la política de los mercados. Naomí Klein, en su obra La doctrina del shock, ha dejado más que retratada la nefasta intervención de esta institución (que ha demostrado una total incapacidad para ruborizarse) en distintos países emergentes o del tercer mundo, o los errores de sus "recomendaciones" sobre Grecia (como el mismo FMI ha reconocido). Pero que se sepa, mientras que en Grecia los problemas se agravan, todos los tecnócratas que las toman siguen cobrando tranquilamente sus salarios. Todos, desgraciadamente, nos vemos obligados a entender que los bancos no pueden hundirse puesto que son la "pieza clave" de la arquitectura del sistema - un sistema en sí mismo injusto y corrupto -... Entendemos, a regañadientes, que se les ayude como piezas clave de ese sistema... Lo que ya no entendemos es por qué un banco merece esas ayudas y una familia deshauciada no. Lo que sigue sin entenderse son las indemnizaciones y pensiones vitalicias de gestores nefastos de la banca ayudada (que indecentemente las aceptan, cómo no...) mientras un deshauciado se suicida tirándose por el balcón de su casa porque no sólo pierde su casa sino que se queda endeudado de por vida... ¿Cuándo un juez o un policía ejecuta los deshaucios... piensa, reflexiona?  ¿O es uno un simple administrador y ejecutor el otro de leyes que bajo la imposibilidad de matizarlas adecuadamente devienen en imperativos absurdos carentes de todo sentido de justicia? ¿Cuándo el director de una oficina bancaria, o uno de sus empleados, ejecutó la venta de preferentes especulando con los ahorros de ancianos u otra gente humilde, aprovechándose de su ignorancia y su confianza... piensa, reflexiona, o es un simple ejecutor de las "órdenes" que llegan de su director de área de vender como sea, y que éste, a su vez, seguramente las ha recibido de algun director superior que a su vez las recibe de...? ¿Sobre qué piensan o reflexionan algunos de nuestros  parlamentarios en el parlamento sobre estos temas? ¿Cómo aun no se han planteado la dación en pago en un momento donde se exigen tantos esfuerzos a la gente y los ineptos que nos han llevado a la crisis siguen gozando orondos con total impunidad amparados por una ley que dice que nos hace a todos iguales?

Sede del FMI en Washington

IV. LA EXCEPCIONALIDAD DE HANNAH ARENDT.

La libertad no es ante todo la posibilidad de elegir entre dos alternativas, sino la capacidad de iniciar algo nuevo, la capacidad de romper la rutina de todos los días. El hombre puede dar comienzo a algo nuevo, a algo que de otro modo no existiría, el hombre libre evita que el mundo se covierta en algo homogéneo, en una mera repetición. Hanna Arendt [16]

Hanna Arendt con Heinrich Blücher,
quien fue su pareja de 1940 a 1970.

La película Hannah Arendt nos pone de relieve precisamente la excepcionalidad de la filósofa justamente por pensar, por atreverse a reflexionar por sí misma e ir más allá del simple deseo de la colectividad, en ese caso de la colectividad judía, en un caso tan delicado y complejo. Hannah Arendt fue mucho más allá y la visión que nos da de Eichmann como un individuo bastante simple, lleno de clichés y estereotipos, frustrado en sus ambiciones, no estúpido pero tampoco de grandes luces no gustó a la colectividad judía quien simplemente quería representar en Eichmann el monstruo que cometió la atrocidad de la que su pueblo fue objeto. Curiosamente y, en este sentido, Hannah fue brutalmente presionada para que abandonara sus ideas y la publicación de su libro pero, y en ese sentido, siguió dando una lección fundamental: la inviolabilidad del ser está por encima de cualquier circunstancia. En el post scriptum de su libro nos cuenta que puede ocurrirle al ser excepcional que en nombre de la libertad y la búsqueda de la verdad no se repliega a los intereses de su comunidad simplemente porque la libertad que quiere ejercer y la verdad que quiere relatar son incómodas a sus intereses:

Incluso antes de que viera la luz pública, este libro fue objeto, no solo de controversia, sino también de una campaña organizada. Como es lógico, la campaña, llevada a término con los conocidos medios de formación de imagen pública y manipulación de la opinión general, llamó la atención mucho más que la controversia, de tal manera que esta última quedó acallada por el ruido artificial de la primera. Lo anterior quedó de relieve con especial claridad cuando una rara mezcla de los argumentos de la controversia y los instrumentos de la campaña, en la que se empleaban casi textualmente las frases anteriormente utilizadas —como si los ataques contra el libro (y, más a menudo todavía, contra la autora) hubiesen salido de una máquina copiadora (Mary McCarthy)—, fue remitida desde Estados Unidos a Inglaterra, y, luego, a Europa, donde el libro todavía no estaba en el mercado. Y ello fue posible debido a que las protestas y el clamor se centraban en la «imagen» de un libro que jamás se escribió, y tocaban temas que, no solo jamás había mencionado, sino que ni siquiera se me habían ocurrido. [15]

La reacción contra Hannah Arendt nos recuerda, tal y como analizamos en La ola, las difíciles relaciones de la masa con el individuo. Recordemos un texto de esta entrada:

El individuo se manifiesta como el peligro interno de la masa: es la manifestación de la diferencia, de la desigualdad, el representante de la inestabilidad. Las reacciones al individuo que se diferencia de la masa provocan su reacción narcisista, su manifestación de intolerancia y hostilidad. La reacción de la masa con el individuo se corresponde con la tercera propiedad que Canetti destaca como propia de ella: “la masa ama la densidad”.

Hannah Arent aceptó las consecuencias de ser fiel a su integridad trabajando siempre en el mismo sentido: devolviendo a las críticas mendaces y manipuladoras la profundida de su reflexión y la fidelidad a su pensamiento. Asumió de esa manera el vacío y el desprestigio que políticos e intelectuales, medios de comunicación y amigos de la comunidad judía le hicieron simplemente por ir al fondo de la cuestión... Ella se convirtió en sí misma en la prueba definitiva de lo que encontró trabajando sobre el proceso de Eichmann, justamente la prueba a  la inversa, la del ser cruelmente atacada por defender la independencia de su pensamiento frente al deseo de la colectividad judía. Es en ese sentido emocionante el discurso final que da a sus alumnos - dispuestos a escucharla y a creerla -, un discurso que es una reflexión profunda sobre la importancia de aprender a pensar por sí mismos y a darle a ese pensamiento también la fuerza de la acción comprometida.

