AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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lunes, 9 de noviembre de 2020

ESTOY PENSANDO EN DEJARLO (CHARLIE KAUFMAN, 2019): Trastorno psíquico y entorno social. Consecuencias.

Hubo un tiempo en que el prado, el huerto y los 
arroyos, 
la tierra, y cada paisaje corriente,  
    me parecían,
    ataviados de luz celestial,  
con la gloria y la frescura de un sueño.  
Ahora ya no sucede como en tiempos pasados;  vaya a donde vaya,  de día o de noche,
las cosas que solía ver ya no soy capaz de verlas. [1]

Fragmento de "Oda: Insinuaciones de inmortalidad en los recuerdos de temprana infancia." (William Wordsworth)

Jake (Jesse Plemmons) cita, en el primer largo diálogo en el coche entre él y Lucy (Jessie Buckley), este poema de William Wordsworth, y del que tomo sus primeros versos para reflexionar sobre ésta discutida película de Charlie Kaufman, "Estoy pensando en dejarlo" estrenada en Netflix, ya que dentro de la complejidad narrativa y simbólica de la película, ésta esencialmente creo que la podemos contemplar desde estos primeros versos. Estructuraremos nuestra reflexión partiendo de las escenas en las que la película se divide.

I. PRIMERA ESCENA: EN EL COCHE.

La primera escena, que toma aproximadamente los primeros veinte minutos de la película nos presenta a los dos personajes clave: Lucy y Jake. Y aunque más allá de presentarnos una pareja que llevan poco tiempo juntos, camino de conocer a los padre de él, una buena pregunta que nos surge, conforme avanzan estos primeros minutos, es quien representa cada uno de ellos en realidad. Quisiera destacar que en esa primera escena hay algunos elementos que nos hacen pensar en especial sobre Lucy:

- Al empezar la película vemos a Lucy, mientras espera a Jake, inquietarse ante las palabras que llegan de un hombre mayor (El posterior portero del Instituto protagonizado por Guy Boyd) que se halla tras una ventana: "Las presunciones son correctas. Noto como mi temor crece lentamente..." - dice el anciano - "Este es el momento de las respuestas. Sólo una pregunta, una pregunta a la que responder" - continúa, aunque ahora más joven -.

- En segundo lugar observamos que Jake parece oír el pensamiento de Lucy: "Estoy pensando que tengo que dejarlo".

- En tercer lugar, Jake le dice a Lucy que Wordsworth escribió una serie de poemas a una mujer que lleva su mismo nombre, Lucy, "una preciosa e idealizada mujer que muere joven". Y añade: "ideal como tu". Extraigo unos versos de uno de los poemas que Wordsworth le escribió:

                                              ¡Qué deprisa se acabó la carrera de mi Lucy!  
                                              Murió, y me dejó a mí  
                                              este brezal, esta calma, 
                                              este escenario silencioso;  
                                              la memoria de lo que fue  
                                              y nunca volverá a ser.

- En cuarto lugar, la dificultad de Lucy con los tiempos. No tiene claro cuanto hace que sale con Jake, aunque hace poco. No recuerda la última vez que fue en coche... "no recuerdo tantas cosas últimamente", añade.

- Finalmente, el tremendo poema que recita (y que corresponde a "Bonedog" - Hueso de perro - un poema del libro de Eva Haralambidis-Doherty, de su poemario Rotten Perfect Mouth, libro que aparecerá más tarde), pues parece que a parte de estudiante de medicina es poeta, un poema que habla de la desolación de una vida, y de la que, por razones que luego comentaré, extraigo los siguientes versos: 

                                              Suspiras contra la arremetida de días iguales,
                                              el mismo día a la vez... y... bueno... has vuelto.
                                              El sol sube y baja como una puta cansada,
                                              el clima inmóvil como un miembro roto
                                              mientras sigues envejeciendo.
                                              Nada se mueve a parte de las mareas de sal
                                              a la deriva en tu cuerpo.
                                              Tu visión se nubla,
                                              llevas tu propio clima encima.
                                              La gran ballena azul, una oscuridad esquelética.

Jake se identifica plenamente con esta poesía: "Es como si hubieras escrito sobre mí" ¿Por qué? Hablemos ahora de Jake.


                                                                             Lucy

Jake esta relacionado con el conserje de la escuela que aparece desde el primer momento en la película, y en esta primera parte empezamos a ver su relación en dos momentos que lo dejan muy claro. El primero, cuando el conserje va en su coche y la cámara enfoca una bolsa en la que parece llevar su desayuno y en la que vemos un rostro de una mujer payaso con corona, rostro que encontraremos de nuevo en un anuncio de una heladería en la carretera antes de llegar a casa de los padres de Jake.

El segundo se trata del musical preferido de Jake, Oklahoma. Mientras el anciano conserje barre el teatro del instituto donde trabaja, se realiza un ensayo de este musical por parte de algunos alumnos.


                                                                 El conserje del instituto.

II. LA SEGUNDA ESCENA: EL INTERMEDIO EN EL ESTABLO.

Antes de entrar en la casa de los padres de Jake hay una escena que se desarrolla en un establo de la granja, una escena intermedia que parece hablar de la vida sin sentido y de la muerte en vida. Hay tres elementos que me parecen destacables. La primera de ellas es cuando Lucy, al observar las ovejas encerradas en su corral, piensa:

Hay algo triste y deprimente aquí dentro, y apesta. Me pregunto como será lo de ser oveja. Pasarse toda la vida en este mísero lugar sin hacer nada, comiendo, cagando, durmiendo una y otra vez.

El segundo momento es cuando contempla unos corderos muertos que están allí, abandonados en estado de congelación.

Y la tercera es el relato terrible que hace Jake acerca del sacrificio de unos cerdos que sucedió antaño en la granja  y que eran devorados vivos por una gusanos.

Tres símbolos que podemos relacionar con una vida pobre y carente de sentido, con una infancia en la que se empezó a gestar la pobreza de esta vida, en que la vida ya se "congeló", a la vez que se apunta con la imagen de los cerdos devorados  por los gusanos algo que fue corroyendo la vida de Jake. Corrosión que iremos comprendiendo en la medida en que nuestra reflexión avance.


                                                                           Lucy y Jake

III. TERCERA ESCENA: EN CASA DE LOS PADRES DE JAKE.

Volver a casa
es terriblemente solitario...
y piensas con cariño
en la opresiva presión barométrica
del lugar de donde acabas de llegar,
porque todo es peor cuando estás en casa.
Piensas con nostalgia en los bichos
que se aferran a las plantas...
las largas horas en el camino,
la asistencia de carretera y los helados,
las formas peculiares de ciertas nubes
y los silencios,
porque no querías regresar.

(Hueso de perro. Eva H. D.)

En esta tercera escena se confirma la identificación en dos aspectos:

La identificación de Lucy-Louise (en esta escena se llama Louise) con Jake a través de varios detalles:

1) La foto en color en la pared de un niño-niña con la que ambos se identifican y cuyo rostro cambia en función de quien la mira.

2) El descubrimiento del libro de Eva H. D. "Rotten Perfect Mouth" (Boca perfectamente podrida) en la habitación de infancia de Jake, del cual procede el poema que Lucy-Louise narra como suyo en la escena del coche.

