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jueves, 29 de agosto de 2024

PASIÓN (En passion, Ingmar Bergman, 1969): El infierno de la incomunicación.

Pasión (En passion, Ingmar Bergman, 1969), cierra un ciclo de películas que el director inició con Persona (1966) y siguió con La hora del lobo /1968), Vergüenza (1968) - todas ellas comentadas en este blog. Podéis encontrar los enlaces pulsando aquí - y, finalmente, la película que nos ocupa en esta entrada. Tras cerrar la trilogía conocida como "el silencio De Dios" (Como en un espejo, Los comulgantes y El silencio), todas también comentadas en el blog y que podéis en el mismo enlace que anteriormente. Bergman parece abrir un nuevo ciclo donde el tema es otro silencio, un silencio más humano, aunque no por ello menos inhumano, el silencio de la incomunicación.

Siendo considerada una obra menor de Bergman entre sus obras maestras, Pasion es, desde un punto de vista psicológico, una obra de una gran complejidad. Es probablemente por esa complejidad que la obra parece menos redonda que otras. Pero, desde mi punto de vista, no es que la película no sea redonda, sino que su contenido es de una gran densidad concentrada en 1h. 35'.

Como ya nos indica el título, pasión hace referencia al sufrimiento, al padecimiento que cada uno de sus cuatro protagonista carga sobre sí, y como indica también la palabra "pasión", se trata de un sufrimiento sostenido y vivido con intensidad. Me atrevería a decir que se trata de "pasiones apasionadas", siempre interpretadas por unos excelentes actores clásicos de Bergman: Anna - Liv Ullman-, Andreas (Max von Sydow),  Eva (Bibi Anderson) y Elis (Erland Josephson).

Para ello Bergman, y como en las otras películas de este ciclo, utiliza un recurso de manera magistral. Reúne a sus personajes en un espacio cerrado como es una isla (como un témenos junguiano), un espacio que, como ya indiqué en La hora del lobo, cuando se convierte en un espacio de aislamiento se transforma en un espacio infernal, un espacio donde lo neurótico se hace más rígido y se magnifica dejando aflorar las dimensiones más sombrías del ser humano. Este "Témenos" aplicado a estas películas de Bergman, también pueden contemplarse como un espacio cerrado que probablemente servía al propio Bergman para reflexionar sobre él mismo y sus distintos personajes internos, como ya hemos visto en otros comentarios, como por ejemplo en "Como en un espejo" o "El rito". El propio Max von Sydow dice en una entrevista: "hay tensiones entre estos diferentes personajes y sus conflictos, que probablemente son conflictos dentro del propio Bergman." [1]

1. LA DESCONEXIÓN EMOCIONAL.

Un elemento común que presentan todos los personajes de la película es la "desconexión emocional", la dificultad para conectar con su dolor, cada uno de ellos disimulándolo apegado a una pasión que, a la vez que les permite esa desconexión es la causa de su pasión, de su sufrimiento. Veamos:

Andreas se refugia en el aislamiento. Vive solo en la isla, alejado de un pasado relacionado con una difícil relación de pareja y de ciertos problemas legales que aun arrastra (falsificación de cheques, conducir borracho y agresión a un policía que le llevó a la cárcel un tiempo),  y que le han llevado a ocultarse en la isla. Con el aislamiento, Andreas huye de su pasado y, por tanto, de sí mismo. Max von Sydow dice de él: "intenta ocultarse del mundo [...]sumido en un callejón sin salida donde  intenta ocultar su identidad. Intenta no expresar ninguna emoción, y sin darse cuenta su escondite se ha convertido en su prisión."

Andreas Winkelmann

Anna se refugia en la aparente verdad que ella otorga a una relación que se vio truncada por un accidente de coche en el que perdió a su pareja e hijo siendo ella quién conducía. Habla de esa relación de manera idealizada y confluente: "vivimos en una armonía que solo da la sinceridad. Eramos sinceros, creíamos el uno en el otro"  y lo la relaciona con una cierta búsqueda de "perfección espiritual". En su reflexión sobre el personaje, Liv Ullmann nos pone lúcidamente sobre cuál es su verdadera verdad: "Comprendo la necesidad de verdad que siente Anna y que quiera que el mundo tenga cierta apariencia. Pero esa necesidad, ese deseo de verdad, es peligroso para ella. Cuando ve que su mundo no encaja, que no encuentra la respuesta que está buscando, se refugia en mentiras y engaños."

Anna Fromm

Eva se refugia en las apariencias, aparece como una mujer profundamente confusa, perdida y dependiente de Elis, su pareja. Su insomnio da cuenta del malestar que la habita. Artista que se siente fracasada, y a la que Elis no apoya, en un momento le dice a Andreas, con quien mantiene una relación sexual puntual: "Es duro un día darte cuenta de que eres insignificante. Nadie te necesita, pero ahí estás deseando darte a los demás [...] Todo lo que toco lo estropeo." Es interesante lo que Bibi Anderson, su intérprete, dice de ella: "es una mujer que al menos puede admitir de que no pertenece a ningún lugar, de que no es nadie, que es solo un producto voluntad de otros, Sabe que nunca descansará ni conocerá su propio valor. Creo que un día intentará suicidarse."

Eva Vergérus

Elis se refugia en el cinismo y el sarcasmo. Su actitud nihilista le protege de su propia vaciedad. Arquitecto reconocido que es requerido para la construcción de un centro cultural en Milán, responde a la pregunta de Anna de qué es un centro cultural diciendo "es un monumento al sinsentido de nuestras vidas". Dice de él Eva que sólo le vio llorar una vez, cuando perdieron su hijo por un error médico: "No lo había hecho nunca y jamás volvió a hacerlo." Obsesionado con hacer fotos de rostros parece buscar en ellos el alma que no encuentra en sí mismo. Dice de él Erland Josephson: "Creo que Elis Vergérus piensa que es una hipocresía horrorizarse ante la locura de los hombres, y que es una pérdida de tiempo buscar la justicia y la decencia. Ha decidido que el sufrimiento de los demás no le quitará el sueño."

Elis Vergérus

Todos los personajes de la película, cada uno a su manera, son personajes trágicos que en esa isla infernal moran más como espectros que como seres vivos, espectros sin esperanza ni futuro, cada uno de ellos enredado en su propia prisión sin salida: el aislamiento, las falsas verdades, la alienación en el otro y el cinismo. Dice en una escena Andreas a Anna: "Ya no podemos irnos. Es demasiado tarde. Todo llega demasiado tarde."

II. LOS ENCUENTROS.

Unos sucesos fortuitos pondrán en marcha las relaciones entre todos estos personajes que no harán más que reiniciar el sufrimiento del ciclo de las repeticiones tan propio de los infiernos, en psicología de nombres como compulsión a la repetición (Freud), guión de vida (Eric Berne), o como yo la llamo desde una perspectiva gestáltica, gestalt incompleta existencial, y también incluiría el concepto de goce de Lacan. El suceso inicial es una llamada telefónica que Anna debe hacer, para lo cual le pide a Andreas  (que tiene el mismo nombre que su pareja fallecida en el accidente de coche) si puede utilizar su teléfono y que, ante el disgusto de las noticias que recibe, la llevarán a olvidar su bolso en su casa.

II.1. La verdad de Anna.

Andreas abre el bolso de Anna y halla en él un papel que no resiste leer y que revela la verdad de la relación de Anna con su pareja. Algo muy distinto de su versión idealizada: "Ya no quiero vivir contigo.  He intentado no enfrentarme a esta verdad, porque te quiero. No puedo, no quiero, seguir viviendo contigo, y tampoco lo quiero volver a intentar ya que ninguno de los dos quiere cambiar. Pero no me rendiré, ya que solo conseguiremos complicarnos la vida creando así más tensión que derivará en violencia física y psíquica. Por eso te pido que no vuelvas a ponerte en contacto conmigo." Esa es la verdad que se oculta tras la aparente verdad de la que ella habla.

II.2. La necesidad y el dolor del contacto (I): de Andreas

A raiz de la devolución del bolso de Anna, conoce al matrimonio Vergérus, Eva y Elis. Aunque en un primer momento no acepta la invitación para entrar en su casa, un posterior encuentro con Eva desembocará en una cena con ellos. Dice la voz en off acerca de ese encuentro: "Sin saber por qué el acepta. El ambiente es cálido, agradable y amistoso. De repente siente cariño por aquellas personas." Efectivamente, el contacto con ellos pone de relieve la necesidad de contacto de Andreas, el dolor del aislamiento como el dolor de soledad impuesta, no elegida. Podemos aquí considerar el aislamiento físico como una extensión del mecanismo de defensa del aislamiento (separación del pensamiento de los contenidos emocionales), en tanto en cuanto presupone que la no-relación evita el conflicto emocional.

El ambiente es cálido, agradable y amistoso.

Después de ese contacto observamos en Andreas la reacción de dolor ante su soledad que, insostenible, le lleva a emborracharse y que vagando solitario entre la nieve grita "¡¡Andreas!!", como si con ese grito se buscara a sí mismo, como si se buscara tras haberse perdido. Justamente eso es algo que se observa a menudo, al menos en ciertos tipos de carácter: recibir aquello que dolorosamente falta, y de lo que uno se defiende tanto, inevitablemente reactiva el dolor. En Andreas veremos que esa tensión entre lo que necesita y le da miedo recibir se transforma en un movimiento de ida y vuelta, un ir hacia lo que le falta y, al mismo tiempo,  un volver como rechazo.

II.3. La necesidad y el dolor del contacto (II): de Eva.

En una visita que Eva hace a Andreas se nos muestra el vacío afectivo en el que ella vive en relación con Elis, una relación determinada por su cinismo y su dependencia emocional. Analizemos algunas de sus frases:

- Le aburro. Formo parte de su aburrimiento general. El mundo es indiferente al sarcasmo de Elis, pero yo no.

