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sábado, 28 de noviembre de 2020

UNA MUJER BAJO LA INFLUENCIA (John Cassavetes, 1974): TRASTORNO PSÍQUICO Y ENTORNO. LA NECESIDAD DE DIÁLOGO.

El pasado 10 de octubre fue el Día Mundial de la Enfermedad mental. Vaya este comentario como objeto de reflexión al respecto.

Una mujer bajo influencia es una gran película, dirigida por un gran director, John Cassavetes, e interpretado por una grandísima actriz, Gena Rowlands. En cuanto a la película decir que en 1990, la película fue seleccionada para su conservación en el National Film Registry de los Estados Unidos como "cultural, histórica o estéticamente significativa", una de las primeras cincuenta películas en ser honrada con esta selección. John Cassavetes fue nominado a los Gobo de oro y Óscar al mejor director, mientras Gena Rowlands gano el Globo de oro a la mejor actriz dramática, y fue nominada para el Óscar a la mejor actriz, actuación de la que la gran crítica cinematográfica norteamericana Pauline Kael dijo:

La actuación de Rowlands es suficiente para media docena de tours de force,  toda una fila de oscars, es agotadora. Posiblemente es una gran actriz, pero nada de lo que hace es memorable porque ella hace mucho. Es la gran actuación más transitoria que jamás haya visto. [1]

Acompañan en la película a Gena Rowlands (Mabel Longhetti) Peter Falk (Nick Longhetti, su esposo, y cuya también magnífica interpretación pienso que no ha sido suficientemente valorada), Katherine Cassavetes (como Margaret Longhetti, la madre de Nick) y Lady Rowlands (como Martha Mortensen, madre de Mabel).

La película aborda un tema que, desde los años sesenta, puso de relieve el psiquiatra Ronald D. Laing, quien propuso un abordaje (generalmente conocido como la antipsiquiatría) de los trastornos psicóticos desde una postura muy distinta a la que proponía la "psiquiatría oficial." El abordaje del psiquiatra escocés, simplificando, se apoyaba en dos ideas que me parecen muy sugerentes: un abordaje fenomenológico del trastorno y, en consecuencia, la importancia que el entorno del enfermo tiene para su equilibrio psíquico.

En su libro, ya clásico, "El yo dividido", dice respecto al abordaje fenomenológico que permite considerar al enfermo como una persona, a diferencia del abordaje "científico" que lo considera como una cosa:

... tiene considerable importancia práctica el que uno sea capaz de ver que el concepto y la experiencia que un hombre puede tener de su ser, puede ser muy diferente del propio concepto o experiencia que tengamos de nuestro ser. En estos casos, uno debe ser capaz de orientarse a sí mismo, en cuanto persona, en el esquema de las cosas del otro, en vez de ver al otro solamente como un objeto en nuestro propio mundo, es decir, dentro del sistema total de nuestras propias referencias. Uno debe ser capaz de efectuar esa reorientación sin prejuzgar acerca de quién está en lo cierto y quién está equivocado. La capacidad de hacer esto es un requisito previo absoluto y obvio al trabajar con psicóticos. [1]

I. LA CRISIS MANÍACA.

Este es el tema sobre el que John Cassavetes reflexiona en "Una mujer bajo la influencia". Mabel es una mujer que sufre un trastorno bipolar (antiguamente llamada psicosis maníaco-depresiva). Al inicio de la película observamos en ella algunas de las características de las fases maníacas de estos enfermos:

- Estado de ánimo exaltado.
- Agitación.
- Verborrea.
- Actividad involuntaria incrementada (moverse sin sentido de un lugar a otro, torcer las manos, muecas y expresiones rígidas o forzadas, ruidos con la boca)
- Comportamiento irresponsable (por ejemplo, consumo excesivo de alcohol con los consiguientes riesgos que implica)
- Excitabilidad en el contacto social.
- Labilidad emocional que se muestra como una inquietud, preocupación o impaciencia excesiva.



Mabel y Nick

El tema que esta película plantea se centra especialmente en el entorno que rodea al personaje de Mabel, desde Nick, su esposo, a los padres y madres respectivos, amistades, así como los hijos pequeños (que, desde el amor por su madre, se mostrarán como los más empáticos y protectores hacia ella).

Nick es un personaje que, evidentemente, no comprende la situación de Mabel. La trata como una excéntrica y tiene actitudes irascibles, cuando no de maltrato, cuando los comportamientos de ella la conflictuan (se muestra especialmente celoso). Observamos esta incomprensión en una conversación que mantiene con un amigo de la obra en la que trabaja:

Nick: Ha mandado a los niños con su madre.
Ed: ... Mabel es una mujer delicada y sensible
Nick: Mabel no está loca, sólo es original, pero no está loca, así que no digas que está loca. Esa mujer cocina, cose, hace las camas, friega los platos... ¿crees que está loca? ¿De veras lo crees?

Obviamente el tipo de negación que Nick utiliza, con la carga emocional que le pone, frente a un comentario que nada tiene que ver con la locura (delicadez y sensibilidad) ya da que pensar que, en realidad, si piensa que está loca. Tras este comentario viene la negación de la negación cuando le sigue diciendo:

Nick: Se que a ella le pasa algo Ed, no es como una persona normal. Es capaz de dejarse atropellar, prender fuego a la casa. No sé de que es capaz.

Conforme avanza la película, la dimensión maníaca de Mabel crece, a la vez que crece la incomprensión de Nick por lo que sucede, y no sólo la de Nick sino la de su entorno en general, hasta llegar a la escena donde a raíz de una fiesta de niños donde Mabel se halla ya en un claro estado eufórico,  y en el que ya empieza también a manifestarse un cierto estado psicótico, acaba con una crisis general que lleva a Nick a llamar al médico de la familia, que también es familia. En esta situación crítica, por ejemplo, Margaret, la madre de Nick, grita:

¡¡Esta mujer!! ¡¡Esta mujer tiene que irse!! ¡Nick, piensa en los niños¡ ¡Nick está mujer no puede seguir en esta casa por más tiempo! [...] ¡Doctor, me ha contado - refiriéndose a su hijo - muchas historias de lo que dice, de sus tonterías, de pequeños detalles, de sus inseguridades.

Interpelada por Mabel acerca de lo que le cuenta, Margaret le responde:

¡¡Me ha dicho que no recibe nada de tí!! ¡¡Que estás vacía por dentro!! ¡Que tus hijos van desnudos, que tienen hambre! ¡Eso es lo que me dice! ¡Anoche trajiste un hombre a esta casa! ¡Doctor, mi hijo es un buen hijo!

Evidentemente, todo esto no hace más que disparar aun más la crisis de Mabel, quien progresivamente va entrando en una crisis psicótica. El resultado final será su ingreso en un psiquiátrico.


                                                                    En plena crisis psicótica.


II. SOBRE EL MODELO DE INTERVENCIÓN DEL DIÁLOGO ABIERTO.

Esta escena nos sirve para ver todo lo que no se debería hacer en una situación como esta. Obviamente, es comprensible que las familias no sepan como actuar en una situación así, lo que siempre suele derivar en un ingreso, y en el apartamiento del enfermo del hogar y la familia, que implica un tratamiento farmacológico y un cierto apoyo de orden psicológico. Sin embargo, el criterio que se impone es un criterio jerárquico que tiene en su cabeza la psiquiatría. Para comprender un poco estos comentarios me voy a permitir hacer una pequeña presentación de un modelo que se ocupa de todas estas cuestiones, y que se aparta, sin excluirlo, del modelo jerárquico psiquiátrico.

Visto con la perspectiva del tiempo, las ideas básicas de Laing parecen fundamentales a la hora de plantearse un cierto cambio de perspectiva en el tratamiento de estos enfermos. Si bien al modelo propuesto por Laing en su momento podía objetársele que implicaba unos riesgos demasiado altos (dejar evolucionar la crisis - para Laing la crisis era el inicio de la cura - con el debido acompañamiento profesional en este proceso en un entorno que, aun ingresado, fuera favorecedor), los resultados obtenidos en los países nórdicos (con Finlandia a la cabeza), y partiendo del enfoque básico de Laing, con la llamada "Terapia del diálogo abierto" permiten poner de relieve lo importante que son en el proceso de cura esos dos factores citados, a la vez que pone de relieve la insuficiencia del modelo jerárquico psiquiátrico. Este modelo de tratamiento parte de la importancia de que tras advenir una crisis de este tipo se de una intervención inmediata que tome en cuenta no solo la dimensión médico-farmacológica, sino también la psicológica y social:

Esta intervención inmediata permite al equipo tratante aprovechar las oportunidades que ofrece la crisis, incluyendo la movilización de las redes sociales de apoyo de la familia y del paciente. La crisis libera recursos no explotados previamente y moviliza cuestiones no discutidas a la luz pública, ofreciendo un potencial tratamiento único [...]


