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martes, 19 de mayo de 2026

LA LARGA MARCHA (The Long walk, Francis Lawrence, 2025): La luz en la oscuridad y la oscuridad en la luz.


Ya comprendo que es morir - dijo de pronto Pearson -. Ahora lo comprendo. No la muerte en sí, a eso todavía no llego; pero entiendo qué es morir. Si dejo de caminar, punto final. [1]

La larga marcha (The Long walk, Francis Lawrence, 2025) fue una de las películas más sorprendentes del 2025. Basada en el libro del mismo título de Stephen King, escrita bajo el pseudónimo de Richard Backman [2], se sitúa en uno de los temas clásicos del autor que, en distintas formas, encontraremos posteriormente en libros como It, El resplandor, La cúpula o La niebla, y en las que distintos grupos humanos se ven expuestos a situaciones límite en espacios muy delimitados (Derry, El hotel Overlook, La cúpula que envuelve el pueblo de Chester's Mill, o un supermercado de la ciudad de Brighton, respectivamente). 

En esta ocasión, la historia nos sitúa en unos Estados Unidos distópicos, ante una competición seguida por todo el país, en la que participan jóvenes adolescentes. El objetivo es caminar sin detenerse, manteniendo siempre una velocidad mínima de unas tres millas por hora —aproximadamente cinco kilómetros por hora—, sin abandonar la carretera ni salirse de los límites establecidos. Cualquier infracción —reducir demasiado la marcha, detenerse, caer o salirse del trazado— comporta un aviso. Cada caminante puede acumular hasta tres avisos, y si después de ellos vuelve a infringir las reglas, recibe el “pasaporte”, es decir, es ejecutado por los soldados que acompañan la marcha desde vehículos militares - y a los que, con todo el sentido, llaman escuadrones - podríamos añadir de la muerte -. No obstante, si consigue caminar durante una hora sin recibir un nuevo aviso, uno de los avisos acumulados queda anulado. En la Larga Marcha no hay meta, siendo el ganador el último que permanezca caminando, es decir, el único superviviente al que, como premio, se le prometen grandes riquezas y un deseo.


El inicio de la Larga Marcha.

I. EL CONTEXTO

Sólo empezar la película, cuando Ray Garraty (Cooper Hofmann) es llevado por Ginnie (Judy Greer), su madre a la competición, escuchamos en la radio: 

Compatriotas, aún hoy, cuando se cumplen diecinueve años de la guerra que desgarró a esta gran nación, seguimos esforzándonos todos con la recuperación. Ahora pues, mientras observamos a 50 de nuestros mejores jóvenes prepararse para el desafío definitivo, unámonos en la reflexión y la esperanza. Damos las gracias al Estado por la oportunidad que nos brinda, y por el orden instaurado por el bien de la sociedad, y deseamos que nos devuelva la prosperidad. Rezamos por los pobres, por quienes pasan hambre, los desempleados y aquellos que carecen de hogar. Que podamos transformar la adversidad en esperanza, la escasez en abundancia y la división en solidaridad.


Pronto aparece la figura de "El Comandante" (interpretado por Mark Hamill - en las antípodas de Luke Skywalker, el héroe de Star Wars), al que ya vemos como una suerte de líder supremo, o de Gran hermano (1984 de Orwell), o como el representante de un sistema autoritario y opresivo que controla la sociedad censurando todo lo que no se ajusta a sus reglas.  Este les dice a los jovenes participantes:

Chavales. Hay que tenerlos bien puestos para apuntarse a esta competición y vosotros los tenéis, ahora ya sois hombres. Como sabéis, este país está sufriendo dificultades económicas desde la guerra, y organizamos la primera larga marcha hace años ya para motivar y restablecer el valor de la ética del trabajo. Todos los años, tras la competición, aumenta la producción. Tenemos los medios para recuperar nuestra antigua gloria. El problema ahora es la epidemia de pereza. Vosotros sois la respuesta, la larga marcha es la respuesta. Cuando esto se emita en todos los Estados, lo que inspirais seguirá haciendo crecer el producto nacional bruto. Vamos a ser los números 1 del mundo otra vez.


El Comandante

Como vemos, nos encontramos ante un régimen autoritario, militarizado y totalitario, que podríamos situar en la órbita de las formas políticas fascistas y, más ampliamente, totalitarias: culto al Estado, exaltación de la fuerza, disciplina del cuerpo, obediencia absoluta, propaganda patriótica y sacrificio de los jóvenes en nombre de una supuesta regeneración nacional.
La Larga Marcha se convierte así en una poderosa metáfora de ese tipo de régimen: una carretera que solo puede seguirse hacia delante, bajo unas reglas estrictas e inapelables, legitimadas por la vigilancia, la violencia y el espectáculo de masas.

El espectáculo es, en sí mismo, una expresión de la brutalidad obscena del sistema. Bajo el lenguaje aparentemente compasivo y redentor —“rezamos por los pobres, por quienes pasan hambre, los desempleados y aquellos que carecen de hogar”— se oculta una férrea voluntad de dominación. La promesa de transformar “la adversidad en esperanza” y “la escasez en abundancia” funciona como máscara ideológica: convierte el sufrimiento social en una liturgia de obediencia y el sacrificio de los jóvenes en motor simbólico de la nación.

Desde esta perspectiva, La Larga Marcha no es solo una competición mortal, sino una metáfora del aniquilamiento progresivo de la humanidad, la libertad y el espíritu. Los jóvenes no son únicamente participantes: son cuerpos ofrecidos al Estado, vidas reducidas a combustible moral, económico y propagandístico. La carretera deviene así una imagen terrible de una sociedad en la que detenerse, desviarse o caer ya no son posibilidades humanas, sino delitos castigados con la muerte.