3) De la misma manera vemos que, al bajar al sótano, los cuadros que la Lucy-Louise pintora (y física cuántica) muestra como suyos no lo son, corresponden al pintor romántico americano Ralph Albert Blakeloc, y que al pie de un póster de una exposición suya, podemos ver distintos lienzos firmados por Jake en un intento de imitar su obra.

Otra característica de esta escena, es evidente, son los desplazamientos temporales con los padres de Jake, magníficamente interpretados por Toni Collete, como la madre, y David Thewlis, como el padre, y que nos permiten contemplar un aspecto que podríamos relacionar con los cerdos devorados por los gusanos y al que referí como una imagen que representaba la corrosión sobre la infancia por parte de una familia desestructurada e insana.

Efectivamente, en la primera parte de esta escena, la que podemos llamar escena de la cena, vemos el rechazo que Jake experimenta por sus padres, presentados como una pareja extraña, decadente y enferma. Observamos como Jake rechaza repetidas veces el contacto de su madre, o como a su padre le saluda dándole la mano.

Sin embargo, en las otras escenas, le observamos dándole pacientemente de comer a su madre, definitivamente ya muy enferma, cuidando a su padre (afectado de un tipo de demencia con cuerpos de Lewy), o asistiendo a su madre en la cama (ya fallecida), a la vez que Lucy-Louise habla con el padre ya muy mayor y aquejado por la demencia antes citada, de la misma manera que, en otro momento, vuelve a encontrarse con la madre ahora más joven, o posteriormente, junto el lecho en que se halla la madre muerta, con el padre, también más joven.


                                                                        La familia de Jake

Para acabar de comprender esta escena, creo que es importante relacionar también a Jake-Lucy-Louise con el anciano Jake, cuyas referencias son evidentes:

En primer lugar vemos al inicio de esta escena al anciano viendo bailar a una pareja al estilo del musical Oklahoma, y posteriormente, lo vemos viendo en televisión, mientras come, lo que parece ser una comedia de Robert Zemeckis, una escena romántica protagonizada por unos jóvenes llamados Yvonne (Colbi Minifie) y su novio (Jason Ralph). Más tarde, Lucy-Louise recibirá una llamada de Yvonne, y que al escuchar su mensaje oirá la voz del anciano Jake dándole un confuso mensaje, mensaje que, posteriormente y tras una llamada de Louise se formulará más claro. Oímos las voz del anciano diciendo:

Sólo hay un asunto que resolver. Tengo miedo, me siento un poco loco. No estoy lúcido, las presunciones con correctas. Noto como crece mi miedo. Es tan sólo una pregunta, una pregunta a la que responder.

Es importante esa referencia a las comedias románticas de Zemeckis como comprenderemos al final de nuestra reflexión.

En segundo lugar, y posteriormente, en el sótano, y en ante la lavadora ve en ella el mono de trabajo que el anciano portero del instituto lleva para trabajar.

¿Cómo entender todo este aparente galimatías? Nos encontramos ante la historia de Jake, un chico que parecía que podía haber tenido una vida más prometedora que la que finalmente tuvo. Evidenciamos este elemento entre el Jake que vemos de joven y el triste portero de instituto que vamos viendo durante toda la película. Las imágenes sugieren las consecuencias sobre Jake, que parece ser hijo único, que tuvo el ser fagocitado por su familia.

Hay una imagen ciertamente significativa, y a la que podemos dar una lectura simbólica, y que entronca con los corderos congelados del establo. Se trata de un momento en el que mientras Jake da de comer a su madre enferma, Lucy-Louise le dice que debe partir, que mañana tiene trabajo, pero Jake le dice que pronto, cuando acabe. Lucy-Louise se acerca entonces a la ventana y ve el coche con el que han venido cubierto de nieve. Una buena imagen del camino que Jake probablemente nunca pudo tomar porque nunca pudo salir, en un sentido psíquico, de su casa. Inmediatamente tras la imagen del coche vuelve a aparecer la del anciano portero del instituto sacando la basura bajo la nieve. En esta misma escena aparece la soledad de Jake:

Lucy-Louise: Estoy impresionada por tu consideración hacia tu madre. No es corriente. Solemos almacenar a nuestros mayores. Tu devoción filial es muy especial.
Jake: Me alegra oírte decirlo. Hace que me sienta mejor. A veces parece que nadie vea las cosas buenas que haces, como si estuvieses solo.

En realidad, el que parece quedar almacenado es Jake.

¿Y qué decir de Lucy-Louise? ¿Qué representa de Jake? A mi me parece ver en ella, en términos junguianos, el anima de Jung. Lucy-Louise es una especie de Beatriz de Dante, una guía que lleva a recorrer a Jake su infierno, aquel que va del joven Jake al anciano Jake. El hecho de que cambien los nombres, las profesiones, y de que se solapen los intereses de Jake con los suyos, no es más que una manera de decir que Lucy-Louise no es una mujer determinada, sino una mujer arquetípica, una representación del anima de Jake.

IV. CUARTA ESCENA: SEGUNDO TRAYECTO EN COCHE.

A la gente le gusta verse como puntos moviéndose a través del tiempo, pero yo creo que seguramente es lo contrario, que nos quedamos inmóviles, y el tiempo pasa a través de nosotros soplando como el tiempo frío, robándonos nuestro calor, dejándonos resecos y congelados y no sé... muertos. Siento que yo fui ese viento esta noche, soplando a través de los padres de Jake, viéndoles tal como son, tal como serán, viéndoles cuando ya no estén, cuando sólo quede yo, solo el viento...

Así reflexiona en off Lucy-Louise al inicio de esta escena. Toda la película está recorrida por este viento frío, helado. En esta escena podemos destacar tres momentos:

1 - La discusión en torno a la película "Una mujer bajo influencia" de John Cassavetes.
2 - La parada en la heladería.
3 - De camino al instituto.

1 - Siguen las identificaciones de Lucy-Louise con Jake, ahora con la crítica que ella hace sobre "Una mujer bajo influencia". Efectivamente, cuando ella está en el cuarto de Jake, en casa de los padres, otro de los libros que se aprecia claramente es "The Keeps", de la gran crítica de cine norteamericana Pauline Kael, y en el cual se encuentra la crítica que escribió en la revista The New Yorker en diciembre de 1974. Una gran parte del monólogo de de Lucy-Louise está inspirado en este artículo, cuando no se citan algunas frases literalmente, como cuando habla acerca de la grandísima interpretación de Gena Rowlands.

Sin embargo, esta referencia sirve para introducir un elemento importante en relación a la psicopatología, y que es, más allá de la patología en cuestión, la insana influencia del entorno. En la crítica de Pauline Kael cita como referencia de la película de Cassavetes al psiquiatra Ronald D. Laing, conocido por sus ideas acerca de la enfermedad mental, y en las que destacaba que más allá de la predisposición de los individuos que era también muy importante los condicionamientos ambientales, tanto provenientes de la familia como de la propia sociedad. Rotundamente opuesto a la "psiquiatría oficial" (antipsiquiatria), tenía una visión distinta del tratamiento de la enfermedad mental, considerando que, en realidad, el tratamiento psiquiátrico farmacológico convencional impedía, en realidad, la verdadera curación. Y eso es lo que vamos observando en el posterior diálogo en el coche entre Jake y Lucy-Louise y que también es Yvonne, donde se va perfilando que Jake fue uno de esos jóvenes que fue sometido a esa presión irracional de la familia y el entorno social. En una crítica claramente lainguiana, Jake le dice a ella en un momento dado:

Es despreciable como etiquetamos a las personas, las categorizamos y las despachamos. Miro a los chicos que veo en el instituto cada día, y veo a los que son excluidos, son diferentes, no siguen el ritmo. Veo la vida que tendrán debido a eso.  A veces les veo años después en el supermercado del pueblo... y veo, sé que siguen cargando con ello y lo llevan siempre encima... como una aura negra, como una cruz, como una herida supurante.