Los miembros de la familia y otros, significativos para el paciente, son invitados a participar en la sesión de tratamiento y seguimiento de lo acordado. Otro tipo de apoyo de miembros de instituciones, como los trabajadores de servicio social, el empleador del paciente, los trabajadores de seguros de salud y otros empleados o supervisores del hospital también están invitados a participar en el tratamiento. [2]


El objetivo de toda esta implicación del entorno del paciente, que se realiza en su entorno familiar, tiene como objetivo la generación de un diálogo abierto:

Nuestra atención se centra principalmente en generar el diálogo entre todos los participantes en la reunión de tratamiento. El diálogo crea nuevos significados y explicaciones que introducen posibilidades y cooperación de todos los participantes. Es de fundamental importancia que el equipo cree un entorno seguro para que todo lo que se diga pueda ser discutido abiertamente, lo que permite la generación de una nueva comprensión colectiva sobre la naturaleza del problema. El diálogo es visto como un foro en el que el paciente, la familia y los miembros del equipo pueden crear nuevos significados para el comportamiento y síntomas del paciente ayudando a la familia y al paciente a adquirir más autonomía en sus propias vidas debatiendo los problemas. [3]


Observemos que este enfoque permite que pasemos de un tratamiento jerárquico a un tratamiento horizontal en la que el paciente pasa de ser un "objeto de tratamiento" a un "sujeto en tratamiento", un tratamiento en el que el paciente pasa de ser el "objeto internado o aislado" al "sujeto participativo" que "tiene la sensación de que sus inquietudes se toman en serio, se les escucha y que son cuidados". [4] Lo mismo podríamos decir para la familia, que con la colaboración de los terapeutas formados en este modelo, pueden también manifestar sus temores e inquietudes y, en ese sentido, el terapeuta "genera un ambiente psicológicamente seguro en el que todos los miembros se sientan libres de expresar lo que quieren decir y explorar sus preocupaciones individuales, dolores y ansiedades. Y, no hay prisa." [5]

El resultado de este modelo de intervención se salda, tras años de puesta en prueba, con lo siguiente:

Comparando estos resultados con los de los tratamientos más tradicionales en Finlandia, hubo más reuniones familiares, menos días de hospitalización, reducción del uso de medicación neuroléptica y una reducción de los síntomas psicóticos. [6]


III. LA VUELTA A CASA. LA FASE DEPRESIVA.

La introducción anterior al modelo de intervención del "diálogo abierto" lo he realizado para observar, a través de la película, como el modelo jerárquico de intervención psiquiátrico, fracasa en muchas ocasiones por no tener en cuenta los factores psicológicos y sociales en la medida adecuada (no quiero decir que hoy en día no se intente, pero desde luego con medios claramente insuficientes).

Tras un largo período de ingreso, Mabel tiene que volver a casa y, evidentemente, la Mabel que vuelve es muy distinta de la Mabel que partió, es una Mabel en estado depresivo. Sin embargo, ya observamos como el planteamiento de recepción de Nick es totalmente equivocado, pues le prepara una gran y multitudinaria fiesta de bienvenida, como si esperara que quien vuelve es una "Mabel normalizada". En un momento dice ante la familia: "No tiene sentido hablar del pasado. El pasado ha pasado, está muerto. Y lo olvidaremos, desde ahora vamos a pasarlo bien. Eso es lo que vamos a hacer. Las cosas van a ir mejor, y después mejor aún, y luego todavía mejor"


                                                                Mabel en estado depresivo

Al final, dándose cuenta del disparate de la propuesta, la recepción de Mabel será solo de las familias: los niños, los padres de Nick y los de Mabel, sus hermanas, así como el doctor Zepp, que la ingresó y que también es familia. 

La llegada de Mabel nos presenta una Mabel muy distinta de la maníaca. No hallamos ante una Mabel en estado depresivo, con algunas características reconocibles en esta fase de la película:

- Desánimo y ensimismamiento.
- Lentitud marcada.
- Sensación de confusión.
- Sentimiento de culpa y desesperanza.
- Dificultades para la concentración.
- Cansancio.

Pronto empezamos a notar como el entorno familiar no acepta la "nueva Mabel", y las presiones sobre ella empiezan de nuevo. La familia no acepta su cansancio cuando pide que quiere irse a descansar con Nick e insisten en empezar con la fiesta. De nuevo aflora, inapelablemente, la frustración de Nick que se va revelando como un auténtico maltratador, sin paciencia ni empatía, no sólo con Mabel, sino también con sus hijos. No puede aceptar la realidad que se le presenta y pretende forzarla a base de gritos. Nick - como se va revelando en la película - se manifiesta como una personalidad narcisista que no soporta que las cosas no sean como él quiere, y así, de manera violenta, le exige a Mabel que hable normal: "¡habla normal! ¡conversación, del tiempo!  ¿¡Cómo estas!? ¿Dónde has estado? ¿Hace calor, hace frío?" No deja de ser curioso ver a Nick reclamar hablar, tener una conversación normal a grito pelado.



La situación deviene kafkiana cuando Mabel, respondiendo sobre lo que ocurría en el hospital, sobre el tratamiento que recibía (medicación, electroshocks, terapia ocupacional, etcétera), recibe la recriminación de Margaret sobre que no hable de estas cosas con los niños delante. Mientras ella sigue, un Nick cada vez más desquiciado, le exige que sea ella misma: "Sé tu misma, sé tu misma, habla normal". ¿Acaso Nick, Margaret, cualquiera de la mesa habla "normal", se comporta ""normal"? Todo el comportamiento de la mesa lo es todo menos normal, todo se orienta a negar el estado de Mabel. ¿De verdad alguien cree que así va a haber alguna cura del enfermo? ¿De verdad alguien cree que si se incrementa la presión externa - más allá de la interna que ya sufre el paciente -, esto le ayuda? 

Se produce entonces una situación brutal. Ante el acoso que sufre por parte de Nick, Mabel mira a George, su padre, y le dice: "¿Papá, no quieres defenderme?", a lo que sigue el diálogo siguiente:

George: Claro hija...
Mabel: No me refiero a eso. Siéntate papá. ¿Pero quieres defenderme, por favor?
George: Mabel, no sé que me estás pidiendo... Cariño, no entiendo este juego.
Mabel: ¿Te importaría defenderme?
Martha - interviene la madre de Mabel -: ¿No oyes lo que está diciendo? ¿Aún no entiendes lo que te ha querido decir?
George - a Martha -: ¡Siéntate! ¡Siéntate! ¡Siéntate!
Mabel - destrozada -: Quieres... hacerlo... por favor... no puedo. Que se vayan por favor... no puedo hacerlo, estoy cansada.

Ni siquiera su padre puede defenderla de lo obvio, de todos ellos, empezando por Nick. "Padre, puedes defenderme de todos ellos, de su exigencia, de que me piden que sea lo que no puedo." Eso es lo que Mabel le pide a su padre, y lo que Martha le dice a su esposo... ¿Aún no entiendes lo que te ha querido decir? Brutal escena donde se pone de relieve la incomprensión que sufre Mabel nada más llegar de su ingreso por parte de todo su entorno.

IV. EL SURGIMIENTO DEL DIÁLOGO.

Finalmente, y ante la inacabable presión de Nick, son sus hijos, los más pequeños, los que defienden a su madre: "Déjala en paz, déjala en paz", le dicen a su padre. La escena sigue, y sigue siendo brutal, con el intento de suicidio de Mabel, con Nick persiguiéndola por toda la casa y los niños queriendo que la deje en paz. Sólo llegados a este grado de despropósito Nick parece reaccionar cuando los niños no quieren separarse de su madre y la rodean protegiéndola de él. Este es el único momento donde Nick parece reaccionar, la primera vez que habla de verdad, que conversa y dialoga de verdad. Por un instante fugaz aparece en su mirada un punto de compasión y amor que se tornan en el valor de las palabras que le dice a Mabel:

Nick: Solo quieren saber que estás bien...
Mabel - a los hijos -: Claro... estoy muy bien.
Nick: y... quieren que vayas a arroparles.

Sólo entonces Mabel escucha y acompaña a sus hijos mientras les dice: "Siento muchísimo haberos asustado, pero es que estaba muy cansada, sabéis... ¿Ayudáis a una viejecita a subir las escaleras?" Y sus tres hijos le dicen que la quieren ayudar, y mientras la ayudan le dicen y le repiten que la quieren. Todo la escena se torna, por fin, en un remanso de tranquilidad, de calma y de amor, con una Mabel mucho más serena y amorosa con sus hijos, y un Nick que parece, por primera vez, darse cuenta de cómo, quizá, ha de actuar en relación a ella. 



IV. UNAS REFLEXIONES FINALES.

Situaciones como las descritas en la película no hay psiquiatría ni fármaco que las solucione, ni tan siquiera la psico-educación familiar ejercida desde la distancia de los centros hospitalarios o centros de atención en visitas mensuales, por toda buena voluntad que pongan los profesionales que las ejercen con su mejor disposición. Aunque la película de Cassavetes corresponde a 1974, en diferentes medidas y grados, el enfermo mental sigue sufriendo este tipo de presión y discriminación, de estigmatización. Hace falta una implicación mucho mayor para que se produzca este equilibrio necesario entre paciente y entorno que beneficie a todos.

La terapia del diálogo abierto ofrece una alternativa a ese modelo jerárquico de la psiquiatría. Pide llevar la psiquiatría, la psicología y la asistencia social a la familia, al paciente y a su entorno. No está en contra de los fármacos, tan sólo requiere utilizarlos cuando hacen falta y en la medida que hacen falta, y reduciéndolos siempre que sea posible (posiblemente esto no guste a las farmacéuticas). En el trabajo de uno de sus máximos exponentes, el doctor y profesor de psicoterapia Jaakko Seikkula, publicado en Psycotherapy Research, March 2006, págs. 214-228,  y titulado "Five-year experience of first-episode nonaffective psychosis in open-dialogue approach." (Experiencia de cinco años de primeros episodios de psicosis no afectivas con el modelo de diálogo abierto) [7] concluye, tras su aplicación en la zona de Laponia occidental, que:

En el grupo ODAP (Open dialogue approach), el 82% no tenía ningún síntoma psicótico residual, el 86% había regresado a sus estudios o un trabajo a tiempo completo, y el 14% estaba en subsidio por discapacidad. El diecisiete por ciento había recaído durante los primeros 2 años y el 19% durante los próximos 3 años. El veintinueve por ciento había usado medicación neuroléptica en alguna fase del tratamiento. [7]

A aquellos que creen que una intervención de este tipo "es cara" para el sistema (si es que tenemos que hablar de que la sanidad es "cara"), les pediría que lo comparen haciendo números con la cantidad de medicación (neurolépticos, antidepresivos, ansiolíticos, estabilizadores de ánimo) y los tiempos de ingresos ahorrados, así cómo las ventajas de que los pacientes estudien o trabajen. Personalmente, creo que la cuestión es si hay voluntad para implementarlo y afectar al modelo psiquiátrico jerárquico y a los intereses de las farmacéuticas.


