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miércoles, 18 de junio de 2014

STALKER (Andrej Tarkovsky, 1979) - PARTE II -: Sobre la naturaleza del camino y del deseo.

PARA VER PARTE I DE STALKER. PULSAR AQUÍ

I. EN CAMINO: SOBRE EL "VER"

La parte II de Stalker entra de lleno en el camino que siguen nuestros protagonistas en la zona para llegar a la habitación de los deseos, y es aquella parte que Joseph Campbell llama el camino de las pruebas y que es introducido por Tarkovsky con una imagen del reflejo del cielo en el fondo del agua de un pozo perturbado por el impacto de una piedra sobre ella... Con esa imagen de las ondas distorsionando el reflejo se oye la voz del Stalker diciendo las siguientes palabras:

Que se cumpla lo previsto, que ellos den crédito y se rían de sus pasiones. Lo que ellos llaman pasiones realmente no es una energía anímica sino un roce entre el alma y el mundo exterior. Lo principal es que crean en sí. Y esten desamparados como niños, porque la debilidad es grande y la fuerza sutil. Cuando el hombre nace su cuerpo es débill y ligero. Cuando muere es fornido y duro. Cuando un árbol crece es tierno y mimbreño, pero cuando su tronco está seco y rígido, se está muriendo. La dureza y la fuerza son satélites de la muerte. La flexibilidad y la debilidad expresan la lozanía de la existencia.. Por eso lo que se ha endurecido no vence.

Veamos una vez más esta mezcla de prédica tipo libro de las revelaciones (Que se cumpla lo previsto) y del taoísmo ( la dialéctica entre lo fuerte y lo débil). De hecho, las palabras de Stalker que empiezan con "Cuando el hombre nace su cuerpo es débil y ligero, etc." corresponden a Lao Tsé y esta anotada en los diarios de Tarkovsky el 28 de diciembre de 1977.

Sin embargo, hay en este texto una reflexión interesante sobre las pasiones cuando las define como "un roce del alma y el mundo exterior". En su documental The pervert's guide to the cinema, Zizek dice: "el deseo es una herida en la realidad". ¿Qué significa esto? Significa que nuestras pasiones y nuestros deseos se inscriben en la realidad distorsionándola.

El reflejo perturbado en el agua: las pasiones... un roce entre el alma y el mundo exterior

Esta relación entre la realidad y el deseo es algo que la imaginería popular y literaria ha resgistrado y que ha inspirado distintos cuentos como la conocida historia de Aladino y la lámpara maravillosa, cuento de origen sirio registrado en Las Mil y una noches, o el famoso cuento de W. W. Jacobs La pata de mono, ambas llevadas al cine y la televisión en distintos formatos y variaciones y que nos vienen a decir simple y llanamente ojo con lo que deseas. O quizá mejor dicho ojo en qué deseas y cómo formulas el deseo. La distorsión entre deseo y realidad se observa especialmente en el cuento de La pata de mono cuando un padre y una madre le piden a ese objeto mágico 200 libras para saldar deudas. El deseo se satisface al cobrar dicha cantidad tras la muerte por accidente laboral de su hijo. Luego, desesperada, la madre le exige al padre que pida a la pata de mono que le devuelva vivo a su hijo... Presionado por la desesperación de la mujer el padre cede y pronto se oyen unos golpes en la puerta. El padre, aterrorizado por lo que aguarda tras la puerta (se entiende que el deseo se satisface devolviendo al hijo no exactamente vivo sino como un no-muerto), pide a la pata de mono que se lleve eso que se ha invocado... Cuando la mujer logra desatrancar la puerta tras ella no hay nadie salvo que "un viento helado entró en la escalera". En otras ocasiones, como en la leyenda de Aladino, el deseo de felicidad es asociado a logros, pertenencias o riquezas en las que el tiempo y la inmadurez del protagonista pronto le desengañan...

A lo que asistimos en esta fase en la zona es a la rigidez de carácter del Profesor y el Escritor. El primero, haciendo caso omiso de las advertencias de Stalker, los deja momentáneamente para ir a buscar una mochila que se ha dejado atrás. Mientras, Stalker y Escritor siguen por la zona atravesando ruinas invadidas por el agua y asistiendo a pequeños "misterios" que muestran la variabilidad espacio-temporal que se da en ella. Sorprendentemente, y tras atravesar la zona de ruinas y agua, encuentran a la salida del tunel que han atravesado al profesor...

Las ruinas y el agua
El papel de las ruinas entre la naturaleza y las aguas es un impacto en la conciencia acerca de la transitoriedad, como dice Antonio Mengs:

La ruina visual dignifica la conciencia. El hombre está más desnudo entre la ruina, su palabra resuena con mayor intensidad. [1]

En un artículo inédito mío y sobre el trabajo con un sueño de un paciente sobre unas ruinas perdidas en el medio de la naturaleza escribía:

El soñante no le confería a ese estado de ruinas un valor negativo, sino que veía en él una restitución de lo humano a la naturaleza, percibía belleza en esa acción de lo natural sobre la construcción humana. Una vez más aparece aquí un claro mensaje de aquello de lo que trata el proceso del yo en lo que lo vincula con la consciencia: la consciencia surge por alejamiento de aquello a lo que luego ha de volver. [2]
,
Después de este episodio de pérdida y recuperación del Profesor, Stalker propone descansar un poco. Asistimos entonces a una discusión de egos entre el Profesor y el Escritor donde cada uno ridiculiza al otro, donde uno ridiculiza el cientifismo de uno, y el otro el supuesto humanisno y psicologia barata del otro. Retirados cada uno en su lugar y ya durmiéndose llega una de las escenas antológicas de la película: el sueño o la visión de Stalker.

- La visión de Stalker.