II. LA CARRETERA.

En el libro de Stephen King hay un momento en el que Garraty, tras varias horas andando, y ya de noche, dice:

La oscuridad. La maldita oscuridad. A Garraty le parecía estar enterrado vivo. Emparedado. Faltaba un siglo para el amanecer. Muchos de ellos no lo verían. Estaban todos enterrados bajo dos metros de oscuridad. Solo faltaba la monótona salmodia del sacerdote, con su voz amortiguada pero no del todo apagada por la oscuridad que se cernía sobre aquel cortejo fúnebre. Y los presentes ni siquiera se daban cuenta de que ellos ya estaban allí, que estaban vivos y luchando y resistiendo en aquel ataúd de oscuridad; el aire era mohoso, se estaba volviendo ponzoñoso, la esperanza se difuminaba hasta no ser otra cosa que la propia oscuridad. [2]

Eso es, precisamente, la carretera: la oscuridad de una juventud desesperada que arriesga la muerte antes de haber podido vivir, con tal de obtener una oportunidad para salir de la miseria. Una posibilidad de vida que se levanta sobre cuarenta y nueve muertes. Ahí reside la perversión y la obscenidad del sistema: convertir la desesperación en espectáculo, la miseria en selección, y la supervivencia en justificación moral de la muerte de todos los demás.

Los soldados que acompañan la marcha encarnan también ese horror. Son figuras casi maquinales, impasibles, ejecutores sin rostro de una ley que no admite réplica. Hay algo en ellos de autómatas, de cuerpos vaciados de subjetividad, como si la violencia del régimen hubiera producido sus propios “terminators”: hombres que ya no miran a los jóvenes como seres humanos, sino como cuerpos que deben ser eliminados cuando dejan de cumplir la norma.


La maldita oscuridad

La carretera representa, así, aquello que la expresión “pasar por el aro” implica en los sistemas totalitarios: aceptar que solo hay una vía posible, una única salida autorizada, un camino que se presenta como oportunidad pero que exige, a cambio, la extinción progresiva de todo rastro de humanidad. En los gobernados, esa extinción se produce mediante el miedo, la amenaza, la humillación, la obediencia y la violencia; en los gobernantes, mediante la corrupción moral de un poder fundado en el desprecio por todo aquello que no se somete a la rígida uniformidad de su pensamiento. El resultado es que, ante el espectáculo obsceno de la Larga Marcha, una gran parte de la población participa alienada como público, ya sea en la carretera o ante sus televisores. Stebbins (Garret Warein), uno de los participantes dice ya hacia el final:

Deberíamos dejar de ser liebres, cerdos, cabras y borregos, y ser personas, personas de verdad, que sangran.

Por eso las palabras de Garraty parecen definir con exactitud la lógica simbólica de la carretera:

Cuando el sistema arrincona a la gente nos señala una salida y dice, es la única vía de escape y todos intentamos pasar por ahí. Nos convencen de que es la única solución, la más honrada. Aunque nos eligieron a 50 por sorteo, se juntaron todos los jóvenes del país y no exagero, todo dios se apunta a esto, aunque no sea algo obligatorio porque estamos en la hostia de desesperados.


Los soldados vacíos de subjetividad

III. EL PÚBLICO Y LOS PARTICIPANTES.

                                                        Todos los juegos son limpios si todo el mundo es engañado a la vez [3]
                                                                                                                  
Para cerrar estos elementos generales de La larga marcha, no podemos olvidar el papel fundamental del público, que en el libro de Stephen King tiene una presencia física mucho mayor que en la película, donde parece seguir la competición principalmente a través de la televisión. Como antes indicaba, en este tipo de regímenes políticos, una parte de la población queda enteramente alienada por el líder y por el poder autoritario mediante espectáculos colectivos que persiguen distintos objetivos: la mera distracción, la participación patriótica, una suerte de participation mystique, el fomento de la uniformidad de la masa frente al individuo y el pensamiento crítico, la devaluación de la cultura —presentada como signo de elitismo—, etcétera. En ese sentido, la película La ola resulta modélica para ilustrar estas dimensiones (pulsa aquí para ver comentario en este blog).

En el libro observamos con qué inconsciencia el público asiste a la marcha, como si no tuviera verdadera conciencia de que, excepto uno, todos los demás participantes morirán de una manera cruel e inhumana. Es más: parte de esa multitud parece movida también por el deseo de contemplar las ejecuciones de aquellos que ya no pueden seguir. Pete MacVries —el otro gran protagonista, junto a Garraty— responde así al enfado de este último ante la presencia de ese público, al que llama “animales”:

Los franceses se dedicaban a follar después de la ejecuciones en la guillotina. Los antiguos romanos llenaban las gradas de los circos durante los combates de los gladiadores. Es el espectáculo, Garraty. No es ninguna novedad [...] La muerte constituye un gran estímulo para los apetitos. [4]

Para finalmente reflexionar sobre su propio papel como participantes en relación con el público:

Lo fundamental es que los listos son ellos. No son ellos los arrojados a los leones. No son ellos los que se tambalean por el asfalto con la esperanza de no tener la urgencia de una meadita cuando tienes dos avisos [...] Ellos son animales, de acuerdo, pero ¿por qué crees que eso nos convierte a nosotros en seres humanos? [5]

La reflexión es espeluznante porque rompe la división cómoda entre espectadores embrutecidos y participantes inocentes. El público es brutal, sin duda, porque mira la muerte como espectáculo; pero los participantes han sido empujados a formar parte del mismo dispositivo que los destruye. No están fuera de la lógica del sistema: caminan dentro de ella. El régimen no solo domina a quienes obedecen desde las gradas o desde la pantalla, sino también a quienes creen que, participando, todavía pueden salvarse.

Desde esta perspectiva, el público cumple una función esencial: convierte la muerte en acontecimiento social. Su mirada legitima el sacrificio. Sin espectadores, la marcha sería solo una matanza; con espectadores, se transforma en competición, ritual patriótico y entretenimiento nacional. Ahí reside una de las dimensiones más obscenas del dispositivo: no basta con matar a los jóvenes; es necesario que la sociedad los mire morir, que convierta su agonía en relato, emoción y pertenencia colectiva.


La ejecución: ritual patriótico y entretenimiento nacional.