____________________

[1] Laing, Ronald David. El yo dividido. Un estudio sobre la salud y la enfermedad (Spanish Edition) . Fondo de Cultura Económica. Edición de Kindle. 
[2] Kauko Haarakangas, Jaakko Seikkula, Birgitta Alakare, Jukka Aaltonen. Diálogo Abierto: Una Aproximación Al Tratamiento Psicoterapéutico de La Psicosis en Finlandia del Norte .
[3] ídem anterior.
[4] ídem anterior.
[5] ídem anterior.
[6] ídem anterior.
[7] A los que os interese, podéis encontrar este artículo en inglés en el siguiente enlace:







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[1] Kael, Pauline. The New Yorker, 9 de diciembre de 1974, pág. 178.

domingo, 22 de mayo de 2016

SHINE, EL RESPLANDOR DE UN GENIO (Scott Hicks, 1996). Sobre la simbiosis Padre-hijo.

Shine, el resplandor de un genio (1996), es una película australiana dirigida por Scott Hicks. Interpretada por un magnífico Geoffrey Rush, premiado con el Oscar al mejor actor (a parte de muchos otros como el Globo de Oro y el BAFTA), nos narra la historia de David Helfgott, un niño prodigio del piano quien marcado por la extremadamente insana relación con su padre (un también excelente Armin Mueller-Sthal) le llevó a la manifestación de una psicosis que le apartó de la interpretación musical durante muchos años. La historia también nos relata la fuerza del amor de Gillian (Lyn Redgrave), la que será su compañera, y que le recuperará para que pueda volver a los escenarios. Sobre el tipo de trastorno sufrido por David hay, como siempre, varias opiniones que van desde el trastorno de personalidad esquizotípico al trastorno esquizoafectivo pasando por la esquizofrenia hebefrénica o desorganizada. Mi opinión es que, sin lugar a muchas dudas, el trastorno de David es de naturaleza psicótica más allá de la etiqueta concreta que le podamos adjuntar. No obstante, y desde el prisma psicodinámico, el caso de David nos ofrece un punto de reflexión sumamente interesante ya que se trata de un caso de psicosis que está ligado de manera muy clara a la figura paterna. Soy deudor de la comprensión de esta relación padre-hijo simbiótica al trabajo del psicoanalista Luis Kancyper, quien ya ha aparecido en varias ocasiones en este blog, y que en su análisis de la obra de Jorge Luis Borges [1], y en relación a lo que el denomina el laberinto narcisista padre-hijo, introduce el concepto de la "simbiosis padre-hijo" que nos será de mucha utilidad para comprender el origen de la dimensión psicótica de David.

I: RELACIÓN FAMILIAR: LA SIMBIOSIS PADRE-HIJO.

Interpretando "La polonesa" de Chopin
Observemos el inicio de la película. Un hombre bajo la lluvia llama a un bar. Está cerrado pero una joven camarera le abre. Pronto nos damos cuenta que estamos ante un personaje que psíquicamente no está bien, no ya por su discurso o sus extrañas reacciones sino también por el nivel de angustia que manifiesta. Entre su discurso inconexo oímos frases del tipo: "¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? No lo sé ni yo mismo"; "Si haces algo mal puedes ser castigado para el resto de tu vida. Es una lucha eterna"; "Hay que sobrevivir, hay que sobrevivir"; "Lo importante es que yo no tengo alma... papá, papá decía que el alma no existe"; "Soy ridículo y zafio decía papá". La película cambia entonces y se dirige hacia la infancia del protagonista. Vemos un niño (interpretado por Alex Rafalowicz) que avanza tenso y tímido entre el público, hacia el escenario, repitiendo "voy a ganar, voy a ganar, voy a ganar". Va a tocar el piano, la polonesa de Chopin (como dice su padre, ya que la tensión de David no le permite hablar). Vemos el rostro de escepticismo de Ben Rosen (Nicholas Bell), el profesor de música que forma parte del jurado, ante la complejidad de la pieza que se pretende interpretar. David empieza a tocar. El rostro del profesor cambia su expresión al escuchar el increíble talento con la que aquel niño la interpreta. El piano se mueve y se desplaza sobre sus ruedas dificultando la ejecución de David quien, no obstante, sigue tocando poniéndose de pie. En ese momento surge el padre airado diciendo que el piano se mueve, pero el director le dice que su hijo es genial. La expresión del padre cambia y orgulloso manifiesta: es mi hijo, mi hijo.

Este ES MI HIJO, como vamos a ver, no es una simple muestra de orgullo o satisfacción, sino que es una pura expresión de la posesión que Peter ejerce sobre David. Pronto la película nos muestra un hombre que ejerce un presión brutal sobre su hijo que va más allá de la rigidez y el autoritarismo. Veámoslo mientras juegan una partida de ajedrez, cuando le dice:

Peter: Vas perdiendo, perdiendo, perdiendo. ¡David, tienes que ganar siempre! ¡Ganar siempre! - recordemos el "voy a ganar, voy a ganar, voy a ganar" - Cuando era... cuando era un chaval de tu edad me compré un precioso violín. Había ahorrado mucho para comprarlo y ¿sabes qué paso?
David: Si, que él lo aplasto - dice indicando el cuadro del padre de Peter -.
Peter: ¡Si, lo aplastó! ¡David, tú tienes mucha suerte! Mi padre nunca me dejó oír música.
David: Lo sé.
Peter: ¡Tú tienes mucha suerte! Repítelo.
David: Yo tengo mucha suerte...
Peter: Mucha... Suerte.

¡David, tienes que ganar siempre!
También vamos viendo que toda la familia (la madre de David y sus dos hermanas) vive bajo su tiranía. La madre de David se nos muestra como una mujer sumisa y atemorizada que parece no tener ningún rol en relación a su hijo y que acepta sin más el rol tiránico de Peter. La madre no se establece como el necesario contraste del padre, todo lo contrario, parece ser su auxiliar - aunque sea desde el miedo - a la hora de validar sus excesos y exabruptos. Cuando el profersor Rosen esta intentando convencerla de que intente interceder ante Peter para que le dejen ir a estudiar a Estados Unidos, Rachel, la madre, dice: "Es su padre quien debe decidirlo [...] Es un niño señor Rosen, aun moja la cama". Ningún contraste, ningún peso. Es aquí donde observamos la acción de Peter que Luis Kancyper define como "la técnica de robo del rol de la madre y el rol del hijo". Veremos progresivamente, en el desarrollo de esa primera parte de la película, como el padre ha anulado el vínculo madre-hijo, lo que nos hace suponer que no permitió la necesaria triangulación edípica y, por ello, tampoco es un padre que realize la función paterna al ser él quien se apropia del hijo como objeto de su posesión. Como dice Kancyper:

Esta alianza narcisista cierra el acceso del hijo hacia la búsqueda de la madre como objeto total. Es una relación dual padre-hijo que obtura el movimiento hacia la triangulación.

Por ende, este padre no cumple con sus funciones parentales de dar acceso hacia la realidad, sino que, activamente, mantiene la simbiosis padre-hijo. Esta simbiosis cabalga básicamente sobre el mecanismo de la renegación, renegación de la primera simbiosis biológica y afectiva entre la madre y el hijo. [2]

Recordemos que la renegación es un mecanismo de defensa que reemplaza una realidad por otra, que no es cualquiera sino la recíproca. Se niega una mientras se afirma su opuesta. Es por ello que, en el caso de David Helfgott, la forclusión (rechazo de la función paterna o del significante del Nombre del Padre y determinante en el desencadenamiento de las psicosis) es ejecutada por el propio padre.

La llegada del profesor Ben Rosen interesándose por David y proponiéndole a Peter darle clases es despachada sin ningún miramiento. Veamos algunos momentos del diálogo entre ellos dos:

Ben: Le hemos concedido un premio especial por su valor
[...]
Peter: ¿Premio por perder?
[...]
Ben: Estoy seguro que David ganaría muchos concursos con una instrucción adecuada.
Peter: Le he enseñado yo.
Ben: Si, es obvio que lo ha hecho muy bien.
Peter: Ya. Yo aprendí solo. Nada de profesores de música.

Esta escena se repetirá posteriormente, y con más violencia hacia David, cuando ya más  mayor (interpretado por Noah Taylor), y tras ganar varias concursos (Peter cede finalmente a que aprenda con Rosen) recibe una invitación para seguir estudiando en Estados Unidos. Peter reacciona brutalmente arrancándole la carta a David: "¡David no irá a ninguna parte! ¿¡Qué estáis mirando todos!? ¡David no irá a América! ¡¡No consentiré que nadie destruya esta familia!! (quema la carta) ¡Yo sé lo que te conviene porque yo soy tu padre! ¡¡SOY TU PADRE y esta es tu familia!! ¿Qué observamos en un padre de estas características?

¡Yo se lo que te conviene porque soy tu padre!

Dice Kancyper:

El padre se ofrece como objeto de idolatría y el hijo es colocado como objeto de veneración. Entonces se crea un pacto, una alianza Dios-hijo.

