AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

Mostrando entradas con la etiqueta el vacío. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el vacío. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de octubre de 2017

EL DÍA QUE NIETZSCHE LLORÓ (Pinchas Perry, 2007): SOBRE LA CRISIS DE MEDIANA EDAD Y EL DOLOR DE LA SOLEDAD.

Jung dijo en una ocasión que, esencialmente, existen dos problemas en terapia: el problema de la persona de veintiún años y el problema de la persona de cuarenta y cinco, independientemente de la edad cronológica del paciente. El problema de los veintiún años tienen que ver con meterse en la vida, mientras que el de los cuarenta y cinco es cómo salirse. (Robert Johnson) [1]

El día que Nietzsche lloró (When Nietzsche Wept, 2007) es una película dirigida por Pinchas Perry, interpretada por Armand Assante (Friedrich Nietzsche), Ben Cross (Dr. Josef Breuer) y Katheryn Winnick (Lou Andreas Salomé), y basada en el libro del mismo título del psicoterapeuta Irvin D. Yalom. La película parte del hecho real del enamoramiento del filósofo Friedrich Nietzsche de Lou Andreas Salomé (que junto a Paul Ree establecieron una especie de trio intelectual), y de la melancolía en que pareció sumirle la negativa de Lou a su petición de matrimonio. La ficción empieza cuando preocupada por la salud del filósofo, Lou se pone en contacto con el reconocido Dr. Josef Breuer, quien  parece que practica algo que llama "la cura por el habla",  para que le ayude, si bien le advierte que ello a de ser disimulando precisamente que está bajo tratamiento. Ese encuentro va a dar como resultado un curioso intercambio entre ambos, en el que cada uno de ellos deberá abordar un sufrimiento interno que les habita. En Josef Breuer tomará la forma de una desesperación que denota lo que se define como una "crisis de mediana edad", mientras que en Friedrich Nietzsche denotará un sufrimiento vinculado a la soledad y aislamiento a la que el filósofo se entrega en nombre de la que considera su "misión".

I. EL DR. BREUER Y LA CRISIS MEDIANA EDAD.

El Dr. Josef Breuer nos aparece como un reputado médico vienés, cuya vida burguesa y acomodada se perturba debido a su enamoramiento de Berta Von Pappenheim (interpretada en la película por Michal Yannai, y que se corresponde al famoso caso de Ana O. que junto con Freud fue descrito en el libro que ambos dedicaron a la Histeria). Históricamente el caso se presenta como que Berta se enamoró de Breuer y simuló un falso embarazo, lo que llevó al doctor a tener que dejar el tratamiento, parece ser que por presiones de su esposa Matilda (interpretada por Joanna Paccula), siendo éste continuado por Freud, como se puede ver en "Freud, pasión secreta" (John Huston, 1962), una película también comentada en este blog (ver enlace al pie de esta entrada). En la película, como en el libro, se supondrá que el enamoramiento fue también por parte de Breuer, siendo éste una de las señales que nos indican su entrada en una crisis de mediana edad.

Friedrich Nietzsche (Armand Assange) y Josef Breuer (Ben Cross)

- Sobre la crisis de mediana edad.

Las crisis de mediana edad suele ser, como bien indica la palabra "crisis", un cuestionamiento que se da en algunos seres humanos entre los treinta y cinco y los cuarenta y cinco años (se habla de una afectación de un 10% de los adultos en esta franja de edad), aunque puede empezar un poco antes y también dare después, en relación al sentido y significado de la propia vida. Aunque toma en muchas ocasiones la forma de un cuestionamiento sobre los aspectos externos de la vida, estos no son más que un reflejo de los movimientos internos que son necesarios que se den, siendo estos, en todo caso, los que harán buenos los cambios que se realicen sobre la propia vida. En términos junguianos podríamos ver esta crisis como la tendencia a realizar el "sí mismo" intentado superar los condicionamientos del ego y sus mecanismos neuróticos, que hasta ese momento son los que han estado guiando el camino por la vida. El psicoanalista Erick Erickson también habló de ella diciendo que es la lucha que se establece en el ser para encontrar significado y propósito en la propia vida, lo que coincidiría con la idea de Jung de "encontrar el propio mito" o el "mito del sentido".

Respecto a las características de este tipo de crisis las podemos ver, aproximadamente, en lo que Nietzsche le dice a Breuer cuando describe sus "síntomas": "infelicidad en general, le atormentan pensamientos extraños, se odia a sí mismo, miedo a la vejez, miedo a la muerte, reflexiones sobre el suicidio..." A lo que Breuer añade: "Me siento... completamente ajeno y distante... de mi esposa. Atrapado en un mundo que no he elegido yo". Esta última frase creo que es una de las características, a mi entender, y por lo menos hablo por mi propia experiencia personal, que más caracterizan esa "crisis", la sensación, como dice Breuer, de estar en "un mundo que no he elegido yo". La necesidad de encontrar significado y propósito (E. Ericsson), o el mito del sentido según Jung. En una secuencia de una escena se establece el siguiente diálogo entre Breuer y Nietzsche:

Nietzsche: ¿Y qué fue de aquel muchacho?
Breuer: Se convirtió en un médico de éxito, y rico.
Nietzsche: Entonces... logro sus objetivos. ¿Está satisfecho?
Breuer: Logré mis objetivos, es cierto. ¿Qué si estoy satisfecho...? No.
Nietzsche: ¿Cómo eligió sus objetivos?
Breuer: Los objetivos son parte de mi cultura. Están en el aire, se respiran [...] Mi padre fue el gran maestro de mi vida... Yo no elegí los objetivos. Simplemente estaban allí, como un accidente.
Nietzsche: El no tomar posesión de sus objetivos es justo eso, dejar que su vida sea un accidente.

Obviamente Breuer hace referencia al campo de introyecciones e identificaciones que sufrimos en la infancia y que nos determinan en nuestra salida al mundo. En relación a ello, Breuer ya ha tenido algunos sueños que le advierten de su malestar. En el primero de ellos se ve presa de su deseo por Berta, mientras Lou le admira por darse esa libertad (al mismo tiempo que aparece la vergüenza que experimenta al ser descubierto en lo que parece una representación teatral), cuyo carácter intenso, y presentándose como una alma libre, parece haberle impactado especialmente (el anima junguiana). En otro, y ese me parece especialmente interesante, sueña vivir su amor con Berta, quien en un lugar bucólico le quita un libro y arranca a correr. Él la persigue y, en esa persecución, cae por un agujero que le lleva ante un ataúd que pretende querer abrir inútilmente.



