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domingo, 24 de febrero de 2013

EL SÉPTIMO SELLO: MUERTE Y SENTIDO

En esta ocasión me planteo abordar una de esas películas que, desde que la vi en mis primeros años de adolescencia, ejercieron una notable influencia. El septimo sello (1957) es una de esas películas emblemáticas de Ingmar Bergman - a su pesar - que afronta algunos de los temas que caracterizaron la primera época de Bergman como el sentido de la vida, la muerte o el silencio de Dios. Películas de esta primera época - que llega hasta Persona (1966) -que también abordan el tema la constituyen la trilogía formada por la ya comentada en este blog Los comulgantes (1963), así como por las otras dos: Como en un espejo (1961)  y Silencio (1963).

 Parece que Bergman se inspiró para esta película en uno de los sesenta y seis frescos medievales pintados por Albertus Pictor (Alberto el pintor) en la pequeña Iglesia de Täby en el siglo XV, a unos quince kilómetros de Estocolmo. Dicho freco se halla en la penumbra del coro y en ella se nos muestran a la muerte jugando al ajedrez con sus víctimas.

Fresco de la Iglesia de Täby de Albertus Pictor

Para muchos - entre los que me incluyo -, se trata de  una de las grandes películas del cine que a parte de disponer de una magnífico guión, se acompaña de unas imágenes y una fotografía filmada en blanco y negro de una  poesía y una belleza impactantes. El inicio de la película nos muestra imágenes inolvidables, como la entrada de la película con un cielo nublado y el fuerte resplandor que se manifiesta entre ellas a la que sigue ese mismo cielo bajo el cual se nos muestra el majestuoso vuelo de una águila...


Al inicio del Septimo sello

Tras estas bellísimas imágenes iniciales sigue la presentación del retorno del caballero cruzado Antonius Block (Max Von Sydow) a su país, una Suecia devastada por la peste negra (la voz en off recita unos conocidos versículos del apocalipsis de Juan en las cuales el cordero abre el septimo sello). Con él va su escudero Juan (Gunnar Björnstrand)... Ambos están descansando en una playa abrupta en la que de repente aparece la muerte dispuesta a llevarse a Antonius... Así se inicia la película.

Max Von Sydow como Antonius Bloch

I. ANTONIUS BLOCK: LA MUERTE INTERROGA LA VIDA.

Efectivamente, aparece la muerte (Bengkt Ekerot) quien le confirma a Antonius que viene a buscarlo... Éste le propone jugar una partida de ajedrez en la cual si vence él la muerte le permitirá seguir con vida, mientras que si pierde la muerte podrá proceder a llevárselo con ella. Así se da inicio a esta partida alrededor de la cual podremos ir viendo a diferentes personajes que se añaden en el camino de Antonius hacia su castillo.

La muerte jugando al ajedrez con Antonius

En una escena posterior se desarrolla un diálogo entre la muerte (disimulada como confesor) y Antonius que pone de relieve el tormento de Antonius, a la vez que así se nos pone en relación con los temas que Bergman aborda con la película: la muerte, de el sentido la vida, el más alla de la muerte y la existencia de Dios:

Antonius: Quiero confesarme y no se que decir... Mi corazón esta vacío. El vacío es como un espejo puesto delante de mi rostro, y al contemplarme siento un desprecio profundo de mi ser... por mi indiferencia hacia los hombres y las cosas. Me he alejado de la sociedad en la que viví. Ahira habito un mundo de fantasmas, prisionero de fantasías y ensueños.
La muerte: Y a pesar de todo no quieres morir...
Antonius: ¡Si... quiero!
La muerte: Entonces a qué esperas...
Antonius: Deseo saber que hay después...
La muerte: Buscas garantías...
Antonius: Llámalo como quieras.
La muerte: ¿¡Porqué la cruel imposibilidad de alcanzar a Dios con nuestros sentidos!? ¿¡Porqué se nos esconde en una oscura nebulosa de promesas que no hemos oído y milagros que no hemos visto!? Si desconfiamos una y otra vez de nosotros mismo como vamos a fiarnos de los creyentes. ¡Qué va a ser de nosotros los que queremos creer y no podemos! ¿¡Porqué no logro matar a Dios en mi!? ¿¡Porqué sigue habitando en mi ser!? ¿¡Porqué me acompaña humilde y sufrido a pesar de mis maldiciones que pretenden eliminarlo de mi corazón, porqué sigue siendo una realidad que se burla de mi y de la cual no me puedo liberar... me oyes!?
La muerte: Te oigo...
Antonius: Yo quiero entender, no creer... No debemos afirmar lo que no se logra demostrar. Quiero que Dios me tienda su mano, vuelva su rostro hacia mi y me hable...
La muerte: Él no habla...
Antonius: Clamo a él en la tinieblas y desde las tinieblas nadie contesta a mis clamores...
La muerte: Tal vez no haya nadie...
Antonius: ¡Pero entonces la vida perdería todo su sentido. Nadie puede vivir mirando a la muerte y sabiendo que camina hacia la nada.!
La muerte: La mayor parte de los hombres no piensa en la muerte y en la nada.
Antonius: ¡Pero un día llegan al borde de la vida y tienen que enfrentarse a las tinieblas!
La muerte: Si, y cuando llegan...
Antonius: ¡Calla! Se lo que vas a decir... que nos hace crear el miedo una imagen salvadora que llamamos Dios.
La muerte: Te estás preocupando...
Antonius: Hoy a venido a buscarme la muerte. Estamos jugando una partida de ajedrez. Es una prórroga que me da la oportunidad de hacer elago importante...
La muerte: ¿Qué piensas hacer?
Antonius: He gastado mi vida en diversiones, viajes, charlas sin sentido. Mi vida ha sido un continuo absurdo. Creo que me arrepiento... ¡Fui un necio! En esta hora siento amargura por el tiempo perdido, aunque se que la vida de casi todos los hombres corre por los mismos cauces... Por eso quiero emplear esa prórroga en una acción única que me de la paz.
La muerte: Por eso juegas al ajedrez con la muerte...


El tormento de Antonius

En ese diálogo crucial se plantea toda la temática alrededor de la cual gira la película. Sin embargo yo quiero destacar que toda ella gira en torno a lo que podemos llamar la dimensión interrogadora de la muerte a la propia vida, la de cada uno. Como su manifestación nos pone, de repente, ante ese "darse cuenta" que se hace tan aterrador a Antonius: "He gastado mi vida [...] Mi vida ha sido un continuo absurdo." Antonius, a su vez, nos pone en contacto con lo que el llama las tinieblas: "Nadie puede vivir mirando la muerte y sabiendo que camina hacia la nada." El absurdo que Antonius siente acerca de como ha vivido no es más que su propia falta de sentido que se proyecta de repente como una profunda necesidad de tener "garantías" sobre la continuidad en un más allá. Pero el miedo a como "gastó su tiempo" se transforma en una necesidad de certeza... de certeza de Dios y del más allá, porque si no es así el dolor y la angustia de la vida vivida sin sentido y enfrentada a la posibilidad del abismo de la nada se torna en un profundo tormento. La posibilidad de la nada, del horror de la nada (ver la entrada dedicada al Viaje alucinante al fondo de la mente) se transforma entonces en un espejo del vacío del corazón de Antonius, y nada más horroroso que llegar consciente de una vida vacía - un corazón vacío - ante la muerte sentida entonces como la puerta a la nada. Se cumplen así en Antonius las palabras de Kierkegaard cuando dice:

Así la muerte es el arquetipo más conciso de la vida, o bien la vida es restituida a su más concisa figura en la muerte. Por eso ha sido siempre tan importante para aquellos que piensan de verdad sobre la vida humana, contrastar muchísimas veces, recurriendo a este conciso arquetipo, lo que han comprendido  acerca de la vida. Porque ningún pensador puedo puede con la vida tal y como lo hace con la muerte... [1]

- El horror de la nada.

