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domingo, 22 de marzo de 2026

SUEÑOS DE TRENES (TRAIN DREAMS, CLINT BENTLEY, 2025): Melancolía y "el entre dos muertes".


Últimamente he estado teniendo sueños,
sueños locos que no puedo explicar:
una mujer parada en un campo de flores,
una locomotora chillona.
Sueños locos que sigo durante horas,
y no puedo empezar a describirte cómo se siente

(Sueños de trenes. Nick Cave & Bryce Dessner)

Hay películas que no terminan cuando aparecen los créditos. Su eco continúa tras el impacto de sus imágenes y de su historia, y algo nos dice que hemos quedado capturados en una región de la memoria donde ya no sabemos bien si lo recordado pertenece a la película o a algo nuestro que la película ha rozado. Sueños de trenes (Clint Bentley, 2025) es una de ellas. Su historia deja una huella en el espectador. Su belleza no es decorativa, sino expresiva; no embellece el dolor, sino que lo acompaña con una delicadeza extraña, como si supiera que hay pérdidas que sólo pueden aprehenderse poéticamente.

 

Desde sus primeras imágenes, la película de Clint Bentley sitúa su relato en una frontera. La llegada del ferrocarril a las tierras salvajes de Idaho, a comienzos del siglo XX, no sólo anuncia la expansión del progreso sobre la naturaleza, sino también el choque entre dos mundos. El tren aparece como emblema de civilización, sí, pero también como fuerza que la atraviesa a riesgo de arrasarla. A veces se dice que construir un puente consiste en unir dos orillas. Pero no toda unión es encuentro. También hay uniones que son invasión y conquista, la desaparición de un mundo bajo el peso de otro.

 

La voz en off lo dice con palabras poéticas:

 

“Una vez hubo pasajes hacia el viejo mundo, sendas extrañas, rutas veladas. Con sólo doblar una esquina te topabas cara a cara con el gran misterio, el fundamento de todas las cosas, y aunque ese viejo mundo ya no exista, aunque haya sido enrollado cual pergamino y encerrado en algún lugar, aún puede sentirse su eco.”

 

Ese eco recorre toda la película y persiste luego en nosotros. Recorre, sobre todo, la vida de Robert Grainier, interpretado por Joel Edgerton con una sobriedad admirable. Porque Robert pertenece también a una frontera que no es sólo geográfica ni histórica, sino otra más íntima y silenciosa: la frontera de quienes parecen vivir siempre un poco al borde, sin llegar a habitar del todo su propia vida.





I. ROBERT GRAINIER: MELANCOLÍA Y EL "ENTRE DOS MUERTES".

Esa frontera extraña en la que se solapan mundos —la naturaleza salvaje invadida por la civilización— se convierte, más allá de las transformaciones sociales que implica, en una metáfora de ciertas vidas que quedan atrapadas en un umbral. Vidas que, como intersección de mundos, no acaban de pertenecer a ninguno de ellos; vidas suspendidas entre un pasado desolado, un presente sin rumbo y una ausencia de futuro. Su historia no es sólo la de un duelo congelado por la muerte de su esposa y de su hija, sino también la de un nacimiento que, como ser arrojado a la existencia, crece sin referentes que lo sostengan ni lo contengan: un limbo existencial entre el nacer y el no nacer. Desde el comienzo percibimos en él algo anterior a la tragedia que vendrá después. Antes incluso de la pérdida de su esposa y de su hija, Robert ya parece habitado por una forma de intemperie y desolación.

No sabe exactamente cuándo nació. No sabe cómo perdió a sus padres ni nadie se lo contó. La violencia forma parte de sus primeros recuerdos, como si el mundo se le hubiera presentado desde muy pronto no como morada, sino como desamparo. La película lo muestra como un ser apenas inscrito, como alguien que vive sin verdadero amparo simbólico, sin relato de origen, sin una pertenencia nítida. Hay vidas que parecen llegar al mundo con retraso; vidas que, antes de empezar, ya llevan dentro una ausencia, y quizá también un sentimiento de culpa por existir.

                                                                                                                                                                                      

Quizá por eso Robert encarna tan bien una cierta figura de la melancolía. No la tristeza sin más, ni siquiera el duelo en sentido estricto, sino algo más radical: una dificultad de estar plenamente vivo, una especie de suspensión del ser. Aquí es donde la lectura lacaniana del “entre dos muertes” se vuelve sugerente. No porque Robert sea una figura equivalente a la Antígona de Lacan, sino porque también él parece habitar, a su manera, una zona intermedia, una frontera en la que la vida no termina de ligarse del todo al deseo, a los otros y al mundo. Como si algo en él hubiera quedado desde siempre un poco fuera del tiempo. De ahí también la forma singular de belleza trágica que sugiere el personaje. Pero la suya es una belleza que podemos situar en la dignidad de la sobrevivencia melancólica, caracterizada por un “entre dos muertes” en el que el ser mora ligado a un espacio de espectros que ni viven ni mueren.

 

Durante años vive “sin norte ni propósito”. Nada despierta su interés. La existencia pasa ante él como pasan los trenes: con estruendo, con polvo, con dirección, pero sin que él suba realmente a ninguno. Sin embargo, lejos del heroísmo ético de Antígona, la melancolía de Robert hallará un respiro provisional en el encuentro amoroso.


II. EL ACCESO A LA VIDA A TRAVÉS DEL AMOR.

.(Voz en off): ... nada despertaba su interés, hasta que un día conoció a Gladys Holding [...] Se le despertó un interés por ir a misa que jamás había sentido. Y a los tres meses ya eran inseparables.

Robert será sacado de ese “sin norte ni propósito” y de ese “nada despertaba su interés” a través del acceso al amor que recibirá, y que también dará, a Gladys Holding (Felicity Jones) y luego a su hija Kate. El amor hecho mirada, escucha y palabra, hecho caricia y deseo, hecho proyecto común, reencarnará a Robert en el mundo de los vivos. Después de tanto tiempo en el “entre dos muertes”, el amor le descubre el sentido y le da acceso a la vida.

Eso es lo conmovedor de esta parte de la película: nos muestra hasta qué punto una existencia puede despertarse gracias a algo tan humilde como la intimidad compartida. Una mirada, una voz, el gesto de regresar a casa, la conciencia de que hay un lugar donde uno es esperado. A veces el sentido de una vida no llega como revelación, sino como calidez, como presencia, como la súbita evidencia de que alguien pronuncia nuestro nombre y, al hacerlo, nos trae al mundo.