V. UN APÉNDICE FINAL: Sobre la banalización del mal y la manipulación del nazismo.

A la pregunta por el sentido de la política hay una pregunta tan sencilla y concluyente en sí misma, que se diría que otras respuestas están totalmente de más. La respuesta es: el sentido de la política es la libertad [...] Pero hoy en día esta respuesta no es ni obvia ni inmediatamente convincente, cosa que se aprecia con claridad en que nuestra pregunta actual ya no cuestiona el sentido de la política tal y como antes se hacía: a partir de experiencias que eran de naturaleza no-política o incluso antipolítica, nuestra pregunta actual surge de experiencias políticas muy reales: de la desgracia que la política ya ha ocasionado en nuestro siglo y la mucho mayor que todavía amenaza con ocasionar. De aquí que nuestra pregunta suena mucho más radical, mucho más agresiva y desesperada: ¿tiene, pues, todavía la política algún sentido? Hannah Arendt [17]

Esa pregunta de Arendt nos permite introducir un tema actual: no quisiera acabar este post sin manifestar la preocupación con la que asisto cuando políticos del Estado español son capaces de utilizar el término NAZI con tanta frivolidad e irresponsabilidad, con tal capacidad de manipulación y, sobretodo, con tan poco respeto por las víctimas del nazismo. Es doloroso y preocupante asistir a como personajes que desempeñan cargos públicos y que forman parte de partidos que se llaman democráticos osan utilizar el termino nazismo para desprestigiar acciones puramente democráticas como lo son en estos momentos la PAH (Plataforma para afectados por la hipoteca) o el resurgimiento del independentismo catalán (que guste o no, sea más o menos molesta para el estado, no deja de ser la expresión de una voluntad de una parte del pueblo catalán). Es denigrante observar como una política como la señora María Dolores de Cospedal tilda de "nazismo puro" las acciones de escrache de la PAH... ¿Qué pretende esta señora con tal declaración? Quizá es bueno recordar a esta señora las palabras del juez Haywood sobre aquello que defendemos: JUSTICIA, VERDAD Y RESPETO POR EL SER HUMANO. ¿Cómo alguien con responsabilidad pública puede atreverse a utilizar tamañas comparaciones? Son políticos como ella las que deberían responsabilizarse de las atrocidades que lanzan sin ningún escrúpulo ni respeto...


Cospedal insiste en comparar los escraches de la PAH con el nazismo.
(La Vanguardia, 15-04-2013)

De la misma manera varios representantes del PP (entre ellos el ministro Margallo), o algunos colaboradores habituales de la FAES, han comparado el creciente independentismo catalán con el nazismo en lo que es una manipulación política no sólo nefasta sino altamente peligrosa. Vuelve la cuestión del juez Haywood aplicada a la política: ¿En política vale todo? ¿En democracia la estrategia de engañar y manipular al pueblo a cualquier precio y con cualquier medio, por disparatado que sea, es política? ¿Qué se pretende generar al tildar de nazismo todo lo que no es cómo ellos creen? Como diría Hannah Arendt, son personas "aparentemente normales" las que son capaces de decir tamañas atrocidades. 


García-Margallo critica el nacionalismo y lo compara
con el nazismo y el marxismo (La vanguardia, 11-10-2012)

También en el PSOE han aparecido este tipo de despropósitos en dirigentes como Juan Carlos Ibarra o José Bono en las que se ha comparado al President de la Generalitat de Catalunya a Hitler o Mussolini o el independentismo catalán con la Alemania nazi... (me pregunto porque, puestos a decir tonterías, Ibarra no añadió en esta lista a Franco - ¿curioso olvido? -)


Rodríguez Ibarra compara a Artur Mas y a su proceso soberanista con
Hitler y Mussolini -Entrevista en Antena 3 (7/3/2013) -

¿Vale todo? Es crear miedo, confrontación, odio a toda costa la única manera de enfrentar las diferencias, de justificar el poder... Sería bueno que aquellos que utilizan con tanta ligereza el término "nazi" o "nazismo" reflexionen sobre qué les ocurre a ellos con las diferencias que no se ajustan a su pensamiento o a su ideología... ¿Dónde esta la intolerancia? ¿Dónde la voluntad de no dialogo? ¿Dónde la estrechez de miras? Recomendaría a todo este tipo de personajes que leyera a gente como Hannah Arendt... pero digo recomendaría porque me imagino que simplemente son personas a las que no les interesa reflexionar ni pensar... Que simplemente les interesa el partido y el poder a cualquier precio, o que simple, y preocupantemente, están devorados por el odio y el resentimiento. Por eso con personajes como estos, no es de extrañar que en política desgraciadamente hoy en día valga todo, incluso algo tan y tan grave como utilizar el nazismo con lo que nada tiene que ver con ello, simplemente como arma arrojadiza, creadora de miedo y de odio, a veces, y horrorosamente, como medio para comprar el voto. Parece que para ellos nazi es todo lo que no es como ellos creen: quizá una curiosa paradoja proyectiva. 



  [1] Arendt, Hannah. Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal. Editorial Lumen, pág.21
  [2] Ídem anterior, pág. 24
  [3] Ídem anterior, pág. 20
  [4] Ídem anterior, pág. 30
  [5] Ídem anterior, pág. 20
  [6] Ídem anterior, pág. 78
  [7] Ídem anterior, pág. 71
  [8] Ídem anterior, pág. 84
  [9] Lacan, Jacques. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, pág. 192
[10] Slavoj Zizek. Como leer a Lacan. Paidós Espacios del saber, pág. 114
[11] Ver nota 1, pág. 148
[12] Perls, Fritz. Primera de cuatro conferencias de Fritz Perls en Teoría y Técnica de la psicoterapia guestáltica, Joen Fagan e Irma Lee Shepherd (compiladoras).Amorrortu editores. Argentina. Págs. 22-44
[13] Ver nota 1, pág. 25
[14] Julien, Phillipe. Psicosis, perversión, neurosis. La lectura de Jacques Lacan. Amorrortu editores, pág. 33
[15] Arendt, Hanna. Sobre la revolución. Editorial Alianza, pág. 167
[16] Ver nota 1, pág. 168
[17] Arendt, Hannah. ¿Qué es la política? Paidós Pensamiento Contemporáneo, págs. 61 y 62

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VER COMENTARIO HANNAH ARENDT (II): Sobre la vigencia de su discurso final

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PELÍCULAS DE INTERÉS RELACIONADAS CON EL CASO EICHMANN.