En una escena posterior de la película podemos notar la angustia de Antonius cuando en su camino se cruza con la ejecución de una joven acusada de bruja (Maud Hansson)...

Antonius: Te acusan de tener pacto con el diablo.
Joven: ¿Porqué hablas conmigo?
Antonius: No es por curiosidad sino por graves razones personales... Quisiera ver al diablo.
Joven: ¿Para qué?
Antonius: Quiero verle y preguntarle sobre Dios. El sabe más que nadie y me revelará.
Joven: Puedes verla cuando quieras.
Antonius: ¿Cómo?
Joven: Siempre está cerca de mí... Mírame a los ojos... ¡Fíjate! ¿No le ves?
Antonius: Lo único que veo en tus ojos es el horror que paraliza tus púpilas.
Joven: ¡Oh! ¿No ves a nadie? ¿A nadie? Tal vez se encuentre a tu espalda.
Antonius: - se gira hacia atrás agitadamente - No... tampoco.
Joven: Pero si él esta siempre conmigo... Hasta los monjes lo han visto. Basta que yo alargue mi mano para encontrarme con la suya, ni el fuego podrá hacerme daño.
Antonius: ¿Te lo ha dicho él?
Joven: Yo lo sé...
Antonius ¿¡¡Te lo ha dicho él!!?
Joven: Yo lo sé... Yo lo sé. ¿No lo ves en mis pupilas? Él es mi fuerza y me seguridad, por eso todos me temen, porqueno resisten la presencia de él.

Antonius le mira decepcionado... No ha hallado ni su encuentro ni la respuesta que logre apagar su inquietud y tormento. En un breve encuentro inmediatamente posterior con La muerte ésta le increpa diciéndole: ¿Acabarás de hacer preguntas?, a lo que Antonius le responde: No... no acabaré. Nadie te responderá - le contesta la muerte -. En un último intento, antes de que se queme a la joven en la hoguera, Antonius la coge por su cabeza y la mira fijamente a sus ojos en nuevo intento de... ver.

Antonius busca ver al diablo...
Juan, su escudero, personaje del que hablaremos más adelante, le pregunta a Antonius: "¿¡Que es lo que ve!? [...] ¿Quién la va a recibir en el más allá? ¿Serán los ángeles, o Dios o el diablo o simplemente la nada? ¿Será la nada señor?" A lo que Antonius, desesperado responde: "¡¡La nada no puede ser !!". Pero Juan prosigue: "Mira sus ojos... Su pobre cerebro está haciendo ahora un terrible descubrimiento. Se sumerge en el abismo de la nada." Antonius, profundamente desesperado grita un desgarrado NO. Y Juan finaliza diciendo: ¡Me subleva nuestra impotencia para ayudarla! ¡Porque es igual al suyo nuestro espanto! en un fina observación de todo el mecanismo de proyección que se da en esta escena, y en la cual la mirada de la joven es el espejo sobre el que se proyecta el horror de los que la miran en esa su mirada final ante la muerte.

II. EL ESCUDERO JUAN Y EL ESCEPTICISMO.

La figura del escudero se encuadra en la clásica tradición que nos ilustró el Quijote, en el cual su figura es la justa contrapartida del caballero. Juan (Gunnar Björnstrand, uno de los actores de Bergman) se nos muestra como un hombre consciente de los horrores de la guerra en la que acompañó a su caballero, aparece como un hombre descreído, a veces mordaz, en otras compasivo: - "Aquí tienes al escudero Juan. Se ríe de la muerte, blasfema de Dios , se burla de sí mismo y sonrie a las mujeres. Su mundo es solo el mundo de Juan, un pobre bufón ridículo para  todos e incluso para sí mismo. Tan indiferente es para el cielo como para el infierno" - dice al pintor de frescos (Gunnar Olson) de la pequeña iglesia en la que hacen parada con su señor -. Esta es una buena definición definición del escudero Juan.

El escudero Juan (a la izquierda) con el pintor de la iglesia.

En un posterior encuentro Juan se encuentra con Raval, un antiguo profesor de seminario "reciclado" ahora en ladrón de bienes de los muertos al que Juan le atribuye haber ·envenenado" a su señor para que se embarcara en la locura de la Cruzada. Este episodio, junto con el de la profesión de penitentes y la ejecución de la joven acusada de bruja ponen el referente del papel de la religión oficial como representantes de un Dios paranoico y vengativo al estilo del Yahvé bíblico que representan el discurso antivida que durante siglos la ha caracterizado.

Al final de la película, cuando la muerte viene a buscar al caballero y a todos aquellos que están con él, Juan es el que muestra una actitud valiente y noble a diferencia de la cobardía y desesperación con la que Antonio la afronta, y pone de relieve la discusión que se plantea entre vida y sentido a través de la presencia de la muerte:

Antonius: De profundis clamavi ad te dominem (Desde las profundidades te llamé, oh Señor)... ¡Oh Dios, ten misericordia de nosotros que vivimos en las tinieblas pues que somos pequeños y estamos angustiados!
Juan: En las tinieblas que confiesas vivir, en las que confieso que vivimos los hombres no encontrarás a nadie que escuche tu angustiosa súplica y se pueda conmover. Sécate las lágrimas y mira el fin con serenidad.
Antonius: ¡Oh Dios, estés donde estés! Porque ciertamente debes de existir, ten misericordia de nosotros.
Juan: Hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad, pero es demasiado tarde. En éste último instante goza al menos del prodigio de vivir en la verdad tangible antes de caer en la nada.
Karin: - la esposa: de Antonius - Silencio... silencio...
Juan: Si, me callaré... Callaré protestando.

Juan: Sécate las lágrimas y mira el fin con serenidad.

Se realiza aquí uno de los temas esenciales que propone la Gestalt: el centramiento en el presente, en el aquí y el ahora. Veamos la reflexión, en relación también a la consciencia de la muerte, que al respecto realiza Claudio Naranjo, quien citando a los poetas romanos clásicos Ovidio y Horacio nos dice que comparten no solo:

Claudio Naranjo
... su hedonismo y su centrarse en el presente, sino que también las alusiones a la crueldad de su época: "tempux edax rerum" (el tiempo devora las cosas). Por lo tanto parecería que la prescripción de vivir en el presente va de la mano con la toma de consciencia de la muerte - ya se a la última muerte o la muerte crónica del momento, a medida que se convierte en recuerdo. En ese sentido es una percepción del pasado como la nada ola irrealidad.

En ambos sentidos aludidos arriba, la conciencia de la muerte potencial también es parte del espíritu de la terapia gestáltica, porque tal toma de conciencia es  inseparable de la consciencia humana cuando 1) es lavada de la evitación del desagrado y, 2) es liberada del velo de las satisfacciones ilusorias de la irrealidad: el pensamiento deseoso y las reminiscencias regresivas.