La vida de Robert transcurre entre los períodos en los que puede estar felizmente con su familia y aquellos otros que le obligan a alejarse para trabajar y ganar dinero. El trabajo como leñador, o en el ferrocarril, es duro, y junto a algunos personajes con los que entabla cierta amistad también se suceden la muerte violenta y los accidentes. La impotencia con la que presencia el asesinato de un compañero asiático le genera un sentimiento de culpa que le pesa, aunque nada podía hacer.

 

¿Tú crees que las malas acciones nos persiguen toda la vida?” - le dice a su amigo Arn Peeples (William H. Macy) -


Y ese pesar le hace temeroso de aquello con lo que la culpa suele venir acompañada: el castigo.


Voz en off: A Grainier le preocupaba que algo terrible anduviera tras él, que la muerte le pillara allí, lejos del único lugar en el que quería estar.


Y quizá toda melancolía conoce esa pesadumbre silenciosa: la sensación de que lo terrible no llega del azar, sino de alguna culpa o deuda secreta, una culpa de límites poco precisos que se encarna en unas cosas y en otras, aunque quizá en Robert esté en el simple hecho de haber nacido.


Poco podía imaginar que aquello terrible que creía que le perseguía iba a arrebatarle no la vida, sino justo el lugar en el que quería estar; iba a arrebatarle aquello que más quería, aquello que le había devuelto a la vida y dado un sentido.


III. SE TIRARÁ DE UN HILO QUE ACABARÁ DESCOLGÁNDONOS...

Hay en Sueños de trenes la sensación de que el hombre puede dominar la naturaleza: se talan bosques centenarios, las vías penetran en su interior sin miramientos. “Habéis demostrado quién manda”, dice un capataz. Y, sin embargo, esa épica del dominio contrasta con la visión trágica del niño que juega a ser dios. El viejo Arn Peeples lo expresa con delicada sensibilidad:

 

Talamos árboles que llevan aquí 500 años. Nuestra alma sufre, lo reconozca o no […] En este mundo todo está entretejido, muchachos. Cuando tiramos de un hilo no sabemos si acabará por deshacer algo. En la Tierra somos niños que tiran tornillos de la noria jugando a ser dioses.


La imagen que nos ofrece es bella porque desvela la arrogancia humana como torpeza. No somos dueños del tapiz, apenas unas manos torpes que tiran de hilos sin saber sus consecuencias. Antes bien, de nosotros tirará un día ese hilo que acabará descolgándonos de la vida.



La muerte de Arn, absurda y repentina, tiene algo de recordatorio: basta una rama para derribar una vida. Basta un segundo para que la naturaleza, que parecía obedecer, nos devuelva a nuestra condición de criaturas expuestas, vulnerables. Tras ir perdiendo poco a poco sus facultades mentales, acompañado por Robert hasta sus últimos instantes, Arn susurra algo hermoso, algo que lo reúne con el todo y, a la vez, con la nada: “Precioso, ¿eh? Es precioso. Todo ello. Cada pedacito.” Son palabras que resplandecen precisamente porque aparecen en el umbral de la desaparición.

 

Para Robert será la primera muerte de alguien cercano, aunque también hubiera podido decirse que nunca lo había perdido porque jamás lo tuvo hasta que apareció Gladys. Sin embargo, esa rama caída, mensajera de la parca que se llevará a Arn, adquiere para él un tono aún más siniestro en función de la culpa persecutoria que lo abate. Poco puede imaginar Robert que ese temor no se cebará sobre él, sino sobre algo mucho más doloroso para su alma: un incendio que arrasará su casa junto al río Moyie, llevándose con sus llamas a Gladys y Kate.


IV. EL RETORNO AL ENTRE DOS MUERTES.

Tras la muerte de Gladys y de su hija, Robert no entra simplemente en duelo. Entra en otra temporalidad. O quizá sale del tiempo y retorna al “entre dos muertes”. Su vida continúa exteriormente —trabaja, camina, envejece—, pero algo esencial ha quedado detenido. No acepta del todo la muerte porque tampoco puede dejar de esperarlas. Sigue buscándolas. Sigue aguardando su regreso. Sigue viviendo en una fidelidad a lo perdido.

 




Eso es lo propiamente melancólico: no sólo sufrir por la ausencia, sino morar en ella. Organizar la vida alrededor de una falta que no se simboliza del todo, que no termina de volverse pasado. Lo muerto no muere, sino que retorna en visiones, en sueños, en apariciones. La esperanza ya no es porvenir: es hechizo. Es la forma que adopta el dolor cuando no puede despedirse.

Robert, desolado, retorna a ese espacio espectral del “entre dos muertes”, donde vivir es sobrevivir al dolor de relacionarse con la ausencia de ellas, sustrayéndose del mundo. No hay verdadero duelo, no hay una elaboración plena de la falta, sino un tiempo en suspenso. La realidad de su muerte no se asume salvo por breves instantes, porque en su interior siempre guarda la posibilidad de su vuelta. Es una vida que sobrevive a la melancolía, y no sólo por su dimensión de pérdida, sino también por la de la culpa, su compañera inseparable, esa melancolía con la que ya nació.

Yo no estaba… Yo no estaba cuando debía estar, supongo cuando más me necesitaban” - le dirá más tarde a Claire Thompson (Kerry Condon), una de las pocas personas con las que compartirá su vivencia -.

 

También la disociación le ayuda a sobrevivir:


Sabes —le dice también a Claire—, a veces es… es como que la tristeza se me vaya a comer vivo, pero otras veces es como si le hubiera pasado a otro…


Es precisamente esta condición la que, en cierta manera, lo acerca a la Antígona lacaniana, no en el registro de un acto heroico y ético, sino en el de un sujeto que se queda atrapado en el “hueco” entre una muerte física ya acontecida y una muerte simbólica que no termina de cerrarse, con el resultado de una vida en duelo y sin porvenir.


Aquí la película alcanza una extraña belleza. Porque no trata a Robert como un caso, ni como un héroe, ni como un loco. Lo mira con una compasión honda, porque entiende que algunos seres no regresan del todo del lugar donde los ha dejado la pérdida. Entiende que hay vidas que no se rompen de golpe, sino que quedan suspendidas, flotando en una especie de niebla donde el mundo sigue ahí, aunque ya no puede tocarse plenamente.


Y, sin embargo, Robert no desaparecerá del todo. Lo sostendrán Rojiza, una perra y su camada, la compañía de Ignatius Jack (Nathaniel Arcand), el tendero indio del pueblo, y más tarde la de Claire Thompson. Vínculos que le mantienen en cierto contacto con la vida y con los vivos. Pequeños hilos que lo sostienen para que no caiga por completo fuera de la vida.