EICHMANN (2007)
Director: Robert Young
Intérpretes: Thomas Kretschmann, Troy Garity, Franka Potente, Stephen Fry.
Pelicula basada en los interrogatorios de Eichmann por parte del capitán Avner Less y en las que el director se toma ciertas licencias en las que se permite especular sobre algunos hechos de la vida de Eichmann libremente, si bien en líneas generales se trata de una correcta aproximación a esta faceta del proceso a Eichmann.
LA CAZA DE EICHMANN (TV-1996)

Director: William A. Graham
Intérpretes: Robert Duvall, Arliss Howard, Jeffrey Tambor, Jack Laufer
En 1960, el servicio secreto israelí descubre que Adolf Eichmann, una de las figuras claves del Holocausto judío, vive refugiado en Argentina bajo el nombre de Ricardo Clement. Se abre entonces una investigación sobre el pasado de Eichmann buscando las razones que lo llevaron a participar en el exterminio del pueblo judío. 



EL JUICIO DE NUREMBERG (1961)
Director: Stanley Kramer
Intérpretes: Spencer Tracy, Burt Lancaster, Richard Widmark, Marlene Dietrich, Maximiliam SchelL, Montgomery Cliff, Judy Garland.

Extarordinaria película con extraordinarias interpretaciones sobre los juicios de Nuremberg. La película examina las cuestiones de la complicidad individual de los ciudadanos en los crímenes cometidos por el Estado, además de un amplio recorrido moral y ético sobre el valor de los derechos humanos. El guion no tuvo carácter propagandístico, ya que aborda directamente hasta las cuestiones más complicadas.
NUREMBERG (TV-2000)

Director: Yves Simoneau
Intérpretes: Alec Baldwin, Brian Cox, Cristopher Plummer, Jill Henessy.

Interesante miniserie que nos narra cuando tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Hermann Göring se entrega a los americanos. Samuel Rosenman, quien sigue órdenes del Presidente Harry S. Truman, recluta a Robert H. Jackson para los preparativos de un tribunal de guerra contra Göring y sus demás hombres que sobrevivieron, entre los que se encuentran Albert Speer y demás arrestados por crímenes de guerra, los cuales permanecen recluidos en la Base estadounidense en Bad Mondorf. 



GOOD (2008)
Director: Vicente Amorin
Intérpretes: Vigo Mortenssen, Jason Isaacs, Jodie Whitaker, Steven Mackintosh

La película presenta la historia de John Halder (Viggo Mortensen), un profesor de literatura que enmarcado en la década de 1930, se niega a aceptar las ideas del Partido Nazi. John lleva una vida emocionalmente precaria, con una esposa mentalmente ausente, una madre agónica y un amigo judío que comparte sus pensamientos sobre el partido. De pronto, Halder se ve envuelto en distintas presiones que lo llevan a inscribirse al partido, y ser empleado por éste. Así comienza a ascender en su carrera, y la relación con su mejor amigo, quien comienza a ser perseguido como todos los demás judíos, se complica.


AMEN (2002)
Director: Costa-Gavras
Intérpretes:  Ulrich Tukur, Mathieu Kassovitz, Ulrich Mühe, Michel Duchaussoy

Película en la que se narra la complicidad con que el Vaticano y varios países del mundo toleraron que el régimen de la Alemania nazi avanzara en el exterminio de judíos antes y durante la Segunda Guerra Mundial y está basada en la obra El vicario de Rolf Hochhuth.





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PELÍCULAS DE INTERÉS


Director: Dennis Ganssel
Intérpretes: Jürgen Vogel, Frederick Lau, Jennifer Ulrich, Max Riemelt

Basada en el experimento Tercera Ola para demostrar que incluso las sociedades libres y abiertas no son inmunes al atractivo de ideologías autoritarias y dictatoriales, realizado por el profesor de historia Ron Jones en el marco de su estudio sobre la Alemania nazi con alumnos de secundaria al convencer a sus estudiantes de que el movimiento eliminaría la democracia. El hecho de que la democracia enfatiza el individualismo fue considerado como un defecto de la democracia, y Jones hizo hincapié en ello a través de su lema "Fuerza mediante la disciplina, fuerza mediante la comunidad, fuerza a través de la acción, fuerza a través del orgullo".



EL EXPERIMENTO (2001)
Director: Olivier Hirschbiegel
Intérpretes: Moritz Bleibtreu, Maren Eggert, Christian Berkel, Justus von Dohnanyi

Basada en el experimento de la cárcel de Stanford, un estudio psicológico acerca de la influencia de un ambiente extremo, la vida en prisión, en las conductas desarrolladas por el hombre, dependiente de los roles sociales que desarrollaban (cautivo, guardia). Se reclutaron voluntarios que desempeñarían los roles de guardias y prisioneros en una prisión ficticia. Sin embargo, el experimento se les fue pronto de las manos y se canceló en la primera semana.

martes, 23 de julio de 2013

CISNE NEGRO (BLACK SWAN, DARREN ARANOFSKY, 2010): ANÁLISIS Y REFLEXIÓN SOBRE LA PSICOSIS.

Desde que en 1960 Hitchcock perturbara las salas de cine con la obra maestra de Psicosis y la terrorífica historia de Norman Bates (interpretado por un soberbio Anthony Perkins), el cine ha visitado en numerosas ocasiones el mundo de la psicosis. El 2010 nos trajo dos películas interesantes sobre el tema: Shutter Island (Martin Scorsese) y la película a la que vamos a recurrir aquí para explorar este complejo trastorno psíquico, Cisne negro, dirigida por Darren Aronofsky e interpretada por Natalie Portman, Vincent Cassel y Mila Kunis entre otros. 

Darren Aronofsky ya ha abordado en otras películas la complejidad psíquica. Recordemos la inestimable Pi: el orden del caos (1998)  - obsesión y paranoia -, o en Requiem por un sueño (2000) - en relación al mundo de la adicción a la droga -. En Cisne negro Aronofsky nos adentra en el mundo de la psicosis a través del mundo de la danza clásica y de uno de sus ballets más conocidos y sobresalientes: El lago de los cisnes, de Tchaikovsky. Cisne negro nos cuenta la historia de Nina Sayers (gran actuación de Natalie Portman), bailarina de la compañía de ballet de New York, a quien su director Thomas Leroy (Vincent Cassel) le ofrece la posibilidad de ser la primera bailarina interpretando el duo Odette / Odile del Lago de los Cisnes, en la que la misma bailarina interpreta el papel del Cisne blanco y el del Cisne Negro. Para seguir algunos momentos del comentario ofrecemos en la nota 1 un breve resumen de la estructura dramática del Lago de los cisnes.