Como bien dice Eva, ser pareja de alguien como Elis es formar parte de esa mirada vacía, escéptica y descreída que con su ironía y su sarcasmo lo corroe todo, sobre todo aquello que está cerca de él y que se interesa por él (El mundo es indiferente al sarcasmo de Elis, pero yo no). La distancia que imprime este tipo de nihilismo es una distancia que sobretodo debe hacerse sentir a lo que esta cerca, puesto que es aquello de lo que debe protegerse más, ya que es lo que más le puede dañar. Bajo su influencia, Eva vive en el hastío donde nada puede crecer excepto su desesperación y caída en el sinsentido, lo que acrecenta la dependencia que siente de él.

- Y lo peor de todo es que le quiero. Le amo, no hay otra forma de explicarlo. Si supiera como demostrarle que le quiero.

Justamente este es el problema: ¿cómo demostrarle amor a Elis, a alguien que no cree en el amor, que no quiere amar ni quiere ser amado? Este es el daño que recibe Eva. Creer que ella es el problema, cuando el problema,  por lo menos en este sentido, es Elis y su actitud hacia el mundo que la incluye a ella. En un momento de esta escena Eva dice "todo lo que toco lo estropeo", pero visto en este sentido proyectivo, y también desde su dependencia emocional,  podría leerse como "todo lo que me toca me estropea" o "todo lo que me toca dejo que me estropee."

Esta carencia afectiva que sufre deriva, en este mismo encuentro, en una relación sexual con Andreas a quien le confiesa su poco autoestima y lo dependiente que es de Elis, quien parece que la desanima en todos sus proyectos artísticos. Al mismo tiempo tiene un fuerte sentimiento de culpa por hablar mal de él. Observémoslo cuando antes de irse le dice a Andreas. "¿Ves lo horrible que estoy? ¿A qué nunca te has acostado con una amante más horrible que yo? ¡Di que me equivoco!"

Las identidades borrosas.

El genio de Bergman plantea este encuentro como un bello contraluz donde sólo vemos los perfiles de Eva y Andrea (dos identidades borrosas), y que cuando se besan parece que esos perfiles se funden el uno con el otro, y que como en el cuadro de Edvard Munch "El beso" quedan unidos en una fusión que borra toda identidad, fusión que va más allá del deseo y del amor, para entrar en esos límites que se borran en el lugar del goce (en un sentido psicoanalítico).

El beso...

Y más allá de Eva, tras separarse para volver a su casa, vemos a un nervioso Andreas preguntándole si le llamará, o que le escriba, o que cuando le volverá a ver... Tras irse, le vemos inquieto, dando vueltas en su casa hasta que estirándose sobre su cama lanza un desgarrado grito. De nuevo el dolor tras estar en contacto con aquello que necesita...

III. LA REPETICIÓN

Una forma de concebir lo que podríamos llamar el infierno psíquico implícito en lo neurótico coincide con conceptos como los ya enunciados: compulsión a la repetición, guión de vida, gestalt incompleta o el goce lacaniano. El infierno de estar viviendo, de una manera u otra, siempre lo mismo. En Pasión, Bergman nos presenta dos formas de vivir ese infierno de la repetición, la que viven Eva y Elis, y la que vivirán Anna y Andreas. Eva y Elis viven la repetición como una continuidad de insatisfacción, mientras que, como veremos, Anna y Andreas la vivirán como discontinuidad, como un ir y volver donde la violencia se hace presente.

III.1. La repetición en Eva y Elis.

O la repetición como una monotonía de los días que transcurren entre el aburrimiento y el hastío, en todo caso sostenidos con el cinismo de Elis y la dependencia y la culpa de Eva. Dos formas de mantenerse unidos por el miedo al abandono, como evitación de la soledad y del sentimiento de culpa. Hay una escena de la película en la que Elis le revela a Andreas que Anna y Eva eran inseparables desde hace muchos años, así como que también se conocían desde pequeños Elis y Andreas X (la pareja fallecida de Anna y que, a partir de ahora llamaré Andreas X). Luego le cuenta que Andreas X y Eva estuvieron un año de amantes, y con su cinismo habitual dice: "no me quejo, todos lo sabíamos", y luego añade: "Un día ella lo dejó, no se por qué. No me atreví a preguntar..." (luego veremos  la versión de Anna). Ambos siguen así, con una vida de mutua ignorancia y de desafección, pero con la disposición de que más vale vivir con desamor que sufrir el dolor del abandono, una variante del refrán de "más vale malo conocido que bueno por conocer". Elis se refugia en su nihilismo y en su profesión, mientras Eva lo hace teniendo algún amante (como la pareja de Anna), o alguna historia como con Andreas.


III.2. El final de la historia de Eva y Elis.

En un salto inesperado de la película nos enteramos, a través de Eva,  de que Andreas y Anna están saliendo juntos. Eva le dice que "no estoy enfadada ni celosa. Anna me ha contado lo vuestro" y tras añadir que les quiere mucho a los dos sigue diciendo "Está muy enamorada. Yo también, pero es difícil saber que siente Anna." Y sigue diciendo "Os quiero mucho a los dos. Yo también te quiero Andreas. Siempre pienso en tí. Amor mío"para añadir finalmente: "Ten cuidado con Anna, no se por qué lo digo, pero ten cuidado." Aparece entonces Elis, quien muestra un semblante en el que se hace evidente que sospecha algo, pero siguiendo su tónica disimula, y Eva, siguiendo la suya, también disimula y se muestra cariñosa con él... Y así, esta pareja va a seguir consumiéndose en ese hastío del mundo de las apariencias que les envuelve. Desde este momento, Eva y Elis ya no aparecen más en la película.




III.2. La repetición en Anna y Andreas.

La relación de Andreas con Anna empieza, como dice la voz en off de la película: "Anna y Andreas llevan unos meses viviendo juntos. Ella traduce y él ha aceptado la sugerencia de Elis (trabaja para él). Son moderadamente felices, sin peleas ni pasiones." Sin embargo, y a diferencia de Eva y Ellis, sus heridas llevan la relación inevitablemente hacia el conflicto y, como resultado de éste y la dificultad de manejarlo hacia la violencia. Violencia que también se gesta en su sistema defensivo: la idealización que lleva a Anna al engaño, y el aislamiento que lleva a Andreas al rechazo del contacto. Hay dos escenas, una de Ana y otra de Andreas, mediadas un sueño de Anna, que anticipan el conflicto inevitable.

- Escena de Anna: Negación y culpa.

Anna le habla a Andreas de su matrimonio. Empieza, de nuevo, son su versión idealizada y de su relación fusional y confluente en el sentido más romántico del término: el otro me completa. Así dice: "... Pensábamos lo mismo, lo hacíamos todo juntos, es difícil explicar como dos personas se convierten en una." Esta construcción fusional (propia del mecanismo de la confluencia) es como un "retorno a casa", pero un retorno a una casa pre-edípica, es decir, donde los límites y diferenciaciones aún no están establecidas, es un retorno al útero materno. Anna habla de la construcción de un hogar que hicieron con Andreas X y dice: "Construimos algo juntos. No sé como definirlo. Era algo seguro. Algo eguro". Sin embargo, la relación fusional no sostiene que esa fusión se rompa en ocasiones, y entonces la completitud se torna incompletitud, la seguridad en inseguridad y miedo, y esas roturas son las causantes de fuertes momentos de tensión, conflicto y también violencia. Dice Anna: "Teníamos discusiones muy violentas, pero nunca nos atacábamos con crueldad o desconfianza, y siempre éramos completamente sinceros. No había atisbo de engaño en nuestra relación". Aquí podemos observar el autoengaño de Anna, porque entonces... ¿de dónde surgía esa violencia?

No olvidemos que Andreas conoce la visión de Andreas X por el escrito que leyó sacado del bolso de Anna y que, en la película, aparece en distintas ocasiones subrayando la frase: "creando así más tensión que derivará en violencia física y psíquica". Como espectadores, y sabedores de este escrito, nosotros observamos directamente el autoengaño de Anna sobre su relación, como la observa Andreas. Anna parece que, en nombre de esa fusión que necesita experimentar, reelabora constantemente la gravedad de los sucesos de su relación para mantener su "lugar seguro", y lo que ella llama "verdad" y "sinceridad"  es su necesidad de mantener ese lugar desde el prisma de su necesidad. En ese sentido, y como consecuencia, Anna también engaña y no es sincera en su relato, es decir, a ojos de Andreas, Anna le engaña, o no le dice toda la verdad, no le es sincera, y eso es lo que observamos también nosotros como espectadores.

... como dos personas se convierten en una.

El relato continúa, y seguimos observando como Anna siempre hace la misma maniobra basada en el mecanismo de defensa de la negación. Habla del conflicto, pero rápidamente este es reelaborado para fortalecer la relación, lo cual, como sabemos a través de la nota de Andreas X, no es cierto. Hay en ella una constante negación de la realidad. Y hablando de él dice "... me fue infiel (recordemos, con Eva). Me di cuenta de lo mucho que le quería y lo superé. Y desde entonces nos tratamos con más delicadeza". Y así, con esa negación, continua: "Lo peor fue cuando me abandonó. Averigüé donde estaba y el cambió de opinión y volvió. Y nos sentimos todavía más unidos". Pase lo que pase... siempre más unidos. Pero la nota de Andreas X dice algo muy distinto. Anna tampoco le cuenta que la infidelidad fue con Eva, y en su versión, fue él quien la dejó a ella. Una vez más Andreas y los espectadores nos damos cuenta de estos detalles... 