IV. LUCES EN LA OSCURIDAD.

Ray Garraty y Pete McVries son los protagonistas esenciales de la película. Alrededor de ellos se mueven los demás participantes, que irán siendo ejecutados hasta que finalmente solo queden ellos dos. Son también quienes aportan un poco de luz ante tanta oscuridad: dos historias marcadas por un hecho traumático que los lleva a participar en el espectáculo no solo por el dinero, sino también con la esperanza de cambiar las cosas, aunque desde motivaciones muy distintas. A Ray lo mueve la venganza; a Pete, el amor.


Ray Garraty y Pete McVries

Ray quiere vengarse del comandante por haber ejecutado a su padre, alguien que no comulgaba con las ideas del sistema, alguien que se resistía a ser un zombi, y que no quería que su hijo fuera otro, y así le cuenta a Pete:

Mi padre era mi héroe... En fin, siempre quería enseñarme cosas que podían meterlo en la cárcel. No sé, quería enseñarme libros de Nietzsche y Kierkegaard, de Mark Twain y Camus, y también música, música la hostia de Desinhibida y es que nada, él era así, era desinhibido. Y es que yo qué sé... yo quería aprender a la antigua y él me enseñaba, y eso ahora es ilegal. Si él pensaba que tenía un sistema, creía que iba con cuidado.

Pero un día los escuadrones entraron en su casa y el Comandante lo ejecutó ante él y su madre. Su padre se negó a jurar lealtad al Comandante y al régimen, y antes de morir le dijo: “¡Jamás olvides quién eres, Ray!”. La escena deja abierta una pregunta moralmente difícil: ¿se equivocó su padre al elegir morir y “abandonarlos”, como piensa Pete, o, por el contrario, ofreció a su hijo una última lección de coherencia y dignidad? La alternativa era terrible: humillarse ante el poder y ante su propio hijo, o morir fiel a sí mismo.

Sea como sea, ese acontecimiento marca a Ray. Si gana, se plantea pedir como deseo un fusil para ejecutar al Comandante y “cambiar las cosas como él quería”. No quiere que la muerte de su padre haya sido en vano.

Pete, por otro lado, es un idealista y un poeta. Apuesta por buscar la luz en la oscuridad, la belleza ante el horror, la intensidad del momento, el aquí y el ahora. No cree en la violencia; cree en el amor y en la bondad. También él ha sido herido por la vida: sufrió la pérdida temprana de sus padres, el maltrato violento de un tío alcohólico y, perdido por el mundo, llevó durante un tiempo una existencia marcada por la violencia. Pero tras una pelea que casi le cuesta la vida, su visión cambia: "Voy a buscar siempre la luz en esta puta oscuridad; si no, ¿para qué otra oportunidad?"

Pete no busca ganar por el dinero para él sino por lo que puede hacer con él: "Quiero ganar el premio para hacer algo bueno. Quizá ayudar a críos que estén como yo..."  Y, sin embargo, y como antes nos preguntamos con la muerte del padre de Ray, ¿se equivoca Pete al elegir  la belleza, el amor y la bondad” dejando que la oscuridad continue? ¿No es una mirada sesgada que pone paños a una herida que nunca sana)

Cada uno, a su manera, quiere cambiar las cosas. Ray quiere continuar el camino que su padre no pudo culminar: vengar su muerte y, con ello, derrocar el sistema, o al menos golpearlo en su figura máxima. Pete, en cambio, quiere evitar el sufrimiento de quienes, como él, han sido abandonados por ese mismo sistema. Ray se orienta hacia la justicia vengativa; Pete, hacia la reparación de daños. Uno quiere destruir al verdugo; el otro quiere salvar a los niños que podrían convertirse en nuevas víctimas.

Y, sin embargo, ambos conservan algo profundamente humano. En un mundo construido sobre la obediencia, la brutalidad y la desesperación, Ray no olvida el ejemplo de su padre, y Pete no renuncia al amor. Esa es la luz que ambos encarnan: la memoria de una dignidad que no se somete y la posibilidad de una bondad que no ha sido del todo destruida.


Exhaustos al final de la Marcha

V. LA ENANTIODROMIA: CUANDO,  EN EL EXTREMO,  LOS OPUESTOS SE INVIERTEN.

                                                                                   El héroe o la heroína es quien es capaz de  determinar 
                                                                                   cuál es la acción adecuada porque ve la totalidad, que 
                                                                                   es  más  vasta que el  bien y el mal. Su  heroísmo es su
                                                                                   su certidumbre. No  actúa  guiándose  por reglas, sino
                                                                                   que simplemente sabe que camino seguir. 
                                                                                                                                          
                                                                                                                                    (Ursula K. Le Guin) [6]

El final de la película nos deja con la llegada de Ray y Pete como los últimos y ya exhaustos supervivientes. La película nos ofrece un desenlace en el que se produce una especie de enantiodromía entre ambos personajes. Ray, que parecía caminar impulsado por la venganza, acaba sacrificándose para que Pete viva, cuando antes había sido Pete quien lo había intentado. Y ese sacrificio no lo aleja de su padre, sino que lo aproxima aun más a él de otra manera: ser fiel al mandato “jamás olvides quién eres” ya no significa ejecutar al Comandante, sino preservar en sí mismo aquello que el sistema no ha logrado destruir. Ray no culmina la venganza; la transforma en entrega hacia Pete y el potencial de amar que este representa.

Pete, por su parte, que había encarnado durante la marcha la confianza en la belleza, el amor y la bondad, es quien acaba ejecutando al Comandante. La inversión es estremecedora: quien no creía en la violencia se ve llevado a realizar el acto que Ray había imaginado para sí. Pero no se trata simplemente de una caída moral, sino de la constatación trágica de que, ante una oscuridad organizada como poder, la bondad sin confrontación puede quedar impotente. La luz necesita también defenderse de aquello que pretende extinguirla.

Pete, quien dice a Ray: "¡Si ganas esto te aconsejo que elijas el amor! ¡Te aconsejo que cojas el premio y vuelvas con tu madre porque Ray, Ray, eres un buen tío y te lo mereces!" será, no obstante, quien al ganar ejecutará al comandante, no sin antes decirle: "¡Esto es por Ray!"