 


Los años ya le pesan y deja el trabajo de leñador, esperando que la vida le traiga una revelación que no llega. Pero en ese lugar que es el “entre dos muertes”, donde ni se muere ni se vive, no hay más lugar que para una revelación: la revelación de los muertos que, como espectros, retornan una y otra vez. Y así la revelación le viene de la mano de una joven vagabunda que encuentra un día cerca de su casa, inconsciente y con una pierna rota, y a la que por su edad considera que quizá sea Katie. La cuida y la atiende, y, sentado junto a ella, se duerme. Sin embargo, al despertar, la joven ya no está y observa la ventana abierta por la que parece haber huido. La historia, de nuevo, se repite…

Voz en off: “Pasó días y noches perdiéndose entre bosques y campos de la zona, buscando un rastro de ella, pero no encontró nada. Pasó el resto de sus días esperando para estar presente si un día regresaba.



La epopeya de Robert transcurre entre una muerte que no se ha podido secundar y una vida que no se ha sabido cómo seguir. Su historia es la de un hombre que se queda en el limbo entre la vida que avanza y una muerte que nunca termina de pasar, donde el duelo se vuelve melancolía y, en el “entre dos muertes”, el tiempo se vuelve circular y la existencia se reduce a una serie de recuerdos que el cuerpo arrastra como si fueran restos de un otro ya desaparecido. Y, sin embargo…

V. EL MUNDO NECESITA TANTO A UN ERMITAÑO COMO A UN PREDICADOR.

                                                                                El espacio que me conecta donde estoy ahora
                                                                                con el lugar donde algún día estaré.
                                                                                Y las cosas extrañas y maravillosas que he visto
                                                                                Se mide en verdad, se mide en amor
                                                                                Medido en una tendencia a pintar,
                                                                                medido por una chica en un campo de flores,
                                                                                un sueño a gritos en un tren de medianoche.
                                                                                Esto lleva años sucediendo... años y años y años...
                                                                                No puedo empezar ni a describirte cómo me siento.

                                                                                  (Sueños de trenes. Nick Cave & Bryce Dessner)

En su día el viejo Arn le habló a Robert de que en este mundo todo estaba entretejido. Más tarde Claire le dice algo parecido:


En el bosque cada nimiedad es importante. Todo está entrelazado. No sabes dónde termina una cosa y empieza otra, si lo piensas bien. Los pequeños insectos que ni ves son tan vitales como el río. Un árbol muerto es tan importante como uno vivo, Creo que deberíamos aprender algo de eso.


Robert le pregunta entonces: "¿Y qué pasa cuando uno ya no tiene nada que dar?" A lo que Claire le responde: "El mundo necesita tanto a un ermitaño como a un predicador". A lo que añade: Los dos lo somos a nuestra manera... esperando a ver para qué seguimos aquí"


Y ya hacia el final de su vida, en un viaje a Spokane, observando en un televisor una cápsula espacial orbitando alrededor de la Tierra, reflejando en un espejo el paso del tiempo en su rostro, montando en un aeroplano para ver la tierra como los pájaros, Robert empieza a comprender su vida. Allí arriba, en el aeroplano, donde esa elevación funciona como un cambio de orientación y de perspectiva, le retornan las imágenes de su vida: el vago recuerdo de un abrazo que rodeaba al niño que fue, su felicidad con Gladys y con Kate, su nombre pronunciado por ella, el compañero asiático al que asesinaron en el ferrocarril, la intimidad que pudo tener con Claire, el apoyo y la amistad que recibió de Ignatius Jack en los momentos más difíciles, los grandes bosques con sus árboles centenarios, el sueño de la vuelta de Kate, la dulce mirada del viejo Arn pronunciando al final aquellas palabras: “Precioso, ¿eh? Es precioso”.


Ese momento final conmueve tanto porque no ofrece redención fácil. No repara nada. No devuelve a los muertos ni suprime la melancolía. Pero permite otra relación con ella. Como si Robert, después de haber habitado durante años ese espacio del “entre dos muertes”, pudiera al fin salir de él, no para recuperar lo perdido, sino para consentir en haber vivido. Y sólo entonces, por fin, morir.


Voz en off: Cuando Robert Grainier murió mientras dormía en noviembre de 1968, su vida se apagó en silencio, tal y como había empezado. Jamás compró un arma de fuego ni habló por teléfono. No llegó a saber quiénes habían sido sus padres y no dejó heredero alguno. Pero ese día de primavera, habiendo perdido la noción del arriba y del abajo, al fin sintió la conexión con todo.


Cuando la voz en off nos dice que murió en silencio, como había empezado, la frase no suena ya sólo triste, suena también serena. Porque algo se ha reunido al final. Algo se ha ligado; el hilo casi suelto se ha vuelto a entretejer. La película no nos ofrece una biografía ejemplar, ni una identidad cerrada, sino una conexión última con todo aquello que, disperso y doliente, había compuesto su existencia.

 

Tal vez por eso Sueños de trenes deja esa impresión tan extraña al terminar: la de haber asistido no sólo a una historia de pérdida, sino a una meditación profundamente humana sobre la vida cuando ha sido herida y, aun así, persiste. Sobre la melancolía, sí, pero también sobre esa mínima y frágil reconciliación que a veces sólo llega al final, cuando ya no se trata solo de sobrevivir, sino de reconocer nuestra vida.




PELÍCULAS RELACIONADAS.
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viernes, 25 de junio de 2021

SOBRE LA SERIE KATLA (Baltasar Kormàkur, 2021): Sobre los duelos inconclusos y la función del "mediador evanescente"


Es la primera vez que voy a comentar una serie en este blog.
Más de películas que de series, en esta ocasión me llamó la atención Katla por dos motivos: la primera porque se trataba de una serie de ciencia ficción, y como los seguidores del blog habréis podido comprobar, es un género que disfruto especialmente; y en segundo lugar porque une distintas temáticas que en el cine ya se han dado, aunque con un toque de originalidad y profundidad que me parecen destacables. Impecable serie islandesa creada por Baltasar Kormàkur  (también su productor) y Sigurjón Kjartanson, Katla parte de un fenómeno geológico como es la erupción del volcán islandés Katla, un volcán de tipo subglaciar, que se halla bajo el glaciar Myrdalsjökull, y que afecta a una población llamada Vik, cuyo acceso se cierra, excepto para algunos habitantes que desean quedarse, y algunos científicos que siguen la actividad volcánica. En ese contexto, algunos de ellos van a vivir un extraño fenómeno que afectará a sus vidas definitivamente.