                                                                        En el coche...

2 - En la escena de la heladería constatamos que Jake es uno de esos jóvenes excluidos de los que habla en el instituto. Lo observamos claramente en su actitud avergonzada con respecto a las jóvenes que deben atenderles y que, evidentemente, se ríen de él-ella, evitando su mirada y pidiéndole a Lucy-Louise-Yvonne que haga ella el pedido.

Una vez más nos tenemos que referir a otro libro que vemos fugazmente en la habitación de Jake, y del que ahora intentará hablarle: Hielo (Ice), de Anna Kavan (pseudónimo de Hellen Woods). La cita de este libro, y por una vez más, no habla de la enfermedad mental y de la patología, pues Anna Kavan fue una mujer con un fuerte trastorno emocional de carácter psicótico paranoico que la llevó a estar ingresada en psiquiátricos dos veces, que trató de suicidarse en tres ocasiones y que fue adicta a la heroína y demás drogas, pues como ella decía, le ayudaban a manejarse en un mundo que se le hacía insoportable. 

Nos enfrentamos, una vez más, a la problemática de la enfermedad mental y a la inadaptación social provocada por la misma sociedad ante el tratamiento que se da de estos trastornos. De manera parecida a la novela de Anna Kavan, la película de Kaufmann se ve envuelta en la naturaleza onírica e irreal que el hielo y la nieve configura en ocasiones en los entornos y los contrastes que sugiere con, por ejemplo, el columpio de niño por estrenar que aparece al principio de la película frente a una granja abandonada en medio de la nieve, o el mismo anuncio de la heladería que aparece en medio de un paisaje totalmente nevado antes de llegar a casa de los padres de Jake, o como ocurre en esta escena misma.

Poco a poco se nos va clarificando la historia de Jake como alguien que, más allá de su potencial y sensibilidad, se vio afectado, como diría Laing, por las presiones de una familia y de una sociedad insana hasta que definitivamente se desequilibró emocional y psíquicamente.

En esa escena veremos también, y con la aparición de la tercera joven que les atiende, la persona marcada por su inadaptación, marcada por la carga de exclusión que antes aparecía como alumna del instituto en las  imágenes que se nos muestran mientras Jake hablaba de ello, de los excluidos e inadaptados, de los humillados en muchas ocasiones, como lo es la tercera joven que no es más que otra manifestación de Jake, como se hace claro al observar que, al darle el dinero de los helados, tienen el mismo tipo de erupción cutánea en la mano.


                                                                    En la heladería

3 - Un nuevo libro de la habitación de Jake nos da una nueva pista sobre su realidad, tanto del joven como del anciano portero de instituto en el que se ha convertido. Se trata de la colección de ensayos de David Foster Wallace "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer". Jake habla de uno de los mas conocidos ensayos de este autor (que sufría depresión desde hacía muchos años y que se suicidó ahorcándose a los 46 años), el conocido "E unibus pluram: televisión y narrativa americana", y donde dice lo siguiente:

El segundo atractivo aparente es que la televisión parece ser un regalo absoluto de Dios para esa subespecie de la humanidad a quienes les encanta ver gente pero odian ser vistos. Porque la pantalla de la televisión solamente permite ser traspasada en un sentido. Es una válvula de compuerta psíquica. Podemos verlos a ellos; ellos no pueden vernos. Podemos relajarnos sin ser vistos mientras miramos. Creo que esta es la razón por la que la televisión gusta tanto a la gente solitaria. A los que se encierran de forma voluntaria. Todos los solitarios que conozco ven más televisión que las seis horas de promedio en América. A los solitarios, como a los narradores, les encanta la visión en un solo sentido. Porque la gente solitaria no suele serlo por culpa de ninguna deformidad repulsiva ni de su olor corporal ni su mal carácter: en realidad hoy día existen grupos de apoyo y asociaciones para personas con estas características. En cambio, la gente solitaria suele serlo porque no quieren soportar los costes psíquicos de estar entre otros seres humanos. Son alérgicos a la gente. La gente les afecta demasiado. Llamemos al solitario americano medio Joe Briefcase. Joe Briefcase teme y odia esa carga de autoconsciencia que parece afectarle únicamente cuando hay otros seres humanos reales a su alrededor, mirando, con sus antenas sensoriales humanas erizadas. Joe Briefcase tiene miedo de cómo lo van a ver quiénes lo miren. Elige prescindir de ese juego tremendamente estresante que es el póquer americano de las apariencias. Pero la gente solitaria, en sus casas, solos, siguen ansiando imágenes y escenas, compañía. Por eso ven la televisión.

Observamos esa tremenda soledad en el anciano portero, como la presentimos en el joven Jake, quien añade:

Creo que ya no sabemos ser humanos [...] nuestra sociedad, nuestra cultura, la gente, lo que sea que es todo esto, cualquiera de nosotros.

En ese momento se produce otro diálogo que podemos considerar metafórico ante la incomodidad de Jake por el hecho de que los helados que han comprado se derriten ensuciando el coche:

Jake: Hay una pequeña carretera que conozco más adelante, habrá un cubo de basura...
Lucy: No se yo, deberíamos irnos directos a casa,
Jake: ¿A la granja?
Lucy No... a la ciudad. Me preocupa que nos quedemos atrapados aquí fuera. Si nos desviamos de la carretera nadie nos encontrará.
Jake: No me sentiré bien si no me deshago de esto. Me va a carcomer. Vale... ¡Joder!
Lucy: No es tan importante... en serio.
Jake: Eso ya lo sé... Amy - la llama por otro nombre nuevo, y ella lo advierte -... Vayamos allí super-rápido y así te enseñaré mi instituto.
Lucy: ¿Esto conduce a un instituto?
Jake: A mi instituto, donde me pase cada día de tortura, de tanto tiempo, tanto puñetero tiempo.

Es una encrucijada, hacia casa o hacia la granja... o en el instituto, ese lugar de paz y calma que destacará Jake, si bien de paz y calma mortal, el lugar donde Jake y el anciano portero se reunirán. Donde, de alguna manera, el Jake que quizá prometía, el Jake que podría ser Lucy-Louise-Yvonne-Amy, se quedó con esa vida solitaria para no "soportar los costes psíquicos de estar entre otros seres humanos". Jake acabó como el Joe Briefcase de David Foster Wallace.

