AVISO. POR LA NATURALEZA DE LOS TRABAJOS DE ESTE BLOG, EL ARGUMENTO E INCLUSO EL FINAL DE LAS PELICULAS SON REVELADOS.

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sábado, 16 de junio de 2018

SECRETOS DE UN MATRIMONIO (Ingmar Bergman, 1973): DEL HOMBRE EN FALTA Y DE LA MUJER "NO-TODA"

Vayamos por la segunda película que quería comentar este año de Ingmar Bergman con motivo de la celebración del centenario de su nacimiento. Secretos de un matrimonio (también llamada Escenas de la vida conyugal) fue rodada en 1973, y protagonizada por Liv Ullmann (en el papel de  Marianne) y Erland Josephsson ( en el de Johan). A parte de una pequeña intervención de Bibi Andersson y Jan Malmsjö al inicio de la película, y también de Gunnel Lindblom y Anita Wall, la película está esencialmente sostenida por sus dos protagonistas. La película es también un corte de la miniserie en 6 capítulos que Bergman rodó para la televisión, de una duración notablemente más larga.

La película nos cuenta los problemas de una pareja supuestamente ideal, de su separación y de la relación que entre ellos se establece a partir de ella. Y como bien dice Peter Cowie:

La escala temporal cubre algunos años, pero en el episodio final estos amantes están aun más estrechamente unidos en el divorcio de lo que lo estaban al principio por el matrimonio. [1]

Bergman nos lo cuenta con su habitual estilo intimista y sus poderosos primeros planos, logrando así una excelente aproximación a las dificultades que los caracteres, con su dimensión neurótica, encuentran para comunicarse, para manejar sus miedos y su vulnerabilidad y, consecuentemente con sus defensas y manipulaciones. Bergman desarrolla la historia en seis partes - los seis episodios que se hicieron para la serie - y que, para nuestro análisis, dividiremos en tres partes, la que va de la parte I a la II, que aborda la presentación de la pareja y sus sus incongruencias, la parte IV, que aborda el momento de la separación, y la parte V y VI, que aborda su relación después de la separación y posterior divorcio. Sin embargo, antes me parece interesante describir un poco los personajes.

Marianne, Johann y sus hijas. La familia perfecta.

I. MARIANNE Y JOHAN.

Para comprender la película me parece interesante describir un poco el carácter de sus personajes. Como suele ser característico en Bergman, siempre perfila mejor el mundo de la mujer, por lo que empezaremos con Marianne, quien a través de las notas que toma de una terapia que está realizando, nos da una clara descripción suya partiendo de la educación recibida en su infancia.

- Marianne.

Marianne se nos presenta como el producto de una educación encaminada a complacer: la complacencia, por decirlo en lacaniano, como manera de obtener aquello que se desea, es decir, el deseo del otro. Es por eso que al inicio de la entrevista, y a la pregunta de quién es, se queda sin palabras:

Con gran sorpresa tengo que reconocer que no sé quien soy. No tengo la menor idea. Siempre he hecho lo que me han dicho otras personas. Nunca he discutido sus opiniones [...] siempre he sido obediente, adaptable, casi humilde [...] Toda la educación mía y la de mis hermanos consistió en hacer que fuéramos agradables.

La complacencia, esencialmente fundamentada en negar cualquier atisbo de ser, sostenida por la represión y la retroflexión (retención de impulsos que uno vuelve contra sí mismo) y la proflexión (el impuso de hacerle al otro lo que se desea para sí mismo), orienta decididamente a ser aquello que se espera que se sea.

Poco a poco descubrí que si no daba expresión a mis ideas, y era discreta y prudente, dicho comportamiento tenía su recompensa.

Lo cual se hace extensible a la sexualidad:

Todos mis pensamientos, sentimientos y acciones giraban alrededor de la cuestión sexual, pero no dejé que lo sospecharan mis padres, mejor dicho, ni mis padres ni nadie.

Y como consecuencia de todo ello Marianne habla de una segunda naturaleza suya, que se esconde tras su imagen de "buena mujer" caracterizada por:

... engañar, disimular, guardar secretos [...] no he dejado nunca de fingir. He disimulado cuantas veces  ha sido necesario en mis relaciones con todos los demás. En mis relaciones con los hombres el mismo fingimiento perpetuo, los mismos intentos desesperados de complacer a todo el mundo. Nunca me he preguntado qué es lo que yo quiero, sino siempre qué es lo que él quiere que quiera. 

Es decir, y volviendo a Lacan, siempre se ha deseado que el otro me desee, y para ello siempre se ha querido lo que el otro quiere. Llegando a así una precisa conclusión final:

No es generosidad como siempre he pensado, sino pura cobardía, y lo que es peor, total ignorancia de quién soy.

Esta descripción que Marianne hace de sí misma, así como las escenas en la película nos la presentan como un carácter masoquista y pasivo-agresivo que ha hecho del sentimiento del amor básicamente dependencia aunque, no obstante, y con el paso del tiempo, irá haciendo sus cambios. Dice Liv Ullmann acerca de su personaje, y cuando Johann la abandona:

Se ha relajado dentro de lo que se esperaba que él sintiera por ella. Ahora está en silencio. Él la ha abandonado. Rabiosa e impotente. Marianne grita su impotencia [...] su angustia. Marianne se oculta profundamente, profundamente bajo una colcha: decide no salir nunca más. Se ha producido un cambio. La antigua vida ha terminado. La nueva está en el comienzo. [2]

- Johan.

En relación a Johan hay dos momentos en la presentación de la "familia ejemplar" que nos sirven para reflexionar sobre su caracter. En un primer momento, cuando se le pide que se autodefina, dice lo siguiente:

... inteligente, abierto, emprendedor, equilibrado y sereno [...] Un brillante hombre de mundo, cultivado, que ha leído y buen conversador (vemos como Marianne le da ligeramente unos golpecitos con el codo). Soy afable, afable con todos los que me rodean, por norma general [...] Soy buen padre de familia, soy buen hijo, no tengo deudas y pago mis impuestos. También respeto al gobierno haga lo que haga...

En fin, el hombre de la familia ejemplar es también el ciudadano ejemplar. Johann ha definido esencialmente lo que en la Gestalt conocemos como el "autoconcepto", en junguiano como la "persona" o la máscara, y en psicoanalítico aquello que representan las instancias del "ideal del yo y el yo ideal", es decir, y poniéndolas a todas en común, la imagen que construímos de nosotros mismos y que nos viene impuesto por los ideales familiares y colectivos imperantes, así como por la ilusión de recuperar el yo omnipotente de la relación dual pre-edípica, por eso suele manifestarse en la admiración que se siente por "grandes personajes de la historia o la vida contemporánea, que se caracterizan por su independencia, su orgullo o ascendiente." [3]

Sin embargo, y dentro de la misma conversación, parece emerger otro Johann no tan afable, cuando manifiesta airadamente:

El mundo se va al diablo y yo reclamo el derecho a vivir como me parezca. Mi lema es vivir y dejar vivir. Me ponen enfermos todos estos evangelios de salvación, no puedo remediarlo.

En estas palabras ya aflora el narcisismo de su personaje, que surge en distintos momentos de la película, practicamente desde la primera entrevista - como también lo hace la pasivo-agresividad en Marianne -, donde se manifiesta a través de su lenguaje verbal en cada ocasión que Marianne le corta o le contradice, como más tarde ocurrirá en cada ocasión que se le frustrará o cuestionará su imagen.

II. LA RELACION DE PAREJA. INCONGRUENCIAS.

Bergman empieza contraponiendo la aparentemente ideal pareja de Johan y Marianne - expuesta a través de un reportaje que se les hace para una revista -, con la de unos amigos suyos, Peter (Jan Malmsjö) y Katarina (Bibi Andersson), una pareja que está en una profunda crisis y que se profesan un destructor odio mutuo. La teoría de Marianne al respecto de lo que les ocurre a sus amigos es la siguiente:

Es que no hablan el mismo idioma. Tienen que traducirse a un tercer idioma que ambos conozcan si es que quieren entenderse entre sí [...] Míranos a nosotros. Nosotros lo hablamos todo y nos entendemos inmediatamente, hablamos el mismo idioma y por eso nos va tan bien...



Estas palabras de Marianne dan referencia de su carácter confluente, que se verá sostenido por el carácter de Johan que se muestra aparentemente conformista. Habla de la idoneidad de un idioma común que ambos practican, cuando en realidad una pareja está constituida por dos seres humanos que hablan cada cual su idioma, y cuyo entendimiento se basa en comprender cada cual el idioma del otro y, en todo caso, y a partir de estos idiomas propios, ir construyendo los lugares comunes, y trabajar con aquellos lugares no tan comunes, así como con los más complejos. Como veremos, el idioma común de Marianne es el idioma común del autoengaño y la evitacion de los conflictos existentes entre ellos. Una ilusión de comunicación para evitar confrontar sus miedos e inseguridades.

Se apuntan también en Johan aquella apreciación de Lacan de "la mujer como síntoma del hombre", lo que equivale a decir que la mujer no puede reducirse al fantasma falocéntrico del hombre. Lo observamos en la reacción con su amiga y cólega de trabajo Eva (Gunnel Lindblom), cuando esta le contraría al valorar unos poemas suyos calificándolos de "mediocres", o cuando le recuerda la expectativa que ella y sus compañeros tenían sobre él, pero con un tono donde aflora también la decepción de algo que, con el paso del tiempo, no se dio.

Observamos también algunas fisuras en el idioma común que, suspuestamente, practican Marianne y Johan, como la contrariedad de este cuando Marianne le dice que va a ir en coche con él. Es obvio que eso parece romper algún "plan oculto" de nuestro protagonista, lo cual se confirma cuando mira el teléfono y se dispone a cogerlo... Pero donde aparece en toda su dimensión la falacia del idioma común es en el tema de la relación sexual, cuando Johann dice que su "relación física está llena de evasiones y reservas", una relación a la que más tarde califica de pobre y mísera. Aquí tropezamos con los límites del lenguaje común del que habla Marianne y que Johan parece apoyar, un lenguaje del que hay cosas de las que no se puede hablar. Sorprendentemente vemos a esa Marianne que dijo que hablan un idioma común y que lo hablan todo y que con todo se entienden, decir de la problemática sexual: "Hay temas que no deben discutirse demasiado [...] tratándose de este me parece que se trata de una equivocación, estas cosas deberían quedar en el misterio, protegidas de miradas inquisitivas [...] Si hablamos de ello nos hacemos daño el uno al otro sin ninguna necesidad".




En ese sentido, Marianne - que es abogada matrimonialista - escucha de una clienta suya que tras veinte años de un aparente buen matrimonio quiere separarse, anunciándole lo que no va a tardar en sobrevenirle producto de la ilusión que vive en relación con la realidad. Su inconsciente parece removerse cuando le dice la clienta: "Yo conozco mi imagen y no se ajusta para nada a la realidad". Incomodidad que se hará aun más evidente cuando añade las siguientes palabras: "A veces me digo a mi misma que tengo capacidad de amar, pero esta capacidad es como si estuviera embotellada, lo malo es que la vida que he vivido hasta ahora me ha ido ahogando cada vez más". 

III. SEPARACIÓN.

Correspondiente a la parte titulada como "Paula", nos ofrece el momento en el que Johan le dice a Marianne que se ha enamorado de otra mujer, Paula, de veintitrés años. Marianne se extraña de no haber notado nada, a lo que él le responde que siempre anda en las nubes (el desajuste de la imagen con la realidad). También le comunica que a la mañana siguiente se va con Paula a un viaje, aunque luego aclara que se ha tomado una excedencia y que se irá por un espacio de siete u ocho meses. Veamos un poco como vive esta situación cada uno de los personajes.

- Johan.

Poco a poco va apareciendo la realidad de Johan, ante la desesperación de Marianne, cuando dice:

"Sabes cuanto tiempo estoy pensando en hacer eso, no te lo imaginas, no me refiero a irme con Paula, si no a dejaros a ti y a las niñas y todo lo demás [...] Hace cuatro años que estoy pensado en separarme [...] Lo único que me interesa es escapar de todo esto. Sabes lo que en realidad me tiene más harto. Esa pesadez constante con lo que tenemos que hacer y lo que no tenemos que hacer, lo que debemos considerar, lo que va a pensar tu madre, lo que van a decir las niñas..."