Yo quisiera sugerir que la tríada de
1) centrarse en el presente,
2) la perspectiva del presente como un regalo de placer y,
3) la consciencia de la muerte o descomposición potencial,
configura un arquetipo: una experiencia para la cual la potencialidad yace en la naturaleza humana... [2]

Sin embargo, Juan es la visión que aunque clara y valiente también se sofoca en la nada y la falta de sentido... En su tono de voz no deja de observarse una cierta amargura y enfado y, a pesar de la simpatía que despierta su protesta, en ella también se observa su desengaño. Efectivamente, algo que caracteriza a todos los que llegan al castillo de Antonius es la soledad y la falta de amor. Efectivamente, Antonius y su escudero Juan, su esposa Karin (Inga Landgré) a la que reencuentra en el castillo, la misteriosa joven (Gunel Lindblom) que no habla y que acompaña a Juan, y la pareja representada por el herrero (Ake Fridell) y su mujer Lisa (Inga Gill), son seres que llegan al final sólos y sin amor. Sin amar ni ser amados. Quizá esta sea la clave de la cuestión cuya respuesta debemos buscarla en otros protagonistas de la película: los juglares o comediantes.

III. LOS JUGLARES: AMOR E INOCENCIA.

Efectivamente, los juglares o comediantes son el "aire fresco" que recorre el general tono sombrío de la película con la muerte como protagonista y el desvarío religioso por el otro. Sus protagonistas no en vano se llaman José (Nils Poppe) y María (Bibi Andersson) que junto con su pequeño hijo Miguel y otro comediante llamado Jonas (Erik Strandmark) viajan en su carro dando representaciones de un pueblo a otro.

Representación de los juglares
José, María y su hijo Miguel representan los únicos personajes entre los que el amor está presente, el amor entre ellos y el amor a su hijo, también el amor a los que a ellos se acercan y a su vocación de llevar alegría y diversión... En una de las escenas de la película sorprende el contraste entre su espectáculo que, de repente, se ve interrumpido por la procesión de penitentes con todo su desfile de atrocidades. Todo un mundo de sufrimiento, horror, culpa y castigo. Y de entre entre ellos surge un monje que lanza un discurso absolutamente anti-vida, culpabilizador y castigador.

Procesión de los penitentes.

La ligereza de los juglares, su humor y espontaneidad contrasta con toda esa densidad con la que se carga el oscurantismo y el sadismo religioso.

Es precisamente con ellos con los que Antonius vive uno de esos contactos gozosos con la vida. el único momento donde el caballero parece darse cuenta de lo importante que es el amor y el amistad:

La fe es un grave sufrimiento. Es como amar a alguien que está fuera en las tinieblas que no se presenta por mucho que se le llama. Sentado aquí, con vosotros, que irreales resultan estas cosas. Pierden su importancia [...] Siempre recordaré este día. Me acordaré de esta paz, de las fresas y del cuenco de leche, de vuestros rostros a esta última luz. Me acordaré de Miguel así dormidito y de José con su laúd. Conservaré el recuerdo de todo lo que hemos hablado. Lo llevaré entre mis manos, amorosamente, como se lleva un cuenco lleno de leche hasta el borde... Me bastará este recuerdo como una revelación.

Amistad con los juglares

"Me bastará este recuerdo como una revelación" es como un pequeño momento de claridad de nuestro atribulado caballero que de repente parece comprender cuan importante es aprovechar el momento presente ante el cual los más densos pensamientos se hacen pequeños y se apaciguan. En este momento se le pueden aplicar a Antonius la reflexión que al respecto hace Claudio Naranjo:

tales quejas y lamentos no son más que un mal juego que jugamos con nosotros mismos - un aspecto más del hecho de rechazar el éxtasis potencial del ahora. En el fondo, estamos donde queremos estar, estamos haciendo lo que queremos hacer, aun cuando equivalga a una tragedia aparente. Si podemos descubrir nuestra libertad dentro de nuestras esclavitud, también podemos descubrir nuestra alegría esencial bajo la cubierta de victimización. [3]

José y María, aun a pesar de vivir rodeados del terror de la muerte que la peste representa sea cual sea el lugar al que vayan, parecen instalarse en vivir en la ligereza de la alegría del momento sobreponiéndose con ella al pensamiento trágico con el que suele apegarse nuestra mente cuando se dan las circunstancias. El ideal de que el mundo o la vida son buenos depende, como en tantas cosas, de como participa en él el participante... y, fundamentalmente, de la aceptación del presente y de la actitud con la que éste se afronta. En esta reunión de los juglares con el caballero y su escudero, María parece dar una lección a Antonius cuando tras hablar de lo hermosa que es la amistad, Antonius se queja de que dura poco, a lo que María le responde: "Como todo. Un día sucede al otro. Todo tiene su atractivo". El sentimiento de lo trágico, que estudiamos en detalle en las entradas dedicadas a la película de Orson Welles El proceso de Kafka, deriva de ese apego al aspecto sombrío de la vida, a sus dificultades y contrariedades así como al sentimiento de impotencia con el cual afrontamos las circunstancias.

IV.  MUERTE Y SENTIDO: camino hacía la totalidad psíquica y existencial.


Entendiendo la muerte como un aspecto de la vida humana que la interroga, y tal y como nos van mostrando los distintos personajes de El septimo sello, podemos establecer una relación entre la muerte y la existencia, y entre esta y la totalidad psíquica a la que, como dijo Jung, tiende nuestra psique a la vez que también nos resistimos a ello, o en palabras de Claudio Naranjo: Siempre estamos buscando terminar lo inconcluso, completar la gestalt incompleta y, sin embargo, siempre estamos evitando hacerlo [4] - Gestalt puede traducirse como totalidad -. En el libro Un mago de Terramar, su autora, Ursula K. Leguin nos dice en un momento de la aventura:

... a medida que un hombre adquiere más poder y sabiduría, se le estrecha el camino, hasta que al fin no elige, y hace pura y simplemente lo que tiene que hacer...[5]

Ese hacer pura y simplemente lo que tiene que hacer sería esa consideración de la existencia como una gestalt completa, en el sentido de que el hombre de sabiduría no se interrumpe neuróticamente y, en consecuencia, se gestiona con las frustraciones externas: hace lo que tiene que hacer. Y por lo tanto, en la medida en que somos capaces de desarrollar nuestra vida y hacemos lo que tenemos que hacer, esa vida va tomando forma, una forma existencial por la que, progresivamente, nos sentimos más satisfechos con ella. Para mí, una de las descripciones más realistas e impactantes en ese aspecto gestáltico de la existencia proviene de C. G. Jung, quién en su libro de memorias – escrito en colaboración con Aniella Jaffé – nos dice, ya hacia al final de su vida, y en relación con ella:

Estoy contento de que mi vida haya transcurrido así. Fue una vida rica y me ha aportado muchas cosas. ¿Cómo hubiera podido esperar tanto? Fueron cosas puramente inesperadas las que sucedieron. Mucho hubiera podido quizás ser de otro modo, si yo mismo hubiera sido otro. Pero fue como debía ser; pues es por ello que soy como soy. Mucho ha surgido intencionadamente y no siempre resultó ventajoso para mí. Sin embargo la mayoría de cosas se han desarrollado naturalmente y por la intervención del destino. Me arrepiento de muchas tonterías que han sido causadas por mi obstinación, pero sino hubiera sido por ellas no hubiera alcanzado mi objetivo. Así pues, estoy desilusionado y no estoy desilusionado. Estoy desilusionado de los hombres y de mí mismo. He aprendido cosas maravillosas de los hombres y yo mismo he logrado realizar más de lo que me esperaba. No puedo formarme un juicio definitivo porque el fenómeno de la vida y el fenómeno del hombre son demasiado grandes. Cuanto más avanzaba en edad menos me comprendía, o me reconocía o sabía de mí.