Finalmente tenemos el relato del accidente en el que nos damos cuenta de la vivencia disociada que tuvo Anna de lo sucedido. Se nos hace evidente su dimensión traumática... también fundamental para comprender su mundo psíquico: el sentimiento de culpa que, aun disociado, la habita. "No sabía que la vida podía ser así. No sabía que la vida podía dar tanto sufrimiento." Un sueño de Anna nos pondrá en relación con esta dimensión traumática y ese núcleo duro del sentimiento de culpa.

- Sueño de Anna: la culpa.

Dice la voz en off antes de que el sueño se muestre: "Las advertencias están latentes y se manifiestan de improviso. Anna contó un largo sueño que la había preocupado durante semana santa." Siguen entonces las imágenes del sueño... Veamos sus escenas:

1. El sueño empieza con un bote que parece de refugiados que hacinados, uno sobre otro, están durmiendo al llegar a la orilla del mar.

Esta es una imagen clásica de algunos sueños, en que la llegada desde el mar se relaciona con la emergencia de contenidos psíquicos reprimidos, o disociados en el caso de sueños traumáticos. Anna es la que está despierta mientras el resto permanecen dormidos.

Desembarcando en la orilla del mar

2. Anna baja del bote y anda por la orilla. "Estaba sola. Sentí que necesitaba compañía, que me abrazaran, descansar. Pero sabía que lo había perdido para siempre." La ayuda que pide primero a una joven y luego a una mujer le es negada. La primera huye de ella negándole cobijo, y la segunda también huye y ni siquiera le habla, pero su expresión lo dice todo.

En esta escena del sueño se unen la soledad y el rechazo. El blanco y negro del sueño, la miseria del lugar, sus personajes, hacen de él un espacio desolador (para esta escena, Bergman recuperó material rodado para la anterior película Vergüenza.) En el rechazo de las dos mujeres ya asoma la sombra la culpa, como si su actitud denotara que conocieran algo terrible de ella. En las propias palabras de Anna se entrevé también la sombra del castigo: "sabía que lo había perdido para siempre."

la mirada del horror...

3. En la siguiente escena, y siempre en ese entorno desolador, Anna se halla entre mujeres que miran a otra que está sentada cerca de unos maderos que arden. "¿Quién es esa mujer?" - pregunta - "Van a ejecutar a su hijo" - les responde una mujer -. "Va de camino al lugar de la ejecución". Anna se acerca entonces a ella, y tras contemplarla, de repente, se arroja sobre su regazo y le pide perdón: "perdóname, perdóname".


Perdóname, perdóname...

Pero la mujer la arroja lejos de ella. No hay perdón.

Pero no hay perdón...

En esta escena se clarifica el tema del sentimiento de culpa: la culpa de Anna por haber perdido a su hijo en el accidente que protagonizó. La imagen de la madre triste y apenada, que es también la madre resentida que odia a la causante de la muerte de su hijo, son una proyección psíquica de la madre que fue Anna y que la culpa a ella de lo sucedido. Anna se culpa de su muerte, como en la siguiente escena también se culpará de la muerte de Andreas X. 

4. En la última escena vemos a Anna corriendo cuando de repente se para y empieza a gritar (aunque no se oye su voz): "¡Andreas! ¡¡Andreas!!" Y vemos la imagen de un hombre muerto en el suelo...

¡Andreas! ¡¡Andreas!!

Viniendo de la escena 3, poco hay ya que añadir. Al sentimiento de culpa por la muerte de su hijo hay que añadir la de la muerte de Andreas X. En todo caso, el sueño desvela el fondo dramático y desesperado que se oculta tras su idealización.

- Escena de Andreas: aislamiento y humillación

Hasta esta escena que vamos a comentar, Andreas se ha mantenido en esa contención emocional que le caracteriza como un hombre muy poco expresivo en todos los sentidos. No obstante, hay que destacar la relación que mantiene con Johann Andersson (Erik , otro personaje de la película que es un solitario que no se relaciona con nadie, y a quien la sociedad aun se lo pone peor justamente por esa condición de solitario. Andreas es atento y cuidadoso con él, también preocupado. Es quizá el personaje por el que Andreas muestra más calidez y simpatía. A su vez Johann aparece como una persona vulnerable y frágil, que también es atento y cuidadoso con Andreas. Sin embargo, Johann se suicidará después de haber sido humillado y agredido brutalmente por personas desconocidas de la isla que le culpan de la muerte violenta de animales que está sufriendo la población. Deja una carta para Andreas, y entre las cosas que le dice destaca lo siguiente: "... sentí que no quería seguir viviendo, porque ya no podría mirar a nadie a la cara. Ya no quiero vivir más. Te escribo esta carta, querido Andreas, porque siempre has sido bueno conmigo, y siempre te has preocupado por mí." Hay que destacar que, leyendo esta carta, vemos llegar la emoción en Andreas...

Johann Andersson

Afectado por la muerte de Johann (con el que establece una proyección de sí mismo: el futuro que le aguarda) y el trato humillante y brutal que sufrió, Andreas por fin se abre a Anna (quien le dice que se vayan de viaje)  como una alma rota, o como parece que le dijo su ex-pareja: "Tienes un cáncer en el alma". Andreas se nos presenta como un hombre que ya no está en el mundo, o que está alejado de él totalmente y, como metáfora, dice que ante el se alza un muro desde el que: "no puedo hablar ni mostrarte que estoy feliz. Veo tu rostro y sé que eres tú, pero no puedo alcanzarte. Estoy al otro lado de ese muro. Me he quedado fuera." Un hombre paralizado ante la vida, en la acción y en lo emocional. Vemos entonces la proyección antes citada sobre Johann: la humillación. La humillación sufrida y el. miedo a sufrir más humillación: "Tengo miedo de que me humillen. Es una tristeza eterna. He aceptado humillaciones que ahora forman parte de mi ("Tienes un cáncer en el alma"). Es horrible ser un fracaso."

He aceptado humillaciones que ahora forman parte de mí.

Como ocurre con las personas humilladas, ellas también se humillan a sí mismas: "Pero no me respeto [...] La mayoría de la gente no tiene una gran autoestima. Humillados, ahogados y escupidos. Esta vivos y eso es lo único que saben." Andreas habla como un ser humano que ya se ha rendido, que no ve más alternativa que ese aislamiento al que se somete, ese vivir detrás del muro: "Se nos llena la boca hablando de libertad. Pero no creo que exista. ¿O es sólo una droga que usan los humillados para poder soportarlo? Ya no lo aguanto más." Es un hombre harto de sí mismo, que no se soporta, cansado de vivir en estas condiciones y atormentado: "... los sueños que me persiguen, o con la oscuridad llena de fantasmas y recuerdos." Y la conclusión es: "Ya no podemos irnos. Es demasiado tarde. Todo llega demasiado tarde."

IV. CONFLICTO Y VIOLENCIA: LA PRESIÓN AGRESIVA LATENTE.

Dice Bergman en una entrevista acerca de esta película: "Mi idea es todavía que existe una maldad que no se puede explicar, una maldad virulenta y terrible [...] Una maldad irracional y que no está sujeta a ley alguna. Cósmica. Gratuita, inmotivada. No hay nada de lo que tengan tanto miedo los hombres como de esta maldad incomprensible e inexplicable." [2]

No creo que para el mal mostrado en esta película haya que invocar algo cósmico. Tampoco creo que haya que recurrir a la "banalidad del mal" propuesto por Hannah Arendt, o por lo menos a una banalidad que no están banal. Los hechos que suceden en la película encuentran su respuesta en el concepto propuesto por Lacan de "presión agresiva intencional" o la liberación explosiva de esta bajo la forma de violencia física i psíquica. Los que queráis profundizar en ella encontraréis este concepto desarrollado en la entrada "El hombre lobo: visitantes de la sombra II: El licántropo (El hombre lobo) y la naturaleza de la violencia." (pulsa aquí para acceder a la entrada)

Las dos escenas planteadas en el punto anterior, nos muestran el muro detrás del cual ambos se refugian, el aislamiento (en su dimensión emocional y relacional) en Andreas, y la confluencia (junto a la idealización) en Anna; así como la razón de fondo sobre la que estos muros defensivos se construyen: la culpa y la humillación. Inevitablemente, el conflicto es cuestión de tiempo.

IV.1. La advertencia.

Cuando la relación empieza, recordemos, la voz en off de la película nos dice: "Son moderadamente felices, sin peleas ni pasiones." Esa misma voz, tras la muerte de Johann, nos dice: "... llevan un año viviendo en relativa armonía. Han tenido peleas y reconciliaciones, causadas por malentendidos o su mal genio..."  Esas peleas y reconciliaciones ya son un indicio de lo que está por llegar. Esta voz es previa a una escena donde aparece una reacción de Andreas que ya es un indicio de que la tensión puede aumentar en cualquier momento. Tras la muerte de Johann, Anna se retira a una habitación a rezar por él, pero al entrar Andreas y decirle ella esto, él responde: "Rezas por ti misma" y ella responde enfadada: "¡Vete! ¡ Déjame en paz!" A lo que Andreas le devuelve: "Vaya actuación. ¡Menuda actuación!"

¡Vete! ¡¡Déjame en paz!!

Este pequeño momento ya nos muestra la fragilidad, que lleva a una reacción agresiva, cuando la acción de uno resquebraja el muro del otro. Andreas reacciona a la fragilidad que la muerte de Johann le crea, y al conocimiento que tiene de la carta de Andreas X provoca que proyecte lo que el siente que es la humillación que este debió sufrir de Anna, y es desde esta proyección (en la que él, potencialmente, se siente expuesto a lo mismo), que lanza ese comentario agresivo, de la misma manera que Anna reacciona inmediatamente como animal acorralado al sentir su mundo y su equilibrio cuestionado.

