AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

sábado, 9 de diciembre de 2017

FIAT LUX. EL ESPACIO DE LA PULGADA CUADRADA (III). Comentarios breves de las películas Frankenstein, Nosferatu y Último tango en Paris.

Este 16 de Noviembre se inauguró en el MUMART de La Plata (Argentina) una exposición de la artista plástica Carolina Vago Rocha titulada "Fiat Lux. El espacio de la pulgada cuadrada" en la que presentaba 15 obras integradas de técnica mixta y un video en el que la artista invitaba "a recorrer  los arquetipos de Jung de una manera visual y táctil" inspirada tanto en su obra como en películas que pueden considerarse que los ejemplifican. 

Carolina, que conoció mi blog de "Cine y psicología", se puso en contacto conmigo y me pidió si quería colaborar con ella comentando brevemente, desde la perspectiva de su exposición, las películas que había seleccionado para ella, a lo que accedí encantado. Como resultado de esta colaboración os muestro en cinco post de tres comentarios cada uno la obra de Carolina y su título, inspirado en frases del poeta romana Virgilio, la película comentada y mi comentario. Algunas de las películas ya estaban en el blog. En estas, a parte del breve comentario, os adjuntaré el enlace para ver el comentario más detallado. Así que... FIAT LUX (Hágase la luz)


1. FRANKENSTEIN (James Whale, 1931)


El personaje de Henry Frankenstein, uno de los clásicos “mad doctors” del cine, tiene muchas características de lo que Jung definió como “personalidad mana”, una dominante del inconsciente colectivo, en la que el hombre o mujer se identifica con el arquetipo del hombre poderoso. Dice Jung: “Históricamente, la personalidad mana se convierte en la figura del héroe y del hombre-dios.” En el caso de Henry Frankenstein esta frase se corresponde exactamente. Tal y como Mary Shelley tituló su libro, “Frankenstein o el moderno Prometeo”, Henry pretende desvelar los misterios a los que ningún hombre puede acceder, pretende ser dios y crear vida “a su imagen y semejanza”. Poseído por esa voluntad, le dice a su profesor y amigo, el doctor Waldman: “¿Nunca ha querido saber que hay más allá de las nubes y las estrellas, o saber porque brotan los árboles, o porque la oscuridad se convierte en luz? […] Si pudiera descubrir una sola de estas cosas, qué es la eternidad, por ejemplo, no me importaría que me dijeran que estoy loco.” Sin embargo, y a diferencia de Prometeo – quien, no olvidemos, era un Titán -, que nos trajo el fuego de los dioses, la creación de Frankenstein es un engendro producto del error fortuito: el cerebro que se le dispone al engendro es el cerebro de un criminal. 

¿Y qué decir sobre el monstruo de Frankenstein en sí mismo? Su historia es quizá la más triste y dolorosa: la creatura que desde el mismo instante de su creación ya es desechada, incluso como posibilidad de existir para el deseo del otro... Esta separación de creador y creatura, de rechazo y repudio no es más que la misma historia que existe entre nuestro yo y nuestra sombra... Sombra de dios perdida – dice el poeta mexicano Jaime Sabines -. Es la discordia que existe en nuestro interior, esta herida que nos habita – siguiendo de nuevo a Sabines -. El monstruo de Frankenstein quizá no sea más que un representante de la torpeza vital y emocional de Henry, de la soledad y carencia que le habita, y cuyo momento más triste se da en el encuentro con la niña en el lago, cuando jugando, en su torpeza, sin querer la mata…

Comentario en el blog: Frankenstein y el Golem. Visitantes de la sombra (Pulsa título para acceder)


Vox Faucibus Haesit - Su voz se quedó en su garganta -


   2. NOSFERATU (Werner Herzog, 1988)


El Nosferatu de Herzog es una clásica imagen representativa del arquetipo de la sombra y, más en concreto, como la que podríamos llamar la sombra del melancólico. La melancolía de Nosferatu suena como profundo dolor cuando dice: "La muerte es cruel por ser inesperada, pero la muerte no lo es todo. Es más cruel no poder morir. Quisiera poder participar del amor que hay entre usted y Jonathan (…) La ausencia de amor es el dolor más profundo."  El Vampiro, y esencialmente el vampiro de Herzog, como buen melancólico, parece comprender que nada puede saciar su sed implacable, que tras cada víctima a la que se succiona su sangre no sigue más que la sed... Nada puede aplacar una sed que deviene de la carencia de amor y, sobre todo, cuando esa carencia de amor es también propia. En este sentido Nosferatu asiste a la imposibilidad del goce como lo desea, sencillamente porque un ser sin alma no puede amar. Sólo es posible el goce como objeto, no como sujeto. Este Vampiro parece envidiar el alma humana y, de manera envidiosa, por eso también parece anhelar su destrucción.