Katla se inspira en dos modelos que han sentado todo un estilo en el campo de la ciencia ficción. Por un lado, e inicialmente, parece inspirada en una serie francesa de éxito como fue Les revenants (2012) - a la que siguieron otras series con el mismo tema, y entre las que destaco la serie australiana The Glitch (2015) - que toma como eje de su argumento la resurrección de personas que ya habían muerto, y que vuelven tal como eran a su hogar con la consiguiente conmoción que su aparición crea a aquellos con los que habían estado relacionados. Y aunque es fácil comparar Katla con ese modelo, no obstante, creo que es aun más deudora de películas de cine cuyo modelo esencial sería Solaris, la gran película de Andrej Tarkovsky, basada en la novela de Stanislaw Lem, ya comentada en este blog (pulsa aquí para acceder a la entrada), en la que un misterioso planeta tiene la capacidad de crear "humanoides" a partir de los recuerdos, y especialmente del sentimiento de culpa vinculado a ellos, de los astronautas de una estación espacial que órbita a su alrededor. Solaris encuentra sus ecos, más o menos afortunados, en películas posteriores como el mismo remake de Solaris (2002) de Steven Soderbergh, o las películas de ciencia ficción Horizonte final (Paul Andersson, 1997) o Esfera (Barry Levinson, 1998). También hay un precedente clásico de la época dorada de la ciencia ficción (la década que va de 1950 a 1960), en la magnífica película Planeta prohibido (Fred M. Wilcox, 1956). En todas ellas hay un elemento que parece ser el responsable de extraer del inconsciente de sus protagonistas la causa de su insatisfacción o malestar existencial. Efectivamente, en Solaris es el planeta de ese nombre, en Horizonte final el motor gravitacional de la nave Event Horizon, en Esfera la misteriosa esfera líquida que encuentran en una nave terrestre llegada del futuro, y en Planeta prohibido la máquina de los Krell, la civilización desaparecida que exterioriza y materializa los monstruos del inconsciente.

Erupción del volcán Katla en el 2020

En Katla, el responsable de la aparición de los humanoides, al estilo de Solaris, es un meteorito que se halla en el interior del volcán, bajo el glaciar. Como en todas las películas citadas, este meteorito es visto como el responsable de la aparición de estos seres sacados de la mente de los habitantes del pueblo islandés. Tal como dice Darri (Björn Thors), uno de los científicos allí destinado:

Y si ese meteorito pudiera percibir nuestros pensamientos, si pudiera leerlos y supiera lo que echamos de menos, lo que queremos, lo que anhelamos. Creo que este fenómeno hace copias de personas basándose en los pensamientos y sentimientos de quienes se acerca.

I. SOBRE LA RELACIÓN DE LOS HUMANOIDES CON LOS SERES HUMANOS.

En Katla (nombre de una hechicera de la mitología islandesa)  la propuesta de sus guionistas es ir aclarando, conforme la serie se desarrolla, la historia que une a estos humanoides, llamados suplantadores, de acuerdo a una leyenda de la zona que viene desde antiguo, con las vivencias que les relacionan con los seres humanos con los que, de una manera o de otra, ya estuvieron relacionados en el pasado. Y aquí tenemos una de las diferencias de Katla con, por ejemplo, Les revenants, pues aquí los humanoides suplantadores duplican (no son verdaderas resurrecciones) no solo a personas que murieron, sino también a personas que están vivas. ¿Qué caracteriza a todas estas historias que afectan a las personas que se verán involucradas con dichos suplantadores? Pues que todos los personajes tienen duelos inconclusos, esencialmente complicados por los sentimientos de culpa. En ese sentido, y para aquellos que quieran profundizar en el proceso de duelo y sus complicaciones, os recomiendo leer la entrada dedicada a la película de François Truffaut, La habitación verde (pulsa aquí para ver su entrada).

Los suplantadores.

En ese sentido, la atmósfera de la serie es esencial, pues transcurre en todo un territorio invadido por el tono grisáceo de las cenizas volcánicas y la permanente emisión de grandes columnas de humo del volcán, con esa sensación que producen sus imágenes de detención del tiempo, de petrificación. ¿Y acaso no es así el duelo inconcluso, o congelado? Una detención o interrupción del tiempo en el mundo psíquico de un ser humano en una dimensión de lo relacional. Una detención que no sólo no le deja avanzar sino que le retrae, que le mantiene encadenado a un pasado y a unas relaciones de los que no puede desligarse. Las imágenes del territorio grisáceas, densas, plomizas, transmiten inequívocamente ese tono depresivo, melancólico del duelo congelado y de la detención del tiempo que supone para el que lo sufre. En cierto sentido, y como veremos, los suplantadores permitirán a los protagonistas humanos de la serie afrontar esos duelos, y que el nudo en la que su vida se halla atado se desate y pueda seguir adelante.




II. LOS SUPLANTADORES COMO "MEDIADORES EVANESCENTES".

Los suplantadores o duplicados que surgen de las cenizas del volcán los podemos considerar como aquella categoria hegeliana del "mediador evanescente" (vanishing mediator) que el crítico y teórico literario Fredric Jameson rescató, y que, actualmente, es utilizada con frecuencia en sus trabajos por el filósofo Slavoj Zizek. La definición de Jameson del mediador evanescente es la de "un agente catalítico que permite el intercambio de energías entre dos términos que de lo contrario se excluirían mutuamente". Eso es justamente lo que son los suplantadores de Katla. Ellos realizarán una función que permitirá que se desencallen unas energías que retenidas en forma de duelo congelado que no permiten a los personajes implícitos continuar con su vida. La función del "mediador evanescente" acaba cuando el objetivo ha sido conseguido y, por tanto, una vez logrado desaparece. En las cinco historias que transcurren en los ocho capítulos de esta serie, en todas ellas el suplantador desaparece tras haber desanudado el duelo de cada una de ellas. Quizá el ejemplo más claro nos lo muestra la historia de Grima y Ausa. 

III. GRIMA Y AUSA.

III.1 Las hermanas.

Grima (Gudrun Yr Eifyjord) y Ausa (Iris Tanja Flygenring) son dos hermanas que contemplaron el suicidio de su madre. Tras esa muerte Ausa, la hermana mayor, adoptó el rol de madre con Grima. Ya adultas, Ausa desaparece tras una erupción del Katla, cuando acompañada de su hermana y de otros no le arranca la motonieve y el resto no se apercibe. Desde ese momento Grima, tras buscarla durante tiempo infructuosamente, cae en una profunda depresión incapaz de aceptar su muerte. Esta situación afecta sensiblemente a su vida de pareja con Kjantar (Baltasar Breki Samper). La suplantadora de Ausa dice a Grima hacia el final de su encuentro, cuando ya sabe que un cadáver que se ha encontrado es el de la verdadera Ausa y que ella es un suplantador:

De alguna manera tiene sentido. No tengo ninguna ilusión. Pero ahora entiendo por qué, es porque no existo.  No intentes detenerme. Te quiero mucho hermana, es más, siempre te voy a querer. 
- Yo también te quiero - le responde Grima.