En otro sueño aparece también "el tiempo", el tiempo que pasa y corre: ¡Joseph mira, se nos acaba el tiempo! - le dice Nietzsche -, a la vez que una imagen de Berta le grita ¡Tómame! Breuer (la llamada del deseo), desesperado, intenta liberarse de unos grilletes (los grillestes sociales) que le encadenan.

- El enamoramiento como despertar.

El enamoramiento nos permite destacar dos aspectos que se hallan relacionados en este tipo de crisis que, precisamente, se manifiestan a veces en el tipo de enamoramiento que sufre Breuer. Por un lado, tenemos el elemento de transgresión que implican, de rotura de normas, de liberación, de relación con el "despertar". Especialmente aplicables a Breuer son las siguientes palabras de Aldo Carotenuto:

Cada vez que uno rechaza la experiencia amorosa desechándola con racionalizaciones, está obedeciendo una ley colectiva que ha sido internalizada. Todos hemos asimilado esta ley que niega la libre realización del deseo a pesar de las continuas invitaciones de la vida. Así, mientras la vida conspira para despertarnos, a menudo puede suceder - y ocurre - que neguemos nuestro deseo en acatamiento a un veto externo que ya está fatalmente vivo dentro de nosotros sin que siquiera estemos conscientes de él. [2]

Por otro lado, tenemos el enamoramiento también como una huida hacia adelante. Más que verlo como un zarandeo que la vida nos trae para cuestionarnos cómo la estamos viviendo, de repente el amado o la amada pasan a serlo todo. Y lo que tendría que ser algo que nos llevara al "despertar" se transforma en una huida del propio vacío y en su refugio. Observamos también eso en Breuer cuando le dice a Nietzsche:

Cuando estoy con ella siento que estoy en el centro de un Universo tranquilo y ordenado. En un lugar inmensamente bello donde no hay preguntas sobre la vida o su propósito. Es como pasear por la nubes.


Es decir, en estas palabras suena el famoso sentimiento oceánico de Romain Rolland que Freud invocó para definir esa necesidad de totalidad que persigue el ser humano, a la vez que le elude:

... debemos aprender a soportar la privación. Pienso que aceptar el vacío es otra característica estructural de nuestra existencia. Durante toda nuestra vida luchamos por asir algo que nos elude, y para continuar debemos aprender a soportar el peso de la ausencia del otro [...] Cuando sentimos que el vacío se ha llenado, nos estamos engañando a nosotros mismos. De hecho, por bien que corresponda el ser amado a nuestro deseo inconsciente, la sed de totalidad es tan ilimitada que nada puede satisfacerla por completo. [3]

Gracias a los buenos "quehaceres psicoterapéuticos" de Nietzsche, Breuer puede desentrañar el significado de Berta en su psique diferenciando la proyección que sobre ella hace, diferenciado la imagen psíquica que es para él de la mujer real que es Berta. Así el filósofo le dice al médico: "No hemos intentado comprender el significado de lo que hay detrás de su obsesión". Una vez más se recurre al tema del habla:

Nietzsche: ¿Cómo sería su vida si no existiera Berta?
Breuer: La vida sin Berta... Sería una vida sin color, todo estaría decidido... Ese maletín de médico, ese traje negro. Soy un científico, pero la ciencia no tiene color. ¡Necesito pasión! ¡Necesito magia! ¡Eso es lo que Berta significa! ¿Qué es una vida sin pasión, sin misterio? ¿Quién quiere una vida así?

El "insight" de Breuer del significado que para él tiene Berta es importante, si bien aun necesita de profundización, y se corresponde con la opinión de Jung de que...

"Es importante que tengamos un secreto y el presentimiento de algo incognoscible. Ello llena la vida de algo impersonal, de un numinoso. Quien no ha experimentado esto, se ha perdido algo importante. El hombre debe percibir que vive en un mundo que en cierto sentido es enigmático. Que en él suceden y pueden experimentarse cosas que permanecen inexplicables, y no tan sólo las cosas que acontecen dentro de lo que se espera. Lo inesperado y lo inaudito son propios de este mundo. Solo entonces la vida es completa". [4]

Los enamoramientos, así como la vuelta a un cierto tipo de vida "juvenil", son los riesgos implícitos  en este tipo de crisis, son las huidas hacia delante en las que el vacío se pretende llenar de más y más cosas y experiencias con el único objetivo de llenarlo, con lo que finalmente suelen devenir en cosas y experiencias vacías, a menos que no sean la puerta que abra el camino de la consciencia, y que nos lleve a dirigirnos hacia nuestro propio interior a la búsqueda de aquello que infructuosamente se busca en el exterior.

- La resolución.

La lectura de ese "impersonal y numinoso" de ese "misterio" al que Jung se refiere constituye, para mi, una de las principales características de las "crisis de mediana edad" y, desde mi perspectiva, esencialmente de lectura junguiana, y en tanto experiencia propia en la terapia junguiana que yo mismo realicé, se relacionan mucho con la nueva relación que la consciencia establece con el inconsciente, no sólo el personal sino también en el colectivo o, como James Hillman nos diría, en el personal también como manifestación del colectivo. Sueños de naturaleza arquetípica suelen ser frecuentes en este tipo de crisis como ya se nos muestra en esta película. Es algo que se experimenta como ceder en el control yoico para dejar que emergan los contenidos inconscientes para que nos guíen a unos nuevos valores de índole más personal, y a partir de los cuales podemos ir construyendo ,en un proceso ni fácil ni corto, nuevos significados y propósitos en nuestra vida.


"Necesito pasión, necesito magia"
La crisis de mediana edad es también vivida como un riesgo, obviamente el riesgo de dejar caminos conocidos para adentrarse en otros desconocidos y que implican, como ya apuntaba Kierkegaard, quedarse en una zona intermedia de confusión. Dice también Ortega y Gasset:

El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas “ideas” fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ella es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad —a saber, que vivir es sentirse perdido—, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a que agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. [5]

En términos psicológicos podemos entender este texto como el abandono del control yoico para dar paso a otros contenidos que son aquellos que nos permitan contemplar la vida como hasta este momento no la habíamos contemplado, y no sólo a la vida sino a nosotros mismos. Sobre la asunción del riesgo de adentrarse en ese mundo desconocido que es nuestro mundo interior, y las repercusiones que esto puede tener en el mundo exterior, veamos el siguiente diálogo en una escena de la película:

Nietzsche: Si le atrae el misterio le atrae el peligro.
Breuer: Pero si yo odio el peligro. Vivo una vida sin riesgos.
Nietzsche: Vivir sin arriesgarse es lo peligroso.
Breuer: ¿Vivir sin arriesgarse es lo peligroso? Puede que en el fondo Berta signifique mi deseo de escapar de mi aburrida vida sin riesgos, de la trampa del tiempo.
Nietzsche: El tiempo es nuestra carga Joseph. El mayor reto es vivir a pesar de ello.

