AVISO. Por la naturaleza de los trabajos de este blog, el argumento e incluso el final de las peliculas son generalmente revelados.

viernes, 8 de diciembre de 2017

FIAT LUX. EL ESPACIO DE LA PULGADA CUADRADA (II). Comentarios breves de las películas El cielo sobre Berlín, Persona y Viridiana.

Este 16 de Noviembre se inauguró en el MUMART de La Plata (Argentina) una exposición de la artista plástica Carolina Vago Rocha titulada "Fiat Lux. El espacio de la pulgada cuadrada" en la que presentaba 15 obras integradas de técnica mixta y un video en el que la artista invitaba "a recorrer  los arquetipos de Jung de una manera visual y táctil" inspirada tanto en su obra como en películas que pueden considerarse que los ejemplifican. 

Carolina, que conoció mi blog de "Cine y psicología", se puso en contacto conmigo y me pidió si quería colaborar con ella comentando brevemente, desde la perspectiva de su exposición, las películas que había seleccionado para ella, a lo que accedí encantado. Como resultado de esta colaboración os muestro en cinco post de tres comentarios cada uno la obra de Carolina y su título, inspirado en frases del poeta romana Virgilio, la película comentada y mi comentario. Algunas de las películas ya estaban en el blog. En estas, a parte del breve comentario, os adjuntaré el enlace para ver el comentario más detallado. Así que... FIAT LUX (Hágase la luz)


1. EL CIELO SOBRE BERLÍN - LAS ALAS DEL DESEO - (Wim Wenders, 1987)

“Cuando el niño era niño caminaba con los brazos abiertos, quería que el riachuelo fuera un río, y un torrente y el charco el mar. Cuando el niño era un niño no sabía que era un niño, todo él era alegría y todas las almas una.”

Así empieza la película de Wim Wenders, con esta mención de los niños, de la misma manera que pronto observamos que sólo los niños ven a los ángeles. El niño, como bien sabemos, es una de los grandes símbolos de la inocencia… “cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía costumbres, se sentaba en el suelo, corría por doquier, tenía un tirabuzón en el pelo y nunca hacia muecas al hacerse fotos”. El cielo sobre Berlín, utilizando la metáfora del antiguo muro de Berlín nos habla de una separación, o como diría Lacan, de una discordia. Una discordia que tiene que ver con el mismo hecho de la consciencia producto de la grieta entre la vida como fenómeno, la Naturaleza, y la vida como existencia, la vida consciente que reflexiona sobre sí mismo y su entorno.

A través de monólogos de distintos protagonistas asistimos a la soledad del ser humano, al mundo de la carencia interna que nos habita, a la amargura y el desconsuelo, también a su narcisismo: esa pérdida de la inocencia que representa la niñez. Y ante todo esto asisten los Ángeles como meros observadores (de la misma manera que como público observamos la historia sobre la pantalla de cine), impotentes y, en cierta manera, ausentes en su presencia.

Es, en ese sentido, que la transformación del Ángel en humano mortal deviene el verdadero acto de amor en la película, y del amor también como el verdadero compromiso que tomamos con la vida. Cito, para acabar, unas palabras del filósofo lacaniano Slavoj Zizek, quien comentado el famoso pasaje sobre la importancia del amor de San Pablo en la Primera carta a los Corintios (13, 4-12), nos dice:

lo esencial de la afirmación de que incluso si llegara a tener todo el conocimiento, sin amor no sería nada, no es meramente que con amor sea algo. Con amor, también soy nada, si así puede decirse, una nada humildemente consciente de sí, una nada que se enriquece por paradoja por el conocimiento mismo de su carencia. Sólo un ser menesteroso, vulnerable es capaz de amor: el misterio final del amor es así que la falta de completitud es en cierto sentido más alta que la completitud. Por un lado, sólo un ser imperfecto, menesteroso, ama: amamos porque no sabemos todo.

Spemque Metumque Inter Dubiis.
- Entre las dudas están la esperanza y el miedo -


2. PERSONA (Ingmar Bergman, 1966)

PERSONA es una película que es difícil de sintetizar en unas pocas palabras. Pero quizá lo más inquietante de esta película es el mensaje que Bergman parece dejarnos, algo que Susan Sontag captó con profundidad en su análisis al referirlo acerca de la posición vital de Bergman: la naturaleza de su sensibilidad, cuando es fiel a ella, tiene una sola temática: las profundidades donde se ahoga la conciencia. Si para conservar la personalidad es necesario salvaguardar la integridad de las máscaras, y si para conocer la verdad acerca de la persona hay que desenmascararla, resquebrajar la máscara, entonces la verdad de la vida, globalmente considerada reside en la destrucción de toda la fachada, detrás de la cual se oculta una crueldad absoluta.”.