Esta escena, llamada la escena del apocalipsis, ha sido comentada en multitud de ocasiones y constituye una muestra del más puro Tarkovsky:

La secuencia del apocalipsis tiene lugar justo en la mitad de la película cuando una charca de poca profundidad con objetos dispersos entra en la narración. La aparición de la charca en si representa una dislocación espacio-temporal. Al espectador no se le da ni su ubicación física ni la temporal. El flujo narrativo uniforme se rompe tan pronto como los personajes deciden descansar después de salir del "túnel seco". Alternando blanco y negro y la fotografía en color se lanza una dislocación  en el espacio y el tiempo. Mientras que el Profesor y el Escritor se pelean, el Stalker yace en el suelo, y su ubicación y posición se desplaza de una secuencia a otra. En un momento dado se encuentra situado entre las rocas de un torrente de montaña, y en otro sobre una pequeña "isla" en el área inundada junto a un pastor alemán negro. [3]

Stalker y el perro yaciendo a su lado.
La escena se inicia con el perro acercándose donde Stalker está descansando y sentándose con cuidado a su lado. Este perro, que a partir de este instante estará presente en todo el recorrido, pero que ya ha dejado testimonio de su presencia en los aullidos que oyen nuestros viajeros tan sólo llegar es, como indica en su libro Nariman Skakov, el espíritu indomable de la zona. No olvidemos que, en términos simbólicos, uno de los aspectos del perro es el de psicopompo, es decir, guía del alma de los muertos hacia el Más allá. En todo caso el perro, como guía del Stalker, está relacionado con la visión o sueño que sigue después de otra imagen que nos sugiere la dimensión misteriosa de la zona: la extraña sensación de inestabilidad que produce un agitado torbellino que levanta el polvo en una zona pantanosa. Luego, cambiando en sepia el color de la imagen, sigue la visión de Stalker en la que oímos la voz de la mujer de Stalker recitando unos versículos del Apocalipsis mientras la cámara, lentamente, va enfocando distintos objetos sumergidos en el fondo del agua.

12 Y seguí viendo. Cuando abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto; y el sol se puso negro como un paño de crin, y la luna toda como sangre,
13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera suelta sus higos verdes al ser sacudida por un viento fuerte;
14 y el cielo fue retirado como un libro que se enrolla, y todos los montes y las islas furon removidas de sus asientos;
15 y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes.
16 Y dicen a los montes y las peñas: "caed sobre nosotros" y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de lo cólera del Cordero.
17 Porque ha llegado el Gran día de su cólera y ¿quién podrá sostenerse? (Apocalipsis, 6, 12-17)

Jeringas, objetos metálicos, un acuario con peces, un fragmento del retablo de los "tres árboles" de Rembrant, un arma, un fragmento de Juan el bautista correspondiente al retablo de La adoración del cordero místico de Van Eyck, piezas oxidadas de un reloj... y finalmente la mano del Stalker en contacto con el agua de esa charca. Todas ellas cruzan por la pantalla bajo el fondo del agua de la charca... Imágenes que sumergidas en el agua, sobre el lodo parecen recordarnos los versos de Machado: "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar". El tiempo todo lo lleva poniendo de relieve la futilidad de las ansias y deseos del ser humano... Glorias y ambiciones que pasan como las imágenes de Tarkovsky, una tras otra, sin finalmente llevarnos a aquello que tan vehementemente perseguimos: la felicidad. Dice Antonio Mengs:

La visión del Stalker es poesía de la matería, de su azar, ni paradigma de lo bello ni todo lo contrario: los distintos objetos que salen al encuentro a la cámara por accidente, naturalezas muertas de un mundo en ruinas (de ahí que toda la secuencia esta rodada en tonalidad sepia) conforman una "estética de la decrepitud"... [4]

La bilis de Cioran lo manifiesta de una manera bien distinta:

La abundancia de soluciones a los aspectos de la existencia solo es igualada por su futilidad. La historia: Manufactura de ideales..., mitología lunática..., frenesí de hordas y de solitarios, rechazo de aceptar la realidad tal cual es, sed mortal de ficciones.

La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestros orgullos transforman en planeta la parcela de carne y conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría. Pero vivir es cegarse sobre sus propias dimensiones. [5]

Las imágenes que transcurren lentas, acompañadas por la voz de la mujer recitando los versículos del apocalipsis, hablan también de ello: " y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes". En Tarkovsky el tiempo transcurre dirigiendo esas futilidades a su inexorable destino: la inutilidad. Una vez más la lucidez biliosa de Cioran pone palabras a ello:

La realidad es una creación de nuestros excesos, de nuestras desmesuras y nuestros desarreglos. Un freno en nuestras palpitaciones: el curso del mundo se hace más lento; sin nuestros ardores, el espacio es de hielo. [6]

La diferencia entre Cioran y Tarkovsky es una palabra denostada por el primero y fuente de sostén del segundo: la esperanza. Siendo necesario precisar que la esperanza en la que se sostiene Tarkovsky es la que se deriva de la fuerza del amor tan expresada en él como sacrificio entendido más como entrega (no el sacrificio victimista) tal y como precise anteriormente (ver Parte I, nota 7). Tras este sueño-visión sigue el despertar de Stalker quien contemplando a los dos hombres cita unas palabras que tienen su origen en los versículos de la Biblia correspondientes al evangelio de Lucas (24, 13-18):

En un mismo día dos, dos de ellos se dirigían a un poblado qu estaba a 60 estadios... y se llamaba... Ellos hablaban entre sí, sobre aquellos acontecimientos. Cuando ellos dialogaba, discurriendo entre sí... El se acercó y avanzó hacia el lado de ellos. Pero los dos se  miraban fijamente, así que no lo reconocieron. El les preguntó ¿Sobre que hablaban ustedes, discurriendo entre sí? ¿Por qué están tan tristes? Uno de ellos en nombre...