Esto es por Ray

Ray, a quien movía la venganza le dice a Pete acerca del pánico que tenía a la muerte: "... ha pasado algo caminando con estos tíos... He recordado que lo único que sabemos seguro que pasará es que nos vamos a morir y, con suerte, podemos elegir cómo pasar los últimos momentos. Y tienes razón, este momento importa, cada momento importa, sobre todo al final." Y así elige morir para salvar a Pete: el amor elige el amor.


No puedo verlo, pero tu sí. Por eso te quiero...

Pete quiere entregarse a la muerte para que Ray vuelva con su madre: “Ganarás y volverás con tu madre”. Ray, en cambio, se entrega a la muerte para “ayudar a quien me ayuda”. Muere diciéndole a Pete: “No puedo verlo, pero tú sí. Por eso te quiero”. Y, antes de que el Comandante lo ejecute, sus últimas palabras son: “Perdóname, mamá”.

Cuando Ray le dice a Pete: “No puedo verlo, pero tú sí. Por eso te quiero”, se refiere a que Pete ha sido quien, en medio de la oscuridad, ha conservado la capacidad de imaginar la luz. Ray no puede ver ese mundo posible, quizá porque su historia ha quedado demasiado marcada por la muerte del padre y por el deseo de venganza; pero reconoce que Pete sí puede verlo. Y precisamente por eso lo ama: porque en Pete sobrevive una posibilidad de amor, belleza y reparación que él decide salvar con su muerte. De hecho su entrega a la muerte por Pete si está en la misma direccion que la muerte que el padre eligió. Hay más fidelidad a él en edsa decisión que en la venganza. Ray no venga al padre matando al Comandante; lo honra salvando aquello que el Comandante no ha podido destruir.

Visto todo esto, nos podemos volver a preguntar:
  • ¿Se equivocaba el padre de Garraty cuando eligió la muerte para enseñarle a su hijo que la dignidad no tiene precio?
  • ¿Se equivoca Garraty cuando elige morir para salvar a Pete, renunciar a vengar a su padre y dejar a su madre?
  • ¿Se equivoca Pete cuando decide matar al Comandante en nombre de Ray, y no ceder a las riquezas que este le promete?
Y es que, al final, esto no va de aciertos o errores, ni de bien ni de mal. Las decisiones ante la complejidad de los tiempos oscuros nunca se miden por criterios moralmente tan simples. Lo único que podemos decir de todos ellos es que son decisiones que los honran por la complejidad y las circunstancias trágicas en las que tuvieron que ser tomadas. Finalmente, sus decisiones honran también a todos los jóvenes que murieron en la Larga Marcha.

V. Y, SIN EMBARGO... OSCURIDAD EN LAS LUCES.

Y, sin embargo, tras matar al Comandante, observamos cómo la película acaba con Pete mirando una larga calle que parece perderse en el infinito. Luego lo vemos empezar de nuevo a andar. ¿Qué significado podemos darle a este gesto?

Volviendo a la simbólica de la carretera, se hace evidente que una parte de Pete queda ya inevitablemente ligada a ella. Nadie puede salir ileso de una experiencia así. Quien no muere carga con todo lo vivido: el horror, la violencia, el miedo, la culpa del superviviente y el recuerdo de los muertos. Pete se convierte en depositario de todos ellos. El Pete McVries que llegó el primer día para iniciar la Larga Marcha no es, ni mucho menos, el mismo Pete que sale de ella. Vivir un tiempo en la oscuridad deja sus huellas, heridas que no siempre terminan de cerrar.

Hay algo en la historia de Pete que recuerda a la de Frodo en El Señor de los Anillos. También Frodo, cargando el anillo único,  atraviesa una oscuridad que lo transforma para siempre. Su confrontación con el mal lo deja tocado, herido en un lugar del alma al que ya no llega del todo la reparación. Y así, al final de todo el camino andado, antes de partir hacia Valinor, le dice a Sam: "Quisimos salvar la Comarca, Sam, y la hemos salvado. Pero no para mí."

De un modo parecido, Pete sobrevive, pero no regresa simplemente a la vida. Camina porque aún no sabe detenerse, porque la carretera ha quedado inscrita en su cuerpo y en su memoria. El Comandante ha muerto, pero la marcha no termina del todo: continúa como huella, como trauma, como deuda con Ray y con todos los jóvenes sacrificados. La victoria no lo libera plenamente; lo convierte en testigo.

Quizá por eso el final resulta tan inquietante. Pete ha visto la luz, pero ha tenido que atravesar demasiada oscuridad para alcanzarla. Y quien ha caminado tanto tiempo bajo la ley del “camina o muere” no puede dejar de caminar de un día para otro. La carretera ya no es solo el espacio del régimen: es también la forma interior que deja la violencia cuando ha pasado por el alma.


Y la carretera sigue...


NOTAS
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[1] Stephen King. La Larga Marcha. Ed. Debolsillo, pág.
[2] De hecho "La Larga Marcha" es la primera novela que Stephen King  escribió. Entre 1966-1967, cuando tenía 19 años y era estudiante en la Universidad de Maine. Fue, no obstante publicada en 1979.
[2] Ver nota 1, pág. 115
[3] Ver nota 1, 
[4] Ver nota 1, pág. 166
[5] Ver nota 1, pág. 167
[6] Leguin, Ursula K. El niño y su sombra. Publicado en la revista Gigamesh nro. 44 (Especial Ursula K. Leguin)

PELÍCULAS RELACIONADAS
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miércoles, 12 de abril de 2023

UN FUTURO DESAFIANTE (Extrapolations, Scott Z, Burns, 2023): Sobre la catástrofe climática, el capitalismo del desastre y el narcisismo a gran escala.