Esto es lo que parece mostrarnos PERSONA, donde el misterioso silencio en el que se entrega Elizhabet, que tan acogedor se nos muestra en la primera parte de la película, hasta el punto que Alma – la enfermera que la cuida – le confiere sus más íntimos secretos, se manifiesta de repente como un silencio agresivo al revelarse, a través de una carta que manda a la doctora que la trata, que, para Elizhabet, Alma no es más que un divertimento para estudiarla y que no merece ni tan siquiera el derecho a la privacidad de sus revelaciones, lo cual desata el surgimiento de la crueldad entre ambas en un cambio magistral de Bergman en la película en donde ambas aparecen vestidas de negro.

Bergman parece decirnos que tras las personas-máscaras en las que nos disimulamos, no hay nada salvo una carencia que nos agota y nos convierte en Vampiros emocionales. Una carencia que se manifiesta en el dolor de la existencia, al absurdo y el sinsentido con el que esta se nos muestra en multitud de ocasiones, el dolor implícito en la propia condición humana y al silencio final de nuestros dioses, sean cuales sean estos. La lectura de Bergman parece lanzarnos a un Universo frío e indiferente en el que "las palabras nauseabundas" (nosotros, nuestro, mío, yo) transforman al hombre en un vampiro que se alimenta de sus congéneres... Su vacío es alimentado mediante el uso del otro reducido a simple objeto ("resulta divertido estudiarla").

Comentario en el blog: Persona y el silencio como espejo (Pulsar título para acceder)

Satis Es Potuise Videre
- Ya es mucho que hayáis podido verme -
  
3. VIRIDIANA (LUIS BUÑUEL, 1961)

Viridiana es una de las grandes películas de Luis Buñuel. Es una película que se divide claramente en dos partes. La primera de ellas va desde la salida del convento de Viridiana hacia la casa de su tío Jaime, hasta el suicidio de éste. La primera parte nos muestra la complejidad de un personaje como Jaime en la que el deseo y la culpa se ven envueltos en una utilización triple de Viridiana: como objeto de deseo, como objeto de transformación (que como en Vértigo el cuerpo es utilizado para suplantar a una muerta) y como objeto espiritual en tanto en cuanto es el recuerdo de la esposa de Jaime que murió, siéndole así arrebatado su objeto de deseo desde el primer día. En todo caso esta primera parte nos permite también observar la tensión, propia de la época por el peso de la religión, entre el deseo y la culpa por sentirlo. Aunque Justamente es la ley que lo prohíbe el que confiere su fuerte carga erótica. En su comentario sobre Viridiana, dice Celia Rico: erotismo sin catolicismo es un erotismo a medias, porque le falta el sentimiento de pecado”.  

La segunda parte de Viridiana tiene que ver con su propia transformación. La que va de la monja que decide ser una especie de monja seglar tras la muerte de su tío, una santa sin hábitos, a la que finalmente se hace mujer al final de la película en una especie de comprensión de que el mundo no es como uno desea, sino que es como es. Es interesante, en esta segunda parte, el papel de los mendigos que Viridiana recoge como un extremo obsceno del deseo, una imagen inconsciente del deseo reprimido, como se ve al final de la película en la cena orgiástica que protagonizan y que acaba con el intento de violación de Viridiana por uno de ellos. Es esta visión la que parece empujar definitivamente a Viridiana a abandonar la santidad para entrar en el mundo de la sexualidad (la imagen mirándose en un trozo de espejo después de liberar su melena rubia) y llamar a la puerta de Jorge, el hijo de Jaime. Se trata de la liberación de su propio deseo, aunque ello no sea objeto de satisfacción o alegría (las lágrimas de Viridiana cuando se mira al espejo así lo testimonian), sino producto de la tristeza y la frustración de su ideal de santidad, divinidad y caridad.

La música clásica de aire religiosa que acompaña la película (La Misa de Bach, El réquiem de Mozart, El Mesías de Handel) acaba curiosamente, con un rockabilly de los años cincuenta de Ashley Beaumont titulado Shimmy Doll, o como también se la llama “Shake your cares away” (Sacude tus preocupaciones), considerada como música sospechosa por parte de las instituciones religiosas católicas.

Alma Parens - Madre Benéfica -

   

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