Tras esta escena aparece la escena del monólogo de Andreas que antes hemos comentado. Luego ya vemos el distanciamiento que surge en la pareja, se nota en sus acciones y en el lenguaje corporal, también en el lenguaje verbal intrascendente, casi forzado a romper el silencio que se corta entre ellos. Es a partir de ese momento que "estalla" la violencia, pues el muro, como toda estructura defensiva contiene la agresividad latente o presión agresiva (descrita por Lacan, y de la que ya hemos tratado en este blog en distintas entradas) y que, en un momento dado, cuando dicha estructura se siente frágil o resquebrajada deja paso a esta presión agresiva que se libera en forma de violencia.

IV.2. La liberación de la presión agresiva como violencia.

Anna, que siente su mundo confluente, su ideal de relación fusional amenazado reacciona con esa violencia, es decir, con voluntad de dañar, y así le dice, entre otras cosas: "Ahora sé la verdad. Sé como eres. Y te desprecio profundamente. Vivir contigo es un infierno y quiero irme de aquí."  Y tras esto llega la violencia. Andreas, resquebrajado el muro que le protege de la humillación, reacciona con gran violencia (la presión agresiva se libera) amenazándola con una hacha y pegando a Anna... Recordemos la nota de Andreas X: "creando así más tensión que derivará en violencia física y psíquica."

Aparece la violencia.

Desde este momento ya todo se precipita. Ya en el final de la película, cuando ambos van en coche conducido por Anna, aparece todo. Andreas, finalmente, le cuenta que conoce la carta de Andreas X, no sin antes decirle algo paradójico: "Quiero ser libre. Quiero recuperar mi soledad. No puedo seguir viviendo así" (recordemos lo que anteriormente ha dicho: "Se nos llena la boca hablando de libertad. Pero no creo que exista"). En todo caso, y siempre ante el silencio de Anna, Andreas le pone de manifiesto, aunque con esa voluntad violenta de dañar, el engaño que se oculta tras toda su idealización y la falsedad de todo aquello de "vivir en la verdad", de "ser sinceros": "... no tienes mucho éxito con los hombres. El problema lo tienes tú o lo tienen los hombres (Anna no dice nada pero acelera el coche). Esta afirmación es también una proyección suya, pues efectivamente también se podría decir que "No tengo mucho éxito con las mujeres. El problema  lo tengo yo o lo tienen las mujeres"Siempre hablas de la verdad, de vivir la verdad. ¡Menudo engaño! [...] ¡Todo era mentira! ¡Todo mentira! (Anna, siempre en silencio acelera aún más el coche). Cálmate... ¿Me vas a matar como mataste...?" En un terreno resbaladizo y a esa velocidad alta Anna hace un brusco movimiento de volante que desvía el coche, y sólo la rápida acción de Andreas impide que el accidente se pueda consumar. "¡Has perdido el juicio!" - grita Andreas -.



IV. 4. La repetición.

Cuando Andreas le pregunta por qué vino a buscarlo, Anna, después de la maniobra con el coche, le responde que para pedirle perdón (lhay que reconstruir la fusión, volver al equilibrio como sea)... La película acaba con Andreas saliendo del coche y Anna arrancando y yéndose. Al final vemos unos imágenes de Andreas confundido yendo y volviendo por el camino, yendo y volviendo... y a medida que la cámara se acerca se vuelve su imagen más borrosa hasta que finalmente se difumina mientras cae al suelo desesperado. La voz en off la cierra definitivamente diciendo: "Esta vez se llama Andreas Winckelman."

Yendo y volviendo, yendo y volviendo...


El ciclo de la repetición se cierra una vez más. Andreas y Anna se separan como ya acabaron con sus anteriores parejas. Se tiene la sensación de que se juntaron para que su sufrimiento se reactualizara de nuevo, para que su historia volviera a empezar para acabar de nuevo igual. Él, un apego evitativo; ella un apego ansioso... cada uno con su muro alzado, cada uno, inconscientemente, listos para intentar romperlos desde sus fondos culpables y humillados, listos para soltar su presión agresiva reprimida. La película acaba con "Esta vez se llama Andreas Winckelman", como podría haber acabado diciendo "Esta vez se llama Anna Fromm", o incluso "Esta vez se llaman Eva y Elis Vergérus".  Como Andreas en la última imagen de la película, todos ellos son seres humanos borrosos, de identidad frágiles y vulnerables que sienten que pueden ser pisoteados en cualquier momento.

Esta vez se llama Andreas Winckelman.


V. UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN: LOS ANIMALES ASESINADOS.

Llama la atención en esta película el papel adjudicado a los animales (raramente utilizados por Bergman): 
La imagen del perro al que se intenta ahorcar, y al que Andreas salva en el último momento; las ovejas muertas y mutiladas; o al final de la película un caballo al que se rocía de gasolina en su establo y es quemado. Cuando acaba la película no sabemos quien es el individuo que comete esos actos, aunque si sabemos que Johann Andersson fue humillado y agredido brutalmente por creer que era él el responsable de esas muertes por gente de la isla. Todo una metáfora de la inocencia vulnerada. Desde nuestra heridas más profundas todos podemos ser el maltratador y el maltratado., y ambos a la vez Una metáfora de la agresividad con la que los seres humanos nos tratamos en distintos ámbitos, y como dice Andreas X en su carta, y lo comprobamos en la película una "tensión que derivará en violencia física y psíquica." 

Todos podemos ser el maltratado o el maltratador, y ambos a la vez. ¿No es acaso la humillación sufrida por Johann Andersson un ejemplo de ello, o las humillaciones que se infringen Anna y Andreas? ¿O las de más bajo nivel (no por ello menos dañinas) entre Eva y Elis? Quizá la imagen más representativa de esta dinámica maltratador-maltratado por la que oscilamos en ocasiones, sea esa imagen del coche al final de la película, y que mientras la tensión entre Anna y Andreas crece, y Anna acelera más el coche, y las palabras duras de Andreas se encuentran con el silencio cortante de Anna, la cámara enfoca un pequeño oso de peluche colgado del parabrisas que oscila agitadamente de un lado a otro como el perro al que se había intenta ahorcar: una imagen de la situación de tensión y asfixia en la que ambos protagonistas se hallan en ese momento, hasta que la presión agresiva se libera como violencia.



NOTAS.
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[1] Los archivos personales de Ingmar Bergman. Editado por Paul Duncan y Bengt Venselius Ed. Taschen, pág. 145

[2] Ver nota 1, pág. 144


ENLACES RELACIONADOS
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sábado, 22 de junio de 2024

LA HIJA OSCURA (Maggie Gyllenhaal, 2021): Maternidad, maternaje y sentimiento de culpa.

 

La hija oscura (The Lost daughter - Maggie Gyllenhaal -, 2021) es una película que aborda de manera cruda y precisa la dificultad de la maternidad y los sentimientos de culpa que se relacionan con ella. Excelentes interpretaciones de Olivia Colman, como Leda Caruso y de Jessie Buckley, como Leda de joven. El guion está basado en una adaptación bastante fiel del libro del mismo título de Elena Ferrante, el pseudónimo de la enigmática escritora italiana de la que no se conoce su identidad

La película empieza mostrándonos a Leda, una mujer de mediana edad (48 años), que es profesora de Universidad y traductora, llegando de vacaciones a la isla griega de Kyopeli (isla ficticia, en realidad la película se rodó en las playas de la isla de Spetses). Pronto se nos pone en antecedentes al mostrárnosla en la playa, instalada cómodamente en una tumbona, cuando llega una numerosa y ruidosa familia que perturba la tranquilidad del lugar. Es entonces cuando vemos a Leda observar a una joven madre con su hija que pertenece a la familia en cuestión. Se trata de Nina (Dakota Johnson). Leda, al día siguiente, la sigue observando y vemos entonces como al observar a la niña con Nina rociándole agua, se emociona sensiblemente. De inmediato se retira al bar para beber un vaso de agua, apareciendo los primeros flashbacks que nos muestran a una joven Leda con sus dos hijas.

El siguiente encuentro con la familia numerosa lleva, tras un inicial desencuentro, a un breve diálogo entre Leda y Callie (Dagmara Domińczyk), una mujer de esta familia que está embarazada y con la que hablando de los hijos Leda dice: "los hijos son una enorme responsabilidad". 

Leda

En el siguiente encuentro con la familia vemos como Leda observa un conflicto entre Nina y su pareja. Luego asistimos a un momento de pánico cuando Nina se da cuenta que su hija Elena no está en la playa. Será Leda quien la encontrará y quien la devolverá a su familia. Esta escena se sucede con flashbacks de una situación parecida que Leda vivió al perder, también en la playa, a su hija Bianca. Tras los agradecimientos de Nina y Callie, asistimos a un momento extraño: Leda ha robado la muñeca de Elena, una muñeca a la que la niña está muy apegada. Los flashbacks se suceden y así vemos a una Leda agotada por el cuidado de sus dos hijas (Marta y Bianca). Se nos hace evidente que conjugar su cuidado con sus estudios, y con una pareja que no parece compartir esta responsabilidad, la mantiene en un alto nivel de agotamiento y stress.