Johan, en un momento dado, dice una cosa interesante: "Todo esto está resultando demasiado afectado, son palabras vacías. No creo que, por un momento, haya llegado a la verdad de nosotros". Y es cierto, pues responsabiliza a Marianne de una vida de la que él es corresponsable, pura proyección. En realidad todo lo que le dice a ella se lo podría aplicar a sí mismo.



La realidad que se oculta tras la reacción de Johan se entronca en su inseguridad, que necesita el sosten de una mujer que le haga su centro, y que implica, como ya dije anteriormente, la concepción de la mujer como producto del fantasma falocéntrico, por eso al hablar de Paula habla de sus celos retrospectivos en relación con sus experiencias con otros hombres en el pasado. Marianne hace la pregunta clave: "¿Y lo pasáis bien en la cama?" En esta pregunta reside una parte de la verdad de Johan. El mundo perfecto que ha creado con Marianne, definido ahora como cerrado y hermético, falto de oxígeno, topa con su falta de deseo, con la vida sexual pobre y mísera a la que hacía referencia... Justamente esa falta de deseo, a la vez vuelto rechazo a su deseo, es la grieta de ese "mundo perfecto", la grieta que hace asomar la falta en Johan. Y es en referencia al fantasma falocéntrico que la mujer como síntoma siempre se revela manifestándose como que alguna cosa no funciona, que siempre hay un problema, una falla que le complica su felicidad. Y Johan, como buen neurótico, nada quiere saber de esa falla. Dice la psicoanalista Liliana Lamovski:

El neurótico no quiere saber nada de esa verdad que dice que el objeto de su felicidad, el objeto adecuado para su goce, falta irremediablemente. Por eso sostiene que esta falta de la que sufre es consecuencia de la voluntad de algún Otro. En términos de Lacan diríamos que sostiene la teoría de que el Otro quiere su castración. [4]

Efectivamente, en la pequeña escena con Eva, o en la que tiene con Marianne, observamos como se mueve el hombre que niega ser en falta, un hombre que desde esa negación "demanda una no mujer cedida a él y al servicio de él, como cosa de él, una que, a semejanza de él, cumpla lo que se le ordena ser y hacer sin poner en cuestión los mandatos a reproducir ni el lugar de su ser en la existencia. Porque mientras el obedezca el mandato del otro al que no le falta y ella obedezca el mandato de él, es posible sostener el ideal de completud, ideal de un otro que lo tiene todo, de un otro al que no le falta, de un otro que el anhela ser y le otorga sentido a su existencia." [5]

- Marianne.

Bergman parece representar muy bien esa dimensión de la relación del hombre y su fantasma falocéntrico con la mujer como "no-toda", tal y como Lacan formuló, ambas las formas en las que cada genero experimenta la insoportable sensación de incompletud, el desasoiego con el contacto de la carencia. Me parece importante aquí la siguiente cita que hace Slavoj Zizek al respecto:

"... el hombre literalmente ex-siste: todo su ser se encuentra "allí fuera", en la mujer. Ésta, por su parte, no existe, insiste, razón por la cual no llega a ser únicamente a través del hombre. Hay algo en ella que escapa a la relación con éste, la referencia al significante fálico; y, como bien es sabido, Lacan intento captar exte exceso mediante la noción de un goce "no todo" femenino." [6]

Hay en en toda esta escena aspectos parecidos que ya aparecían en Los comulgantes (1963), ya comentada en este blog, y en la que Marianne responde de manera muy parecida a Marta (Ingrid Thulin), la protagonista de la citada película... un  carácter confluente con un marcado masoquismo. La ilusión de realidad que mantiene Marianne a través de su caracter complaciente responde también a ese ideal de completud:

... las bellas damas, devenidas a imagen y semejanza del hombre al que la mujer falta, también anhelan tenerlo todo; ellas hacen por mostrar aquello con lo que tratan de ocultar la insoportable falta, asi sea al precio de su propio ser sometido a la aniquilante ilusión de completud. [7]

Veamos como el idioma común de Marianne representaría este mundo de la "no falta" que, a la postre, sólo puede mantenerse como ilusión y que, finalmente, en ese ideal imposible de completud, de no-problema, les lleva ambos a la destrucción, a su aniquilación. Hay un momento en el que Johan dice:

... tú y yo vivimos en un mundo a parte. Tanto tú como yo nos encerramos en una existencia común herméticamente cerrada, todo estaba ordenado a la perfección y todo funcionaba como un reloj. Nos hemos muerto por falta de oxígeno.

Nos hemos muerto por falta de oxígeno, es decir, nos hemos muerto por falta de deseo, y no sólo sexual, muerte por falta de deseo en la vida. El logro de Marianne responde a un mundo donde "las cosas funcionan" en lo que podríamos llamar una "perfección logística", pero donde en realidad, y como dice la cliente de Marianne, "la capacidad de amar está embotellada", porque para amar, para amar de verdad, primero hay que asumir que somos seres faltantes. En la relación de Johan y Marianne se procura la completud, pero en la realidad, como dirían los lacanianos, siempre emerge "lo real", es decir, aquello que constantemente nos devuelve a la falta.

La reacción de Marianne cuando Johan se va de casa pone de relieve su desesperación al ver roto su ideal, al ver rota también su confluencia, desesperada se agarra a él suplicándole que no la deje y prometiéndole más de los mismo: "Empezaríamos de nuevo en todos los sentidos. Sería una mujer distinta para tí. Cambiaríamos nuestra vida totalmente. Hablaríamos del pasado, ver en que nos hemos equivocado, yo no vovería a hacerte ningún reproche". Más de lo mismo. Tras su partida, y como nos dice Liv Ullmann, "Marianne se oculta profundamente, profundamente bajo una colcha: decide no salir nunca más." Es decir, no puede soportar la emergencia de lo real en la ilusión de realidad construida, la emergencia radical de la falta.



IV. DEL APEGO AL DESAPEGO: LA POSIBILIDAD DEL AMOR.

Tras la separación Bergman nos llevará, a través de las tres partes de la segunda mitad de la película al camino del desapego  que culminará en la aceptación final de la limitación, de la falta, de la incompletud. Empiezo por el final, por las últimas palabras de Johan a Marianne:

Creo que te quiero a mi modo imperfecto y un poco egoísta, y estoy convencido de que tú me quieres a tu modo inquieto y posesivo. La verdad es que los dos nos queremos, aunque ese cariño sea evidentemente imperfecto. Eres muy difícil de contentar, pero aquí estoy, abrazado a tí con la mayor naturalidad en medio de la noche [...] En realidad no sé cómo es el amor que siento, no puedo describirlo, y en la vida diaria, a veces se diría que no existe...

Y a la pregunta de Marianne si él cree que la quiere dice las siguientes y significativas palabras: "Si, si que lo creo, pero si seguimos acusándonos el uno al otro, podemos matar hasta el amor."

- Del apego.

La travesía de ambos protagonistas para llegar a éste real momento de intimidad no será fácil. Será una travesía  que tendrá su punto culminante en una catarsis a la hora de firmar el acuerdo de divorcio, donde se encuentran un Johan que se siente fracasado y una Marianne que, inconscientemente sigue agrediéndole desde una supuesta superioridad que parece haber alcanzado. Aunque llevan tiempo separados y sin verse, su contacto parece reactivar inapelablemente el hombre que siente la insoportabilidad de verse en la falta y a la mujer que siente  la insoportabilidad de verse "no-toda" (ahora ya podemos ver que son dos formas de sentir la falta, la carencia). Johan no hace más que proyectar en Marianne lo que en realidad le ocurre a él, el fracaso de su relación con Paula, y no sólo con Paula, su fracaso vital, y que se manifiesta sobre Marianne diciéndole: "Espera... cuando pase algún tiempo te casarás con él y volverá a empezar la misma historia. Estoy convencido, tú estas hecha de esta forma", palabras que perfectamente se aplican a él mismo. Mientras, Marianne se esfuerza por parecer que ya está desapegada de él, lo que acaba también convirtiéndose en una agresión con la que pretende dañarle. Bajo el efecto de la botella de coñac que van agotando, por fin salen las palabras que quizá nunca se dijeron, y no sólo las palabras sino el sentimiento de odio que albergaban el uno en relación al otro. Las palabras y el sentimiento que, como ya indicamos, y por boc de Johan: "No creo que, por un momento, haya llegado a la verdad de nosotros".  Ahora será cuando aparezca el idioma de verdad de cada uno.

En Johan aparece toda la frustración sexual y afectiva que siente de Marianne, y así dice palabras como las siguientes:

"Cielo santo Marianne, como te odio. Recuerdo haber pensado muchas veces: Cielos, cuanto la odio. Sobre todo cuando hacíamos el amor. Sabía que estabas pensando en otra cosa, y luego, cuando te veía desnuda en el cuarto de baño, lavándote con aquella odiosa expresión de superioridad como si se tratara de otra persona. Pensaba, odio su cuerpo, odio sus movimientos. Me daban ganas de pegarte, de aplastar esa serena resistencia que emanaba de tí [...] ¡Existe una cosa muy sencilla llamada afecto Marianne, y otra cosa también sencilla llamada deseo físico! ¡¡En tí todo esta bloqueado!! ¡Lo ha estado siempre!

Las cosas llegan a mayores cuando Johan concluye: "sacar partido a tu sexo, ¡convertirlo en una mercancía! Si un día hacíamos el amor se daba por hecho que te dejaría en paz al día siguiente. Si había sido buen chico me recompensabas en la cama. Si había sido desagradable u osado criticarte de alguna forma te vengabas cerrando la tienda. Era grotesca tu forma de portarte conmigo, eres peor que una fulana"

Por otro lado también aparece la versión de Marianne:

¡¡... crees que puedes vivir aprovechándote de mi indefinidamente. Estoy harta de todos tus reproches!! ¡Tu sabes los complejos que me creaste reprochándome a cada paso que abandonaba el hogar para irme a trabajar! [...] ¡Durante los primeros años de nuestro matrimonio no decías otra cosa! ¡Y no conseguiste otra cosa más que hacerme sentir remordimientos! Tú y tú madre, los dos. ¡Tenía remordimientos en la oficina, y remordimientos en casa, y encima querías que también lo fingiera porque no satisfacía en la cama! ¡Atacabas por todas partes, no hacías más que reñirme y gruñirme y exigirme día y noche! Ahora comprenderás porque estaba tan fría contigo al hacer el amor. Era una lucha demasiado desigual contra tí, y contra mi padre, tus padres, toda la maldita sociedad que nos rodea [...] ¡¡Eres un parásito inútil, un hombre que no sirve para nada, absolutamente para nada!!

Por fín el idioma verdadero de cada uno asoma. No hay idioma común, ningún atisbo, el idioma común fue una ficción para no abordar la realidad que vivía cada uno. En Johan habla el hombre en falta, en Marianne la mujer "no-toda", y el idioma en común fue la ficción que ambos acordaron para sortear uno la falta y la otra la "no-toda". Ambos convinieron en una cierta adaptación mutua al objeto de evitar enfrentarse con la realidad que cada uno vivía en relación al otro. Ninguno de ellos se esforzó por hablar su idioma y comprender el del otro. La falta de deseo que vivía Johan inflamaba su falta, la insatisfacción de Johan la "no-toda" de Marianne. La familia ideal, el idioma común, todo un constructo para no asumir la incompletud. Ambos en el fondo aun están apegados a su historia de negación, ambos siguen a través de ellos apegados a las historias infantiles, y que como hijos les marcaron en relación con los padres y sus familias, finalmente con la misma sociedad.