De mí estoy asombrado, desilusionado, contento. Estoy triste, abatido, entusiasmado. Yo soy todo esto también y no puedo sacar la suma. No estoy en condiciones de comprobar un valor o una imperfección definitivos, no tengo juicio alguno sobre mi vida ni sobre mí. De nada estoy seguro del todo. No tengo convicción alguna definitiva, propiamente de nada. Sólo sé que nací y existo y me da la sensación de que soy llevado. Existo sobre la base de algo que no conozco. Pese a toda la inseguridad, siento una solidez en lo existente y una continuidad en mi ser.[6]

Contemplado desde esa perspectiva de completitud – que incluye la incompletitud -, de formación – que incluye lo no formado -, la definición de Gestalt o Totalidad incompleta deviene en la dificultad de un ser humano para realizar su existencia, entendida esa existencia como aquella que surge del desarrollo de la propia  experiencia. En ese caso la existencia es más pobre, más incompleta, en tanto en cuanto un ser humano está más bloqueado para experienciarla, una pobreza relacionada con  la dificultad para ganar experiencia - propio de lo neurótico -. En consecuencia, tanto más completa es la vida cuando se “llena” de experiencia, o en las siempre lúcidas palabras del poeta:

                                          Pide que tu camino sea largo.
                                          Que numerosas sean las mañanas de verano,
                                          En que con placer, arribes a bahías nunca vistas.
                                           …
                                         
                                          Ten siempre a Itaca en la memoria.
                                          Llegar allí es tu meta.
                                          Más no apresures el viaje.
                                          Mejor que se extienda largos años;
                                          y en tu vejez arribes a la isla
                                          con cuanto hayas ganado en el camino,
                                          sin esperar que Itaca te enriquezca.

                                          Itaca te regaló un hermoso viaje.
                                          Sin ella el camino no hubieras emprendido.
                                          Más ninguna otra cosa puede darte.

                                          Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
                                          Rico en saber y vida, como has vuelto,
                                          comprendes ya que significan las Itacas [7].


Ante la muerte

Cuando nos atrevemos a interrogar nuestra vida a la luz de la consciencia de la muerte se comprenden muy bien los versos de Kavafis así como los de Machado:


Caminante, son tus huellas
El camino, y nada más;
Caminante, no hay camino,
Se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
Y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
Se ha de volver a pisar.[8]


Hay, en el sentido que aquí mostramos, un claro paralelismo entre la idea de gestalt como tendencia a realizar la propia existencia con el principio de individuación de Jung, quién lo define como:

El proceso de formación y particularización de los seres individuales y, en especial, el desarrollo del individuo psicológico como ser distinto de lo general, distinto de la psicología colectiva. La individuación es, por tanto, un proceso de diferenciación cuya meta es el desarrollo de la personalidad individual. La necesidad de individuación es una necesidad natural, en cuanto que impedir la individuación mediante normas inspiradas preponderantemente o casi exclusivamente en criterios colectivos significa perjudicar la actividad vital individual. [9]

Lo cual no es a costa de la colectividad, sino que el proceso de individuación conlleva a relaciones más amplias e intensas:

El proceso de individuación tiene dos aspectos principales: por una parte es un proceso interno o subjetivo de integración; por otra es un proceso objetivo de relación  igualmente imprescindible. Lo uno no puede ser sin lo otro, aunque el primer plano lo ocupe ora lo una, ora lo otro.[10]

No parece pues extraño que la vida relacionada con el ganar experiencia sea aquello que le confiere sentido, tanto en el de la totalidad psíquica como en el sentido entendido como camino de propia vida. La consciencia de la muerte como interrogadora de la vida nos indica que no nos distraigamos y que mal negocio es "dejar para mañana aquello que puedes hacer hoy" teniendo en cuenta que ni tan siquiera esto puede considerarse una sentencia definitiva, pues considerada como sentencia, tiene también sus obvias excepciones...


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[1] Kierkegaard, Soren. Las obras del amor. Sígueme ediciones,pág.413
[2] Naranjo, Claudio. La vieja y novísima gestalt. Actitud y práctica. Editorial Cuatro Vientos, pág. 44
[3] Ídem anterior, pág. 50
[4] Ídem anterior, pág. 46
[5]  Le Guin, Ursula K. Un mago de Terramar (Libro I de Los Libros de Terramar). Minotauro.
[6] Jung, C. G. Recuerdos, sueños, pensamientos. Biblioteca breve. Seix Barral.
[7] Kavafis, Constantino. Poesías Completas. Traducción de José María Alvarez. Poesía Hiperion.
[8] Machado, Antonio. Campos de Castilla – CXXXVI – Proverbios y cantares.
[9] Jung, C. G. Tipos psicológicos. Definiciones. Edhasa.  Par. 854
[10] Jung, C. G. Psicología de la transferencia. Obras completas Vol. 16. Editorial Trotta. Par. 448



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domingo, 22 de abril de 2012

FRESAS SALVAJES Y EL MENSAJE DE LOS SUEÑOS

En uno de los momentos de esta película de Bergman se produce el siguiente diálogo entre su protagonista Isak Borg (en una extraordinaria interpretación de Victor Sjöström) y su nuera Marianne (Ingrid Thulin)
Marianne: ¿Has dormido bien?
Isak:           Si… pero soñando. Estos últimos meses he tenido los sueños más extravagantes… Sencillamente ridículos.
Marianne: ¿Cómo ridículos?
Isak:           Es como si yo mismo me dijera algo que despierto no quiero oír.
Marianne: ¿Qué es?
Isak:          Que ya estoy muerto.


Nos sirve así esta introducción para hablar un poco del papel de los sueños en el mundo psíquico, para lo que esta película, excepcional para mi, constituye un buen ejemplo, dado que hay dos momentos en ella en las que son un recurso utilizado por su director para tratar el tema que nos plantea el anciano Doctor Borg, quien ya hacia el final de su vida es llevado a rememorar cómo esta se ha dado y cómo él ha pasado por ella.
1. SOBRE FRESAS SALVAJES.
Ingmar Bergman, 1957
Junto al Séptimo sello – con la que estuve dudando si escribir sobre ella antes que la que aquí nos ocupa – fueron las dos primeras películas que vi de Bergman. El séptimo sello fue la primera. Debía tener catorce años y la pasaron como película de “Semana Santa”. En aquellos tiempos, tiempos aun de Franco y Arias navarro, del peso de la Iglesia, sorprende que los censores – a los que me imagino de pocas luces – dejaran colar este película entre las de siempre, es decir, Ben Hur, Moisés, La túnica sagrada, Rey de reyes, La historia más grande jamás contada y otras películas clásicas de historias bíblicas. Quedé impactado sobretodo, y en esa primera visión, por la estética de la película, no sólo a nivel de imágenes sino también de ideas… Al cabo de dos o quizá tres años tuve la ocasión de visionar la película que aquí nos trae: Fresas salvajes. Rodada por Bergman en 1957 causó un profundo impacto emocional en mí. La historia de Isak Borg, interpretada de una manera tan delicada y profunda por el actor, guionista y también director sueco Victor Sjöström – pionero del cine mudo en su país -, y que fue la última película en la que participó muriendo tres años después, en 1960, a los ochenta y un años.
2. SOBRE LOS SUEÑOS.
Empezaré por un aspecto que me parece importante señalar acerca del mundo de los sueños, aquello que nunca deja de sorprenderme: la resistencia que la conciencia ordinaria ejerce sobre ellos. Esta resistencia, que se manifiesta primero en la dificultad de recordar los sueños, segundo en la facilidad con la que una vez recordados vuelven a ser olvidados y, por último en la dificultad de otorgarles significación, nos permite reflexionar sobre un hecho que aunque conocido, impacta aun más con el fenómeno de los sueños: como lo neurótico nos aparta de nuestra verdad más profunda, y el esfuerzo de esta verdad por llegar a nuestro yo desde un más allá de él, desde un self  (un sí mismo, el ser) que evidentemente es más que el yo. En este sentido el sueño se erige en el reflejo de un espejo mágico que refleja más de aquello que el yo se cuenta.
El camino que los sueños nos ofrecen se constituye en un camino con un claro objetivo: el progresivo esclarecimiento de la conciencia ordinaria, entendida esta como una consciencia restringida y distorsionada.  E insisto en esa idea de consciencia ordinaria – que Freud llamaría conciencia moral -, porque ella nos acerca a una visión que me resulta original, y es que la existencia de los sueños y el testimonio que dan de la dinámica inconsciente pone de relieve que, en un estado como el del sueño, accedemos a una consciencia que menos distorsionada, se da cuenta y refleja más la totalidad de nuestro  ser.  Lo sorprendente es que los sueños dan testimonio de que esta consciencia ya está…  De que el espejo que refleja nuestro ser ya es,  tan sólo que en lo ordinario está perturbada por el efecto distorsionador de la neurosis.
Otra de las cosas más sorprendentes con el mundo de los sueños es que el reflejo en la conciencia de aquello que soy en cada instante modifica o transforma el yo. Creo que ese es uno de los fenómenos más sorprendentes del trabajo con sueños como diferencia de un trabajo más centrado sobre el yo, que implica una noción más “muscular” del proceso terapéutico. El impacto del sueño es de doble efecto: la revelación y la revelación que proviene de sí mismo. Pero, y ese es un tema importante en el trabajo con los sueños, ese doble impacto causa transformación si es sostenido, si el trabajo con los sueños es regular y constante. No hay duda que el trabajo puntual de un sueño ofrece claridad… pero el efecto transformador, el efecto de cambio que proviene del propio inconsciente parece venir del contacto comprometido con él. Los que trabajamos con nosotros mismos a través de los sueños sabemos de la importancia de la serie de sueños que durante un tiempo parece trabajar sobre un núcleo particular que es nuestro emergente vital… Su efecto es como el de un estilete o una perforadora que, poco a poco pero sin pausa, va profundizando más y más hasta llegar al encuentro con esa verdad profundamente perturbadora a la vez que reveladora.