Mientras Stalker mira hacia un lugar indefinido y dice estas palabras la cámara enfoca el rostro de Escritor hasta que abre los ojos y luego, lentamente, se desplaza hacia el del Profesor... Son palabras que hablan de ellos y se trata, sin mucha duda, de la dificultad del ser humano para salirse de la estrechez de su  yo y sus concepciones, para ver más allá de sus miopías. Las actitudes que muestran el Escritor y el Profesor son las de mundos encerrados y parapetados tras sus concepciones. Profesor y Escritor son yoes desesperados, y que precisamente por su desesperación estan cerca de que esa rigidez yoica pueda quizá ceder... Parapetados tras su yo no ven, no ven lo que está ante ellos como los dos caminantes de los versículos del evangelio de Lucas, que enfrascados en su discusión y sus razones no aprecian que quien anda con ellos a su lado es Jesús resucitado.

En un mismo día dos, dos de ellos se dirigían a un poblado.

La zona recuerda el mundo de los sueños, un lugar donde nada es lo que parece y donde nada está sujeto a las leyes de la realidad sino a las bien distintas leyes de lo inconsciente. Un mundo en el que hay que querer ver... Y sólo viendo podemos lograr un progresivo esclarecimiento de la conciencia ordinaria, entendida esta como una consciencia restringida y distorsionada. La existencia de los sueños y el testimonio que dan de la dinámica inconsciente pone de relieve que, en un estado como el del sueño (La zona), accedemos a una consciencia que menos distorsionada, se da cuenta y se refleja más la totalidad de nuestro ser. Lo sorprendente es que los sueños dan testimonio de que esta consciencia ya está… De que el espejo que refleja nuestro ser ya es, tan sólo que en lo ordinario está perturbada por la distorsión que la neurosis impone.

II. EN EL MOLINO DE CARNE: CAMINO DE LA VULNERABILIDAD.

Tras el episodio de la visión de Stalker sigue el paso de una especie de túnel llamado "el molino de carne" (aparentemente por los muchos que murieron al atravesarlo). Escritor es el elegido para atravesarlo, aparentemente por un sorteo que Stalker manipula para que sea él quien lo atraviese... El molino de carne nos recuerda que hay momentos en la vida en los que nos hallamos solos ante ciertas circunstancias y situaciones, circunstancias y situaciones que sólo podemos atravesar nosotros mismos... En esta secuencia Escritor se nos muestra en su extrema soledad, esos momentos en la vida en que dependemos de  nosotros mismos y que nos muestran el destino al que la soberbia de nuestro yo nos ha conducido. Al mismo tiempo que esto se experiencia como un gran abismo es una gran oportunidad de pasar de una vida entregada al falso yo a una vida regida en y por el sí mismo.

En el túnel: la soledad y el desamparo.

En la parte I de esta película ya comenté que Stalker es un buen representante del arquetipo del sí mismo y observamos en la película como su "función de acecho" es muy parecida a la función que en los sueños realiza esta figura arquetípica cuando se producen sus manifestaciones... Su función es muy parecida a la que Lao Tzé propone en su Tao te king acerca de la figura del maestro cuando dice:

                                         Así gobierna el sabio,
                                         vacía los corazones y llena los vientres,
                                         debilita las ambiciones y fortalece los huesos,
                                         procura que el pueblo no tenga ambiciones ni deseos,
                                         y cuida que los instruidos no osen actuar.
                                        Practica el No-hacer
                                        y asi todo se arregla. [7]

Algunas traducciones (como es el caso de la versión de Stephen Mitchell) optan por adecuar el texto a la relación del maestro con el discípulo y traducen el texto como sigue:

                                        El Maestro guía
                                        vaciando la mente de las gentes
                                        y llenando sus corazones;
                                       debilitando sus ambiciones
                                        y fortaleciendo su resolución.
                                       Ayuda a las personas a desprenderse
                                       de cuanto saben y cuanto desean
                                       creando confusión
                                       en aquellos que creen saber. [8]

En todo caso, ¿no es esto lo que hace Stalker con sus dos viajeros.? Provoca, trabaja constantemente sobre el Escritor intentando debilitar su ego para que pueda llegar a fortalecer su ser y cuida de que Profesor no ose actuar desde la soberbia de su saber. Stalker sabe algo que es lo que se halla en la profundidad de su sabiduría... A la habitación de los deseos sólo se puede llegar libre de deseos. Sobre todo del concepto de deseo como muy bien lo definió Freud en dos de sus acepciones, deseo como codicia (Wunsch) y deseo como anhelo (begierde). Stalker sabe que ante la habitación de los deseos sólo se puede llegar libre de codicia y de anhelo, libre de pasiones.

Stalker despoja a Escritor de toda defensa como ocurre antes de atrevesar la misteriosa puerta que se halla al final del túnel. Éste presa del miedo saca una pistola de su abrigo... y Stalker le conmina a dejarlo (¿A quién le va a disparar allí? - le grita -)... Un poco más tarde cuando pasa por el lugar donde el revólver esta en el suelo, Stalker lo hunde bajo el agua encharcada en el túnel...

                                         Las armas son instrumentos nefastos,
                                         odiados por todos los seres.
                                         Quien posee un recto SENTIDO
                                         no quiere saber nada de ellas.
                                         [...]

                                         Las armas son instrumentos nefastos
                                         que no convienen al noble.
                                         Sólo las usa cuando no queda más remedio.
                                         Sobre todas las cosas aprecia la calma y la paz. [9]

Y seguidamente llegamos a la escena de la habitación de arena en la que Escritor que, nuevamente desafía las indicaciones de Stalker, sufre una especie de shock, tras el cual se da cuenta de la realidad de su "personaje" y del descalabro de su ser. Recordemos el monólogo del escritor que ya vimos en la parte I al tratar de su personaje.