I. SOBRE LA PERSONALIDAD DE NINA. Psicosis y forclusión.

Natalie Portman como Nina Sayers
El inicio de la película ya nos muestra en sus primeras imágenes el mundo de Nina Sayers. Tras despertar de un sueño en el que interpreta la transformación de la reina Odette en cisne a manos del mago Rothbart, vemos a Nina despertando en una habitación más propia de una niña que de una mujer, rodeada de peluches y de muebles como de una pequeña princesa. Luego vemos aparecer a un personaje importante, Erica Sayers (la siempre magnífica Barbara Hershey), su madre, en su juventud también bailarina, y que a través del avance de la película se nos muestra como una madre sumamente controladora y posesiva con su hija. De una forma muy parecida al Norman Bates de psicosis, la madre gozante alcanza un status de superyó obsceno vetándole todo acceso al mundo de su propio deseo. Es significativo, en este sentido, cuando Nina, que se está masturbando en la cama - por indicación de Thomas - se da cuenta de repente que su madre esta dormida en una silla, interrumpiéndose avergonzada ante su presencia. Observamos también en Nina ciertos comportamientos propios de la retroflexión en las lesiones que se inflinge rascándose con las uñas la espalda, así como también transtornos de alimentación. Excepto la danza y a su madre, Nina no parece tener mucho más en su vida. Como le indica Thomas en un momento en el que Nina le pide que le de el papel:

Escucha Nina. te aseguro que no me preocupa tu técnica, deberías saberlo [...] La verdad es que cuando te miro sólo veo el Cisne blanco, eres preciosa, temerosa, frágil. El reparto ideal. Pero el Cisne negro, es muy difícil bailar los dos [...] En cuatro años, cada vez que bailas, te he visto obsesionada en que cada paso y movimiento sean correctos, pero nunca te he visto soltarte. ¡Jamás! ¿Tanta disciplina para qué? [...] Nina le responde que ella sólo quiere ser perfecta, a lo que Thomas le responde: La perfección no es sólo cuestión de control. Es también saber soltarse, sorprenderte para así sorprender al público, trascender y eso pocos lo llevan dentro...

Técnica pero falta de pasión, apolínea pero falta de Dionisos. Disciplinada pero falta de espontaneidad... Sin embargo, finalmente logra el papel y la historia empieza a construirse a partir de este momento.

Observamos también en esas escenas iniciales los primeros síntomas que nos llevan a la sospecha de que algo ocurre con la frágil Nina, se trata del primer encuentro con el doble negro... o, siguiendo la trama de la película: el cisne blanco se cruza con el negro, la frágil Nina con su doble, no tanto como sombra reprimida, sino como imagen especular de aquello sobre lo que no tiene modelo al que referenciarse (ver más adelante  "La pérdida del espejo en el que reflejarse").

El primer encuentro con el doble inasumible.

- Psicosis y forclusión. Sobre la función paterna.

Una primera indicación de la psicosis de Nina la hallamos en esa presencia excesiva de la madre y en la total ausencia de la figura paterna, sobre la que no hay la más mínima referencia. Más allá del presente en el cual se desarrolla la película, cuando se ve a Nina y, en especial con la relación que mantiene con Erica, se diría que nunca hubo padre, de la misma manera que cuando se ve a Erica se diría que nunca hubo un hombre. Un concepto que Lacan destacó en relación con la psicosis fue la forclusión, concepto por el que se entiende el rechazo radical de un elemento particular del orden simbólico, en este caso, de la función paterna, o el Nombre del Padre como Lacan prefería utilizar. Para tener claro de que hablamos acerca de la función paterna es importante diferenciarla de algo que tenga que ver con el padre como ser humano concreto, con su personalidad y estilo peculiares dentro del rol que ejerce en la familia. La función paterna tiene que ver con el rol que cumple dentro de la estructura simbólica que ocupa en la familia y que se define en los siguientes términos:

La función paterna en una familia nuclear generalmente interviene entre la madre y el niño, impidiendo que el niño quede completamente atrapado por la madre, y que la madre  se devore al niño. Lacan no afirma que todas las madres tienen una tendencia a atrapar o devorar a sus hijos (aunque algunas lo hacen); más bien sostiene que los niños "perciben" el deseo de su madre como peligroso o amenazador. Esta "percepción" refleja, en algunos casos, el deseo del niño de serlo todo para la madre (lo que en última instancia, aniquilaría la posibilidad de que se constituya como un ser separado de su madre) y, en otros casos, la reacción a una tendencia real de la madre de obtener con su  hijo una especie de satisfacción que no ha logrado obtener en otro lado. [2]

Es indudable que esta última opción es la que se perfila sin lugar a dudas en la relación que Erica mantiene con Nina. Varias escenas de la película así nos lo muestran invadiendo constantemente su intimidad o controlándola sin ningún límite. Es especialmente impactante la escena  en la que se percibe ese deseo materno posesivo en la que le quita el vestido a una Nina incómoda hasta que se da cuenta de que se ha vuelto a rascar la espalda arrastrándola desnuda hasta el lavabo para cortarle violentamente las uñas. Las imágenes correspondientes a esta escena nos muestran claramente a Nina, como hija, presa del goce materno de Erica, su madre.

Nina, como hija, presa del goce materno de Erica, su madre. 
Esa es la función paterna: proteger al niño del deseo de la madre, lo que significa tanto del suyo como niño, como el de la madre propiamente, o el de ambos. Como ya hemos dicho, se trata de una función simbólica independiente de la personalidad concreta del padre. En lacaniano diríamos que esta función debe ser inscrita en el lenguaje, y eso es lo que hace que la función paterna sea independiente del mayor grado de presencia o ausencia del padre concreto. En esta función paterna más importante que la presencia o la ausencia es la apelación al nombre (por eso Lacan llamó a la función paterna Nombre del padre) sobretodo por parte de la madre y en la cual:

vemos el funcionamiento del padre como parte del discurso, es decir, como un elemento del discurso de la madre. La función paterna está aquí referida al sustantivo "padre" en la medida que la madre se refiere a él como una autoridad que está más allá de ella misma. [3]

Si esta validación de la autoridad paterna no se ve apelada por la madre ("No le contaremos esto a papá", "No le hagas caso, ya lo solucionamos tu y yo", "Déjale decir y ya lo arreglaremos nosotros", etc. etc.) tanto da que un padre pueda ser muy presente, pero la función paterna que se establece como Ley que prohibe el deseo materno no es realizada.