Esta relación vincular "padre Dios - hijo Venerador Esperante" instrumenta un engaño, consciente o no, y subvierte una situación para obtener fines distintos.

Bajo la apariencia de dar al hijo, su objetivo es inverso: sacar del hijo.

Es un dar que resta, inmoviliza, posee y empobrece al hijo; es un dar que quita... [3]

David es arrebatado por su padre para realizar y vivir a través de él lo que no pudo realizar ni vivir en su propia vida. Eso es lo que saca del hijo.  Éste es considerado como una extensión suya, un centauro cuya cabeza ocupa Peter y cuyo cuerpo es el de David. Éste cuerpo ejecuta meramente lo que la cabeza le dicta. David queda encerrado en el pasado de su padre para reparar su frustración a costa de no tener ni vida propia ni identidad, ese es su empobrecimiento. Pero todo esto disimulado en el que todo es por su bien, por que Peter sabe lo que le conviene porque es su padre. La manipulación es obvia. En otra escena observamos esta proyección paterna sobre el hijo cuando Peter encuentra al pequeño David intentando tocar unas notas del tercer concierto para piano y orquesta de Rachmaninoff (uno de los más complejos y que más esfuerzo requiere del pianista). David le pregunta si se lo enseñará. Aquí Peter topará con sus límites "didácticos", siendo ese el motivo por el que le permitirá tomar clases con el profesor Ben Rosen. Al final de esta escena le abraza y le dice:

Peter: "Sabes... un día la interpretarás y yo estaré muy orgulloso, muy orgulloso, si... ¿Y la próxima vez que vamos a hacer?" 
David: "¿Vamos a Ganar?
Peter: Ganaremos, si...

Ganaremos, si...

Ese plural que utiliza ya lo dice todo. En él se nos muestra con claridad la simbiosis o confluencia Padre-hijo. La intrusión paterna se hace presente en todo momento y la presentimos en la fuerza de las introyecciones o creencias que David recibe y sufre de su padre: hay que ganar siempre, tienes suerte, la introyección del cumplimiento del deseo paterno como una expectativa que no se puede defraudar y a la que, tras quemarle la carta de invitación en los Estados Unidos e impedir a Ben Rosen que le de más clases, se nos mostrará con su rostro más terrible:

Hijo, nadie te querrá como yo.
David, hijo mío, es terrible odiar a un padre. La vida es cruel, pero la música, la música siempre, siempre será tu amiga, todo lo demás te defraudará. Todo te defrauda créeme, todo [...] No me odies. La vida es cruel, pero hay que... hay que sobrevivir, hay que sobrevivir, dilo - David lo repite -. Hijo, nadie te querrá como yo. No puedes fiarte de nadie, pero yo siempre estaré ahí. Ven, dame un abrazo - David le abraza -. Siempre estaré contigo, siempre - siempre papá repite David, siempre-.

¡Y tanto que lo llevará siempre! El padre intruso que es Peter se perpetúa como un superyo obsceno sobre el que se construye un yo ideal tiránico y asfixiante que, prácticamente, no deja ningún espacio psíquico al yo de David, no hay espacio para construir identidad ni individualidad. Y, en este sentido, podemos adjudicar a David, palabra por palabra, las siguientes palabras de Kancyper:

... lleno de una alteridad ominosa y vacío de una mismidad por carecer de una espacialidad psíquica discriminada. El proceso de intrusión explica el "lleno en exceso" de un objeto que no se ausenta jamás. El sujeto queda preso de los deseos de redención del otro. Éste representa un objeto excesivamente presente que habita en el yo ideal del sujeto, apropiándose de sus cualidades. Así el redentor deviene en un encumbrado héroe que liberará, mediante el propio sacrificio, las heridas no cicatrizadas concernientes a las historias parentales. [4]

Como ejemplo de ello vaya que gran parte del esfuerzo de David será interpretar el citado concierto de Rachmaninoff tal y como su padre le demanda. David vive presa de las frustraciones, vergüenzas, desengaños y culpas que no le pertenecen. Vive secuestrado en el mundo paterno que apropiándose de él pretende reparar, redimir todas esas sombras del pasado.

II. SOBRE LA REBELIÓN DE DAVID Y LA VENGANZA DE PETER.

Señora Prichard: "Nadie puede impedírtelo".
Llegamos así hacia el final de esta primera parte de la película. Igual que la presencia excesiva del padre como poder tiránico es compensada por Ben Rosen, el vacío materno lo será por la señora Katherine Sussanah Prichard (Googie Withers), una escritora australiana que fue la fundadora del partido comunista de Australia, que fascinada por la manera de interpretar de David le pedirá que vaya a tocar para ella. Es a ella a quien le mostrará la beca que, en esta ocasión, recibe para ir a estudiar al Royal College of Music de Londres. Desesperado le dice que su padre no se lo permitirá, pero ella le dice que "no puede impedírtelo". Es probablemente por la presencia de Ben Rosen primero y de Sussanah Prichard después que David acopia el suficiente valor para enfrentarse a su padre. Dice Kancyper al respecto de estos momentos de ruptura:

Pero ¿qué sucede cuando la realidad material rompe el sistema especular del niño-hijo-eterno perpetuado en un padre-Dios? Es decir, cuando el propio hijo obtiene, en el transcurso del tiempo, logros de crecimiento que son incluso socialmente valorados y que lo conducen a su individuación y reconocimiento como sujeto?

Aparece una ruptura de la alianza, que se manifiesta en momentos confusionales de extrema y violenta agudeza. Pues implica la destrucción de una instalación narcisista que desencadena las fantasías anteriromente descritas. [5]

¡¡Yo soy tu padre!! ¡Soy el que lo ha hecho todo
 por ti
Las fantasías a las que Kancyper se refiere son las propias de la angustia de separación y de castración (o de fragmentación como precisa). Y, en relación a esto, lo que vamos a ver en la película es justamente lo que nos describe como "momentos confusionales de extrema y violenta agudeza". David se enfrenta a su padre y le dice: "Yo quiero ir y tú no me lo vas a impedir". La reacción de Peter es brutal. Le grita y le pega diciéndole: "¡¡Yo soy tu padre!! ¡Soy el que lo ha hecho todo por tí! ¡¡Todo!! ¡Insensible y zafio chiquillo!! [...] David se sigue reafirmando: "Ya soy mayor para decidir por mí mismo". Peter continúa: "¡Piensa que se va a ir a Londres! [...] ¿Y qué crees que va a pasarte ahí en Londres?" David se retira a su habitación pero Peter sigue presionándole con toda la maldad: "¡David! ¡David! Si te vas nunca podrás regresar a esta casa. Ya no tendrás familia. Las chicas perderán a su hermano. ¿Es eso lo que quieres, deseas? ¿Deseas destruir la familia?". David persiste en su decisión a lo que Peter sigue y sigue implacable: ¡¡David, David, si me quieres olvidaras todo eso y no atravesarás esa puerta. David... si te vas serás castigado para el resto de tu vida. Mi pequeño, no me obligues a hacerlo". David finalmente se va ante la desesperación y la ira de su padre, quien en las imágenes siguientes le vemos quemando todos los recortes de los periódicos que guardaba de David.

Sin lugar a dudas, Peter es un personaje que podemos identificar como un narcisista patológico. Reúne muchas de sus características: falta de empatía, envidia, desdén por la pareja, negación, manipulación, arrogancia e intolerancia a la críticas, distorsión de la realidad, etc. Su efecto sobre David ha sido, es y será demoledor como la película nos lo mostrara en una ocasión más.

Las chicas perderán a su hermano. ¿Es eso lo que 
quieres, deseas? ¿Deseas destruir la familia?

Efectivamente, esta sucede cuando David retorna de Londres, tras su primera crisis, a Australia y llama a su padre y le dice que ha vuelto. Peter, fiel al castigo eterno que ha prometido, le cuelga el teléfono y le niega la vuelta al hogar. Eso le convirtió en un exiliado de familia que queda sólo en su patria. El resultado fue una disgregación absoluta de su personalidad que le llevo al ingreso en un asilo psiquiátrico iniciando un largo período de doce años perdido en las brumas psíquicas.

III. LA CRISIS PSICÓTICA.

Si de algo adolece la película de Hicks es la poca claridad y la confusión de las imágenes con las que aborda precisamente este período oscuro que llevó al desarrollo de la psicosis a David y a su posterior ingreso en un asilo psiquiátrico en Australia a costa de que renunciara a tocar el piano. Incluso hay un exceso de dramatización en la película cuando nos muestra una brillante interpretación del tercer concierto para piano y orquesta de Rachmaninoff en el Royay College of music, cuando en realidad la interpretación fue bastante lamentable porque David ya no estaba bien como él mismo ya percibía:

Sabía que el cuarto año sería un desastre, ¿pero qué podía hacer? Tenía que obedecer las órdenes del college porque habían invertido todo ese dinero en mi, e insistía en que me quedara. Querían que actuara en el Albert Hall. Así que me enfrentaba a ese dilema. Estaba atrapado, en una trampa de acero. Pero no debería haber puesto el pie dentro. Debería haber  seguido lo que me dictaba mi propia intuitive [6]

David Helfgott
Podemos aplicar a Peter aquellas palabras que Jung dijo de la madre posesiva: "un eros inconsciente se presenta siempre como poder, por lo que este tipo, a pesar de su exhibición de sacrificio [...], es incapaz de llevar a cabo ningún verdadero sacrificio, antes bien, con una en ocasiones despiadada voluntad de poder, hace prevalecer [su deseo] hasta destruir la personalidad y la vida personal de los hijos". [7] (en el original [su deseo] es "instinto maternal"). Sin embargo, en la infancia y adolescencia de David hubo figuras como el profesor Ben Rosen o la escritora Katherine Sussanah Prichard que se constituyeron como figuras compensadoras que dieron amor, respeto y reconocimiento a David (de la voluntad de poder a la voluntad de amor). Fueron figuras que le apoyaron para que continuara sus estudios fuera de Australia. Y aun cuando lo logró, su psique ya estaba muy afectada, y una vez sólo y lejos de casa, en Londres y en la institución universitaria, era cuestión de tiempo que la crisis se fueran instituyendo. Poco a poco el derrumbre se acercaba y llegó con el cuarto año de su residencia en Londres.