Johan, finalmente, se muestra como el hombre en falta cuando ante la presión de Marianne le confiesa: "¡Confieso que estoy vencido, es lo que querías oír! ¡¡Estoy cansado de Paula. Os hecho de menos!! [...] Soy un fracasado y voy cuesta abajo, tengo miedo... [...] ¡Estoy cansado de estar sólo, la soledad con Paula es peor que la verdadera soledad. No puedo soportarlo!" A raíz de esto estallará su violencia con Marianne, a la que no quiere dejar partir del despacho, y a la que maltratara físicamente... Tras esto llega su arrepentimiento ante una Marianne que, sorprendentemente, asume que la culpa es suya. Firma los papeles del divorcio y la película llega a su última parte.



- Del desapego y la posibilidad del amor.

La última parte de la película (En plena noche, en una habitación a oscuras), asistimos - ya pasado un tiempo - a los encuentros que Johan y Marianne mantienen como amantes. Les vemos más cariñosos, tiernos y amoros que nunca. ¿Qué ha ocurrido? En ese encuentro vamos a observar dos sucesos, uno que afecta a Johan, y otro que afecta a Marianne. En cuanto a Johan observamos la aceptación de sus límites, de su incompletud, y así le dice a Marianne:

Quizá haya dejado de defenderme a mí mismo. Alguien ha dicho que me he abandonado y que me entrego con demasiada facilidad, que ya no me hago valer, y no es cierto. Más bien creo que he descubierto mi verdadera dimensión y que he aceptado mis limitaciones con una cierta humildad. Eso me hace amable, pero un poco triste [...] si supieras como lucho contra mi insignificancia, una y otra vez procuro animarme diciéndome que la vida no tiene más valor que el que se le quiere dar, pero esas ideas tan profundas no me sirven. Quiero tener algo por lo que luchar...

Aparece el Johan más humano cuando aparece el hombre que se acepta en su limitación y en su dificultad, también en su vulnerabilidad. Es de ahí desde donde surge el Johan tierno y cariñoso que entendrece a Marianne.

En cuanto a ella observamos, casi desde el primer encuentro después de la separación, una cierta tendencia a mostrarle a Johan que ella está fuerte, aunque es obvio que esto no es así. Hay también en ella una cierta voluntad de provocación consciente de la debilidad que muestra Johan, sin que esto justifique en absoluto algunas reacciones de éste, ya que corresponde al juego neurótico que se llevan el uno con el otro, al mismo tiempo que esto lleva también a que ella siga jugando, a pesar de lo que dice, al juego de someterse para seguir sosteniendo la ilusión de una vuelta a la completud. Sin embargo, en esta escena final hay un momento, mientras ambos duermen, en el que Marianne tiene una pesadilla. Me parece importante transcribirla porque es muy significativa, así como su reacción posterior. Dice el sueño:

Íbamos andando por un camino muy peligroso. Yo quería que tú y las niñas me cogiérais las manos para sujetarnos los unos a otros, pero era inútil, porque yo no tenía manos, sólo tenía un par de muñones al final de los codos, y todo el tiempo me iba deslizando fuera de la planta y no podía agarrarme a vosotros. Estabáis los tres de pie en la carretera y no podía alcanzaros.

Una excelente representación de la propia imcompletud (los brazos con muñones) queriéndose disimular en la ilusión de completud de la confluencia (todos cogidos de los brazos), y el horror de contemplarse así mismo en esa incompletud y de tener que sostenerse en ella. Y no es que haya problema en sujetarse todos de las manos, el problema es cuando sujetarse de las manos es para disimular la falta, la carencia que nos habita. Es aquí desde donde surge también la vulnerabilidad de Marianne cuando dice:

Johan, también me preocupa no haber querido de verdad a nadie, y creo que nadie me ha querido a mí tampoco. Eso me da mucha pena.

Y eso da lugar a las palabras de Johan con las que he empezado este punto IV. Por fin ambos se encuentran en su falta, en su carencia, por fin ambos parecen comprender que ni uno ni el otro puede colmarla, pero que si pueden acompañarse. El amor tiene mucho que ver con eso, con acompañarse en la carencia, con andar uno junto al otro pero sin atropellarse. Por fin el uno con el otro pueden verse de verdad... verse en su imperfección , en su limitación, abriéndose a la posibilidad de amar, como decía Kierkegaard, amando la imperfección, o como diría yo, amando la propia incompletud, y desde ella la incompletud del otro.



Dice Jesús Nava en su excelente artículo:

Urgente la deriva de lo humano en busca de lo humano, urgente una episteme no toda y más allá, urgente restituir la falta, celebrar la falta. Urgente la mujer, tentar al hombre y a la no mujer, negados a ser en falta, a intentar más allá del anhelo de serlo todo y de ser sin falta.

Afirmar la singularidad de la existencia y asumir vivir conforme al propio deseo, demanda la más radical implicación; por la vía de los hechos, del desanudo de las resistencias y las ataduras personales que amarran fijo al goce fálico a través de nudos realmente insospechados. [8]

Y eso, como muchas veces, tiene su repercusión en lo relacional y en lo afectivo, y como no, el poeta tiene el decir más ajustado, tal y como nos muestra Mario Benedetti:

                                                            Es importante hacerlo

                                                            quiero que me relates
                                                            tu último optimismo
                                                            yo te ofrezco mi última
                                                            confianza.

                                                            aunque sea un trueque
                                                            mínimo.

                                                            debemos cotejarnos
                                                            estas sólo
                                                            estoy sólo
                                                            por algo somos prójimos.

                                                            La soledad también
                                                            puede ser
                                                                     una llama.


La última y gran película de Bergman, Saraband, con el retorno de ambos protagonistas treinta años después, nos seguirá aclarando algunas cosas al respecto.

_______________
BIBLIOGRAFÍA

[1] Duncan, P. & Wanselius, B. Los archivos personales de Ingmar Bergman. Taschen, pág. 155
[2] Ídem anterior, pág. 156
[3] Laplanche, J. & J. B. Pontalis. Diccionario de psicoanálisis. Ed. Labor, acepción "yo ideal".
[4] Lamovsky, Liliana. La Mujer como Síntoma del Hombre. Escuela freudiana de Buenos Aires.
[5] Nava, Jesús. De la mujer no toda y el hombre negado a ser en falta. Revista Errancia. Litorales.
[6] Zizek, Slavoj. ¡Goza tu síntoma! Ed. Paidós, pag.189
[7] Ver nota 5.
[8] Ver nota 5.


domingo, 23 de agosto de 2015

SHAME - DESEOS CULPABLES - (Steve McQueen, 2011): Más sobre los hombres huecos.

Varias personas y seguidores de Cine y psicología me han pedido desde ya hace tiempo el comentario de la película Shame (2011), del director británico Steve MacQueen, indudablemente uno de los directores más interesantes de la actualidad (recordemos su inicio con Hunger y la posterior a Shame, Doce años de esclavitud). Mientras la reveía estos días y me dejaba llevar y rellevar por la increíble interpretación de Michael Fassbender (sin duda uno de los mejores actores del momento) en el papel de Brandon Sullivan, no pude dejar de ver claros paralelismos con la película ya comentada en este blog de "De la vida de las marionetas", de Ingmar Bergman (pulsa aquí para acceder a la entrada). Es claro que se trata de otro de los hombres huecos a los que hacía referencia en el comentario de esta película a partir de las poesías de T. S. Eliot. El paralelismo es extensible a la relación que Brandon mantiene con su hermana Sissy (una también excelente Caren Mulligan) con la que Peter mantiene con Katharina en la citada película de Bergman. Y es precisamente la relación Brandon-Sissy el elemento clave que me interesa esencialmente a la hora de comentar esta película.

Efectivamente, sobre el personaje de Brandon mucho se ha escrito y dicho. Corresponde a la imagen del hombre cuya vida se reduce a trabajo y sexo. Se nos muestra como un individuo adicto al sexo, un auténtico depredador como nos muestra la imagen inicial en el metro en una escena de alta tensión erótica. La música (compuesta por Harry Scott) con la que se acompañan estas primeras imágenes ya revela la soledad, o quizá más que la soledad la tragedia - de la que la soledad es una parte - de la vida de éste hombre, y que no es más que la alarmante pobreza vital con la que sus días pasan. Trabajo y sexo ocupan, o más que ocupan rellenan - por seguir los versos de Elliot - la vida de ese hombre hueco que parece estar vacío de toda emoción y de todo sentido. Más allá de sus seducciones y conquistas, su vida está también rellenada por la pornografía, la ciber-pornografía, la prostitución... También aparecen el alcohol y la droga. Entre todo esto llama la atención, desde el inicio de la película, la voz de una mujer que se oye desde el contestador del teléfono reclamándole su atención y de la que Brandon pasa sistemáticamente - y que luego se nos revelará como de su hermana Sissy -  . La cuestión ya se apunta desde este inicio: ¿Qué le ocurre a Brandon con Sissy?

Figura 1. En el metro...

Si partimos de su adicción al sexo - el síntoma -, sabemos que toda adicción conlleva una huida, una desviación que es desviación de uno mismo, particularmente de una forma de verse a sí mismo. Como en el caso de Peter con Katharina en "De la vida de las marionetas", hay implícito todo un juego de proyecciones entre ellos, en tanto Sissy representa aquello que Brandon evita ver de sí mismo, aquello de lo que huye metódicamente, mientras que Brandon, como veremos, representa para ella la protección y contención que no puede darse por sí misma.

I. NEW YORK, NEW YORK.

No deja de ser significativo que la aparición de Sissy en la vida de Brandon surja como una "invasión" (el retorno de lo reprimido) en su metódica vida, ya que se la encuentra en casa inesperadamente al llegar una noche duchándose en el cuarto de baño. A partir de este momento la presencia de Sissy perturbará el delicado equilibrio de Brandon. Antes, entre paréntesis, he supuesto que el retorno de Sissy en la vida de Brandon es el retorno de lo reprimido en éste. La evolución de las escenas que les relacionan a ambos así nos lo parece mostrar.

Más allá de la llegada de Sissy y de su carácter más caótico, así como de su insinuada dependencia emocional, el primer momento clave aparece cuando con David (James Badge Dale), su jefe, asisten al club en el que actúa Sissy. En una escena de cinco minutos magistralmente rodada e interpretada, la cámara simplemente enfoca el rostro de Sissy cantando una versión de "New York, New York" (Frank Sinatra), y la de un Brandon profundamente turbado mientras la oye, y de cuyos ojos cristalinos asoman con timidez la posibilidad de alguna lágrima.

Imagen 2. New York, New York...

Detengámonos ahora un poco en esta escena. Creo que dos elementos son en ella fundamentales. Por un lado la versión elegida de la canción de Frank Sinatra, con un tempo muy distinto de la original, en la que el optimismo, la alegría y la esperanza marcan su ritmo. En la versión interpretada por Sissy lo que escuchamos es una voz melancólica y triste, quebrada de quien mira aquella esperanza que con el tiempo se frustró llegando a algo muy distinto de lo esperado. Recordemos que la canción dice:

                                                        New York, New York,
                                                        quiero despertarme en una ciudad
                                                        que nunca duerme.
                                                        Y encontrar que soy un número uno,
                                                        el primero de la lista,
                                                        el rey de la colina,
                                                        el número uno.

Quizá esas fueron un día las esperanzas de Brandon, esperanzas e ilusiones ahora convertidas en humo, el humo con el que se fueron quemando en una vida vacía y carente de sentido. Por otro lado, Sissy aparece para Brandon como un espejo en el que se refleja su propia vulnerabilidad, su propia tristeza y melancolía reprimidas y, como ya se ha dicho, desviadas hacia una vida esencialmente "rellenada" a través de la rutina del trabajo y del placer compulsivo obtenido a través del sexo. El efecto Sissy se nos muestra una vez más cuando, de nuevo, observamos la reacción de Brandon ante Sissy besándose en el taxi con David, o cuando posteriormente, al entrar en el departamento, les oye disponiéndose a hacer el amor... Brandon se muestra inquieto, acorralado, desesperado... hasta que se cambia y enfundándose en su chandal sale a hacer footing acompañado de la música de Bach del Clave bien temperado, el preludio y fuga BWV 891 y que parece sugerir un poco humorísticamente que "quien corre su mal espanta".