En la sala de arena
Tras salir de ella Stalker tiene una de esas extrañas intervenciones que le van caracterizando a lo largo de la película. Les recita unos versos a sus viajeros (versos de Arseni Tarkovsky, el padre de Andrej):

                                          El verano ya ha pasado
                                          como si no hubiera habido.
                                          Aun hay calor en lugares soleados
                                          pero eso poco ha sido.

                                          Todo aquello, que cumplirse ha podido,
                                           como una hoja de arce
                                           en mis manos ha caído,
                                           pero eso poco ha sido.

                                           El mal y el bien de la gente
                                           en vano no han desaparecido,
                                           todo ha ardido claramente,
                                           pero eso poco ha sido.

                                           La vida me ha protegido de la muerte,
                                           me ha dado abrigo y me ha defendido,
                                           en verdad que he tenido suerte,
                                           pero eso poco ha sido.

                                           Las ramas no se han rajado,
                                           las hojas no han ardido.
                                           El día, como crisal, fue lavado,
                                           pero eso poco ha sido.

"Pero eso poco ha sido". ¿No es acaso esto el problema del ser humano con el deseo y la realidad? Al ser humano parece que nunca le baste con lo que la vida le ofrece. Como ya dijimos, presa del deseo que se apega a la codicia y el anhelo, el ser humano vive la vida como si algo se le hubiera perdido. Nada nunca parece ser suficiente y una adicción a la instisfacción embarga su propia vida tras la búsqueda de ese "algo" perdido. Parece como si Stalker pusiera en todo este trayecto incidencia en la futilidad del deseo humano y la falacia de ese "algo" perdido... ¿Por qué dirigirse entonces hacia la habitación de los deseos? Antes de llegar a esta habitación y tras una escena donde siguen ocurriendo cosas extrañas como un teléfono que suena entre las ruinas o una bombilla de luz que emite un fuerte resplandor y luego se apaga, Tarkovsky nos ofrece una nueva imagen (dos cadáveres uno frente al otro de los que surge un tallo con sus hojas elevándose hacia arriba) que puede traducirse como "algo debe morir para que la vida continue" o en términos psíquicos "algo debe morir (del yo) para que el camino del ser continue".



III. EN LA ANTESALA DE LA HABITACIÓN DE LOS DESEOS: Sobre la naturaleza del deseo.

Tras la habitación de la arena llegamos finalmente a la antesala de la habitación de los deseos:

Se muy bien que se van a enojar... pero debo decirles que nosotros... nos encontramos en el umbral. Este es el momento más importante de nuestra vida. Ustedes deben saber que aquí se cumple su deseo más recóndito. ¡El más sincero! ¡El más sufrido! No hay que decir nada. Concentrarse y tratar de recordar toda su vida. Cuando el hombre piensa en el pasado él se hace benévolo. Lo principal... lo principal... ¡es creer! Ahora entren...

En el umbral de la habitación de los deseos
Estas palabras son muy interesantes... y en ellas reside la auténtica clave de la habitación de los deseos. Ella no es más que un espejo de la "naturaleza" de esos deseos. "Aquí se cumple su deseo más recóndito. ¡El más sincero! ¡El más sufrido!" ¿Qué significa esto acerca de qué deseo es el que se cumple en esa habitación? Otra frase interesante es: Concentrarse y tratar de recordar toda su vida. Cuando el hombre piensa en el pasado él se hace benévolo. ¿Por qué es necesaria la benevolencia para entrar en ella?

¿Cúal es nuestro deseo más recóndito? ¿Cuál es nuestro deseo más sincero? ¿Cual el más sufrido? ¿Por qué recordar la vida para ponerse benévolo? Recordemos que se dice benévolo (bene: bueno; volo: voluntad) del hombre de buena voluntad, de aquel que desarrolla la comprensión y la simpatía hacia las otras personas. También benévolo se aplica al ser humano que se entrega sin esperar nada a cambio, que hace o actua por su voluntad, y no obligación, con un fin u objetivo bueno. ¿Por qué Stalker parece indicar que la benevolencia es importante al entrar en la habitación de los deseos?

Quizá para ello es necesario recorrer un poco el final de la película. Escritor y Profesor renuncian finalmente a la posibilidad de entrar en esa habitación. Ambos, presa de la desconfianza y el miedo, el primero menospreciando y denigrando a Stalker, temiendo ese aspecto recóndito del deseo que puede cumplirse; el Profesor a través de la lectura que hace del lugar queriendo destruirlo con una mini bomba atómica (que llevaba oculta en la mochila) bajo pensamientos del tipo: ¿Imaginan a Hitler en esa habitación? El miedo que Escritor manifiesta, así como el de Profesor, a pesar de sus diferencias, coinciden en un punto: que se manifieste el deseo como codicia o como anhelo. La habitación de los deseos pone de relieve nuestra verdad psíquica, aquello que nuestros deseos más recónditos también dice que somos, o como dice Escritor:

Aquí se cumple lo que corresponde a tu ente, a tu esencia, de la que no tienes ni siquiere una idea. ¡Más ella está dentro de tí, controlando toda tu vida! [...] Mientras que la conciencia y los tormentos del alma no existen.

En su documental Zizek dice:

El contraste entre Solaris y Stalker es claro. En Solaris , tenemos la máquina del ello, un objeto que realiza nustras pesadillas, deseos, miedos, aun antes que uno pida por ellos.  En Stalker es lo opuesto, una zona donde sus deseos más profundos son realizados, pero con la condición de que uno esta apto para formularlos. Es claro que nunca se está apto para formularlos.