Nina y Elena
                                        
                                                                   
1. LA MUÑECA ROTA. UNA MUJER ES MÁS QUE MADRE.

En una de estas situaciones tensas en las que, en ocasiones, los niños hacen vivir a los padres, una Leda desbordada le romperá una muñeca que anteriormente le había regalado: "¿No te gusta? Te regalé a Nina porque creí que cuidarías de ella. ¡Eres una desconsiderada, no puedes tratarla tan mal!" y la arroja por una ventana a la calle rompiéndose en pedazos. Esta escena y esta muñeca rota puede considerarse como el otro lado de la maternidad, su lado más oscuro por seguir el título de la película, y nos plantea un tema esencial en nuestra sociedad que, en su momento, ya fue planteado por Julia Kristeva (Stabat Mater, 1976): como ser madre y mujer a la vez cuando "vivimos en una civilización en la que la representación consagrada (religiosa o laica) de la femineidad es absorbida por la maternidad". [1] Entendiendo que, obviamente, "Maternidad" se instaura aquí como un ideal que se le impone a la mujer desde una mirada religiosa-patriarcal, que va mucho mas allá de la función de maternaje. Esa diferencia entre Maternidad (Motherhood) y Maternaje (Mothering) constituye el núcleo central del pensamiento de Adrienne  Rich [2], quien distingue la primera como una visión estática y pasiva de la madre como institución patriarcal, y la segunda, en relación con el poder de reproducción y los hijos, que la convierte en una madre activa y dinámica, y que implica la no renuncia de la mujer. En Leda vemos como, progresivamente, este conflicto entre madre y mujer se ahonda. 

En el caso concreto de Leda un tema, que más allá de la maternidad, debe ser considerado, es que su problemática se relaciona con la "paternidad", es decir, en relación al hombre como padre, y que en el caso de Leda se plantea en ¿cómo ser madre y mujer cuando el hombre como padre no está? En una anterior entrada mía [3] reflexionaba sobre el ser padre y la función paterna, y en ella me preguntaba: "De la misma manera que Lacan dijo aquello de la pregunta histérica ¿qué es ser mujer, si no es ser madre?, parecería que podríamos tener un equivalente obsesivo masculino que dice ¿qué es ser hombre, sino no ser padre? ¿Cómo si no entonces es que el padre se configura tanto con la ausencia y el abandono?", Preguntas que me servían para invertirlas y plantear: "El camino de todo ser humano, cuando deja de huir, es un camino que tiende hacia la totalidad, y planteado esto en términos de ser padre y ser madre lo podemos aplicar a las cuestiones de si "una mujer es sólo madre" o un "hombre es no padre". Esta totalidad convierte estas frases en "una mujer es más que madre" y "un hombre es también padre". Y, efectivamente, en la película vemos que Lena es una mujer que es más que madre, pero con un hombre que no es padre, lo cual determina una maternidad que, inevitablemente, hace defectuoso el maternaje, como lo hace también en su ser mujer.

Leda y sus hijas

La película nos va mostrando imágenes de la sobresaturación de Lena, así como también de su insatisfacción con Joe (Jack Farthing), su pareja, y que tiene su máximo exponente en el momento en que este parece que debe partir a Arizona por sus estudios. La angustia de Lena se manifiesta cuando le dice: "A veces me asusta no poder cuidar de ellas. Y si me desmayo cuando esté con ellas y tú en Arizona."

II. LA ENCRUCIJADA Y UN ACTO FALLIDO

Un encuentro con una pareja de senderistas en una casa en la montaña impactará a Lena confrontándola con su realidad. Veamos los tres momentos que se configuran en ese encuentro:

1) Hablando con esta pareja Joe dice "la vida es tan distinta sin hijos". El senderista dice entonces que "tengo tres hijos de 12, 9  y 7, están en Londres, con su madre."

2) Lena dice: ¿Así que os fugasteis juntos?, a lo que la senderista le responde: "Si, así es. Nos vemos obligados a hacer tantas tonterías, hasta desde la infancia. Nuestra relación es la única cosa sensata que me ha pasado desde que nací"

3) Tras detectarse una especial sintonía entre Lena y la senderista, al despedirse Lena le pregunta acerca de su pareja: "¿Cómo van sus hijas? ¿Están bien?", a lo que le responde: "No son niñas, son niños,"

En esta escena se observa la dificultad que la Maternidad propone para una mujer: el maternaje "o" el ser mujer. Su acto fallido pone de relieve (hijas por hijos) que en Lena se establece una encrucijada en la que ante una conciliación imposible se plantea una elección: ser mujer o madre.

Leda y la senderista

Es a partir de ese momento que Lena se verá Lanzada a tener que elegir el camino que esa encrucijada le propone: ser madre o ser mujer. El reconocimiento académico e intelectual que recibirá por parte de un filósofo, el profesor Hardy (Peter Sarsgaard), así como la atracción que sentirá por él, y el por ella, y la aventura que vivirán por un tiempo, incidirá en la tensión de esa encrucijada, dándole fuerza unas palabras que Hardy dice al final de una ponencia suya: "dónde quiera que uno trate de suprimir la duda se impone la tiranía". Palabras nunca mejor aplicadas que a la idea patriarcal de "Maternidad", donde "es el principio maternal el que produce una catástrofe de identidad que permite separar lo que es ser mujer de lo que es ser madre. La llegada del hijo extrae a la mujer de su unidad y le da la posibilidad, pero no la certeza, de alcanzar al otro. (Kristeva en Oliver, 1997)" [4]

Hardy y Lena

Al final, Leda toma la decisión de separarse y partir a Estados Unidos para seguir su carrera profesional, lo que significa dejar a sus hijas desencadenando el problema de la paternidad en la forma de "el hombre no es padre". Joe le implora que no se vaya: "Son unas putas crías, ¿cómo voy a criarlas solo?", a lo que sigue la amenaza: "Voy a llevarlas con tu madre", a lo que Lena le responde: "¿Estás amenazándome? ¿Es una venganza? ¡Eres un vago! ¡Como las lleves ahí se hundirán en ese pozo negro, con toda esa mierda en la que yo me crié!" 

Toda esta escena transcurre con la canción I told Jesus de Roberta Flack de fondo, lo que le da un impacto emocional aun más intenso. El final es duro al ver como Leda marcha dejando atras a sus hijas que le gritan: "¿A dónde vas mamá? ¿Mamá vas a volver? Mama... ¡Mamá! ¡¡Mamá!! Mamá, me gustaría saber a dónde vas, ¡Mamá no te vayas!" Como le contará a Nina posteriormente: "Me fui. Cuando la mayor tenía siete y la pequeña cinco me fui. Las abandoné y estuve sin verlas tres años", y a la pregunta de cómo se sintió sin ellas responde: "de maravilla. Como si hubiera intentado no explotar, pero al final lo hice".

Las abandoné y estuve tres años sin verlas

III. LA MUÑECA ROBADA Y EL SENTIMIENTO DE CULPA.

¿Por qué Leda roba la muñeca a Elena, la hija de Nina? Porque Leda proyecta en Nina su misma experiencia como la madre joven que fue. Ella misma se ve en en la mala relación que mantiene Nina con su pareja y en los síntomas de sobresaturación que se le observa como madre. También la ve relacionándose con Will (Paul Mescal), que trabaja en el bar de la playa, El robo de la muñeca responde, a mi entender, a dos dimensiones:

Primera, al intento de revivir el maternaje, como se observa en distintas escenas, en la manera como cuida la muñeca y, sin embargo, como en cada ocasión ocurre algo que "ensucia" ese cuidado. Esa suciedad que se manifiesta representa el lado oscuro impuesto por la tiranía de la maternidad, y que se manifiesta en el sentimiento de culpa por la decisión que Leda tomó y que la apartó tres años de sus hijas, un sentimiento que habita en ella como un remordimiento que no la abandona. "Soy una madre antinatura" le dirá a Nina, dando voz a la culpa y el remordimiento que la habita, el remordimiento que por mas que volviera para ser madre la inhabilita como tal, no solo por lo que hizo sino por como se sintió. Una culpa que, en el juego de reflejos de la película, también encontrará en Lyle (Ed Harris). el cuidador del apartamento donde Leda se aloja.

La segunda, a mi entender, es más delicada, puesto que es consecuencia de lo que yo llamo el efecto paradójico del sentimiento del culpa, aquel que por querer evitarlo nos acaba haciendo culpables, Es como si robando la muñeca, y sabiendo lo mal que lo esta pasando Nina con su hija por esa pérdida, en el fondo quisiera que Nina siguiera su mismo camino, como si esto la justificara a ella. Hacia el final de la película, cuando Nina sube para que le deje las llaves del apartamento para verse con Will, y le dice que no está bien, que si tiene una depresión o algo así, que si esto se pasa, y después de devolverle la muñeca para Elena, con el consiguiente enfado de Nina por lo que han sufrido por ello ("estábamos destrozados, nos viste"), le dice: "Eres muy joven y no se te pasa, nada de esto se te pasará". Una violenta Nina, entre gritos e insultos, le clava finalmente una larga aguja de sombrero en el vientre y la amenaza: "¡Más te vale andarte con cuidado, zorra!"

Soy una madre antinatura

Esta segunda dimensión queda más explícita en el libro de Ferrante, donde en esa situación de malestar de Nina sobre su situación el diálogo que se da con Leda es el siguiente: 

Miró las llaves, pero no me pareció contenta.

 —¿Qué piensas de mí? —dijo. 

Me salió el tono que suelo usar con mis alumnos. 

—Pienso que de esta manera no vas bien. Tienes que volver a los estudios, Nina, licenciarte y encontrar un trabajo.

 Hizo una mueca de contrariedad. —

No sé nada ni valgo nada. Me quedé embarazada, di a luz una niña y no sé ni cómo estoy hecha por dentro. Lo único que deseo es huir. 

Suspiré. 

—Haz lo que te parezca que debes hacer.

 —¿Me ayudarás? 

—Ya lo estoy haciendo. [5]


En este diálogo podemos observar con claridad la proyección de Lena sobre Nina interviniendo prácticamente, aunque de manera inconsciente, para decirle que haga lo que ella hizo.


Nina

IV. EL FINAL: ¿MUERTA O VIVA?


Película y libro disienten al final. En el libro de Ferrante se nos muestra a Leda a punto de partir cuando recibe una llamada de sus hijas. El diálogo se da como sigue


—Mamá, ¿qué haces?, ¿ya no nos llamas? ¿Nos dirás al menos si estás viva o muerta? 