Tras besarla Ausa se dirige hacia el mar donde se pierde entre las olas. Como posteriormente le dice Grima a su padre: "estoy segura de que volvió para ayudarme a aceptar su muerte". Efectivamente, las palabras anteriores de Ausa a Grima son las palabras de un "dejar ir" que Grima no ha podido hacer. La suplantadora Ausa le permite a Grima dejarla ir y despedirse de ella, como Grima no pudo hacer: No intentes detenerme. Te quiero mucho hermana, es más, siempre te voy a querer. Hecha la función de restauración del duelo, desatascada la energía, la suplantadora desaparece en el mar.

Grima y Asa.

II.2. La suplantadora de Grima.

Grima también tendrá otra suplantadora de ella misma, una Grima distinta de la depresiva que ella es. Cariñosa, amorosa, con ganas de vivir y en paz con "sus muertos". Veamos un diálogo fascinante entre ellas (llamaremos Grima 1 a la verdadera y Grima 2 a la suplantadora):

Grima 2: Tú sabes por qué lo hizo...
Grima 1: ¿Quién?
Grima 2: Mamá... Ausa los vio cuando mamá estaba en el psicólogo.
Grima 1: Si, lo sé. Pilló a papá con esa tal Gunhild.
Grima 2: Yo estaba allí cuando mamá le gritó a papá...
Grima 1: ¿Tú? Era yo.
Grima 2: Pues tú seguiste a mamá a la playa ese día y la viste meterse en el mar y apareció Ausa.
Grima 1: Intentó evitar que se ahogara...
Grima 2: ... pero no lo consiguió. Entonces se abrazó e intentó consolarte. Y después de eso Asa intentó asumir el papel de vuestra madre. Ya sé que depositaste tu fe en ella. Lo entiendo. Papá nunca estaba para nosotras. Estaba demasiado preocupado por lo suyo. Lo estaba pasando mal. Todos lo pasábamos mal.
Grima 1: Tú no lo viviste. Tú no pasaste por lo que yo he pasado.
Grima 2: Veo amor en Kjartan, y no lo doy por hecho. Disfruto de su amor y le quiero. Quiero a mi hermana y a su recuerdo... y quiero a mi padre. Le perdono porque todos nos equivocamos. No me siento culpable por lo de mamá. La perdono por quitarse la vida y la quiero.

Excepcional relato de la integración de las pérdidas sufridas la ofrecida por la suplantadora que, no obstante, recordemos forma parte también de Grima (y que nos habla también del sentimiento de culpa que deja el suicidio en su entorno familiar). En una posterior y brutal escena, ambas aceptarán ver cuál sigue viviendo jugándoselo a la ruleta rusa. La suplantadora, tras cinco intentos, y sabiendo que el último disparo de la pistola contiene la bala, y que esa es para ella, aceptará su desaparición (hecha la función, la desaparición). Grima integrará las palabras de la suplantadora y volverá a amar a Kjartan, a su padre, a un hermano hasta entonces desconocido, producto de la relación de su padre con esa mujer llamada Gunhild, y que llevó al suicidio a su madre (que constituirá otra historia que transcurre en Katla), amando a su hermana y a su madre, volviendo a la alegría de amar y de vivir. 

Grima y su familia.


IV. LAS HISTORIAS DE KATKLA.

A parte de la síntesis que he hecho de la historia de Grima y Ausa, y de Grima con su suplantadora, en Katkla transcurren otras tres historias de parecidas características:

La historia de Por (Ingvar Sigurdsson), el padre de Grima y Ausa, con Gunhild (Aliette Opheim) - la mujer con la que engañó a su esposa -, situada en un pasado de hace veinte años, y que volverá como suplantadora de la verdadera Gunhild que, pasados estos veinte años, vive en Suecia con su hijo, que también lo es de Por, aunque este no lo sabe.

La impactante historia de Darry, el científico, y Rakel (Birgitta Birgisdóttir), un matrimonio destrozado y al borde del divorcio tras la muerte de su hijo Mikael (Hylnur Hardarson),  que retornará como suplantador.

La historia del agente de Vik, Gísli (Porsteinn Bachmann) y Magnea (Sólveig Arnarsdóttir), su esposa, que vive totalmente dependiente como resultado de una enfermedad en un estadio terminal, y que también tendrá su suplantadora que aparecerá como era antes de su enfermedad.

Muy interesante serie en relación a todos las reflexiones que se realizan acerca de la muerte, el suicidio, el aborto, el sacrificio y los sentimientos de culpa a todos ellos asociado, así como a las complejas historias que con ellos se vinculan.

domingo, 30 de junio de 2019

LA HISTORIA INTERMINABLE (Wolfgang Petersen, 1984): Duelo y viaje del héroe.

A mi Madre...

Cada libro es una aventura de la mente y una invitación a vivir la experiencia de los regalos de la imaginación (Hermann Hesse)

La historia interminable (Die unendliche Geschichte, 1984), es una película dirigida por el director alemán Wolfgang Petersen (director de la reconocida "El submarino" - Das boot, 1981 -), basada en la gran novela de Michael Ende. La historia interminable, en principio película "infantil", se caracteriza, como leí en una interesante crítica, por ser un cine para niños que "no era, ni mucho menos, cine infantilizado como el que después hemos tenido que soportar". [1] Y es ese un comentario que me parece destacable, porque cuando hablamos de que un cine para niños no es un cine infantilizado quiere decir que es también un cine para adultos. A partir de la historia inicial de Bastian (Barret Oliver), un niño cuya madre ha fallecido recientemente, la historia interminable nos ofrece dos posibles lecturas que, distintas a la vez, no obstante son complementarias, pudiéndose ambas contemplar desde el clásico tema del "Viaje del héroe" tal y como fue descrito por Joseph Campbell y C. G. Jung. Por un lado, tenemos el duelo de la muerte de la madre que, a la vez, coincide con el fin de la infancia, pero con un fin de la infancia relacionado con una entrada en un mundo adulto que también parece significar el fin de la fantasía, y de ahí que, tanto el libro como la película, se erigen como una crítica social que si en los años ochenta ya era acertada, mucho más lo es en la actualidad. Esta dimensión de acceso a una "realidad" árida aparece representado por el padre de Bastian (Gerald McRaney), cuando al inicio de la película le dice: "... procura tener siempre los pies en el suelo. Deja de soñar despierto y empieza a ver las cosas como son en realidad".  