¿Cuál fue el desencadenante de la psicosis en David? Todo parece indicar que fue lo que el psicoanalista Jean Claude Maleval define como "perplejidad angustiada", una dificultad para responder de aquello que le ocurre (una progresiva invasión del goce) también acrecentada por la dificultad de comunicarlo. Probablemente en David esto se daba como él mismo expresa: "¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo? No lo sé ni yo mismo". Esta es la pregunta que no encuentra respuesta en David y, como nos mostró Lacan, esa pregunta sin respuesta es el desencadenante de la psicosis, probablemente una esquizofrenia hebefrénica. Dice Maleval acerca de esta perplejidad angustiada que es:

permanecer en un estado central altamente inestable en cuyo seno se comprueba que la perplejidad se asocia con perturbaciones del lenguaje, de la relación y la emotividad. [8]

IV. DEL AMOR AL PODER AL PODER DEL AMOR.

David Helfgott y Geoffrey Rush
De la misma manera que cuando niño y adolescente, y tras su larga enfermedad y retiro forzado del piano durante doce años, son ahora otras las figuras que le dispensarán cuidado y amor y que le ayudarán a recuperarse ayudándole a retomar a un elemento determinante: su amor por la música. En especial Sylvia (Sonia Todd), la camarera del local donde empezará a tocar el piano y, sobretodo, Gillian (Lynn Redgrave), la que será su pareja. Con Gillian va a suceder algo que nos permite comprobar el poder del amor. De la misma manera que Peter introyectó a David desde la voluntad de poder, Gillian le introyectó desde la voluntad del amor, desde la voluntad de ayudarle y sanarle. Y ¿qué significa esto? Me parece muy interesante el el análisis que hace el psicoanalista Jorge Bafico (ver nota 8) cuando indica que Gillian lo que logró es dar a David una articulación de su historia, por decirlo de una manera: poner orden en el caos:

Lo interpreta, le devuelve una historia, no la de David sino la que ella escucha de él. Lo construye, fabrica un personaje que de alguna manera él introyecta, es en esto que la cuestión del mito adquiere fuerza, como en el orden de una construcción que permita otra verdad.

David se presenta hasta esta encuentro, como un sujeto donde sus identificaciones imaginarias no asientan una unidad, por no tener de un rasgo singular que fije su identidad más allá de las imágenes.

Es a partir de este encuentro y de lo que esta relación consigue, que se pueda cimentar una especie de yo ortopédico.[9]

Gillian y David Helfgott
Es a partir de esta construcción que David empezará a dar sentido a su  vida y a acepar su locura de una manera distinta, o como dice Bafico: el delirio de David toma sentido en el discurso de su esposa. Y esta ordenación provocará un cambio notable en la vida de David que le permitirá no sólo llevar una vida más plena sino el retorno a los escenarios para tocar el piano. Como consecuencia de esta reestructuración del delirio, David también recompondrá la figura de su padre tiránico como un padre, al decir de Jorge Bafico, "que lo sabe todo y que controla en armonía". Así Gillian nos relata en el libro Shine las siguientes palabras de David después de haber interpretado ya varios conciertos:

Sabes querida, padre está orgulloso. Yo sabía que estaba entre el público, y dice que estaba escuchando y que se alegra por mí y se siente orgulloso de mí [...] Ves, de alguna manera, padre sabe todo lo que pasa. Sabe como estoy y está satisfecho. De alguna forma, de una forma sutil, casi misteriosa, en espíritu, de forma residual, él estaba en el concierto. [10]

Esta parte del cambio de David merecería una entrada a parte, pero el tema que me interesaba presentar aquí era fundamentalmente el de la simbiosis padre-hijo. Para este punto os recomiento leer el artículo de Jorge Bafico cuya entrada encontraréis en las notas al pie.




David Helfgott interpretando "El vuelo del morcardón" 
en la ceremonia de los Oscar.
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[1] Kancyper, Luis. Jorge Luis Borges o el laberinto de Narciso. Paidós. Ideas y perspectivas. En especial págs. 32 a 40.
[2] Ídem anterior, pág. 33
[3] Ídem anterior, pág. 33
[4] Kancyper, Luis. Resentimiento terminable e interminable. Psicoanálisis y literatura. Lumen tercer milenio. pág. 88
[5] Ver nota 1, pág. 35
[6] Helgott, Gillian y Tanskaya, A. Shine. Ediciones B, pág. 229
[7] Jung, C. G. Los arquetipos y el inconsciente colectivo. OC 9/1. Los aspectos psicológicos del arquetipo de la madre. Ed. Trotta, par. 167
[8] cita Grivois, H. por Bafico, Jorge. Muy buen artículo en internet sobre David Helgott:  "El pianista" (Pulsa el título para acceder)
[9] Ver nota anterior.
[10] Ver nota 6, pág. 357

martes, 23 de julio de 2013

CISNE NEGRO (BLACK SWAN, DARREN ARANOFSKY, 2010): ANÁLISIS Y REFLEXIÓN SOBRE LA PSICOSIS.

Desde que en 1960 Hitchcock perturbara las salas de cine con la obra maestra de Psicosis y la terrorífica historia de Norman Bates (interpretado por un soberbio Anthony Perkins), el cine ha visitado en numerosas ocasiones el mundo de la psicosis. El 2010 nos trajo dos películas interesantes sobre el tema: Shutter Island (Martin Scorsese) y la película a la que vamos a recurrir aquí para explorar este complejo trastorno psíquico, Cisne negro, dirigida por Darren Aronofsky e interpretada por Natalie Portman, Vincent Cassel y Mila Kunis entre otros. 

Darren Aronofsky ya ha abordado en otras películas la complejidad psíquica. Recordemos la inestimable Pi: el orden del caos (1998)  - obsesión y paranoia -, o en Requiem por un sueño (2000) - en relación al mundo de la adicción a la droga -. En Cisne negro Aronofsky nos adentra en el mundo de la psicosis a través del mundo de la danza clásica y de uno de sus ballets más conocidos y sobresalientes: El lago de los cisnes, de Tchaikovsky. Cisne negro nos cuenta la historia de Nina Sayers (gran actuación de Natalie Portman), bailarina de la compañía de ballet de New York, a quien su director Thomas Leroy (Vincent Cassel) le ofrece la posibilidad de ser la primera bailarina interpretando el duo Odette / Odile del Lago de los Cisnes, en la que la misma bailarina interpreta el papel del Cisne blanco y el del Cisne Negro. Para seguir algunos momentos del comentario ofrecemos en la nota 1 un breve resumen de la estructura dramática del Lago de los cisnes.

I. SOBRE LA PERSONALIDAD DE NINA. Psicosis y forclusión.

Natalie Portman como Nina Sayers
El inicio de la película ya nos muestra en sus primeras imágenes el mundo de Nina Sayers. Tras despertar de un sueño en el que interpreta la transformación de la reina Odette en cisne a manos del mago Rothbart, vemos a Nina despertando en una habitación más propia de una niña que de una mujer, rodeada de peluches y de muebles como de una pequeña princesa. Luego vemos aparecer a un personaje importante, Erica Sayers (la siempre magnífica Barbara Hershey), su madre, en su juventud también bailarina, y que a través del avance de la película se nos muestra como una madre sumamente controladora y posesiva con su hija. De una forma muy parecida al Norman Bates de psicosis, la madre gozante alcanza un status de superyó obsceno vetándole todo acceso al mundo de su propio deseo. Es significativo, en este sentido, cuando Nina, que se está masturbando en la cama - por indicación de Thomas - se da cuenta de repente que su madre esta dormida en una silla, interrumpiéndose avergonzada ante su presencia. Observamos también en Nina ciertos comportamientos propios de la retroflexión en las lesiones que se inflinge rascándose con las uñas la espalda, así como también transtornos de alimentación. Excepto la danza y a su madre, Nina no parece tener mucho más en su vida. Como le indica Thomas en un momento en el que Nina le pide que le de el papel:

Escucha Nina. te aseguro que no me preocupa tu técnica, deberías saberlo [...] La verdad es que cuando te miro sólo veo el Cisne blanco, eres preciosa, temerosa, frágil. El reparto ideal. Pero el Cisne negro, es muy difícil bailar los dos [...] En cuatro años, cada vez que bailas, te he visto obsesionada en que cada paso y movimiento sean correctos, pero nunca te he visto soltarte. ¡Jamás! ¿Tanta disciplina para qué? [...] Nina le responde que ella sólo quiere ser perfecta, a lo que Thomas le responde: La perfección no es sólo cuestión de control. Es también saber soltarse, sorprenderte para así sorprender al público, trascender y eso pocos lo llevan dentro...

Técnica pero falta de pasión, apolínea pero falta de Dionisos. Disciplinada pero falta de espontaneidad... Sin embargo, finalmente logra el papel y la historia empieza a construirse a partir de este momento.