El Nosferatu de Herzog interpreta a la perfección el arquetipo de la sombra que determina el complejo melancólico-destructivo que conlleva su maldición en tanto en cuanto se eterniza la ausencia del amor (el dolor más profundo). La imposibilidad de la muerte para el no muerto, su eterna e insaciable sed, su imposibilidad de amor, le llevan a proyectar esta imposibilidad como odio profundo, un odio contra el mundo y contra la vida, odio a la existencia y a lo existente.

La imposibilidad del amor, del ser amado y del amar es una sospecha que hallamos en muchas personas hoy en día cuya autoestima está muy deteriorada. Es entonces cuando aparece, con respecto al amor, una percepción de la soledad apesadumbrada, a veces desesperada e insoportable, una soledad que parafraseando a San Agustín que dijo que el mal es la ausencia del bien, bien puede formularse como una soledad que es ausencia de amor. El riesgo para esas personas es justamente el desarrollo de una sombra odio y violencia como la que desarrolla Nosferatu, un odio envidioso que destruye a los seres capaces de amar, incluso de darle amor, el amor que para esas almas atormentadas les resulta imposible darse a sí mismas y que, finalmente, pueden también destruirles a ellos mismos en su desesperación.

Comentario en el blog: Drácula, el vampiro. Visitantes de la sombra. (Pulsar título para acceder)


Fleddere Si Nequeo Supers, Acheronta Movebo.
- Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos -

3. ULTIMO TANGO EN PARÍS (Bernardo Bertolucci, 1971)


El primer hecho que me gustaría resaltar es que la película tiene como centro neurálgico un apartamento vacío que representa justamente la vaciedad de las vidas de los protagonistas: Paul (Marlon Brandon), un hombre atormentado cuya mujer se ha suicidado, senos muestra como individuo cuya soledad le desespera, carente de todo sentido; y la joven Jane (María Schneider), superficial y, como Paul, sin dirección ni sentido o, una dirección y un sentido que busca fuera de sí, en su novio


Este piso vacío que Paul alquilará, representará y albergará esa vaciedad de sus protagonistas. En él renunciarán a su identidad (“Aquí no tenemos nombres”, dice Paul), se relacionarán a través de una relación sexual en la que ambos buscan “el goce” (la jouissance), ese concepto lacaniano que, en palabras de Julia Kristeva indica una experiencia de pérdida subjetiva, una unión sublime de placer y dolor… imposible.

El vacío existencial de ambos protagonistas les lleva a una relación que, basada en éste goce, adquiere los caracteres de una relación sadomasoquista donde los cuerpos y su usufructo son la fuente de su fascinación… Con esa relación de usufructo de cuerpos se llena ese vacío de los protagonistas.

Es de destacar que el amor, cuando hace su aparición primero en Jane, y al final en Paul, cuando la intimidad emocional como encuentro intenta abrirse camino y se contrapone a ese goce del encuentro de cuerpos, provoca la huida del otro. Cuando Jane le dice a Paul que se ha enamorado de él, éste le responde pidiéndole que le meta los dedos en el ano. Cuando es él quien se enamora de Jane, ésta huye corriendo. Ante el goce se manifiesta la imposibilidad del amor. Siguiendo los destinos del goce, Paul morirá – no en vano en posición fetal -, a manos de su amor imposible, y Jeanne se acabará casando con su novio, al que no ama, siguiendo las normas que le han sido impuestas por la figura de su padre, coronel del ejército.

En ese sentido, la simbólica del tango parece especialmente ajustada para esta película dadas sus características esquivas y huidizas, de acercamiento y alejamiento. Esa música en la que Sábato veía la melancolía y la tristeza, ese acercamiento y alejamiento de algo que se mantiene inalcanzable, y tras lo cual sólo espera la muerte.


Una Salus Victis Nulla Sperare Salutem.
- La única esperanza para los vencidos, es no esperar salvación -




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