Bastian, el protagonista de la película.

I. EL ENCUENTRO Y EL INICIO DE LA AVENTURA.

Bastian se nos presenta como un niño tímido y un tanto apocado,  acosado por algunos chicos bravucones dela escuela y por un padre que no lo atiende suficientemente y que le precipita en el mundo adulto. Justo después de uno de estos acosos, del cual huye, se refugia en la librería Koreander, cuyo encuentro con su librero cascarrabias va a constituir el inicio del viaje del héroe para nuestro pequeño protagonista. Como todos los viajes del héroe la historia se inicia, tal y como Joseph Campbell nos mostró con sus estudios sobre el tema, con un encuentro imprevisto en el que sucede algo que va a perturbarle profundamente, lanzándole a un camino que no es más que el camino de encuentro con unos mismo. Así aparece el misterioso libro que está leyendo el librero Koreander, el cual provoca con sus comentarios que Bastian lo coja prestado: La historia interminable.

El libro se erige, en consecuencia, en el mentor del joven, pues él realizará la función de acompañarle a través de sus páginas en la que va a transformarse en su propia aventura. En una entrevista realizada a Michael Ende dice acerca de su novela:

Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. Para descubrir las Indias, Cristóbal Colón levó anclas en dirección a América. Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia interminable. Para descubrirse, a sí mismo, Bastian debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre, un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse...  [2]

Joseph Campbell, C. G. Jung o Erich Neumann podrían subscribir ese texto sin problema.


El librero Coreander.

El inicio de la lectura del libro (en una habitación abandonada en el colegio) nos pone en contacto con algunos de sus personajes fundamentales:

- La Nada, descrita como una enorme devoradora que va destruyendo y acabando con el mundo de fantasía y a la que, en relación a la historia, la podemos entender desde dos puntos de vista:

1) Como el mundo depresivo que afecta a Bastian tras la muerte de su madre. Recordemos que el inicio de la película comienza con Bastian despertando de una pesadilla y que, momentos más tarde, le cuenta a su padre que ha vuelto a soñar con su madre, a lo que éste le responde fríamente: "Es natural hijo, pero tenemos que acostumbrarnos a que tu madre ya no está con nosotros... Los dos hemos de hacer un esfuerzo para no dejar que la muerte de mamá no sirva de excusa para cumplir nuestras obligaciones".

2) Como el acceso a la "realidad" que, a través del padre, se propone, y que, por decirlo en lacaniano, oculta el núcleo de esa nada como un "real" que implica la muerte de la imaginación y la fantasía, y cuyo máximo exponente es nuestra actual sociedad de consumo y de distracciones permanentes. El paso del niño al adolescente, y de éste al joven y al adulto, implica un gradual proceso que conlleva una desesperación de la que hablaremos posteriormente, una depresión aparentemente no obvia, pero que podemos considerar un estado subdepresivo en el que la vida transcurre sometida a una visión productiva (Byung-Chul Han) y en la que el tener substituye al ser (E. Fromm, H. Marcuse).

- Atreyu (Noah Hathaway), el joven guerrero, un niño como Bastian, que llegado de las grandes llanuras de Fantasía deberá afrontar cerrar el paso a la Nada sanando a la Emperatriz del reino de Fantasía, aquejada de una enfermedad relacionada con esa Nada. Obviamente, Atreyu es el "alter ego" de Bastian ("es un chico como yo" - dice sorprendido -), no tanto en el sentido de la sombra junguiana,  como de los aspectos de algunos de sus aspectos integrados positivamente en la personalidad como el valor, el coraje y la determinación propios del arquetipo del héroe. Esta dimensión se confirmará en la prueba del espejo, de la que hablaremos posteriormente.


Atreyu junto a su caballo Artax.
- La Emperatriz infantil (Tami Stronach) del reino de Fantasía, que aunque no es mostrada en este momento - no lo será hasta el final - es una niña como Atreyu o Bastian. Siguiendo el esquema de las leyendas arturianas - cuya deuda Michael Ende reconoce -, Atreyu será "el héroe-caballero" que se lanzará a la aventura para salvar a su "emperatriz" y su reino. En ese sentido, podemos considerar a la Emperatriz infantil como una representante del arquetipo del ánima que atrae a Bastian, a través de Atreyu, a recuperar la energía de su vida, una vida que debe seguir adelante. De ella Atreyu recibe a Auryn, el símbolo de la emperatriz infantil, que actuara como uno de los clásicos amuletos que ayuda al héroe en su viaje. 


La emperatriz infantil.
Desde los dos aspectos que hemos considerado de "La Nada", también podemos considerar a la Emperatriz infantil como:

1) La posibilidad de reconexión de Bastian con la energía de la vida para salir de la dimensión depresiva en la que le mantiene el duelo melancólico por su madre.

2) El mismo tipo de reconexión con la energía de la fantasía necesaria para afrontar realmente al acceso a hacerse hombre, entendido éste acceso como un camino no sólo hacia la socialización, sino también hacia la propia individuación, sin quedar presa exclusivamente de los contenidos colectivos que se nos imponen (recordemos la frase del padre: que la muerte de mamá no sirva de excusa para cumplir nuestras obligaciones. En ningún caso se habla, como diría Lacan en el Mayo del 68, de cumplir nuestros deseos).

En ambos casos reconocemos en las anteriores palabras de Michael Ende el camino del héroe, entendido este como un viaje hacia el propio interior: Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado.

- Finalmente tenemos a Gmork, una especie de gran perro o lobo negro, encarnación de La Nada, que tiene como función impedir que Atreyu realice su cometido. Coincide con el "guardián del umbral", personaje o entidad descrito por Campbell que tiene como función evitar que se cruce el umbral que da acceso al mundo de lo desconocido, y donde más allá de las tinieblas y el peligro que lo caracterizan, reside también la verdad que sana, en un claro paralelo con los versos de Hölderlin que dicen: "Allí donde está el peligro / crece también lo que salva". 


Gmork

Gmork representa el gran enemigo de Atreyu, aunque esencialmente de Bastian, es decir, el miedo, sobretodo el miedo que paraliza, que tiende a asustar y a complicar el acceso del héroe a su iniciación. El miedo que, como dice también Michael Ende, en relación con el camino de la fantasía implica un riesgo, y es que "entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido." [3]

En realidad Bastian se enfrenta a este equilibrio sutil en el que se trata no de entrar en una realidad árida, sin lugar para la fantasía, como tampoco de refugiarse en la fantasía desentendiéndose de la realidad. Todo viaje hacia el interior de uno mismo es un viaje de retorno a la realidad a la que, no obstante, volvemos con las perlas halladas en las imágenes que ese mundo interno nos ofrece, retornamos como un ser más individuado - que no individualista -.