Y es aquí, en este momento, cuando las palabras de Stalker adquieren sentido, cuando la benevolencia que él reclama es la pista... En la visión de Tarkovsky este enfrentamiento con la habitación de los deseos, éste reclamo de benevolencia para entar en ella, quizá tiene que ver con la capacidad para sostener y "ver" nuestra realidad psíquica que va mucho más allá de aquello que creemos que somos. ¿No es acaso esto lo que hacen en muchas ocasiones los sueños, mostrarnos aquello que también somos, pero que nuestro yo se niega a aceptar o simplemente lo ignora? ¿No es por eso que la consciencia ordinaria mantiene habitualmente tanta resistencia hacia ellos: a recordarlos primero, a mantenerlos en la consciencia luego, a intentar "ver" lo que su metáfora dice de nosotros? La benevolencia es posible cuando la acompaña la compasión. Cuando nuestra mirada puede enfrentarse a nuestros deseos más recónditos sin asustarse. Cuando estos responden a nuestra esencia más narcisista: codicia y anhelo. Pero la cuestión final es: ¿son estos de verdad nuestros deseos más recónditos?

IV. EN EL CAMINO: ESPERANZA, AMOR Y DESEO.

Simplificaré desafortunadamente mucho el final de Stalker y los múltiples detalles dignos de atención. Después de la escena de la lluvia, en la que los tres viajeros acaban sentados juntos contemplando la lluvia, la escena se traslada ya fuera de la zona, en la misma taberna de la que partieron... La mujer de Stalker y Monita, su hija, viene a recogerlo y Profesor y Escritor lo observan. En su expresión se nota que algo ha cambiado, que algo de ellos ya ha vuelto distinto del viaje.

Tras volver del viaje
Stalker, que ha traido el perro de la zona, parte con ellos... Cada vez que la cámara enfoca a Monita el color vuelve a la pantalla... Tras acostar a un entristecido Stalker, quien se queja de la dificultad del hombre para creer, asistimos a un monólogo de la mujer de Stalker que parece dirigirse al espectador:

Seguro que ustedes ya comprendieron que él es un simplón. Todos los vecinos se reían de él. Era un lelo, daba lástima. Mi mamá decía: "¡Él es un Stalker, un suicida, siempre está preso! ¡Piensa en como son los hijos de los stalkeros". Y yo, ni siquiera discutía. Yo sabía que eso era así, que es un suicida, siempre está encarcelado y el problema de los niños. Pero ¿qué podía hacer yo? Estaba segura de que lo pasaría bien con él. Aunque sabía que también tendría muchas desgracias. Pero mejor es una felicidad amarga que una vida gris y aburrida. Quizás yo inventé esto después. Entonces el se me acercó y dijo: "Ven conmigo". Fui con él y nunca lo lamenté después. Nunca. Pasé mucha amargura, mucho horror y verguenza, pero nunca me lamenté ni tuve envidia de nadie.Simplemente, así es el destino, la vidas; así somos nosotros.Y si en nuestra vida no hubiera habido pesares, mejor no hubiera sido. Sería peor. Porque entonces, tampococo habría habido felicidad. Ni esperanza.

¿Cuál es el deseo más recóndito? ¿Cuál el más sincero? ¿Cúal el más sufrido? ¿Cuál el deseo al que finalmente por el miedo renuncian ambos viajeros? Kierkegaard decía que mirar hacia al pasado es necesario para andar hacia el futuro... Escritor, Profesor, renuncian a mirar a su pasado, renuncian a hallar la benevolencia, la mirada compasiva hacia ese pasado sin el que es imposible encaminarse al futuro, si bien su alma ya ha quedado tocada, la expresión de sus rostros, la mirada hacia la familia de Stalker así parece mostrárnoslo. Vaya así mi hipótesis... La habitación de los deseos refleja el miedo y la indignidad del ser humano hacia sí mismo disfrazados de soberbia egoica. La libertad intelectual o la libertad política que predican Escritor y Profesor no es más que la fachada que encubre sus miedos y el final rechazo que sienten por sí mismos... por eso no se consideran dignos de entrar en esa habitación, porque sólo consideran que ella les devolvera ese deseo codicioso o anhelante que se oculta en ellos... La mujer de Stalker, sin embargo, nos da el tesoro que es a le vez el más recóndito, el más sincero, el más sufrido: EL DESEO DE SER DIGNO DE AMOR. El amor que ella le da a Stalker que a su vez manifiesta un deseo que aun quizá sea más profundo: EL DESEO DE PODER AMAR. Y es así que el amor matiza el deseo y lo hace menos codicioso y menos anhelante, lo armoniza más con la vida y la hace suficiente. La mujer de Stalker, la más sencilla entre todos es la que sencillamente nos ofrece el tesoro, la esperanza del ser humano: el amor, del que finalmente Zizek, en unas bellas palabras con las que finalizaré la entrada, nos dice:

… lo esencial de la afirmación de que incluso si llegara a tener todo el conocimiento, sin amor no sería nada, no es meramente que con amor, sea algo. Con amor, también soy nada, si así puede decirse, una nada humildemente consciente de sí, una nada que se enriquece por paradoja por el conocimiento mismo de su carencia. Sólo un ser menesteroso, vulnerable es capaz de amor: el misterio final del amor es así que la falta de completitud  es en cierto sentido más alta que la completitud. Por un lado, sólo un ser imperfecto, menesteroso, ama: amamos porque no sabemos todo. [9]

La escena final de la película nos muestra a Monita leyendo y a su voz en off recitando un poema de Fiodor Tiutchev que no hace más que dar vueltas a todo este temática:


Amo tus ojos mi adorada,
con sus fascinantes centelleos,
cuando los alzas de forma inesperada,
y como un relámpago celestial
lanzas alrededor tu mirada.