Un futuro desafiante (
Extrapolations, Scott Z. Burns,2023), serie lanzada por la plataforma de Apple TV+
 especula con el futuro a la vista de la catástrofe climática cuyos efectos son hoy en día ya innegables. La serie, recientemente estrenada, ha sido valorada de manera muy polar por la crítica, así como por el público. Más allá de la crítica que se le ha hecho por haber sido realizada por Apple, así como por haber sido protagonizada por actores muy conocidos, sobre todo cuando se la compara con otra serie excelente como Colapso (Canal Plus y Les parasites, 2019), no por ello deja de ofrecer interesantes puntos de reflexión desde el punto de vista que este blog se propone abordar. En este sentido, me centraré en cinco aspectos sobre los que la serie nos permite reflexionar y que, fundamentalmente, se definen en los cuatro primeros episodios de la serie, de los seis que hasta ahora he visto.

1. CATÁSTROFE Y TRAUMA.

En mi libro "Reflexiones sobre la pandemia del covid 19" (2020) lancé una teoría sobre la relación de la catástrofe con los efectos traumáticos sobre la población en la que decía:

Para comprender los distintos efectos de la pandemia del covid, y volviéndonos a referir a la idea del trauma, podemos decir que ofrece unas características traumáticas justas y adecuadas para que el ser humano se resienta de una manera globalizada y clara, a diferencia, como ya hemos visto, de los efectos traumáticos intensos, cortos y geo-localizados de las catástrofes naturales citadas o, y eso es más interesante, del trauma que es la catástrofe climática que, todo y siendo potencialmente mucho más peligrosa, el ritmo lento con el que se anuncia, los efectos geo-localizados con los que se manifiesta, no generan, no obstante, ningún cambio aparente en nuestro ritmo de vida. [1]

Como decía la periodista, escritora y activista Naomi Klein de la negación y el negacionismo de la catástrofe climática en su libro "Esto lo cambia todo" (2014):

 

Convivir con esta especie de disonancia cognitiva es simplemente una parte más del hecho de que nos haya tocado vivir este discordante momento de la historia, en el que una crisis que tanto nos hemos esforzado por ignorar nos está golpeando en plena cara y, aun así, optamos por doblar nuestra apuesta precisamente por aquellas cosas que son la causa misma de la crisis. 

 

Yo misma negué el cambio climático durante más tiempo del que me gustaría admitir. Sabía que estaba pasando, claro. No iba por ahí defendiendo como Donald Trump y los miembros del Tea Party que la sola continuación de la existencia del invierno es prueba suficiente de que la teoría es una patraña. Pero no tenía más que una idea muy aproximada y poco detallada, y apenas leía en diagonal la mayoría de las noticias al respecto, sobre todo, las que más miedo daban. Me decía a mí misma que los argumentos científicos eran demasiado complejos y que los ecologistas ya se estaban encargando de todo. Y continuaba desafiante comportándome como si no hubiera nada malo. [2]


Efectivamente, hemos vivido mucho tiempo de espaldas a este tema que viene desde 1980 anunciándose desde distintos ámbitos científicos (climatología, biología, geología, física, físico-química). Ya cuando era estudiante de biología recuerdo algunos libros que ya alertaban de la problemática que se nos avecinaba. La catástrofe climática, a diferencia de la crisis de la pandemia del covid 19, es que no alerta por igual a todo el mundo, lo cual hace que sus efectos no se perciban con la inmediatez a nivel global como si lo fue la pandemia, lo cual ha llevado a los estados a un constante aplazamiento del problema por una causa o por otra (básicamente político-económicas). Las actitudes derivadas del mecanismo de defensa de la negación, basado en ignorar realidades dolorosas o incómodas, o la del negacionismo interesado, característico de los grupos de la ultraderecha o de intereses económicos hoy conocidos (la criminal ocultación de datos por parte de las grandes petroleras [3]), pero también el negacionismo ignorante de personajes de la izquierda, como fue el curioso caso del peculiar presidente autonómico de Aragón Javier Lamban, quien dijo a través de twitter: "no parece que el cambio climático vaya a suponer la desaparición de la nieve", han permitido que las cosas lleguen al día de hoy, donde la molestia del tema ya es inevitable, y que hace que nos empecemos a preocupar por los claros indicios de que este cambio, mejor llamado catástrofe, nos afecta a todos, porque parece que, en relación a ciertas temáticas, el mundo occidental viva con la ilusión de que algunas cosas no le afectarán, como si estuvieran en una especie de "más allá" de lo real.

Un futuro desafiante parte de extrapolaciones que ya causan efectos innegables y que sitúa en el año 2037: grandes incendios, deshielo, desaparición de la biodiversidad, problemas con el agua...




II. CRISIS CLIMÁTICA Y DOCTRINA DEL SHOCK.

Uno de los temas que la serie sin duda aborda es el lado más perverso del capitalismo que introdujo, de nuevo, Naomi Klein, que en el año 2007 publicó un libro fundamental para entender esa perversidad: La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, en el que se analiza en profundidad las tesis que impulsaron Milton Friedman y la Escuela de Economía de Chicago de aprovechar las crisis y catástrofes, con la conmoción y el miedo que generan en la ciudadanía, para aprovechar para imponer medidas impopulares que favorezcan el libre mercado:

una vez desatada la crisis, el profesor de la Universidad de Chicago estaba convencido de que era de la mayor importancia actuar con rapidez, para imponer los cambios rápida e irreversiblemente, antes de que la sociedad afectada volviera a instalarse en la «tiranía del statu quo». Estimaba que «una nueva administración disfruta de seis a nueve meses para poner en marcha cambios legislativos importantes; si no aprovecha la oportunidad de actuar durante ese período concreto, no volverá a disfrutar de ocasión igual». Es una variación del consejo de Maquiavelo según el cual vale más comunicar de una sola vez «las malas noticias», y supuso uno de los legados estratégicos más duraderos de Friedman. [4]

Es indudable que la catástrofe climática ya nos permite observar este tipo de maniobras. El primer episodio de la serie, situado en el 2037, se centra en este tema representado por una multinacional llamada Alpha y su joven CEO Nicholas Bilton (interpretado por Kit Harrington), quien en un discurso ante una de las habituales y frustrantes conferencias de la ONU para el cambio climático dice: "A principios de siglo el cambio climático fue descrito como un síntoma del capitalismo. Un síntoma. He venido a decir que el capitalismo es también la cura". Inevitablemente esto hay que entenderlo en la perspectiva de la doctrina del shock, y en la cual la catástrofe es siempre una oportunidad de negocio bajo la apariencia de solución. Como en la gran crisis económica del 2008, aquellos que provocaron la crisis, perversamente, eran los que se proponían para ofrecer la solución. Gran parte del primer capítulo gira en torno a esta idea. Los bosques arden, los casquetes polares se derriten, como lo hace Groenlandia, hay crisis global del agua, la especies animales desaparecen, y al mismo tiempo todo es objeto de posibles negocios: los metales que ofrecen las nuevas tierras producto del deshielo, la edificación de nuevos complejos hoteleros, la obtención del genoma de las especies en peligro de extinción, el agua a cambio de permitir el aumento de la temperatura de 2 a 2'2 grados por intereses económicos, como Bilton ofrece en su conferencia sobre el cambio climático.