2. EL PRIMER SUEÑO: LA SENSIBILIZACIÓN.

El inicio de la película ya nos da una pista de su protagonista, el doctor Isak Borg, cuando en lo que podemos considerar su presentación, y como primera frase de la película se nos cuenta lo siguiente:

Las conversaciones suelen reducirse a comentar y censurar la manera de ser y el comportamiento del prójimo y esto ha sido lo que me ha llevado a renunciar de manera rotunda a esa vida social.

He pasado toda mi vida sobrecargado con un trabajo agobiante, pero me siento satisfecho de haber vivido así. Al principio ese trabajo era para mí un medio de ganarme el pan, pero al fin me llevó a un profundo amor por la ciencia.

Luego sigue una breve presentación, a través de sus fotos, de su hijo, su madre y su esposa ya fallecida en la que ya se observa una cierta insatisfacción.

La primera frase deja traslucir una sospechosa “proyección”, a la que si aplicamos esa técnica gestáltica de trabajo con las proyecciones ,que es “la reapropiación de la proyección”, nos lleva a considerar que quien probablemente es un censurador de los otros es el propio Isak, como posteriormente se confirma en una conversación que mantiene con Marianne. La segunda frase podría contemplarse como una “afirmación” de características parecidas al mecanismo de defensa de la “negación”, es decir, la misma afirmación pone de relieve que esa satisfacción sobre la propia vida quizá no es tan evidente. Es lo que se observa en esta sutil diferencia con la que habla de su amor por la ciencia y que hay de ese amor en relación a los miembros de su familia.

También se define como un viejo pedante que, como consecuencia, también ha “causado molestias más de una vez tanto a mismo como a los que viven junto a mí”, y para finalizar nos anuncia que en la catedral de Lund se va a celebrar su jubileo doctoral. Es decir, el reconocimiento a su trayectoria profesional. En ese momento Isak no sabe que debido a un sueño también se va a plantear cómo ha sido su trayectoria vital y afectiva. Y tras esta presentación sobreviene inmediatamente el primer sueño de Isak:

He soñado que durante mi paseo matinal me perdía en un barrio de la ciudad totalmente desconocido para mí y erraba por calles desiertas con casas en ruinas…

Escena del primer sueño


Ando por la acera de la calle y veo una farola, a su lado hay un reloj colgado de una pared… Lo observo y veo que no tiene manecillas, y que bajo él hay dos ojos con unas lentes, como si me observaran. Miro entonces mi reloj… tampoco tiene manecillas. Suena un tic tac que parecen latidos del corazón y me empiezo a agobiar…

FOTOGRAMA 2

Sigo andando y veo las casas a mi alrededor… tienen las ventanas y las puertas barradas con tablas de madera…

FOTOGRAMA 3

Me vuelvo hacia atrás, pero no veo más que otras calles solitarias. Al darme la vuelta veo al lado de la farola, bajo el reloj, la figura de un hombre de espaldas. Me acerco a él y le pongo la mano sobre su hombro izquierdo. Me asusto cuando se da la vuelta y contemplo su rostro, un rostro como apretado con los ojos y la boca fuertemente cerrados, con los oídos tapados… Lego se derrite ante mi convirtiéndose en agua. Suenan campanas…

FOTOGRAMA 4

Sigo andando hasta llegar al final de la calle. De la que la cruza veo bajar una carroza de funerales tirada por caballos y sin conductor… La sigo y la veo avanzar hasta que la rueda trasera se traba con el pie de la farola. Los caballos tiran y tiran hasta que la rueda cede y un poco más y me atropella. La carroza se desequilibra y el ataúd que transporta cae. Luego la carroza sigue arrastrada por los caballos. Veo entonces una mano que sale del ataúd. Me acerco lentamente. La mano de repente se empieza a mover y se dirige hacia la mía… Me la coge. Yo forcejeo para soltarme, pero ella me retiene. En el forcejeo poco a poco va apareciendo el rostro del muerto… ¡Mi propio rostro! Aterrorizado quiero soltarme.

FOTOGRAMA 5

Obviamente este sueño nos muestra un estado psíquico de nuestro protagonista caracterizado por la soledad (las calles vacías) y la represión (la imagen del hombre con el rostro apretado – ver fotograma 4 – es una imagen evidente), y todo frente a este llamado de alarma que constituye la muerte en dos sentidos, en el sentido de la muerte real representada por los relojes sin manecillas – el tiempo se acaba, ver fotograma 3 -  y el de la muerte en el sentido en que el propio Isak se reconoce como muerto en vida – ver fotograma 5 - en la conversación con Marianne con la que hemos iniciado el presente comentario. No deja, en este sentido, de ser interesante la imagen del hombre de rostro apretado deshaciéndose en agua como un claro símbolo del mundo emocional reprimido por Isak.
Los ojos con lentes bajo el reloj vienen a indicarnos también el tiempo de “darse cuenta”, precisamente porque el tiempo se acaba. Un elemento interesante del sueño, dentro de todo este ambiente de soledad, se trata de las casas con puertas y ventanas barradas con láminas de madera, lo cual nos hace pensar inevitablemente en qué no se quiere ver o no se ve en el interior de casa. La casa, en términos simbólicos, la podemos entender de dos maneras que están relacionadas entre si: en primer lugar como el mundo interno, lo cual nos  indicaría la dificultad de Isak para mirar a ese mundo interno que los sueños tratan de hacerle consciente, como también, y en segundo lugar, qué ocurre en el interior de la casa propia o familiar y que quizá tampoco se quiere ver. Obviamente hay una relación especular ante las dos proposiciones, en el sentido en que ambas se realimentan como veremos a lo largo de éste comentario.