Murmuré, emocionada:  —Estoy muerta, pero me encuentro bien. [6]


En la película el final es ligera, pero significativamente distinto. Después de la punzada con la aguja de sombrero, y tras un accidente de coche en la noche, Lena queda dormida en la playa, cerca de la orilla del mar. Más tarde despierta con las aguas llegándole al rostro. Ya es de mañana. Tras unos instantes desconcertada es ella quien llama a sus hijas:


¡Hola Mamá! Estábamos preocupadas, pensábamos que habías muerto... No sabíamos nada de tí y no te habías registrado en el consulado.

¿Muerta? No, estoy bien viva.


Parece que en la versión de Ferrante, Leda no se sobrepone, y que tras la reacción de Nina la hundiera aun más en su sentimiento de culpa y su remordimiento. Se correspondería con la muerte de su dimensión maternal aunque no como mujer, y su culpa sería el triunfo del introyecto patriarcal de "la maternidad". 


En la versión de Maggie Gyllenhaal, Leda parece atravesar las tinieblas de la noche y despertar con la luz del amanecer. Aquí Leda está bien viva, lo que podemos contemplar como que libre de su sentimiento de culpa y su remordimiento, por fin madre y mujer pueden coexistir. Este sería el triunfo femenino del maternaje. 


Mujer y madre.

Recurriendo a otro símbolo de la película que confirma esta variación, vemos en la foto a Leda contemplando una naranja sonriendo, una naranja en buen estado. Al principio de la película, en un cesto de apetitosas frutas, entre las que hay una naranja, al cogerla y darle la vuelta se ve que está podrida. Antes de irse de casa y dejar las niñas Marta, la mayor, le había pedido que le hiciera una serpiente de piel, refiriéndose a pelar la piel de una naranja de una vez.

V. UNA REFLEXIÓN FINAL SOBRE LOS DOS FINALES.

Antes de finalizar el comentario, quisiera destacar que la diferencia entre el final de la directora y la escritora plantea dos temas distintos. En el final del libro, Ferrante parece querer decirnos que, tras el conflicto final con Nina, Leda sigue sometida a su sentimiento de culpa y que, en este sentido, su "estar muerta" se refiere a la imposibilidad de conciliar el maternaje de ser madre y mujer. Nada indica que se de ningún proceso de superación del sentimiento de culpa

El final de Gyllenhaal, a pesar de su benevolencia, y de dejarnos un mejor sabor de boca, no parece congruente con el desarrollo de la trama. Su "estoy bien viva" sugiere esa superación del sentimiento de culpa y el maternaje como conciliación del ser madre y mujer, pero en este paso que va de la noche al amanecer, en la orilla del mar, y a pesar de su lectura metafórica, nada nos sugiere de ese proceso que se debe hacer y que, en un primer tiempo, debe superar ese introyecto o creencia rígida que es la "maternidad" patriarcal a partir de una justa comprensión de una radicalidad que somete a la mujer, así como de sus circunstancias personales para, en un segundo tiempo, elaborar el arrepentimiento por el daño causado a Nina con su proyección, la superación de la culpa paradójica.

Para ilustrar lio dicho en este punto, quisiera acabar citando otra película y a otro de sus personajes: Las Horas (Stephen Daldry, 2002) y a Laura Brown (interpretada por Julianne Moore). Ubicada en los Estados Unidos de los años 50, Laura es una mujer que, aparentemente, tiene una buena situación: un marido cariñoso y atento, un hijo y que está esperando otro, un hogar agradable, etcétera. No obstante, se siente profundamente perdida en su vida y aquejada de una fuerte depresión. Esto la lleva a abandonar su hogar y dejar a sus dos hijos. A diferencia de lo que sucede con Leda, Laura si parece haber hecho un proceso de aquello que la llevo a tomar esa decisión, y así tras la muerte de su hijo Robert (Ed Harris) dice:

Tenía mis dos hijos. Les abandoné… Es lo peor que puede hacer una madre […] Hay momentos en que estás perdida y crees que lo mejor es suicidarte… Una vez fui a un hotel. Esa misma noche tracé un plan. Planeé dejar mi familia cuando naciera mi segundo hijo. Y eso hice. Me levanté una mañana, hice el desayuno, fui a la parada del autobús y subí a él. Había dejado una nota. Conseguí un empleo en una biblioteca en Canadá. Quizá sería maravilloso decir que te arrepientes, sería fácil. ¿Pero tendría sentido? ¿Acaso puedes arrepentirte cuando no hay alternativa? No pude soportarlo y ya está. Nadie va a perdonarme. Era la muerte, yo elegí la vida. [7]


NOTAS.
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[1] Kristeva, Julia. Stabat Mater.
[2] Adrienne Rich. Of Woman Born: Motherhood as Experience and Institution. W. Norton & Company.
[3]  Cardona, Jaume. La ciencia ficción contemporánea (II): Steven Spielberg y sobre el ser padre como espejo del ser hombre. (pulsar aquí para acceder enlace)
[4] Guzman, Patricia. La maternidad cuestionada. Revista de Lengua y Literatura nro. 42 (Argentina).
[5] Ferrante, Elena. La hija oscura. Ed. Lumen, pág. 136[5]
[6] Ver nota 6, pág. 138
[7]  Cardona, Jaume. Las Horas (Stephen Daldry, 2002): Una reflexión sobre la depresión y la crisis existencial. (pulsar aquí para acceder enlace)
 
PELICULAS RELACIONADAS
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sábado, 24 de febrero de 2024

CREATURA (Elena Martin Gimeno, 2023): del ser y la sexualidad femenina y sus vicisitudes.

La creatura es la sombra del creador (J. Cardona)

Creatura (Elena Martín Gimeno, 2023) es una buena película en todos los sentidos del término. En primer lugar lo es por la complejidad del tema que aborda, la sexualidad femenina y yo diría más, el ser femenino; en segundo lugar por la delicadeza con la que esta complejidad se aborda y que denota la preparación de seis años que su directora le dedicó; y en tercer lugar, por la sencillez del lenguaje que utiliza (el guion es de la misma Elena Martín Gimeno y de Clara Roquet), un lenguaje cotidiano que puede afectar a cualquier pareja, hábilmente combinado, no obstante, con el lenguaje no verbal que se desprende de las imágenes que acompañan sus escenas.

También es muy acertada la visión con la que la directora aborda la temática, en tanto en cuanto no sólo podemos ver su película desde una perspectiva psicológica, sino también por su dimensión sociológica en el sentido de como la sexualidad y el ser femenino ha estado también afectada y determinada por la masculina desde las posiciones patriarcales hegemónicas. Dimensiones que la directora plasma en la relación de pareja de Mila (Elena Martín Gimeno) con Marcel (Oriol Pla), así como, y especialmente, en la visión que se transmite de la adolescencia.

Otro aspecto que me parece importante en el tratamiento de la película es que todos sus protagonistas no son malas personas ni abusadores ni maltratadores, sino que son personas que, no obstante, están determinadas por la dimensión neurótica de su carácter, y de cómo esta dimensión también determina la relación de una pareja. Este tratamiento es lo que la acerca no tanto a la temática  excepcional de los abusos y el maltrato, como a las dimensiones de lo cotidiano de la neurosis que puede afectar a muchas parejas.

Finalmente, un tema central que se deriva de las dimensiones psicológicas y sociológicas es la cuestión educativa, y educativa con relación a los padres (como en alguna entrevista también destaca la directora). El conocimiento de la sexualidad infantil es una cuestión básica para poder atender las pulsiones sexuales infantiles que tienen los niños, aunque esta es sólo una parte de la cuestión. Los padres tendríamos que ser educados, en general, sobre quién es un niño, ya no solo por la sexualidad infantil sino para saber los que es una psique infantil y como debe ser tratada en todos los ámbitos.

Al final, el título de la película nos habla de todo esto, de cómo, como creaturas somos una construcción del Otro, cuando no de la sombra (en el sentido arquetípico de Jung) del Otro.

I. EL SÍNTOMA.

¿Qué quiere una mujer? - Sigmund Freud -

La película empieza con las voces que dan a entender que se está haciendo una mudanza y la imagen de una niña masturbándose (Mila, de no mas de cinco años), y que, a través de una voz que pronuncia su nombre, es sorprendida por su madre. Luego pasamos a otra escena, otra mudanza  donde Mila y Marcel se trasladan a la casa de los padre (metáfora de la vuelta a la infancia). Después vemos a la pareja en la cama. Mila quiere tener sexo con Marcel, quien está leyendo. Marcel no parece muy entusiasmado, pero ante la insistencia de Mila accede, no obstante y decirle algo que ante el deseo de Mila sorprende: "Para, para... no hace falta" - le dice Marcel -, a lo que Mila le responde "Es que me apetece". Mila nota algo que estará presente en toda la película, la incomodidad que genera su deseo y su búsqueda de satisfacción, el placer. Es ante esa incomodidad que Mila es quien le dice a Marcel "¿Quieres o no?", a lo que Marcel responde un "si" apresurado, típico del carácter obsesivo que intenta aplacar el goce de su amante.