II. EL CAMINO DE LAS PRUEBAS.

Tras partir de la Torre de Marfil, sede de la emperatriz infantil, empieza la iniciación que significan el camino de las pruebas para Atreyu. Dicho camino se caracteriza por la entrada en un extraño mundo de ambigüedad, entre lo onírico y la pesadilla, y en la que el héroe encontrará distintas ayudas que le permitirán afrontar los desafíos que le esperan.

- Los pantanos de la tristeza y la vieja Morla: depresión y melancolía.

Tras recorrer distintas regiones sin éxito, Atreyu deberá entrar en los pantanos de la tristeza, un lugar deprimente en el que, no obstante, vive la vieja Morla, considerada el ser más sabio de Fantasía. En el pantano deberá luchar contra una tristeza de naturaleza melancólica que se llevará a Artax, su caballo.  Recordemos, en relación al duelo de Bastian por la muerte de su madre, que uno de los problemas de la depresión melancólica tienen que ver con una renuncia al deseo y a los conflictos que comporta, lo cual, trasladado a Bastian, se refiere al miedo a enfrentar la vida, a hacerse mayor. Esta ausencia de deseo la hallamos también en Morla, quien como toda respuesta a Atreyu tiene un "Nada tiene importancia .. Todo da igual... Olvídalo" o "morir por lo menos sería algo". La definición de que la depresión es también el rechazo al inconsciente (Lacan), podría leerse en Morla como el abandono ya de todo interés por la muerte de la fantasía. Encontramos este rechazo tanto al deseo, como indiferencia al futuro de fantasía, cuando tras estornudar le dice a nuestro joven guerrero: "es que tenemos alergia a la juventud".


La vieja Morla y Atreyu.
No obstante, finalmente, Morla le dirá a Atreyu, y tras la insistencia e inteligencia de éste, hacia donde debe dirigirse para encontrar la solución a la enfermedad de la Emperatriz infantil: el Oráculo del Sur... a diez mil millas de distancia. Atreyu, desolado por lo insalvable de esta distancia intenta salir de los pantanos, viéndose invadido por su mortal tristeza, así como perseguido por Gmork. Pero justo en el instante final, cuando parece hundirse en la ciénaga, o que Gmork va a atraparle, aparece otra de las ayudas con las que contará: el dragón blanco Fújur.

- La puerta de las esfinges: el miedo y la duda.

Si en el pantano de la tristeza Atreyu se enfrentó a la depresión melancólica, ante la Puerta de las Esfinges - al cual le llevará Fújur -, se enfrentará al miedo y la duda. Allí contará también con la ayuda de dos viejos gnomos, Urgl, la mujer gnomo que le curará de sus heridas, y Enguivuck, el hombre gnomo que le mostrará el oráculo (dos grandes esfinges a través de las cuales debe pasarse) y le explicará algunos de sus secretos.


El dragón blanco Fújur.

Efectivamente, cuando el miedo se adueña de nuestros corazones cede la confianza y, en consecuencia, se apodera de nosotros la duda que, a su vez, hace flaquear el convencimiento y la determinación. Esto es lo que observa Atreyu a través del telescopio del viejo gnomo, quien ve un caballero acercarse al oráculo y disponerse a cruzarlo, siendo fulminado por unos rayos lanzados desde los ojos de las dos esfinges... Las esfinges aparecen de nuevo como "guardianes del umbral", como obstáculos a sobrepasar antes de llegar al destino del héroe.

Atreyu marchará hacia el oráculo con ese convencimiento y determinación, buscando fuerza en el amuleto Auryn, pero cerca del cadáver del caballero, al contemplar su rostro calcinado, le llegará el miedo, y la duda le invade. Es entonces cuando las esfinges empiezan a abrir sus ojos, pero ante los gritos de que pase de Bastian (primer contacto de Fanatasía con el mundo humano), Atreyu recompondrá su confianza y determinación y logra pasar antes de que las esfinges lancen sus rayos.


La Puerta del Enigma.
- La puerta del espejo mágico: la confrontación con "la sombra".

La puerta del espejo mágico trata el tema de la confrontación con la Sombra como nos diría Jung. Y así lo indica Enguivuck cuando le dice a Fújur: "Tendrá que enfrentarse consigo mismo mirándose al espejo [...] allí la gente amable descubre que es cruel y los valientes que, en realidad, son cobardes. En el espejo mágico se ven tal como son y la mayoría de los hombres huyen aterrados". Así Atreyu lo encontrará en un lugar gélido azotado por una fuerte ventisca de nieve. Al llegar  a él se reflejará en el espejo, y en su superficie, poco a poco, se definirá la imagen de Bastian.

En realidad, quien pasa está prueba es el propio Bastian, quien al leer lo que sucede le convierte a él en la sombra de la imagen de Atreyu el guerrero como Bastian el cobarde.  Lanza entonces al suelo, asustado, el libro: ¿Cómo es posible que alguien me conozca a mí en fantasía? - dice -. Tras sus dudas iniciales decide continuar con la lectura del libro, momento en el cual vemos a Atreyu atravesar la superficie del espejo. 

La contralectura a aquello que dice Engivuck de que allí los valientes descubrirán que son cobardes, es también justamente la contraria, que los cobardes pueden ser valientes. Aquella valentía que Bastian necesitará para superar el duelo y continuar con su vida, de la misma manera que continuar con ella no sólo es cuestión de los pies en el suelo, sino también de llevarlos al cielo, uniendo  así realidad y fantasía, mundo externo y mundo interno.

Es también en este momento donde toma más fuerza lo que antes ya se había atisbado... la conexión de fantasía con la realidad del mundo humano a través del vínculo de Bastian con Atreyu.


El encuentro de Bastian con Atreyu en El
Espejo Mágico.

- El Oráculo del Sur: El enigma.


Tras cruzar el espejo mágico Atreyu llega al Oráculo del Sur, donde las esfinges (que se están destruyendo por efecto de La Nada) le revelan que para salvar a la Emperatriz infantil se le debe dar un nombre nuevo, pero sólo valdrá si ese nombre es dado por un niño humano. La esfinge también le dice que hallará el mundo humano más allá de los límites de fantasía. Nos encontramos una vez más con el nexo de unión entre el reino de fantasía y el mundo humano. Atreyu parte con Fújur para encontrar estos límites, pero el encuentro con La Nada le desequilibra y cae al abismo, despertando luego en las playas de La Ciudad de los Espectros.