Finalmente la escena en la que el Isak muerto forcejea al Isak soñante es un buen ejemplo de como esa consciencia de orden superior reclama a la consciencia ordinaria reconocer aquello que se halla reprimido. Veamos que desarrollo tiene esto en la película.

3.  EL VIAJE COMO ITINERARIO EXISTENCIAL.

A raíz del sueño Isak decide acudir a Lund en coche en lugar de volar en avión… Marianne, su nuera, quien reside momentáneamente con él a raíz de una también momentánea separación de su hijo Evald (interpretado por otro de los actores clásicos de Bergman, Gunnar Björstrandt) debido a que ella esta embarazada y él no quiere el hijo. Ella pide acompañarle en ese viaje en coche, inicio de un viaje que será finalmente un viaje existencial para Isak. Como ocurre normalmente con la consciencia, el viaje en coche sustituye al avión, pues la consciencia requiere cierta lentitud, el darse cuenta requiere tiempo y la paciencia que permite apreciar el detalle necesario.

En este viaje van a ir sucediéndose una serie de paradas, cada una de ellas significativa en distintos niveles. Quizá la primera cuestión importante es la descripción que hace Marianne de Isak al principio del viaje cuando éste le pregunta que tiene en contra de él:

Pues que no eres más que un viejo egoísta. Eres de lo más desconsiderado y no te ocupas más que de ti. Pero sabes ocultarte de esto tras una máscara de buenos modales y hasta de caballerosidad. Tú no eres más que un egoísta aunque en discursos y papeles te llamen el gran amigo de la humanidad. Somos nosotros los que sabemos lo que tú eres de verdad […] Eres inflexible en tus criterios papaíto. Debe ser horrible depender de ti para lo que sea.
Concreta y concisa descripción de alguien que vive cerca de él… Así empieza a tejerse la relación con Marianne quién parece jugar el papel del arquetipo del ánima para Isak guiándole hacia su propio inconsciente.
- Primera parada: la casa de verano de la infancia y juventud.
Así, de esta manera, toma el primer punto de parada en el camino para enseñarle a Marianne la casa en la que pasó los veranos en su infancia y juventud. Ahí, y en el lugar donde crecen las fresas salvajes, Isak tiene esa mezcla de recuerdos y tomas de conciencia.
Isak en la casa de verano: Fresas salvajes

Aparece aquí su amor de juventud, su prima Sara (interpretada por Bibi Andersson). Son novios, pero Sara es también cortejada por Sigfrid, el hermano de Isak. Es evidente que a ella también le agrada a pesar de la culpa que siente por Isak. Luego Isak aparece contemplando una escena familiar en la que Sara es descubierta en alguno de sus devaneos con Sigfrid… Se levanta y sale llorando. Es entonces cuando Isak oye de sus labios las siguientes palabras dichas a su hermana Charlota:
Isak es muy considerado. Es sumamente delicado, tan lleno de ternura y tiene principios. Quiere que pasemos el rato leyendo poesías y hablando también de la vida futura. Le gusta que toquemos el piano a cuatro manos. No quiere besarme más que cuando está a oscuras y me está hablando siempre del pecado. Yo creo que él está a una altura tan enorme sobre mí… y yo me veo tan baja… ¡tan baja que no puedes tener idea de lo que siento! Pero, a veces tengo la impresión de que yo soy mayor que Isak… No se si me entiendes. Es que a veces me parece que él es todavía un niño. Los dos tenemos la misma edad… por otra parte resulta que Sigfrid es tan fresco y tan malo…
Isak vuelve en si lleno de vacío y de tristeza, justo cuando una jovencita, Agda (Jullen Kindhal) le pide si la puede llevar a Lund junto a dos jóvenes más, Anders y Viktor que, de cierta manera, reviven con Agda una problemática parecida a la que Sara tuvo con Isak y Sigfried.

Las fresas salvajes (como la desviación o la metonimia en los sueños) devuelven a Isak a su primer amor en el que ya se manifiesta su dificultad en el terreno pasional y erótico que parece compensar con esa caballerosidad y buenos modales que Marianne le desvela como máscara tras la que se oculta su egoísmo y frialdad. Finalmente Sara le dejará por Sigfrid…

- Segunda parada: el accidente  y el matrimonio Alman.

Tras partir de la casa de verano nos encontramos con la siguiente parada, esta forzada, aunque no menos simbólica, a través de un accidente en la carretera. En esta ocasión nos encontramos con otra pareja – uno de los grandes temas de Bergman -, el matrimonio Alman, una pareja que desde el primer momento se observa su relación sadomasoquista basada en el continuo menosprecio y humillación mutua. Es tanta la tensión que crean en el coche que, ante la presencia de los jóvenes, Marianne decide que lo abandonen.

El matrimonio Alman

- Tercera parte: en la gasolinera del matrimonio Akerman.
En esta ocasión nos encontramos con dos aspectos a considerar. Isak para en una gasolinera de un pueblo en el que había trabajado en su juventud como médico. La contrapartida del matrimonio Akerman, que está esperando un hijo, sirve como introducción de un elemento que ya estaba presente en El séptimo sello: la importancia de lo sencillo. De repente Isak se encuentra con el agradecimiento de Henrik Akerman, quien a parte de decirle al doctor que quiere ponerle su nombre al niño, no quiere cobrarle la gasolina aduciendo que: “Escuche doctor, nosotros no olvidamos muchas cosas que no se pagan con gasolina […] No hay más que preguntar a los que viven en el pueblo o los alrededores. Todos se acuerdan del doctor y lo que hizo por ellos.” Un Isak entre emocionado y como ido dice entonces: “Quizá no debí salir nunca de aquí”. Inmediatamente le pregunta a Henrik qué a dicho, a lo cual este le responde lo mismo, añadiendo Isak: “¿He dicho eso? Pues creo que es verdad”. Es decir, quizá no debí irme de allí donde era apreciado, querido y reconocido. Aunque este es un punto importante, no querido y reconocido como hombre de ciencia, querido y reconocido como ser humano. No como “amigo de la humanidad” sino como amigo de otros seres humano concretos.
Isak con el matrimonio Akerman

Veamos pues que nos encontramos ante dos tipos de reconocimiento: el reconocimiento académico y el reconocimiento humano. Una declaración insospechada sale de sus labios, no consciente, le lleva a decir a Isak que quizá nunca debería haber abandonado éste último tipo de reconocimiento más cálido, más cercano en detrimento del profesional y de prestigio.