Una forma de ver el capitalismo del desastre es verlo como la manifestación en lo social del narcisismo perverso: lo importante no son las víctimas de los desastres, sean del tipo que sean, sino la oportunidad que generan de imponer leyes que favorecen al libre mercado. Bajo las reflexiones manipuladoras como las de Bilton: "Es perfectamente posible que los límites que hemos creado para los negocios estén limitando a su vez nuestra capacidad de resolver el problema del cambio climático", se esconde la realidad de lo que Naomi Klein llama los creyentes de la doctrina del shock:

Los creyentes de la doctrina del shock están convencidos de que solamente una gran ruptura —como una inundación, una guerra o un ataque terrorista— puede generar el tipo de tapiz en blanco, limpio y amplio que ansían. En esos períodos maleables, cuando no tenemos un norte psicológico y estamos físicamente exiliados de nuestros hogares, los artistas de lo real sumergen sus manos en la materia dócil y dan principio a su labor de remodelación del mundo. [5]

III. EL DESPRECIO DEL PRESENTE POR EL BENEFICIO DEL FUTURO.

A Alfa le interesa una sola cosa: identificar qué del presente pertenece al futuro. Un futuro mejor, un futuro con elefantes de bancos genéticos, orangutanes y, por lo que dicen, tal vez ballenas jorobadas (Nick Bilton).

El segundo episodio, situado en el año 2046, el que más me ha gustado, tiene por protagonista la que es considerada "la última ballena" y, por tanto, un potencial "activo" que pasa a ser codiciado por una empresa dedicada a obtener toda la información posible sobre ella a efectos de, como dice Bilton en la frase con la que inicio este punto, hacer un futuro mejor. La empresa, llamada Menagerie, colabora con Alpha, la empresa de Bilton y, por tanto, se puede entender rápido que un futuro mejor hay que entenderlo también como un negocio mejor. Como dice uno de los directivos de Menagerie: "Y si no le vaciamos el cerebro antes de que se entere que es la última ballena del mundo, vamos a quedarnos sin negocio". 

Que para este tipo de pensamiento económico del capitalismo perverso la ética no cuenta es algo que es fácil de imaginar, y, en consecuencia, para el capitalismo del desastre aun menos. La historia de centra en el engaño al que es sometida la última ballena (a través de unos instrumentos que traducen su complejo lenguaje a lenguaje humano), en la que para sustraerle toda la información se le hace crecer que en la zona hay un macho para mantenerla en ella. En realidad, el supuesto macho no es más que sonidos gravados de uno que murió hace ya siete años. Rebecca (la bióloga marina interpretada por Sienna Miller), en desacuerdo con esta manipulación emocional, quiere advertirla para que huya: "Queríamos conocer tu interior, como funciona tu vida. Lo queríamos para nosotros, no para mejorártela. Te decimos que nades a un lugar en el que morirás. Somos nosotros, no él."





La cuestión que se plantea en este episodio es como vamos a construir un "futuro mejor" si partimos de las mismas premisas que nos han llevado a este presente. Como vamos a tener un futuro mejor si partimos de una historia regida por la compulsión a la repetición, a pesar de los múltiples "trajes" con las que se disfraza. Ante la expectativa, como le cuenta Rebecca, de que en el futuro puedan haber nuevas ballenas (producto de la obtención de su genoma y de la información obtenida) la ballena le pregunta: ¿Y como será diferente la próxima vez? Una constatación de cómo va a ser distinto si el inicio de todo esto se basa en la mentira, pues, efectivamente, y como le dice Rebecca: "Te estamos mintiendo. Es lo que hace nuestra especie cuando sufrimos." 

No hace falta indicar que esta manipulación y explotación hecha a la ballena, es la manipulación a la que los seres humanos somos sometidos por ese capitalismo perverso, por ese capitalismo del desastre amparado muchas veces por el que es su frecuente cómplice, los estados y sus gobiernos. Sólo habrá un futuro mejor si somos capaces de hacer las cosas mejor en el presente, aquí y ahora. Como le responde Rebecca a la pregunta de la ballena de cómo será diferente la próxima vez: "Solo cambiará si cambiamos nosotros. Si dejamos de mentir acerca del mundo. Si dejamos de esperar que los que vendrán vayan a arreglar lo que nosotros no arreglamos". No obstante, añade, hablando del futuro: "Les ensañarás la manera de estar en el mundo. Adviérteles de nosotros, verán lo que podemos hacer, lo que ya hemos hecho."