Imagen 3. Acorralado...

¿A qué se debe esta reacción? ¿Qué se pone en movimiento dentro de la psique del propio Brandon? Sissy nos muestra en su reacción con David, como ya se había observado anteriormente en una conversación telefónica con su ex-pareja (un tal Marc), la desesperación del desamor, la profunda carencia que insaciable se lanza a la búsqueda de contacto a cualquier precio y sin límite. Ni más ni menos que el profundo desamor, la misma profunda carencia que habita en el interior de Brandon y del que su adicción al sexo no es más que el síntoma. En el interior de Brandon, aplastada por su insensibilidad emocional, por una represión apoyada por la distracción que le proporciona la rutina del trabajo y un sexo adictivo, habita ni más ni menos que su Sissy interna: vulnerable, frágil, dependiente, quebradiza y con una clara tendencia autodestructiva como veremos más adelante en la película. La máscara de Brandon oculta la sombra de Sissy, si bien, y desde una perspectiva junguiana, podríamos ver también a Sissy como un proyección de su ánima. Sobre esto volveremos más adelante.

II. LA VERGUENZA (SHAME).

Hasta la próxima escena entre Brandon y Sissy ocurren dos acontecimientos importantes. Por un lado, y a raíz de una revisión de seguridad de los ordenadores de la empresa,  hallan en el ordenador de Brandon todo tipo de material pornográfico. David, su jefe, le llama y le dice:

Tu disco duro es asqueroso. Han traído tu ordenador... Quiero decir es sucio... Hablo de putas, guarras, penetración anal, doble anal, polvo interracial, pastel de crema. Ni yo se lo que es eso... ¿Crees que ha sido tu becario?

Es interesante el lenguaje corporal de Fassbender en esta escena y la toma de la cámara de su imagen de abajo arriba (la cámara ocupa el lugar de la mirada de David), como todo su cuerpo y toda su expresión manifiestan el sentirse descubierto, y más concretamente, la vergüenza de ser descubierto, toda su vulnerabilidad expuesta al sentir revelado su secreto.

Imagen 4. Descubierto...

Con lo cual, y dicho esto, nos encontramos también con la culpa de ser. Como se observa más adelante, esta autoconcepción (Brandon es un hombre que se autodesprecia inconscientemente) se proyecta de manera hipócita sobre Sissy, cuando tras llamar ésta a David para volver a encontrarse le dice:

Brandon: No volverá a follarte. ¿Le dejaste un mensaje verdad? No puedes evitarlo. Es asqueroso.
Sissy: ¿Por qué coño estás tan enfadado?
Brandon: ¿Por qué coño estoy tan enfadado? Es mi jefe. te acuestas con él a los veinte minutos y ahora le llamas. ¿Qué pasa contigo? ¿Sabes que tiene familia, no? ¿Sabes que tiene familia?
Sissy: No...
Brandon: ¿No le viste la alianza en el dedo?
Sissy: No...
Brandon:Mientes.
Sissy: Lo siento
Brandon: ¡Siempre lo sientes! ¡No sabes decir otra cosa joder!
Sissy: Al menos digo que lo siento...
Brandon: ¡Intenta hacer algo! ¡Importan los hechos no las palabras!
Sissy: Lo siento, lo siento.... La he cagado. No soy perfecta como tu rolex. Hago lo que puedo.
Brandon: Algunos la cagan continuamente...

Excelente ejemplo de proyección de lo propio sobre el otro.

El segundo acontecimiento tiene que ver con la aparición de Marianne (Nicole Beharie), una secretaria del trabajo recientemente separada con quien tiene una cita. Algo ocurre con Marianne. De repente es una cita en la que están hablando más distendidamente... Vemos a Brandon entablando con ella algo que hasta el momento no se había observado: simplemente un poco de intimidad. Ahí le manifiesta que no cree en la relaciones en el mundo de hoy, que son poco realistas y que lo de comprometerse no es para él.

Imagen 5. Algo distinto...

III. ¡QUÉ QUIERES DE MI!

Después de ese primer encuentro con Marianne, que transcurre como una cita de lo más normal y que no acaba con sexo, llega a casa y se produce un desgraciado encuentro. Sissy entra en casa y al abrir el lavabo encuentra a Brandon masturbándose. Éste reacciona de una manera violenta: ¿Qué... me espías? ¿¡Me espías!? - la empuja sobre el sofá y se abalanza sobre ella zarandeándola cada vez más agresivamente- ¿¡Que!? ¿¡Que quieres!? ¿¡Quieres un poco de esto!? ¿¡¡Quieres  un poco!!? ¡¡Qué quieres de mí!! ¡¡Qué quieres de mí!! ¡¡Qué quieres!! ¿¡Por qué has venido! ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¡¡Dimelo... puta de mierda!!

Imagen 6. ¿¡¡Que quieres de mi!!? ¿¡Que quieres!? ¿¡Para que has venido!?

Como espejo de Brandon, éste ve a Sissy como una exteriorización proyectada de su ánima y, en consecuencia, cómo esta quiere llevarle a darse cuenta de la vida que lleva y de la culpa inconsciente con la que carga. Como antes David le sorprendió con los contenidos pornográficos del ordenador, ahora Sissy le sorprende en el lavabo en plena masturbación y reacciona con esta violencia porque para él es muy difícil comprender el significado que en su mundo interno Sissy representa.  En ese mundo interno su ánima quiere acercarle a su parte más frágil y vulnerable, más confusa y vacía, donde habita su tristeza y su melancolía, su falta de sentido y quizá lo más doloroso, el profundo desprecio que siente por sí mismo. Y ya más allá de ese darse cuenta, esa ánima proyectada en Sissy quiere llevarle también a aceptar esta parte de él por más que se obstina en negarla, en no quererla ver refugiándose en su árido mundo de sexo pornográfico y de sexo pornografiado. Este deseo de aceptación surge más adelante cuando Sissy simplemente le pide que la abrace, que le de un poco de cariño... en fin, un poco de intimidad.

Imagen 7. ¿Puedes darme un abrazo?
A la pregunta ¿¡Qué quieres de mí!? la respuesta es esencialmente sencilla: un abrazo. En esa nueva escena de casi seis minutos de duración, rodada de manera magistral, nos encontramos a Brandon sentado mirando unos dibujos en blanco y negro de Walt Disney, en una clara referencia al mundo de la infancia. Pero ese pequeño momento que le une en un abrazo con Sissy, ese pequeño momento de intimidad Brandon no lo puede sostener, y es justo entonces cuando aparece el juicio implacable que le hace a su hermana (y, por lo tanto, que también se hace a sí mismo), y que ya hemos transcrito más arriba. El instante de cariño es inmediatamente borrado a través  del juicio y la culpa ejercido con saña (típico de cuando el yo se identifica con el superyo y se manifiesta sobre una proyección externa)... y finalmente del castigo. Efectivamente, esa escena que empieza con un abrazo y sigue con el juicio del hermano acaba con el rechazo final a Sissy (y que, a nivel interno, no es más que el rechazo a esa parte de sí mismo que también le habita). Es muy interesante el siguiente diálogo:

Brandon: Olvidémoslo... Esto no funciona. Está claro. Busca otro sitio donde vivir.
Sissy: No tengo a dónde ir... Esto no es por él. Te cabreo constantemente. ¿No se por qué?
Brandon: No... Me encierras, me acorralas en un rincón y me encierras. ·"No tengo a dónde ir..." ¿qué gilipollez es esa?
Sissy: Tu eres mi hermano mayor joder...
Brandon:¿Y qué... soy responsable de ti?
Sissy: Si...
Brandon: No lo soy.
Sissy: Si que lo eres...
Brandon: Yo no te parí, no te traje a éste mundo.
Sissy: Eres mi hermano, soy tu hermana, somos familia, hemos de cuidar el uno del otro...
Brandon: Tú no me cuidas a mí. Yo ya me cuido sólo.
Sissy: intento, intento ayudarte...
Brandon: ¿Si...? ¿Cómo me ayudas? ¿Cómo me ayudas tú a mí? ¿Eh? ¡Mírame! ¿¡Cómo me ayudas!? Apareces aquí y para mí tú eres una carga. ¿Me entiendes? ¡Eres una carga! ¡Me arrastras hacia abajo! ¿¡Cómo me ayudas!? Ni siquiera limpias lo que ensucias. Deja de hacerte la víctima...
Sissy: ¡No me hago la puta víctima! Si me marchara no volvería a saber nada de ti. ¿No te parece triste? ¿¡No te parece triste!? ¡Eres mi hermano!

Imagen 8. Olvidémoslo. Esto no funciona. Esta claro. Busca otro sitio donde vivir.

Este diálogo perfectamente podría representar uno de los clásicos diálogos internos entre distintas entidades psíquicas que se realizan  en la psicoterapia gestalt (lo que se conoce como juego de roles, diálogo de polaridades, etc). Podríamos elegir distintas polaridades que interactúan, como la máscara o el autoconcepto en relación a la sombra o personalidad alienada, si bien, y como ya lo indiqué antes, la polaridad que más me llega es la de masculino-femenino. Un concepto de los masculino en el hombre compensado por el ánima como su elemento femenino. Si lo analizamos desde este punto de vista podemos destacar los siguientes elementos:

1) Sissy repara que en el cabreo de Brandon hay algo que no entiende, y éste le contesta: Me encierras, me acorralas en un rincón y me encierras.

Efectivamente, ¡claro que Sissy le encierra y le acorrala! En tanto en cuanto ella se transforma en el espejo en el que se refleja su ánima, una ánima que, como ya hemos repetido en más de una ocasión, le muestra la vulnerabilidad y la fragilidad, el desamor que le habita y la profunda carencia que se hunde en él, así como el desprecio que siente. Su presencia le acorrala porque remueve los cimientos de la falsedad de su propia máscara cuyo precio es la insensibilidad a través de la represión. No es la dimensión caótica y desordenada, o el carácter más expresivo de Sissy lo que perturba la vida de Brandon, es la simple presencia de ella y el significado que adquiere en su propio mundo psíquico.

2) Sissy responde a su hermano: Eres mi hermano, soy tu hermana, somos familia, hemos de cuidar el uno del otro...

Sissy insiste en su "familiaridad". Más adelante dice: Si me marchara no volvería a saber nada de ti. ¿No te parece triste? ¿¡No te parece triste!? ¡Eres mi hermano! En términos internos no es más que mostrarle a Brandon que esta parte que representa Sissy es su "hermana", y que le guste o no son "familia", es decir: yo también formo parte de ti. Sissy, como el ánima, únicamente persiste para que se de su encuentro mutuo y su aceptación. Justamente, y en ese sentido de familiaridad, Sissy enfrenta a Brandon a algo que le es difícil de sostener: la intimidad, el compartirse.

3) Brandon insiste en que él ya se cuida sólo y más adelante, negando que ella cuide de él dice: Apareces aquí y para mí tú eres una carga. ¿Me entiendes? ¡Eres una carga! ¡Me arrastras hacia abajo!

Se refleja así la percepción que la persona de Brandon (entiéndase como máscara, autoconcepto, yo ideal) no tolera considerar esas características que Sissy (como ánima interna) le sugiere como suyas. Brandon la rechaza abiertamente y es como si, en clave interna le dijera a su ánima que "Tú me eres una carga... Tu no me ayudas con eso que me muestras... Si lo asumo como mío me arrastras hacia abajo". La rigidez del yo de Brandon, o como decimos en Gestalt de su frontera de contacto, le impide la más mínima consideración, se aferra desesperadamente a su imagen imperturbable, por eso no sostiene los más mínimos momentos de intimidad que le acercan a su hermana en tanto en cuanto le acerca a esa parte suya. Imagínese que el abrazo con el que recoge a Sissy, en términos internos, representa asumir que hay en mí una parte que necesita ese abrazo.


Imagen 9. ¿¡Cómo me ayudas!? ¡Mírame! ¿¡Cómo me ayudas!?