Observamos también en esas escenas iniciales los primeros síntomas que nos llevan a la sospecha de que algo ocurre con la frágil Nina, se trata del primer encuentro con el doble negro... o, siguiendo la trama de la película: el cisne blanco se cruza con el negro, la frágil Nina con su doble, no tanto como sombra reprimida, sino como imagen especular de aquello sobre lo que no tiene modelo al que referenciarse (ver más adelante  "La pérdida del espejo en el que reflejarse").

El primer encuentro con el doble inasumible.

- Psicosis y forclusión. Sobre la función paterna.

Una primera indicación de la psicosis de Nina la hallamos en esa presencia excesiva de la madre y en la total ausencia de la figura paterna, sobre la que no hay la más mínima referencia. Más allá del presente en el cual se desarrolla la película, cuando se ve a Nina y, en especial con la relación que mantiene con Erica, se diría que nunca hubo padre, de la misma manera que cuando se ve a Erica se diría que nunca hubo un hombre. Un concepto que Lacan destacó en relación con la psicosis fue la forclusión, concepto por el que se entiende el rechazo radical de un elemento particular del orden simbólico, en este caso, de la función paterna, o el Nombre del Padre como Lacan prefería utilizar. Para tener claro de que hablamos acerca de la función paterna es importante diferenciarla de algo que tenga que ver con el padre como ser humano concreto, con su personalidad y estilo peculiares dentro del rol que ejerce en la familia. La función paterna tiene que ver con el rol que cumple dentro de la estructura simbólica que ocupa en la familia y que se define en los siguientes términos:

La función paterna en una familia nuclear generalmente interviene entre la madre y el niño, impidiendo que el niño quede completamente atrapado por la madre, y que la madre  se devore al niño. Lacan no afirma que todas las madres tienen una tendencia a atrapar o devorar a sus hijos (aunque algunas lo hacen); más bien sostiene que los niños "perciben" el deseo de su madre como peligroso o amenazador. Esta "percepción" refleja, en algunos casos, el deseo del niño de serlo todo para la madre (lo que en última instancia, aniquilaría la posibilidad de que se constituya como un ser separado de su madre) y, en otros casos, la reacción a una tendencia real de la madre de obtener con su  hijo una especie de satisfacción que no ha logrado obtener en otro lado. [2]

Es indudable que esta última opción es la que se perfila sin lugar a dudas en la relación que Erica mantiene con Nina. Varias escenas de la película así nos lo muestran invadiendo constantemente su intimidad o controlándola sin ningún límite. Es especialmente impactante la escena  en la que se percibe ese deseo materno posesivo en la que le quita el vestido a una Nina incómoda hasta que se da cuenta de que se ha vuelto a rascar la espalda arrastrándola desnuda hasta el lavabo para cortarle violentamente las uñas. Las imágenes correspondientes a esta escena nos muestran claramente a Nina, como hija, presa del goce materno de Erica, su madre.

Nina, como hija, presa del goce materno de Erica, su madre. 
Esa es la función paterna: proteger al niño del deseo de la madre, lo que significa tanto del suyo como niño, como el de la madre propiamente, o el de ambos. Como ya hemos dicho, se trata de una función simbólica independiente de la personalidad concreta del padre. En lacaniano diríamos que esta función debe ser inscrita en el lenguaje, y eso es lo que hace que la función paterna sea independiente del mayor grado de presencia o ausencia del padre concreto. En esta función paterna más importante que la presencia o la ausencia es la apelación al nombre (por eso Lacan llamó a la función paterna Nombre del padre) sobretodo por parte de la madre y en la cual:

vemos el funcionamiento del padre como parte del discurso, es decir, como un elemento del discurso de la madre. La función paterna está aquí referida al sustantivo "padre" en la medida que la madre se refiere a él como una autoridad que está más allá de ella misma. [3]

Si esta validación de la autoridad paterna no se ve apelada por la madre ("No le contaremos esto a papá", "No le hagas caso, ya lo solucionamos tu y yo", "Déjale decir y ya lo arreglaremos nosotros", etc. etc.) tanto da que un padre pueda ser muy presente, pero la función paterna que se establece como Ley que prohibe el deseo materno no es realizada.

Hay una imagen, al principio de la película, que habla de la madre por sí misma acerca del tipo de mujer que se trata. Cuando al llegar a casa Nina abre la puerta de la habitación de su madre nos muestra toda una pared con fotos y autoretratos pintados de ella misma y de su hija.

La habitación materna
Todo nos hace pensar que en el caso de Nina la función paterna ha estado forcluida, obviada dentro de la estructura simbólica necesaria para el desarrollo del niño y que ella ha quedado sujeta al deseo materno, lo cuál nos lleva a tener que reflexionar sobre la posible estructura psicótica de su caracter. Ejemplos de este tipo de madre los hallamos en la película Psicosis de Hitchcock o en La pianista de Haneke. También, aunque en esta ocasión lo tenemos en relación a la figura paterna, vemos un caso parecido en Shine, el esplendor de un genio de Scott Hicks.

II. REFLEXIONES SOBRA LA ESTRUCTURA PSICÓTICA DE NINA.

Es obvio que Cisne Negro es ante todo una película en la que su director se propone contar una historia de fuerte impacto emocional e intriga y no crear un personaje ajustado a un cuadro clínico concreto, si bien la patología es un elemento importante en Nina. Quizá por ello ha dado lugar a distintos posicionamientos en relación al tipo de patología que sufre. Voy a mostrar los elementos que creo que colocan a Nina dentro de una estructura psicótica siguiendo las evoluciones que sufre el personaje durante la película y su sintomatología.

- La pérdida del espejo en el que reflejarse.

Nina entra en crisis desde el momento en que puede acceder a ser la primera bailarina de la compañía. Desde este momento su personalidad irá sufriendo una disgregación progresiva, un mayor estado de confusión y desestructuración resultado de la suma de diferentes factores que iremos viendo a lo largo de la película. Uno de los efectos de quedar sujeto al deseo de la madre es que el individuo no puede desarrollarse como un ser independiente, lo que significa que al fallar la función paterna no se van a dar los procesos de castración y la represión primaria del deseo materno que, no obstante, permiten la inscripción del individuo en lo simbólico, es decir,  en la estructura familiar y, posteriormente, en el orden social necesarios para dar un sujeto independiente. Cuando este proceso no se da por la forclusión de la función paterna, el individuo necesita de un espejo en el que reflejarse, o dicho de otra manera, un modelo al que imitar, por lo queda inscrito en el plano de lo imaginario:

lo imaginario continua predominando en la psicosis, y lo simbólico, en el grado en que es asimilado, queda "imaginarizado": es asimilado no como orden radicalmente diferente que reestructura el primero, sino simplemente por imitación de otras personas. [4]

Hay un comportamiento que sorprende en Nina cuando antes de la prueba de selección asiste a la reacción de ira de la primera bailarina "destronada", Beth Macintyre (Wynona Ryder) en su camerino. Una vez esta sale furiosa de él, ella entre y coge su pintalabios, como posteriormente se nos muestra que ha cogido otros objetos de cosmética y estética de Beth. Es curiosa esa reacción de tomar los objetos de la primera bailarina para ella... ¿No es acaso eso una reacción especular en el que ella se refleja, una clara imitación de la primera bailarina? Cuando Nina le pide el papel a Thomas se pinta los labios con el mismo pintalabios. Sin embargo, y como posteriormente Thomas le requerirá, no hay modelo a seguir para que surja la propia pasión, la fuerza y el convencimiento seductor y sensual necesarios para interpretar a Odile, el cisne negro que acompaña a Rothbart en la fiesta en la que el principe Sigfrido debe elegir esposa. La técnica se puede imitar, se puede referenciar pero para la pasión o la emoción no hay modelo, y justamente esa falta de modelo es lo que desestabilizará progresivamente a Nina.

Nina reflejándose en el espejo de Beth

- Predominio de las relaciones imaginarias.

Otro elemento importante en el comportamiento de Nina lo determina la manera en la que surge Lily (Mila Kunis) en su mundo... justamente interrumpiendo la interpretación del cisne negro en su prueba frente a Thomas. Pronto se irá configurando una relación ambigua entre la rivalidad y la atracción con ella, puesto que justamente Lily es su opuesto: dionisíaca, sensual, seductora, espontánea y alegre. El desarrollo que sufre la relación de Nina con Lily en la película se ajusta bastante a un elemento característico de los individuos con estructura psicótica: las relaciones imaginarias. Todos sabemos que el individuo neurótico, más allá de los conflictos con sus iguales suele manifestar un tipo de conflicto que no tarda en referenciarse a las relaciones con los padres, las figuras de autoridad, su propia autoestima, la necesidad de reconocimiento, la imagen social, el éxito profesional. No obstante, se observa en el psicótico un posicionamiento distinto:

El psicótico, en cambio, presenta las cosas de otro modo: el conflicto parece referirse a los otros de su propia edad - rivales, competidores o amantes -  Estos no están tratando de ganarse la figura de autoridad, más bien uno de ellos está tratando de usurpar el lugar del psicótico. [5]

Es a partir de ese fundamento que Nina estructura una relación de tipo paranoico con Lily a quien desde el principio, desde el primer momento ya ve como alguien que quiere arrebatarle el lugar, al mismo tiempo que, y paradojicamente, le atrae como modelo - por ejemplo, en la noche de fiesta en la que sale con ella -. Hay una escena en ese sentido muy clara. Nina, después de un ensayo individual, entra en la sala donde ensayan sus compañeras. En ese momento ve a Lily bailando desenfadada y seductora, alegre, y se queda mirándola porque obviamente observa en ella ese soltarse que tanto le cuesta. Thomas, que lo ve, se acerca a ella y le dice: "Mira como se mueve. Es imprecisa pero sin esfuerzo... No está fingiendo". En la cara de Nina, observándola una vez más, ya se aprecia que le ha dado el status de rival, de aquella competidora que quiere arrebatarle su lugar. Es así como, poco a poco, Nina va desarrollando, en relación a Lily, el delirio paranoico que progresivamente irá manifestándose con más intensidad hasta el final de la película:

El fenómeno familiar de persecución cae claramente dentro de la categoría de las relaciones imaginarias, y es el rasgo predominante de la paranoia. Como dice Lacan, "... en tanto [el paciente] no adquirió, o bien perdió a ese Otro [simbólico, el lenguaje, con su estructura subyacente], se encuentra con un otro puramente imaginario. [...] Este otro lo niega, lo mata literalmente. [6]


Lily. "Mira como se mueve. Es imprecisa, sin esfuerzo... No está fingiendo" 
Justamente, el clímax de su paranoia se alcanza cuando se entera de que Lily ha sido nombrada por Thomas como bailarina substituta. Justo en esa escena se manifiesta lo que aquí estamos proponiendo. Veamos:


Nina: ¡Thomas! ¡Thomas! No puede ser ella. ¡Ella no!
[...]
Thomas: ¿Qué te ocurre?
Nina: ¡Lily! ¡Ella va a ser mi substituta!
Thomas: Bueno... Siempre tiene que haber una. Lily es la mejor...
Nina: No, pero ella quiere mi papel.
Thomas: Todas las bailarinas del mundo quieren tu papel.
Nina: No, esto es diferente. Sé que va a por mí. Intenta ocupar mi lugar.
Thomas: ¡Nadie va a por ti!

Nina: ¡No, por favor creéme...! - Mientras estalla en llanto -

De alguna manera el ejemplo de Beth, la primera bailarina a la que Thomas desplaza por ella, se le presenta como un futuro terrorífico. De hecho en una de sus alucinaciones ve a Thomas haciendo el amor con Lily, aunque luego, puesto que se trata de una alucinación, continua viendo que es su doble negro quien es la que la mira riendo soberbia y gozante... También en ese momento Thomas cambia a una representación del mago Rothbart quien también la mira en una clara proyección alucinada de todo aquello que teme Nina... Ser esa mujer desafiante, soberbia y gozante a la vez que ser una futura Beth. En otra proyección, confusa ante esta alucinación que sufre, corre a devolverle los cosméticos y artículos de belleza que le había substraído de su camerino y le dice:

Lo siento mucho... ¡Te entiendo tanto! Ahora se lo que se siente.. Ella intenta ocupar mi lugar. ¿Qué voy hacer? [...] Sólo intentaba ser tan perfecta como tú (el espejo en el que reflejarse)

El doble negro de Nina con Thomas.
- Las alucinaciones y el delirio persecutorio.

Mientras avanza la película Nina va sufriendo cada vez más alucinaciones: alucinaciones visuales y cenestésicas, delirios persecutorios, signos de despersonalización frente al espejo... y el delirio persecutorio que establece con Lily (el delirio es la estructura - la explicación alucinada - que le permite al psicótico dar sentido a la perplejidad y angustia que le plantea aquello que observa en la realidad). Desde su acceso a primera bailarina Nina es llamada a aquello que no puede dar y que le es exigido por Thomas (de una manera claramente psicopática) en relación al cisne negro: interpretar ese papel tan deseado la lleva a tener que confrontarse con su sexualidad, su femeneidad y su costado más seductor y sensual del que no se puede apropiar. En su caso acceder a ser mujer implica romper con el lugar de "pequeña princesa· y “dulce niña” al que su madre la tiene condenada. Es por ello que, como se da comunmente en estos casos, aquello que se teme negativo para sí mismo es proyectado fuera a través del delirio paranoico sobre Lily, las alucinaciones sobre su doble o las lesiones a través de las cuales parece querer surgir su "doble negro". Una vez más, su doble aparece, como antes su madre, mientras se está masturbando en la bañera, una vez más cuando se entrega a su placer esa imagen debe ser proyectada fuera como el doble perverso puesto que esta sensualidad y este placer le está vedado.

Nina como Cisne blanco presa de Rothbart

- Sobre la alucinación final.

La alucinación del final de la película reúne la matáfora de la imposibilidad de Nina... Cuando Nina viene de interpretar el Cisne blanco, y después de haberse caido, encuentra en su camerino a Lily maquillándose para la interpretación del cisne negro retándola: "Un mal comienzo, Eh. Debe haber sido humillante [...] Estoy preocupada por el siguiente acto. No estoy segura de que puedas hacerlo. ¿Qué te parece si yo bailo el cisne negro por tí?". Y mientras le dice esta última frase, la imagen de Lily se transforma en la de su propio doble. Se enzarzan en una pelea y la Nina "blanca" acaba clavándole un trozo de cristal a la Nina "negra" que justo entonces vuelve a transformarse en Lily... Y es en este momento cuando ella alucina su propia transformación en cisne negro y realiza una magnifica interpretación que se llena de un fuerte empoderamiento de su sensualidad y femineidad seductora...

Nina como Cisne negro.
Al volver al camerino asiste sorpendida a que Lily en realidad no ha muerto, sino que viene a visitarla para felicitarla efusivamente por su genial interpretación. Sólo entoces se da cuenta que cuando mató a 'Nina "cisne negro"-Lily', en realidad fue ella quién se clavó el cristal a sí misma... La emergencia del cisne negro en Nina sólo es posible si muere "el cisne blanco" - como ocurre realmente en la obra -, la "dulce niña", la pequeña princesa, y esa es la condición para que esta transición se de, que ella muera puesto que en ella esta la imposibilidad. Acaba el ballet con el éxito clamoroso de Nina (antes morir dice: "Lo he sentido... Perfecto... Ha sido perfecto) y con su muerte.


La alucinación de Nina: El Cisne negro alado
- Sobre la invasión del goce.

Durante la transformación de Nina en el "Cisne negro", asistimos a otra característica de la psique psicótica: la invasión del goce (entendido éste como un exceso de placer mortífero). Tal y como ocurre en esta fase del delirio, el sostenimiento de Nina en lo imaginario (en los espejos en los que reflejarse) es ya muy vacilante y, a diferencia de la estructura neurótica donde la libido se retira a ciertas zonas del cuerpo (las zonas erógenas), en el psicótico, cuyo sostenimiento en lo imaginario colapsa, el cuerpo se ve de repente invadido de goce y el sujeto lo experimenta como una gran voluptuosidad. El cuerpo es entonces cuerpo del goce:


El cuerpo, que en su mayor parte ha quedado vaciado de goce, de repente se ve anegado, invadido por él. Vuelve con una venganza, podría decirse, pues el psicótico muy bien puede experimentarlo como un ataque, una invasión, una entrada forzada. [7]


La invasión del goce.
Es en esa fase, poseída todo su cuerpo de ese goce que interpreta pletórica al Cisne Negro y que cuando al finalizar su actuación como tal se lanza hacia Thomas y lo besa apasionadamente ante su sorpresa... Es esa invasión de goce que torna como una venganza sobre la "dulce niña" y su cuerpo vacío de goce la que le permite actuar el cisne negro, pero como toda venganza es la que también acaba con su vida y como vamos a ver la que le finalmente le da sentido.

- el odio a la madre.

Previo a la invasión del goce, pero relacionado con ello,  la película desarrolla el clásico tema de la psicosis del "odio a la madre". La rebelión se da cuando, contra el deseo de su madre, sale de fiesta noctura con Lily y después, a la vuelta, traba la puerta con un madero (símbolo de la metáfora paterna que nunca se registró, que veta el acceso del deseo materno) a la vez que le dice a su madre: "¡No entres aquí! ¡Eso se llama intimidad! ¡Ya no tengo doce años!" (en una escena anterior ya había tirado todos sus peluches a la basura). Más tarde, la noche previa al estreno, la hecha de la habitación y le aplasta la mano al cerrar la puerta violentamente sobre ella que persiste en entrar. Y el momento clave en ese registro viene cuando su madre, la mañana siguiente, el mismo día del estreno, llama diciendo que no se encuentra bien tras una serie de alucinaciones que toman su cuerpo y que la llevan a desvanecerse tras darse un golpe en la cabeza. Cuando Nina, disgustada, intenta salir de la habitación para ir al teatro se produce la siguiente conversación:


Nina: ¡Tengo que ir! ¡Sueltame!
Erica: Te quedarás aquí hasta que te encuentres mejor [...] Ese papel te está destrozando

Nina forcejea con su madre para arrebatarle la llave de la habitación...

Erica: ¡Nina! ¿Qué ha sido de mi dulce niña?
Nina: ¡Puta chiflada! ¡Ya no está!
Erica: ¡Nina! ¡Nina! ¡No...! ¡No estas bien...! ¡No vas a poder!

Nina: ¡Soy la reina cisne! ¡Tú nunca llegaste a nada!


Esa es la determinación de aquella que no va a permitir que nadie la arroje de su lugar...

III. UNA REFLEXIÓN FINAL.

De hecho la muerte de Nina, como la muerte del cisne y del príncipe Sigfried en ese fascinante ballet del Lago de los cisnes, es la resolución del problema que le plantea el futuro... Nina realiza una gran interpretación, una interpretación perfecta ("la he sentido... perfecto... ha sido perfecto") que quedará para la posteridad puesto que será la única que realizó. Con su muerte evita su futuro e inevitable desplazamiento (como el de Beth) y como en el final del Lago de los Cisnes, en el que el amor de Odette y Sigfried se realiza a través de su muerte y tras la muerte, Nina también perdurará con su actuación con la suya y tras la suya. Una muerte que con su última mirada a su madre antes de la muerte del cisne también la libera de su goce opresivo.