V. QUINTA ESCENA: EL INTERMEDIO A LAS PUERTAS DEL INSTITUTO.
 
Jake: Se siente como una paz.
Lucy: Más repeluz que paz diría yo.
[...]
Jake: Hay paz y tranquilidad aquí

Esta es la sensación que Jake tiene dentro del coche, ante un instituto que parece una clásica casa encantada, al estilo del hotel Overlook de "El resplandor", y con un todoterreno - el del portero -, entre una fuerte ventisca de nieve, y ante una Lucy-Louise-Yvonne-Amy (pienso en Amy Winehouse y su suicidio) que tan sólo quiere volver a casa, como si presintiera, como le advertía la joven inadaptada de la heladería, que este es un lugar al que no se debe entrar. Kaufmann recurre a la canción compuesta por Frank Loesser en 1936 "Nena hace frío ahí afuera" (Baby it's cold outside), en la que un hombre lucha para conseguir que no se marche su amada. Lucy lo llama violación:

Lucy: Ella no para de decir que quiere irse y él no hace caso [...] Ella le pregunta que has puesto en la maldita copa.
Jake: ... No se trata de reinoles.
Lucy: Reinoles o no, él trata de reducir sus defensas con alcohol [...] Es una canción sobre la coacción.

Se va dibujando que Lucy-Louise-Yvonne-Amy es la parte de Jake que quiere vivir, que quiere, o quiso, entrar en la vida, mientras que Jake es posiblemente la parte que no pudo, o no quiso hacerlo. Siguiendo a Freud, podríamos ver a Lucy como la pulsión de vida (ella quiere ir a casa), mientras Jake lo es de la pulsión de muerte (la vuelta a la granja). Éste la quiere arrastrar hacia el instituto, hacia la paz y la tranquilidad de la muerte (el suicidio). Cuando finalmente parece que Jake cede a volver a casa, y en un momento de ternura y cariño, mientras se besan, aparece un flash del portero mirando a través de un agujero, a la vez que suenan las palabras: las presunciones. A lo que Jake reacciona airadamente al sentirse observado y saliendo del coche (habla de una mirada pervertida con la que estoy familiarizado). 

A riesgo de ser muy subjetivo, y teniendo en cuenta el concepto de presunción (dar por cierto algo sin necesidad de que se pruebe, o de tener una clara certeza de ello), ese momento que significa el beso entre Lucy y Jake, y la imagen del portero como un "voiyeur" sorprendiéndoles, lo entiendo, paradójicamente, como que se está dando algo que no se dio y que verifica  o confirma una presunción: que Jake-El portero, aunque vivió y vive ya están muertos, son muertos en vida. Hay muchas maneras de morir en vida, o mejor dicho, muchas maneras de irse suicidando en vida. 

VI. SEXTA ESCENA: EN EL INSTITUTO.

La escena del instituto es una representación del conflicto interno que Jake-el portero vive en su interior, un conflicto entre la vida y la muerte, o mejor dicho, un conflicto entre la fantasía y la realidad. Podemos destacar los siguientes momentos en esta escena:

1) El encuentro de Lucy con el portero.
2) La danza entre Jake y Lucy y la lucha entre éste y el portero.
3) El final del portero y la entrega del premio Nobel a Jake.

1) El encuentro del portero y Lucy representa el encuentro entre lo que se perdió (la vida representada por Lucy), y aquello en lo que se convirtió al no poder superar la relación con otros seres humanos (el portero como la muerte en vida, el Joe Briefcase de David Foster Wallace). Lucy hace entonces un extraño relato en el que se manifiesta claramente que es la imagen de una chica a la que Jake observó en un bar y con la que no se cruzó ni una palabra. Dice Lucy:

Es difícil describir a la gente... y hace tanto tiempo que ya no lo recuerdo. Ni siquiera hablamos [...] ese tío no paraba de mirarme, y eso es molesto [...] Él era bastante cutre [...] No recuerdo que aspecto tiene. ¿Porqué lo haría? No paso nada. Tal vez... tal vez sólo ha sido una de las miles de no interacciones que han sucedido en mi vida. Es como si me pide que describa un mosquito que me picó hace unos cuarenta años.

Se produce entonces el abrazo de Lucy a Jake-El Portero, un abrazo en el que ambos se emocionan... el abrazo que jamás sucedió, como el beso que jamás sucedió que confirman la presunción de que Lucy fue una imagen en el mundo de Jake. Por seguir a David Foster Wallace, Jake-El portero no fue ni tan siquiera un voiyeur, fue un espectador de una fantasía ocurrida en la pantalla de su mente.

2) La danza posterior no es más que una representación de lo que podría haber sido y no fué. Del Jake que fue "suicidado" por el solitario portero, devorado por la pulsión de muerte. De una atracción que murió con la mirada y que no dio paso a nada más. Los bailarines representan lo que pudo ser y no fue, lo que fue arrebatado nada más nacer. Un día, quizá como otros más en el que Jake-El portero se condenó a la soledad, a lo no interacción, a esa especie de lento suicidio que sucede con el paso de los días y la ausencia de afecto, del contacto humano. Por eso, tras finalizar la danza con la muerte de Jake por parte del portero, Jake y Lucy se separan... dando paso a lo que será crisis definitiva de Jake-El portero.

3) Tras finalizar el trabajo, Jake-El portero sufre una crisis en la que finalmente sigue desnudo a un cerdo, quien le dice:

No esta mal en cuando dejas de auto-compadecerte por ser un cerdo, o aun peor, un cerdo infestado de gusanos. ¿Alguien tiene que ser un cerdo infestado de gusanos, no? ¿Y porqué no tú? Es cuestión de suerte. Juegas las cartas que te dan, apechugas con ello y pasas página. No te preocupas por nada.

Y añade algo muy interesante:

Cerdo: Hay bondad en el mundo sabes... Hay que buscarla, pero está ahí... Solo estoy evolucionando, incluso ahora, incluso siendo un fantasma, un recuerdo, cenizas, como tu lo harás... 
Jake-Portero: Somos iguales.
Cerdo: Todas las cosas somos iguales si las miras de cerca. Siendo físico debes saberlo. Tu, yo, las ideas somos una sola cosa.

Cambia la escena y vemos a un Jake envejecido, más espectral que envejecido, ante una sala, frente a un atril con la imagen de Alfred Nobel, y como recibiendo el premio. Frente a un público cuyo aspecto es también de personajes espectrales entre los que vemos a su madre, a su padre, a Lucy y otros personajes que aparecen en la película... Y allí Jake pronuncia un discurso de aceptación, de aceptación de todo, como dice, del que destaco las siguientes palabras:

... he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida, tesoro en las misteriosas ecuaciones del amor. Pueden hallarse razones lógicas. Sólo estoy esta noche aquí debido a ti - dice mirando a Lucy -. Tú eres la razón de que yo exista. Eres todas mis razones.

Es obvio que Jake-El portero muere o se suicida, o llega a la muerte como final de un largo suicidio en vida. Pero como dice el cerdo, "todas las cosas somos iguales si las miras de cerca... Tú, yo, las ideas", y aunque sea en la fantasía de una mente trastornada, depresiva, inadaptada, víctima de una familia insana, de una sociedad insana - representada por el instituto - que le humilló y que no hizo más que agravar su sufrimiento, Jake vivió el amor, el amor que dio un cierto sentido a su vida a partir de la imagen de una joven a la que contempló en un bar un día, una fantasía que se mantuvo hasta que desapareció con el abrazo de Lucy a Jake-El portero, hasta que Lucy-Louise-Yvonne-Amy "lo dejó",  devolvió a Jake a su realidad (Estoy pensando en dejarlo) llevándole, como dice la canción que interpreta al final de la película, a dar un paso definitivo para salir de su depresiva soledad, un paso que la muerte también puede representar: 

                                                    Y el sol me da en los ojos.
                                                    ¡Todo era mentira!
                                                    Estoy despierto en una habitación solitaria.
                                                    Ya no volveré a soñar con sus brazos.
                                                    No pienso dejarla sola.
                                                    Voy a salir,
                                                    conoceré a mi novia,
                                                     a una mujer a la que pueda llamar mía,

La película acaba con la imagen del coche de Jake bajo la nieve... en un día de sol. Parafraseando unas palabras que Pauline Kael dijo alrededor de "Una mujer bajo influencia", de "Estoy pensando en dejarlo" podemos decir que es una trágica historia de amor, una trágica y romántica historia de amor.