Pero hay otro encanto aun más intenso:
cuando los ojos bajas pudorosa
en los minutos de un beso apasionado,
y a través de tus pestañas hermosas
sale el fuego de tu ardiente deseo.




Y así la naturaleza del camino de un ser humano es el largo camino hacia el amor y la libertad, un camino sin fin...

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PARA VER PARTE I DE STALKER. PULSAR AQUÍ
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[1] Mengs, Antonio. Stalker, de Andrei Tarkovsky. Libros de cine Rialp, pág. 91
[2] Cardona, Jaume. Sobre el poder de las imágenes del inconsciente.
[3] Skakov, Nariman.  The cinema of Tarkovski. I. B. Tauris. London. pág. 147. La traducción es mía.
[4] Ver nota 1, pág. 90
[5] Cioran, E. M. Breviario de podredumbre. Punto de lectura, pág. 35
[6] Ídem anterior, pág. 49
[7] Tzé, Lao. Tao te King (Versión de Richard Wilhem). Editorial Sirio. Capítulo 3
[8] Tzé, Lao. Tao the King (versión de Stephen Mitchell). Gaia Ediciones.
[9] Slavoj Zizek. El frágil absoluto. Editorial Pre-textos, nro. 579, pág. 190 y 191
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VER PELÍCULA STALKER:

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OTRAS PELÍCULAS COMENTADAS DE TARKOVSKI.

SOLARIS (1972)
Andrej Tarkovski

Actores: Donatas Banionis, Natalia Bondarchuk, Juri Jarvet, Anatoly Solonitsyn.

sábado, 5 de noviembre de 2011

EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS (II): LA RELACIÓN MAESTRO-DISCÍPULO


I. JOHN KEATING Y LA TRANSFERENCIA DE AMOR

Vamos a ver hoy otra aproximación interesante que nos ofrece esta película. Es aquella que se deriva de la relación del profesor Keating, el maestro, con sus discípulos (el club de los poetas muertos). Me parece, en este sentido, destacable el análisis que hace de esta película la filósofa eslovena Alenka Zupancic (de clara influencia lacaniana), y de la cual os ofrezco el siguiente y largo extracto:

Alenka Zupancic
Consideremos en primer lugar las consecuencias de la llegada de Keating en el nivel intersubjetivo. Si, como se indica en varias escenas, la relación entre alumnos y profesores en esa escuela se basaba principalmente en el miedo y la disciplina, Keating la “complica” considerablemente al suscitar en los estudiantes un tipo diferente de “transferencia”, a saber: el amor. Esta vinculación puede discernirse del modo más claro en la relación entre Dalton y Keating; dos escenas tienen en tal sentido una importancia crucial. La primera es la escena del patio trasero, cuando Keating les ordena a sus discípulos que marchen y encuentren “su propio camino”; Dalton se niega a hacerlo. En este punto somos testigos del desafío, una de las fórmulas fundamentales del amor. El mensaje es claro: la demanda de atención y de una mirada, un llamado a Keating: “Mírame, mira lo que estoy haciendo”. Desde luego, Keating capta el mensaje. La segunda escena es el escándalo que Dalton provoca en la asamblea escolar, imitando burlonamente una llamada telefónica, y gritándole al director que dios quiere hablar con él – un gesto que cuestiona la autoridad del director y lo ridiculiza, un gesto que plantea el interrogante de “¿qué te autoriza?”, “¿qué supremo conocimiento posees tú”? La verdadera meta de esa provocación se vuelve manifiesta poco después, cuando Dalton (luego de haber sido castigado) charla con sus amigos y es el astro indiscutido de la noche; Keating entra y dice que ha hecho algo muy estúpido, pero Dalton lo mira con sorpresa y responde: “¡Creí que a usted le gustaría!” En síntesis, que su acto tenía la intención de que Keating lo viera; es decir, era una vez más demanda de mirada. El segundo rasgo que pone de manifiesto esta escena es el hecho de que Dalton podía anular una autoridad sólo para reposar en otra, en Keating. De modo que se había frustrado la demanda del profesor, que decía “piensen con su propia cabeza”: todos los que la tomaron en serio, empezaron a pensar con la cabeza de Keating o actuar para conseguir su mirada. Esta fue una lección para Keating que valía lo que le costó. Con independencia de las ideas, enfoques y esfuerzos pedagógicos que se introduzcan, la disposición fundamental alumno (sujeto) – maestro (sujeto supuesto saber) es irreductible.

Una vez introducida la transferencia, también pierde su inocencia el “¡Carpe Diem!” Pierde su forma de consejo y empieza a funcionar como imperativo, más precisamente, como imperativo del superyó, puesto que lo que comunica en última instancia es un imperativo de jouissance […] cuando obtiene el estatuto de imperativo del superyó, esta orden pierde su inocencia. ¡Goza!: la imposibilidad de esta orden que lo muchachos tienen frente a sí surge del hecho de que nos deja sobre una cuerda floja. Nunca podemos estar seguros de haber gozado lo suficiente, de que hemos aprovechado todas nuestras oportunidades, de que hemos “aferrado el día”. Constantemente nos preocupa haber perdido algo. [1]

Y añade finalmente una reflexión importante para comprender quien es Keating en la psique de sus alumnos y discípulos:

Keating es un kantiano que les dice a sus alumnos “hagan su deber”, “hagan su Cosa” que es realmente de ustedes y no de las escuela, de los padres o de cualquier otra persona. Realicen el acto  porque es lo único que podría hacer su vida digna de vivirse. La mayoría de los alumnos fracasa en esto.

Es esta una interesante reflexión sobre la relación maestro – discípulo y la sutilidad que la envuelve… La relación entre Keating y sus alumnos pone de relieve la profundidad de esta sutilidad justamente en las raíces de la misma organización psíquica. La necesidad del discípulo de un maestro (de  una autoridad) entra también, y a veces peligrosamente, en la dialéctica entre el súbdito y el rey, que tiene su reflejo psíquico en la relación del yo con el superyó.