Nina: La muerte del cisne
Existen casos reales que han seguido destinos similares de graves crisis tras alcanzar el objetivo perseguido. En la película - y el libro - Shine, el esplendor de un genio, el pianista David Helfgott sufre una grave crisis psicótica tras interpretar brillantemente el tercer concierto para piano y orquesta de Rachmaninoff, uno de los conciertos más complicados y que exige de un gran esfuerzo para un  pianista. De la misma manera el mítico y gran jugador de ajedrez y ex-campeón mundial Bobby Fischer desapareció misteriosamente de la competición y practicamente del mundo tras ganar en 1972  dicho campeonato a Boris Spassky en el que fue llamado el match del siglo, finalizando así con treinta años de dominio soviético del tablero de ajedrez. Tras breves y fugaces apariciones siempre volvió a su vida retirada y excéntrica, apareciendo en ocasiones en un estado de dejadez y abandono preocupantes, y siempre andaba peleado con unos y con otros. Parece que anduvo aquejado severamente de algún transtorno paranoide, mientras algunos hablan directamente de esquizofrenia paranoide.
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[1] El lago de los cines tiene un argumento estructurado en cuatro actos:

Acto I
En uno de los jardines de su castillo, el príncipe Sigfrido celebra, junto con sus amigos de la corte y extranjeros, su vigésimo primer cumpleaños. De repente, la Reina madre de Sigfrido y sus Damas de Honor, llegan a la fiesta para recordarle a su hijo que la siguiente noche deberá, durante la celebración oficial de su fiesta de cumpleaños, en la que ha preparado un baile en la corte, escoger una esposa. A la fiesta estarán invitadas jóvenes muchachas, entre las más hermosas de la comarca, y el príncipe deberá elegir a una de ellas como futura esposa. Esto causa una gran melancolía en Sigfrido. El Bufón intenta restaurar el espíritu de la feliz ocasión y anima al príncipe formando una partida de caza con sus amigos.

Acto II
En el bosque cerca del lago comienzan a salir de las aguas unos cisnes que se van convirtiendo en hermosas jóvenes. Sigfrido llega al lago y apunta con su ballesta hacia las jóvenes-cisnes cuando aparece la joven reina, Odette. Ella le cuenta que fue transformada en cisne junto con sus compañeras por el malvado mago Rothbart, que vuelven a su forma humana solamente en la noche y que el hechizo solo puede romperlo quien le jure amor eterno. Los jóvenes se enamoran rápidamente. Cuando Sigfrido va a jurarle amor eterno a Odette aparece Rothbart, quien hace que las jóvenes vuelvan a convertirse en cisnes, para evitar que el príncipe rompa el hechizo. Odette se aleja convertida en cisne.

Acto III
Se celebra la fiesta en el castillo donde Sigfrido deberá elegir esposa. Entra la reina madre junto a Sigfrido y el maestro de ceremonias da comienzo al festejo. Se presentan las jóvenes casaderas y la reina le pide a Sigfrido que elija esposa. Él piensa en Odette, se niega a escoger esposa y su madre se enfada con él. En ese momento el maestro de ceremonias anuncia la llegada de un noble desconocido y su hija. Es el barón Rothbart que llega a la fiesta con su hija Odile. El príncipe, hechizado por el mago, cree ver a Odette en Odile. Él la escoge como su esposa, la reina madre acepta y Sigfrido le jura a Odile amor eterno. Rothbart se descubre y muestra a Odette a lo lejos. Sigfrido se da cuenta de su terrible error y corre desesperado hacia el lago.

Acto IV
A las orillas del lago las jóvenes-cisnes esperan tristemente la llegada de Odette. Ella llega llorando desesperada, contándole a sus amigas los tristes acontecimientos de la fiesta en el castillo. Aparece Sigfrido y le implora su perdón. Reaparece Rothbart reclamando el regreso de los cisnes. Sigfrido y Odette luchan contra él, pero todo es en vano, pues el maleficio no puede ser deshecho. Los dos enamorados se suicidan lanzándose al lago. Rothbart muere a consecuencia de ese sacrificio de amor y los otros cisnes son liberados del maleficio.Se ve aparecer sobre el lago los espíritus de Odette y Sigfrido ya juntos para siempre.

[2] Fink, Bruce. Introducción clínica al psicoanálisis lacaniano. Gedisa Editorial, pág. 108
[3] Ídem anterior, pág. 109
[4] Ídem anterior, pág. 119
[5] Ídem anterior, pág. 127
[6] Ídem anterior, pág. 127
[7] Ídem anterior, pág. 128

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OTRAS PELÍCULAS DE INTERÉS.



PSICOSIS (PSYCHO, 1960)
Director: Alfred Hitchcock

Actores: Anthony Perkins, Vera Miles, John Gavin, Janet Leight.

Una joven secretaria, tras cometer un robo en su empresa, huye de la ciudad y, después de conducir durante horas, decide descansar en un pequeño motel de carretera regentado por un tímido joven llamado Norman. Todo parece normal y tranquilo tanto en el apartado motel como en la casa de al lado en la que viven Norman y su madre, pero las cosas no son lo que parecen.





VESTIDA PARA MATAR (DRESSED TO KILL, 1980)

Director: Brian de Palma
Actores: Michael Caine, Angie Dickinson, Nancy Allen

Kate Miller (Angie Dickinson), una mujer con problemas, acude a la consulta del psiquiatra Robert Elliott (Michael Caine) para recibir consejo profesional. Después tiene un fortuito y emocionante encuentro en un taxi con un desconocido, con quien ya había coincidido en otro lugar. 







INSEPARABLES (DEAD RINGERS, 1988)
Director: David Cronenberg
Actores: Jeremy Irons, Genevieve Bujold, Stephen Lack


Historia de dos gemelos idénticos, el encantador Elliot y el introvertido Beverly. Son las caras opuestas de una misma personalidad: comparten las mismas costumbres, el mismo apartamento y la misma mujer. Pero, cuando entra en sus vidas una mujer especial, el vínculo que une a los gemelos, se ve, por primera vez, amenazado. Y esta amenaza se traduce en el descenso a un abismo de perversión, drogas y locura. 






LA PASIÓN DE CAMILLE CLAUDEL (CAMILLE CLAUDEL, 1988)
Director: Bruno Nuytten
Actores: Gerard Depardieu, Isabelle Adjani, Madeleine Robinson

Camille (Isabelle Adjani), la hermana del escritor Paul Claudel, sintió desde niña una gran pasión por el arte y en especial por la escultura a la que dedicó gran parte de su vida. El escultor Auguste Rodin (Gérard Depardieu) fue su maestro, y ella se convirtió en su musa. Entre ambos surgió una tormentosa relación amorosa plagada de crisis y rupturas. La escultora tuvo también una vida personal muy agitada: era una mujer demasiado libre e independiente que no se adaptaba a las costumbres y convencionalismos de su época. Al final de su vida, vivió como una mendiga y acabó siendo internada en un psiquiátrico por sus problemas mentales.



SHINE, EL ESPLENDOR DE UN GENIO

Director: Scott Hicks

Actores: Geoffrey Rush, Noah Taylor, Armin Mueller-Sthal, LynnRedgrave

Basada en la vida de David Helfgott, un niño prodigio, Shine examina su tortuosa vida, desde su infancia dominada por su estricto padre, hasta llegar a sus crisis nerviosas cuando es adulto. Cuando es aceptado en una prestigiosa escuela de música en Londres, la Royal College of Music, David se siente capaz de huir de su padre y arriesgarlo todo por su única pasión, la música. Pero el rechazo de su padre y las presiones de su trabajo, acaban sumiéndole en una enfermedad mental. 

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SPIDER (2002)
Director: David Cronenberg
Actores: Ralph Fiennes, Miranda Richardson, Gabriel Byrne, Lynn Redgrave

Ambientada en el East End londinense durante los años sesenta. Spider, un hombre de mente frágil e inestable, después de ser dado de alta en un psiquiátrico, es ingresado en un asilo. Allí su mente va reproduciendo una parte fundamental de su infancia.







UNA MENTE MARAVILLOSA (A BEAUTIFUL MIND, 2002)
Director: Ron Howard
Actores: Rusell Crowe, Jennifer Connely, Ed Harrys, Paul Betanny.


Cuenta la vida de John Forbes Nash, ganador del Premio Nobel de Economía en el año 1994. La dirección del filme y la redacción del guion estuvo a cargo de Ron Howard y Akiva Goldsman, respectivamente. Entre el reparto de la cinta se encontraba Russell Crowe —como el personaje principal— y, Ed Harris, Jennifer Connelly, Paul Bettany y Christopher Plummer en los roles secundarios. La historia comienza en los primeros años de vida de un joven prodigio de las matemáticas llamado John Nash, quien comienza a desarrollar esquizofrenia paranoide y a sufrir delirios, mientras ve penosamente como esto afecta su condición física y sus relaciones familiares y amistosas.


SHUTTER ISLAND (2010)
Director: Martin Scorsese
Actores: Leonardo di Caprio, Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Michele Williams

En el verano de 1954, los agentes judiciales Teddy Daniels (DiCaprio) y Chuck Aule (Ruffalo) son destinados a una remota isla del puerto de Boston para investigar la desaparición de una peligrosa asesina (Mortimer) que estaba recluida en el hospital psiquiátrico Ashecliffe, un centro penitenciario para criminales perturbados dirigido por el siniestro doctor John Cawley (Kingsley). Pronto descubrirán que el centro guarda muchos secretos y que la isla esconde algo más peligroso que los pacientes.