El Oráculo del Sur.

Esta cuestión del nombre es importante porque, unos instantes más adelante, vemos a Bastian diciendo: "Que pena que no me hayan preguntado a mi lo del nombre, porque mi madre si sabía uno maravilloso". Lo aclararemos al llegar al punto V.

III. EL ENCUENTRO TRAUMÁTICO: LA LUCHA CON EL MONSTRUO.

Es en la Ciudad de los Espectros, donde Atreyu ve toda su historia narrada en unos murales pintados en las paredes de los restod de la ciudad. En uno de esos murales Atreyu ve la imagen de un perro terrorífico. Se trata de Gmork, quien de repente toma vida. Se trata del encuentro clásico encuentro y con el monstruo . Este es el momento decisivo de la iniciación que tuvo su inicio con las pruebas que vimos en el anterior punto. Es muy interesante el diálogo que mantienen los dos protagonistas, antes de que Atreyu se de a conocer como tal a Gmork:

Gmork: Valiente guerrero. Lucha contra La Nada.
Atreyu: No puedo, no se traspasar las fronteras de Fantasía.
Gmork: - riéndose - Fantasía no tiene fronteras.
Atreyu: Eso no es cierto. ¡Mientes!
Gmork: Pequeño necio. ¿Qué sabes tú del país de Fantasía? Es el mundo de la fantasía humana, cada parte de su reino, cada criatura suya, no es más que un trozo de los sueños y esperanzas de la humanidad. Por lo tanto no tiene fronteras.
Atreyu: ¿Por qué se está muriendo Fantasía entonces?
Gmork: Porque los hombres han empezado a perder sus esperanzas y olvidar sus sueños. Por eso la nada avanza cada día más.
Atreyu: ¿Qué es La Nada?
Gmork: El vacío que queda, como una ciega desesperación que destruye este mundo. Yo lo odio y por eso ayudo a La Nada.
Atreyu: ¿Por qué?
Gmork: Porque las personas que no tienen ninguna esperanza son fáciles de dominar. Y quien tiene el dominio tiene el poder.

Demasiadas personas hoy aprenden a vivir sumergidos en la rutina sin ninguna esperanza, entregados a ella y a los sucedáneos de vida que nuestra sociedad compulsiva nos impone lanzándonos de la productividad a la distracción, y viceversa. No se generan deseos genuinos, sino que se compran deseos impuestos. La sociedad imperante no quiere sujetos deseantes, sino sujetos creyentes. No quiere sujetos que quieran y deseen, sino que obedezcan y se resignen (ya lo dijeron Jung y Lacan): es esta la ciega desesperación que destruye el mundo, De alguna manera viven como las personas aquejadas de depresión melancólica... aunque sin saberlo. Sin darnos cuenta somos lanzados a la pulsión de muerte, de la cual el capitalismo, como un cáncer devorador, está destruyendo lo mas preciado que tenemos: nuestra propia casa, la Tierra. El cambio climático, la destrucción de la biodiversidad, la contaminación de los mares y los océanos, etcétera, son su testimonio.

Tras vencer a Gmork, vemos a Atreyu a lomos de Fújur, quien le rescata antes de ser tragado por La Nada (la pulsión de muerte avanzando), y navegando ya por un reino de Fantasía fragmentado y prácticamente a punto de desaparecer. Gracias al amuleto Auryn encuentra los restos del Palacio de Cristal, y ahí se da el encuentro de Atreyu con La Emperartiz de Fantasía.

IV. LA RECONCILIACIÓN CON EL PADRE Y EL REENCUENTRO CON LA DIOSA.

Dice Joseph Campbell: La última aventura, cuando todas las barreras y los ogros han sido vencidos, se representa comunmente con un matrimonio místico del alma triunfante del héroe con la Reina Diosa del Mundo. Esta es la crisis en el Nadir, en el cenit, o en el último extremo de la Tierra, en el punto central del cosmos, en el tabernáculo del templo o en la oscuridad más profunda del corazón. [3]

Esta fase requiere de dos momentos fundamentales:

El primero de ellos, trata de la reconciliación con el Padre, y para ello Bastian debe vencer el mensaje paterno (como introyecto o creencia interioridad, ahora en manos del superó)  que le impide creer que la historia del libro no sólo le tiene a él como protagonista, sino que converge en él como héroe, y que en él reside la solución, la clave para salvar a Fantasía dándole, a su vez, el nombre que la madre había creado a la Emperatriz. Esta, entre ruegos para que le de el nombre, le dice: "¡Bastian, ¿porqué no haces realidad tus sueños?", a lo que él le responde: "¡No puedo... Mi padre dice que tenga los pies en el suelo!".  Sin embargo, y ante la que parece inevitable destrucción de Fantasía, Bastian vence la orden paterna, dando lugar al segundo momento.

El segundo momento está determinado por la liberación del apego materno al darle a la Emperatriz el bello nombre que su madre había creado, "Hija de la Luna".  Con esta donación se simboliza la liberación de su apego y la proyección de su energía hacia delante, hacia la vida, de la misma manera que es deseable que Fantasía y el Mundo humano vuelvan a encontrarse para generar individuos más libres y más críticos. Individuos capaces de generar esperanza, ilusión y creatividad en lugar distracción, deseo e ilusión genuina en lugar del embotamiento que genera el deseo compulsivo.

Ya así, finalmente, en la oscuridad, en "la crisis del Nadir, en el cenit, o en el último extremo de la Tierra, en el punto central del cosmos, en el tabernáculo del templo o en la oscuridad más profunda del corazón..." se encuentran La Emperatriz y Bastian - "al principio siempre está oscuro, le dice la Emperatriz" -, dándose el matrimonio místico. Ella sostiene un grano de tierra brillante, lo único, y lo suficiente, que queda de fantasía. Sólo hace falta que Bastian desee, que vuelva a tener esperanza... cosa que sin duda hace. La película acaba con las siguientes palabras:

Bastian pidió muchísimos más deseos y tuvo otras muchas aventuras maravillosas ante de regresar, por fin, al mundo rutinario de cada día... pero eso ya es otra historia.

Pero algo que si sabemos es que el Bastian que retorna de su historia al mundo cotidiano ya no es el mismo que partió al inicio.

El encuentro de Bastian con la Emperatriz de Fantasía.
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[1] Blog de Spinof: La historia interminable.
[2] El País (22-04-1984). Entrevista: Michael Ende, la realidad de la fantasía.
[3] Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. Fondo de Cultura económica, pág.

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