La escena acaba de la siguiente manera:

Sissy: ¡Si me marchara no volvería a saber nada de tí. ¿No te parece triste? ¿¡No te parece triste!? ¡Eres mi hermano!
Brandon: Joder, porque todo es tan dramático para tí, siempre parece el fin del mundo.
Sissy: No es dramático joder, intento hablar contigo.
Brandon: No quiero hablar... Procura no hablar. Trata de escuchar o pensar para variar.
Sissy: A ti te funciona de maravilla, estás de puta madre.

Trata de escuchar o pensar para variar. Buena receta... para aplicarse a sí mismo. Un poco más adelante ambos acaban formulando el problema con una claridad meridiana:

Brandon: [...] Al menos no dependo de los demás todo el tiempo. Tú eres dependiente, eres un parásito...
Sissy: Tú no tienes a nadie, no tienes a  nadie, sólo a mi y al pervertido de tú jefe...
Brandon: Tú te acostaste con ese pervertido... ¿En qué te convierte eso?
Sissy: No me hables de vida sexual Brandon, no eres quien.

Ambos se diagnostican a la vez que se auto-diagnostican. Encerrada en su máscara Brandon oculta al ser dependiente que es, y manifestándose esta dependencia como síntoma en su adicción sexual. Sissy, que a su vez diagnóstica la soledad de su hermano, no hace más que indicar su propia soledad, la soledad abismal del dependiente, la soledad de no tenerse ni sostenerse nunca a sí mismo. La diferencia, como bien la marca éste diálogo, es que Sissy quiere hablar y Brandon no. Sissy se mueve en un plano de opuestos polares que asumiendo su contrariedad busca, no obstante, acercarse; mientras que Brandon se mueve en el plano de los opuestos que asume contradictorios y, en consecuencia, sólo busca rechazar.

Finalmente Brandon, inflexible, da por echo que Sissy debe buscarse otro sitio para vivir. En términos internos: rechazo categóricamente esta parte de mí.

IV: EL DESCENSO A LOS INFIERNOS.

Llegamos al desenlace de la película. Toda este escena que hemos detallado sucede después del encuentro con Marianne (con quien, y como ya dije, sucedió "algo" distinto) y de la escena violenta que mantiene Brandon mantiene con Sissy. "Algo" ocurre con nuestro protagonista porque le vemos de repente deshaciéndose de su ingente material pornográfico para luego verse de nuevo con Marianne. Les vemos luego en un apartamento y Brandon quiere hacerle el amor... pero no puede. Cuando hay ese "algo" por el medio, es decir, cuando Brandon ve a la mujer que tiene bajo su cuerpo como "algo" más que un mero objeto de penetración, cuando lo ve y lo siente como una subjetividad con la que es posible ir más allá de la genitalidad, Brandon se derrumba. No puede...

Imagen 10. Más allá del objeto... no puedo.
Ese fracaso desencadena el descenso a los infiernos de Brandon que coincidirá con el de Sissy, como no podía ser de otra manera. Después de la partida de Marianne, lo volvemos a ver como antes le vimos la noche en la que Sissy y David se enrollan en su apartamento: inquieto, acorralado, desesperado... hasta que ya lo vemos de nuevo con una prostituta. Después de este encuentro fallido con Marianne sucede la discusión con Sissy en la que le manifiesta que no la quiere más en su casa, que se busque otro lugar para vivir.

A partir de ese momento Brandon entra en una espiral destructiva que le lleva a ponerse en peligro ante una joven a la que seduce (en una escena de seducción de alto voltaje en la que la chica sucumbe irresistiblemente a ese magnetismo vampírico que emana) y que le enfrenta a su novio quien acaba propinándole una severa paliza. Luego, en un ambiente cada vez más turbio y decadente, oscuro y de tonos rojizos, tiene lugar un encuentro homosexual para acabar con un trío salvaje con dos prostitutas... Una espiral del exceso que cada vez le pone en más contacto con su vaciedad, o con su oquedad o insustancialidad por decirlo con más precisión. El sufrimiento que esta visión le depara tiene su magnífica representación por parte de Fassbender - realmente increíble - en las distintas expresiones que va mostrando, y en las que notamos que cuanto con más exceso contacta más y más dolor parece mostrar, más parece contactar con su oquedad: nada puede ya llenar su vida insustancial. Es impresionante contemplar estas imágenes de carácter pornográfico, cuando sin el sonido de ninguna exclamación humana se miran acompañadas de la música de fondo compuesta por Scott, cuya melodía marcadamente trágica y melancólica les da un tono inusitadamente desesperado (la desesperación es un sentimiento muy presente en esta película). Al final, el rostro de Fassbender-Brandon se nos aparece casi como un rostro cadavérico, un rostro de muerte imposible de saciarse.

Imagen 11. Descenso a los infiernos.
Paralelamente, y en una imagen donde unos espejos distorsionan el cuerpo de Brandon (clara metáfora de la distorsión que va sufriendo su imagen), se oye desde el móvil un mensaje de Sissy que acaba con un par de frases que lo dicen todo: Brandon te necesito... No somos malas personas, sólo venimos de un lugar malo.

Figura 12. La distorsión de la imagen en el espejo.

Todo se dirige entonces ya al intento de suicidio de Sissy. Llevado de una intuición provocada por un accidente de metro, Brandon sospecha algo y corre a su apartamento donde halla a Sissy con las venas cortadas. Le vemos entonces, desesperado, intentando socorrer a su hermana. Las imágenes, una vez más sin el sonido de las expresiones de Brandon, son acompañadas ahora por la música de Bach, el preludio y fuga número 16 (BWV855) del Clave bien temperado que le dan a la escena una dimensión entre trágica y delicada... como una interrogación que dijera si es necesario llegar a esto para surjan el afecto y la ternura. No creo que sea vana la elección de la versión pianistica de Glenn Gould de este movimiento, cuyo tempo de ejecución más bien lento le añade esa dimensión tierna y delicada a la par que trágica.

Imagen 13. El intento de suicidio.
La lectura psicológica nos lleva a considerar el resultado del fracaso del encuentro entre los opuestos que representan Brandon y Sissy a pesar de que, irremediablemente, quedan afectados después su contacto. El rechazo de Brandon a Sissy la lleva a ella al suicidio - la versión del no sostenimiento de la dependencia, de la desvalorización y desprecio por sí misma -, mientras que el propio acto de rechazo de Brandon le lleva a él a su propia oquedad, a su radical insustancialidad que le emparentan más con el no-muerto que con el vivo y que también conlleva la autodestrucción si bien por otro camino: una autodestrucción por desgaste. En todo caso el rechazo de uno lo es también del otro, como la destrucción de uno también lo es del otro, pues ambos, como opuestos, se determinan. El intento de suicidio de Sissy, como el camino de destrucción de Brandon les lleva finalmente al contacto del vacío de sus vidas, de la inmensa soledad que las baña, a la insonsistencia de su ser... Y es en el fondo del pozo de esa tragedia donde finalmente surge la posibilidad del encuentro que reflejan las imágenes de la escena en el hospital.

Figura 14. En el hospital.
Finalmente se produce el derrumbamiento de Brandon quien parece conectar, ahora de manera profunda y dolorosa, con esa oquedad vital que le habita, con esa falta de sentido con el que los días pasan, con esa insustancialidad e inconsistencia que le convierte en un no-muerto - que en su caso oscila entre el zombi y el vampiro - y que le condena a la soledad y la clandestinidad de su adicción que oculta un gran sentimiento de culpa.

Figura 15. ¡¡Por Dios...!!
Sin embargo, Steve MacQueen nos deja con la incógnita de cómo acabarán las cosas para sus protagonistas. La película acaba como empieza. Brandon en el metro y la misma chica a la que intentó seducir dándole ahora vivas muestras de que esta abierta para él, que la siga... Se levanta y al agarrarse a la barra la cámara nos muestra en su mano un anillo de compromiso... Brando lo mira y la mira a ella... La película acaba.

Figura 16. El compromiso.

Todo esto daría ahora para una reflexión sobre la palabra "compromiso" y acerca de que conlleva eso de "comprometer-se". Pero esto ya es otra historia... tiempo y películas habrá para reflexionar sobre ello.

Un gran director y dos grandes actores que logran una obra maestra del cine.

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PELÍCULA RELACIONADA

DE LA VIDA DE LAS MARIONETAS (1980)
Ingmar Bergman.

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OTRAS PELÍCULAS DEL AUTOR

AMOR (2012)
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lunes, 4 de mayo de 2015

OTRA MUJER (Another woman, Woody Allen, 1988): Un sueño y la crisis de mediana edad.

Nos hallamos, como en Interiores (Interiors, 1978), ante una de las películas más bergmanianas de Woody Allen. Filmada diez años más tarde, Otra mujer (Another woman, 1988) nos recuerda, en ciertos aspectos, a Fresas salvajes de Bergman en versión femenina. Excelente interpretación de Gena Rowlans en el papel de Marion, una profesora universitaria de filosofía de mediana edad que entra en plena crisis con su vida. El desencadenante de ese cuestionamiento vital tendrá su origen en la escucha, a través del respiradero de su despacho, de las sesiones de una joven embarazada (Hope, interpretado por Mia Farrow) con su psicoanalista que transcurren en el piso de abajo. Fascinada por la problemática que plantea la joven, quien le hará de espejo de sí misma, sus temas pronto la llevarán a revisar su propia vida. Por sus características es una película que nos permite una profunda reflexión sobre distintos aspectos psicológicos del personaje así como un excelente ejemplo de las llamadas "crisis de mediana edad", es decir, esas crisis situadas entre los cuarenta y cincuenta años que llevan a un ser  humano a replantearse como ha sido hasta ese momento su vida y a como quiere que sea también a partir de él. Por el tipo de problemática que plantea esta película he creído que una lectura basada en la psicología junguiana es la que nos ofrece una lectura más ajustada. Soy consciente de la extensión de esta entrada, pero creo que las características de la película y el tema que aborda bien lo merece.

1. LA VIDA PERFECTA 

Marion tiene, aparentemente, una vida perfecta. Reconocida profesora de filosofía de una prestigiosa Universidad dispone de un año sabático para escribir un libro sobre filosofía existencial alemana. Casada con Ken (un siempre excelente Ian Holm), ambos separados de un matrimonio anterior, éste tiene una hija, Laura (Martha Plimpton), con la que mantiene una excelente relación e incluso una notable influencia. Rodeados de sus círculos intelectuales, su vida social transcurre entre fiesta y fiesta y cena y cena. Sin embargo, esa aparente "vida perfecta" se verá removida en sus cimientos cuando Marion oye a través de una rejilla de ventilación las voces de una joven paciente con su psicoanalista:

Sólo sé que me desperté por la noche... y pasó el tiempo y había extrañas sombras. Empecé a tener inquietantes pensamientos sobre mi vida, como que había algo en ella que no era real. Estaba llena de engaños. Por lo menos aquellos engaños se habían hecho tan numerosos y tan familiares que ya no sabía quién era yo realmente. Y de repente empecé a sudar. Me senté en la cama con el corazón martilleándome. Miré a mi marido que estaba a mi lado y era como si fuera un extraño. Al encender la luz le desperté y le pedí que me abrazara... Y hasta al cabo de mucho rato no pude sobreponerme. Pero antes, por un momento, fue como si se hubiera corrido una cortina y  hubiera podido verme a mí misma claramente y tuve miedo de lo que vi y sé lo que me esperaba y estuve dudando... estuve dudando en acabar con todo de una vez.

Gena Rowlans como Marion.
Con estas palabras de Hope se introduce el proceso que va a afectar a la misma Marion y que no es más que el contacto con la falsedad del yo o, mejor dicho, con la identificación del yo con el autoconcepto, como diríamos en gestalt, o la persona o máscara, como dirían los junguianos, o el ideal del yo del psicoanálisis, es decir,la identificación del yo y de su individualidad a través de las identificaciones con los padres, substitutos e ideales colectivos que hace que el ser no sea más que una "apariencia de ser", o como dice Jung: En términos psicológicos la persona (máscara, autoconcepto, ideal del yo) no es en absoluto "real". La persona es un compromiso entre el individuo y la sociedad que tiene por objeto que "cada uno de nosotros aparente ser" [1]. Marion va a sufrir una "deconstrucción" de su apariencia de ser para penetrar en el fondo de los engaños y autoengaños sobre las que esta apariencia se edifica. Su velo va a ser "desvelado" para mostrarle, como dice Hope, su verdadero sí mismo en el más allá de la apariencia, lo real que se oculta tras ella que no es más que el vacío del ser.