Cuando la relación entre el maestro (rey) y el discípulo (súbdito) se fundamenta en una transferencia basada en el miedo, la cosa está clara… La autoridad es la autoridad que le confiere un rango, y el discípulo es el esclavo al cual se le promete una supuesta enseñanza en la que el orden, la disciplina y la seguridad y, generalmente, el sometimiento a ciertos y supuestos valores son esenciales… Se trata de una relación que podemos llamar militar, en la cual el miedo y la disciplina son fundamentales, y ante las cuales la posición del súbdito se mantiene por la amenaza del castigo. Este es el panorama del Colegio Wellton en el que recae como profesor su antiguo alumno John Keating.

Ante esta relación obvia, aparecen dos estilos de relación cuya transferencia se sitúa en  otros ámbitos no menos destacables:  el amor y el poder. En esta última, generalmente, el discípulo acepta el rol de súbdito por admiración y ambición: la  promesa de poder que el Maestro le ofrece y que hará de él quizá un futuro maestro…  Un ejemplo de ello lo tenemos en los señores Sith de la guerra de las galaxias, donde la sumisión del discípulo al maestro se realiza a través de la promesa de poder que llega del lado oscuro de la fuerza.

Charly Dalton (Gale Hansen)

Y así, y ante la promesa de valores, orden, disciplina y seguridad que ofrece la autoridad y que es transferida a través del miedo, o la promesa de poder que ofrece la autoridad que dice ostentarlo y que es transferida a través del deseo de poder… ¿Qué ofrece la autoridad amorosa? Alenka Zupancic observa certeramente que la autoridad amorosa promete mirada… la mirada que confiere existencia, una mirada que, en principio, reconoce, aprecia y dignifica. El análisis de la filósofa eslovena de las escenas que envuelven al discípulo Dalton muestran el peligro y la sutilidad que requiere la relación maestro - discípulo cuando esta se sitúa alrededor de la transferencia de amor. La contrariedad que experimenta Dalton ante la de Keating alrededor de su actitud en la asamblea escolar, “¡Creí que a usted le gustaría!”, demuestran sin lugar a dudas el cambio de una autoridad a otra: la del miedo hacia la del amor. Y ahí está justamente el problema: cuando un sentimiento como el amor es elevado al rango de autoridad. ¿No es acaso este la gran contradicción de la ley mosaica: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo? ¿Cómo un sentimiento como el amor puede elevarse al rango de ley: debes amar? Y esta es la maniobra profundamente perversa… Cuando el amor es elevado – o descendido - a la categoría de ley uno se enfrenta a la mirada que confiere existencia, pero que también la quita; a la mirada que reconoce, aprecia y dignifica, pero también a la mirada que avergüenza, que abandona y se decepciona… ¿No es ese el tono de decepción que observamos en Dalton ante la reacción de Keating? Esa maniobra es la que desvela que cuando el amor es elevado al rango de ley (lo que indefectiblemente ocurre en la relación intrapsíquica entre el yo y el superyó), Keating es elevado a un modelo a seguir… gestionado por el superyó. En la película la señal que ya nos habla de esto es cuando el grupo de alumnos más seducidos por el estilo de Keating copian el mismo club que esté fundo antaño: el club de los poetas muertos. Y así frases esencialmente vitalistas como el famoso Carpe Diem que puede traducirse por “Aprovecha el día”, en el sentido de “aprovecha el momento, no lo malgastes”, se transforma en un imperativo superyoico  de ¡Aprovecha el día! ¡No malgastes  ningún momento! ¡Exprime el día! ¡Vive cada instante! Con lo cual, y desgraciadamente,  la vida se transforma en un infierno en el que como bien dice Zupancic, nunca se está seguro de haber logrado el objetivo, tras lo cual, y al ser un imperativo superyoico, viene la tortura de la culpa, del desprecio, de la profunda insatisfacción por no haberlo logrado…  Imaginemos la gestión superyoica de una frase de la película, correspondiente a Henry David Thoreau, del siguiente calibre:

“Me interné en los bosques porque quería vivir intensamente; quería ‘sacarle el jugo’ a la vida. Desterrar todo lo que no fuese vida, para así, no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido”.

Imaginemos el equivalente superyoico de esta frase: ¡Si no vives y le sacas todo el jugo a la vida morirás dándote cuenta de que no has vivido! La vida, el vivir se transforma entonces en una profunda angustia para no llegar al momento de la muerte y en ese último instante darme cuenta de que no he vivido suficiente. Y así otras frases o versos como los siguientes:

                                                    “Toma las rosas mientras puedas;
                                                      veloz el tiempo vuela,
                                                      la misma flor que hoy admiras
                                                      mañana estará muerta”.

Desde la gestión superyoica estos versos se transforman en una angustia vital por “tomar cuantas más rosas mejor…”  entrando así en contradicción con el tiempo necesario (¡el tiempo vuela!) para entregarse al placer de contemplar y admirar la belleza de una rosa.