- Cuarta parada: visitando a la madre.
En esta parada asistimos al encuentro de Isak con su madre acompañado de Marianne. Es este un encuentro que nos muestra la rigidez y frialdad de ella, que tiene su momento clave cuando le muestra a Isak el reloj de oro de su padre, un reloj sin manecillas igual que el que aparece en el sueño y le dice, justo en ese día que recibe su jubileo, que piensa regalárselo a un nieto hijo de una hermana de Isak. Se puede observar en Isak la expresión de contrariedad ante esta decisión. En todo momento se puede también observar el rostro de desagrado de Marianne ante esta mujer. Posteriormente, y ya fuera de casa de la madre, Marianne le dice a Isak:
Cuando te vi junto a tu  madre me asaltó un miedo completamente irracional […] Yo pensé: “esta es su madre, viejísima y acartonada, fría como el hielo. Más horripilante aun que la misma muerte. Y junto a ella su hijo, pero están separados por distancias astronómicas. Dice estar muerto aunque vive todavía y pienso en Evald, que está camino de petrificarse y helarse, y pienso en mi hijo que vive en mi corazón y compruebo que por cualquier camino no hay más que frialdad y muerte y soledad, pero todo tiene que marchar hacia un fin…
la madre de Isak 

Marianne le cuenta a Isak que vuelve para decirle a Evald que quiere tener a su hijo aunque ello le cueste perder aquello que más quiere… Cuenta que no quiere que su vida termine como la del matrimonio Alman, aquel que recogieron tras el accidente, a lo que Isak responde: “Yo también estaba pensando en ellos, también me han recordado mi vida matrimonial”.
Se perfila aquí el efecto que ha tenido sobre Isak la frialdad que su madre le deparó y la màs que probable presencia de un padre “débil”. De hecho no aparece en la película para nada y se le menciona en función del reloj de oro que cita la madre. La construcción caracteriológica de tipo obsesivo que como una coraza esconde su dolor y su tristeza. Una construcción caracteriológica que, como le di de Marianne, bajo una máscara de amabilidad y caballerosidad se esconde la desconsideración, el egoísmo y la inflexibilidad.
4. EL SEGUNDO SUEÑO: LA TOMA DE CONSCIENCIA.
De camino hacia Lund, Isak se duerme en el coche y vuelve a soñar, si bien antes nos cuenta que “en mi sueño me vi asaltado por una serie de fantasmas que me parecían tangibles y que me  humillaban, y no puedo negar que en aquellos sueños había algo poderoso que agobiaba a mi consciencia de una manera insoportable.” Y el sueño empieza con el ruido de pájaros volando en bandada en un cielo oscuro y sobre la sombra de los árboles del bosque… ¿no nos recuerdan estos pájaros, los comentarios realizados sobre la película de Los pájaros de Hitchcock y el superyó materno? La estructura del sueño, y evidentemente por motivos cinematográficos, intenta estructurarse como tal si bien también manifiesta de manera explícita el significado existencial que tienen para Isak las imágenes del sueño: así se nos da el sueño y el significado en la misma narración. Podemos dividir el sueño en las siguientes escenas:
- Escena 1: Encuentro con Sara.
Tras el vuelo de los pájaros aparece el pote de las fresas salvajes sobre el prado en el que se las recogía. Luego Isak está sentado frente a Sara, su primer amor, quien le hace que se mire en un espejo que ella tiene… ¿Te has mirado en un espejo Isak? – le pregunta Sara -. Con muy duras palabras Sara le habla diciéndole que es un viejo asustado que no puede aguantar la verdad. Que ella tiene toda la vida por delante y que va a casarse con Sigfrid, lo que da pie al siguiente diálogo:

Sara (mostrándole su rostro en el espejo9: Mira la cara que se te pone… A ver si te puedes reir
Isak dibuja una sonrisa que no puede esconder su dolor…
Sara: ¡Pues si… te puedes reír!
Isak: ¡Esto duele tanto!
Sara: Siendo un médico tan eminente deberías saber porque te duele… Pero no tienes ni idea. Aunque tu sabes muchas cosas en realidad no sabes nada.
El reflejo de Isak en el espejo

Sara entonces le dice que se tiene que marchar a cuidar al hijo mayor de Mabel. Referencia al reciente suceso acontecido en el encuentro con la madre, en el que ella le manifiesta su intención dar el reloj de oro del padre a este mismo hijo de Mabel… Se sucede un monólogo de Sara en el que habla al bebé contándole como le protegerá y que no debe tener miedo “de los vientos, de los pajaritos, de las palomas ni de las gaviotas, ni de las olas del mar. Yo estoy aquí contigo”

Una clara referencia al amor y la protección materna que a Isak le faltó y que abre ese interrogante infantil que luego se arrastra a lo largo de la vida como una sospecha de qué hubo algo de mi para que mi madre no me quisiera, que no fuera objeto de su deseo, una pregunta que como un “fantasma” luego se arrastra a lo largo de la vida y, en especial, en relación a las mujeres. En Isak ese dolor de la madre, repetido luego con Sara, continuado, como veremos, en su relación matrimonial, se disfraza de esa máscara intelectual, aparentemente bondadosa y comprensiva que esconde su real voluntad de no afectarse, ese fondo finalmente frío y rígido, de estar, en cierta manera, “más allá de lo humano”.

Esta primera escena del sueño finaliza viendo Isak, a través de una ventana, el amor entre Sara y Sigfrid.
- Segunda escena: El examen.

Esta escena la podemos considerar el núcleo del sueño. El relato del sueño lo podemos estructurar, tal y como lo hicimos antes, de la manera que sigue:
La noche contrasta su oscuridad bajo las formas de las nubes y la luz de la luna que asoma entre ellas… Luego ando por el exterior de una casa hasta que llego a una puerta con cristaleras. Doy golpes llamando… Apoyo mi mano derecha sobre el marco de la puerta y la palma de mi mano nota la presencia de un clavo. Me miro la palma de mi mano. Aparece tras los cristales el señor Alman y la abre diciéndome: “Acérquese por favor, profesor Borg”

En los sueños, algunas veces,  los cambios que preparan  la llegada de un elemento doloroso o conflictivo a la consciencia, van ligados a cambios de luz o a la aparición de distintos efectos meteorológicos: pasar del día a la noche, una sensación general de oscurecimiento de las imágenes, o a veces también, como en el inicio de la otra escena, a oscuridad mezclada con brisa o viento, descenso de la temperatura, escalofríos, lluvia… En está imagen tenemos una representación de esto que decimos a través de las sombras que nos ofrecen los nubarrones en el cielo provocados por la luz de la luna: la consciencia empieza a iluminar, aunque sea como sombras, aquello que antes estaba indiferenciado. Y como primer símbolo de esta iluminación tenemos al señor Alman (el examinador) como proyección del propio Borg: el hombre que en la pareja es desconsiderado, cruel y egoísta en una relación de marcado carácter sádico-masoquista.
Yo entraba y seguía a Alman, tras sacarme el abrigo Alman abría una puerta y a través de un largo pasillo me llevaba hasta otra puerta que abre y entramos. La habitación parece entre una clase en la que hay sentados algunos otros hombres y mujeres. Alman se sienta tras un despacho y me dice: “Siéntese… ¿Ha traído su papeleta de examen?”. Yo respondo: “Si, aquí la tiene”. Tras darme las gracias me pide que identifique de qué bacterias se trata las que están en un microscopio. Me acerco al aparato pero veo como un ojo desenfocado. Le digo a Alman: “No veo nada. Parece que el microscopio no funciona bien”. Alman mira entonces a través de él y me dice que funciona perfectamente. “Pues yo no veo nada” – insisto -. “No ve” parece constatar enfáticamente Alman.