Hay una imagen, al principio de la película, que habla de la madre por sí misma acerca del tipo de mujer que se trata. Cuando al llegar a casa Nina abre la puerta de la habitación de su madre nos muestra toda una pared con fotos y autoretratos pintados de ella misma y de su hija.

La habitación materna
Todo nos hace pensar que en el caso de Nina la función paterna ha estado forcluida, obviada dentro de la estructura simbólica necesaria para el desarrollo del niño y que ella ha quedado sujeta al deseo materno, lo cuál nos lleva a tener que reflexionar sobre la posible estructura psicótica de su caracter. Ejemplos de este tipo de madre los hallamos en la película Psicosis de Hitchcock o en La pianista de Haneke. También, aunque en esta ocasión lo tenemos en relación a la figura paterna, vemos un caso parecido en Shine, el esplendor de un genio de Scott Hicks.

II. REFLEXIONES SOBRA LA ESTRUCTURA PSICÓTICA DE NINA.

Es obvio que Cisne Negro es ante todo una película en la que su director se propone contar una historia de fuerte impacto emocional e intriga y no crear un personaje ajustado a un cuadro clínico concreto, si bien la patología es un elemento importante en Nina. Quizá por ello ha dado lugar a distintos posicionamientos en relación al tipo de patología que sufre. Voy a mostrar los elementos que creo que colocan a Nina dentro de una estructura psicótica siguiendo las evoluciones que sufre el personaje durante la película y su sintomatología.

- La pérdida del espejo en el que reflejarse.

Nina entra en crisis desde el momento en que puede acceder a ser la primera bailarina de la compañía. Desde este momento su personalidad irá sufriendo una disgregación progresiva, un mayor estado de confusión y desestructuración resultado de la suma de diferentes factores que iremos viendo a lo largo de la película. Uno de los efectos de quedar sujeto al deseo de la madre es que el individuo no puede desarrollarse como un ser independiente, lo que significa que al fallar la función paterna no se van a dar los procesos de castración y la represión primaria del deseo materno que, no obstante, permiten la inscripción del individuo en lo simbólico, es decir,  en la estructura familiar y, posteriormente, en el orden social necesarios para dar un sujeto independiente. Cuando este proceso no se da por la forclusión de la función paterna, el individuo necesita de un espejo en el que reflejarse, o dicho de otra manera, un modelo al que imitar, por lo queda inscrito en el plano de lo imaginario:

lo imaginario continua predominando en la psicosis, y lo simbólico, en el grado en que es asimilado, queda "imaginarizado": es asimilado no como orden radicalmente diferente que reestructura el primero, sino simplemente por imitación de otras personas. [4]

Hay un comportamiento que sorprende en Nina cuando antes de la prueba de selección asiste a la reacción de ira de la primera bailarina "destronada", Beth Macintyre (Wynona Ryder) en su camerino. Una vez esta sale furiosa de él, ella entre y coge su pintalabios, como posteriormente se nos muestra que ha cogido otros objetos de cosmética y estética de Beth. Es curiosa esa reacción de tomar los objetos de la primera bailarina para ella... ¿No es acaso eso una reacción especular en el que ella se refleja, una clara imitación de la primera bailarina? Cuando Nina le pide el papel a Thomas se pinta los labios con el mismo pintalabios. Sin embargo, y como posteriormente Thomas le requerirá, no hay modelo a seguir para que surja la propia pasión, la fuerza y el convencimiento seductor y sensual necesarios para interpretar a Odile, el cisne negro que acompaña a Rothbart en la fiesta en la que el principe Sigfrido debe elegir esposa. La técnica se puede imitar, se puede referenciar pero para la pasión o la emoción no hay modelo, y justamente esa falta de modelo es lo que desestabilizará progresivamente a Nina.

Nina reflejándose en el espejo de Beth

- Predominio de las relaciones imaginarias.

Otro elemento importante en el comportamiento de Nina lo determina la manera en la que surge Lily (Mila Kunis) en su mundo... justamente interrumpiendo la interpretación del cisne negro en su prueba frente a Thomas. Pronto se irá configurando una relación ambigua entre la rivalidad y la atracción con ella, puesto que justamente Lily es su opuesto: dionisíaca, sensual, seductora, espontánea y alegre. El desarrollo que sufre la relación de Nina con Lily en la película se ajusta bastante a un elemento característico de los individuos con estructura psicótica: las relaciones imaginarias. Todos sabemos que el individuo neurótico, más allá de los conflictos con sus iguales suele manifestar un tipo de conflicto que no tarda en referenciarse a las relaciones con los padres, las figuras de autoridad, su propia autoestima, la necesidad de reconocimiento, la imagen social, el éxito profesional. No obstante, se observa en el psicótico un posicionamiento distinto:

El psicótico, en cambio, presenta las cosas de otro modo: el conflicto parece referirse a los otros de su propia edad - rivales, competidores o amantes -  Estos no están tratando de ganarse la figura de autoridad, más bien uno de ellos está tratando de usurpar el lugar del psicótico. [5]

Es a partir de ese fundamento que Nina estructura una relación de tipo paranoico con Lily a quien desde el principio, desde el primer momento ya ve como alguien que quiere arrebatarle el lugar, al mismo tiempo que, y paradojicamente, le atrae como modelo - por ejemplo, en la noche de fiesta en la que sale con ella -. Hay una escena en ese sentido muy clara. Nina, después de un ensayo individual, entra en la sala donde ensayan sus compañeras. En ese momento ve a Lily bailando desenfadada y seductora, alegre, y se queda mirándola porque obviamente observa en ella ese soltarse que tanto le cuesta. Thomas, que lo ve, se acerca a ella y le dice: "Mira como se mueve. Es imprecisa pero sin esfuerzo... No está fingiendo". En la cara de Nina, observándola una vez más, ya se aprecia que le ha dado el status de rival, de aquella competidora que quiere arrebatarle su lugar. Es así como, poco a poco, Nina va desarrollando, en relación a Lily, el delirio paranoico que progresivamente irá manifestándose con más intensidad hasta el final de la película:

El fenómeno familiar de persecución cae claramente dentro de la categoría de las relaciones imaginarias, y es el rasgo predominante de la paranoia. Como dice Lacan, "... en tanto [el paciente] no adquirió, o bien perdió a ese Otro [simbólico, el lenguaje, con su estructura subyacente], se encuentra con un otro puramente imaginario. [...] Este otro lo niega, lo mata literalmente. [6]


Lily. "Mira como se mueve. Es imprecisa, sin esfuerzo... No está fingiendo" 
Justamente, el clímax de su paranoia se alcanza cuando se entera de que Lily ha sido nombrada por Thomas como bailarina substituta. Justo en esa escena se manifiesta lo que aquí estamos proponiendo. Veamos:


Nina: ¡Thomas! ¡Thomas! No puede ser ella. ¡Ella no!
[...]
Thomas: ¿Qué te ocurre?
Nina: ¡Lily! ¡Ella va a ser mi substituta!
Thomas: Bueno... Siempre tiene que haber una. Lily es la mejor...
Nina: No, pero ella quiere mi papel.
Thomas: Todas las bailarinas del mundo quieren tu papel.
Nina: No, esto es diferente. Sé que va a por mí. Intenta ocupar mi lugar.
Thomas: ¡Nadie va a por ti!

Nina: ¡No, por favor creéme...! - Mientras estalla en llanto -

De alguna manera el ejemplo de Beth, la primera bailarina a la que Thomas desplaza por ella, se le presenta como un futuro terrorífico. De hecho en una de sus alucinaciones ve a Thomas haciendo el amor con Lily, aunque luego, puesto que se trata de una alucinación, continua viendo que es su doble negro quien es la que la mira riendo soberbia y gozante... También en ese momento Thomas cambia a una representación del mago Rothbart quien también la mira en una clara proyección alucinada de todo aquello que teme Nina... Ser esa mujer desafiante, soberbia y gozante a la vez que ser una futura Beth. En otra proyección, confusa ante esta alucinación que sufre, corre a devolverle los cosméticos y artículos de belleza que le había substraído de su camerino y le dice:

Lo siento mucho... ¡Te entiendo tanto! Ahora se lo que se siente.. Ella intenta ocupar mi lugar. ¿Qué voy hacer? [...] Sólo intentaba ser tan perfecta como tú (el espejo en el que reflejarse)

El doble negro de Nina con Thomas.
- Las alucinaciones y el delirio persecutorio.

Mientras avanza la película Nina va sufriendo cada vez más alucinaciones: alucinaciones visuales y cenestésicas, delirios persecutorios, signos de despersonalización frente al espejo... y el delirio persecutorio que establece con Lily (el delirio es la estructura - la explicación alucinada - que le permite al psicótico dar sentido a la perplejidad y angustia que le plantea aquello que observa en la realidad). Desde su acceso a primera bailarina Nina es llamada a aquello que no puede dar y que le es exigido por Thomas (de una manera claramente psicopática) en relación al cisne negro: interpretar ese papel tan deseado la lleva a tener que confrontarse con su sexualidad, su femeneidad y su costado más seductor y sensual del que no se puede apropiar. En su caso acceder a ser mujer implica romper con el lugar de "pequeña princesa· y “dulce niña” al que su madre la tiene condenada. Es por ello que, como se da comunmente en estos casos, aquello que se teme negativo para sí mismo es proyectado fuera a través del delirio paranoico sobre Lily, las alucinaciones sobre su doble o las lesiones a través de las cuales parece querer surgir su "doble negro". Una vez más, su doble aparece, como antes su madre, mientras se está masturbando en la bañera, una vez más cuando se entrega a su placer esa imagen debe ser proyectada fuera como el doble perverso puesto que esta sensualidad y este placer le está vedado.

Nina como Cisne blanco presa de Rothbart

- Sobre la alucinación final.

La alucinación del final de la película reúne la matáfora de la imposibilidad de Nina... Cuando Nina viene de interpretar el Cisne blanco, y después de haberse caido, encuentra en su camerino a Lily maquillándose para la interpretación del cisne negro retándola: "Un mal comienzo, Eh. Debe haber sido humillante [...] Estoy preocupada por el siguiente acto. No estoy segura de que puedas hacerlo. ¿Qué te parece si yo bailo el cisne negro por tí?". Y mientras le dice esta última frase, la imagen de Lily se transforma en la de su propio doble. Se enzarzan en una pelea y la Nina "blanca" acaba clavándole un trozo de cristal a la Nina "negra" que justo entonces vuelve a transformarse en Lily... Y es en este momento cuando ella alucina su propia transformación en cisne negro y realiza una magnifica interpretación que se llena de un fuerte empoderamiento de su sensualidad y femineidad seductora...

Nina como Cisne negro.
Al volver al camerino asiste sorpendida a que Lily en realidad no ha muerto, sino que viene a visitarla para felicitarla efusivamente por su genial interpretación. Sólo entoces se da cuenta que cuando mató a 'Nina "cisne negro"-Lily', en realidad fue ella quién se clavó el cristal a sí misma... La emergencia del cisne negro en Nina sólo es posible si muere "el cisne blanco" - como ocurre realmente en la obra -, la "dulce niña", la pequeña princesa, y esa es la condición para que esta transición se de, que ella muera puesto que en ella esta la imposibilidad. Acaba el ballet con el éxito clamoroso de Nina (antes morir dice: "Lo he sentido... Perfecto... Ha sido perfecto) y con su muerte.


La alucinación de Nina: El Cisne negro alado
- Sobre la invasión del goce.

Durante la transformación de Nina en el "Cisne negro", asistimos a otra característica de la psique psicótica: la invasión del goce (entendido éste como un exceso de placer mortífero). Tal y como ocurre en esta fase del delirio, el sostenimiento de Nina en lo imaginario (en los espejos en los que reflejarse) es ya muy vacilante y, a diferencia de la estructura neurótica donde la libido se retira a ciertas zonas del cuerpo (las zonas erógenas), en el psicótico, cuyo sostenimiento en lo imaginario colapsa, el cuerpo se ve de repente invadido de goce y el sujeto lo experimenta como una gran voluptuosidad. El cuerpo es entonces cuerpo del goce:


El cuerpo, que en su mayor parte ha quedado vaciado de goce, de repente se ve anegado, invadido por él. Vuelve con una venganza, podría decirse, pues el psicótico muy bien puede experimentarlo como un ataque, una invasión, una entrada forzada. [7]


La invasión del goce.
Es en esa fase, poseída todo su cuerpo de ese goce que interpreta pletórica al Cisne Negro y que cuando al finalizar su actuación como tal se lanza hacia Thomas y lo besa apasionadamente ante su sorpresa... Es esa invasión de goce que torna como una venganza sobre la "dulce niña" y su cuerpo vacío de goce la que le permite actuar el cisne negro, pero como toda venganza es la que también acaba con su vida y como vamos a ver la que le finalmente le da sentido.