- Una reflexión sobre las llamadas crisis de mediana edad.

La desintegración de la personalidad no suena como algo tan desastroso si se le considera una oportunidad para una nueva vida y no como el final de un camino. Esta actitud es más que un mero consuelo para personas que están viviendo la experiencia; puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, ya que ofrece la posibilidad de encontrar significado a cosas que de otra manera serían sólo sufrimiento sin sentido. Esto es especialmente cierto en la edad mediana, cuando muchos hombres y mujeres se sienten derrotados por la experiencia de su propia psicología. [2]

Mia Farrow como Hope.
Efectivamente, las crisis de mediana edad (situada entre los cuarenta y cincuenta años) se producen sin un aparente sentido, pero esencialmente se caracterizan por una clara situación de conflicto que aqueja a la persona que la sufre, un conflicto que, de alguna manera, el afectado lo siente como un desequilibrio en su existencia, un conflicto entre su yo y su vida reflejo de un conflicto entre su yo y su inconsciente. Este desequilibrio responde básicamente al quiebre de la ilusión que el yo se ha esforzado en mantener sobre sí mismo y su posición frente al mundo. Y el quiebre de esta ilusión nos pone de manifiesto lo poco que hemos decidido acerca de nuestra vida. En las crisis de mediana edad surge algo que Hope, la joven psicoanalizada, describe muy bien como un sentimiento de extrañeza, un sentimiento como si, de repente, todo aquello que ha sido la propia vida y sus contenidos fuera ajenos a uno mismo. Un malestar profundo va apareciendo... Aparece, de manera más o menos específica, una pregunta que se vuelve dolorosa... ¿Realmente participé en la elección de como se quería que fuese esa vida? ¿O simplemente nos limitamos a adoptar una vida que, de alguna manera, empieza a sentirse más impuesta que realmente elegida, que simplemente participé de un guion que ya estaba escrito? En ese "compromiso entre el individuo y la sociedad" que describía Jung el afectado o afectada por este tipo de crisis empieza a darse cuenta del peso de lo colectivo en detrimento de lo individual en ese compromiso.

A través de Hope, quien nos muestra la dimensión más emocional y desesperada de este tipo de crisis, Marion nos permitirá profundizar en el desvelamiento del carácter que sustenta la figura de un ser como "apariencia de ser" construido bajo un fondo alienado por la expectativa social o colectiva.

La persona que asume el sufrimiento implícito en una crisis de mediana edad se adentra en un espacio complejo, un espacio que podríamos llamar, por seguir a Nietzsche, de "transmutación de valores". El abandono o la flexibilización de valores que incuestionados han determinado nuestra vida se hace figura en esta nueva situación abriéndose a la consideración de nuevos valores, a la relativización o relajación de los viejos y a la apertura de una nueva visión que tiene que ver con la clarificación de que "mi vida es mía". Una buena imagen simbólica de la crisis de la mediana edad y de la transmutación de valores la representa el arcano XII del tarot, el colgado (o el ahorcado, como también se le llama). Esa inversión que nos demuestra esta figura de un hombre con la cabeza en el suelo y los pies en el aire, cuya posición de las piernas es justamente el reflejo inverso de las piernas del Emperador (carta número IV), con los brazos llevando las manos a la espalda, como mostrándonoslo en actitud de espera, refleja las características de este tipo de crisis. Podemos entender la crisis como una iniciación, y como toda iniciación deviene problemática. Dice Sallie Nichols, autora del excelente libro Jung y el tarot, nos dice al respecto de este arcano:

Una iniciación de este tipo puede producirse en varios momentos de nuestra vida, generalmente cuando se alcanza una cierta fase de nuestra existencia y la vida exige una transición a nuevos caminos. Es un momento horrible, pues hemos de abandonar las costumbres probadas y experimentadas para confiarnos a modos de vida desconocidos y nunca vistos. [3]

Una de estas fases es la crisis de mediana edad.

II. EL DERRUMBAMIENTO DE LA PERFECCIÓN.

Tras escuchar a Hope, Marion empieza a tener las primeras muestras de incomodidad que se manifiestan con Ken y su sexualidad: ¿A ti se te ocurriría hacerme el amor en el suelo del salón? le pregunta a raíz de un confesión de unos amigos al respecto. También aparecen los primeros síntomas de autoengaño cuando su cuñada Lynn (Frances Conroy) le comunica que va a separarse de su hermano, Paul (Harris Yulin) y le pide si puede dejarles dinero para su separación:

Marion: ¿Si necesitáis dinero porque no me lo pide Paul?
Lynn: Porque no quiere...
Marion: Otras veces lo he hecho...
Lynn: Marion... ¿No sabes lo que siente por ti?
Marion: Si, siempre hemos estado muy unidos.
Lynn: Te engañas a ti misma... Claro que, en cierto modo, te idolatra pero... también te odia.
Marion: Lo siento pero eso no lo admito.
Lynn: Pero si eres una mujer muy intuitiva... ¿Cómo es que no comprendes sus sentimientos?
Marion: ... Tengo prisa y... para ser sincera tengo por norma no meterme en esta clase de conversaciones...

¿A tí se te ocurriría hacerme el amor en el suelo del salón?

Tras la vuelta a su despacho de trabajo Marion siente una sensación de inquietud en su interior cuando se oye de nuevo a Hope con el psicoanalista:

Realmente no puedo creer que esté diciendo esto... Últimamente he tenido extraños presentimientos acerca de mi matrimonio... Como si se estuviera yendo a pique. Y me lo he estado mirando de mil maneras.

Vemos entonces reflexionar a Marion sobre si eligió bien, en relación a Ken. Pasa entonces la escena al pasado. Una escena recordada por Marion de la fiesta de celebración del próximo enlace entre Marion y Ken, y donde la vemos con Larry (Gene Hackman), alguien que la ama apasionadamente y que no entiende como puede casarse con Ken. Pero Marion, a pesar de la duda y tensión que se observa en ella, está decidida a seguir con su matrimonio. Justo entonces se oye la voz de Hope...

Muchas veces pienso en el verdadero amor, o mejor dicho, evito pensar en él. No me refiero al que yo he experimentado. Me refiero a algo mucho más profundo, mucho más intenso y luego tengo miedo porque siento demasiado...

Muchas veces pienso en el verdadero amor, o mejor dicho, 
evito pensar en él.

Tras una visita a su padre (John Houseman), que ya nos muestra la personalidad rígida de éste, así como un recuerdo de familia en la que observamos al padre autoritario prendado de su hija y decepcionado con su hijo, y una madre probablemente refugiada en su mundo presa de una relación insatisfactoria, sigue una escena que ahonda en los elementos que progresivamente van perturbando a Marion. El tenso encuentro con Claire (Sandy Dennis), una buena amiga de la infancia, una actriz de segunda fila en la actualidad, confronta a Marion con aquello que parece ignorar de sí misma; su voluntad de seducir, ser el centro de atención y así desplazar a su amiga en el pasado. "Párate a pensarlo alguna vez... La actriz deberías ser tú", le dice al final ante las negaciones continuas de Marion sobre sus acusaciones.

Llega a su casa profundamente alterada por ese encuentro y ahí abre el libro de poemas de Rilke de su madre, justo por la página en la que halla sus poesías preferida: La pantera y El torso de Apolo arcaico. Poesías que en ese momento no son más que el espejo de lo que se halla en el fondo de su inquietud: la muerte en una vida aprisionada en la máscara y la necesidad de cambiar. Dice La Pantera:

Rainer Maria Rilke
Cansada del pasar de los barrotes,
su mirada ya no retiene nada.
Es igual que si hubiera mil barrotes,
y detrás de ellos no quedara mundo.

Su blando andar de fuertes pasos ágiles,
en círculos más cortos cada vez,
es danza de una fuerza en torno a un centro
donde, aturdido, se alza un gran deseo.

Sólo, a veces, se aparta de la cortina
de la pupila sin ruido: una imagen
cruza la tensa calma de sus miembros,
y allá en su corazón deja de ser.


El poema de Rilke nos invoca la imagen del instinto acorralado, herido en su jaula, en su asfixiante y reducido espacio donde agoniza el deseo. Así es como Marion empieza a sentir la vida de la que se ha rodeado, una vida donde todo está en su lugar y todo en su sitio, donde nada se agita ni se mueve... la "mirada que ya no retiene nada". Dice el analista junguiano Daryl Sharp al respecto de estas situaciones:

La vida provisoria es en cierto modo una prisión - la línea de muerte del alma. Las barras son los complejos que vienen de los padres, las ataduras inconscientes a la temprana edad, la ilimitada irresponsabilidad del niño. Sus sueños están llenos de imágenes relacionados con la prisión: cadenas, barras, jaulas, cautiverio. La  vida misma, la realidad existencial, se vivencia como una prisión. Añoran la independencia y la libertad, pero no tienen poder para conseguirlas. [5]

Tenemos luego "Torso de Apolo arcaico", el poema preferido de la madre de Marion bajo cuyas últimas líneas había manchas que supone de su madre:

Su inaudita cabeza no hemos visto,
donde los ojos maduraban. Pero
su torso aun fulge como un candelabro,
con su mirar, tan sólo atornillado

más atrás. Si no, no te cegaría
el álabe del pecho, y en el giro
silencioso del muslo, una sonrisa
no iría al centro donde estuvo el sexo;

la piedra fuera corta y deformada
bajo los hombros de caer translúcidos;
no brillaría como piel de fiera,

irrumpiría por todo contorno
como una estrella: porque no hay un sitio
que no te mire. Has de cambiar tu vida.


Estas últimas líneas afectan especialmente a Marion, quien parece no poder obviar la cuestión relacionada con la pantera enjaulada que muere entre las rejas se siente confrontada son esas líneas: porque no hay sitio que no te mire. Has de cambiar tu vida. Las preguntas a Ken continúan. Marion, más tarde, tímidamente, continúa con ellas. Ante su ajetreada vida social Marion comenta ante la cena que Ken ha organizado con unos amigos para su aniversario: ¿No deberíamos pasar nuestro aniversario a solas? ¿Podríamos ir al restaurante que fuimos juntos la primera noche, o algo así?

Algo se está moviendo en Marion que va más allá de su estructura de carácter, que si bien matizado por una aparente suavidad y gesto razonable y comprensivo, no deja de ser rígido y juicioso, racional y autocontrolado. Sigue entonces, después de un primer plano del rostro de Marion angustiado, una serie de imágenes que describen su estado psíquico: una pantera enjaulada, una máscara clásica de color blanco y los rostros de muerte y sufrimiento que se hallan en la parte superior del cuadro de Gustav Klimt "Esperanza". Finalmente una imagen de la muchacha embarazada del mismo cuadro. Al más puro estilo de Bergman Allen nos ofrece un lenguaje simbólico para definir el estado de Marion.


La pantera enjaulada, la fuerza, el instinto, el deseo reprimidos bajo las rejas de una máscara inmóvil hecha de lo correcto, lo juicioso, lo racional, lo analítico y el control que encubren finalmente la vida que agoniza y muere bajo esa máscara de inmovilidad. Y la mujer embarazada, como lo está la  joven Hope (Esperanza), símbolo del renacimiento, de la posibilidad de cambio...

A esas imágenes sigue como si Marion pudiera oír a Laura, que se acaba de acostar con su  novio en la casa de su padre. Culposa de haber "traicionado" su confianza, y como si se hubieran visto sorprendidos por Marion, dice de ella:

Es genial... No sé cómo explicarlo. Tiene un poco mentalidad de juez. Es de las que está por encima de las personas. Le he oído hacer comentarios de su hermano y siempre pienso que a mí me juzgará igual. No sé... ahora me siento como sucia por alguna razón.