Luego me pide que lea un texto que hay escrito sobre una pizarra. Leo un texto extraño, como en una lengua que no conozco. Alman me pregunta qué significa, pero yo, extrañado, le respondo que no lo se. “Ya” dice Alman. Yo molesto le respondo: “¡Es un jeroglífico y yo soy médico! “Perfectamente – me responde Alman -, pero sepa usted que lo que está escrito es el primer deber de un médico. ¿Es que no sabe usted cuál es el primer deber de un médico? Yo le respondo que claro que si lo sé… pero luego, extrañado, no logro recordarlo… Alman me dice entonces: “El primer deber de un médico es pedir perdón”. Yo empiezo a reír y digo que claro que sí y riendo me dirijo al resto de la clase que permanece muy seria… Dejo de reír y al darme la vuelta hacia Alman le veo anotar sobre unos papeles a la vez que dice: “Otra vez es usted culpable de culpabilidad”.  Sumamente extrañado, como pidiéndole una explicación le digo: “¿Culpable de culpabilidad?”. A lo que Alman responde: “Hare constar que usted no ha comprendido la cuestión”. “¿Y esto es un agravante? – le pregunto -. “Desgraciadamente” me confirma Alman.
Tenemos en esta representación algunos elementos fundamentales de lo que podemos llamar la actitud de Isak con respecto a los aspectos “más sombríos” de su carácter: 

Así, la dificultad de ver a través del microscopio nos pone en contacto con la dificultad de querer amplificar estos aspectos del carácter que se disimulan generalmente a través de los mecanismos psicológicos de defensa, esas introyecciones (creencias) o desviaciones que hacen finalmente llamar a la rigidez tener principios, a la indiferencia aceptación, a la intolerancia y al egoísmo verdad, a la desconsideración y falta de respeto transparencia etc. Esas cosas que alguna vez nos tenemos que plantear cómo nos llevan a tratar a los otros seres humanos así como a nosotros mismos. 
En segundo lugar, la traducción ofrecida por Alman del texto ilegible como pedir perdón se asocia también a su valoración: culpable de culpabilidad. Este es el sentido de la pregunta de Isak acerca de si esto constituye un agravante. Sabemos que los mecanismos psicológicos de defensa trabajan en muchas ocasiones para evitar contactar con el sentimiento de culpa, lo que nos lleva a no tomar consciencia de las distintas manipulaciones o actitudes que ejercemos sobre nosotros mismos y los otros para precisamente evitar este doloroso sentimiento (como hemos visto en las entradas dedicadas a El proceso de Kafka). Se apunta aquí a la culpa de ser que probablemente embarga a Isak por el trato distante y frío que su madre le deparó y que, posteriormente introyectado como superyó materno, es el mismo trato que él se ofrece a sí mismo y que, a la vez, le ofrece a los demás como muy acertadamente le indica Marianne al principio del viaje: Tú no eres más que un egoísta aunque en discursos y papeles te llamen el gran amigo de la humanidad. Somos nosotros los que sabemos lo que tú eres de verdad […] Eres inflexible en tus criterios papaíto. Debe ser horrible depender de ti para lo que sea. Es decir, los que de verdad viven a su lado si sufren el otro lado de su manera de ser.
Nervioso me pongo agua en un vaso de una jarra y le digo a Alman: “¡Le recuerdo que estoy enfermo del corazón y soy un anciano señor Alman! ¡Le ruego sea considerado!” A lo que Alman simplemente me responde diciendo que en sus informes no se dice nada de mi corazón y me pregunta desafiante si es que quiero poner dificultades al examen.
Alman se levanta y encendiendo un foco me pide que haga un diagnóstico de una mujer – la mujer de Alman -. La inspecciono y extrañado miro a Alman diciéndole que está muerta. De repente la mujer empieza reír como una poseída… Al apartarme veo a Alman escribiendo sobre uno papeles y le pregunto acerca de la nota que me va a poner. “Incompetente” – es su escueta respuesta -. Y ante mi insistencia en que esto no puede ser, Alman añade: “A parte profesor Borg se le acusa de otra porción de cosas que parecen menudencias pero son gravísimas: insensibilidad, egoísmo, falta de  consideración – yo no lo puedo creer -… Son quejas presentadas por su esposa.
Esta parte hace referencia (no en vano la proyección en el sueño hace referencia a la mujer de Alman) a la situación vital que vivió con Karin, su mujer, cuando ésta parece que le engañaba con otro hombre… Una vez más aparece una situación  real, mezclada con el sueño, que Isak pudo observar y escuchar en directo, oculto entre unas ramas tal como le observa Alman, y donde otro hombre más apasionado, deseante, como antes Sigfrid, está ahora con su mujer, y como antes ya dijo Sara en el sueño, y estaba implícito en su recuerdo durante el viaje, ahora reaparece, más duramente, en las palabras que pronunció su mujer:
“Ahora iré a casa y se lo contaré a Isak y se lo que el me dirá palabra por palabra: ‘Pobrecita mía, que lástima me das’ -como si él fuera el mismo dios -. Y yo me pondré a gimotear: ‘De verás te doy mucha lástima…’. Y el me dira´: “Yo siento un inmensa piedad hacia ti”. Y yo seguiré llorando un poco más y le preguntaré si el me puede perdonar. Y el me dirá: “No tienes que pedirme perdón. Yo no tengo nada que perdonarte”. Es más frio que un tempano. No siente nada de lo que dice. De pronto se pone tierno y yo le grito que no sea loco y que toda esta fingida generosidad me dan ganas de vomitar. Pero me dice que va a traerme un sedante, que no deje de tomármelo y que él lo comprende todo. Yo le digo entonces que toda la culpa es suya, y con una cara muy compungida se confiesa culpable de todo. Pero a él le importa todo un pito porque es un témpano.
Agitado Isak le pregunta a Alman dónde está su mujer, y Alman le responde con crudeza: “Ya lo sabe. Se fue. Todos se han ido. Todo es silencio. Todo ha sido extirpado doctor Borg. Una obra maestra de cirugía. Sin dolor, sin convulsiones, sin hemorragia”. Isak pregunta entonces a qué pena se le condena, a lo que Alman responde: “No sé, supongo que a la de siempre […] LA SOLEDAD”. Un apenado Isak hace su última pregunta: “¿Y no habrá gracia para mí?”. A lo que Alman le responde que él no sabe de esas cosas. Isak despierta en el coche…
Implacable escena donde la aparente bondad de Isak se contempla en su lado más diabólico… Esa bondad que se transforma en una indiferencia final que parece hallarse más allá de lo humano, una roca helada de dolorosas aristas.

5. EL TÉMPANO QUE SE DERRITE.
El final de la película nos permite asistir a como en el propio Isak se va dando “la gracia”.  La consciencia siempre nos ofrece la oportunidad de reconocer la verdad más profunda: el daño que nos  infringimos nosotros mismos. El dolor del que se ha huido toda la vida construyendo una coraza que no ha hecho más que transformar este dolor en agua estancada desde la que ha dañado y se ha dañado… Esa soledad, que no es más que soledad de amor, de aprecio real es el daño que se impone Isak, que no es más que el daño que recibió de su madre – y su padre -, daño que se prolonga en su hijo Evald: ese daño que no es más que vivir LA SOLEDAD COMO AUSENCIA DE AMOR.
Tras pasar el jubileo se observa, poco a poco, un Isak más tierno de verdad en detalles muy sencillos: el deseo de que le escriban los tres jóvenes que le han acompañado (que le dedican vivas muestras de afecto en Lund), el deseo que su ama de llaves le tutee, de que ambos puedan tutearse, el deseo de hablar con Evald, de excusarle de una deuda económica que tiene con él, la satisfacción al oír de boca de su hijo que seguirá con Marianne y el hijo porque la ama demasiado como para perderla, y ese reconocimiento de aprecio sincero entre Isak y Marianne en una de las escenas más tiernas y cariñosas de la película.
LA ESCENA FINAL ENTRE MARIANNE E ISAK

Y finalmente, ya sólo en su cama, una escena bellísima en la que Sara, su primer amor – en una clara representación del arquetipo del ánima guiándole – le ayuda a “encontrar” a sus padres – ya que él no los encuentra – en un bello lugar desde el que ambos le saludan con la mano, finalizando la película con el rostro tranquilo de Isak, el rostro de haber encontrado finalmente el lugar de sus padres, el de su vida y el suyo propio.
LA ESCENA FINAL DE FRESAS SALVAJES

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