La crisis de la mediana edad intenta dirigirnos hacia la muerte con la consciencia de haber vivido.

La historia recurre a una argucia (Breuer es hipnotizado por Freud) en la que el doctor revive una nueva vida que le permite darse cuenta de algo que está implícito en estas circunstancias vitales. La trampa , como bien dice Nietzsche, ejerciendo de psicoanalista, es estar "más enamorado del deseo que de lo deseado". O dicho de otra manera, estamos más enamorados por alcanzar la totalidad que de amar al otro como tal y acompañarnos en nuestros vacíos o carencias. Si no hay introspección las historias de insatisfacción se repiten, la compulsión a la repetición emparenta con el eterno retorno de Nietzsche. Dicho de una manera o de otra, el precio de ese enamoramiento del deseo, el anhelo, o como también se le llama: el ansia, es la insatisfacción. Breuer llega a la conclusión, a su conclusión, que lo importante es, a diferencia de ese anhelo, el amor. Muchas veces he dicho que el anhelo impide amar. El mantenimiento del anhelo implica la insatisfacción vital e impide el centramiento en el presente. Solamente salir de su encantamiento (la película recurre a obras de carácter romántico como, en un sueño, a la escena final del "Lago de los cisnes" de Tchaikosky, y más tarde, en una representación a la que asisten Breuer, Matilda y Freud, de la habanera de "L'amour est un oiseau rebelle" - El amor es un pájaro rebelde - de la Opera "Carmen" de Bizet) permite dar paso al amor y a la elección personal, ambos aspectos determinantes en la búsqueda de sentido (Jung) o de propósito y significado (E. Ericson). Breuer vuelve a Matilda y a su familia, también a su profesión, ahora como elección personal:

Breuer: Casate conmigo Matilde, por favor...
Matilda: Creo que eso ya lo hicimos hace quince años...
Breuer: ELIJO hacerlo otra vez... Hoy, y cada día del resto de nuestra vida.

Obviamente, las crisis de mediana edad ni se resuelven tan rápido ni siempre tan felizmente para todos. Muchas veces implican cambios y nuevas elecciones, nuevos replanteamientos que también conllevan renuncias y pérdidas. Hay una gran película de Elia kazan, llamada "El compromiso" (1969), que nos muestra lo complejidades que pueden llegar a determinar este tipo de crisis. En este blog hemos tenido también ocasión de comentar, desde esta perspectiva de crisis de mediana edad, la película de Woody Allen "Otra mujer" (1988) - ver al final la entrada a este post -. Si bien en esta, el desencadenante de la crisis se produce por el derrumbamiento de una vida "aparentemente perfecta".

"Estamos más enamorados del deseo que de lo deseado".

II. NIETZSCHE: EL DOLOR DE LA SOLEDAD COMO FALTA DE INTIMIDAD.

El caso de Nietzsche surge como espejo del de Breuer. Efectivamente, de la misma manera que Breuer se enamoró de Berta, Nietzsche lo hizo de Lou Andreas Salomé. Sin embargo, su caso es distinto al de Breuer. Desde muy pronto el genio de Nietzsche (no sólo como filósofo, sino también como psicólogo) se consideró un destino, y así nos dice:

Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas, un aire fuerte. Es preciso estar hecho para este aire [...] El hielo esta cerca, la soledad es inmensa - ¡más que tranquilas yacen las cosas en la luz!, ¡con que libertad se respira! -. La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hielo y las altas montañas - búsqueda de todo lo problemático y extraño que hay en el existir, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. Una prolongada experiencia, proporcionada por ese caminar en lo prohibido [...] ¿Cuanta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu? [6]

Este texto ya nos pone de relieve un aspecto que este destino le deparó al filósofo: la soledad, la inmensa soledad. Una soledad que creyó encontrar un remanso en Lou Andreas Salomé, una joven rusa de la que se enamoró profundamente. El inicio de la película cuenta precisamente con la interpretación al piano de "El himno a la vida", cuyo texto "es la asombrosa inspiración de una joven rusa, con quien entonces mantenía amistad, la señorita Lou von Salomé" [7], y al que Nietzsche puso la música. Dice el Himno:

                                               ¡Sin duda un amigo ama a su amigo

                                               como yo te amo a ti, vida llena de enigmas!
                                               Lo mismo si me has hecho gritar de gozo que llorar,
                                               lo mismo si me has dado sufrimiento que placer,

                                               yo te amo con tu felicidad y tu aflicción:
                                               y si es necesario que me aniquiles,
                                               me arrancaré de tus brazos con dolor,
                                               como se arranca el amigo del pecho de su amigo.

                                               Con todas mis fuerzas te abrazo:
                                               ¡deja que tu llama encienda mi espíritu
                                               y que, en el ardor de la lucha,
                                               encuentre yo la solución al enigma de tu ser!

                                               ¡Pensar y vivir durante milenios,
                                               arroja plenamente tu contenido!
                                               Si ya no te queda ninguna felicidad que darme,
                                               ¡bien! ¡Aún tienes — tu sufrimiento! 

El Himno a la vida

Dice Nietzsche al respecto: "Quien sepa extraer un sentido a las últimas palabras del poema adivinará la razón por el que yo lo preferí y admiré. Esas palabras poseen grandeza. El dolor no es considerado una objeción contra la vida" [8]. Efectivamente, esa fue la contribución de Nietzsche a la vida, junto a su obra el sufrimiento de su soledad y su dolor.

El espejo que Breuer deviene para él mismo le permite conectar con el dolor de su soledad, de esa inmensa soledad que caracterizó la vida de Nietzsche. Y ante la experiencia de Breuer éste finalmente le cuenta su experiencia, que hasta entonces había evitado: "En cierto modo le he traicionado Joseph. He sido deshonesto con usted, totalmente. Yo también estuve loco por una mujer, hace unos meses. Se llamaba Lou [...] Me pareció ver en ella mi cerebro gemelo, mi alma gemela". De nuevo nos tropezamos con la totalidad, o la completud. Y continua: "Me hizo creer que yo era el hombre al que estaba destinada, y la creí, Y cuando le entregué mi amor, me rechazó en favor de un amigo mío, mi mejor amigo". Como ente Breuer reconoce "no pasa ni un sólo día, ni una sola hora, en que piense en esa mujer". Y de ahí, poco a poco, Nietzsche se abrirá a su dolor: "Ahora siento una gran pérdida. Creo que he perdido a Lou..." El precio de su destino, de ese destino elegido por el filósofo le enfrenta a la soledad como ausencia de amor, una ausencia que creia poder sortear con Lou, su alma gemela: "Es que no quiero morir sólo. No quiero que mi cuerpo sea descubierto por el edor. Lou suavizó ese temor durante un tiempo". Finalmente Nietzsche llora, y con su lloro revela el dolor de su soledad que a su vez se desvanece con su manifestación. Breuer le responde algo que muchos psicoterapeutas conocemos por el ejercicio de nuestras profesión: "Que paradoja, el aislamiento existe únicamente si te aislas, Cuando lo compartes se esfuma".