Llegado aquí, siempre retorno a las palabras de C. G. Jung que tantas veces he citado y que tanto me inquietan desde que las leí: "El mundo en el que nacemos es rudo y cruel y al mismo tiempo de belleza divina. Es cuestión de temperamento creer qué es lo que predomina: el absurdo o el sentido. Si el absurdo predomina se desvanecería en gran medida el sentido de la vida en rápida evolución. Pero tal no es – o me parece ser – el caso. Probablemente, como en todas las cuestiones metafísicas, ambas cosas son ciertas: la vida es sentido y absurdo o tiene sentido y carece de él. Tengo las angustiosa esperanza de que el sentido prevalecerá y ganará la batalla. [6] 

El narcisismo perverso del capitalismo del desastre está en el lado del absurdo, del sinsentido. De manera parecida se expresaba el filósofo Pierre Hadoq en la entrada que dediqué a la película Contact (Robert Zemeckis, 1997) - acceder entrada aquí -, quien en relación a la exploración y conquista espacial decía:

Sin viaje cósmico interior, sin mirada desde lo alto vivida como ejercicio espiritual de desprendimiento, de liberación, de purificación, los viajeros del espacio seguiran llevando la tierra con ellos al espacio, no la Tierra parte del cosmos, si no la tierra símbolo de lo humano demasiado humano, la mezquindad humana [...] El espacio corre entonces el riesgo de no ser más que el teatro ampliado de estas absurdas guerras de religión - o políticas y económicas, añado yo - que continuan desgarrando a la humanidad  en los inicios del siglo XXI. La conquista del espacio corre el riesgo de proporcionar solamente un campo más vasto a la locura humana. [7]

Avatar (James Cameron, 2014) - acceder entrada aquí - sería un buen ejemplo del peligro indicado por Hadot.

IV. LA NEUTRALIDAD CÓMPLICE.

Si la negación o el negacionismo, más o menos voluntarios o involuntarios, son cómplices de la catástrofe climática y del capitalismo del desastre, no menos, si no aun más grave, lo es la "neutralidad", esa manera de asistir a los acontecimientos como si fuéramos meros observadores de una realidad que no va con nosotros.

El episodio 3, situado en el 2047, con una Miami inundada, nos narra una historia sobre "el silencio De Dios, protagonizada por el rabino Marshall Zucker (interpretado por David Diggs) y una niña descreída y crítica, Anala Goldblatt (protagonizada por Neska Rose). El rabino Zucker lo es del templo Israel, y ante el problema de las inundaciones tiene como objetivo que el gobierno declare su templo digno de ser salvado de las aguas (aparece un curioso Departamento de Mitigación del nivel del mar). El primer choque entre la mirada neutra del rabino y la joven díscola ya establece sus puntos de vista opuestos. Dice en un momento el rabino en el templo: "Este año mi plegaria es sencilla: que nuestros dirigentes de Tallahassee salven este edificio, y que el año que viene estemos todos juntos aquí, en Miami." A esta extraña demanda en tiempos de una gran crisis se opone la joven Atala quien, posteriormente, le dice al rabino: "¿De verdad cree que estaremos aquí la próxima Pascua? [...] ¿No cree en la ciencia? Estamos en un apocalipsis ¿De verdad a Dios le importa un bar mitzvá?" Más adelante, en un cena familiar preguntará a su padre - un corrupto sobornador de funcionarios "¿porqué nos hace esto Dios?" Como con el rabino, de él sólo recibe incomprensión. Nadie parece asumir ninguna responsabilidad en lo que ocurre, como si no fuera con ellos. El rabino se preocupa por su templo y el padre de Anala sigue son sus corruptelas como si nada importara. Finalmente, será gracias a una de estas corruptelas que se salvará el templo a costa de abandonar un centro de desamparados, ante un desorientado rabino que no sabía de ese acuerdo, o como le dirá posteriormente Alana, quizá no quiso saberlo.

Esta manera de afrontar la crisis climática, esa neutralidad, es quizá la más desesperante. Parecemos dejarlo todo a estas reuniones sobre el cambio climático inoperantes porque todos los estados, al final, tan sólo miran por sus intereses. Los gobiernos no tienen ni idea de como afrontar la telaraña creada por el capitalismo y ese motor pulsional que es su núcleo: el capital. Los partidos políticos siguen, como el rabino o el padre de Alana, queriendo mantener sus templos al precio que haga falta, y la ceguera es uno de ellos. Las multinacionales imponen los timings bajo la amenaza de la crisis económica que provocaría afrontar los cambios que requiere enfrentar la crisis climática. Mientras, una gran parte de la población mundial asiste  impotente a sus efectos; otra parte se manifiesta incrédula dispuesta a escuchar y a creer los mensajes de narcisistas peligrosos establecidos como los gobernantes de los países más poderosos;  muchos seguimos contemplando desde la neutralidad de las manos cruzadas esa gran estafa que el capital nos obliga a vivir. Esa crisis mundial que vivimos (post-pandemia covid, guerra de Rusia contra Ucrania con todas las implicaciones económicas que ha tenido y tiene, y bajo el trasfondo de la catástrofe climática) es el escenario perfecto de desorientación psicológica y falta de sentido que favorece que el capitalismo del desastre imponga su absurda visión de la vida como negocio y la ciega pulsión del beneficio.

Alana dará una clase magistral en la celebración de su bar mitzvá de lo que cada uno puede hacer si se lo propone: denuncia ante todos los presentes que nuestra ciudad flota sobre los cadáveres de los pobres, y en un momento clave dice: "Dios limpiará el planeta y habrá que empezar de cero. ¿Y a quién elegirá para sobrevivir? A mi padre no, porque él soborna a funcionarios. No tengo tiempo para esperar el juicio de Dios, por eso lo he denunciado a la policía." Y ante los esfuerzos del rabino para que deje su "discurso" y recordarle que como hija de los mandamientos debe honrar a su padre, Alana le responde si quiere que le recuerde algunas cosas a él, y así le pone un video de la época en que Zucker estuvo en Israel, y en la que decía:

Vivimos en tiempos de crisis. No muy lejos de aquí desplazados medioambientales necesitan agua y comida. Y estad seguros de que todo líder que no intente mejorar esta situación es cómplice. Como dijo Ellie Wiesel, la neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima.

Y añade entonces: Pero usted dejó Israel, ¿verdad? Usted dejó desamparados a estos refugiados [...] Lo que sé es que vio desde la barrera lo que pasaba aquí en Miami, mientras los sin techo a los que tanto ama se quedaban sin refugio. Y ante la objeción del rabino de que el no lo sabía, Alana le responde: "o tal vez no quiso saberlo".

No hay mucho mucho más que añadir.



V. RIESGOS CIENTÍFICOS Y TECNOLÓGICOS.

Somos como dioses, y ya se nos puede dar bien.