- el odio a la madre.

Previo a la invasión del goce, pero relacionado con ello,  la película desarrolla el clásico tema de la psicosis del "odio a la madre". La rebelión se da cuando, contra el deseo de su madre, sale de fiesta noctura con Lily y después, a la vuelta, traba la puerta con un madero (símbolo de la metáfora paterna que nunca se registró, que veta el acceso del deseo materno) a la vez que le dice a su madre: "¡No entres aquí! ¡Eso se llama intimidad! ¡Ya no tengo doce años!" (en una escena anterior ya había tirado todos sus peluches a la basura). Más tarde, la noche previa al estreno, la hecha de la habitación y le aplasta la mano al cerrar la puerta violentamente sobre ella que persiste en entrar. Y el momento clave en ese registro viene cuando su madre, la mañana siguiente, el mismo día del estreno, llama diciendo que no se encuentra bien tras una serie de alucinaciones que toman su cuerpo y que la llevan a desvanecerse tras darse un golpe en la cabeza. Cuando Nina, disgustada, intenta salir de la habitación para ir al teatro se produce la siguiente conversación:


Nina: ¡Tengo que ir! ¡Sueltame!
Erica: Te quedarás aquí hasta que te encuentres mejor [...] Ese papel te está destrozando

Nina forcejea con su madre para arrebatarle la llave de la habitación...

Erica: ¡Nina! ¿Qué ha sido de mi dulce niña?
Nina: ¡Puta chiflada! ¡Ya no está!
Erica: ¡Nina! ¡Nina! ¡No...! ¡No estas bien...! ¡No vas a poder!

Nina: ¡Soy la reina cisne! ¡Tú nunca llegaste a nada!


Esa es la determinación de aquella que no va a permitir que nadie la arroje de su lugar...

III. UNA REFLEXIÓN FINAL.

De hecho la muerte de Nina, como la muerte del cisne y del príncipe Sigfried en ese fascinante ballet del Lago de los cisnes, es la resolución del problema que le plantea el futuro... Nina realiza una gran interpretación, una interpretación perfecta ("la he sentido... perfecto... ha sido perfecto") que quedará para la posteridad puesto que será la única que realizó. Con su muerte evita su futuro e inevitable desplazamiento (como el de Beth) y como en el final del Lago de los Cisnes, en el que el amor de Odette y Sigfried se realiza a través de su muerte y tras la muerte, Nina también perdurará con su actuación con la suya y tras la suya. Una muerte que con su última mirada a su madre antes de la muerte del cisne también la libera de su goce opresivo.

Nina: La muerte del cisne
Existen casos reales que han seguido destinos similares de graves crisis tras alcanzar el objetivo perseguido. En la película - y el libro - Shine, el esplendor de un genio, el pianista David Helfgott sufre una grave crisis psicótica tras interpretar brillantemente el tercer concierto para piano y orquesta de Rachmaninoff, uno de los conciertos más complicados y que exige de un gran esfuerzo para un  pianista. De la misma manera el mítico y gran jugador de ajedrez y ex-campeón mundial Bobby Fischer desapareció misteriosamente de la competición y practicamente del mundo tras ganar en 1972  dicho campeonato a Boris Spassky en el que fue llamado el match del siglo, finalizando así con treinta años de dominio soviético del tablero de ajedrez. Tras breves y fugaces apariciones siempre volvió a su vida retirada y excéntrica, apareciendo en ocasiones en un estado de dejadez y abandono preocupantes, y siempre andaba peleado con unos y con otros. Parece que anduvo aquejado severamente de algún transtorno paranoide, mientras algunos hablan directamente de esquizofrenia paranoide.
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[1] El lago de los cines tiene un argumento estructurado en cuatro actos:

Acto I
En uno de los jardines de su castillo, el príncipe Sigfrido celebra, junto con sus amigos de la corte y extranjeros, su vigésimo primer cumpleaños. De repente, la Reina madre de Sigfrido y sus Damas de Honor, llegan a la fiesta para recordarle a su hijo que la siguiente noche deberá, durante la celebración oficial de su fiesta de cumpleaños, en la que ha preparado un baile en la corte, escoger una esposa. A la fiesta estarán invitadas jóvenes muchachas, entre las más hermosas de la comarca, y el príncipe deberá elegir a una de ellas como futura esposa. Esto causa una gran melancolía en Sigfrido. El Bufón intenta restaurar el espíritu de la feliz ocasión y anima al príncipe formando una partida de caza con sus amigos.

Acto II
En el bosque cerca del lago comienzan a salir de las aguas unos cisnes que se van convirtiendo en hermosas jóvenes. Sigfrido llega al lago y apunta con su ballesta hacia las jóvenes-cisnes cuando aparece la joven reina, Odette. Ella le cuenta que fue transformada en cisne junto con sus compañeras por el malvado mago Rothbart, que vuelven a su forma humana solamente en la noche y que el hechizo solo puede romperlo quien le jure amor eterno. Los jóvenes se enamoran rápidamente. Cuando Sigfrido va a jurarle amor eterno a Odette aparece Rothbart, quien hace que las jóvenes vuelvan a convertirse en cisnes, para evitar que el príncipe rompa el hechizo. Odette se aleja convertida en cisne.

Acto III
Se celebra la fiesta en el castillo donde Sigfrido deberá elegir esposa. Entra la reina madre junto a Sigfrido y el maestro de ceremonias da comienzo al festejo. Se presentan las jóvenes casaderas y la reina le pide a Sigfrido que elija esposa. Él piensa en Odette, se niega a escoger esposa y su madre se enfada con él. En ese momento el maestro de ceremonias anuncia la llegada de un noble desconocido y su hija. Es el barón Rothbart que llega a la fiesta con su hija Odile. El príncipe, hechizado por el mago, cree ver a Odette en Odile. Él la escoge como su esposa, la reina madre acepta y Sigfrido le jura a Odile amor eterno. Rothbart se descubre y muestra a Odette a lo lejos. Sigfrido se da cuenta de su terrible error y corre desesperado hacia el lago.