_____________________

[1] Wordsworth, William. La abadía de Tintern. Penguin Random House Grupo Editorial España. Edición de Kindle.
[2] Ídem anterior.

sábado, 17 de febrero de 2018

PATERSON (Jim Jarmusch, 2016): Del espíritu poético y sus implicaciones psicológicas.

Cuando eres niño aprendes que hay tres dimensiones:
Altura, anchura y profundidad.
Como una caja de zapatos.
Más tarde escuchas que hay una cuarta dimensión: el tiempo.
Hmm... Entonces, algunos dicen
que puede haber un quinto, un sexto, un séptimo...
Dejo el trabajo, bebo una cerveza en el bar.
Miro el fondo del vaso, y me siento feliz.

(Ron Padgett, poesía escrita para Paterson).

Paterson (Jim Jarmusch, 2016) es una de esas películas que genera distintas apreciaciones según los puntos de vista que responden a criterios distintos. Interpretada convincentemente por Adam Driver (el Kylo Ren de la nueva saga de Star Wars), en el papel de Paterson, el conductor de autobús-poeta, y por Golshifteh Farahani en el de Laura, su curiosa pareja. La película, a través de sus protagonistas, nos permite reflexionar como a partir de los objetos o elementos más sencillos de la realidad, como incluso a partir de la rutina de la vida cotidiana, también de sus propios personajes, todo adquiere una dimensión distinta cuando es contemplado desde el espíritu poético.

I. DEL ESPÍRITU POÉTICO DE PATERSON.

W. C. Williams
Para comprender el espíritu poético que envuelve esta película es necesario recurrir al poeta que vivió en Paterson (ciudad del Estado de New Jersey) y que, dentro de su obra escribió "Paterson", una obra de carácter épico y biográfico: William Carlos Williams, el médico-poeta cuyas referencias en la película se hacen presentes en distintas ocasiones. También tenemos como referencia de este tipo de espíritu a Ron Padgett, el poeta que escribió los poemas que Paterson, el conductor de autobús, escribe en la película en su libreta. Este espíritu poético se caracteriza por el encuentro, y el impacto, que los elementos de la vida cotidiana crean sobre la consciencia de aquel que las contempla desde un espíritu poético, y en el que lo contemplado y el contemplante se unen en una danza. Hay un texto de W. C. Williams que me parece importante, no sólo para comprender su poesía, sino para comprender la relación que en su poesía, se establece entre el poeta y lo poetizado:


un poema es fuerte no por la calidad que toma prestada a su relato lógico de los acontecimientos en si, sino únicamente por el poder atenuado que recoge quizá muchas cosas rotas en una danza que les da un ser pleno. [1]

Es en ese sentido que "las cosas" son lo importante, y desde esa perspectiva cualquier cosa puede ser "cosa poética" cuando se encuentra con la mirada del poeta y se transforma en objeto de meditación por parte de éste, por eso decía, en una conocida frase "no hay ideas sino en las cosas".

La película incide especialmente en esto, en el paso de los días, de días que, salvo por detalles, parecen ser copia uno del otro y que, sin embargo, para la mirada del poeta cada día es un nuevo día, porque bajo su mirada las "cosas" siempre danzan creando pequeñas y breves plenitudes. Así la aparente rutina de los días deviene un espacio creativo donde lo contemplado y lo contemplante viven su danza. 

Es por eso que esta película genera una extraña sensación cuando se la contempla, pues estamos inmersos no en un espacio argumental, de sucesión de acontecimientos y acciones, sino en un espacio creativo que es el espacio poético de Jim Jarmush. Por eso la película no se construye como un argumento que se desarrolla sino como un poema. Quizá por ello toda la película desprende un cierto aire de levedad, diría hasta que de irrealidad y onirismo... un paréntesis en el que el tiempo y los acontecimientos parecen situarse en otra dimensión. Recurrimos nuevamente a W. C. Williams cuando en sus notas de autor, que prologan su obra "Paterson", nos dice con sus primeras palabras:

Paterson es un poema largo en cuatro partes - que un hombre en sí mismo es una ciudad, comenzando, indagando, adquiriendo y concluyendo su vida en formas que pueden encarnar los diversos aspectos de una ciudad - cuando se concibe con imaginación - cualquier ciudad, cuya totalidad de acentos puede dar voz a sus más íntimas convicciones. [2]




Veamos como en este texto el poeta se referencia a la clave de la conexión que se establece entre lo contemplado y lo contemplante: la imaginación. Efectivamente, la imaginación, a la que posteriormente el poeta añadió la invención y la memoria, constituye el producto de su meditación entre lo contemplado y lo contemplante dando así, como dice en el texto citado "voz a sus más íntimas convicciones".

Este vínculo que la imaginación establece entre lo contemplado y lo contemplante es lo que confiere esa exaltación de lo sencillo y de lo cotidiano. Margarita Ardaraz, traductora y comentadora de "Paterson" nos dice:

lo que busca Williams es la clave de un conocimiento capaz de dar categoría trascendente a la vida, en todas y cada una de sus manifestaciones, por insignificantes y banales que estas puedan ser. [3]

Juan Miguel López Merino, en su introducción a la Antología poética bilingüe (donde podemos hallar más poemas de su primera época, más afines al espíritu de la película) de Alianza literatura nos dice también:

En realidad, con todo, el móvil ulterior de Williams es el mismo que el de Pound o Eliot: la huída del desarraigo, el desesperado intento de fundar un hogar para el espíritu. [4]

II. REFLEXIONES PSICOLÓGICAS EN TORNO A PATERSON.

Hasta ahora se me podría decir que he hecho una aproximación más poética que psicológica, y es absolutamente cierto. Sin embargo, esta era una introducción necesaria para comprender el análisis que voy a proponer de la película, y digo de la película porque es ella la que establece un contraste con la realidad. No voy a analizar a sus personajes, puesto que ellos, como todas las cosas que se hallan en ella, son elementos poéticos de la película, configurando así el paréntesis del que hablaba anteriormente, un paréntesis espacio-temporal dentro del mundo cotidiano y sus realidades, un paréntesis que es el espacio creativo como espacio poético. La fuerza de Paterson está en el contraste que establece, y es desde ese contraste que si podemos reflexionar en términos psicológicos.

1 - La importancia de la mirada.

La obra de W. C. Williams, Paterson, empieza diciendo: "El rigor de la belleza es la búsqueda. ¿Pero cómo encontrarás la belleza cuando está encerrada en la mente, más allá de toda queja?" [5].