El día que Netzsche lloró.

No obstante, y ante la amistad que le ofrece Breuer y que le emociona, incluso invitándole a cenar con su él y su familia, el filósofo tiene clara su respuesta: "Sería como abandonar mi misión Joseph, debemos seguir nuestros caminos", y acaba con una cita de su libro "La gaya ciencia":

Éramos amigos, y nos hemos vuelto extraños el uno para el otro. Pero está bien así y no queremos ocultárnoslo y oscurecérnoslo, como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos, cada uno con su meta y su rumbo; puede que nos crucemos y que celebremos una fiesta juntos, como lo hicimos cuando los probos barcos quedaron fondeados en un mismo puerto y a un mismo sol, tan tranquilos que parecía como si ya hubiesen llegado a su destino y hubiesen tenido un mismo destino. Pero más tarde la todopoderosa fuerza de nuestra tarea nos empujó a separarnos, hacia diferentes mares y latitudes, y quizá no volvamos a vernos nunca [8]

Nietzsche, despidiéndose con un fuerte abrazo de Joseph Breuer, parte para Italia donde escribirá su obra más conocida "Así habló Zaratustra"...
____________________

[1] Jhonson, Robert. El equilibrio entre el cielo y la tierra. Paidós junguiana, pág. 205
[2] Carotenuto, Aldo. Eros y Pathos. Matices del sufrimiento en el amor. Cuatro Vientos, pág. 34
[3] Ídem anterior, pág. 40
[4] Jung, C. G. Recuerdos, sueños y pensamientos. Seix Barral Biblioteca breve, pág. 360
[5] Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas. Ed. La Guillotina (México), págs. 230-231
[6] Nietzsche, Friedrich. Ecce homo. Editorial Alianza. Biblioteca breve, págs. 18 y 19
[7] Ídem anterior, pág. 104
[8] Nietzsche, Friedrich. La gaya ciencia. Nueva Biblioteca Edaf). EDAF. Edición de Kindle.

____________________

PELÍCULAS RELACIONADAS.

- Pulsar título para acceder a la entrada correspondiente.

FREUD, PASIÓN SECRETA: Los inicios del psicoanálisis.
John Houston, 1962










OTRA MUJER: Los sueños y la crisis de mediana edad.
Woody Allen (1988)

domingo, 24 de marzo de 2013

LA GATA SOBRE EL TEJADO DE ZINC Y LAS RELACIONES FAMILIARES.



La gata sobre el tejado de zinc (1958), - Cat on a thin hot roof, de la que en España se omitió la palabra ardiente (hot) - es una de las mejores adaptaciones realizada sobre una obra de Tenesse Williams. Fue dirigida por Richard Brooks e interpretada magistralmente por Paul Newmann (en el papel de Brick) y Elizabeth Taylor (en el papel de Maggie), acompañada también por una gran interpretación de Burl Ives en el papel del padre de Brick, el abuelo Pollitt.

Obra característica de Tenesse Williams, de quien el cine ha realizado numerosas y, casi todas ellas, grandes adaptaciones - Un tranvía llamado deseo (1951), dirigida por Elia kazan, o Dulce pájaro de juventud (1961), dirigida también por Richard Brooks, o la considerada también como una de sus más grandes adaptaciones al cine, De repente el último verano (1959), dirigida por el gran Joseph L. Mankiewic. Recordemos también La noche de la iguana (1964), dirigida por John Houston -. Se encuadra dentro de sus grandes temáticas, inspiradas mayormente por experiencias ligadas a su propia vida: la constante oposición entre la hipocresía y falsedad de los convencionalismos sociales, así como de sus personajes dominantes y agresivos y la figura del marginado quien se opone a ella debatiéndose entre la rebeldía y su debilidad, en ocasiones, hasta propia destrucción y las de aquellos que reaccionan hipócritamente en beneficio de sus intereses.

Tenesse Williams

1. UNA APROXIMACIÓN A LOS PERSONAJES.

Brick (Paul Newmann) es el segundo hijo de los Pollitt, quien se  nos muestra como un individuo alcohólico y torturado. Desengañado y con un fuerte sentimiento de culpa por sus fracasos en el pasado y por una relación afectiva con Maggie (Liz Taylor) extremadamente deteriorada y a la que se le une una sórdida historia del pasado con el que fuera su mejor amigo. Brick aparece como el más claro síntoma de la familia, el elemento que desvela la falsedad sobre la que se construye la familia y el imperio Pollitt. Su refugio en el alcohol nos muestra otra de las señas de identidad del elemento clave por el que transcurre toda la película y sobre el que se construye todo el entramado de relaciones familiares: la mendacidad o el hábito de mentir. Justamente su rebeldía autodestructiva devendrá el aspecto fundamental sobre el que desvelar esa mendacidad.

Maggie es la mujer de Brick, personaje magistralmente interpretado por Elizabeth Taylor, se nos muestra como un personaje ambiguo que se mueve entre la ambición y el amor. Su exhibición sensual y erótica ante un Brick que la rechaza constantemente nos vuelve a poner en una situación ambigua que oscila entre la humillación masoquista y una vez más la ambición manifiesta para heredar la parte de la fortuna paterna del Imperio del gran Pollitt. La evolución de Maggie en la película va pareja a la evolución del propio Brick y que podría resumirse que a mayor desvelamiento de la falsedad, de la mentira, poco a poco va surgiendo lo mejor de cada personaje. Como veremos más adelante, la culpa es otro factor determinante en su relación mediante la historia con Skiper, el gran amigo de Brick que se suicidó en misteriosas circunstancias. Define bien la postura de Maggie la reflexión que sobre su pasado hace en un momento dado con Brick: "Yo... yo por desgracia he sido tremendamente pobre toda mi vida. Esa es la verdad Brick [...] Tu no sabes lo que es tener que adular a personas insoportables sólo por dinero. Tu no sabes lo triste que es apenas tener vestidos. Hasta el propio vestido de novia era de segunda mano. Había sido de una prima rica a la que odio. Se puede ser joven sin tener dinero, pero no se  pueder ser viejo sin él."