Acto IV
A las orillas del lago las jóvenes-cisnes esperan tristemente la llegada de Odette. Ella llega llorando desesperada, contándole a sus amigas los tristes acontecimientos de la fiesta en el castillo. Aparece Sigfrido y le implora su perdón. Reaparece Rothbart reclamando el regreso de los cisnes. Sigfrido y Odette luchan contra él, pero todo es en vano, pues el maleficio no puede ser deshecho. Los dos enamorados se suicidan lanzándose al lago. Rothbart muere a consecuencia de ese sacrificio de amor y los otros cisnes son liberados del maleficio.Se ve aparecer sobre el lago los espíritus de Odette y Sigfrido ya juntos para siempre.

[2] Fink, Bruce. Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano. Gedisa Editorial, pág. 108
[3] Ídem anterior, pág. 109
[4] Ídem anterior, pág. 119
[5] Ídem anterior, pág. 127
[6] Ídem anterior, pág. 127
[7] Ídem anterior, pág. 128

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OTRAS PELÍCULAS DE INTERÉS.



PSICOSIS (PSYCHO, 1960)
Director: Alfred Hitchcock

Actores: Anthony Perkins, Vera Miles, John Gavin, Janet Leight.

Una joven secretaria, tras cometer un robo en su empresa, huye de la ciudad y, después de conducir durante horas, decide descansar en un pequeño motel de carretera regentado por un tímido joven llamado Norman. Todo parece normal y tranquilo tanto en el apartado motel como en la casa de al lado en la que viven Norman y su madre, pero las cosas no son lo que parecen.





VESTIDA PARA MATAR (DRESSED TO KILL, 1980)

Director: Brian de Palma
Actores: Michael Caine, Angie Dickinson, Nancy Allen

Kate Miller (Angie Dickinson), una mujer con problemas, acude a la consulta del psiquiatra Robert Elliott (Michael Caine) para recibir consejo profesional. Después tiene un fortuito y emocionante encuentro en un taxi con un desconocido, con quien ya había coincidido en otro lugar. 







INSEPARABLES (DEAD RINGERS, 1988)
Director: David Cronenberg
Actores: Jeremy Irons, Genevieve Bujold, Stephen Lack


Historia de dos gemelos idénticos, el encantador Elliot y el introvertido Beverly. Son las caras opuestas de una misma personalidad: comparten las mismas costumbres, el mismo apartamento y la misma mujer. Pero, cuando entra en sus vidas una mujer especial, el vínculo que une a los gemelos, se ve, por primera vez, amenazado. Y esta amenaza se traduce en el descenso a un abismo de perversión, drogas y locura. 






LA PASIÓN DE CAMILLE CLAUDEL (CAMILLE CLAUDEL, 1988)
Director: Bruno Nuytten
Actores: Gerard Depardieu, Isabelle Adjani, Madeleine Robinson

Camille (Isabelle Adjani), la hermana del escritor Paul Claudel, sintió desde niña una gran pasión por el arte y en especial por la escultura a la que dedicó gran parte de su vida. El escultor Auguste Rodin (Gérard Depardieu) fue su maestro, y ella se convirtió en su musa. Entre ambos surgió una tormentosa relación amorosa plagada de crisis y rupturas. La escultora tuvo también una vida personal muy agitada: era una mujer demasiado libre e independiente que no se adaptaba a las costumbres y convencionalismos de su época. Al final de su vida, vivió como una mendiga y acabó siendo internada en un psiquiátrico por sus problemas mentales.



SHINE, EL ESPLENDOR DE UN GENIO

Director: Scott Hicks

Actores: Geoffrey Rush, Noah Taylor, Armin Mueller-Sthal, LynnRedgrave

Basada en la vida de David Helfgott, un niño prodigio, Shine examina su tortuosa vida, desde su infancia dominada por su estricto padre, hasta llegar a sus crisis nerviosas cuando es adulto. Cuando es aceptado en una prestigiosa escuela de música en Londres, la Royal College of Music, David se siente capaz de huir de su padre y arriesgarlo todo por su única pasión, la música. Pero el rechazo de su padre y las presiones de su trabajo, acaban sumiéndole en una enfermedad mental. 

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SPIDER (2002)
Director: David Cronenberg
Actores: Ralph Fiennes, Miranda Richardson, Gabriel Byrne, Lynn Redgrave

Ambientada en el East End londinense durante los años sesenta. Spider, un hombre de mente frágil e inestable, después de ser dado de alta en un psiquiátrico, es ingresado en un asilo. Allí su mente va reproduciendo una parte fundamental de su infancia.







UNA MENTE MARAVILLOSA (A BEAUTIFUL MIND, 2002)
Director: Ron Howard
Actores: Rusell Crowe, Jennifer Connely, Ed Harrys, Paul Betanny.


Cuenta la vida de John Forbes Nash, ganador del Premio Nobel de Economía en el año 1994. La dirección del filme y la redacción del guion estuvo a cargo de Ron Howard y Akiva Goldsman, respectivamente. Entre el reparto de la cinta se encontraba Russell Crowe —como el personaje principal— y, Ed Harris, Jennifer Connelly, Paul Bettany y Christopher Plummer en los roles secundarios. La historia comienza en los primeros años de vida de un joven prodigio de las matemáticas llamado John Nash, quien comienza a desarrollar esquizofrenia paranoide y a sufrir delirios, mientras ve penosamente como esto afecta su condición física y sus relaciones familiares y amistosas.


SHUTTER ISLAND (2010)
Director: Martin Scorsese
Actores: Leonardo di Caprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Michele Williams

En el verano de 1954, los agentes judiciales Teddy Daniels (DiCaprio) y Chuck Aule (Ruffalo) son destinados a una remota isla del puerto de Boston para investigar la desaparición de una peligrosa asesina (Mortimer) que estaba recluida en el hospital psiquiátrico Ashecliffe, un centro penitenciario para criminales perturbados dirigido por el siniestro doctor John Cawley (Kingsley). Pronto descubrirán que el centro guarda muchos secretos y que la isla esconde algo más peligroso que los pacientes.