La propuesta poética de W. C. Williams, que queda perfectamente reflejada en la película, pone incidencia en la manera de mirar. Me parece muy sugerente esta apreciación del poeta cuando nos dice que la belleza está más allá de toda queja. Psíquicamente hablando, es muy conocido que la queja nos lanza hacia la impotencia, y que esta provoca una visión depresiva del mundo. La queja focaliza la mirada hacia un mundo donde la belleza esta ausente del presente - para diferenciarla de  una belleza que podemos definir como melancólica -, donde el mundo del aquí y ahora se vacía de trascendencia en sí mismo (generalmente se buscan entonces trascendencias más allá de este mundo, en el pasado o en la esperanza de un futuro por llegar), donde el sentido se ausenta de él. La queja, compañera infatigable de la melancolía, es como un manto que se extiende y contamina el vínculo entre lo contemplado y lo contemplante orientándolo, al revés de la propuesta de Williams, hacia lo depresivo y lo melancólico.

Observar "con una gran intensidad", es decir, imaginar, es, para Williams, un proceso necesariamente anterior a todo pensar, a toda idea, puesto que las cosas no corresponden a ninguna esencia, sino a una manera peculiar de acontecer que es preciso percibir con intensidad precisamente porque es fugaz. Ni las ideas ni los sentimiento pueden anticiparse a las cosas, a riesgo de permitir que los sentidos "sean despojados de las cosas bajo sus propias narices" [6]

En la película Paterson podemos observar este tema en los encuentros matinales entre Paterson, nuestro conductor de autobús, y el compañero de trabajo para quien todo va mal, para quien parece que la vida y el mundo son una absoluta desgracia. Observamos con él este contraste con Paterson, quien parece vivir en una extraña calma, y quien al desearle un buen día, le contesta que lo duda.




Esta manera de mirar que Williams propone y que, como gran admirador de la poesía de Hölderlin que soy, incluiría también el dejarse mirar por lo contemplado, abriéndose así a un mundo lleno de significaciones y conexiones subjetivas, es una manera de mirar que se abre al asombro, al mundo de lo sincrónico, por seguir a Jung, a ese unión de lo físico y lo psíquico. En Paterson observamos esta dimensión cuando al empezar la película y comunicarle Laura que ha soñado que tenían dos hijos pequeños, gemelos, luego, camino hacia el trabajo, ve unos gemelos, y mas adelante, cuando se sienta con una niña-poeta, su hermana resulta ser también gemela.

Observamos este tipo de conexión en el primer poema que Paterson escribe en la película, en el que partiendo de la descripción admirativa por una caja de cerillas y de su calidad, las "Ohio blue tip watches", de repente se conecta con la posibilidad de alumbrar con ellas el cigarrillo de "la mujer que amas" dando así lugar a un poema de amor:

                                       Tenemos muchas cerillas en nuestra casa.
                                       Las tenemos siempre a mano.
                                       Actualmente, nuestra marca favorita es “Ohio Blue Tip”,
                                       aunque solíamos preferir las “Diamond Brand”.
                                       Eso fue antes de que descubriéramos las “Ohio Blue Tip”.
                                       Están excelentemente empaquetadas, en pequeñas cajas robustas
                                       de azul oscuro y claro, la marca en blanco,
                                       escrita con letras en forma de megáfono,
                                       como para decir aún más fuerte al mundo:
                                       Aquí está la cerilla más hermosa del mundo
                                       De una pulgada y media de suave rama de pino
                                       coronada por una cabeza granulada de color púrpura oscuro,
                                       tan sobria y furiosa,
                                       y tercamente lista para estallar en llamas
                                       prendiendo, tal vez, el cigarrillo de la mujer que amas,
                                       por primera vez,
                                       y nunca fue lo mismo después de eso.
                                       Todo esto te daremos, y eso es lo que me diste:
                                       Me convierto en cigarrillo y tú en cerilla
                                       O yo en cerilla y tú en cigarrillo,
                                       Abrasándonos con besos que arden hacia el cielo.

No es nada gratuita, como no lo es nada en esta película, la escena en la que Paterson se sienta con la niña-poeta y que, a mi entender, pone de relieve la relación que hay entre la mirada del poeta y la mirada del niño, su capacidad para el asombro, su capacidad para la belleza y su imaginación en la que un pequeño tronco se transforma en un barco, y un riachuelo en el gran océano por el que surca. Paterson y la niña, más allá del adulto y el niño, se unen en su mirada poética. Y así la niña lee su poema:

                                              Cae agua desde el aire resplandeciente,
                                              caen cascadas como cabellos 
                                              sobre los hombros de una adolescente.

                                              Cae agua formando charcos en el asfalto, 
                                              sucios espejos con nubes y edificios dentro,
                                              cae sobre el tejado de mi casa,
                                              cae sobre mi madre y mi cabello.

                                              La gente suele llamarla lluvia.

Y, no en vano, cuando le recita a Laura les versos de la primera estrofa, ella le dice que se parecen a los que él escribe.



- La midada en la sociedad digital.

La mirada que propone Paterson, es decir, la mirada del asombro en las pequeñas cosas, está hoy claramente interferida por el constante bombardeo al que estamos sometidos por los medios de comunicación, por las expectativas sociales, así como por las pseudorelaciones que las redes sociales permiten establecer: la realidad y lo real es substituido por una realidad virtual en la que la mirada pierde todo su potencial de asombro y se pierde en la evasión y la falta de verdadero contacto.

En este sentido la película nos da claras muestras de este contraste y, en cierta manera, y en ocasiones, parece un viaje en el tiempo de los años 1950, 60 o 70. El personaje de Paterson, para sorpresa de todos, no tiene móvil, tampoco tablet ni portátil, no utiliza ordenador. Escribe sus poemas con un bolígrafo en una libreta, la libreta de los secretos. También el Bar al que va cada noche es como una muestra de ese viaje a otro tiempo, quizá por eso se llama Shades Bar (Bar de las sombras). Sin televisión tenemos simplemente juegos de billar y de ajedrez, un tablón donde se hallan grandes personajes del pasado vinculados a la ciudad de Paterson. En el vemos a personajes y sus momentáneas relaciones. Las cosas simplemente ocurren en el momento y en el contacto.

Nuestra mirada se pierde hoy en pantallas de todos los tipos, las palabras que se escriben se acompañan de emoticonos, frases que no pasan de las 140 letras, imágenes que sustituyen las palabras, selfies, etc... También se pierde en la velocidad y aceleración con la que vivimos en detrimento de la lentitud necesaria para que el mirar devenga un ver, y el ruido con el que vivimos no deja lugar tampoco para el necesario silencio para que el oír devenga un escuchar. La saturación de información genera confusión y desinformación. Dice el filósofo Byung-Chul Han en "La sociedad de la transparencia", y haciendo referencia a lo que el llama "el enjambre digital":

Al enjambre digital le falta un alma o un espíritu de la masa. Los individuos que se unen en un enjambre digital no desarrollan ningún nosotros. Este no se distingue por ninguna concordancia que consolide la multitud en una masa que sea sujeto de acción. El enjambre digital, por contraposición a la masa, no es coherente en sí. No se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como ruido. [7]

Paterson transcurre en un espacio y un tiempo que no parecen ser actuales... La lentitud y el silencio paracen fundamentales en ella. Sólo desde esta lentitud y desde este silencio es posible un mirar y un oir que son un ver y un escuchar, y sólo desde ellos es posible encontrar "el espíritu de las cosas".