Sin embargo, en su contacto también apreciamos algunos momentos de tensión como cuando Mila insiste en que le mire a los ojos y que él no lo sostiene, y así vuelven las preguntas: qué si tú estás bien o no, seguro, sí, pero no... Marcel se levanta y mientras Mila le insiste que la mire y le hable le dice enfadado: "Mira Mila, no hace falta que follemos si no quieres. Ya está, no pasa nada, ya lo hemos hablado, pero no me hagas servir a mí de excusa". Mila insiste en hablar, pero Marcel no quiere hasta que enfadado reacciona diciendo: "¡Me estás manipulando, me estás haciendo sentir fatal! ¡Quieres que nos acostemos, pero no te gusta nada de lo que hago! ¡Y me pides... o sea basta! Lo siento mucho, hasta aquí he llegado yo." Es en este momento cuando Mila empieza a tener una fuerte ansiedad unido al escozor que le produce un eccema que le surge en toda la zona alrededor de sus genitales. Marcel se queda entonces y procura acompañarla y que no se haga daño. Es en este momento cuando Mila muestra el núcleo alrededor del cual se manifiesta su somatización al decirle a Marcel: "Perdóname. ¿Te he dado asco?" Y luego sigue insistiendo: "Perdón... Es que no sé qué me pasa. Es culpa mía, perdóname". Y sigue insistiendo en el perdón. En la escena siguiente, vemos como el eccema se le está extendiendo por todo el cuerpo. Luego le dice a Marcel que ya le salía de pequeña y que lo atribuían a nervios.



Esta escena centra todo lo que alrededor de ella irá surgiendo en la película. ¿Qué observamos? Veamos:

1) El deseo de Mila que parece no encontrar una recepción entusiasta en Marcel, quien está leyendo. No obstante, este, ante su insistencia accede.

Efectivamente, Marcel, a quien la directora trata con mucha delicadeza, presenta un problema clásico del carácter obsesivo: el control del deseo del otro a efectos de regular su goce. Es por lo que siempre, más que articular su deseo, parece intentar complacer el de Mila.

2) El deseo de Mila que indica a Marcel como quiere sentirse deseada, en especial a través de que le mire a los ojos.

El mirar a los ojos, en el contexto de la relación de Marcel y Mila, implica un reconocimiento del sujeto que es objeto de deseo, y más allá, como objeto de amor. La demanda de Mila a Marcel de que la mire es la mirada que unifica deseo y amor, y que sería el lado opuesto de esa pregunta que hace Mila en plena desesperación: "¿Te doy asco?"

3) El enfado de Marcel ante el hecho de que Mila parece notar que él no está bien en la relación.

El enfado de Marcel pone de relieve como se sitúa ante el deseo de Mila: esa demanda insistente de "mírame" deviene en un exceso para él, la confirmación de que su complacencia es insuficiente para regular ese deseo y la entrada en su insuficiencia. 

4) La insistencia de Mila por hablar del tema, confrontado con el enfado de Marcel que no quiere hablar sino solo irse, y quien le indica que le está haciendo sentir fatal, o que no le gusta nada de lo que hace.

Ese exceso que la demanda de Mila toma más forma para Marcel cuando ella insiste para hablar de lo sucedido con él, lo que le pone en la dificultad, que se le observa durante toda la película, para comunicarse desde un plano más emocional, y que ante esta imposibilidad le lleva a manipular - él si - culpabilizándola a ella. Recordemos: ¡Me estás manipulando, me estás haciendo sentir fatal! ¡Quieres que nos acostemos, pero no te gusta nada de lo que hago! ¡Y me pides... o sea basta!

5) Ante el enfado de Marcel, la entrada en ansiedad de Mila, así como la aparición del escozor del eccema, unido a su sentirse culpable, pidiendo perdón, así como la creencia de que le ha dado asco.

Su demanda constante de perdón se une a esa pregunta a Marcel de si le da asco. Observemos que aquí se dan dos síntomas relacionados con el deseo de Mila y su cuerpo: la culpa (que además se manifiesta con una fuerte ansiedad y vergüenza) y el eccema como una somatización vinculada con lo sucedido. Finalmente, se lanza la vinculación del síntoma con la infancia cuando Mila dice que esto ya le pasaba de pequeña...

Antes de entrar en la adolescencia de Mila, veremos la última escena de esta parte, un sueño que sigue indicándonos la temática de base:

Mila sueña que está estirada en la cama y que unas manos le acarician la zona de los genitales. Esta excitada, aunque de repente una voz femenina (que nos recuerda la voz de su madre en la escena del inicio de la película) pronuncia su nombre "Mila", y la despierta. Se levanta, mira la zona, y entonces ve que la de su sexo ha quedado como borrado, liso...

Una vez más vemos representado en el sueño la relación contacto-excitación-culpa/reprobación, que es lo que se repetirá, como veremos, en la adolescencia y la infancia.

Tenemos así planteado el cuadro inicial sobre el que se estructura el resto de la película.

II. LA ADOLESCENCIA.

Vemos entonces a Mila en la adolescencia (interpretada por Claudia Malagelada), y la vemos cómo va a vérselas en su contacto con la sexualidad:

En primer lugar, vemos el contacto con el sexo a través de alguna página por ordenador. Es interesante como entre bromas, y en una escena determinada, cambia la expresión de Mila y una amiga suya ante lo que se supone (la imagen no se ve) de un hombre mostrándoles su pene excitado. Posteriormente, veremos a Mila haciendo lo mismo al mostrarle sus genitales a un hombre a través de la cámara, estirada en la cama, mientras oculta su rostro con una almohada. Una reflexión interesante de los peligros de cómo nos familiarizamos con la sexualidad cuando no hay una educación a este respecto.




En segundo lugar, y mientras en una fiesta del pueblo mantiene relaciones con un chico que le gusta, asistimos a la percepción masculina de una mujer que se deja llevar por la intensidad de su deseo con: "No creía que fueras tan guarrilla. Por la carita de niña buena". Unos instantes después, Mila le muerde en el cuello haciéndole ligeramente daño al chico con lo que se interrumpe el encuentro. Es significativo que el morder en las relaciones sexuales, generalmente relacionado con un fuerte impulso, puede, en estas imágenes, verse como el deseo que se desborda y realiza un acto incontrolado producto de una falta de control emocional, aunque también, en un plano más edípico, puede representar la necesidad de "incorporación" del sujeto deseado. En ese sentido, la retirada del chico puede hacer sentir a Mila que algo de su deseo provoca esa salida del encuentro, ese apartamiento (el deseo como un exceso).

En tercer lugar, una escena familiar en la que Mila habla de algunos excesos que ocurrieron en la fiesta: "... había una chica que iba superborracha. Se intentó ligar un tío y luego fue a liarse con otro en la playa delante de todo el mundo. Estaban a la vista de todos. Iban a saco. Y encima va enseñando las tetas por messenger," Observamos entonces un cruce de miradas entre Mila y Gerard (Alex Brendemhül), su padre, en donde observamos la mirada incómoda y desaprobadora de éste y la incomodidad y vergüenza de Mila. 



Después sigue otro sueño:

Mila está en un descampado quitándose el vestido que lleva y se estira de espaldas al suelo. Varios chicos se acercan a ella y empiezan a besarle el cuerpo. De repente levanta un poco la cabeza y ve aparecer la cabeza de otro chico (Guillem, un amigo de Mila, a quien parece que, además, le gusta) que la mira de manera enjuiciadora.

De nuevo otra imagen que enjuicia, y que como en todo sueño configura lo que ya es el propio juicio interno de Mila sobre sí misma, lo que parece verse como un deseo excesivo, como si este exceso, que no es necesariamente un exceso, excepto por ser deseo de mujer, definiera algo malo o menospreciable.



Y, efectivamente, luego se da el encuentro con Guillem, con quien se da el siguiente diálogo:

Guillem: ¿Estás bien?
Mila: Si, claro... Una cosa Guillem. ¿Yo te gusto?
Guillem: Tu novio nos está mirando (el chico de la noche en la playa).
Mila: No es mi novio.
Guillem: Joder Mila, tú no eres así.
Mila: ¿Así como?
Guillem: Pues que hablan de ti. Te llaman guarra.

Como vemos una carga más contra el deseo de Mila que hace que surja su eccema como síntoma. Posteriormente, tendrá dos escenificaciones de nuevo con su padre que se complementan para expandir la problemática de Mila. La primera que nos pone en relación con un conflicto edípico, y la segunda de nuevo con Mila y su sexualidad. Veamos:

En la primera escena observamos un momento muy tenso entre Diana (Clara Segura), su madre, y Mila, cuando la primera se preocupa por si toma precauciones, que le preocupa que no vaya con cuidado. Es interesante porque Mila le pregunta: "¿Por qué no me dice esto papá?" A lo que la madre repone que ella también puede hablar con ella. La conversación va subiendo de tono hasta que Mila estalla y le dice varias veces que no quiere oírla, a la vez que quiere echarla de la habitación, hasta que le grita: "'¡Mama te odio! Te odio, ¿vale? ¡Quiero que te vayas! ¡Déjame en paz!" Justo entonces entra Gerard, el padre, para recriminarle su actuación: "¿Por qué le hablas así a tu madre?" Asistimos entonces a un cambio de actitud total en Mila, del enfado con la madre pasamos a la obediencia al padre, quien continua: "En esta casa no se habla así, y tu no eres la excepción. ¿Lo entiendes? ¿Lo entiendes, o no?" Una Mila entre miedosa, culposa y llorosa asiente. Y su padre continua implacable: "Ve y pídele perdón a tu madre. No me esperaba esto de ti. Me has decepcionado mucho! ¿Por qué ese odio a la madre? ¿Por qué ese sometimiento al padre? En la infancia encontraremos la respuesta. 

En una escena que sigue a esta, podemos ver enfatizada la tensión, cuando Gerard abraza con cariño a Clara, en el cruce de su mirada  con la entre triste y enfadada de Mila. Aquí podría articularse una reflexión de origen edípico, propio del carácter histérico, de por qué ella (Clara), no le suscita la incomodidad que yo si le suscito.




No obstante, hay que entender esas escenas en función de la siguiente.