Una Marion ya notablemente afectada pasea solitaria por las calles hasta que sus pasos la llevan a ver a su hermano a quien le pide sinceridad sobre qué ha ocurrido entre ellos. Paul le dice:

Paul: Marion... yo dejé de perseguirte al darme cuenta de que te hacía sentir incómoda.
Marion: Eso no es cierto - que empieza a oírse como una frase habitual en ella -.
Paul: No lo niegues... Vamos Marion. Sabes... Me di cuenta de que te decepcioné y, peor aún, me di cuenta de que te avergonzaba por como vivo, con quien me casé. Por supuesto eso ya ha terminado, por lo que no tiene que preocuparnos.

[...]

Paul: ¿Te acuerdas de hace unos años, cuando yo te enseñé algo que había escrito, recuerdas?
Marion: No, no me acuerdo, seguramente trataba de ser exacta.
Paul: Si, estoy seguro. Dijiste: "Esto es muy exagerado, demasiado emocional y sensiblero. Puede que tus sueños sean significativos para ti. Pero para el observador objetivo son vergonzosos.
Marion: ¿Yo dije eso?
Paul: Esas fueron tus palabras exactas.

Paul y Marion

III. EL SUEÑO: EXPLORANDO LA SOMBRA.

Tras todos estos encuentros (la situación con Ken, Claire, Laura y Paul) una Marion notablemente afectada se duerme en su despacho y tiene el siguiente sueño:

1ra escena

Marion se levanta al oir la voz del psicoanalista de Hope por el respiradero...

Psicoanalista: No ha dicho nada - dirigiéndose a Hope -... No puedo creer que no tenga nada que decir. Creo que lo que ocurre es que está enfadada... Está demasiado tensa para hablar - mientras Marion sale de su despacho al rellano y se dirige hacia la puerta del psicoanalista que está abierta -. ¿Qué es lo que la enfurece? - prosigue el psicoanalista - 
Hope: La vida
Psicoanalista: ¿La vida? - Marion llega a la sala donde se está dando la sesión -
Hope: El... El Universo. La crueldad y la injusticia, el sufrimiento de la humanidad, la enfermedad, el envejecimiento. La muerte.
Psicoanalista: Todo muy abstracto. La humanidad, no se preocupe siempre por la humanidad. Arregle su propia vida... Seguiremos con este mañana.

Hope sale de la sala pasando al lado de Marion. El psicoanalista prosigue con ella:

Psicoanalista: ¿Según usted que es lo que padece?
Marion: Autoengaño
Psicoanalista: Bueno, eso es muy amplio.
Marion: No puede prescindir de sus mentiras.
Psicoanalista: ¿No? Lástima.
Marion: No es que ella no quiera...
Psicoanalista: Es precisamente porque no quiere. Cuando quiere lo consigue.
Marion: Todo ocurre tan deprisa
Psicoanalista: Tengo que darme prisa. Debo evitar que se mate.
Marion: No la creerá capaz...
Psicoanalista: Ya ha empezado a hacerlo.
Marion: ¿De veras?
Psicoanalista: No de un modo aparatoso. Ese no es su estilo. Lo hace despacio y metódicamente y empezó cuando aún era muy joven. Y ahora si me perdona tengo otro paciente.


Escena 1 del sueño de Marion.

Esta primera escena, y desde la lógica de los sueños, nos permite observar en la identificación de Marion con Hope la situación en la que su yo es desvelado en su autoengaño. Como toda persona que se autoengaña, su primera reacción ante el agrietamiento de su imagen es desviar el asunto de sí mismo y poner las causas fuera, y así aparecen estas quejas de cómo es la vida o el universo: la crueldad, la injusticia, el sufrimiento, la enfermedad, la vejez, la muerte. El psicoanalista (en junguiano una representación del arquetipo del viejo sabio) indica algo que es una obviedad: hay que empezar por arreglarse uno mismo. Las generalidades como la vida, el universo o la humanidad son una desviación o deflexión para no asumir aquello en lo que si es posible trabajar: sobre uno mismo. Estas desviaciones nos colocan en la impotencia y nos permiten seguir reprimiendo la agresividad y la rabia que le indica el psicoanalista: ¿Qué es lo que la enfurece? La furia o la rabia a la que el psicoanalista se refiere es la rabia narcisista que se genera en ciertos tipos de personalidad cuando el mundo les devuelve que las cosas no son como ella se imagina, o dicho de otra manera, que no son como a través de su autoengaño se fuerza a ver.

2da escena.

Sale Hope y ante la sorpresa Marion entra su padre

Padre: Ahora que mi vida está llegando a su fin sólo me queda arrepentimiento. Arrepentimiento de que la mujer con que compartí mi vida no fuera la que yo más amé. Arrepentimiento de que no existe amor entre mi hijo y yo por culpa mía. Arrepentimiento por haber sido quizá demasiado severo con mi hija, demasiado exigente por no haberle sabido dar más calor. Pero yo era muy desgraciado. Estaba enfrascado en el ridículo estudio de las figuras históricas. Y aunque haya conseguido algún renombre en mi campo me exigí muy poco a mí mismo.


... aunque haya conseguido algún renombre en mi campo me exigí muy poco a mí mismo.


La figura del padre es crucial en Marion. Como diría Jung, probablemente desarrolló un complejo materno negativo que la llevó a identificarse más con su padre, lo cual, en cierto sentido, la llevó a adoptar sus rasgos relacionados con la severidad y la intelectualidad. Y de la misma manera que él, se refugió en el estudio, el éxito profesional y en el "hacer lo correcto", lo que la llevó, como dice su padre, a "exigirse muy poco a sí misma". Dice Jung de este tipo de mujer que es "hostil a todo lo obscuro, lo confuso, lo ambiguo, cultivando y poniendo en primer plano todo lo seguro, claro y razonable. Superará a su hermana femenina - o hermano - en objetividad y frialdad de criterio, y para su marido será amiga, hermana y competente consejera" [7]. ¿Hay algo de este texto que no nos cuadre con la personalidad de Marion? En términos oníricos la identificación de Marion en el sueño con su padre se nos muestra como la proyección en él del resquebrajamiento de su propia imagen ante los hechos de su vida que van tomando forma al desvelarse su autoengaño.

3ra escena.

De pronto el sueño cambió y me encontré en una calle que me era familiar. Me parecía estar en donde me encontré a Claire, frente al teatro.

Esta imagen me recuerda mucho la imagen del primer sueño de Isak Borg en "Fresas salvajes" de Bergman, cuando anda solo entre calles solitarias con ventanas y puertas cerradas... Una imagen que también refleja la soledad final de Marion, una soledad hecha no sólo de las falsas relaciones externas, sino que estas no son más que un reflejo de la falsa relación que ella tiene consigo misma, con su propio mundo interno.

Marion en una calle solitaria.
Claire entra en el teatro y baja unas escaleras donde la aguarda Hope quien le dice que entre...

Interesante imagen de la entrada en "el teatro", es decir, el teatro del yo identificado con su autoconcepto, persona o máscara, ideal del yo. El teatro (el autoengaño) de la propia vida... El descenso de las escaleras es una imagen común del descenso a aquello que oculta la propia máscara. El descenso al propio inconsciente que no es más que la sombra personal... Al final de la escalera la espera Hope quien la invita a entrar, una invitación de su propia identificación en el sueño que la llevará a contemplar ese más allá de la máscara, una invitación a "querer ver" más allá del espejo... a querer ver en su sombra inconsciente.

La continuación del sueño es simplemente genial...

Marion encuentra a Jack, la pareja de Claire (Director de teatro), quien la invita a ver un ensayo de Claire. Éste le dice: "Claire es tan buena actriz. Interpreta innumerables papeles". Ante los ojos de Marion se representa la siguiente escena... Sobre un plató de teatro vemos a Claire sentada en una mecedora y a Ken sentado en una cama de matrimonio.

Claire - visiblemente enfadada -: ¿¡A tí se te ocurriría hacerme el amor en el suelo del salón!?

Ken - en tono irónico -: ¿Quieres que lo haga?
Claire: ¡Ah, pues no se! ¿A ti te apetece?
Ken: ¡Nunca te he visto como una mujer de parqué!
Claire: No... ¡Eso me parece insultante! Creo que eres tú el que sólo sabe hacer el amor en la cama con las luces apagadas.
Ken: ¿Y ahora quién insulta?
Claire: ¡Supongo que ahora te desnudarás y te meterás en la cama!
Ken: Ya es la una de la madrugada...
Claire: Intentemos ser sinceros el uno con el otro. En este matrimonio ya no queda mucha pasión. ¿Verdad?
Ken: ¿Ya no queda? No me había dado cuenta...
Claire: No seas ten reservado. Estoy intentado decir que lo nuestro ya no es erótico...
Ken: ¿Y alguna vez lo fue? Marion, estoy cansado.
Claire: Ya pocas veces nos acostamos juntos. Y cuando lo hacemos nos limitamos a cumplir la rutina de siempre. Sé exactamente lo que vas a hacer y en que orden...
Ken: Si, es cierto. Somos dos seres rutinarios. ¿Nos vamos a dormir, es tarde? Por favor, procura no dar vueltas ni hablar en sueños. Anoche no parabas de decir Larry...


Ya pocas veces nos acostamos juntos. Y cuando lo hacemos
nos limitamos a cumplir con la rutina de siempre.

Esta escena es simplemente brutal (como en ocasiones lo son los sueños en su esfuerzo de que nos demos cuenta). Lo que en ella tenemos es la confrontación entre la máscara de Marion representada por Ken como su animus paterno, mientras Claire es su sombra reprimida, cargada de ira por la falta de pasión, de deseo, de erotismo en su vida. Ken representa justamente como Marion se oculta a sí misma la realidad de su relación, mientras Claire representa la ira reprimida en su inconsciente. Es donde reside su eros dionisíaco sacrificado por su razón e intelectualidad apolíneos. Como en toda polaridad de opuestos la identificación excesiva con uno de ellos significa un fuerte nivel de conflicto interno con el otro. Justamente esta escena finaliza con la irrupción en los sueños de Larry, el amor apasionado de Larry...

4ta escena.

Al oír nombrar a Larry Louis me invadió una vieja sensación de melancolía y nostalgia (empieza a sonar la Gymnopedie nro. 3 de Erik Satie). Quise llorar en el sueño pero no me salieron lágrimas. Aparecen Larry y Jennifer, su actual mujer...

Larry con su actual mujer representada por Claire.

Sigue un diálogo entre Larry y Marion...

En él no se representa más que la melancolía de lo que pudo haber sido y no fue. También le pregunta por un tema que luego se profundizará. ¿Tienes hijos? - le pregunta Marion. Si, tenemos una hija. La mejor y más bonita experiencia de mi vida - responde Larry. Esta escena revela un "centro, donde aturdido, se alza un gran deseo" (recordemos, La Pantera de Rilke). A la vaciedad de la relación que mantiene con Ken se opone el deseo oculto de la relación apasionada que evoluciona hacia el amor... Larry tiene una hija con Jennifer y ambos se apasionan por ver juntos la luz del crepúsculo... Deseo oculto de Marion encerrado entre las rejas de su máscara de intelectualidad y corrección. La perfección que arrasa con la vida. 

La escena acaba con Marion llorando. Se oye la voz de Jack diciendo: ¡Marion, por favor, no llores, aunque me alegra saber que nuestra escenita es conmovedora. Marion le responde que quiere irse a casa... Ya te irás - le responde Sam -, pero he pensado que te gustaría ver el final de nuestro segundo acto...

5ta escena.

Esta escena plantea la sospecha del suicidio del primer marido de Marion quince años después de su divorcio, sólo y deprimido en un hotel tras mezclar alcohol y pastillas. Marion protesta - Sam no se suicidó - repone. Aparece en escena Sam:

Fuiste una alumna maravillosa. La más interesante de mi clase, aunque la diferencia de edad... No debí seducirte, intelectualmente claro. Debí resistirme a esa tentación. No debí dejar que me adoraras, pero era una alumna tan deslumbrante. La tentación fue muy fuerte. Y tuve que pagar el precio...