2 - La repetición.

Otro de los elementos interesantes que la película nos ofrece como tema de reflexión es ese ritmo en el que los días pasan uno tras otro dentro de una rutina en la que, en términos cotidianos, diríamos que no pasa nada destacable: el despertar de Paterson al lado de Laura - siempre en la misma posición -, el desayuno y el posterior camino andando hasta la cochera, el autobús, flashes de las actividades de Laura, la llegada a casa, el paseo del perro y la cerveza en el Shades Bar, y vuelta a empezar con el despertar. Como sabemos, en el mundo del psicoanálisis, así como de otros modelos psicoterapéuticos, nos encontramos con un concepto que a la repetición le confiere una significación patológica, y me refiero a la "compulsión a la repetición" (la gestalt inconclusa), o como también Lacan vinculó esta tendencia patógena a la repetición con el concepto de "pulsión de muerte". Finalmente, la repetición también puede entenderse desde el plano del hombre que vive alienado por la sociedad aceptando los ritmos que esta le plantea sin hacerse ningún tipo de cuestionamiento. Esta última es una crítica que, por ejemplo, hace el introductor de la "Poesía reunida" de W. C. Williams, Juan Antonio Montiel, a los protagonistas de la película: "Así, el poeta de la película de Jarmush, gran admirador y émulo de Williams, se limita a asistir a su vida sin cuestionarla, mientras su mujer y musa no hace más que proyectar su propia subjetividad, coloreada en blanco y negro, en objetos que sólo tienen importancia para su entorno cotidiano". [9] Pero como ya dije, esta visión me parece equívoca, pues sería una visión discutible, como ya dije, si Paterson fuera una película argumental, no un poema en sí misma como propongo.



Este tema daría para mucho que hablar, por lo que voy a dejarlo esencialmente descrito. Todas las posibilidades patógenas con las que hemos vinculado anteriormente la repetición tiene que ver con la repetición como retorno, mientras que la repetición que aquí se nos propone, de una perspectiva esencialmente Kierkegaardiana, la repetición se relaciona con lo trascendente, por lo que también se nos la presenta como re-creación, es decir, y siguiendo las concepciones de Williams, conseguir "la clave de un conocimiento capaz de dar categoría trascendente a la vida, en todas y cada una de sus manifestaciones, por insignificantes y banales que estas puedan ser".

Mientras que en la concepción patógena de la repetición como retorno lo que se repite es lo que daña, lo que causa sufrimiento y dolor, o en términos lacanianos "el goce" inalcanzable, en la concepción kierkegaardiana de la repetición como re-creación se trata de crear lo nuevo partiendo de lo mismo. No se trata de buscar lo que no hay, sino de re-crear a partir de lo que hay. Cada día es un re-descubrir. Kierkegaard utilizó para ello un término, Gientagelse, que tiene su paralelo en el francés en la palabra reprise, cuya traducción sintetiza la idea de repetición con la de retomar o reanudar, y también la de recuperación y reactivación. Y, en ese sentido, y a diferencia del goce lacaniano, Kierkegaard destaca la importancia del amor:

El amor–repetición es en verdad el único dichoso. Porque no entraña, como el del recuerdo, la inquietud de la esperanza, ni la angustiosa fascinación del descubrimiento, ni tampoco la melancolía propia del recuerdo. Lo peculiar del amor–repetición es la deliciosa seguridad del instante. La esperanza es un vestido nuevo, flamante, sin ningún pliegue ni arruga, pero del que no puedes saber, ya que no te lo has puesto nunca, si te cae o sienta bien. El recuerdo es un vestido desechado que, por muy bello que sea o te parezca, no te puede caer bien, pues ya no corresponde a tu estatura. La repetición es un vestido indestructible que se acomoda perfecta y delicadamente a tu talle, sin presionarte lo más mínimo y sin que, por otra parte, parezca que lo llevas encima como un saco. La esperanza es una encantadora muchacha que, irremisiblemente, se le escurre a uno entre las manos. El recuerdo es una vieja mujer todavía hermosa, pero con la que ya no puedes intentar nada en el instante. La repetición es una esposa amada, de la que nunca jamás llegas a sentir hastío, porque solamente se cansa uno de lo nuevo, pero no de las cosas antiguas, cuya presencia constituye una fuente inagotable de placer y felicidad. [10]  - Nota. Repetición hay que entenderla en este texto en el sentido introducido de "reprise" -

Como sintetiza Rodolphe Adam: "La reprise se sostiene entre esperanza, ilusión de encontrar lo que nunca llega y nostalgia, picota del recuerdo." [11]. 

Observemos como a través de este texto podemos ver por qué Williams relacionó el recuerdo con la invención, proceso que se adaptaría a la repetición-reprise en el sentido de re-crear y no instalarse en la nostalgia.

Esta nota de Kierkegaard, en la que la repetición se instala en la "deliciosa seguridad del instante", es decir, que se aferra al presente, parece ser una condición fundamental para el amor. Justo al contrario, la esperanza (aferrada en el futuro) y la nostalgia (aferrada en el pasado) que son la base de la repetición que se apega al goce inalcanzable.

Paterson, el protagonista de la película es, justamente, la representación poética de Jarmush, el poeta que hace de la repetición una reprise, que transforma la rutina no en una repetición orientada al goce sino en una repetición-reprise orientada a una reactualización.

3 - La repetición-reprise y el amor.

- ¿Si no hay amor, qué razón hay para nada? - El personaje de Everett en la película -

La relación que mantienen Paterson y Laura es otro tema que centra mi interés, y que creo puede contemplarse desde todo lo que llevamos dicho. No es tanto el análisis de sus caracteres lo que me interesa, sino lo que poéticamente significan dentro del espacio poético del que forman parte, y del que ellos mismos son elementos poéticos.

No en vano Kierkegaard pone como ejemplo de la repetición-reprise "una esposa amada, de la que nunca jamás llegas a sentir hastío, porque solamente se cansa uno de lo nuevo, pero no de las cosas antiguas, cuya presencia constituye una fuente inagotable de placer y felicidad". Más allá de que la relación entre ellos parece acontecer en ese paréntesis al que ya he hecho referencia en otras ocasiones y en el que, como en toda la película, se pone énfasis en esa trascendencia que el filósofo danés le supone a la repetición-reprise, y que en su caso pondría incidencia en el amor.

Independientemente de aquello que podríamos indicar sobre su carácter, lo que aquí me interesa destacar es una característica esencial del "buen amor" que ambos se profesan: la reciprocidad. La reciprocidad en la pareja es la reactualización de su amor. Si miramos su relación podríamos preguntarnos, por ejemplo, ¿qué hace Laura? Una primera impresión de ella es que es una personalidad entusiasta y alegre, inocente, que vive en su mundo, o como decía Juan Antonio Montiel, que vive entregada proyectando su subjetividad en blanco y negro sobre su entorno. Otras expresiones que le podrían cuadrar es que "no toca de pies en el suelo", o "que tiene la cabeza llena de pájaros". Pinta, quiere ser cantante folk, diseña - en blanco y negro -, hace galletas... En cuanto a Paterson podríamos verle como un tanto pusilánime, conformista, tímido, no muy expresivo emocionalmente, aquellas características que justifican que el mismo Montiel le defina como alguien que no se cuestiona la vida... Parecería la clásica pareja en donde uno es el complemento del otro, o como diría Jung, en donde cada uno proyecta y representa el anima o el animus del otro.