El abuelo Pollitt es el padre de Brick, otra excelente interpretación a cargo de Burl Ives en el papel del hombre dominante y agresivo que ha labrado un imperio partiendo de la nada. Luchador incansable en la construcción de su imperio fracasa en su función paterna y con su familia. Es el típico hombre que manifiesta un tipo de grosería despreciativa que puede atraer facilmente las simpatías del expectador y que, sin embargo, no esconde su falta de sensibilidad y su egocentrismo. Una parte fundamental de la película se centra precisamente en el encuentro entre Brick y su padre para decirse las verdades sobre su relación que durante tanto tiempo han estado ocultadas y que, a su vez, son las verdades ocultas de la familia Pollitt.

La abuela Pollitt, la madre de Brick, es interpretada por Judith Anderson (la inolvidable ama de llaves de la película Rebeca de Hitchcock). Otro personaje ambiguo que oscila entre una figura invasiva y la mujer infeliz que niega la realidad que se manifiesta ante sus ojos. Personaje no tan potente como el del abuelo hay que imaginarlo más en el pasado como la posible madre que, ante el más que probable descuido afectivo de su esposo, se refugia en sus hijos donde seguramente toma más dimensión su aspecto invasivo. En un momento de la película en la que Brick cierra la puerta de la habitación, ella llama molesta para que abran la puerta, diciendo posteriormente: "Aborrezco las puertas cerradas en mi casa". Maggie le responde que todos necesitamos momentos de intimidad a lo que ella sigue diciendo: "No señora, en mi casa no". Una paradoja de abertura que no sirve para nada cuando, como en su caso, nada se quiere ver.

Gooper (Jack Carson) es el hermano mayor de Brick. Personaje interesado por la herencia del padre, si bien su perfil se va aclarando hacia el final de la película, cuando se revela que es el hermano que se siente despreciado por su padre en beneficio de Brick, el hermano claramente preferido del padre y también lo parece de la madre. Es la antítesis de Brick, abogado que lleva los asuntos del padre, casado con cinco hijos y a la espera del sexto. Siempre cumpliendo. En un momento de la película aparece su tema cuando le dice a su madre: "Siempre has dicho que no quiero al abuelo. ¿Cómo puedes saberlo? ¿Y cómo puedo saberlo él? Es que dejaba que le quisiéramos. Para él no existe nadie más que Brick. Desde que nació ha sentido debilidad por él. ¿Por qué?El abuelo quiso que fuera abogado y fui abogado. Dijo que me casase y me casé, que tuviera hijos y los he tenido. Dijo vive en Memphis y viví en Memphis. Todo lo que dijo lo hice... de acuerdo. Ahora bien, lo que te digo es que me importa un comino que el abuelo me quiera o no me quiera. Que me haya querido ayer o pueda quererme mañana. Siempre me ha tenido a la honestidad y el juego limpio. ¡Pues bien... escucha lo que te digo! Yo trato de proteger mis intereses y no en vano tengo el título de abogado."


Mae (Madeleine Sherwood), la mujer de Gooper, es quizá el personaje más esperpéntico de la película. Sería el extremo caricaturizado de Maggie en su dimensión ambiciosa y, especialmente en la dimensión más hipócrita. A diferencia de Maggie donde la ambición y el amor si conviven, en Mae sólo existe el interés personal sin ninguna otra consideración. Todas sus acciones están determinadas para agradecer y satisfacer al abuelo y la abuela Pollitt con el único objetivo de que Gooper sea el heredero de las tierras. Falsedad y manipulación decididamente orientada a la consecución del objetivo. En una de las escenas finales puede observarse la virulencia y la crueldad característica de este tipo de personajes cuando aprecian la posibilidad de no salirse con sus objetivos.


II. SECRETOS, MENTIRAS Y DESCONFIANZAS.

La obra se concentra en su inicio en la tensa relación entre Brick y Maggie acompañada de la profunda sensualidad con la que la Taylor interpreta su papel y la sequedad amargada de un Brick refugiado en el alcohol. Se intuye que un suceso ha sido la causa de tal perturbación. También se define la tensión entre los dos hermanos siempre manifestadas por sus parejas respectivas, Maggie y Mae, quienes constantemente están manifestando su preocupación por la herencia del Imperio Pollitt. Y, finalmente, no tarda en manifestarse una mentira con la que el médico de la familia - quien se la desvela a Brick - oculta la realidad de la enfermedad del abuelo Pollitt y su desahucio. Esta mentira no hace más que seguir desvelando otras falsedades y frustraciones que acompañan a nuestros personajes. Entre medio nos enteramos de que la tensión entre Brick y Maggie se debe a algo relacionado con un íntimo amigo de Brick, Skiper. El primer desvelamiento le sucede a la abuela Pollitt, quien convencida de que el abuelo está fuera de peligro persiste en una alegría desbordada y sofocante para el abuelo Pollitt, quien en un momento de su 65 aniversario le dice exaltado:

Tú no sabes ni nunca has sabido nada [...] He soportado un montón de estupideces a mi alrededor porque creía que iba a morirme y entonces tu empezaste a crecerte. En todas partes encontraba tu entrometida persona dando gritos de mando. Todo lo mangoneabas y en todo metías la nariz como si fueras el ama, pero no hay más amo que yo en esta casa. Esta propiedad la levanté yo sin tu ayuda ni la de nadie y  yo la gobernaré hasta el mismo día en que me muera. ¿Has comprendido bien Ida? ¿Queda perfectamente entendido? No voy a morirme... El único mal que tengo es un espasmo de colón, y ese espamo me la han produdido las grandes mentiras y los grandes mentirosos que siempre me han rodeado y la hipocresía que he aguantado durante los cuarenta años que he convivido contigo.



Una afectada abuela se retira con el pastel de cumpeaños diciendo: ¡Ay abuelo! Durante todos esos años nunca creíste que te quería. Te he querido... Te he querido mucho. Te he querido siempre, incluso quería tu odio.y tu dureza.

Con esta escena se empieza a desmontar la fantasía general de la familia Pollitt a la que sigue el desvelamiento de los intereses de Mae, a quien el abuelo Pollitt descubre espiando la conversación que mantiene con Brick:

¡Estabas escuchando, espiando! ¿Necesitaré cerrar las puertas con llave para poder mantener una conversación privada [...] Voy a sacaros a Gooper y a ti de la habitación de al lado. A vosotros no os importa nada de lo que ocurra aquí entre Brick y Maggie. Odio a los rastreros y a los  espías, me producen náuseas.

 Sin embargo, el tema más profundo surge entre Maggie y Brick.

- El tema de Brick y Maggie.