En la segunda escena asistimos al conflicto de Mila con su padre al no dejarle este que pase la noche en casa de Guillem, cuyos padres se conocen, y sabiendo que Guillem es su mejor amigo desde hace tiempo. Su padre se muestra reacio sin dar razones claras del porqué, y ante la insistencia de Mila por entenderlo, y para que le explique su negativa, su reacción es cada vez más airada, hasta que, en un momento dado, le dice: "¡Porque me haces sentir incómodo! ¿Eso lo entiendes, o no? Hostia, no es normal. No es normal que vayas así por la vida con tu edad." Mila entonces estalla en un lloro inconsolable, a la vez que el eccema empeora. Dice entonces: "Da igual, no voy. Pero no os enfadéis conmigo, por favor, no puedo más... no puedo más." Entonces Gerard la abraza y es cuando ella le dice: "No sé porque no me quieres."



Decepción (ante el padre), culpa (ante la madre) e incomodidad (ante su deseo), configuran el triángulo que ponen de relieve ese conflicto edípico no resuelto, y que sitúan a Mila, como ser y a su deseo, como algo que suscita incomodidad, inadecuación. Recordemos el "me haces sentir fatal" de Marcel ante el deseo de Mila. Vamos siguiendo, en esa vuelta atrás en el tiempo, que aquello que le sucede a Mila como mujer adulta, ya estaba presente en su adolescencia.

III. LA INCOMODIDAD.

La repetición es repetición del goce del trauma en el síntoma (J. A. Naranjo)

En una repetición del guion (en el sentido de la compulsión a la repetición de Freud, el guion de Eric Berne o la gestalt incompleta de Perls), Mila vuelve a dejar surgir con Marcel su deseo (que guapo que eres, estoy cachonda) y la plantea una fantasía. De nuevo ya empezamos a ver la incomodidad de Marcel ante este planteamiento. Una vez más, y ante el deseo de Mila, percibido como un exceso por la dimensión obsesiva de Marcel, este muestra una vez más su incomodidad: "Mila, por favor..." Conforme la fantasía avanza, Marcel le hace, involuntariamente, daño en el eccema y quiere parar, Mila continua... y le muerde (de nuevo el descontrol emocional y la incorporación). Marcel se ve superado: "Paremos, paremos... no sé qué coño estamos haciendo [...] es un poco tóxico. No me gusta". Mila le dice que sólo es un juego, Pero Marcel continua: "¿Quieres que te diga que me quiero follar a otra? ¿Tú quieres follar con otro? [...] "Creo que esto no es sano"

Al final de toda esta situación se repetirá la misma escena que con el padre. Mila quiere comprender qué le pasa, pero Marcel colapsa de nuevo y tiene dificultades para comunicarse y emocionalmente está cerrado, y cuando lo logra, igual que en la primera vez, es para expresar sus fantasmas personales y presentarse como víctima: "Me siento un inútil, me siento muy pequeño. Siento que nada de lo que hago es suficiente, Me haces sentir muy pequeño. Me haces sentir poco hombre y que yo no te excito" Y, por fin, al final, aparece el tema: "Me cierro en banda porque me incomoda. Y me cierro, si." Y, finalmente, el tema para Marcel, y relacionado con esta incomodidad es que "es muy fuerte lo que te está pasando [...] Creo que debería ser fácil. Las cosas deberían ser fáciles. No debería costar tanto." para concluir que, y como consecuencia: "Quizá no estoy a la altura. ¿Sabes? Creo que necesitas una persona a tu lado que sepa hacer unas cosas que yo ahora no sé hacer." Así, finalmente, y como resultado de esta incomodidad, la pareja se separa.



Y la historia se repite de nuevo. Mila es consecuente consigo misma cuando le responde a Marcel que ella tiene que seguir con su proceso, que no puede no hacerlo. Y es en la continuidad de este proceso cuando observamos, de nuevo, la incomodidad de su padre cuando Mila se recuesta sobre él. Ante esa incomodidad, Mila lo intenta hablar con su padre (¿Tú estás cómodo conmigo?), y como Marcel, vemos en Gerard no sólo su incomodidad en el contacto con su hija, sino también en el momento de hablar sobre el tema, todo y la receptividad con la que se lo toma. Como con Marcel, su incomodidad se acaba saldando con una Mila diciendo que no es importante y con la necesidad de Gerard de salir a dar una vuelta... 

Ahora podemos comprender la cita del principio de este punto, puesto que la compulsión a la repetición se base en ese goce que Lacan definió como ese placer doloroso que es el intento de retornar a un lugar imposible. ¿Qué lugar es ese? Es lo que ahora veremos en el retorno a la infancia de Mila.

IV. LA INFANCIA.

Las personas nacen príncipes y princesas hasta que sus padres les convierten en ranas. (Eric Berne) 
Todo niño es el sueño de los padres, y así devienen en la pesadilla de los hijos (Jaume Cardona). 

Esta parte de la película nos traslada a la infancia de Mila, cuando no tendría más de cuatro o cinco años. En ella observamos dos elementos clásicos de esta fase de desarrollo de una niña: por un lado el hecho de que se halla en plena fase del complejo de Edipo; y por otro lado, por el hecho de que la sexualidad infantil se halla en su etapa en donde el interés por los genitales y por la masturbación genital alcanza el punto máximo. ¿Qué es lo que nos muestra la directora en esta fase de la película? Veamos:

Desde el punto de vista del complejo de Edipo vemos una niña que insiste que quiere estar con su papá (un papa que se muestra cariñoso y juguetón), hacer las cosas con él, que le cuente cuentos él, ante la mirada un tanto molesta de la madre que se siente rechazada. Ese estar con su papá es lo que en el psicoanálisis se llama ver al papá como el falo, es decir, aquello que completa la falta y que constituye el "deseo edípico", un deseo que nada tiene que ver como lo consideramos los adultos, un deseo virtual que no puede ser cumplido, y que tiene como objetivo el goce, entendido ese, como la fusión extática entre hijo y progenitor, en este caso entre hija y padre, el más allá del principio del placer de Freud.

Desde el punto de vista de la sexualidad infantil vemos una Mila que está fascinada por su bulba y que busca en ella experimentar el placer. Así empezamos a ver su curiosidad hasta que sus manifestaciones empiezan a ser molestas o incómodas para los adultos. Así vemos una imagen de Mila haciendo un movimiento de vaivén de sus caderas en la falda de su tío quien de pronto se incomoda, así como también se muestra incómodo Gerard al verlo, no obstante y que el tío lo gestiona con delicadeza. Incomodidad que estallará en la figura del padre quien ante esas manifestaciones de esa sexualidad infantil dirigidas hacia él reacciona de manera muy poco adecuada: "¡¡Mila Basta!! - empujándola con cierta violencia - ¡Hostia, te he dicho que pares! ¿¡Cuantas veces te he de decir las cosas!? [...] ¡Eso no está bien! ¡Esto no se hace! ¡Me estás haciendo daño y molestando, Mila!" El padre se va de la habitación mientras la pequeña Mila llora. La intervención de la madre tampoco es de mucha ayuda, pues aún con buenas palabras no hace más que reafirmar el comportamiento del padre. Finalmente, vemos a Mila con sus padres en un patín de mar y como ya dice: "me pica todo".



Estas serían las escenas primarias en las que el deseo y la búsqueda de su satisfacción, el placer, se ven asociadas a la incomodidad, a la culpa y al rechazo y, como la Mila adulta le pregunta a Marcel, incluso al dar asco. Estas escenas primarias constituyen la base sobre la que se estructura la compulsión a la repetición, el guion de vida o la gestalt incompleta, en la que el dolor de esas asociaciones se une a la búsqueda del goce, de ese retorno originario, fusional, el más allá del principio del placer de Freud, de aquello que persigue el deseo edípico.

V. REESTRUCTURANDO EL GUION.

La película acaba con la reestructuración de la constelación edípica introyectada en el mundo psíquico de Mila. A las palabras que Mila le dirige hacia su padre acerca de si se siente incómodo con ella, y que de alguna manera Gerard recoge, sigue el reconocimiento de la madre, y en el que una Mila emocionada le dice: "Me sabe mal ser arisca contigo a veces. No te lo mereces". Acostadas y tomadas de la mano ambas, la madre (a quien se la acaba de morir su madre, la abuela de Mila) le cuenta un bonito sueño que tuvo:

Estábamos en cama. Yo estaba en el medio, y cada una estabais a un lado. Y tú eras tan pequeña [...] cuatro o cinco años. Me hacía mucha ilusión verte así porque hacía mucho tiempo que no te veía tan bichito. Y me decías: ¿me meneas el culete? Y yo te cogía y te ponía encima mío y te movía el culete hasta que te dormías. Eras tan pequeña y tan preciosa.

Un bonito sueño - que más allá del significado que tendría para la propia madre - pone de relieve dos elementos, el recontactar con la línea de mujeres y con el mundo femenino y su amor y observar, como le pregunta Mila "¿A ti también te pedía menearme el culete?" "Claro, día si y día también. ¿No te acuerdas?" - le responde su madre -, en lo que viene a ser una revelación para ella, la revelación de que su madre nunca la rechazó ni la juzgó por su contacto físico, que nunca la incomodó y que la amaba.



Finalmente, y en una escena familiar, vemos también como algo ha sucedido con Gerard, su padre, quien, ante su sorpresa, de repente, se acerca a ella y la abraza y le acaricia su mejilla...



La película acaba con Mila en la orilla del mar, desnuda y estirada entre las rocas y echándose agua por encima de su eccema en la zona de sus genitales. Bonita imagen metafórica del proceso que Mila esta atravesando, un proceso de reestructuración que la irá llevando a "descontaminar" (el agua del mar es desinfectante) la inocencia que fue perturbada en la infancia por esos desequilibrios familiares y sociales con las que el deseo y el placer, y esencialmente el ser femeninos, han sido contaminados.