II. SOBRE EL DESAPEGO AMOROSO. 


John Keating (Robin Williams)

¿Qué hacer ante esta problemática en la que el discípulo eleva al rango de ley al maestro amoroso? Evidentemente que el manejo de la situación corresponde al maestro. Me gustaría aplicar aquí la idea de desapego amoroso,  un amor que persiste más allá de los resultados, sean estos mejores o peores, aparentemente acertados o erróneos… la presencia que sigue al lado – que sigue mirando - sea cuales sean los avatares de su discípulo sin apegarse a ellos, sin intentar resolver activamente nada, devolviendo constantemente al discípulo a aprender de su propia experiencia. Una desapego que finalmente se manifiesta en todo su esplendor en el final desprendimiento del discípulo de su maestro (de su mirada), entonces ya mirada interna, mirada propia. El desapego amoroso se caracteriza también por dejar atrás los consejos y fórmulas para llevar al discípulo a su propia respuesta, enseña al desnudo a vestirse, no le viste. El amor desapegado del maestro tiene finalmente también su reflejo interno en la relación del self con el yo por oposición a la que éste mantiene con el superyó. Mientras uno maneja imperativos, amenazas, culpa y castigo, el otro maneja manifestaciones creativas, metáforas, imágenes sorprendentes, sueños con el fin de que el yo halle su propia respuesta, su propia actitud, su propio lugar en un largo proceso de acercamiento del uno al otro en lo que Jung llamó proceso de individuación. Y en esa relación especular, de la misma manera que el self modifica el yo por su presencia, igualmente lo hace el maestro con el discípulo, no tanto por sus fórmulas o sus consejos, sino por la fuerza de su presencia amorosamente desapegada.

Si quieres aplastar algo, permite primero que se expansione.
Si quieres debilitar algo, permite antes que se fortalezca.
Si quieres destruir algo, permite antes que prospere.
                                                              (Tao Te King. Lao tze)

Aunque no voy a extender aquí el análisis, es fácil deducir de aquí el poder de manipulación que ofrece a un maestro el amor… El poder que se deriva de poner o quitar la mirada que confiere existencia y reconocimiento, aprecio y dignidad precisamente como elemento coercitivo. Precisamente cuando esto que ahora pongo lo quito.


III. LA IRRUPCIÓN PERVERSA DEL AMOR EN EL MUNDO DEL MIEDO

Neil en su actuación teatral

Es inevitable establecer una comparación entre el destino final del profesor Keating con el de Melanie en la película ya comentada en este blog de Los pájaros de Hitchcock. La irrupción perversa de Melanie en el mundo familiar de los Brenner (un universo cerrado que gira alrededor de Lidia, la madre) es de características parecidas a las de la irrupción de Keating en la escuela Wellton. Efectivamente, ésta conmociona las estructuras de una institución como dicha escuela de la misma manera que conmociona la relación de Lidia con Mitch en Los pájaros. La diferencia es la forma en que se resoluciona en ambas películas este conflicto. Mientras que en Los pájaros la irrupción perversa del mundo del deseo a través de Melanie en el mundo posesivo de Lidia se castiga precisamente  de manera simbólica con esos ataques de los pájaros (recordemos que Melanie acaba traumatizada), en El club de los poetas muertos se utilizará  la muerte de Neil (Robert Sean Leonard) para, a modo de chivo expiatorio, sacarse de encima a Keating. Esto nos ilustra claramente una de las características de la autoridad basada en el miedo: la búsqueda de culpables, de causas externas para justificar el acto suicida de Neil en la medida en que este se relaciona y es seducido por el "estrambótico" profesor Keating de dudosas artes didácticas y aún más dudosas actitudes vitales…  Es necesario simbolizar el suicidio de Neil, darle una explicación, un sentido, y que mejor que “pasarle el muerto” a Keating y sus insanas influencias sobre los jóvenes de la escuela Wellton. Evitamos así reflexionar sobre los efectos de la prohibición paterna sobre Neil y de la complicidad de la Escuela con él… En cierta medida Keating es traumatizado como lo es Melanie en los pájaros, si bien éste es finalmente reparado por Todd, quien comprende, como indica Zupancic en su análisis de la película, el verdadero estado de la cuestión:

Quien comprende primero la falsedad de esta victimización es Todd, el compañero de habitación de Neil, que insistentemente repite que el ser actor era una idea de Neil, y que Keating no tenía nada que ver con ella. El muchacho que fue el último en unirse al “Club de los poetas muertos" es el primero en subirse al pupitre en la escena final del film, cuando Keating tiene que dejar la escuela. Desde esta perspectiva, la escena final (los alumnos de pie sobre los pupitres recitando ¡Oh Capitán, mi capitán!) podría interpretarse como el gesto por medio del cual se restituye el suicidio de Neil la dignidad del acto. [3]

El profesor Clément Mathieux (Los Chicos del coro)
En los entornos donde prevalece la autoridad que ejerce el miedo, el amor siempre es peligroso y perverso, puesto que el amor, el verdadero amor, no puede pretender más que hombres y mujeres comprometidos con su libertad, una libertad que sólo ellos pueden ganar más allá de cualquier orden y disciplina, más allá de los “grandes valores” que el miedo pretende garantizar. Eso es lo que hace que Keating, a pesar de sus errores, sea finalmente un hombre generoso, un hombre comprometido con su libertad, esa presencia final que será lo que perdure posiblemente para esos alumnos que toparon en su camino con él. Esto se muestra más explícitamente en la película Los chicos del coro, donde la película se inicia con el retorno a casa, tras la muerte de su madre, del famoso director de música Pierre Morhange (Jacques Perrin) que revive así su infancia a través del diario de su antiguo profesor de música Clément Mathieux (Gerard Jugnot), quien iluminó con su presencia y su música un oscuro y lúgubre internado en el que Morhange residía. Como no podía ser de otra manera el amor de Mathieux tiene un destino final parecido al de Keating en un lugar donde la autoridad que impera es la del miedo, la amenaza y el castigo.

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ENLACE RELACIONADO.

El club de los poetas muertos: las fuentes de la poesía

(pulsa el título para acceder al enlace)









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[1] Zupancic, Alenka en Todo lo que usted siempre quiso saber sobre Lacan y nunca se atrevió a preguntarle a Hitchcock. Slavoj Zizek compilador. Editorial Manantial, pág. 71 y 72
[2] Ver nota 1, pág. 73