Sin embargo, hay algo más, algo que les hace entrañables, y es justamente que el amor que se profesan es un amor basado en la reciprocidad, es decir, con el querer ofrecer y recibir queriendo "ver" al otro más allá de uno mismo (o sea, más allá del narcisismo neurótico). Entre Paterson y Laura hay esa voluntad. Paterson ve más allá de que Laura pueda tener la cabeza llena de pájaros, o que viva un poco en su mundo de fantasías (que le cuesta una guitarra de más de doscientos dólares), o de Marvin, el infatigable perrito que saca a pasear cada noche y que acabará destrozando su libreta de poesías. Ve eso, es obvio que lo ve, pero también ve como ella es cariñosa y tierna con él, como le quiere cuidar, como admira su poesía, percibe su inocencia, su alegría de niña, y como comparte con él sus pequeños éxitos... Y en Paterson, más allá de su timidez, de su aire pusilánime, un poco de su parquedad emocional, Laura percibe su sensibilidad, su bondad, también su cariño y cuidado, su sutil delicadeza... Centrados en esos aspectos, ambos parecen potenciar su amor al centrarse en ese mutuo reconocimiento que se desprende de esa reciprocidad mutua. El amor es un flujo cuya dinámica requiere de ese reconocimiento y reciprocidad. Si lo que priva en una pareja es el narcisismo neurótico, la dinámica que se pone en marcha es justamente la contraria: reproche, insatisfacción y egocentrismo. Vemos, por ejemplo, esa reciprocidad en Laura, no por lo material en sí, sino por la alegría de compartir con el ser querido, cuando con el dinero que gana con la venta de sus galletas (siempre en blanco y negro) rápidamente quiere compartirlo con él yendo al cine e invitándole a cenar y sintiéndose feliz de poder hacerlo.



Cierro este punto con un bello poema de amor de Paterson hacia Laura:

                                              Cuando despierto antes que tú, y tú
                                              estás vuelta hacia mi, la cara
                                              hacia la almohada y el cabello desparramado
                                              asumo el riesgo y te observo,
                                              asombrado de amor y temeroso
                                              de que puedas abrir los ojos y te asustes tanto
                                              que no veas la luz del día.
                                              Pero quizás sin la luz del día
                                              verías cuanto mi pecho y mi cabeza
                                              implosionan por tí. Sus voces atrapadas dentro
                                              como niños aun sin nacer, temiendo
                                              no ver jamás la luz del día.
                                              La brecha en la pared resplandece tenuamente
                                              ahora con su lluvioso azul y gris.
                                              Me ato los zapatos y bajo a preparar el café.

4 - La repetición-reprise y la adversidad.

- El sol sigue saliendo cada mañana y se pone cada tarde. ¿Siempre hay otro día, no?
- El momento...
- Si... el momento.
(Diálogo entre Paterson y Everett)

Otro momento clave de la película es cuando Marvin, el perro, destroza la libreta de poemas de Paterson, y aunque éste reacciona con su estilo contenido es obvio el disgusto que le produce el suceso. Toda esta temática deriva en la bonita escena de Paterson con el turista japonés frente a las grandes cascadas.

De la misma manera que la reciprocidad es fuente de reactualización del amor, la adversidad se nos plantea en la vida desde una perspectiva parecida. Dice el analista junguiano S. K. Williams acerca de ella:

"Todo es cambio", como dijo una vez el antiguo sabio griego Heráclito. Y el agente del cambio es lo que limita, hiere y destruye lo que se ha construido y lo que es. El adversario lo hace regresar todo. Llega con lo inesperado y pone fin a las cosas... [12]

En el I Ching leemos, en relación también a la adversidad: "El impedimento que solo dura un cierto tiempo es un factor valioso para la formación de la personalidad. Se trata del valor de la adversidad" [13]. Y en relación con esto nos dice anteriormente:

Tal objetivo requiere una actitud de perseverancia, precisamente en momentos en que uno parecería verse obligado a hacer algo que lo desviaría de la meta. Semejante orientación interior inconmovible traerá finalmente la ventura. [14]

Siguiendo un poco el espíritu del I Ching, la adversidad puede llevar al que la sufre a un estado de ánimo, tal y como lo presenta el I Ching en uno de sus hexagramas, como la desazón, es decir, el estado de malestar que nos puede causar ciertas alteraciones de orden físico o moral. Como siempre, recurrir a la etimología de las palabras nos ayuda a profundizar en su sentido. Desazón está compuesta del prefijo "de", que significa separación, descenso, y de la palabra latina "satio, sationis", cuyo significado es siembra, sembrado, y también el momento de madurez de un sembrado y, por lo tanto, de su cosecha. Vista así, podemos ver en la desazón el sentirse separado de la propia fertilidad, como si la tierra sobre la que uno cosecha se hubiera vuelto estéril. Y, siguiendo de nuevo al I Ching, y en relación a la desazón, se nos dice:

En tales épocas no se puede hacer otra cosa que aceptar el destino y permanecer leal a sí mismo. Está en juego el estrato más profundo de nuestro ser propiamente dicho, pues únicamente este estrato es superior a todo destino externo. [15]



Es en este sentido que la aparición del turista japonés frente a las cataratas de Paterson, devuelve a nuestro conductor su esencia. De la misma manera que W. C. Williams fue médico-poeta, Paterson es conductor de autobús-poeta, de la misma manera que todo ser humano, sea lo que sea, puede ser un ser humano-poeta. Por eso, y pese a la libreta de poesías destrozada por Marvin, el poeta, recurriendo al estrato más profundo de su ser, sigue con su creación, a pesar de la destrucción, o poetizando a partir de ella. Son los poemas los que se perdieron, los que mueren, pero no la poesía, la poesía continua.

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[1] W. C. Williams. Poesía reunida. Citado por Juan Antonio Montiel en su introducción a esta obra. Ed. Lumen, pág. 11
[2] W. C. Williams. Paterson. Notas del autor. Ed. Cátedra, pág. 79
[3] Idem anterior, pág. 19
[4] W. C. Williams. Antología poética. Alianza literatura, pág. 17
[5] Ver nota 3, pág. 89
[6] Ver nota 2, Introducción de Juan Antonio Montiel, pág. 7
[7] Han, Byung-Chul. En el enjambre Herder Editorial S.L. Ebook.
[7] Ver nota 2, Introducción de Juan Antonio Montiel, pág. 7
[8] Kierkegaard, Soren. La repetición. JCE Ediciones, pág. 11
[9] Adam, Rodolphe. Lacan y Kierkegaard. Nueva Visión, pág. 176
[10] Williams, S. K. Manual de interpretación de los sueños. Edaf, pág. 276
[11] Wilhelm, Richard. El I Ching. Edhasa, pág. 235
[12] Ídem anterior, pág. 235
[13] Ídem anterior, pág. 266

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PELÍCULAS RELACIONADAS.

Para acceder a ellas pulsar el título


EL ÁRBOL DE LA VIDA (Terrence Malick, 2011)
Del misterio del ser y la existencia.











EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS (Peter Weir, 1989)
Las fuentes de la poesía.