Marion con Sam
Se nos describe la típica situación de la joven mujer que proyecta su animus sobre "el profesor" - como proyección del padre -. Este tipo de hombre permite su personificación, y como dice Emma Jung:

Un hombre que tiene dominio sobre la "palabra" o sobre "el significado" representa una tendencia esencialmente intelectual dado que la palabra y significado corresponden, por excelencia, a la capacidad mental. Tal hombre personifica el animus en su sentido más estricto, como un guía espiritual como representante de los dones intelectuales de la mujer. [8]

Sam añade:

Forzosamente llega un momento en el que el alumno o la alumna absorbe todo lo que puede y, entonces, lo que parecía la alegre y constante transmisión de conocimientos y opiniones se transforma en asfixia...

Jack le dice que aun falta una segunda parte de esta escena pero Marion dice: "No, más no". Aquí acaba el sueño.

Más adelante se aclara esta escena a través del recuerdo de Marion la misma noche después de haber tenido el sueño. En ella se nos muestra un Sam profundamente enamorado y una joven Marion que le hace un regalo por su aniversario... Todo parece "perfecto". Curiosamente el regalo es la máscara blanca que vimos anteriormente y, en una escena magistral, vemos a Marion colocándose la máscara sobre su rostro y a Sam besándola...

Sam y Marion mediados por la máscara.
Inmediatamente seguimos a la siguiente escena que transcribo porque es imperdible:

Sam: ¡¡Que soberbia, que egocéntrica y que insensible!!
Marion: ¡Ya te dije que yo no quería tener hijos!
Sam: ¡Cómo que tú no querías tener hijos! ¡También era mío!
Marion: ¡Pero es mi vida la que se desbarata!
Sam: ¡¡Me has destrozado!!
Marion: ¡Tú sigues haciendo todas las cosas que quieres! ¡Soy yo la que tiene que parar  y cuidar y criarle!.
Sam: ¡Compartiríamos la responsabilidad!
Marion: Pero sabes que recaería en mi...
Sam: ¡¡Yo quería ese niño!!
Marion: ¡No figuraba en mis planes!
Sam: ¿¡Cómo has podido hacerlo sin consultarme!?
Marion: ¿¡Consultarte!? ¿¡Es mi hijo, porque tengo que consultarte cada paso que doy!? ¡Lo que te duele no es más que tu ego!
Sam: Te encantaba la idea de tener hijos.
Marion: Si... pero no ahora.
Sam: Pues ante mí no se extiende un futuro infinito.
Marion: Para ti es muy fácil. Tú ya has cumplido tu tarea, has alcanzado tus metas. Yo estoy empezando, intento llegar a ser algo. No sería justo para el niño.
Sam: ¿¡Cómo lo has hecho sin ni siquiera consultarme, sin darme la oportunidad de quitártelo de la cabeza!? 

[...] (Cada vez más exaltado hasta agarrarlo con cierta violencia) 

Sam: ¡Ser capaz de tanta falta de sentimiento sabiendo lo que yo pensaba! ¡Importándote sólo lo que tu querías! ¡Tu carrera, tu vida intelectual!

El otro lado de la máscara: "¡Cómo que tu no querías tener hijos! ¡También era mío!"

Podemos observar aquí el otro lado de la máscara. No es un tema de ambición personal, de la adecuación del momento, es un problema de no tener en cuenta al otro, esencialmente de no verle ni considerarle (¿¡Consultarte!? ¿¡Es mi hijo, porque tengo que consultarte cada paso que doy!?). Cuando el animus de Marion proyectado sobre Sam no le permite sostener el paso de éste al mundo emocional que requiere el asunto del hijo, la reacción de Marion aclara su complejo materno negativo y nos vuelve a recordar unas palabras de Jung al respecto de este tipo de mujer:

Todas las necesidades, todos los procesos instintivos tropiezan con inesperadas dificultades; o la sexualidad no funciona, o los niños vienen a despropósito, o los deberes de madre resultan insoportables, o las exigencias de la vida en común tienen como respuesta la impaciencia y la irritación. Porque en el fondo de todo eso no pertenece a los hechos esenciales de la vida, ya que la meta suprema de la vida está constituida única y exclusivamente por la constante defensa, de la forma que sea, contra la prepotencia materna. [9]

Este sueño de Marion ilustra maravillosamente lo que a una personalidad como la suya le representa entrar en una crisis de este tipo. Jung, nuevamente, lo describe en toda su sutilidad:

Quien se encuentra de camino a la totalidad no puede escaparse a esa peculiar suspensión no puede escaparse a esa peculiar suspensión que la crucifixión representa. Pues se tropezará inevitablemente con lo que se cruza en su camino, a saber: en primer lugar, lo que no quiere ser (la sombra); en segundo lugar, lo que no es él, sino el otro (la realidad individual del tú); y en tercer lugar, lo que su no-yo psíquico (lo inconsciente colectivo) es. [10]

IV. MIRANDO MÁS ALLÁ.

Esperanza
de Gustav Klimt
Tras el sueño y tras una de las continuas cenas con sus amigos Marion por fin estalla con Ken.  La oímos de repente decirle a Ken: "¡No hagas que algo romántico suene infantil!" o "¡Pues ya podríamos hacerlo en el suelo porque desde luego en la cama ya no lo hacemos!" Marion se da cuenta hasta que nivel su relación con Ken está muerta.

Posteriormente, en una tienda de antiguedades Marion y Hope se encuentran justo ante el cuadro de Klimt (Esperanza) que comentamos anteriormente. Intiman un poco y después de visitar una galería Marion la invita a cenar. Tras beber más vino de la cuenta se sincera con ella y sobre la crudeza de haber cumplido los cincuenta años: "de repente una se da cuenta de dónde está [...] hay oportunidades pasadas que una ya no vuelve a tener [...] quizá sería bonito tener un hijo [...] es la primera vez que lo digo". Algo empieza a cambiar en Marion.  También es en esta comida con Hope cuando Marion al ir al lavabo descubre en otra mesa que Ken la engaña con Lidya, una de sus mejores amigas. Esto provoca su derrumbe definitivo - el derrumbe final de la máscara y de su mundo - que se añade además a las palabras que escucha de Hope a través del respiradero y que coinciden con esas aproximaciones que hemos hecho de Jung sobre ese tipo de mujer:

Una mujer que parecía tenerlo todo y no tiene nada [...] Es incapaz de permitirse sentir. El resultado es que ha llegado a una vida fría y cerebral y se ha aislado de los que tiene alrededor [...]  Ya habíamos hablado de que yo oigo y veo sólo lo que quiero. Ella hace exactamente eso. Lleva mucho tiempo fingiendo que todo va bien, pero se ve claramente que está perdida. Hace años abortó y está arrepentida. Ella lo razona de muchas maneras. Pero creo que piensa que tuvo miedo de lo que sentiría por su hijo. Es una mujer muy inteligente, muy experta, pero ella, igual que yo, bueno, usted ya dabe que las emociones siempre me han hecho sentir violenta. Siempre he huido de los hombres al sentirme amenazada, porque la intensidad de su pasión me asusta. Supongo que no se puede prescindir eternamente de los sentimientos profundos. Yo no quiero mirar atrás cuando tenga su edad y ver que mi vida está vacía.

El derrumbe de Marion.

Excelente resumen de la situación de Marion, quien después de hablar con Ken se separa de él. Poco a poco se ve como inicia su nueva vida con una energía distinta. Recupera la relación con se hermano y la mantiene con Laura, la hija de Ken, con quien comparte que el error de su relación es una equivocación de los dos. Se va de su casa para iniciar su vida en otro lugar con un espíritu distinto. Finalmente en su despacho, convertido en un temenos junguiano, y recordando su historia con Larry, al leer la novela en la que éste cuenta su historia, encuentra un camino que complementa el arrepentimiento, aquel que le da sentido a éste. Se observa ello cuando dice unas palabras que denotan una comprensión distinta de la situación: "Al cerrar el libro sentí una mezcla de melancolía y esperanza y me pregunté si un recuerdo es algo que se tiene o que se ha perdido,,, Por primera vez en mucho tiempo me sentí en paz".

Gran película de Woody Allen en uno de sus registros poco habituales que nos describe intensamente una crisis de mediana edad. Me gustaría, antes de acabar, citar unas palabras de Jung al respecto:

Esa mujer se acerca al mundo mirando hacia atrás, como la mujer de Lot, que vuelve la cabeza para clavar la vida en Sodoma y Gomorra. Así, el mundo y la vida pasan a su lado como un sueño, como una molesta fuente de ilusiones, desengaños e irritaciones, todo lo cual no tiene otra causa que resistirse a mirar hacia delante. Su vida se convierta así en lo que ella más combate, en lo sólo-maternal-femenino a consecuencia de su actitud, meramente inconsciente-reactiva, ante la realidad. En cambio, si vuelve su cabeza otra vez a la posición normal, se le abre practicamente por primera vez el mundo a la luz de una madura claridad, adornado con colores y con todas las maravillas llenas del encanto de la juventus, a veces incluso de la infancia. Ese ver significa conocimiento y descubrimiento de la verdad, que es  la condición indispensable del vivir consciente. Un trozo de vida se ha perdido, pero el sentido de la vida se ha salvado. [11]

Como en el cuadro de Klimt, la muerte esta en el fondo del cuadro, en la mirada fijada hacia atrás. La esperanza se halla en la mujer embarazada, en el sentido de la vida que, como en un embarazo, se gesta con la mirada hacia delante abriéndose a la experiencia de la vida. Acabaré con unas palabras que escribí en la entrada dedicada a la película "Las horas": "mirar la vida a la cara es el mayor acto de vulnerabilidad que puede hacer un ser humano. Mirar la cara de la vida y de su increíble misterio desde la consciencia de ese ser que somos  para conocerla y quererla por lo que es, no por lo que nos gustaría que fuese o por las fantasías que nos hacemos acerca de lo que es, ambas siempre al servicio de nuestro narcisismo. Mirar la vida por lo que es, conocerla y quererla por lo que es, es tomar consciencia de su fragilidad, de su finitud en lo particular y su infinitud en lo genealógico, de su fuerza como fenómeno y de la fragilidad y provisionalidad de sus creaturas. Mirar la vida a la cara creo que es como mirar a Dios, una experiencia numinosa que nos coloca por delante nuestra pequeñez y nuestra vulnerabilidad ante la grandiosidad del misterio y la majestad de la existencia y la creación. Mirar  la vida a la cara es mirar lo que hay en ella de insondable como quererla es querer lo que hay en ella de inaprensible e incomprensible y guardar aquello que ella nos ha permitido vivir."

   Sentí una mezcla de melancolía y esperanza y me pregunté si un recuerdo 
   es algo que se tiene o que se ha perdido. Por primera vez en mucho tiempo
   me sentí en paz.
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[1] Jung, C. G.  La persona como recorte de la psique colectiva en OC. Volumen 7, Editorial Trotta, par. 245
[2] Sharp, Daryl. Querida Gladys. Análisis junguiano de una crisis de mediana edad. Cuatro Vientos editorial, pag. 12
[3] Nichols, Sallie. Jung y el tarot. Editorial Kairós, pág. 305
[4] Rilke, Rainer M. Poesía. Traducción de José María Valverde. Ellago Ediciones, pág. 230
[5] Ver nota [2], pág. 76
[6] Ver nota [4], pág. 330
[7] Jung, C. G. Los aspectos psicológicos del arquetipo de la madre en Los arquetipos y lo inconsciente colectivo, OC 9/1, Editorial Trotta, par. 184
[8] Jung, Emma. Sobre la naturaleza del animus. http://www.odiseajung.com/citas/sobre-la-naturaleza-del-animus/#more-3732
[9] Ver nota [7], par. 170
[10] Jung, C. G. La psicología de la transferencia en La práctica de la psicoterapia OC 16, Editorial Trotta, par. 470

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PELÍCULAS RELACIONADAS:

FRESAS SALVAJES (I. Bergman, 1957)
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   PERSONA (I. Bergman, 1966)
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LAS HORAS (S. Daldry, 2002)
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