Después de estas escenas en las que el abuelo Pollitt descarga su ira contra su mujer y su nuera Mae, surge el tema que parece afectar a Brick y a Maggie y que se trata de un tema que afecta a Spiker, el mejor amigo de Brick quien parece que se suicidó después de una turbia situación en la que se vió envuelta Maggie. En una discusión con su padre, Brick hace participar a Maggie para que relate su historia... Pronto se hace manifiesto el desencuentro que existía entre Maggie y Spiker, en tanto en cuanto éste llevaba a Brick a una vida entregada el Football americano. Dice Maggie: "Yo  no quería pasar mi vida matrimonial en los vestuarios de los campos de deportes". Veamos el siguiente diálogo entre Maggie y Brick en presencia del padre:

Brick: ¿Desde cuando la presencia del hombre ha herido tu delicada sensibilidad?
Maggie: ¡Del hombre no, del rugby! La sola idea del rugby me molestaba. Sobre todo al saber que ibas a formar un equipo profesional. Para que necesitaba un equipo de su propiedad cuando podría haber fichado por cualquier equipo profesional del país... Organizaste tu propio equipo profesional tan sólo en atención a tu Skiper...
Brick: ¡Embustera!
Maggie: teniendo en cuenta que él no era lo bastante bueno para formar el suyo...
Brick: ¡El rugby profesional Maggie es un negocio!
Maggie: ¡Ah...! ¿Te refiere a un negocio para ganar dinero?
Brick: ¡Si, dinero, el hilo con el que se tejen tus sueños!
Maggie: Pero el caso es que el Ticky Star no ha ganado ni un sólo centavo desde el primer día hasta el último. No era por el dinero sino por los aplausos, era eso lo que le entusiasmaba.
Brick: ¡Los aplausos no significaban nada para mi...!
Maggie: ¡Ah no...!
Brick: Pero para tí si que significaban algo,  porque los aplausos te excluían a ti y tu no soportas verte excluida en nada.
Maggie: Excluida por la gente no me importa, pero por tí si, por el hombre a quien quería, y por eso sentía odio por el rugby y por Skiper.


Brick y Maggie

Se nos clarifica aquí la tensión que Skiper representaba entre Brick y Maggie, pero la cosa no acaba aquí, lo que existe entre Maggie y Brick como fantasma lo formula éste tras este diálogo al decirle a Maggie: "Odiabas a Skiper de una  manera tan rara que lo emborrachaste para conquistarle..." Este es el verdadero fantasma que existe entre ellos. Maggie entonces cuenta la historia y se va clarificando que Skiper se suicidó porque debido a una lesión de Brick se demostró que Spiker era un fracaso como jugador al cosechar una derrota escandalosa... Skiper se desmoronó y se emborracho y entonces Maggie cuenta lo que ocurrió:

La historia de Maggie
Se hallaba fuera de sí, enloquecido por la bebida y se obstinaba en no salir... Como destrozaba los muebles el gerente del hotel me dijo que fuera a calmarle o que llamaría a la policía... Por eso fui a su habitación [...] en todo momento asustado, temeroso de tí  - en referencia a Brick -. Le dije que quizá era la ocasión más propicia para abandonar el rugby, que se buscara un empleo y que nos dejara en paz a nosotros. Creí que iba a pegarme acercándose lentamente a mi sonriendo de un modo que me causaba pánico... E hizo lo que menos me esperaba... Darme un beso. Aquella fue la primera y última vez que me tocó...

Maggie le cuenta que entonces pensó en decirle quien era de verdad Skiper, pero también le cuenta los miedos que le asaltaron y que, a pesar de todo... "Yo queía recuperar a mi marido, quitárselo al deporte y a sus gentes, haría cualquier cosa para conseguirlo pero, en el último instante, tuve miedo al pensar que podría perderte en vez de recuperarte... Temí que me odiaras a mi en vez de a Skiper y entonces huí. ¡No sucedió nada!  [...] Yo quería librarme de Skiper pero no a costa de perderte a tí... Brick me culpó de la muerte de Skiper... pero al final quien ha ganado ha sido Skiper."

Pero aun hay más, surge entonces un elemento inesperado cuando Maggie, justo antes de salir de la habitación para dejar a Brick con su padre, revela que un Skiper moribundo le dijo que antes de saltar por el balcón Brick le había colgado el teléfono... Surge así el auténtico sentimiento de culpa de Brick desplazado sobre Maggie... Ante su padre, y ante sus preguntas acerca de por qué Skiper se mató,  Brick habla de una persona que le falló a Skiper...

La desesperación de Brick
...y esa persona fui yo. Cuando me telefoneó... hablaba incoherentemente, pero había una cosa que no admitía duda. Estaba muy asustado, ¡asustado! Temía que le reprochase lo sucedido aquella tarde en el partido. Asustado de que no volviera ayudarle. Skiper miedoso, casi no podía creerlo, sin embargo estaba realmente, profundamente asustado.Y de pronto se deshizo como una caña podrida... Empezó a gritar "te necesito" y balbuceó "¡sálvame, sálvame!" ¿Cómo salvarle? ¿Cómo puede salvar el que esta ahogándose a otro que se ahogra también? "Y colgaste el teléfono" - concluye su padre -. El teléfono volvió a sonar entonces. Sonaba sin cesar con una insistencia obstinada. Y yo tendido en una cama de la clínica no podía escapar de aquel timbre que seguía repiqueteando cada vez con mayor intensidad. Sonaba como si fuese el grito de Skiper pidiendo auxilio... y yo no se lo presté. Y fue cuando se mató - le pregunta el padre - Si... se sintió fracasado y no quise ayudarle. ¡Dime si no es para sentir desprecio de mi mismo!

Luego la discusión continua y mientras Brick pretende irse de la casa su padre se lo impide, y en un momento dado de esa discusión Brick la revela a su padre la verdad sobre su salud. No es verdad que va a vivir, la verdad es que se muere... Otra de las mentiras habituales...

¡huyo de las mentiras tales como esa de que sea por muchos años
cuando saben que ya no habrá uno más y [...] La mentira y la farsa
son normas corrientes en nuestra vida.
Así podemos observar en esta primera parte de la película una familia que se construye sobre la base de los secretos, la mentira y la desconfianza. Y, sin embargo, es curioso que el desvelamiento de toda esta red de falsedad corre a cargo del padre, quien parece de repente coger las riendas de la farsa familiar... Y, sin embargo, la pregunta que ahora debe ocuparnos es otra que se deriva de su actitud... ¿Hasta ese momento dónde estuvo ese padre? La segunda parte del film nos aclara el por qué de todo este desbarajuste familiar.