La serie también reflexiona sobre los peligros de los riesgos científicos. El cuarto episodio, situado en el 2059 nos previene de las decisiones científicas no contempladas en todas sus consecuencias o asumiendo incertidumbres que no se pueden prever. Uno diría que es un capítulo basado en teorías como las del caos o de las catástrofes, y que nos dice que un pequeño cambio en un sistema puede producir otros cambios cuyos efectos no se puede predecir. En este sentido lo que aparentemente se soluciona por un lado, por otro se complica:

- se trata de inseguridad y futuro, de decisión y actitud. Existe inseguridad con respecto a las consecuencias que derivarán de una decisión. La misma podrá dar lugar a consecuencias buenas o malas. Los beneficios y las pérdidas pertenecen en cualquier caso al futuro, un futuro que resulta desconocido y que esconde peligros, aunque también abre posibilidades y promete beneficios. La decisión de influir sobre el futuro no puede tomarla nadie por uno. [8]

En el episodio se plantea el conflicto entre asumir el riesgo que plantea una disciplina a la que llaman geoingeniería y sus hipótesis de intervención sobre el clima, o no. Esa es la decisión que toma el gobierno de USA (junto con otros gobiernos), no asumir la solución solamente desde un punto de vista científico-tecnológico y tener en cuenta otras consideraciones provenientes de otros marcos o puntos de vista.

Partiendo de un conflicto de puntos de vista sobre el uso de la geoingeniería de una ex-pareja de científicos, Gita Mishra (interpretada por Indira Varma), partidaria de su utilización y propietaria de una empresa tecnológica llamada NSI (New Skie Investigations), y Jonathan Chopin (interpretado por Edward Furlong), posicionado en contra por los riesgos e incertidumbres que comporta, y del posicionamiento de su hijo, Rowan Chopin (interpretado por Michael Gandolfini), en favor de su madre. Madre e hijo se proponen utilizar una tecnología (crear una capa de Carbonato Cálcico en la atmósfera para reflejar la luz del sol, con lo cual la temperatura global disminuiría) basada en intervenir artificialmente el clima faltando a una de las bases fundamentales de la investigación científica: hay que poder repetir un experimento para poder ver que se obtienen los mismos datos, o para, entonces, cambiarlo. Faltar a este principio fundamental implica asumir un alto nivel de riesgo sobre un sistema complejo  como el clima. Como dice Jonathan: "la geoingeniería no lo permite. Tienes una oportunidad y luego vives con los resultados. Eso no es ciencia es jugársela"

La cuestión es que Gita y Rowan están dispuestos a asumir estos riesgos tecnológicos de carácter ecológico desafiando los acuerdos de los estados al respecto. En este sentido, este tipo de asunción de riesgos que implica la posibilidad de las llamadas catástrofes larvadas se debe a que en sistemas tan complejos como los ecosistemas o el clima los procesos:

... de autocontrol y autoorganización es tan complejo que escapa a cualquier intervención técnico-causal. Sin embargo, puede hacerse, mediante una intervención externa, que el ecosistema salga de su estructura procesadora y que, por consiguiente, pierda su flexibilidad, provocándose una catástrofe larvada que puede llegar a anular el equilibrio del conjunto del sistema. [9]


Y esto es lo que ocurrirá. Una vez liberado el Carbonato Cálcico en la atmósfera, en un lugar de la India, al final del episodio 5 acaba con el inicio de una tormenta aparentemente bienvenida. Sin embargo, al final oímos unas palabras que dicen: ¡Atención! Alerta de inundación imprevistas en los estados de Madhya Pradesh, Rajastán y Haryana. Se nos ha informado de lluvias torrenciales que pueden causar daños en infraestructuras cruciales. No se refugien bajo tierra. Repito. No se refugien del calor extremo bajo tierra.  Actúen con celeridad para salvar la vida.

VI. ÚLTIMAS REFLEXIONES.

La serie pone de relieve las consecuencias del narcisismo en distintos niveles. El narcisismo perverso del capitalismo del desastre, con su falta de empatía, o peor aun, una falsa empatía utilitaria orientada a su propio beneficio. Manipulación, mentira, hipocresía, etcétera al servicio de sus intereses, y del que la idea presentada en el punto 2 de esta entrada es un buen ejemplo en relación con la catástrofe climática: el desprecio del presente por el beneficio del futuro.

La serie también pone de relieve el narcisismo implícito en actitudes como la neutralidad que, en una pequeña escala, se inhibe de la crisis que sufrimos para encerrarse en salvaguardar el propio pequeño mundo centrándose en conservar el valor de aquello que se considera importante para este, desentendiéndose de la situación de crisis que estamos viviendo, una mirada desde la barrera, como si lo cosa no fuera con ellos.

Finalmente, tenemos el narcisismo de lo que hemos llamado el riesgo científico-tecnológico, que muy bien resume la actitud que algunos científicos, ingenieros, etcétera, pueden desarrollar, una inflación egoica que muy bien resume la frase "somos como dioses, y ya se nos puede dar bien."


NOTAS.
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[1] Cardona, Jaume. Reflexiones sobre la pandemia del covid 19. Llibres Gestalt Dimensions, pág. 15
[2] Klein, Naomi. Esto lo cambia todo: El capitalismo contra el clima. Grupo Planeta. Ed. Kindle, pos. 109-116
[3] Ver el documental "Campaign against the climate", 2020
Hay una versión gratuita en TV3: Negacionistas del candi climàtic:
En internet pueden encontrarse distintas plataformas donde puede verse.
[4] Klein, Naomi. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Ediciones Paidós. Edición de Kindle, pág. 23
[5] Ver nota 4, pág., 47
[6] Jung C.G. Recuerdos, sueños y pensamientos. Editorial Seix Barral. Biblioteca breve, pág. 375
[7] Hadot, Pierre. No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales. Editorial Siruela, pág. 89.
[8] Bechman, Gothard. Riesgo y desarrollo técnico-científico. sobre la importancia social de la investigación y valoración del riesgo. Publicado en 1995
[9] Ver nota 8 


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