III. EL ENCUENTRO ENTRE PADRE E HIJO. 

Tras ese desvelamiento de falsedades la película toma un doble rumbo. Por un lado todo lo que ocurre en una habitación de la planta de la casa en la que abuela Pollitt se entera por Gooper de que su marido va a morir, a la vez que también se desvela la verdad del hermano mayor, el hermano que se siente desplazado por Brick en las preferencia del abuelo Pollitt... El hermano para el que ahora sólo cuenta, con la activa participación de Mae, su mujer, asegurarse la herencia paterna. Por otro lado Mae y Maggie escenifican también su lucha particular... Mae con todo el descaro ya de sus verdaderos intereses, Maggie con esa ambiguedad entre esos intereses y el amor que siente por Brick.

Pero lo verdaderamente interesante ocurre en un sótano cargado de inútiles recuerdos y trastos de viajes realizados por el matrimonio Pollitt en el que Brick vuelve a reunirse con su padre... Es en esa escena donde se resuelve el por qué del descalabro familiar. En ese sótano repleto de cachibaches acumulados que compró su mujer en un viaje a Europa. Brick le pregunta porque dejó que mamá comprará todas estas cosas, a lo que su padre le da una interesante respuesta:

El animal humano es una bestia que un día u otro tiene que morir y si tiene dinero todo se le vuelve comprar, comprar y comprar... La razón de que compra todo lo que pueda solo obedece a la absurda esperanza de que algo de lo que compra durará eternamente... y eso es imposible.

Este es un momento importante porque en ese sotano lo tenemos todo: padre, hijo y madre como el mismo sotano con sus cachibaches... El sótano, de hecho nos pone en contacto con el objeto a de Lacan como ahora veremos.

- El sótano de los cachibaches como "el objeto a".

Una definición que nos atañe aquí acerca del famoso objeto a de Lacan es el que define este objeto como un agujero, como un vacío, pero no simplemente como un vacío estático, sino que se trata de un vacío dinámico en el sentido en el que se trata de un vacío que, como un agujero negro cósmico es un vacío aspirante [1], es decir, un vacío cuya fuerza (en lacaniano el plus de goce) anima a otros objetos externos a ocuparlo a a vez que tomando un significado que va más allá del propio objeto en sí... El sótano con sus cachibaches nos habla de lo que ha sido la relación del padre y la madre de Brick... Un vacío que carente del deseo y del amor del esposo se llena de objetos substitutorios que investidos por ese plus de goce de ese vacío (el objeto a) se transforman momentáneamente en el objeto perdido que lo satisface: el deseo y el amor del otro. Objetos cuya esperanza es que duren "eternamente" y que, sin embargo, cuando ya se "tienen" retornan a lo que realmente son.

Sobre esta base se desarrolla entonces un diálogo clave entre padre e hijo en presencia del abismo profundo de ese vacío materno:

Padre: ¿Si necesitabas un padre porque recurriste a Skiper como guía y no a mi. ¡Yo soy tu padre, comprendes! ¿¡Por qué no acudiste a los tuyos, a los que te quieren!?
Brick: ¡Tú no sabes lo que es cariño, para tí no tiene sentido esta palabra!
Padre: Por lo visto eres muy flaco de memoria. ¿Has deseado alguna cosa que yo no te haya comprado...?
Brick: ¡El cariño no se compra... Compraste esa chatarra por un millón de dólares y qué... te quiere acaso!
Padre: ¡Crees que lo compré para mí, es tuyo, la plantación, todo lo que tengo es tuyo!
Brick: ¡¡Yo no quiero COSAS!!

Y aquí ya tenemos formulado el problema que se inscribe en la figura paterna y en el problema de Skiper como substituto de esta figura: no hay guía ni cariño, simplemente hay COSAS. Cosas para su mujer, cosas para su hijos, simplemente cosas, cosas como la riqueza y el poder con las que el abuelo Pollitt haya posiblemente llenado su vacío... Brick, entonces empieza a golpear y romper objetos del sótano hasta que tropieza con una foto suya de jugador de rugby y la golpea también con rabia a la vez que dice: ¡¡Inútil... Despreciable!! Despreciable... y arranca a llorar amargamente. Skiper se nos aparece así como una figura substituta paterna a la que Brick no puede ver desfallecer, y a la que ante su impotencia para ayudarlo (puesto que Skiper está investido de la figura paterna) prefiere desviar su culpa amparándose en la suposición de que Maggie puede haberle sido infiel... Aparece también el reproche por lo que parece el intento de Maggie de manejar su vida, aunque ese punto lo observaremos más en detalle en el punto IV.

¡¡Inútil, despreciable...!! Despreciable (golpea sobre una foto suya)
Veamos que, y sobretodo en relación a lo que sigue, que Brick, desde un punto de vista clínico, se corresponde con la estructura obsesiva y le caen que ni pintadas las palabras que Juan David Nasio dice al respecto:

La obsesión resulta del desplazamiento de la angustia de castración que pasa de la inconsciencia a la consciencia y se cristaliza en el sentimiento de culpabilidad. La angustia inconsciente de ser vencido por el padre rival se transforma en angustia consciente de ser castigado por el propio superyó. Esta angustia de sentirse en falta y de creer que puedo recibir un castigo se llama sentimiento de culpabilidad. Es frecuente que el obsesivo se complazca en su papel de culpable, tenga necesidad de ser castigado y que se agote en un goce estéril, que podríamos llamar masoquismo moral. [2]

- Sobre El Nombre del Padre y el Edipo: la restauración del vínculo padre-hijo.


Como ya vimos en el análisis de la película Solaris, tenemos en esta escena lo que bien podríamos llamar una escena restauradora de la función paterna y que Lacan llamó El Nombre del Padre, concepto fundamental en la resolución edípica y con el que se define la función simbólica de la figura paterna como portadora de la Ley que prohíbe el incesto - entendido este concepto como no quedarse sujeto al mundo materno -, y que como tal ejerce la castración simbólica, una prohibición que funciona en dos sentidos: privando al niño del objeto de su deseo (la madre) y a la madre del objeto fálico, lo que dicho en un estilo mandatario sería como a la madre decirle: no te reapropiarás de tu hijo; y al hijo: no yacerás con tu madre... La imagen de Brick y su padre  en el sótano como, ya hemos visto, metáfora del vacío de la madre y su deseo nos ponen en cierta perspectiva de que esa función paterna fue probablemente realizada con serios déficits y que, debido a ello, Brick, como hijo, quedó presa del caótico mundo del deseo materno.  El Nombre del Padre deviene así, ya más allá de la prohibición del incesto, como una función fundamental en el acceso a la identidad del niño – acceso a la subjetividad - por identificación (toma de modelo) con el padre y en su inscripción en la constelación familiar y, por ende, en la cultura y sociedad.

Y dicho esto, en la continuación de la escena del sótano, vamos ahora a asistir a la reivindicación de Brick de la figura del padre y que, como veremos, acaba con una imagen sumamente simbólica en la que padre e hijo salen del sótano de los cachibaches. Así, y después de la catarsis de Brick, su padre ahora afectado le pide que no llore. Y sigue entonces el diálogo:

Padre: Es curioso, jamás te había visto llorar. No llorabas cuando eras niño...
Brick: Es que no hay manera de que comprendas que nunca he ambicionado tu plantación ni tu dinero... No quiero ser dueño de nada. LO ÚNICO QUE YO QUERÍA ERA UN PADRE NO UN AMO, lo único que necesitaba es que tu me quisieras,
Padre: siempre te he querido...
Brick: No... Ni a mi, ni a Gooper ni siquiera a mamá.
Padre: ¡Eso no es cierto, yo la quise, le di todas las cosas...
Brick: COSAS... cosas papá, le diste cosas, una casa, un viaje a Europa, todos estos trastos, joyas, cosas al fin papá, pero no cariño...
Padre: Le he dado, le he dado un Imperio...

¡Que escena más impactante! - con unas actuaciones emocionantes -. El padre vale lo que compra, vale lo que tiene... El Imperío es aquello que llena su vacío... Él es su Imperio y el Imperio es él... Nada más. Brick marca muy bien entonces aquello en lo que para él se transforma el padre: como un Amo más que como un Padre. Un Amo que además ejerció una más que probable función paterna deficitaria resultado de "tener" a sus seres más que de "quererlos", resultado de organizarlos según sus intereses, como se va a precisar más adelante. Pero ante su inevitable muerte, Brick le recuerda que todo cae, vidas e imperios:

Brick: Los hombres que crean imperios perecen, y los imperios también.
Padre: ¡No, no perecerá! Para evitarlo os tengo a ti y a Gooper.

Ahora vemos el Imperio como lo eterno del abuelo Pollitt - aquello que definía imposible para los cachibaches de la madre -, tan eterno que ya cuenta con el futuro de sus hijos en función de su perpetuación, los ve en función de su Imperio, no en función de quién son ellos, como inmediatamente se lo hace notar Brick:

Brick: Mira a Gooper, a lo que ha llegado. ¿Era eso lo que querías que fuese...? Y fíjate en mi, tú mismo lo has dicho, soy un chiquillo de treinta y años y pronto seré un chiquillo de cincuenta... Y no se ya en que creer, y de que sirve vivir llegado a este extremo. La vida debe tener algo para uno, un objetivo, un significado... ¡Fíjate en mi...! Te lo ruego. Fíjate en mi antes de que sea demasiado tarde. POR UNA VEZ EN TU VIDA CONTÉMPLAME COMO SOY. ¡¡Mírame bien!! Soy un fracasado, un borracho. Por mi mismo no valgo ni lo que vale un entierro medio decente...
Padre: Ah!, y tu y Gooper me culpáis de todas esas cosas verdad.
Brick: No te culpa nadie, nadie, sólo que... conociéndonos de toda la vida somos extraños... Tú eres propietario de 28000 acres de tierras muy fértiles, tienes un capital de diez millones y tienes mujer y dos hijos, NOS TIENES PERO NO NOS QUIERES.
Padre: A mi manera si os quiero...
Brick: ¡No señor! Desprecias a todo el mundo. Quisiste que Gooper tuviera hijos y quieres que yo también los tenga... ¿¡Por qué!?
Padre: Porque quiero que una parte de mi mismo me sobreviva, que no termine todo en la tumba...

Una vez más se ve esa mirada narcisista del padre en donde todo está en función de su deseo... de su deseo de trascender. Surge entonces la consecuencia del Padre-Amo: el desprecio. Ese desprecio que ahora ya está interiorizado en Brick, el asco - como indica en un momento de la película - que siente por sí mismo, el hijo minúsculo, despreciado, ante el padre titánico ante el cual sólo puede fracasar.

¡¡Fijate en mi!! Te lo ruego. ¡Fijate en mi!

Sin embargo, y después de esto, sigue la historia del abuelo Pollitt con su padre, un vagabundo con el que como niño llevó una vida de vagabundo, un padre del que en ocasiones se avergonzaba y de quién se queja de haberle dejado tan sólo un maleta de mimbre. Murió cuando era niño y le enterró el mismo: "No era más que un vagabundo, sin un centavo en el bolsillo, sin futuro mi pasado." Sin embargo Brick le hace hablar hasta que reconoce aquello que si tuvo con su padre: "Si, yo le quería... Creo que no he querido a nadie tanto como a mi viejo vagabundo".Brick le muestra que aún siendo un vagabundo siempre tuvo a su hijo a su lado y le increpa si le parece que le dejo tan poco, a lo que su padre responde que también le dejo recuerdos... Y CARIÑO - le añade Brick -.

En ese momento Padre e hijo se redescubren y finaliza la escena con una imagen bien simbólica: padre e hijo, de la mano, salen juntos del sótano, salen del mundo materno perdido de las COSAS que nunca pueden colmar el vacío, la carencia, porque como adultos eso ya es responsabilidad nuestra. Antes de salir del sótano el padre le dice a Brick, presa de un fuerte dolor físico de su enfermedad: "Cuando el dolor ataca puede uno jugar mejor una serie de cosas. No quiero idiotizarme con una droga. ¡Quiero pensar con claridad, quiero verlo todo, sentirlo todo! No me importará irme... ¡tengo arrestos para morir! Lo que quisiera saber es si tú los tienes para vivir". A lo que Brick responde que no lo sabe... Es entonces cuando se de esa imagen tan bonita donde ambos salen del mundo perdido dispuestos a intentar ya cada uno lo suyo...

Podemos probarlo... Empezaremos a ayudarnos mutuamente a subir la escalera.
A partir de este momento todo torna a su lugar, desveladas las mentiras y los secretos, limadas las desconfianzas, todos ocupan su lugar: Abuelo y abuela Pollitt se reencuentran como marido y mujer; Brick, decidido a intentar vivir besa por fin a Maggie y Gooper se alegra por el contento de su hermano y Maggie y se impone por fin a una desconcertada Mae. Y... sin embargo, únicamente una cosa... A pesar de todo, y a pesar de ser dicho con la mejor voluntad de hacer feliz al abuelo, al final la mentira persiste en la noticia que Maggie da acerca de que va a tener un hijo - lo cuál es falso -. La ambigüedad final... Después de todo este purgatorio de mentiras el nuevo ciclo, a pesar de todo, se inicia con una mentira más.

______________________

[1] Nasio, Juan D. Cinco lecciones sobre la teoría de Jacques Lacan. Gedisa editorial, págs.118 y ss.
[2] Nasio, Juan D. El Edipo. El concepto crucial del psicoanálisis. Paidós psicología profunda. Págs. 127 y 128